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20/6/09

Unas palabras que la Iglesia no quiere recordar, por Juan Arias

Una buena parte de la Iglesia católica, concretamente del clero, deja espantados y verdaderamente escandalizados a los fieles que aún creen en dicha confesión religiosa, debido al número cada día mayor de abusos a niños y adolescentes por parte del clero.

Nunca la palabra escándalo ha sido mejor usada. Y lo curioso es que esa palabra fue la usada hace más de 2.000 años por quien, según la Iglesia, fue su fundador y maestro, Jesús, el profeta de Nazareth. Y lo hizo para referirse a los abusos con los niños.

Los exégetas saben muy bien que es muy difícil decidir cuáles de las sentencias importantes que se ponen en boca de Jesús son de su autoría o fueron creadas o manipuladas por los evangelistas.

Suelen existir dos criterios para reconocer cuándo unas palabras pueden ser o no literales, pronunciadas tal cual por Jesús. El primero es que aparezca en más de uno de los Evangelios considerados inspirados por la Iglesia. Si aparece en más de dos, la credibilidad aumenta. Un segundo criterio es que se trate de una frase tan plástica y original, a veces tan compleja o grave, que difícilmente haya podido ser obra de la invención de un evangelista.

Pues bien, existe un texto enormemente fuerte y eficaz de los Evangelios que habla precisamente del escándalo de abusar de los niños. Jesús es tajante. Pide la pena de muerte para quien escandalice a un niño. ¿Y qué mayor escándalo para un niño que abusar de él sexualmente?

El texto aparece nada menos que en los tres Evangelios llamados sinópticos: Mateo 18,5; Marcos, 9,42 y Lucas, 9,46. La Biblia de Jerusalén, traducida directamente del original, le pone como título al episodio en los tres Evangelios la palabra "escándalo".

En el Evangelio de Mateo, tras una discusión de los apóstoles sobre problemas de jerarquía, en la que le preguntan al maestro quién será el "mayor" en el Reino de los Cielos, Jesús desarma sus ambiciones, llama a un niño y les dice que si no cambian de mentalidad y no se hacen como los niños, "no entrarán en el nuevo Reino". Enseguida, Jesús se identifica él mismo con los niños: "Quién recibe a un niño como ése en mi nombre, a mí me recibe". Y enseguida pronuncia la gran sentencia: "Pero al que escandalice a uno de estos pequeños, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar" (Mt, 18,6 ss). Jesús continúa diciendo que en el mundo siempre habrá escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por quien el escándalo viene!

La imagen gráfica de la rueda de molino alrededor del cuello de quien escandalice a un niño, aparece exactamente igual en el Evangelio de Marcos y en el de Lucas, además de en el de Mateo. Lo que revela que debía de haber creado gran impacto entre los primeros cristianos y que no fue posible silenciarla.

La imagen que sugiere Jesús haría pensar que a quien escandaliza a un niño más le valdría suicidarse. Pero, los tres evangelistas hablan de pena de muerte. Son los otros quienes deben colgarle esa piedra de molino al cuello y arrojarle al mar. ¿Cabe pena más severa?

Ahora bien, ante todo lo que está ocurriendo en la Iglesia, donde se multiplican las noticias sobre escándalos y abusos cometidos contra niños por una parte del clero, tanto bajo como alto, me pregunto por qué el papa Benedicto XVI, los obispos, cardenales y prefectos de las congregaciones romanas, en vez de levantar discusiones bizantinas sobre si es peor la pederastia o el aborto, o intentar silenciar los escándalos, no han obligado a todos los párrocos del mundo a leer en las iglesias y en los seminarios y en las curias episcopales la terrible condena del manso profeta de Nazareth contra quien abusa de un niño y lo escandaliza.

Deberían repartir pancartas con esa frase lapidaria de los Evangelios. Que se trate de suicidio o de pena de muerte no importa. Lo que Jesús quiere decir es que ese individuo no merece seguir viviendo. ¿Les parece esto muy fuerte? ¿Pero no dicen que los Evangelios han sido inspirados por Dios?

Todo el resto es querer recoger agua en un tamiz, es tergiversar, engañar a los fieles sin tener el coraje de enfrentar a los culpables con las palabras de acero de Jesús. Para él el símbolo del niño y de la infancia es una metáfora de transformación, de nueva vida.

Al intelectual fariseo Nicodemo, Jesús le dice que tiene que volver a entrar en el vientre de su madre y renacer como niño para entrar en otra dimensión vital superior.

Todo atropello a un niño es un atropello a la vida misma, de ahí que quien lo comete no merezca, según Jesús, seguir viviendo.

Y, añade, si tu mano o tus pies o tus ojos se convierten en objeto de escándalo, y más si se escandaliza a un niño, es mejor automutilarse. Jesús pronuncia esas palabras inmediatamente después de la imagen de la rueda de molino.

Más de una vez me han preguntado si cuando yo estudiaba en un colegio de religiosos existían abusos con los adolescentes. No lo sé. Lo que recuerdo es que después de haber tomado una ducha con agua helada en pleno invierno en la gélida ciudad de Logroño, uno de los padres profesores obligaba a pasar uno por uno por su cuarto a los alumnos recién duchados para darles, desnudos, friegas de alcohol que según él "revigorizaban el cuerpo". Por la noche, antes de dormir, en la capilla, nos decían que la Virgen lloraba por nuestros "pecados solitarios". Los de ellos no eran pecados, eran simples masajes terapéuticos de alcohol.

La Iglesia sigue queriendo minimizar los abusos de menores que ha consumado su clero. De nada va a servir.

Lo quieran o no, la rueda de molino de la que hablan los evangelistas, colocada sobre el cuello de cada cura pederasta, seguirá siendo la condena inapelable de los ciudadanos y de la sociedad al gran escándalo de abusar de un menor del que ellos deberían ser los mejores guardianes y defensores.

Fuente: Periódico El País

Juan Arias cursó estudios de teología, filosofía, psicología, lenguas semíticas y filología comparada en la Universidad de Roma. Durante catorce años fue corresponsal de 'El País' en Italia y en el Vaticano. Actualmente es el corresponsal en Brasil de este periódico y miembro del Comité Científico del Instituto Europeo de Diseño. Es autor de numerosos libros, publicados en más de diez idiomas, entre los que destacan: 'El Dios en quien no creo', 'El amor posible', 'La Biblia y sus secretos', 'Las galletas profanadas de mi madre' y 'La Magdalena'.

También puedes leer en este blog una entrevista a Juan Arias:
«Iglesia menos del infierno y más del amor»

7/3/09

"La vida es camino". Entrevista a Juan José Tamayo

Juan José Tamayo dirige la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III y es fundador y actual secretario general de la progresista Asociación de teólogos Juan XXIII. El teólogo es referencia inexcusable en nuestro país del cristianismo de progreso, exponente visible de la teología de la liberación. Sin embargo la liberación de Tamayo no sólo es auxilio y solidaridad con los “últimos” del planeta, sino también compromiso con la Tierra, la espiritualidad abierta y desdogmatizada, el diálogo interreligioso…, como podemos observar en la presente entrevista. Hemos charlado con el profesor en su despacho en la Universidad. Se siente relajado y seguro, sus respuestas son inmediatas y claras. Juega en su campo, en su ambiente, entre sus libros, al calor de todo lo que allí diariamente alumbra en forma de libros y artículos sobre lo divino y lo humano.

¿Diagnóstico de salud del diálogo interreligioso?
Es preciso superar los tribalismos que se dan en el mundo de las religiones. Las religiones establecidas en un territorio fijo, vinculadas a una cultura cerrada, basadas en unos principios doctrinales rígidos que atienden a unas orientaciones morales muy definidas, dificultan el encuentro en general con otras cosmovisiones. Cada una de las religiones se empeña en reforzar aquello que las diferencia de las demás. Ello dificulta los intentos de comunicación y de diálogo.

¿… y de las espiritualidades?
Algo semejante podemos decir de las espiritualidades. Las espiritualidades han estado muy pertrechadas, muy volcadas en sí mimas. No han fomentado el encuentro. El gran desafío de nuestro tiempo es pasar de las espiritualidades individuales y estancas a la interespiritualidad.

¿Tras todo su recorrido teológico y vital, cuál es su particular adhesión?
Me adhiero a una espiritualidad sin nombre, ni adjetivos; espiritualidad surgida desde la experiencia humana radical y profunda en cada contexto. La experiencia humana más actual es la situación de desposesión que vivimos. Estamos inmersos en una cultura del poder, del saber, del tener, una cultura en definitiva de la acumulación y la imagen, de la representación.

¿Escasean espacios para el cultivo del ser?
Cierto, no existe espacio para el cultivo del ser, para la mirada interior, para el descubrimiento de lo profundo de la realidad íntima. Nos movemos en el plano de la superficie. De ahí que nuestra cultura sea epidérmica, una cultura que no va a lo que hay debajo, al trasfondo. Vivimos una cultura de lo llamativo, de lo espectacular, de lo que impacta, una cultura en definitiva de masas, que busca índices de audiencia, que repara en la cantidad en detrimento de la cualidad. Esta cultura en la que estamos ubicados genera unas carencias extraordinarias al ser humano. Promueve una sensación de desasimiento, de falta de asiento, de falta de lugar donde ubicarnos. El ser humano está rodeado de cosas, pero vive una situación de desprotección total.

¿Escasean respuestas ante esta cultura del vacío?
Esta cultura del vacío, de la frivolidad, de la apariencia y de la exterioridad no le satisface en realidad al ser humano. La insatisfacción es muy general, tal como se puede observar en el aumento de depresiones y suicidios, en la proliferación de desencuentros y conflictos en el entorno familiar. Hay un abandono de creencias, pues no se encuentra la satisfacción que en ellas se busca. Hay también huida de la realidad, reclusión en el individualismo. Ante esa situación decadente, la gente busca la manera de compensarlo…

¿Pero la gente no corre a la religión para satisfacer esas carencias?
La religión institucional no ofrece nada que responda a las inquietudes profundas, a los interrogantes antropológicos, a la vaciedad de nuestra cultura. Las religiones te ofrecen un código de comportamiento muy represivo, que no permite el desarrollo de las tendencias del ser humano. Son represivas en la concepción del cuerpo y de la persona. Estamos ante concepciones dualistas en las que el cuerpo es un obstáculo y el alma es lo único que importa. Es un dualismo represivo de todo lo que tiene que ver con la comunicación, la sexualidad…, en definitiva de lo que tiene que ver con el otro. La espiritualidad tiene que ser integral y contemplar la totalidad del ser humano y de la persona.

