Mostrando entradas con la etiqueta Benjamín Forcano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Benjamín Forcano. Mostrar todas las entradas

27/1/12

Libro Espiritualidad y Política, por Benjamín Forcano


 Muchos asistieron al acto, pero otros no pudieron.

Para ellos, y otros interesados, les hago llegar las reflexiones que allí expuse y que recogen, creo, lo esencial del tema abordado en el libro por sus autores. Se trata de cómo aunar el arte de vivir (espiritualidad) con el arte de convivir (política), con un claro mensaje de pacifismo y no violencia.

¿El libro “Espiritualidad y Política” representa una novedad?

Comienzo por reconocer que, gracias a la iniciativa y esfuerzo multiplicado de Cristóbal Cervantes, surgió el proyecto de este libro con la colaboración de una veintena de autores. Hoy podemos presentarlo.

He pensado cómo dar cuenta de lo más esencial del libro, sin tener que abarcar todo, pues son nada menos que 350 páginas, con la aportación singular de 20 cabezas pensantes y desde un análisis propio de la sociedad en que vivimos.

Yendo a lo esencial, ¿el libro representa de verdad una novedad? Sí y no. Sí, si alcanzamos a seguirlo en lo que están hoy expresando las mentes más despiertas y solidarias; no, si pretendemos verlo reflejado en la mentalidad mayoritaria dominante, incluso de gente crítica, porque es un hecho evidente que lo que nos domina es el avasallador pensamiento neoliberal, hoy globalizado.

A nivel de conciencia y de investigación que registra las grandes contradicciones de la historia y desvela las íntimas aspiraciones del alma humana mundial, encuentro que los autores ofrecen claves que ayudan a entender la profundidad de la crisis y ofrecen soluciones para un nuevo rumbo.

Me propongo, en consecuencia, sacar a relucir algunos aspectos que, interconectados unos con otros, proyectan luz sobre la noche que nos envuelve y abren el horizonte de un nuevo día, de un nuevo comienzo, con tareas, transformaciones y compromisos nuevos y una nueva esperanza.

Por un nuevo paradigma de la convivencia humana

1. El paradigma vigente caduco y agotado

Hay, para los autores del libro, un punto de partida innegable: el paradigma que ha regido nuestra convivencia, ha llegado a su agotamiento.

6/10/11

Autores del #LibroEspiritualidadyPolitica: Benjamín Forcano

Hoy presentamos un nuevo autor del libro Espiritualidad y Política (Ed. Kairós) que saldrá en menos de un mes. Ya hemos presentado el libro y cinco de los 20 autores. María Elena Ferrer, Federico Mayorz Zaragoza, Koldo Aldai, Pablo de la Iglesia y Antoní Gutiérrez-Rubí, hoy presentamos a Benjamín Forcano, quedan por presentar Ken Wilber, Leonardo Boff, Ervin Lazslo, Tariq Ramadan, Jordi Pigem, Joan Melé, Vicente Merlo, Raquel Torrent, Miguel Aguado, Marià Corbí, Ángeles Román, Dokushô Villalba, Francisco Traver y Andrés Schuschny.

Benjamín Forcano es sacerdote y teólogo de la Iglesia Católica. Lleva más de 40 años en la brecha de la liberación. Nacido en 1935 en Anento (Zaragoza). Ejerció una labor teológica puntera al frente de la revista Misión Abierta que dirigió durante 13 años. Comparte la creación y dirección del Centro Evangelio y Liberación, y dentro de él la de la revista Exodo, creada por él y otros compañeros en 1989. Es director de la Editorial Nueva Utopía y cofundador en 1980 de la Asociación de Teólogos Juan XIII. Profesor por más de 25 años en diversos Centros, ha escrito bastantes libros y por causa de uno de ellos “Nueva Ética Sexual”, sufrió un proceso extraordinario que duró diez años. De él ha escrito el obispo Pedro Casaldáliga: “Benjamín Forcano aborda los temas actuales como especialista en moral. Con rigor científico, pero dentro de ese rigor humanizado que la moral y la ética exigen para no dejar de ser humanas.”

Benjamín Forcano ha titulado su capítulo La Teología de la Liberación frente a la crisis de la globalización neoliberal, reproducimos un párrafo de su capítulo:

"No hay duda de que la sociedad capitalista es una sociedad enferma, llena de contradicciones. Pero la raíz del mal está en que el capitalismo hace imposible una ética personal y comunitaria y corrompe las actitudes y los valores más genuinos del ser humano. Todos sabemos cómo la orientación hoy más arraigada en sociedad y en la cultura es la que pretende hacernos creer que la felicidad consiste en tener: adquirir propiedades, cosas, lucrar, conseguir poder. Eso es producto de la estructura y cultura más estrictamente capitalistas y, sin embargo, lo consideramos como lo más natural. Ser egoístas, avaros, soberbios, dominantes, lo consideramos indicadores de nuestra identidad humana. Pienso que esta orientación es antinatural, pues la realización de la persona no está en el tener sino en el ser . Los grandes valores no se desarrollan en el servicio al dinero sino en ser justos y fraternos, crear relaciones de amor y liberación, no ser frívolos ni insensibles al sufrimiento ajeno, no vivir pendientes del reconocimiento y del aplauso social, dedicarse a satisfacer las necesidades primarias de los seres humanos y luchar para suprimir todo cuanto los hace sufrir. Esas son las señas que constituyen la auténtica identidad humana."

Enlace a todos los artículos del libro Espiritualidad y Política en el blog

12/6/09

Cumbre Grupo-192. ONU, 24 al 26 de junio, por Benjamín Forcano

Llevamos muchos meses sintiendo la devastación de la crisis económica mundial, meses convocando a alto nivel al Grupo –20 para estudiar la situación y proponer medidas y soluciones.

La crisis ha surgido como efecto natural de la dinámica entre el Primer y el Tercer Mundo, dentro de la cual los países más poderosos han reconocido el fracaso de sus instituciones y políticas en el intento de establecer unas relaciones de justicia, cooperación, progreso y paz. El Grupo-20, generador del colapso mundial, se ha puesto sin miramiento a reconstruir la caída, pero excluyendo a 172 de los países implicados en la crisis.

No han cesado de originarse corrupciones, desvaríos y escándalos dentro del liderazgo de ese Grupo-20, señal inequívoca de que el sistema y sus gestores institucionales (FMI, BM, etc.) están sobrepasados y necesitan un reemplazo radical.

Pero el reemplazo han intentado diseñarlo los mismos que han originado la crisis, sin tener en la cabeza más proyecto que el de seguir asegurando la desigualdad y explotación de los países enriquecidos sobre los empobrecidos y el dominio colonizador e imperialita del Grupo-20. Ellos han inyectado ya en las venas atrofiadas del sistema más de 11 billones de dólares, en tanto que para los países en desarrollo apenas han consentido en destinar un 0,05 billón.

Esa es la imagen más viva de que la crisis, siendo mundial, o se resuelve desde la perspectiva de un análisis de las necesidades básicas y más apremiantes de la humanidad y del planeta tierra, o volveremos a hacer reflotar la nave de la tierra pero sin la crisis superada y con la amenaza de mayores calamidades.

La humanidad es una y las soluciones han de ser unas, para todos.

En esta perspectiva, como un profeta visionario, se ha colocado el actual presidente de la Asamblea de la ONU, Miguel D´Escoto, cura y religioso católico, a quienes todos llaman Padre Miguel y sobre el que cronistas como los del Washington Post dicen que habla un lenguaje extrañísimo, pues saluda a todos llamándoles hermanos y hermanas y habla de solidaridad, cooperación y amor.

Lenguaje extraño, ciertamente, para quienes han convertido la sociedad en una sociedad mercantilista, que supedita todo al dinero y lucro y hace de sus seguidores adoradores del becerro de oro.

Por primera vez, del 24 al 26 de junio, serán 192 los jefes de Estado o de Gobierno invitados a participar, son 10 veces más que los invitados en el Grupo-20.

Ramsey Clart, Premio de los Derechos Humanos en el ONU 2008, ha escrito una carta a todos los Jefes de Estado consciente de que “la devastación del colapso económico es más mortal y costosa que nunca, incluyendo el desafío de proteger a nuestra Madre Tierra de la rapaz destrucción que nos amenaza a todos”.

Son muchos los que abrigan la esperanza de que ahí y no en el Grupo-20, surjan análisis, propuestas y planes de acción que traten de sustituir un sistema que ha hecho agua por todas partes, como por ejemplo la creación de una moneda de referencia internacional, independiente del cualquier Estado, gestión de los bienes públicos globales (océanos, espacio, ciberespacio...) cuyo uso “privado” puede ser perfectamente tasado para el bien de todos, el empoderamiento del ECOSOC (Consejo Económico y social de las Naciones Unidas), etc.

Una crisis mundial no se la puede abordar sino democráticamente, desde la presencia y aportación de todos los afectados por ella y, mayormente, por los más pobres, que son los que más cruel y sistemáticamente han sufrido sus consecuencias. Y los de verdad afectados no son precisamente los del Grupo-20, sino el Grupo de los 172 países dejados fuera.

Benjamín Forcano es sacerdote y teólogo.

Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento. Viñeta El Roto

También puedes leer en el blog, sobre este mismo tema:
Carta a los Movimientos sociales, redes no gubernamentales y a los intelectuales, por François Houtart
¿Esta sociedad merece sobrevivir?, por Leonardo Boff

28/2/08

Han manipulado hasta la crispación, por Benjamín Forcano

Benjamín Forcano es sacerdote y teólogo

Los humanos podremos parecernos a un rebaño, pero no somos un rebaño. Que lo seamos es lo que buscan los mastines de la cosa pública. Ellos conocen muy bien las leyes de los comportamientos gregarios; las claves para dominar con el menor costo posible.

El hombre tiene el privilegio de ser libre, aun cuando infinitud de veces ignore que es esclavo de sí mismo y de la sociedad. Y es que llegar al ejercicio de una libertad personal no es nada fácil. En toda sociedad la realidad se interpone entre nuestro yo y el poder informativo. Lo que pasa es que a nadie se le ofrece directa la cara de la realidad; cuando creemos apresarla, hay otros que ya lo han hecho –los dueños del poder mediático–, y nos la muestran modificada con colores del propio interés e ideología.