¿En medio de esa crisis, cuál es la oferta de las religiones?
Una espiritualidad muy cerrada, un código moral, un credo, un conjunto de verdades que hay que creer. Eso a la gente no termina de satisfacerle. Esas verdades se conforman de modo dogmático. Pero por la vida no podemos ir con certezas y verdades absolutas. La verdad es itinerante, es un camino de búsqueda, tal como decía Antonio Machado: “Tú verdad no, guárdatela. La verdad y vamos a buscarla juntos”. El dogma es una perversión de las religiones. El dogma es la negación del símbolo, la petrificación de la experiencia religiosa.

¿En concreto, las recetas del cristianismo católico?
Lo mismo, ofrece la aceptación de unas verdades, de unos principios doctrinales que tienen que reconocerse y aceptarse en su literalidad. La vida no funciona con dogmas, con verdades cerradas y fijas. La vida es camino.

¿Desconexión entre el mundo ritual y el mundo vital?
Las religiones ante esta crisis ofrecen un espacio. ¿Qué se hace en ese espacio? En los templos se ora, se practican los sacramentos, se hacen los ritos. ¿Qué relación tienen esos sacramentos, esos ritos con la vida y la experiencia humana? Ninguna o muy poca. Hay una gran desconexión entre el mundo vital y el ritual.

Los símbolos que se utilizan en las celebraciones religiosas han ido perdiendo su significado a lo largo de los siglos, pues no están en conexión con la vida de hoy. El dogma es una perversión, un empobrecimiento de las religiones. Pongamos el ejemplo del cristianismo. En el comienzo el dogma era el evangelio. El evangelio quiere decir buena noticia, anuncio de liberación para los pobres, los oprimidos, los marginados… La nueva espiritualidad, en el caso del cristianismo, debe tender a rescatar la buena noticia de la liberación de los excluidos.

¿Qué es lo que ha ocurrido en el curso de los siglos con ese lenguaje de símbolos, de imágenes, de parábolas que representa el lenguaje de Jesús? Se convierte en dogma a partir del siglo IV. Eso es una simplificación, un empobrecimiento.

¿Cuáles son los límites del diálogo interreligioso? ¿Podemos avanzar a una comunión total en lo interno?
En el diálogo interreligioso no deberíamos empezar hablando de límites. Ha de haber un diálogo sin condiciones, un encuentro en el que libremente cada una de las tradiciones exponga su concepción de la realidad, su manera de entender la espiritualidad, su manera de comprender a Dios, a lo divino, a lo trascendente. A partir de ahí, fomentar una intercomunicación, superando el paradigma “anti”, que hasta el presente ha predominado y comenzar a fomentar el paradigma “inter”. Es preciso encontrar espacios abiertos de encuentro y comunicación.

¿Algo se avanza en esa dirección…?
Sí, pero para ello será preciso que las religiones se desdogmaticen. Para ello será preciso “etizar”, “espiritualizar”, “ecologizar” las religiones. Sin duda lo más importante para ese diálogo es superar la concepción dogmática de la religión y con ello el respeto al pluralismo y la diversidad. Tampoco en aras de la unión podemos ir a un mismo y único rito. Es preciso respetar la particularidad de cada una de las religiones.
¿Dónde se ubicaría Jesús de Nazaret en el mapa espiritual de nuestros días?
Jesús no renunciaría a su propia tradición. Jesús vivió la propia religión judía de sus padres, pero desde una perspectiva crítica y humanista. Él no es un creyente fundamentalista, sino un creyente crítico. Cuestiona el templo, las instituciones, los ritos, los sacrificios, la propia ley, si no se coloca al servicio del ser humano. El arraigo en una tradición es importante y Jesús lo estaba. Jesús es tradicional en cuanto que vive la experiencia de fe de sus padres, pero no es tradicionalista, en cuanto que no absolutiza la tradición.

Una cosa es la tradición necesaria, en cuanto referencia a los orígenes, a las propias raíces, a la herencia cultural, que no se puede dilapidar, y otra es el tradicionalismo. Jesús nunca impone, sino que dice: “Si quieres seguirme, éste es el camino”. Jesús en nuestros días estaría abierto, con todos los respetos, a otras vivencias espirituales.

¿No mira el cristianismo de progreso en exceso hacia Roma, en lugar de tomar propia iniciativa?
El cristianismo progresista europeo está muy a la defensiva. Mira mucho a Roma no tanto para seguir las pautas que de allí emanan, sino para oponerse. Tiene demasiado de “anti”. Cuando el Vaticano tiene actitudes contrarias a la democracia y a la libertad es preciso criticarlo, pero no hay que obsesionarse con la jerarquía. El cristianismo de progreso gasta más energía en luchar contra la jerarquía, que en construir una alternativa de Iglesia. La crítica es necesaria, pero lo es más la alternativa. Las protestas son importantes, pero tienen que ir acompañadas de propuestas de nuevos modelos.

¿Rasgos de la nueva espiritualidad…?
La espiritualidad no necesita de las instituciones de forma necesaria. Vamos hacia una espiritualidad sin adjetivos, hacia una interespiritualidad basada en la diversidad de vivencias en función del contexto cultural, de la tradición religiosa particular.

Soy partidario de una unión en lo interno. Una espiritualidad sin adjetivos debe nacer de la propia subjetividad, de la interioridad del ser humano, de sus propias vivencias. La experiencia espiritual tiene ese componente personal. La institución frena esta experiencia. La experiencia no puede ser dirigida, ni controlada por la institución.

¿Riesgo de uniformidad?
Yo no soy partidario de una espiritualidad uniforme. Se puede caer en el pensamiento único y la diversidad es una riqueza de lo humano. La diversidad cultural y religiosa supone una inmensa riqueza humana. La diversidad biológica es una inmensa diversidad de la vida. La diversidad de planetas es una riqueza del cosmos y así sucesivamente…

¿Otros rasgos de la nueva espiritualidad?
Ha de ser comunitaria. El sujeto de la espiritualidad es el “yo”, pero un “yo” como hermano. No es un “llanero solitario”, ni “un lobo estepario”. El ser humano en cuanto que ser social, se construye en relación con el otro. El “yo” necesita un “tú”. La famosa frase de Desmond Mpilo Tutu refleja muy bien este principio: “Yo soy, si tú eres”. Es decir, la subjetividad tiene que comunicarse con otras subjetividades y así se convierte en espiritualidad “intersubjetiva” o comunitaria. Las experiencias subjetivas se dan en un entorno de comunidad.

La nueva espiritualidad tiene que ser también ecológica, respetuosa de la casa del ser humano. ¿Dónde nos encontramos más cómodos? En nuestra propia casa, en la naturaleza, por supuesto cuando el clima lo permite. Para que la espiritualidad subjetiva y al mismo tiempo comunitaria se desarrolle plenamente ha de vivirse en la propia naturaleza, que es nuestra casa, nuestro hogar común. El cosmos, la naturaleza, la Tierra es el lugar ideal donde el creyente vive su propia experiencia religiosa. Es preciso recuperar esa idea de carácter sagrado de la naturaleza. Las religiones cósmicas consideran el árbol, la Tierra, la tormenta, la cueva, la cumbre… elementos y espacios sagrados. Yo creo que tienen razón.

¿La religión ha de volver a pactar con la Tierra?
Hemos de ser más humildes y llegar a un pacto con la Tierra. La secularización no está en contra de reconocer la sacralidad de la naturaleza. Sólo reconociendo esta sacralidad el ser humano se verá obligado a respetarla en su integridad. Por lo tanto, la espiritualidad subjetiva y comunitaria considera a la naturaleza como el lugar ideal de encuentro con lo sagrado, con el misterio, con lo divino…, cada uno encuentre la palabra adecuada. Es preciso evitar a toda costa el antropocentrismo de la modernidad. El ser humano no puede vivir sin la naturaleza.

¿Hay referencias bíblicas a esta espiritualidad inserta en la naturaleza?
Donde yo veo mejor reflejado ese pacto, que es el punto de partida de la nueva espiritualidad ecológica, es en el símbolo del Génesis del arco iris. Hay un texto bíblico precioso tras el diluvio universal. Dios dice que nunca más anegará a la Tierra con las aguas y que establecerá un pacto con la naturaleza y el ser humano. Inspirándome en Raimon Panikkar, yo llamo a ese pacto “cosmoteándrico”, ya que en él intervienen tres actores: Dios, el cosmos y el propio ser humano.

Bibliografía de Juan José Tamayo
• Por una Iglesia del pueblo. Madrid, Mañana, 1976.
• Para comprender la teología de la liberación. Estella, Verbo Divino, 1989.
• Conceptos fundamentales del cristianismo. Madrid, Trotta, 1993.
• Diez palabras clave sobre Jesús de Nazaret. Estella, Verbo Divino, 2000.
• Nuevo paradigma teológico. Madrid, Trotta, 2003.
• Adiós a la cristiandad. Barcelona, Ediciones B, 2003.
• Fundamentalismos y diálogo entre religiones Editorial Trotta, 2004.
• Hacia la comunidad 1. La marginación, lugar social de los cristianos Trotta, Madrid, 1995.
• Hacia la comunidad 2. Iglesia profética, Iglesia de los pobres. Trotta, Madrid, 1994.
• Hacia la comunidad 4. Imágenes de Jesús. Condicionamientos sociales, culturales, religiosos y de género. Trotta, Madrid, 1996.
• Hacia la comunidad 6. Dios y Jesús. El horizonte ético de Jesús de Nazaret. Trotta, Madrid, 2000.
• Hacia la comunidad 3. Los sacramentos, liturgia del prójimo. Trotta, Madrid, 1995.
• Hacía la comunidad 5. Por eso lo mataron. El horizonte ético de Jesús de Nazaret. Trotta, Madrid.
• Iglesia y sociedad en España Trotta, Madrid, 2005. En colaboración con José María Castillo.
• Nuevo diccionario de teología Trotta, Madrid, 2005.


Fuente: Entrevista de Koldo Aldai para la Fundación Ananta. Visto en Portal Dorado

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8/9/08

Manifiesto por la laicidad

La red de 150 grupos, comunidades, asociaciones y movimientos cristianos de base progresistas que forman Redes Cristianas, ha presentado su "Manifiesto por la laicidad" y comienza una campaña de recogida de adhesiones al manifiesto, que no va dirigido a la comunidad cristiana, sino a todas las personas que estén de acuerdo con su contenido. El plazo de recogida será hasta diciembre, y posteriormente se hará entrega de las firmas a autoridades políticas y eclesiales. Para más información y adherirse o difundir el manifiesto, visitar la página:

www.redescristianas.net/adhesiones

Manifiesto por la laicidad


Redes Cristianas, desde su doble pertenencia a la comunidad cristiano-católica y a la sociedad civil, apuesta decididamente por la independencia, respeto y colaboración entre estos dos ámbitos y aboga por un Estado laico que supere el actual confesionalismo encubierto y por una Iglesia inspirada sólo por el Evangelio y no sometida a ningún tutelaje del Estado.

Consciente de que las actuales relaciones entre Iglesia/Estado en España, basadas en los Acuerdos del 1979, han sido el principal obstáculo a la separación entre ambos y que actualmente están generando un gran malestar en amplios sectores sean católicos o no, Redes Cristianas manifiesta claramente su postura e invita a sumarse a cuantas instituciones o personas quieran hacerlo.

El desarrollo progresivo de la laicidad debe ser considerado como un hecho positivo. Es la lenta maduración de la humanidad hacia una cultura del pluralismo, del respeto a la diferencia, es avanzar hacia la creación de aquellos espacios de liberdad que hacen posible el diálogo entre todas las ideologías filosóficas o religiosas, creyentes o no. Y, puesto que el único garante de este espacio público es el Estado, laicidad significa la autonomia del Estado respecto de cualquier magisterio religioso o cosmovisión filosófica que pretenda imponerse como la única verdadera.

Desde esta postura:

1.Denunciamos los Acuerdos de 1979 del Estado español con la Santa Sede
-en vigor desde hace casi 30 años- y no proponemos su renovación porque, nacidos en situación de privilegio confesional católico, están afectando hoy día a una sociedad religiosamente plural y ampliamente secularizada y son causa de muchos de los conflictos que afectan a la convivencia ciudadana. Y, en consecuencia, exigimos que las entidades dependientes de la Iglesia y demás confesiones religiosas se acojan al derecho civil que regula la vida asociativa en el Estado.

2.Apostamos por una laicidad plena que reconozca la autonomía de lo político y civil respecto a lo religioso y camine hacia la separación definitiva de la Iglesia y el Estado, reconociendo la igualdad de derechos y deberes, sin privilegios ni ventajas eclesiásticas y garantizando el ejercicio de las libertades fundamentales para todos y todas. La Iglesia será libre sólo cuando esté clara y definitivamente desligada del Estado y se ponga decididamente al servicio de los pobres y excluidos de este mundo.

3.Abogamos por un “pacto por la laicidad” entre confesiones religiosas y el Estado
, que de lugar a un “estatuto de laicidad” que regule la presencia y las actuaciones de los poderes políticos en las ceremonias religiosas y de las jerarquías religiosas en los actos políticos, suprimiendo los símbolos religiosos en el espacio público civil.

4.Exigimos que el funcionamiento democrático interno, la participación de las bases y la transparencia sean criterios a tener en cuenta por parte del Estado a la hora de establecer marcos de colaboración con las entidades sociales. Consecuentemente, denunciamos el clericalismo y la discriminación por razones de género y orientación sexual, aún presentes en la Iglesia católica y otras confesiones.

5.Defendemos una “laicidad escolar” que posibilite la formación integral de la persona, el aprendizaje, la socialización y la enculturación sin proselitismos ni adoctrinamientos, y que responda a principios de igualdad, libertad y formación crítica para todas las personas. Reconocemos el pluralismo religioso y cultural existente, y, en consecuencia, denunciamos la actual presencia de la religión confesional católica en el sistema educativo y en la escuela pública y concertada.

6.Apostamos por una sociedad secularizada y pluralista, organizada democráticamente desde la aconfesionalidad y sin permitir interferencias confesionales en el espacio político, ni privilegios que, desde los principios de justicia y equidad, causan agravios comparativos con el resto de las instituciones. Desde aquí denunciamos el actual sistema de financiación de la Iglesia católica por el Estado español.

7.Abogamos por mantener la autonomía de la ética en una sociedad laica en todos los ámbitos propios de una sociedad secular (en el tejido social, político, productivo, cultural, científico…), sin necesidad de acudir a motivaciones religiosas para legitimarla. Y, en consecuencia, denunciamos las presiones de la jerarquía católica para imponer su moral sobre la ética pública.

8.Defendemos la presencia de las confesiones religiosas en los medios de comunicación. Pero denunciamos a la Conferencia Episcopal Española por el intolerable abuso del derecho de la Libertad de Expresión que está haciendo la Cope. Exigimos a la Conferencia Episcopal Española el cambio radical en su línea editorial y al Gobierno mayor firmeza en la garantía del respeto a los derechos de los ciudadanos.

Urgimos, finalmente, al actual gobierno del Estado como detentor y representante de la soberanía popular y a las jerarquías de las confesiones religiosas, especialmente a la de la Iglesia Católica, que asuman responsablemente el espíritu de la Constitución, la cual, en el Art. 16 párrafo 3, al afirmar que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, aboga por el establecimiento de aquel espacio laico y de diálogo al que hacemos referencia.

Fuente: Redes Cristianas

22/4/08

Foro de curas de Madrid: "Salvados en Esperanza...Aguirre"

Cuando hace algunos meses Benedicto XVI publicó su encíclica “Spe Salvi” (“Salvados en esperanza”) no suponíamos que la traducción práctica de su título en la diócesis de Madrid iba a ser tan “personalizada”. La Delegación Pastoral Diocesana de Medios de Comunicación Social y el Consejo Diocesano de Laicos ha organizado el día 20 de Abril el VIII “Encuentro de comunicadores sociales” en el marco de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que celebra la Iglesia.

La jornada comienza con la Santa Misa en el Convento Corpus Christi de las R.R.M.M. Jerónimas presidida por el Cardenal Arzobispo Dn. Antonio Mª Rouco Varela. La primera conferencia: “Libertad y opinión pública” será impartida por el director y presentador de “La mañana” de la COPE, Federico Jiménez Losantos. La tarde comenzará con una mesa redonda sobre “Medios de comunicación social y opinión pública”, en la que intervendrán Benigno Blanco, presidente del Foro de la Familia; Ignacio Villa, director de los Servicios Informativos de la Cadena COPE; Cristina López Schlichting, directora y presentadora de “La Tarde con Cristina”, de la Cadena COPE; Eva Galvache, redactora jefe de programación Socio-Religiosa de la Cadena COPE, y Elsa González, redactora jefe del área de Sociedad de la Cadena COPE. La jornada concluirá con la Conferencia “Claves para interpretar la Opinión Pública”, impartida por César Vidal, director de “La Linterna”, de la Cadena COPE.

Se supone que estas jornadas se organizan con la finalidad de orientar a los católicos sobre la utilización de los medios de comunicación en la tarea evangelizadora ya que, como dice el Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada de este año : “Los medios de comunicación se han convertido en parte constitutiva de las relaciones interpersonales y de los procesos sociales, económicos, políticos y religiosos”. Se supone que los ponentes serán personas que, por su manera de comunicar, su trayectoria profesional y sus conocimientos pueden ayudar en esa tarea evangelizadora, y que los medios de comunicación en que trabajan, por sus mensajes y sus formas van en ese mismo sentido.

El mensaje del Papa expone, entre otras cosas, que : “Los medios de comunicación pueden y deben ser instrumentos al servicio de un mundo más justo y social” ... “sufren el riesgo de que se transformen en sistemas dirigidos a someter al hombre a lógicas dictadas por los intereses dominantes del momento. Es el caso de una comunicación usada con fines ideológicos” ... “Para favorecer la así llamada audiencia, a veces no se duda en recurrir a transgresiones, a la vulgaridad y a la violencia” ... “Se proponen y mantienen modelos de desarrollo que aumentan en vez de reducir la distancia entre países pobres y ricos” ... “Sobre algunos hechos los medios no se usan en su papel adecuado de informar, sino para “crear” los propios eventos inducidos por una visión funcional para intereses económicos y políticos determinados”.

Cuando nos hemos encontrado con esta lista de ponentes, con exclusiva presencia de la COPE en estas Jornadas, nos hemos convencido, una vez más, de la dudosa voluntad del Arzobispado por cuidar los objetivos pastorales de sus medios de comunicación y por tener en cuenta el pluralismo de la comunidad eclesial madrileña. La COPE se ha destacado en estos últimos años en el panorama mediático por sus mensajes y maneras agresivas, insultantes, calumniadoras en algunos casos. Es evidente su alineamiento exclusivo, en las últimas semanas, no sólo a favor del Partido Popular, como ya venía haciendo, sino que ha optado públicamente, en la lucha al interior del Partido, por los intereses y estrategias de una de sus facciones: la que representa Esperanza Aguirre.

Para no pocos sectores de la Iglesia y la sociedad madrileña, entre los que nos contamos, los mensajes y las formas de transmitirlos de la Cadena COPE están muy alejados del Evangelio y de estas orientaciones de la Doctrina Social de la Iglesia. Son numerosas las personas e instituciones católicas que lo vienen repitiendo en los últimos años y a las que no se les presta la más mínima atención. Se aducen, para justificar la situación, explicaciones poco convincentes como que “ha crecido la audiencia”; “respetamos la libertad de los profesionales que ahí trabajan”; “no podemos condicionar el desarrollo de un medio generalista como es la COPE” ... Sin entrar en las contradicciones que se esconden detrás de tales razones, con esta Jornada del día 20 se ha dado un paso más: se invita de manera exclusiva a los periodistas de la COPE para orientar pastoralmente a los católicos y se proponen a sus personajes más conflictivos como orientadores y ejemplos de los comunicadores católicos.

Consideramos legítimo y necesario que, en la creación de opinión, cada grupo político pueda difundir y defender sus posturas, pero -nos tememos que inútilmente, una vez más- no podemos comprender que la Iglesia se identifique y promueva a cualquier precio, no ya los intereses de un Partido, sino los de una facción concreta de ese Partido; y que los principales representantes de esa operación sean propuestos por las autoridades diocesanas como ejemplos a seguir y sus orientaciones sean servidas como si fueran la Doctrina Social de la Iglesia en este campo.

El concepto de libertad que practican en esta emisora no se detiene ante insultos, falsedades ni calumnias. Defendemos la información en libertad, pero ello no puede constituir una patente para prédicas demagógicas sin bases objetivas. Por otra parte esa pretendida libertad se ejercita solamente en un sentido y contra unos sectores socio-económicos determinados y no con otros, porque en definitiva se depende de ellos y se es esclavo de sus intereses. Lo cual, por otra parte, es explicable en el juego político-mediático. Lo que no podemos explicarnos es que la Iglesia entre en ese juego aceptando un papel subordinado a las estrategias de una facción de un partido concreto.