La vida política, especialmente ahora en nuestro país, es un escenario-reflejo de lo dicho. Lo ha mostrado hasta la saciedad el PP.

El atentado del 11-M es un hecho superclaro del terrorismo islámico. Las elecciones de marzo de 2003, ganadas por el PSOE mediante decisión soberana y mayoritaria del pueblo, es un hecho superclaro. La ilegal, injusta e inmoral participación de España en la guerra de Irak autorizada por el presidente y Gobierno de entonces es un hecho superclaro. La frustración, el rencor y la voluntad del PP, con Aznar a la cabeza, de no aceptar de facto la derrota de las elecciones, es un hecho superclaro.

El acierto de Zapatero de sacar las tropas españolas de Irak es un hecho superclaro. El carácter democrático y moral de las leyes promulgadas por el actual Gobierno: LOE, Matrimonios Homosexuales, Igualdad entre Hombres y Mujeres, Inmigración y Políticas de Normalización, Dependencia y Estado de Bienestar, etc. son hechos superclaros.

Son hechos superclaros el aumento de las pensiones, el descenso progresivo del desempleo, el crecimiento de la economía, la consensuada imparcialidad de la televisión pública, la superaumentada participación de la mujer en puestos de la vida política, etc. Hecho superclaro es la voluntad del Gobierno, debatida y aprobada en su momento por el Parlamento, de abrir negociación con ETA para erradicar para siempre toda amenaza, extorsión, agresión, secuestro y muerte en el País Vasco.
Pues bien, aún siendo así, hay que seguir negando y deformando los hechos y reafirmar que en el presidente del Gobierno sólo ha habido desaciertos.

Es mentira, pero no se ha dejado de repetir, que Zapatero era un débil, un insustancial, un ignorante, un descerebrado en política, un rompedor de España, un juguete de los terroristas etarras, un vendido, un enemigo declarado de la religión católica y de los valores del matrimonio y de la familia, un urdidor de leyes inmorales, un desastre para la imagen de España en su política exterior, un colmo de desaciertos. Zapatero es el responsable de todo, el tirano democratizado, el tonto elegido por más de doce millones de españoles engañados, hay que acabar con él, destruirlo, es el anti-cristo.

Y llegó el lunes el debate más esperado. No fue una sorpresa. El sr. Rajoy volvió con su obsesiva negatividad: Vd., sr. Zapatero, no ha hecho nada en economía, no tiene ninguna idea sobre España, ha hecho de la inmigración un coladero, no le han importado los problemas reales de la gente, no ha hecho sino dividir y crispar, ha negociado con ETA, ha agredido a las víctimas, ha mentido y engañado… Ya podía el presidente desgranarle con datos comparativos la distancia abrumadora entre lo que el PP hizo en sus dos legislaturas y lo hecho por el PSOE en la actual. El sr. Rajoy cero vista y cero oídos. Saltaba a la vista la mejora en todos los campos, cero percepción; ningún reconocimiento, ni una mínima aprobación. No le interesaba el bien de España, sino negar y negar, descalificar, arreglárselas para volver al poder. ¡Qué horror de nihilismo!

Quienes desde fuera contemplan lo que ocurre en nuestro país se quedan pasmados ante las barbaridades que se profieren contra Zapatero.

Los hechos son superclaros. Es obvio que el presidente Zapatero ejerce políticamente un estilo respetuoso, dialogante, humilde y a la vez firme, que aplica desde un Gobierno representado y apoyado por la mayoría. Y es mérito suyo el aguante que ha demostrado ante tanta y tan zafia agresividad.

Si buscamos una explicación a lo descrito, encontraremos que viene de atrás. Los pueblos tienen su historia y el pasado cuenta en el presente. Lo explica en parte un hecho histórico fundamental: en la vida política de España, la Iglesia de la cristiandad o del nacionalcatolicismo siempre anduvo de mano del capitalismo y de la derecha. Se habló de la herejía de cristianos por el socialismo, pero nunca de la herejía de cristianos por el capitalismo. Al socialismo se lo tenía bien marcado por ateo, anticlerical, laicista, perseguidor de la Iglesia y marginador de la Religión. Tras él se esconde –se vuelve a afirmar hoy– el enemigo que pretende arrinconar a la Iglesia y borrar toda huella de Dios en la sociedad. Su meta es sustituir a la Iglesia con una nueva doctrina, unas nuevas leyes, unos nuevos valores y un nuevo credo.

Este es el leitmotiv de ciertos eclesiásticos actuales. El Vaticano II reconoció que la Iglesia, atrincherada en la Edad Media, resultó en buena parte antimoderna, anacrónica, incompatible con la libertad y el progreso, obstaculizadora de la democracia y de los derechos humanos.

Desgraciadamente, los fantasmas reviven y siguen asustando: “el socialismo es un peligro para la Iglesia, una degradación ética, una claudicación de la unidad de España”.

Hoy, sin embargo, estamos en tiempos nuevos. Creyentes y no creyentes estamos destinados a entendernos como personas y ciudadanos. Todos compartimos una fe común en el ser humano, y unos y otros asumimos una perspectiva política laica, sea cual sea el partido que esté en el Gobierno. Esa perspectiva se hace operativa estableciendo leyes que regulen la convivencia de todos, aplicando una ética y leyes comunes, vinculantes para todos.

Sin privilegios ni discriminaciones, caminamos hacia la casa común de la dignidad humana, de la razón, de la libertad, de la ética natural, del respeto y confianza mutuas. Las religiones, hechos naturales y legítimos, se erigen sobre esa base y están en su derecho de ofrecer valores, promesas y horizontes específicos que consideren importantes para la felicidad del hombre. Pero libremente.


Fuente: Público


Más artículos de Benjamín Forcano en este blog

26/12/07

Felicitación navideña, por Benjamín Forcano


Viñeta de El Roto en El País

Esta navidad nos reclama para poner sosiego y paz
en nuestro corazón: una paz personal.
Llevamos un ritmo aturdidor,
sin tiempo para atender .

Se nos escapa el dominio estabilizador de nuestro yo.
La paz llega si sabemos comprender.
Hay en cada persona un mundo propio,
que nos requiere para comportarnos
fraternal y libremente con los demás.

Podemos darnos a todos sin apegos sufridores,
cuando los queremos por sí mismos,
sin posesividad.
Ningún otro es propiedad de nadie.

Y, entonces, yo puedo ser propiedad de todos,
sin esclavitud.
Tocas entonces la medida de tu ser a imagen de Dios.
Lo tienes todo y nada te falta.

Entonces sí que comprendes al otro,
lo aceptas , lo quieres, no para ti como cosa,
sino por él , valioso y libre como tú.
Al andar fuera, sin reposo, te pierdes
en búsqueda ansiosa de “cosas”.

Las cosas son lo que son. Te gratifican ciertamente,
muy legítimamente, pero sin apearte
de tu libre, amorosa y agradecida dignidad.
La contaminante agresividad,
el prepotente avasallamiento político,
el consumismo febril,
la inversión de valores con tal de alcanzar dinero, éxito y poder,
ponen al descubierto el agitado embalse del alma colectiva.

La paz personal es base de toda paz.
No hay paz porque no hay conocimiento de uno mismo.
Y no hay conocimiento de uno mismo
porque no hay aceptación propia.
Y no hay aceptación propia
porque no hay aceptación del otro.

Y no hay aceptación del otro porque no hay amor.
Y no hay amor del otro porque no hay respeto ni paz.
Necesitamos la paz.

El niño de Belén, profeta y liberador,
nos da la paz, pero no como el seductor neoliberalismo.
Este nos zarandea, nos estimula,
se nos cuela con mil promesas y expectativas,
pero descuadradas, sin rumbo solidario, sin paz.
“Yo os doy mi paz”, dice el Nazareno.


Fuente: Autor. Benjamín Forcano es sacerdote y teólogo. Dirige el Centro Evangelio y Liberación.

29/11/07

Benjamín Forcano y Mayor Zaragoza colaboran en el programa electoral del PSOE

Hace unos días informábamos del fichaje por parte del PSOE de 14 personalidades internacionales para que le asesoraran en la elaboración del programa electoral. Hoy reflejan algunos medios de comunicación, como Público y Europa Press, que de las 1.100 personas que participan en la elaboración de ese programa un tercio son personalidades no ligadas al partido, entre las que destacamos a Benjamín Forcano, uno de los teólogos progresistas mas conocidos en España y Latinoamérica y del que hemos publicado varios artículos en este blog, o Federico Mayor Zaragoza, director de la Fundación Cultura de Paz y ex-secretario general de la UNESCO, del que también hemos publicado varias referencias en este blog.

8/9/07

La inútil y peligrosa Teología, por Benjamín Forcano


El actual Congreso de Teología marca el 27º de los celebrados. Es hora de hacer un balance y una reflexión sobre el conjunto.

Los Congresos de Teología se vienen celebrando en Madrid desde hace más de 27 años. Son acontecimientos singulares. Se reúnen unas 1.500 personas por cuatro días, no azuzadas por ningún interés material o de negocio. Estoy seguro de que a muchos, con alergia a todo indicio religioso, les gustaría estar dentro y ver lo que allí se ventila.

Estoy hablando de los Congresos de Teología, ya proverbiales en Madrid. Y hablo de Congresos que no debieran extrañar a la ciudadanía de un país que se confiesa abrumadoramente católica, pero católica de ritos puntuales y de escasa o nula formación religiosa, ajena en buena parte a las raíces del Evangelio, en rivalidad histórica con las transformaciones de la historia y en antítesis con los mejores logros de la modernidad. ¿A qué se debe si no ese consorcio tan escandaloso del catolicismo con la derecha?

Son Congresos de Teología con asistencia mayoritaria de laicos. Y en ellos se tratan temas tan importantes como: pobreza, esperanza, paz, iglesia popular, dinero, utopía y profetismo, ecología, derechos humanos, mujer, ética universal, globalización, espiritualidad para un mundo nuevo, etc. Los temas son abordados interdisciplinarmente. Eso explica que por los Congresos hayan pasado más de 600 personalidades entre sociólogos, economistas, políticos, historiadores, filósofos y, por supuesto, teólogos. Han intervenido casi todos los teólogos de la Teología de la liberación de Latinoamérica, (entre ellos el asesinado en El Salvador Ignacio Ellacuría) y otros de África y Asia. Convocados por la Asociación de Teólogos Juan XXIII, estos Congresos los gestionan más de 30 colectivos, los apoyan más de 30 revistas y los edita el Centro Evangelio y Liberación (Éxodo).

Si resulta que la renovación de la Iglesia, antes y a partir del Vaticano II, fue preparada e impulsada por los teólogos, también es verdad que ningún gremio como el de los teólogos ha tenido que sufrir la censura y el desprestigio después del concilio Vaticano II. Por eso resonaron regocijantes las fraternales palabras que el obispo Pedro Casaldáliga (38 años testigo del Evangelio en el Sertao del Brasil, sin haber vuelto nunca a su país) dijo en su ponencia mandada por video para el Congreso XVI de 1996: “Aprovecho la ocasión para quitarme la mitra delante de los buenos teólogos y teólogas que tiene España, incluso para reparar la predisposición, una especie de predisposición casi innata, casi instintiva de ciertos obispos de la jerarquía en general, bastante en general con respecto a los teólogos. Yo os pido, teólogos y teólogas, que sigáis ayudándonos. Con mucha frecuencia los obispos creemos que tenemos la razón, normalmente creemos que la tenemos siempre, lo que pasa es que no siempre tenemos la verdad, sobre todo la verdad teológica, de modo que os pido que no nos dejéis en una especie de dogmática ignorancia . Y hablando de los teólogos de España, creo que es de justicia subrayar que hoy en España hay teólogos y teólogas (las teólogas son más recientes) a la altura de aquel siglo de oro, de las letras, y del pensamiento españoles, y ni Italia, ni Francia, ni Alemania, por citar a los países más vecinos, dejan atrás ni en número ni en calidad la galería de teólogos que tenemos en España, y pido a la Asamblea un aplauso”.

Los Congresos de Teología nacieron en unas circunstancias especiales: estábamos en una España que estaba pasando de un nacionalcatolicismo a un catolicismo menos ambiental, más democrático y pluralista; estaba declinando en la vida social el monopolio de la religión católica y avanzaba el proceso de secularización con las consecuencias de una mayor autonomía de lo creado, de lo social y de lo político, de lo personal y una mayor racionalización de los procesos públicos, relativizándose progresivamente la importancia de la religión y ética cristianas. El clima dominante hacía que, según el Informe Foessa de 1994 “La persona actual se encuentre inmersa en un mundo no en contra, sino desarrollándose sin contar con Dios y si n contar con el eje que el espíritu del cristianismo significó para Europa. Por ello, las relaciones religión-sociedad se plantean cualitativamente diferentes a los que ocurrió en el pasado en otras épocas” (Pg. 704).

La antítesis entre razón y fe es uno de los contenciosos históricos más graves, que ha dado lugar a posturas apologéticas y dogmatizantes por una y otra parte. Hoy, el peligro es seguramente la superficialidad y el desentendimiento de la Religión como si de algo irrelevante se tratara. En este sentido, encuentro plenamente acertada la opinión de que hasta para dejar de creer en Dios es necesaria la teología: “La superficialidad religiosa de nuestro país radica en que creyó sin teología y sin teología está dejando de creer. Por eso, su fe de ayer rayó en la superstición y su ateísmo actual roza peligrosamente la banalidad” (Manuel Fraijó).

Había que acabar con la tesis, habitual en el mundo moderno, de que la fe, sinónimo de opio, imposibilita la igualdad, la justicia y la revolución social.

Ya en los primeros Congresos, la “restauración posconciliar” estaba en marcha y se veían amenazados los aires renovadores del Vaticano II. Los teólogos de la Juan XXIII decidieron enmarcar su reflexión teológica desde la opción fundamental por los pobres, en diálogo interdisciplinar con la modernidad, dentro de la cultura de nuestro tiempo, con apertura al Tercer Mundo ( en especial a América Latina) y en condiciones de libertad.

El tiempo no tardó en demostrar que este foro teológico no era del agrado ni de Roma ni de la jerarquía eclesiástica española. Se pretendía controlarlos sometiéndolos de hecho a la censura. Fue, el entonces cardenal de Madrid, Ángel Suquía quien denegó el local diocesano “Cátedra Pablo VI” para los Congresos. Se hizo pública incluso la noticia de que “los días del Congreso estaban contados y que había consigna de Roma de acabar con ellos”. No faltó, en este acoso a los Congresos, la colaboración de ciertos medios, que los calificaron de marxistas, contemporizadores de ideologías anticristianas, instrumento para degradar la fe rebajándola a mero compromiso temporal y político.

Afortunadamente el Vaticano II había asumido los resultados de una nueva Exégesis y una nueva Teología que contribuían a recuperar la desfigurada originalidad del cristianismo. El concilio Vaticano II fue el espaldarazo oficial a esta cita de consecuencias imprevisibles, que generaría un nuevo talante y una nueva manera de ser cristiano.

En esta perspectiva, la Asociación de Teólogos entendía que a la teología le aguardaban tareas ingentes de cambio y “aggiornamento”.

# La primera de todas historificar el Evangelio haciéndolo oír en medio de la iniquidad que divide al mundo en ricos y pobres, operando como rayo restallante en el mundo opresor y tomando partido por los empobrecidos y oprimidos. Son ellos los mimados de Dios. Las víctimas, los desechados son los que paradójicamente anuncian y demandan un mundo nuevo, los que traen promesas de cambio y regeneración, los que señalan al Primer Mundo como concausante de la explotación y humillación de tantos pueblos y de la dignidad ofendida de millones de seres humanos.

# La segunda reconciliar la fe con la razón y la ciencia, con la terrenalidad y la historia, la democracia y el pluralismo, el amor y la tolerancia, la libertad y la diferencia, lo universal y lo particular. No estamos condenados a exiliarnos de este mundo de Dios, sino a aceptarlo y promoverlo en todo lo que es. Y si uno es católico, y además con toda legitimidad, con más legitimidad debe considerar que Dios no es católico, ni lo es de ninguna otra denominación religiosa, pues Dios no hay más que uno, aunque muchas e inevitables las formas de llegar a El y poseerlo.

# La tercera poner en el centro la dignidad de la persona. La persona, lo primero y lo último, y todo lo demás subordinado a ella. Que nadie, del rango, lugar u origen que sea, se considere más que nadie, ni menos que nadie. Es la elemental revolución de Jesús de Nazaret: “Todos vosotros sois hermanos”. Siempre, a lo largo de la historia y de las más diversas culturas, los seres humanos han sido clasificados, pospuestos, vilipendiados y utilizados con menoscabo de esa dignidad.

# La cuarta, pensar que el mundo futuro que hemos de construir entre unos y otros: ateos, creyentes de unas u otras religiones, se apoya en una fe común, universalmente compartida: la fe en la persona, en su dignidad y derechos. Y esa fe hay que testimoniarla, exigirla, implantarla como una utopía posible, la única universalizable. Cada uno, después, que añada lo que quiera, todo lo que considere lo más propio de su fe, pero comenzando todos por profesar lo que es contenido real y vinculante de esa fe común, base y garantía de la justicia, de la democracia y de la paz.

# Y la quinta, suscitar espacios de búsqueda o duda, la apertura a la trascendencia, sin clausurarnos en el limitado y rígido horizonte de una filosofía racionalista o de un empirismo cientifista.

A mí me cuesta creer que un científico no pueda asombrarse de sí mismo, de la enigmática maravilla de su existencia, obviamente inexplicable desde sí y por sí y sin apenas razones para poner en ella la razón de su propio comienzo y fundamento. “Si, como ha escrito alguien, el cielo ha quedado vacío de ángeles para abrirse a la intervención del astrónomo y eventualmente cosmonauta”, el cielo de la persona humana no va a ser explorado por cosmonautas de la tecnología, sino por duendes ingénitos del espíritu. El éxtasis mismo de la existencia es umbral y condición para el surgir y creación de la teología.


Benjamín Forcano. Sacerdote y teólogo


Fuente: Atrio

7/9/07

“Roma quiere enterrar el Vaticano II”. Benjamín Forcano, organizador del XXVII Congreso de Teología


Lleva más de 40 años en la brecha de la liberación. Nacido en 1935 en Anento (Zaragoza), el claretiano Benjamín Forcano no se cansa de luchar por los más pobres del Reino. A pesar de que hace años que le llueven los “palos” jerárquicos. Cerraron la revista que dirigía, “Misión abierta”, y metieron en el índice su libro “Nueva ética sexual”. Pero él se mantiene firme con la amistad de Sobrino, Boff o Casaldáliga. Hoy inaugura, junto a sus compañeros de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, el XXVII Congreso de Teología, “el acontecimiento religioso más importante de Europa”. Y, sin pelos en la lengua, asegura que “Roma quiere enterrar el Concilio” y que “hay obispos españoles del PP”.

Forcano se muestra orgulloso de que el Congreso siga vivo. Con 27 ediciones, nada menos. “Es, sin duda, el acontecimiento religioso más importante de Europa”. Su objetivo es “abrir los ojos a la realidad, para no caer en el pecado de hacer una teología evasionista”.

Por eso, este año, su lema es el bíblico “Fui extranjero y me acogisteis”. Porque, según el teólogo moralista, “los emigrantes son precursores de un mundo nuevo, en el que cada vez va creciendo más la conciencia de la Humanidad en la creencia en el ser humano, independientemente de quién sea y de dónde venga”.

Va creciendo esa conciencia nueva, pero a golpes. “En España, hemos olvidado nuestra propia experiencia de los años 60. Y el inmigrante sigue estando aquí a la intemperie. A pesar de que este país siga siendo sociológicamente católico y a pesar de los esfuerzos de los sucesivos Gobiernos democráticos”.

Y es que, para un cristiano, acoger al inmigrante es un “deber esencial y primordial”. Y como ciudadanos, “tenemos que caminar hacia la ciudadanía universal”, porque “ningún ser humano es ilegal”.

Con estos y otros temas parecidos, el Congreso (“historia de la teología española viva”) se mantiene, año a año, en torno a los 1.200 participantes. De toda España. Y de toda clase y condición. Un “foro libre” de reflexión, debate y diálogo.

¿Por qué no están los obispos en un encuentro tan importante de cristianos militantes? “Hay consigna de que no asista nadie. Y eso que, si viniese algún obispo, el que fuese, sería acogido como un hermano”.