Entre los ponentes hay algunos que se han reconocido públicamente – honradamente por su parte - como agnósticos o protestantes. No tenemos ningún inconveniente en que trabajen en una institución católica; nos parece un signo de diálogo y apertura. Lo que nos parece contradictorio es que sean ellos los que marquen su línea editorial, sus mensajes y sus formas. ¿Dónde queda la identidad católica de la institución? Por ellos lo que la COPE promociona hoy en la sociedad española no es una línea editorial libre, ni sus orientaciones son las de la Doctrina Social de la Iglesia, sino unos mensajes que están al servicio del neoliberalismo económico y el conservadurismo político y unas formas que provocan la crispación y el enfrentamiento cívico.

Para los sectores sociales y eclesiales entre los que nos movemos resulta sencillamente incomprensible y escandaloso. Coincidimos con el abad de Monserrat cuando recientemente declaraba que para él resultaba un misterio por qué esta situación no cambia. Constatamos cómo, no sólo no cambia, sino que cada vez se consolida más.

Honestamente creemos que, en el panorama mediático de la sociedad española, la COPE, no sólo no funciona según las orientaciones del Mensaje del Papa, sino que podríamos presentar una amplia documentación para demostrar que lo hace en sentido contrario, tanto en los mensajes que transmite como en sus formas de comunicar. Desde la sensibilidad de las comunidades cristianas, de las que somos responsables, y desde nuestra propia opinión, no podemos aceptar que sean estos ponentes los que monopolicen la imagen de “católicos en la vida pública” Tenemos el sentimiento de que pretenden acaparar, privatizar y recluir la imagen de la Iglesia Católica en un sector y excluir, en la práctica, de la comunión eclesial al que no se identifica con una determinada postura socio-política demasiado reducida.

En otra declaración reciente, nos temíamos que el Curso de formación para sacerdotes organizado por la Diócesis se estuviera dando, más que desde la razón iluminada por la fe, por la F.A.E.S. Ante estas Jornadas de Medios de Comunicación Social que ha organizado la Diócesis de Madrid, sospechamos que estamos prefiriendo poner nuestra Esperanza más que en Dios, en Esperanza Aguirre.

Comisión Permanente.
Foro “Curas de Madrid”
Madrid 20 – 4 - 2008



Fuente: Religión Digital

Otros comunicados del Foro Curas de Madrid en este blog:


El PP forma a los curas, por José Manuel Vidal


Foro Curas de Madrid: "No tenemos ni la última ni la mejor palabra en todo"


Cien curas de Madrid y los religiosos de Cataluña, contra la nota del episcopado sobre el 9-M

16/4/08

La transición pendiente, por Rafael Díaz-Salazar

En los últimos 30 años nuestro país se ha convertido en una sociedad postradicional y compleja. Tenemos que abordar problemas que no fueron centrales en la transición política y ahora lo son. Uno de ellos es la articulación de una ciudadanía diversa, dado que ha desaparecido la uniformidad moral y religiosa. España necesita más laicidad para resolver cuestiones que van a marcar la etapa política que ahora se inicia. La laicidad es una forma de afrontar la pluralidad. Frente a los integrismos que pretenden recortarla y a los comunitarismos identitarios generadores de antagonismos cívicos, propugna el arco iris de culturas, la apertura a la contaminación y el contagio con otros valores.

No basta con un Parlamento más civilizado. Necesitamos reconstruir una cultura del diálogo nacional y recomponer las relaciones entre españoles enfrentados. Para ello hay que practicar las virtudes laicas de la tolerancia activa, la autocrítica, la amistad cívica con los adversarios y el cultivo del límite de cada identidad. También sería conveniente el boicoteo a los medios que cada mañana siembran el odio.

El Estado laico es la institución que mejor puede garantizar la convivencia de una ciudadanía plural. Conviene reforzar su neutralidad y autonomía frente a toda pretensión eclesiástica o ideológica de imponer unas tesis que impidan el ejercicio de la diversidad cívica. Para que pueda desarrollarse el proyecto constitucional de cooperación con las religiones, éstas han de autorregularse desde el reconocimiento de la soberanía del Parlamento y renunciar a ser la casta sacerdotal que dictamina la legitimidad moral de las leyes. La posición de los obispos y algunas asociaciones católicas apoyando la objeción de conciencia a la Educación para la Ciudadanía constituye un peligroso desafío al Estado, y convendría que el Constitucional interviniera pronto para cerrar de una vez por todas esta cuestión.

El refuerzo de la laicidad en España está asociado a los nuevos desafíos éticos y jurídicos que provienen de la necesidad de legislar sobre nuevos problemas relacionados con los avances de la ciencia y la tecnología y su uso para mejorar los ciclos de vida y muerte. Debemos combinar los principios de libertad y precaución moral; por eso, la bioética es central y debe ser incorporada a los procesos políticos.

Más temprano que tarde habrá que legislar sobre eutanasia y biomedicina. No es lo mismo que sobre tráfico u obras públicas, y por eso tenemos que crear una pedagogía ética prepolítica y adiestrarnos en la cultura de la deliberación moral. A ellas deberán incorporarse todas las comunidades e instituciones que deseen intervenir en la configuración de una razón pública moral que ilumine las leyes que han de crearse para una vida y una muerte más dignas.

No basta con tener un Estado y un Parlamento laicos. Lo más importante es la construcción de la laicidad en la sociedad civil. El futuro de España está asociado a la educación moral y espiritual para una ciudadanía socialmente activa. Nadie puede quedar fuera de esta tarea. Por eso tenemos que crear una alianza y un proyecto de trabajo cooperativo de las diversas culturas cívicas que existen en nuestro país.

En la sociedad existen culturas conservadoras, liberales, cristianas, islámicas, socialistas, nacionalistas, ecologistas, feministas. Con mayor o menor intensidad, tienen proyectos y trabajos para la creación de ciudadanía moral, social y espiritual. Tenemos que crear espacios de encuentro y diálogo entre ellas y estimular acciones conjuntas para una España más intercultural, ecologista y solidaria. Un país que dé prioridad a la integración de los inmigrantes para impedir nuevas formas de exclusión.

La laicidad es una cultura de la cooperación de sujetos e instituciones que renuncian a imponer su hegemonía, se esfuerzan en aprender unos de otros y buscan colaborar para el bien común del país. En estos días en que se inaugura la gran exposición sobre Goya, convendría que aprendiéramos el mensaje del cuadro Duelo a garrotazos. Quizá nos ayudaría a construir la España plural del diálogo, la tolerancia activa y la convivencia en paz.

Rafael Díaz-Salazar es profesor de Sociología y autor de España laica.



Fuente: El País (16/04/08)

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8/4/08

Entrevista a Willigis Jäger, teólogo, beneditctino y maestro zen


¿A qué monasterio benedictino pertenece usted?

-Vivo fuera del monasterio porque estoy exclaustrado. Benedicto XVI, cuando aún no era Papa, sino en su anterior puesto en la Congregación para la Doctrina de la Fe, bajo el nombre de Ratzinger, me prohibió hablar en público.

-¿Por qué?

-Pensó que yo ya no interpretaba correctamente el catolicismo.

-¿Se defendió usted?

-Le escribí una carta diciéndole que no iba a hacerle caso por motivo de conciencia y por motivos pastorales.

-¿Por qué un benedictino acude a la espiritualidad oriental?

-En la Iglesia católica no se enseñó la oración contemplativa y aún hoy día sigue habiendo dificultades con esa enseñanza.

-¿Conoció al jesuita Anthony de Mello, también amonestado por la Santa Sede?

-Parecido problema al mío.

-Le acusaron de panteísta.

-A mí me acusan de monista, pero lo que yo enseño no tiene nada que ver con ello.

-¿Es compatible la espiritualidad oriental con el credo católico?

-Existe una espiritualidad transconfesional y a ésa me dedico. Pero eso no significa que yo tenga que dejar la confesión católica.

-El teólogo Rahner decía que el siglo XXI, o es místico, o no será nada.

-Yo también creo eso, porque, o bien hacemos experiencias en el espacio transpersonal, o no vamos a poder sobrevivir como especie humana.

-¿Qué significa experiencia transpersonal?

-Nuestra personalidad es un logro de la evolución, pero al mismo tiempo significa una limitación. Nuestra conciencia tiene que ampliarse. Nos hemos desarrollado desde una conciencia prehomínida y de allí evolucionamos hacia una conciencia mágica, luego mítica, luego mental racional, pero no podemos quedarnos ahí.

-¿Qué es ese ahí?

-Provenimos de un paraíso en el que alguna vez nos sentimos en una unidad simbiótica con la naturaleza, y lo que llamamos pecado original no es otra cosa que el haber desarrollado la conciencia individual fuera de esa simbiosis. Pero, apenas salimos de ella y pudimos decir tú y yo, empezó a matar Caín a Abel. Desde entonces nuestra especie no ha hecho otra cosa que matarse mutuamente y eso se ha agravado muchísimo. Hemos llegado a un punto donde no sabemos cómo va a seguir esto. En el siglo pasado se mataron mutuamente cien millones de personas y ninguna moral surtió efecto.

-¿Por qué?

-Esas frases de «debes hacer», o «tienes que», no han hecho adelantar a nuestra especie humana para nada. Los grandes profesores y sacerdotes del mundo fueron un fracaso en este sentido. No estoy en contra de los profesores o de los sacerdotes, pero sus enseñanzas no han ayudado a los hombres.

-¿Alternativas?

-Tenemos en nuestro interior posibilidades para comprender la realidad de un modo que no puede abordarse con la razón. Nuestra conciencia personal supone un gran logro de la evolución, pero al mismo tiempo supone una limitación. Caer en la cuenta de esa limitación es esencial para nuestra especie.

-¿Cuál es esa limitación?

-Creemos que la conciencia del «yo» supone la única posibilidad de comprender. Pero eso es igual de tonto que cuando creíamos en el pasado que la Tierra era el centro del universo. Con esa concepción nos hemos orientado hacia un gran egocentrismo, que es la fuente de todos los males que conocemos en el mundo. El egocentrismo nos ha llevado al borde de la desaparición.

-¿Cómo superarlo?