Y Benjamín recuerda al “añorado” monseñor Osés, el único, junto a Alberto Iniesta, que se atrevía a ir al Congreso. Y el teólogo se pregunta: “¿Por qué asisten regularmente a las reuniones de los demás movimientos religiosos y a las nuestras, no? Sería una alegría que se pudiese dar aquí también la misma simbiosis que se da en Brasil entre prelados, teólogos y fieles de la liberación”.

En cambio, sí está presente todos los años, con una carta, el obispo-profeta, Pedro Casaldáliga. Y otros “profetas” más chicos o de casa. Como el cura de Entrevías, Enrique de Castro, que inaugurará esta tarde el Congreso. “Es el ejemplo acabado de una parroquia abierta, evangélica e integradora de los inmigrantes. Una parroquia en la que se cumple a la perfección el lema evangélico. Un emblema para todos”.

Por eso mismo, Forcano está convencido de que “el conflicto con el cardenal Rouco va a acabar bien. Me cuesta creer que Rouco sea excluyente hasta ese extremo. Más bien creo que recibió presiones de Roma, dado el clima de involución que estamos viviendo”.

Porque, según Forcano, el objetivo del papado de Benedicto XVI es “cerrar el ciclo involutivo, comenzado por Juan Pablo II y por el propio Ratzinger cuando era prefecto de la Doctrina de la Fe”. “Desde Roma y en España se está queriendo enterrar el Concilio o, al menos desvirtuarlo. Hace años que el actual Papa ya dijo que el postconcilio había sido una hecatombe para la Iglesia”, añade.

A su juicio, antes había “un mayor pluralismo y espacio para la crítica. Ahora se intenta imponer un uniformismo total. Los obispos no se apartan de las consignas de Roma”.

Un clima genérico de involución que se plasma en España en actitudes y decisiones concretas. Muchas y muy serias. Por ejemplo, “hay obispos claramente alineados con las tesis del PP. Y el botón de muestra es la asistencia de 19 de ellos a la manifestación contra las parejas gays. Al tomar partido, los obispos rompen la comunión y su función de ser puentes y obispos de todos”.

Otro botón de muestra es la “guerra de la Educación para la Ciudadanía”. Porque, el asunto no tiene, a su juicio, “vuelta de hoja”, pero algunos obispos “tienen nostalgia del dominio social que la Iglesia tuvo en el régimen de cristiandad, olvidando la autonomía de las realidades temporales del Vaticano II”.

Y el teólogo sigue desgranando ejemplos de esta nueva cruzada. Como la próxima canonización de los mártires de la guerra civil. Y eso que le toca muy de cerca. Porque compañeros suyos claretianos, muy jóvenes, de Barbastro, fueron asesinados por los rojos y él participó, hace años, en la exhumación de sus cadáveres. Y al recordar su ejemplo, se le humedecen los ojos y se emociona: “¿Por qué se mató a esta gente absolutamente inocente?”. Y se atreve a avanzar que por dos cosas: “Por odio a la fe y también por odio a una institución que tomó partido abiertamente por un bando”.

O ejemplos más superficiales, pero también significativos del clima involutivo actual, como “la presencia del cardenal Cañizares con capa magna en la ordenación de unos sacerdotes italianos próximos a Lefebvre. Es el colmo de la desfachatez y de la involución”.

En el polo opuesto de esta Iglesia española que camina hacia atrás, Benjamín relata, entusiasmado, su participación en un recuente encuentro de teólogos y laicos en Venezuela, donde descubrió que “sólo se dicen mentiras y patrañas contra Hugo Chávez”. Y descubrió también en los “ranchitos” que rodean a la ciudad, que “hay que tener una ira sagrada contra una situación que cada vez aumenta más la miseria de los pobres y la riqueza de los ricos. Hay que liberar al pueblo”. Y sus palabras suenan como los gritos de los profetas del Antiguo Testamento.


Fuente: Artículo de José Manuel Vidal en Religión Digital

4/9/07

XXVII Congreso de Teología: Fui inmigrante y me acogisteis. Benjamín Forcano


¿Y cuál es el objetivo fundamental de este XXVII Congreso?

Benjamín Forcano: Para nadie es una novedad el fenómeno de la inmigración. En nuestros país desde 1985 hemos recibido a más de cuatro millones de emigrantes. Nadie ignora tampoco que ese fenómeno es una realidad dolorosa. Sin embargo, la cuestión está en que esa realidad no es bien entendida por los que la reciben y son muchos lo que claman contra ella y la repudian. Este fenómeno, en nuestra sociedad globalizada, se hace cada vez más masivo y, a la vez, aumenta la conciencia de que las políticas mayoritarias existentes son limitativas e injustas. No deben tolerarse y hay que introducir en ellas cambios radicales.

Analizar cuál es el origen de las migraciones, sus características actuales, sus causas reales , las soluciones que deben aplicarse y, sobre todo, los cambios que deben operarse en los ciudadanos que la reciben, es el objeto central de este XXVII Congreso de Teología.

Como Congreso cristiano que es, el lema es inequívoco y sin connotaciones: “Fui inmigrante y me acogisteis”. Mira por donde el nuevo marco de la condición humana como persona y ciudadano universal, reafirma lo primario y esencial: somos iguales y diferentes, pero la comunidad de identidad es común y mayor que la diferencia que es secundaria y accidental, hasta el punto de que nuestra generación es la primera considerada como la generación planetaria o terrícola.

La ciudadanía, por brotar de la persona, es universal y, por lo mismo, rebasa y relativiza todo nacionalismo y particularismo. Ahí, en esa raíz, es donde Jesús de Nazaret pone la vista y fundamenta una convivencia fraternal, justa y pacífica, cuestionando todas las políticas que discriminan y humillan al ser humano.

Ningún ser humano es ilegal y tiene derecho a residir en cualquier lugar , con todos los derechos y deberes propios de un ciudadano. Por ello, un ser humano sin papeles es un don nadie, sin derecho a la vida y a que se le reconozcan sus derechos.

Conjugar estos principios con la realidad y hacerlos compatibles es tarea moral de todo Estado que debe hacerla efectiva y razonable a través de leyes justas.

27 CONGRESOS DE TEOLOGÍA PARA CRISTIANOS DEL SIGLO XXI

Somos muchos los que hemos asistido a los 26 Congresos de Teología, iniciados en el 1981. Bastaría asomarse al rico panel de los 25 volúmenes publicados, para apreciar la búsqueda y los senderos recorridos en ese vasto caminar. En su comienzo, ante la asistencia de casi 2000 participantes, hubo personalidades que los señalaron como un acontecimiento excepcional en España y en Europa. Desde entonces, nunca el número de participantes ha bajado de 1.200. Eso da idea de los miles y miles que, por sí mismos o por representación, han seguido esos Congresos.

En buena medida, hay rostros que no fallan y, año tras año, se dan cita para reencontrarse, animarse y seguir progresando. Por estos Congresos han pasado decenas de movimientos, colectivos, ponentes, comunicantes, pertenecientes a los más diversos ámbitos del saber y, en especial, del de la teología. La fórmula ha sido combinar convivencia, doctrina actualizada, reflexión, diálogo, libertad, celebración-oración, profecía, renovación, compromiso. Los “medios”, una vez más otras menos, se han hecho eco de la incisiva novedad de este gran sector cristiano para la transformación de la sociedad y la iglesia.

26 VOLUMENES PUBLICADOS

Congresos de Teología
1. Teología y Pobreza
2. Esperanza de los pobres, Esperanza cristiana
3. Los cristianos y la Paz
4. Cristianos en una sociedad democrática
5. Dios de Vida , ídolos de muerte
6. Iglesia y Pueblo
7. Los laicos en la Sociedad y en la Iglesia
8. Utopía y Profetismo
9. Iglesia y Derechos humanos
10. Dios o el Dinero
11. V Centenario: Memoria y Compromiso
12. Y… Dios creó a la mujer
13. Etica universal y Cristianismo
14. Marginación y Cristianismo
15. Ecología y Cristianismo
16. Evangelio e Iglesia
17. Inmigración y Cristianismo
18. Neoliberalismo y Cristianismo
19. El Cristianismo ante el siglo XXI
20. El Cristianismo en un mundo plural y conflictivo
21. Democracia y pluralismo en la Sociedad y en las Iglesias
22. Cristianismo y Globalización
23. Cambio de Valores y Cristianismo
24. Espiritualidad para un Mundo Nuevo
25. Cristianismo y Violencia
26. Cristianismo y Bioética
27. Fui emigrante y me acogisteis

Fechas: Del 6 al 9 de septiembre
Lugar: Salón de actos de Comisiones Obreras
C/ Lope de Vega, 40 – 28014 Madrid

RECUERDA que, incluyendo en la matrícula las ACTAS,
te costarán 6 euros menos.

CENTRO EVANGELIO Y LIBERACIÓN


Fuente: Benjamín Forcano

12/6/07

Cristianos en política. "Haz esto y vivirás", por Benjamín Forcano


Hay un pasaje en el Evangelio donde Jesús deja claro el criterio para obrar de quien quiera seguirle: amar, “Haz esto y vivirás”. No hace falta que recordemos el pasaje del buen samaritano. Siempre ha estado claro que el amor y no su teoría ha sido el distintivo de los discípulos de Jesús. No hay mejor señal para conocerlos. Y son muchos los campos de vida individual y social donde hemos visto aplicado dicho principio.

Pero hay un campo donde la realidad es netamente contradictoria: el político. Ahí, la presunción es de que la política es irrredenta, empecatada como está por un poder de dominio, de injusticia y de egoísmo. En consecuencia, se la da como perdida e incompatible con la fe.

Los resultados están a la vista: individualismo feroz, insolidaridad, idolatría del tener, imposición de la ley del más fuerte. Y, en Occidente, somos mayormente cristianos, herederos de un mensaje de amor. Y, en España, presumimos de ser católicos, portadores del mismo mensaje.

Observando y analizando el panorama político de nuestro días, la impresión se nos queda en susto: corrupción, falsificación de los hechos, acorralamiento del adversario, descalificación, endiosamiento de las propias ideas. Se dicen cristianos lo que tal hacen, ¿pero son cristianos sus comportamientos? La simple pregunta reporta ironía y sarcasmo.

Sin embargo, la política es la gran oportunidad para la fe y el compromiso cristiano, porque en ella principalmente se barajan los medios, las estrategias y los fines que promueven y aseguran el Bien Común. El común vivir es el bien común, el amor abarca el bien de todos.

Es, por esta razón, que me parece urgente trasladar el amor al terreno político. El concilio Vaticano II lo hace con entera naturalidad: “Conságrense al servicio de todos con amor”. Desde la perspectiva del amor, el Vaticano II subraya algunas de sus importantes dimensiones en el terreno político:

1. El amor (entraña del Evangelio) garantiza la dignidad humana y sus derechos.

La personal dignidad y libertad del hombre no encuentra en ninguna ley humana mayor seguridad que la que encuentra en el Evangelio de Cristo, confiado a la Iglesia. Pues este Evangelio proclama y enuncia la libertad de los hijos de Dios, rechaza toda esclavitud, respeta como cosa santa la dignidad de la conciencia y la libertad de sus decisiones, amonesta continuamente a revalorizar todos los talentos humanos en el servicio de Dios y de los hombres, encomienda a todos a la caridad de todos”(GS, 41).

2. La tarea política requiere ser vivida como un servicio de amor a todos.

“Hay que procurar con todo cuidado la educación cívica y política que en nuestros días es particularmente necesaria, ya para el conjunto del pueblo, ya, ante todo, para los jóvenes, a fin de que todos los ciudadanos puedan desempeñar su papel en la vida de la comunidad política. Los que son, o pueden llegar a ser, capaces de ejercer un arte tan difícil, pero a la vez tan noble, cual es la política, prepárense para ella y no rehúsen dedicarse a la misma sin buscar el propio interés ni ventajas materiales. Obren con integridad y prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo, sea de un hombre o de un partido, y conságrense al servicio de todos con sinceridad y equidad; más aún con amor y fortaleza política” (GS, 75).

3. Los laicos no esperen de sus pastores solución concreta a muchos problemas.

Son ellos los que se esforzarán en adquirir verdadera competencia en todas las actividades y profesiones seculares, colaborando gustosamente con cuantos buscan idénticos fines, sabiendo que en ese campo corresponde a ellos cargar con la propias responsabilidades. En caso de pluralidad de opiniones políticas, no podrán reclamar en su favor exclusivo la autoridad de la Iglesia: “recuerden que a nadie le es lícito en esos casos invocar la autoridad de la Iglesia en su favor exclusivo. Dialoguen, háganse luz mutuamente, guarden la debida caridad y busquen sobre todo el bien común” (GS, 43).

4. Idoneidad, consistencia y autonomía del ser humano en la búsqueda del bien y de la verdad.

El Vaticano II se dirige a la humanidad entera, a ese mundo en que “creyentes y no creyentes están, por lo general, de acuerdo en que todo lo que existe en la tierra se ha de ordenar hacia el hombre como hacia su centro y culminación” (GS 12). La conciencia nos da a conocer la ley fundamental del bien y del amor y, en el cumplimiento de esa ley, “los cristianos se unen a los demás hombres en la búsqueda de la verdad y en la acertada solución de tantos problemas morales que surgen en la vida individual y social” (GS, 16).

Estos textos del Vaticano II encierran unas pautas y un espíritu de amor que deben ser guía del actuar público de los cristianos.

Primera: No más prisioneros de un maniqueísmo político

Llevamos un tiempo en que la vida política se ha convertido en una cancha de eliminación del contrario. Lo lógico, en una convivencia de seres humanos, es que haya pluralidad, conflicto, diálogo y entendimiento. Pero, en nuestra vida política las cosas acaecen de otra manera: no se admite nada bueno del contrario, el objetivo es desacreditarlo, negarle validez en la gestión política, para lo cual vale todo: la calumnia, el insulto, la mentira.

Los intereses del pueblo, -el único que delega el poder y tiene derecho a que se le represente con obediencia y honestidad-, son siempre los mismos, se trate del partido que sea. No es consecuente, por tanto, que los políticos se ataquen obstinadamente como si de intereses distintos se tratara. La perduración de esta dialéctica partidista produce confusión y malestar y subrepticiamente va inoculando fobias de hostilidad y menosprecio.

Segunda: los obispos promotores de unidad y no de división

Para los momentos actuales, el Vaticano II ofrece unos puntos, que no dejarán de sorprender a muchos: “Y aunque las soluciones propuestas por unos u otros, al margen de su intención, por muchos sean presentadas como derivadas del mensaje evangélico, recuerden que a nadie le es lícito en esos casos invocar la autoridad de la Iglesia en su favor exclusivo . Procuren siempre, con un sincero diálogo, hacerse luz mutuamente, guardando la debida caridad y preocupándose, antes que nada, del bien común “ (GS, 43)

La Iglesia española había, después del Vaticano II, avanzado mucho en este sentido. Los obispos españoles deberían leer alguna vez las palabras que ellos mismos dejaron escritas en la Asamblea Plenaria del 73: “Los obispos pedimos encarecidamente a todos los católicos españoles que sean conscientes de su deber de ayudarnos, para que la Iglesia no sea instrumentalizada por ninguna tendencia política partidista, sea del signo que fuere. Queremos cumplir nuestro deber libres de presiones. Queremos ser promotores de unidad en el pueblo de Dios educando a nuestros hermanos en una fe comprometida con la vida, respetando siempre la justa libertad de conciencia en materias opinables” (Asamblea Plenaria, (17ª), 1973).

Como hacía tiempo no ocurría, los obispos han hecho pública una preferencia política partidista (la del PP), prestándole autoridad y bendición, con lo que automáticamente se han convertido en factores de división. Los obispos, como cualquier otro ciudadano, pueden tener sus preferencias políticas; pero como obispos, no pueden exhibirlas ni defenderlas en beneficio de un partido. Anularían automáticamente su misión de animar y preservar la unión de la comunidad. “Deben reunir la familia de Dios como una fraternidad, animada hacia la unidad”(LG, 28).


Fuente: Autor. Benjamín Forcano es sacerdote y teólogo

20/5/07

Nos manipulan, por Benjamín Forcano


Dependientes y libres. Los humanos podremos parecernos a un rebaño, pero no somos un rebaño. Que lo seamos es lo que buscan los mastines de la cosa pública. Ellos conocen muy bien las leyes de los comportamientos gregarios; las claves para dominar con el menos costo posible.

El hombre tiene el privilegio de ser libre, aun cuando infinitud de veces ignore que es esclavo de sí mismo y de la sociedad. Y es que llegar al ejercicio de una libertad personal no es nada fácil: nos amaestra la gran dependencia en los primero años de la vida y se nos van agarrando querencias emocionales que no podemos controlar.

En nuestra sociedad el esquema es bien simple: la realidad se interpone entre nuestro yo y el gigantesco poder informativo. El problema está en saber quién se apropia de ella, pues la apropiación señala el comienzo de la ocupación.

Nos estamos moviendo entre repugnantes invasores de la intimidad, que aspiran a hacernos muñecos de sus deseos. El miedo a la soledad -ese hueco inquietante- hace que busquemos refugio en una excesiva dependencia de la autoridad que nos confiere seguridad.

Apropiación de la realidad. Dependencia y autonomía son dos polos dialécticos del ser humano: cómo hacerse persona entre creencias, filosofías e intereses contrapuestos. El reto tiene varias salidas: obediencia, anarquía, autonomía.

Podemos ser autónomos o dependientes (manipulados), pero la cuestión está en saber si hay un punto en el que se decide lo uno o lo otro. Yo creo que lo hay y es aquel en que se hace la recogida de la información. La información debiera ser exposición de la realidad, simplemente. La realidad habla por sí misma y no hay mejor manera de interpretarla que presentarla tal cual es.

Lo que pasa es que a nadie, o a casi nadie, se le ofrece directa la cara de la realidad; cuando creemos apresarla, hay otros que ya la han apresado –los dueños del poder mediático-, y nos la muestran perfilada con colores del propio interés e ideología.

Los hechos y los disfraces. La vida política, especialmente ahora en nuestro país, es un escenario-reflejo de lo dicho. Tomen el hecho que quieran. Esos hechos tienen un ser propio, que nadie puede negar. Pero la ideología partidista los tergiversa a su conveniencia.

Ciertamente me voy a referir a la manipulación del PP, por estar hoy en el candelero y ser la más comentada por todos. Para el PP entrar a discutir los hechos no vale, ni es productivo; lo mejor es recurrir al ataque y negarlos punto por punto. Hay que hacerlo aunque sea injusto y sea una clara mentira. La estrategia debe ser ejecutada por todos. Cuanto más, mejor. Eso puede calar.

El atentado del 11-M es un hecho superclaro del terrorismo islámico. Las elecciones de marzo del 2003, ganadas por el PSOE mediante decisión soberana y mayoritaria del pueblo, es un hecho superclaro. La ilegal, injusta e inmoral participación de España en la guerra de Irak por el presidente y gobierno de entonces es un hecho superclaro. La votación en secreto en el Parlamento para aprobar o no la guerra de Irak, que dio como resultado que ni un solo diputado del PP disintiera de la voz del jefe, es un hecho superclaro. La frustración, el rencor y la voluntad del PP, con Aznar a la cabeza, de no aceptar la derrota de las elecciones, es un hecho superclaro.

El acierto de Zapatero, presidente del Gobierno, de sacar las tropas españolas de Irak es un hecho superclaro. El carácter democrático y moral de las Leyes promulgadas por el actual Gobierno: LOE, Matrimonios Homosexuales, Igualdad entre Hombres y Mujeres, Inmigración y Políticas de normalización, Dependencia y Estado de Bienestar, etc. son hechos superclaros.

Son hechos superclaros el ajuste y aumento de las Pensiones, el descenso progresivo del desempleo, el crecimiento de la economía, la real y consensuada imparcialidad de la televisión pública, la superaumentada participación de la mujer en puestos directivos de la vida política, etc., etc. Hecho superclaro es la voluntad del Gobierno, aprobada por el Parlamento, de abrir negociación con ETA para acabar con la violencia y erradicar de una vez por todas toda amenaza, extorsión, agresión, secuestro y muerte en el País Vasco.

Pues bien, aún siendo así, no hay que dudar en negar los hechos, uno a uno.