-Para salir de esa limitación hay que entrar en el nivel de la unidad. Entonces vemos que somos uno con todo y que sólo existe uno. Una red de pescador consiste en muchas mallas y una malla sola no tiene sentido. Cada uno tiene sentido en la totalidad.

-Pero algunas religiones ya predican el amor al prójimo.
-Las religiones predican el amor y dicen «debes amar a tu prójimo igual que a ti mismo», pero no nos han ayudado las religiones para dar ni un paso hacia adelante. Decimos «mi religión», «mi confesión», …egoísmo, …y los que no estaban de acuerdo fueron quemados. Eso sigue igual en el presente: sunnitas y chiitas, judíos y musulmanes, fundamentalistas en la Iglesia católica. Todos dicen «yo, yo, yo…». Todos los problemas del mundo resultan de ese egocentrismo.

-¿Nada han contribuido las religiones?


-Sólo cambiaremos si entramos en un nivel nuevo de conciencia, en el espacio transpersonal. Superar las limitaciones del yo es algo que la mística de Oriente y de Occidente siempre han sabido hacer, pero se puede hacer en las religiones y también fuera de las religiones. La mayoría de las personas buscan fuera de sus religiones.

-Las religiones también han evolucionado.

-Las reformas en las religiones han sido como cambiar los muebles de un mismo piso. Lo hemos hecho muchas veces y no ha servido de nada. Lo que tenemos que hacer es subir un piso más arriba en la experiencia de lo religioso.

-¿Qué hay en ese piso?


-Un nuevo nivel de la conciencia. Se trata de ser más plenamente humano. Hay que preguntarse qué sentido tienen esos pocos decenios de mi vida en un universo de miles de millones de años. Ese sentido es que debo ser plenamente ser humano, y ahora lo voy a decir en la manera cristiana: Dios quiere ser persona en mí, tal como soy en este momento, con esta figura que tengo. Es el único motivo por el que existimos. Por eso bailo esa danza de la vida, pero no soy yo el que está bailando, sino que estoy bailado. Dios se baila a sí mismo en mí. El maestro Eckhart dice que Dios se saborea a sí mismo en las cosas. Ése es el motivo de mi existencia.

-¿Y lo transpersonal?


-Yo tengo una importancia sin igual. Por eso dice Eckhart que si no estuviera yo, Dios no sería. Por eso tengo un significado único con mi vida, con esos pocos decenios en medio del universo. Mi ser verdadero no es la conciencia del yo, sino algo que no nace y no muere. Lo que soy en lo más intimo es algo que seguirá cuando mi cuerpo físico haya muerto. Y no soy el único que está bailando, sino que bailan conmigo muchas personas, que tienen la misma importancia que yo. Cuando experimento esto, mis actuaciones serán diferentes.

-¿Cómo se hace uno místico?

-La mística es una forma de oración, un camino de oración. Existen diferentes formas de oración y la mística es uno de esos caminos. Y muchos cristianos llegan a una frontera con su oración verbal dirigida hacia un Dios personal y entonces entran en una nueva forma de oración, y esa oración es una nueva experiencia de lo que llamamos Dios.

-Esa oración, ¿es la contemplación?

-Eso es lo que la tradición llama oración contemplativa, y lo conocemos de Santa Teresa de Jesús, de San Juan de la Cruz, de Francisco de Osuna… Hay un camino donde se enseña esa religión mística. Todas las religiones conocen dos formas de oración, una esotérica y otra exotérica. Las religiones, como el budismo, cristianismo, judaísmo, hinduismo e islamismo, tiene sus sagradas escrituras, sus dogmas, ritos, liturgias y esa forma de religiosidad se reza de forma exotérica. «Exoteros», en griego, quiere decir «desde fuera», y el rezo verbal o meditar sobre un texto serían la oración exotérica. En esa forma lo que hago es activar mis potencias psíquicas, como intuiciones, pensamiento…

-¿Y la oración esotérica?

-Todas las religiones también tienen una forma esotérica de oración. El budismo ha desarrollado las formas del zen y del Vipassana; el hinduismo ha desarrollado las diferentes formas del yoga; en el islamismo conocemos el sufismo, y en el cristianismo tenemos la mística, que también es la contemplación. «Esoteros» significa «desde dentro» y en la forma de oración esotérica hago lo contrario: voy sosegando toda actividad mental, intento sosegar las potencias psíquicas, como memoria, voluntad y entendimiento, para que pueda irrumpir lo que está detrás de ello.

-¿Por qué se perdió en el catolicismo la contemplación?

-La Iglesia católica dice que esa forma de oración contemplativa es una oración privada y no le gusta. Quiere que todos tengan la misma práctica que la Iglesia ha fijado. Todas la religiones teístas, como el Cristianismo, el Islam y el Judaísmo, tienen problemas con lo que es la mística.

-¿Miedo a que la persona entre en contacto directo con Dios?


-La institución de la Iglesia teme perder el control.


Fuente: CETR. Centro de Estudio de las Tradiciones Religiosas

2/4/08

¡Milagro!, por Almudena Grandes


Se abre el telón: yo necesito contratar a un trabajador. Lo necesito para que desempeñe una tarea en mi beneficio, para que mi negocio crezca, para que mejoren mis expectativas de futuro, es decir, para lo que cualquier empresario contrata a un trabajador. Ahora bien, yo lo selecciono, lo contrato y me beneficio de su fuerza de trabajo, pero no le pago, eso no. Porque a mi trabajador, le paga el sueldo usted.
Usted le paga el sueldo y, por descontado, la cuota de la Seguridad Social. Mi trabajador, que trabaja para mí, en mi exclusivo interés, sin costarme un céntimo, tiene las mismas obligaciones que los demás, pero no disfruta de los mismos derechos, pues no faltaría más. A mí no me interesa que su contrato sea indefinido, y por tanto impongo la condición de renovárselo, o no, cada año, según me convenga. Por supuesto, para mantener esta exigencia es imprescindible que no le reconozca la antigüedad, ¿no? Pues no se la reconozco, y andando. Como, por otra parte, me reservo el derecho a decidir por mi cuenta los criterios que regulan los despidos, consigo que todos sean procedentes, medida muy ventajosa que me permite ahorrarme las indemnizaciones después de haberme ahorrado los sueldos.

Se baja el telón: ¿quién soy yo? Por si necesitan alguna pista, les diré que, aunque parezca mentira, no estoy fuera de la ley, por más que en mi país existan sindicatos, convenios colectivos, magistraturas de Trabajo y una legislación que protege los derechos de los trabajadores. De todos menos de los míos, claro está. ¿Qué, hay alguien que todavía no ha caído? Exacto, yo soy la Iglesia católica española, y mis empleados, los profesores de religión. Y a propósito de religión... Después de este resumen de la sobrenatural, casi divina naturaleza de mi gestión, a ver quién es el listo que se atreve a decirme que los milagros no existen.


Fuente: El País

Más información de Almudena Grandes en Wikipedia

12/3/08

Declaración de Solidaridad con José María Vigíl. Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo

Documento emitido por la ASETT, Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo (EATWOT por su sigla en inglés)

São Paulo, 23 de enero de 2008

«Me gustaría que se celebre la diversidad de razas, géneros, culturas y creencias. Dios no tiene necesidad que de los cristianos le protejan. Y Dios no es especialmente cristiano. Dios es la divinidad de todas las personas que desean pertenecerle» (Desmond Tutu).



Queridos hermanos y hermanas,
teólogos y teólogas,
compañeros y compañeras en el compromiso solidario con los empobrecidos del mundo, y en el afán de unir la fe con este servicio de comunión.

Esperamos encontrar a cada uno/a de ustedes firme en la paz y en la alegría. Nosotros, miembros de la Coordinación Internacional de la ASETT (2), Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, les escribimos para estrechar los lazos que nos unen en la misión propia de ASETT y, así, dar una señal de comunión y apoyo a un hermano y compañero que en cierta forma, a causa de la tarea que le encomendamos que hiciera, está sufriendo presiones y censuras injustas. Por otra parte, el propósito con el que les escribimos este mensaje es insistir en que todos/as nosotros/as, que nos empeñamos en elaborar una teología para hoy, podamos disfrutar de las condiciones mínimas de libertad de investigación y de expresión, sin las cuales no se dará una teología que no sea mera repetición poco inteligente de los dogmas de siempre.

En Quito, Ecuador, en octubre de 2001, la Asamblea Mundial de la ASETT decidió con sus votos que el objeto principal de la investigación teológica de la ASETT fuese la elaboración de una Teología del Pluralismo cultural y religioso desde la opción espiritual y los presupuestos metodológicos de la Teología de la Liberación. A partir de entonces, la Comisión Teológica de América Latina de la ASETT se puso manos a la obra, y, siempre animada por el espíritu investigador y la capacidad de organización y de trabajo de José María Vigil, reunió teólogos y teólogas, tanto de América Latina como de otros continentes, y organizó una serie de cinco volúmenes, titulada «Por los muchos caminos de Dios», que se ha constituido ya en una buena pista para la profundización hacia una Teología Pluralista e Interreligiosa a partir de los presupuestos y caminos de la Teología de la Liberación. La asamblea mundial siguiente de la ASETT, celebrada en Johannesburg, Sudáfrica, en 2006, confirmó esta opción de trabajo teológico y votó por José María Vigil para coordinador de la Comisión Teológica Internacional de la ASETT, así como de la Comisión Teológica Latinoamericana de la misma ASETT.

No podemos dejar de expresar nuestra tristeza al saber que la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha divulgado una nota de censura y condenación contra el libro «Teología del Pluralismo Religioso», de la autoría de José María Vigil, además de emitirla sin comunicarse siquiera con el autor para pedirle aclaraciones sobre los puntos que pudieran parecerle extraños o discutibles a los obispos.

Lamentamos que pastores cristianos que debieran dar al mundo un ejemplo de ser personas de diálogo, condenen un libro sin conversar con el autor, y sin escuchar al menos una opinión divergente de las suyas. No se dan cuenta de que la preocupación de reflexionar sobre la fe a partir de presupuestos culturales nuevos, al contrario de lo que prejuzgan, renueva la posibilidad de adhesión espiritual para una multitud inmensa de seres humanos que no consigue ya acoger el mensaje del reino de Dios si viene de una Iglesia autoritaria y cerrada en su dogmatismo.

Como entidad ecuménica y responsable de incentivar la investigación teológica, la ASETT está convencida de que, más peligroso para la fe que cualquier error doctrinal que por acaso estuviere contenido en las entrelíneas de un libro como el de Vigil, sería el fin de la elaboración teológica, al ser reprimida por el cercenamiento de la libertad de pensamiento y por el rechazo eclesiástico de un sano pluralismo de investigación en las Iglesias cristianas.