Aunque es mentira, que nadie ceje de repetir que Zapatero es un débil, un insustancial, un ignorante, un descerebrado en política, un rompedor de España, un juguete de los terroristas etarras, un vendido, un enemigo declarado de la religión católica y de los valores sagrados del matrimonio y de la familia, un urdidor de leyes injustas e inmorales, un desastre para la imagen de España en su política exterior, un colmo de desaciertos, con nada bueno y mucho malo. Zapatero es el responsable de todo, el tirano democratizado, el tonto elegido por más de doce millones de españoles engañados, hay que acabar con él, destruirlo, enfangarlo, es el anti-cristo.

Vale todo: lo importante es hacerlo oír en el más alto, medio y bajo nivel, hasta que mucha gente acabe por gritar lo que le dicen.

De esta manera, el miedo, la inseguridad, la sinrazón se cobijan bajo el paraguas paternalista de Rajoy, Acebes y Zaplana; y se cohesionan bajo la vengativa y bien planificada conspiración.

Lo malo es que se ha instaurado este estilo como la cosa más natural. Quienes desde fuera contemplan lo que ocurre en nuestro país se quedan pasmados de la serie de barbaridades que se dicen contra el presidente del Gobierno. ¿En dónde puede presentarse el espectáculo deprimente del Senado, cuando el presidente, requerido por la oposición, accede a responder y se le recibe con pataleos, rechiflas y denuestos?

Las razones ocultas. Los hechos son superclaros, los disfraces también. Es, pues, indispensable hurgar un poco y descubrir lo que, bajo tanta bulla, hay de verdadero.

Zapatero será lo que se quiera, pero pertenece al terreno de lo obvio el estilo respetuoso, dialogante, humilde y a la vez firme, que aplica para lograr un gobierno apoyado por la mayoría. No discrimina; no se encierra castigando a quien no le secunda o no le cae bien; tiene claro que su responsabilidad es gobernar con todos y para todos. Y lo hace. Y es un mérito indiscutible. Como indiscutible es el aguante que ha demostrado ante tanta y tan zafia agresividad.

Lo descrito no encuentra explicación con decir que la gente está convencida. Obedece a otro tipo motivaciones. Vienen de atrás. Los pueblos tienen su historia y el pasado pesa mucho en el presente. Nos acompaña un hecho fundamental: La Iglesia de cristiandad o del nacionalcatolicismo siempre anduvo de mano del capitalismo y de la derecha. Se habló de la herejía de “cristianos por el socialismo”, pero nunca de la herejía de “cristianos por el capitalismo”. El socialismo era ateo, anticlerical, laicista, perseguidor de la Iglesia y marginador de la Religión. Pretendía arrinconar a la Iglesia y borrar toda huella de Dios en la sociedad. Su meta era sustituir a la Iglesia con una nueva doctrina, unas nuevas leyes, unos nuevos valores y un nuevo credo.

Y, desgraciadamente, es el leitmotiv que siguen repitiendo algunos altos dirigentes de la Iglesia.

El Vaticano II reconoció que la Iglesia, atrincherada en la Edad Media, resultó en buena parte antimoderna, anacrónica, incompatible con la libertad y el progreso, obstaculizadora de la democracia y de los derechos humanos.

Ahora, el socialismo está en el poder y sigue queriendo implantar democráticamente su programa. Pero los fantasmas siguen: “es un peligro, se dice, para la Iglesia, una degradación ética, una claudicación de la unidad y esencia de España”.

Con naturalidad, ambas derechas, la política y eclesiástica, se entienden y colaboran para combatir a un enemigo que es común. El PP pierde el poder y la Iglesia perdería su monopolio ideológico dominante. Creyentes y no creyentes estamos destinados a entendernos como personas y ciudadanos que comparten una fe común, -la fe en el ser humano- y la perspectiva de un auténtico gobernante se muestra en establecer leyes que regulen una justa convivencia para todos, la cual no es posible sin aplicar para todos una ética común y unas leyes comunes, garantizando que cada religión ofrezca lo que quiera, pero siempre sobre la base de respetar el estatuto constitucional de obligatoria vinculación para todos.

Hoy son tiempos nuevos, sin privilegios ni discriminaciones, con vuelta a la casa común de la dignidad humana, de la razón, de la libertad, del respeto y confianza mutua, del cumplimiento de la ética común. Las religiones, naturales y legítimas, se erigen sobre esa base común y están en su derecho el ofrecer valores, promesas y horizontes específicos que consideren importantes para una mayor felicidad del hombre.

Pero libremente.


Fuente: Benjamín Forcano. Sacerdote y teólogo

El compromiso político del cristiano está en la izquierda, por Benjamín Forcano


El compromiso político del cristiano está en la izquierda. En otros momentos, esta frase hubiera levantado polvareda. Hoy, la sigue levantando, pero menos. Las cosas han cambiado. Se puede ser cristiano sin renegar del socialismo y se puede ser de derechas a sabiendas de rebajar el cristianismo. Si antes la herejía era "cristianos por el socialismo", hoy es "cristianos por el capitalismo”. Ha muerto, es cierto, el socialismo real ¿Entonces? "Viva el socialismo utópico", escribe el obispo Casaldáliga.

Ser de derechas es ser reaccionario, egoísta, con ética disyuntiva' "Yo o el Otro”. Por contra, ser de izquierdas es luchar contra la desigualdad, armonizar el bien particular con el bien común, combatir la marginación, constituir en causa propia la dignidad y derechos humanos, buscar la propia realización desde una ética conjuntiva "Yo y el Otro".

Cierto clima actual admite que se puede ser cristiano, pero sin traspasar la intimidad, es decir, como una vivencia subjetiva de ilusión, neurosis, alienación o proyección irreal. La talla humana, desde un cierto horizonte de la cultura moderna, se la considera desmerecida si se la cobija bajo la sombra de la religión. La religión saca del mundo real, desnaturaliza e incapacita para la transformación social. Progreso y libertad, derechos humanos y tolerancia, ciencia y modernidad, revolución y democracia, son incompatibles con la fe. Esta nos exilia de la historia, de la sociedad, de la razón y de la realización humana.

Venir, por tanto, ahora a reivindicar la izquierda como lugar propio del cristiano, no deja de ser una ingenuidad.

Está claro que todo esto es como tocar un clavo ardiente. Es un hecho que el cristianismo histórico se ha prostituido, registrando en su haber abusos de poder, machismos, antimodernidad, negación de derechos humanos. Pero, también es un hecho que el cristianismo originario ha sido en la historia fuente de inspiración y espoleta de revoluciones, de defensa de la dignidad humana, de entrega amorosa hasta el límite por los últimos de la sociedad, de resistencia hasta el martirio contra abusos del poder y de particularismos idolatrados.

Se trata, por tanto, de discernir de qué cristianismo o socialismo hablamos. Y veremos que no siempre hay concordancia automática entre teoría y praxis y que es posible aquello de que ¡Una mala realización no invalida un buen proyecto!

El socialismo, en su proyecto, es más ético y consonante con el cristianismo que el capitalismo. La diferencia es básica: el socialismo apuesta por la igualdad, va de menos justicia y libertad a más justicia y libertad, de lo establecido a lo utópico, de la discriminación a la identidad humana universal. El capitalismo lleva en su entraña otra filosofía y otros objetivos.

Si hablamos del cristianismo originario, en el origen está Jesús de Nazaret. El no fue un quietista, ni un maestro académico, ni un guerrillero zelote. Fue un profeta, un revolucionario, que habló de un Dios nuevo, de una humanidad sin fronteras, de unas relaciones fraternas, libres de orgullo, tiranía e hipocresía, de una religiosidad inseparable de la justicia y del amor, de una utopía (reino de Dios) donde los primeros son los últimos y los últimos los primeros. Esta "demasía" llevó al poder -sinagoga e imperio- a exterminarlo, por blasfemo y subversivo.

Esa es la vertiente pública del mensaje del Nazareno, prendida como chispa en la hoguera de la historia, que puede calcinar alianzas, mercados, globalizaciones, totalitarismos. Si la pasión de Jesús se convierte en pasión de los cristianos, y esa pasión pasa por la justicia, perseguida desde los últimos, queda encendido el motor para una renovación de la izquierda y una refundación del socialismo. Hoy la economía está sin alma, la política con apenas ciudadanía. ¿De dónde recabar fuentes para levantar un nuevo sujeto humano?

Esa es la cuestión. La hegemonía de la cultura burguesa hace imposible una nueva sociedad, más democrática, igualitaria y fraterna. O creamos un nuevo sujeto posburgués, o continuaremos con unas democracias formales, sin alma. El alma es lo que la economía, la tecnocracia o la planificación neoliberal no busca o trastrueca en una suerte de antiutopía. "La posmodernidad niega la radicalidad espiritual, el compromiso, la espiritualidad, la utopía; sustituye la ética por la estética, lo utópico por lo agradable; ignora a los pobres y deja de lado a la justicia; renuncia a los grandes 'relatos'; es narcisista: dicen incluso que hemos pasado de Prometeo a Narciso", escribe el obispo Casaldáliga.

Es necesaria la política y la economía, los programas y las leyes, los presupuestos y las estrategias, pero si no hay mística, si no hay valores, si no hay pasión en torno a un proyecto de justicia, solidaridad y paz, la vida pública será el meandro oscuro donde actuará el sujeto burgués, neurotizado por su complejo de individualismo posesivo. La democracia no viene de arriba, por arte de magia política, organizativa o institucional. La democracia la funda y se funda en la persona, llamada a ser protagonista y artífice del quehacer histórico, y no marioneta. Pero, ese quehacer no se improvisa. Es la tarea, lenta y ardua, de una cultura nueva, única capaz de crear el sujeto apto para la nueva izquierda. Y es, en esa área, donde el cristianismo puede desempeñar una labor ingente de reactivación y fecundación del socialismo.

Desde esta perspectiva, me atrevo a concluir (haciendo mía la tesis del profesor Rafael Díaz Salazar en su libro La Izquierda y el Cristianismo): " El socialismo sigue siendo la perspectiva política y económica que mejor puede asegurar a resolver los problemas sociales".