Como teólogos y teólogas cristianos, no podemos asistir a este tipo de censura como si no tuviésemos nada que ver con ello, limitándonos a expresar nuestro disgusto y lamento. Es preciso dejarlo claro: en la censura al libro de José María Vigil es el conjunto de toda la investigación de todo nuestro trabajo teológico, coordinado por todo un equipo, el que, indirectamente, está siendo juzgado y censurado. Cada vez que un compañero o compañera es censurado por posiciones teológicas que son las mismas que las nuestras y que proceden del trabajo que realizamos juntos, es a todos nosotros/as a quienes esta censura nos hiere.

Dado que es nuestra obligación ética, reiteramos a los obispos católicos de España, y de otros lugares, así como a los pastores de otras Iglesias, nuestra disponibilidad a dialogar con ellos sobre cualquier punto que quisieran profundizar. Esperamos que la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española pueda aceptar nuestra invitación para dialogar y profundizar juntos las cuestiones que, como teólogos/as y pastores/as nos interesan.

Aceptaremos siempre discutir teológicamente las cuestiones abiertas y, en un diálogo crítico, revisar los puntos que para ellos serían discutibles.

La ASETT fue creada en un ambiente eclesial marcado por el diálogo y por la certeza de que la unidad sólo es posible cuando se acepta convivir positivamente con las diferencias. Como en víspera de su muerte dijo el monje y místico Thomas Merton, «El nivel más profundo de la comunicación no es la comunicación, sino la comunión. Se da sin palabras. Está más allá de las palabras, más allá de los discursos, más allá de los conceptos (...). Nosotros ya somos Uno. Pero imaginamos que no lo somos. Lo que tenemos que reencontrar es nuestra unidad original. Lo que tenemos que ser es lo que ya somos» (3).

Rohan Silva
President
Colombo, Sri Lanka

Emmanuel Martey
Vice-President
Legon, Ghana

Luiza E. Tomita
Executive Secretary & Treasurer
São Paulo, Brazil

Notas:

(1) Desmond Tutu, en una entrevista al Servicio de Prensa Protestante en Suiza. En L’Actualité Religieuse, 171-172 (nov-dic 1998) 7.
(2) EATWOT - International Theological Commission, por sus siglas en inglés.
(3) Extemporaneous Remarks by Thomas Merton, citado por Jean-Claude BASSET, Le Dialogue Interreligieux, histoire et avenir, Ed. Du Cerf, Paris 1996, p. 122.

Nota de la edición: Lea también la materia en el portal de la EATWOT


Fuente: Adital. Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo



Más información sobre José María Vigil en este blog

4/3/08

Redes Cristianas ante las elecciones en la Conferencia Episcopal

Nota: Este escrito fue redactado antes de conocer la noticia de la elección de Antonio María Rouco Varela como presidente de la CEE.

Comunicado de Redes Cristianas a propósito de las elecciones en la CEE

Las próximas elecciones en la Conferencia Episcopal están suscitando en los medios de comunicación opiniones y datos sobre los distintos candidatos y las posibilidades que tienen de resultar elegidos. Hay una impresión extendida de dar por aceptado que la Iglesia católica es y será siempre una institución jerárquica y vertical en la que los ámbitos de participación están limitados y restringidos a ciertas cuestiones.

Sin embargo la historia de la Iglesia aporta abundantes muestras de que la situación fue bien distinta en los primeros siglos del Cristianismo, cuando el Pueblo de Dios intervenía activamente en todos los aspectos de la vida de la Iglesia y concretamente en la elección de los obispos. La frase de San Celestino, papa, “ningún obispo impuesto” debe llevar a la reflexión. Ahora tenemos unos obispos que no han sido elegidos y que entre ellos van a elegir a los que tendrán mayores responsabilidades en la CEE durante los próximos años.

El siglo XX puso de manifiesto que las sociedades deben construirse sobre principios democráticos, de igualdad y justicia. En definitiva, sobre la base de los Derechos Humanos. La Iglesia Católica como institución no ha firmado la Declaración Universal de Derechos Humanos ni el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 y mantiene entre otras cosas una flagrante discriminación de la mujer. El Papa tiene otorgados unos poderes que le asimilan a una monarca absoluto y como consecuencia nos encontramos con una institución que está cada vez más alejada de las realidades y demandas que viven los católicos del siglo XXI y que ve cómo aumentan las dificultades para poder presentarse como voz autorizada ante organismos internacionales que tienen el funcionamiento democrático como requisito.

Redes Cristianas está formada por colectivos y comunidades que han apostado decididamente por una Iglesia de iguales, participativa y democrática. Desde ese convencimiento reclamamos con urgencia la “puesta al día” de la jerarquía eclesiástica en todo lo relativo a la defensa de los Derechos Humanos, sobre todo de los más pobres e indefensos. El Concilio Vaticano II abrió muchas expectativas para hacer realidad una Iglesia más libre y fraterna, sin estamentos y con el reconocimiento pleno de los laicos. Hoy suena desgraciadamente para muchos como algo lejano y olvidado.

Pedimos al futuro presidente de la CEE que acepte la pluralidad existente en la Iglesia española y propicie realidades de diálogo y participación. Nosotros no tenemos un candidato al que apoyar pero sí una opción prioritaria por la democracia en la Iglesia.


Fuente: Redes Cristianas

En la web de Redes Cristianas se pueden ver los colectivos que forman Redes Cristianas y una definición de quiénes son.

2/3/08

"Parar la rueda bloqueando sus radios", por Pedro Casaldáliga


Pedro Casaldáliga es obispo, escritor y poeta catalán, que ha permanecido gran parte de su vida en Brasil. Ha estado siempre vinculado a la teología de la liberación y ha sido siempre un defensor de los derechos de los menos favorecidos.


Circular Fraterna 2008, de Dom Pedro Casaldáliga

Estaba pensando la circular de 2008, cuando me invade, como un río bíblico de leche y miel, una auténtica inundación de mensajes de solidaridad y cariño por ocasión de mis 80 años.

No pudiendo responder a cada uno y a cada una en particular, incluso porque el hermano Parkinson tiene sus caprichos, les pido que reciban esta circular como un abrazo personal, entrañable, de gratitud y de comunión renovadas.

Estoy leyendo una biografía de Dietrich Bonhoeffer, titulada, muy significativamente, Ten-dríamos que haber gritado. Bonhoeffer, teólogo y pastor luterano, profeta y mártir, fue ase-sinado por el nazismo, el 9 de abril de 1945, en el campo de concentración de Flossenbürg. Él denunciaba «la Gracia barata» a la que reducimos muchas veces nuestra fe cristiana. Advertía también que «quien no haya gritado contra el nazismo no tiene derecho a cantar gregoriano».

Y llegaba finalmente, ya en vísperas de su martirio, a esta conclusión militante: «Hay que parar la rueda bloqueando sus radios». No bastaba entonces con socorrer puntualmente a las víctimas trituradas por el sistema nazi, que para Bonhoeffer era la rueda; y no nos pue-den bastar hoy el asistencialismo y las reformas-parche frente a esa rueda que para noso-tros es el capitalismo neoliberal con sus radios del mercado total, del lucro omnímodo, de la macro-dictadura económica y cultural, de los terrorismos de estado, del armamentismo de nuevo creciente, del fundamentalismo religioso, de la devastación ecocida de la tierra, del agua, de la floresta y del aire.

No podemos quedarnos estupefactos delante de la iniquidad estructurada, aceptando como fatalidad la desigualdad injusta entre personas y pueblos, la existencia de un Primer Mundo que lo tiene todo y un Tercer Mundo que muere de inanición. Las estadísticas se multiplican y vamos conociendo más números dramáticos, más situaciones infrahumanas. Jean Ziegler, relator de Naciones Unidas para la Alimentación, afirma, cargado de experiencia, que «el orden mundial es asesino, puesto que hoy el hambre ya no es una fatalidad». Y afirma tam-bién que «destinar millones de hectáreas para la producción de biocarburantes es un crimen contra la humanidad»; el biocombustible no puede ser un festival de lucros irresponsables. La ONU viene alertando que el calentamiento global del planeta avanza más rápido de lo que se pensaba y, a menos que se adopten medidas urgentes, provocará la desaparición del 30% de las especies animales y vegetales, millones de personas se verán privadas de agua y proliferarán las sequías, los incendios, las inundaciones. Uno se pregunta angustia-do quién va a adoptar esas "medidas urgentes".

El gran capital agrícola, con el agronegocio y el hidronegocio cada vez más, avanza sobre el campo, concentrando tierra y renta, expulsando a las familias campesinas y lanzándolas errantes, sin tierra, acampadas, engrosando las periferias violentas de las ciudades. Dom Edwin Kräutler, obispo de Xingú y presidente del CIMI, denuncia que el «desarrollo en la Amazonia se tornó sinónimo de deforestar, quemar, arrasar, matar». Según Roberto Sme-raldi, de Amigos de la Tierra, las políticas contradictorias del Banco Mundial por un lado «prometen salvar los árboles» y por otro lado «ayudan a derribar la Amazonia».

Pero la Utopía continúa. Como diría Bloch, somos «criaturas esperanzadas» (y esperanzadoras). La esperanza sigue, como una sed y como un manantial. «Contra toda esperanza esperamos». De esperanza habla, precisamente, la reciente encíclica de Benedicto XVI. (Lástima que el Papa, en esta encíclica, no cite ni una sola vez el Concilio Vaticano II que nos dio la Constitución Pastoral Gaudium et Spes -Alegría y Esperanza-. Dicho sea de paso, el Concilio Vaticano II continúa amado, acusado, silenciado, preterido… ¿A quién le da miedo el Vaticano II?). Frente al descrédito de la política, en casi todo el mundo, nuestra Agenda Latinoamericana 2008 apuesta por una nueva política; hasta «pedimos, soñando alto, que la política sea un ejercicio de amor». Un amor muy realista, militante, que subvierta estructuras e instituciones reaccionarias, construidas con el hambre y la sangre de las mayorías pobres, al servicio del condominio mundial de una minoría plutócrata.