Fuente: Benjamín Forcano. Sacerdote y teólogo

8/4/07

La Pascua cristiana, ¿Qué significa resucitar?, por Benjamín Forcano



Desde hace 2000 años, una noticia sin precedentes, ha recorrido las venas de la humanidad. Nunca, en ningún lugar y de nadie, se ha afirmado algo similar a lo que la fe cristiana profesa de Jesús, cuando dice que resucitó de entre los muertos: “Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí”. La muerte no tuvo en Jesús la última palabra ni la tendrá ya en ningún ser humano. Lo anuncian los apóstoles: “Has de saber que tú también, resucitarás como El”. Racionalmente hablando, la condición humana implica y necesita una esperanza. El triunfo de la muerte, el triunfo de la injusticia y la derrota de las utopías claman por alguna razón positiva que permitan creer que la esperanza no es un mero voluntarismo ciego. El ser humano es el único que sabe que se ha de morir, el único que puede preguntarse cómo la muerte puede influir en su vida. Tan natural como el morir lo es para nosotros el hecho de no querer morir. La resurrección sería, desde esta perspectiva, la manera de escapar al poderío de la muerte.

Pero, la perspectiva cristiana dice algo más: la vida de Jesús es toda una vida subordinada al Reinado de Dios, que es el reino de los pobres. Precisamente por eso, los poderes de este mundo lo asesinan, porque no aceptan que el reino sea de los pobres. Y lo asesinan los representantes oficiales de Dios y de su Ley. La novedad de Jesús y de su resurrección están aquí: él, víctima, sale victorioso. La resurrección de Jesús es un triunfo sobre la injusticia, además de una escapatoria a la muerte. El resucitado es una víctima por haber vivido como vivió, y fue resucitado por haber vivido como vivió.

Por la resurrección de Jesús nosotros creemos en la resurrección de las víctimas. Sin la resurrección de Jesús, afirmar que Dios es el Dios de los pobres sería blasfemo o demencial. La resurrección de Jesús es la plenitud definitiva, lo último que se puede esperar. ¿Dónde está oh muerte tu victoria?

La muerte hecho natural. Pensar en la resurrección es pensar en la muerte. Pero, nuestra sociedad margina la muerte. Quizás lo hace así porque la muerte representa una amenaza, la posibilidad de acabar con todo en un instante. Y, como consecuencia, el miedo y la huída. Un sensato pensar sobre la muerte no es para amargarse, ni retraerse de la vida, ni ponerse en plan fatalista. En primer lugar, porque la muerte nos pertenece y de ser así algún sentido tendrá. Y lo razonable es contar con ella. Es mejor proyectar con ella el viaje, puesto que está con nosotros, que no descartarla.Lo escribe admirablemente el obispo Pedro Casaldáliga:

“No hay modo de escapar a la querella de la muerte.
Sin hora y sin lugar, ella es la cita.
Vendrá, saldrá de mí. La llevo dentro desde que soy.
Yo voy hacia su encuentro
con todo el peso de mis años vivos
Pero vendrá…. para pasar de largo.
Y en la centella de su beso amargo,
vendremos Dios y yo definitivos”.

Hasta aquí, nada especial. Somos mortales. Y, como todos, podemos preguntamos por la suerte a seguir después de la muerte: ¿Caída en la nada? ¿Supervivencia en un mundo mejor?. La muerte, puente hacia la plenitud. No sé si a la filosofía ayuda en este caso la fe. Una fe que reposa sobre la enseñanza y vida de Jesús de Nazaret.

Él fue un hombre, honrado y libre, que no transigió con la injusticia y la mentira. Señaló el camino recto hasta el final. Y los grandes de este mundo lo sometieron a una muerte violenta, injusta, a destiempo, como tantas otras. ¡El Justo exterminado!
Pero este Justo, derrotado a los ojos de la sociedad, salió victorioso. Esa muerte física, el sello final de siempre, no le atrapó ni le consumió. Dios, que hizo salir las cosas de la nada, quiso también sustraer a este hombre de la muerte y lo hizo entrar en la vida: lo resucitó. La muerte fue un tránsito, una puerta que lo introdujo en la plenitud de la vida, en la presencia y abrazo definitivo con Dios, autor de la vida, principio de todo ser, señor de la historia.

Los creyentes en Jesús de Nazaret, ya no tenemos duda: el cielo existe, es Dios mismo, con su vida eterna, y en él no hay lugar para el dolor, la injusticia, la discriminación, la esclavitud, la duda, la desesperanza. Jesús testifica que hay un Dios, Principio y Padre de todos, que tiene la última palabra. Y El nos espera para ser definitivamente en Él.

¿Qué significa resucitar? Los cristianos afirmamos que la resurrección no es una palabra vacía. Resucitar significa que Jesús, en la muerte y desde la muerte, entró en el ámbito mismo de la vida divina, realidad primera y última, inabarcable y omniabarcadora. El Crucificado continúa siendo el mismo, junto a Dios, pero sin la limitación espacio-temporal de la forma terrenal. La muerte y la resurrección no borran la identidad de la persona sino que la conservan de una manera transfigurada, en una dimensión totalmente distinta. Para hacerlo pasar a esta forma de existencia distinta, Dios no necesita los restos mortales de la existencia terrena de Jesús. La resurrección queda vinculada a la identidad de la persona, no a los elementos de un cuerpo determinado. La fe cristiana asegura que el Dios del comienzo es también el Dios del final, que el Dios que es el Creador del mundo y del hombre, es también el que lleva a éstos a su plenitud. Resucitar significa que la persona que muere, no se disuelve, continúa, y que el cuerpo sí que se disuelve pero entrando en una dimensión nueva. Hay continuidad y discontinuidad. Resucitar significa apostar, como Jesús, por la vida, llegando incluso a soportar en esta lucha el vituperio del fracaso de este mundo, pero seguros de que la inocencia del Justo será reconocida y premiada por Dios. Dios tiene siempre la última palabra, no la iniquidad. Resucitar significa que estamos ya, en una marcha dinámica, hacia la resurrección, en lucha contra todo lo que bloquea, merma y quita la vida.

El Resucitado ha dicho: “Quiero que donde yo estoy, estéis también vosotros”. Es el mensaje más inaudito de la fe cristiana. A pesar de la muerte, hay que soñar, trabajar y luchar para que este nuestro planeta sea la casa de todos, donde cada vez haya menos odio, menos injusticia, menos hostilidades, menos egoísmos, menos sufrimientos, menos guerras, menos ruinas y miserias, más justicia, más libertad, más amor, más paz, más felicidad. Es el ir anticipando el cielo en la tierra.

Los que se van no se van al vacío, sino a la vida maravillosa de Dios, al cielo. Pero para llegar al cielo no hay más que un camino: la tierra.

Benjamín Forcano, Sacerdote y teólogo

El Cristo crucificado y los crucificados de la Historia, por Benjamín Forcano


Este hombre debe morir

No creo cometer ningún desacato si en una sociedad mayoritariamente cristiana, pretendo hacer un apunte original de la muerte de Jesús, precisamente en la Semana Santa. Original en el sentido de ir al origen. Porque una cosa es lo que le ocurrió a Jesús de Nazaret en aquellos días de su entrada tumultuosa en Jerusalén, que acabó con su crucifixión en el Gólgota y otra los que hemos hecho después con una conmemoración literal, monótonamente estereotipada de aquellos hechos.

No sé por qué la mirada se nos ha de quedar clavada en el ámbito físico y restricto del Nazareno. El fue a Jerusalén a celebrar la pascua judía. Era un judío más. La fiesta era nacional, concitaba a más 120.000 israelitas, que llegaban de todas partes. La esclavitud bajo el Faraón había durado demasiado tiempo y, finalmente, habían quedado libres, congregándose en una nueva tierra. Un pueblo había sobrevivido, sin perder su identidad, y convergía allí, en explosión jubilosa, para conmemorar semejante gesta.

Pero Jerusalén desde hacía años estaba bajo otra esclavitud, la del imperio romano. A su sombra, las autoridades judías habían negociado, habían logrado una buena autonomía en su vida cultural y religiosa, siendo ellas las que manejaban a su antojo el asunto religioso. Pululaban sentimientos nacionalistas y movimientos independentistas (los zelotes), pero a las autoridades les pertenecía el monopolio del uso e interpretación de lo religioso.

Mira por donde, un campesino de Galilea, ya conocido, pero sin pertenencia a la aristocracia religiosa ni social, se atrevió a llamar a las cosas por su nombre, denunciando la enorme corrupción a que había sido sometido el nombre de Dios en el templo de Jerusalén, lugar el más emblemático para todo el pueblo, por venerar en él al Dios que los había conducido a la liberación.

La actuación de Jesús fue un desafío. Sus palabras restallaron como un látigo. ¿Qué celebración de la Pascua era aquella? ¿Cómo se compaginaba todo aquel tráfico del templo, montado por el Sanedrín, con el culto auténtico de Dios, que consistía fundamentalmente en la práctica de la justicia y del amor? ¿Que valor podían tener todos aquellos sacrificios materiales y aquellos inciensos, si la vida de los dirigentes y sus enseñanzas se apartaban del verdadero conocimiento de Dios? Su función religiosa les había llevado a erigirse en casta superior corroída por el egoísmo, la soberbia y la hipocresía.

La Pascua Judía fue para Jesús la ocasión de denunciar el sistema religioso dominante: las patrañas urdidas por los dirigentes, la conversión del culto en negocio del Sanedrín, la opresión que ejercían sobre el pueblo, las falsas interpretaciones inventadas, la arrogancia de que hacían gala, el menosprecio hacia los sectores más pobres, su afirmación de la teocracia e idolatría nacionalista, el montaje de toda una religión legalista, puramente exterior, que cultivaba la apariencia y escondía el vicio.

Jesús apuntaba al corazón. No había escapatorias posibles. La cosa era más sencilla. No había que embolicar a Dios con las tonterías y truhanerías de los hombres. Dios es lo que es y refleja su luz, con nitidez, en la conciencia de todos. Aunque sean analfabetos. Esa luz , por natural, es pura e incanjeable. Y a ella remitía, en última instancia, la sabiduría popular del Nazareno.

Con lo cual, encendió la chispa: el pueblo le escuchaba admirado y los dirigentes le espiaban preocupados. Era peligroso. Y determinaron matarle.

Una muerte violenta, injusta, criminal, a manos del poder más arbitrario. No a manos del Padre celestial; esa sería la muerte de un Dios sádico. Ni Jesús buscó la muerte, ni Dios le destinó a ella. Eso es una solemne tontería, una herejía y una coartada para todos los poderes de turno que siempre se han negado a ver la muerte de Jesús como lo que fue: una consecuencia de su estilo de vida, de su rebeldía y disidencia frente al poder religioso y civil, de su coherencia y libertad, de su sinceridad y amor por la justicia y los más pobres. Jesús murió asesinado por la sinagoga y el imperio.