Por su parte las entidades y los proyectos alternativos reaccionan intentando crear concien-cia, provocar una santa rebeldía. El FSM 2009 se va a celebrar, precisamente, en la Ama-zonia brasileña y tendrá la Amazonia como uno de los temas centrales. Y el XII Encuentro Intereclesial de las CEBs, en 2009, se celebrará también en la Amazonia, en Porto Velho, Rondônia. Nuestra militancia política y nuestra pastoral liberadora deben asumir cada vez más estos desafíos mayores, que amenazan nuestro Planeta. «Escogemos, pues, la vida» como reza el lema de la Campaña de la Fraternidad 2008. El apóstol Pablo, desde su Carta a los Romanos, nos recuerda que «toda la Creación gime y está con dolores de parto» (Rom 8,22). Los gritos de muerte se cruzan con los gritos de vida, en ese parto universal.

Es tiempo de paradigmas. Hoy creo que se deben citar como paradigmas mayores y más urgentes, los derechos humanos básicos, la ecología, el diálogo intercultural e interreligioso y la convivencia plural entre personas y pueblos. Estos cuatro paradigmas nos afectan a todos, porque salen al encuentro de las convulsiones, objetivos y programas que está vi-viendo la Humanidad maltratada, pero siempre esperanzada aún. Con tropiezos y ambigüe-dades Nuestra América se mueve hacia la izquierda; «nuevos vientos soplan en el Conti-nente»; estamos pasando «de la resistencia a la ofensiva». Los pueblos indígenas de Abya Yala han saludado alborozados la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pue-blos Indígenas, que afecta a más de 370 millones de personas en unos 70 países del Mun-do. Y reivindicarán su puesta en práctica.

Nuestra Iglesia de América Latina y del Caribe, en Aparecida, si no fue el Pentecostés que queríamos soñar, fue una honda experiencia de encuentro entre los obispos y el pueblo; y confirmó los trazos más característicos de la Iglesia de la Liberación: el seguimiento de Je-sús, la Biblia en la vida, la opción por los pobres, el testimonio de los mártires, las comuni-dades, la misión inculturada, el compromiso político.

Hermanas y hermanos, ¿qué radios vamos a quebrar en nuestra vida diaria?, ¿cómo ayuda-remos a bloquear la rueda fatal?, ¿tendremos derecho a cantar gregoriano?, ¿sabremos incorporar en nuestras vidas esos cuatro paradigmas mayores traduciéndolos en práctica diaria?

Reciban un abrazo entrañable en la esperanza subversiva y en la comunión fraterna del Evangelio del Reino. Vamos siempre hacia la Vida.

Pedro Casaldáliga
Circular 2008



Fuente: Adital

Página de Pedro Casaldáliga


Más información de Pedro Casaldáliga en Wikipedia

24/2/08

Dios y césar, por Manuel Castells

Jesucristo, además de Dios, era muy listo. Y sabía que su reino estaba en los cielos, o sea, en la mente de las personas, el verdadero lugar de residencia de los dioses de cada uno. De ahí su admonición a dar al césar lo suyo y a Dios lo que le corresponde. O sea, que prescribió, sin ambigüedad, la separación entre la Iglesia y el Estado.

Pero, igual que ocurrió con otros revolucionarios, sus enseñanzas, aún vivas para quien lea los Evangelios en su contexto y sin sectarismo, fueron traicionadas a lo largo de la historia por quienes se erigieron en poder teocrático sobre los cuerpos mediante la imposición de su monopolio en el negocio de almas. Porque la Iglesia, según el cristianismo pata negra, no son ellos (los obispos), sino nosotros (los creyentes, cada uno a su manera). Y así fue en los orígenes y así sigue siendo. Por eso hay mil millones de católicos y otros cientos de millones de cristianos en el mundo, para la mayoría de los cuales su espiritualidad, su refugio y su búsqueda de sentido y de moral no dependen de edictos jerárquicos, sino del diálogo íntimo que sus redes neuronales establecen con el dolor de la existencia y el misterio de la esperanza. Tal es la razón por la cual el cristianismo ha sobrevivido dos mil años, superando incluso la más grave amenaza, la que vino de sus peores enemigos: los que mataron, torturaron, saquearon, censuraron y abusaron en su nombre, haciendo de ello su Santo Oficio. Pero hasta las raíces más profundas se van debilitando con el viento de la historia cuando la experiencia interior de las ovejas (blancas y negras, todos a una) contrasta con los berridos de sus pastores.

Por eso la Iglesia católica como aparato va perdiendo influencia en la práctica de la gente en un contexto mundial en el que, al contrario, Dios está más vivo que nunca y la religiosidad en sus distintas manifestaciones (incluidas formas nuevas de espiritualidad panteísta) está en alza en la mayor parte del planeta.

Estudios como los de Inglehart y Norris, sobre la base de los datos del World Values Survey de la Universidad de Michigan, muestran el auge de la religión en el mundo, con una gran excepción: Europa Occidental, precisamente la cuna del catolicismo. Y otros análisis muestran que en América Latina, el área con el mayor número de católicos del mundo, las distintas confesiones evangélicas cristianas están desplazando la influencia de la Iglesia católica entre los sectores más populares de la sociedad. Y es que a pesar del testimonio y el heroísmo de tantos y tantos curas de base siguiendo a la gente en su vida tal como es y proporcionándoles consuelo y guía sin recurrir al ordeno y mando, la colusión de la jerarquía con los poderes fácticos de siempre y la hipocresía de quienes defienden la familia y encubren a sus legionarios pederastas van minando poco a poco la influencia de quienes interpretan a Dios según sus intereses económicos, políticos y personales, reproduciendo a la Iglesia como aparato de poder.

Ello no implica que la Iglesia deje de defender principios morales y religiosos fundamentales, como la familia o la defensa de la vida del feto o la condena de la manipulación genética, aunque estos principios deban ser adaptados a cada situación.

Los líderes religiosos tienen perfecto derecho (un derecho constitucionalmente protegido) a posicionarse en temas éticos centrales y constituirse en referencia con respecto a sus fieles. En lo que puede parecer una paradoja, cuando el conservador cardenal Ratzinger se convirtió en Benedicto XVI, escribí un artículo esperanzado en este mismo diario porque me pareció que representaba un papado de valores, por discutibles que esos valores sean para muchos, sobre todo los jóvenes. Porque ese es el dominio propio de Dios. Y para que esos valores puedan progresar en contra del individualismo competitivo y el consumismo destructor que caracterizan nuestra cultura, es necesario recurrir a la autoridad moral, al ejemplo, al testimonio. Todo eso queda en agua de borrajas, sobre todo para los jóvenes, cuando se mezcla con consignas políticas, con la intervención directa en los asuntos del Estado, con la bendición de guerras sucias y el silencio ante la opresión. Afortunadamente, el contexto español actual es menos dramático que todo eso. Pero sigue presente el reflejo eclesiástico de instrumentalizar a los creyentes en aras de causas políticas no sólo terrenales sino controvertidas, en conflictos que tienen cristianos sinceros y menos sinceros de los dos lados. ¿O es que quienes están por plantear pacíficamente la independencia de Euskadi o de Catalunya son menos católicos que los otros? ¿Se le va a negar la comunión a los ciudadanos en función de su voto?

E incluso cuando gobiernos legislan en temas como el matrimonio homosexual, aunque contradiga principios tradicionales (no está claro que sean los de Jesucristo), el respeto a lo que decida el césar democratizado es una cuestión fundamental de coexistencia pacífica entre nuestras diversas lealtades internas.

Entrando descaradamente en la batalla política en torno a temas que no competen al apostolado, los obispos españoles se distancian aún más de la sociedad del siglo XXI y alejan a la gente de un Dios que sin embargo necesita con urgencia en un tiempo de incertidumbre.

Por eso en estas elecciones yo voto Jesucristo, o sea, en contraposición directa a lo que nos dictan los encopetados fariseos que usan su nombre en vano.


Fuente: La Vanguardia

Más información de Manuel Castells en Wikipedia

17/2/08

El PP forma a los curas, por José Manuel Vidal

El magnífico periodista José Manuel Vidal ha publicado un interesante artículo en Religión Digital haciéndose eco de una denuncia del Foro Curas de Madrid, que reproducimos a continuación:


La formación permanente de los curas de Madrid no está en manos de obispos. Ni siquiera de teólogos o de curas bien preparados. El Foro de Curas de Madrid denuncia que Rouco ha confiado la formación de su clero al Partido Popular. Y las clases de formación permanente de los sacerdotes madrileños las dan Jaime Mayor Oreja, Gustavo de Arístegui o Benigno Blanco, entre otros.

Como denuncian los cien curas que forman parte del Foro, el curso 2007-2008 la Facultad de Teología San Dámaso y la delegación diocesana del Clero de Madrid “han organizado una serie de charlas para la formación permanente de los sacerdotes”. Con el título de “Desafíos políticos, económicos y sociales”. Y centradas en cuestiones de actualidad, como “laicidad y laicismo, política y economía o familia y vida.

“Nos parece perfecto que la diócesis se preocupe de estos aspectos en la puesta al día de sus sacerdotes. Nuestra extrañeza surgió cuando leímos el programa y vimos que prácticamente todos los temas socio-económicos y políticos se han confiado a conocidas personas del partido popular o públicamente alineadas con él”, señalan los curas.

Entre los ponentes, figuran el ex ministro Jaime Mayor Oreja, el presidente de la Cadena COPE, Alfonso Coronel de Palma, el viceportavoz del PP en el Congreso, Gustavo de Arístegui, el viceconsejero de inmigración de la Comunidad de Madrid, Carlos Clemente o el ex secretario de Estado, Benigno Blanco.

A ponentes del PP, mensajes del PP para los curas. “Su perspectiva, más que desde la razón iluminada por la fe y la doctrina social de la Iglesia, parte desde los análisis, orientaciones y estrategias, incluso electoralistas a corto plazo, del Partido Popular”, explica el Foro sacerdotal.

Y aportan datos precisos y concretos. En la primera charla, por ejemplo, Mayor Oreja sostuvo que “padecemos dos ofensivas: la ofensiva nacionalista y la ofensiva laicista, de un laicismo radical, anticlerical, relativista, que pretende cambiar los valores que hasta ahora han sido patrimonio de la sociedad española ... ¿Quiénes son los gestores de ambas ofensivas?: ETA y Zapatero. Sus proyectos se complementan y alimentan recíprocamente. La situación actual es como una unión temporal de empresas y proyectos que buscan la desvertebración moral y política de España , cada uno a su nivel. Si el adversario de la ofensiva nacionalista es el Partido Popular, el adversario de la ofensiva laicista es la Iglesia católica. Por tanto necesitamos trabajar unidos, hay que consolidar una defensa organizada de estos valores trascendentes de la nación española”.