Los crucificados de nuestro tiempo

Vengamos ya a las muertes de los Viernes Santos de nuestro tiempo. Los templos cristianos con sus ritos, inciensos, cantos, plegarias y procesiones, ¿a quién están recordando? ¿Qué están celebrando? ¿La muerte de Jesús? ¿Su muerte física? ¿Nada más? ¿Y eso una y otra vez, un año y otro año, un siglo y otro siglo?

¿No será que hemos convertido en momia sagrada la liturgia católica? La pasión y muerte de Jesús son referencia paradigmática. Pero su muerte no ha acabado, sigue reviviéndose en el Cuerpo de la Iglesia y de la Humanidad. Y sigue produciéndose en el altar del poder económico y del poder religioso. Hoy son otros los Faraones, los Pilatos y los Sumos Sacerdotes...

¿Dónde están los profetas y liberadores que, como él, tratan de rescatar el significado de su Pascua, hoy pascua cristiana? ¿Cuántas son las desviaciones y corrupciones que hay que destapar y corregir? ¿Quiénes son los tiranos y verdugos? ¿Quiénes los que sufren pasión y quiénes los crucificados? ¿Cuánto de esto está presente y se celebra en las liturgias de nuestros templos?.

Bajarlos de la cruz

Los Viernes Santos en muchas ciudades de España alzamos la vista para contemplar las imágenes de nuestros Cristos Crucificados.

¿Y qué, si junto al Cristo Crucificado ("Cuanto hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños conmigo los hicisteis") desfilasen por nuestras calles las imágenes de los pueblos crucificado del Sur? ¿Qué, si en nuestras liturgias contemplásemos rotos por el dolor, las heridas, miserias, humillaciones y muertes que viene arrastrando desde siglos?

¿Qué, si frente a tanto terrorismo oficial y legal, revestido de potencia y tecnología más que espectacular y disfrazado inclusive con la bendición de Dios, descubriésemos las motivaciones reales que lo guían y que lo llevan a cuotas increíbles de crueldad y exterminio?

Teólogos de la liberación afincados en el Tercer Mundo, insignes, y mártires algunos como Ignacio Ellacuría, nos han hablado de este hecho evidente y lo han hecho desde una perspectiva cristiana: estos pueblos crucificados son la actualización de Cristo Crucificado. Decía Monseñor Romero: "Ustedes son la imagen del divino traspasado.”
Estos pueblos crucificados son víctimas, no caídas del cielo, sino producidas por
los sucesivos imperios, por el sistema económico dominante y por las multinacionales.
Son estos verdugos los que imponen la injusticia, los que la defienden violentamente si hace falta, y hasta con terror. Cuenten en esa procesión inmensa a los 300.000 centroamericanos matados en estas últimas décadas, y... alarguen la vista y verán pueblos masacrados, movimientos reprimidos, líderes desaparecidos, gentes de pueblo perseguidas, torturadas, desaparecidas. Verán las argollas que los poderes del FMI, del BM y de la OMC siguen poniendo para que esos pueblos no levanten cabeza y puedan disponer impunemente de sus materias primas.

Estos pueblos, en un mundo donde la riqueza nunca ha sido tanta, ven como los poderosos les roban, les ponen condiciones comerciales inicuas, acumulan cada vez más riqueza, sin importarles el hecho de que la distancia de ingresos entre unos y otros crece sin cesar, de modo que si en el año 1820 era de 1 a 3, hoy es de 1 a 70. El 20% de la población más rica del planeta se ha repartido en 1997 el 86% de la riqueza. La mitad de África, unos 400 millones, vive con menos de 1 dólar diario y está desnutrida. EE.UU. tiene una deuda externa de 6 billones de dólares, doble que la de todos los países pobres, pero a él nadie le exige que la devuelva, en tanto que a los pobres se les obliga con un cuchillo en la garganta.

Con razón, el Cristo Crucificado y estos pueblos Crucificados son la explicación el uno de los otros. Son el Siervo de Yahvé "sin figura, sin belleza, sin rostro atrayente.” Son pobres y, además, aplastados y torturados. Y así son como el Siervo "que no parecía hombre ni tenía aspecto humano y producía espanto.”Y mientras sufren en paciencia y resignación, se los alaba, se reconoce su bondad, sencillez, religiosidad, pero si se deciden a vivir e invocar al Dios que los defiende y libera, entonces son subversivos, terroristas, criminales, ateos, marxistas y comunistas.

Y no tienen quien los defienda, "son llevados a la muerte, sin justicia.” Con razón escribía el obispo Pedro Casaldáliga: "Es hora de martirio en nuestra América Latina.” ¡Cuántos campesinos, sindicalistas, maestros, catequistas, religiosas y religiosos, líderes populares, obispos engruesan esa procesión de crucificados! Ellos son el siervo sufriente de Yahvé. "Les han dejado -escribía Ellacuría- como a un Cristo.”

Paradójicamente, estos Crucificados son "luz de las naciones" ,es decir, ponen al
descubierto la pecaminosidad fundamental del Primer Mundo, que es la injusticia. Y señalan como mala éticamente la solución que están dando al mundo, pues deshumaniza a unos y a otros. Y, además, ofrecen salvación, por ser portadores de los "valores evangélicos": solidaridad, servicio, sencillez y disponibilidad para acoger el don de Dios. Y ofrecen un potencial inmenso de esperanza, una y otra vez ahogada por el mundo occidental, pero sigue ahí contra toda esperanza, para poner en evidencia su fracaso. Y ofrecen amor, porque así lo han demostrado innumerables mártires de América Latina y de otras partes. Y ese amor es una gran oferta de humanización.
Nosotros, hoy, en esas procesiones del Cristo Crucificado y de tantos otros que
no estarán visibles en nuestras calles, tenemos un compromiso: bajarlos de la cruz. Es una manera muy correcta de celebrar la muerte del Señor.

¿Se puede recuperar la Semana Santa?

Es impresionante la desfiguración hecha sobre los hechos fundamentales de la vida cristiana. Uno de ellos es la cruz. De un instrumento utilizado para infligir la muerte a revolucionarios y rebeldes políticos, ha pasado a ser un símbolo poco menos que de la pasión de Dios por la venganza. Jesús habría muerto para satisfacer la ira de Dios, provocada por los pecados de la humanidad. Y seguiríamos oficiando esa inmolación para recabar la reconciliación y perdón de Dios. Ha sido esta una teología en boga, por muchos siglos, que ha fomentado una especial religiosidad popular.

La cosa es distinta: Jesús, como israelita, vive civilmente, no es ministro del Templo de Jerusalén, participa de las fiestas de su pueblo, sobre todo de la más relevante, la Pascua. La Pascua es propicia para movilizaciones y posibles levantamientos contra el invasor romano.

Jesús,en esa Pascua, sube también a Jerusalén, decidido a actuar públicamente. Desde Betania, rodeado de paisanos, admiradores y peregrinos, se dirigen tumultuosamente hacia la ciudad.

Allí estaba el Templo, centro de la vida social, política y religiosa de Israel. Ocupaba una quinta parte de la ciudad. En él, había atrios para todos: sacerdotes, varones, mujeres, extranjeros, cambistas. Y, dentro, el santuario: lugar de los sacrificios, reservado sólo a los sacerdotes.

Lo de la llegada a Jerusalén, fue un preámbulo. Pronto, vino lo demás. Jesús venía denunciando fuerte, había que acabar con muchos abusos, eran necesarios muchas reformas, nadie podía escudarse so pretextos para no convertirse y, sobre todo, había que aplicar el hacha a la raíz. La gente tenía a Jesús como profeta y, si era consecuente, veían que iba a pasar algo serio.

El sistema religioso imperante era demasiado obsceno, chocaba demasiado con el sentir real del pueblo y con las propuestas de Jesús. Jesús prosiguió su enseñanza en el Templo y arreció en su denuncia; "Vosotros habéis convertido el Templo en cueva de bandidos.” El escándalo estaba servido: aquel hombre enseñaba como quien tiene autoridad, sin pasar por la aprobación ni la censura oficial: "¿Y a ti quien te ha dado autoridad para enseñar esto?”

Jesús quería dejar bien claro el contraste: la religión no sirve para oprimir la conciencias, para crear desigualdades (ricos/pobres, buenos/malos, extranjeros/nacionales,...), para montar negocios, legitimar abusos del poder, restringir la libertad y enmascarar la hipocresía, para negar el amor y la fraternidad. "Estáis equivocados, sois guías ciegos, no hacéis ni dejáis hacer, id y aprender lo que significa misericordia quiero que no sacrificio ".

Hay cosas que no se pueden conciliar y, menos, en nombre de Dios.Le exigían que se callase y que hiciera callar a sus discípulos. Pero él replicaba: "Lo encubierto, lo oscuro, lo callado, salga a la luz sobre los terrados.”

Jesús, pues, no va a la muerte por voluntad de su Padre. La muerte es, en El, una consecuencia de su vida, vivida cabalmente, desde el amor y la libertad, desde la justicia y el amor a los más pobres. En seguir ese su camino está nuestra "redención" y nuestra liberación.

Habrá quien quiera hacer una lectura idealista o espiritualista de la vida de Jesús. Y habrá quienes pensarán que las liturgias católicas -muchas- expresan con fidelidad los hechos básicos de la vida de Jesús y que nada tienen que ver con la vida civil y secular.

Yo pienso que la liturgia se vuelve estéril, cuando se la priva de su savia original. Lo sustancial y lo permanente de la liturgia no son unas fórmulas, sino la vida de Jesús, que se intenta reavivar y asimilar litúrgicamente.

Una liturgia repetitiva, sin base en los Evangelios, sin arraigo ni proyección en la
vida, se convierte fácilmente en arqueologismo ritual, momificado en gestos y oraciones.

La vida va no se deja encasillar, como no se deja encasillar la vida de ningún pueblo, ni la de ningún momento de la historia. La liturgia se hace y se vive al filo de la vida; cuando esa vida está ausente surgen las liturgias raras, espiritualistas, aburridas.

¿Qué consecuencias supondría en nosotros y en la sociedad una celebración que tradujese actualmente, a cada situación, el significado auténtico de lo narrado en los Evangelios? ¿Qué cambiaríamos y en qué no cambiaría el funcionamiento de la liturgia?

Benjamín Forcano