Al Foro de Curas de Madrid les parece todavía más grave que su cardenal, Antonio María Rouco Varela, “que había presentado a Mayor Oreja como ‘un político valiente’, afirmase en su intervención que estaba de acuerdo al cien por cien con este diagnóstico, añadiendo la necesidad de comunión con la jerarquía eclesiástica”. Y lo mismo pasó con la ponencia de Carlos Clemente sobre inmigración.

Ante esta situación, el Foro de curas de Madrid denuncia “la sumisión a los intereses y estrategias del Partido Popular, que constituye un daño a la Iglesia madrileña y no se corresponde con el pluralismo político legítimo y real de los católicos madrileños ni con las orientaciones del Concilio Vaticano II”.

A juicio de los curas “se trata pura y simplemente de un adoctrinamiento partidista de los sacerdotes madrileños facilitado al partido popular y que presupone el enfeudamiento ideológico de la jerarquía en los sectores de la derecha socio-política”.



Fuente: Religión Digital

15/2/08

La derecha españolista frente al islam, por Abdennur Prado

Todas las referencias al "contrato social" realizadas estos días por dirigentes del PP señalan directamente a los musulmanes, reviviendo estereotipos negativos latentes en nuestra sociedad. Al ser preguntados sobre las supuestas "costumbres de los inmigrantes" que chocan con las "costumbres españolas", han mencionado el uso del hiyab y la llamada del almuédano a la oración. Pizarro ha ido un paso más allá, hablando incluso de "cortar la mano a los ladrones". ¡Como si los inmigrantes fueran cortando manos por ahí!
Resulta ilustrativo el enmarcar esta propuesta en el rechazo que la presencia del islam en nuestro país genera entre la derecha españolista. Asistimos a la emergencia de un revisionismo histórico anti-andalusí, unido a la reafirmación de los mitos fundacionales de la españolidad más arcaizante. En esta clave hay que leer las obras Al Andalus contra España, de Serafín Fanjul, El islam contra España, de César Vidal, o La Yihad en España, de Gustavo de Arístegui. Obras que responden a una orientación política explícita, y recurren a la práctica (francamente lamentable) de seleccionar aspectos negativos de un determinado periodo histórico para desacreditarlo.

Este discurso pretende que el islam es ajeno a la identidad española, que los musulmanes que vivieron en la Península durante ocho siglos eran extranjeros, que Al Andalus es una época maldita, en la cual la "verdadera España" fue arrinconada en los montes asturianos, desde donde inició una gloriosa reconquista. Vuelven Don Pelayo, Santiago Matamoros y el Cid Campeador como exponentes de la España eterna.

Recordemos las palabras de José María Aznar en la Universidad de Georgetown: "Los problemas de España con Al Qaeda comenzaron en el siglo VIII, cuando fue conquistada por los moros y rehusó perder su identidad". Y en una clase posterior: "Yo apoyo a Fernando (el Católico), creo que fue un gran rey. Creo que estamos en tiempo de guerra. O nosotros acabamos con ellos o ellos acaban con nosotros".

Resulta chocante ver cómo Aznar establece una conexión anacrónica entre el pasado y el presente, como si los musulmanes peninsulares de los siglos VIII al XV fuesen de Al Qaeda. Arístegui, por cierto, no se queda atrás, y se refiere a los almorávides y almohádes como "los primeros movimientos de corte islamista de la historia", antecedentes del "islamismo radical" que, según la derecha, amenaza a la España cristiana.

Salta a la vista el papel que la religión juega en este discurso. También la Conferencia Episcopal se ha referido reiteradamente a esta hipotética "unidad histórica, espiritual y cultural de España", basada en la romanización y la evangelización. Durante una peregrinación a la Iglesia de Santiago en Zaragoza, Rouco Varela afirmó lo siguiente: "En el fondo el alma de España vibra a través de la historia de su cultura, de todas las épocas gloriosas de su Historia. En todas ellas ha habido fidelidad de fondo a Cristo. España será cristiana y católica o dejará de existir como tal".

Todo aquel que se oponga a esta mitología es automáticamente tachado de "anti-español" y "traidor a la patria". De ahí que Mansur Escudero, presidente de Junta Islámica, haya sido calificado como "Don Julián", y que la Fundación para la Defensa de la Nación Española afirme: "La Junta Islámica ha expresado su hostilidad hacia la tradición histórica y cultural española". Y de ahí que, en una visita a Lorca, el presidente del Gobierno tuviera que suspender un acto a causa de la acción de un grupo de 300 manifestantes que gritaban "Zapatero, anticristo" y "Espa-ña cristiana, no musulmana".

Todo esto pone en evidencia la persistencia de una mentalidad arcaica en la España del siglo XXI. Cuando Aznar conecta su admiración por Fernando el Católico con la llamada "guerra contra el terrorismo", está proyectando una mitología españolista reaccionaria en la geopolítica contemporánea. Vemos así cómo el nacional-catolicismo español resucita bajo el paraguas neocon del "choque de civilizaciones".

No podemos pasar por alto el sentido último de esta conexión entre el pasado y el presente, como si se tratase de situaciones destinadas a repetirse. La presencia del islam en la España del siglo XXI es presentada como una reminiscencia de la "invasión musulmana" de la Hispania visigoda. Cuando se justifican la Inquisición y la expulsión de los moriscos con el argumento de que España estaba en guerra con el islam y de que aquéllos eran una "quinta columna", es inevitable trazar un paralelo con la situación actual, en la cual es habitual escuchar que estamos en "guerra contra el islam" y que los ciudadanos musulmanes son "quintacolumnistas" que ponen en peligro la identidad española. La expulsión o el exterminio emergen como la solución final para asegurar el retorno a la España "inmaculada" de los antepasados.

Esto es una agresión directa a la verdadera España, la España democrática y plural, en la cual debemos aprender a convivir cristianos, budistas, judíos, ateos, agnósticos y musulmanes. Lo que hoy da cohesión a nuestra sociedad no es la mitología nacional-católica, sino valores compartidos como los derechos humanos y el laicismo, el pluralismo religioso y la igualdad hombre-mujer. Éstos son los cimientos de la España abierta que entre todos debemos construir, una tierra de convivencia con la cual todos podamos identificarnos.

Abdennur Prado es presidente de la Junta Islámica Catalana.


Fuente: El País

14/2/08

Foro Curas de Madrid: "No tenemos ni la última ni la mejor palabra en todo"

Vivimos en este momento en los países europeos y en concreto en España en el contexto de unas sociedades laicas, que han renunciado definitivamente a la confesionalidad del Estado. El régimen de cristiandad ha quedado atrás. A la vez, y por primera vez en la historia, las sociedades son plurales, y en ellas la unidad de las personas radica sólo y precisamente en el hecho de ser ciudadanos.

Este es, por tanto, el contexto en el que tenemos que llevar a cabo el trabajo de evangelización que nos encargó Jesús. Se trata de una situación nueva para la que no se pueden utilizar odres viejos. Guardar añoranza del modelo de cristiandad y pretender utilizar los instrumentos que aquélla facilitaba sólo contribuye a derramar ese vino nuevo capaz de alegrar el corazón del futuro.

Por desgracia, las posturas de una parte de la Iglesia (no pocos obispos, bastantes curas y muchos laicos) dejan traslucir esa añoranza. Clausurado el estado confesional, este amplio sector de la Iglesia no acaba de resignarse a ello y, en consecuencia, se empeña en la alianza tácita con un único partido político, no es coherente con la propia doctrina católica (hace unos días declaraba el Presidente de la Conferencia Episcopal la libertad de los católicos para vincularse a cualquier opción política) e hipoteca la evangelización de amplios sectores que no se identifican con la opción que ellos han tomado. Las declaraciones que hablan de una Iglesia perseguida, acorralada, no revelan sino una situación de temor.

Para quienes la contemplan desde fuera, ese sector tan presente y poderoso de la Iglesia condena y excluye siempre, rehuye el diálogo y tiene una obsesión enfermiza por mostrar su fuerza. Y esa visión parcial se extiende a toda la comunidad eclesial. En los últimos tiempos el rechazo a la Iglesia y el anticlericalismo han aumentado significativamente.

Frente a estas actitudes, creemos que también como Iglesia hemos de reivindicar los valores de una sociedad laica. Laico equivale a ciudadano, miembro de una sociedad autónoma, gestor de una tarea común a creyentes y no creyentes, que ha de encarar y resolver solidariamente los problemas comunes de la convivencia en sociedad. A pesar de lo que algún cardenal ha declarado recientemente, nosotros pensamos que la laicidad rescata la autonomía y dignidad de la persona y el valor de la democracia.

En su sociedad también Jesús fue un laico, preocupado por los problemas cotidianos y sociales. Y, como afirman algunos teólogos, si no hubiera sido así, no habría sido crucificado.

Movida por la misma preocupación de Jesús, la Iglesia ha de tener una presencia en lo público, y tiene derecho a manifestarse en lo que compete al bien común buscando acertar en el modo de hacerlo para no traicionar a sus propios principios y provocar el rechazo por presentar mal su mensaje.

Así, lo primero sería sin duda renunciar a todos los privilegios, estar dispuesta a confrontarse en un plano de igualdad con las otras formas de ver las cosas, al modo como Jesús pasó por “uno de tantos”. A quienes le piden ‘la capa’ de tantas situaciones de privilegio ¿no tendrá que darles también ‘el manto’?

En segundo lugar, sin miedo a la realidad, su actitud habría de ser siempre de diálogo, un diálogo respetuoso y firme, aceptando la autonomía de los distintos saberes, la pluralidad de las diferentes visiones del mundo, de las propuestas éticas y políticas y de las reglas de juego de la democracia. No siempre ni en todos los campos tenemos la última ni la mejor palabra. Hay que afirmar esto especialmente en el terreno de la moral cívica o pública.

Si Jesús vino al mundo para traer una buena noticia a los pobres, la Iglesia ha de mantener el “privilegio hermenéutico” a favor de los pobres, juzgando la realidad política, económica y social desde la solidaridad con los sectores empobrecidos de nuestra sociedad y del mundo.

Sin apoyarse en “el oro ni la plata” (Mt 10,9) los cristianos se integrarían en las plataformas socio-políticas “como el fermento en la masa”, sin aspirar a formar unas plataformas propias. Este cristianismo “de mediación” estará en mejores condiciones para entablar un diálogo –no una confrontación- con los retos que presenta esta sociedad multirreligiosa, multiétnica, pluricultural y plurisapiencial.

En consonancia, desde el amor y la comunión con la Iglesia queremos trabajar para que recupere la vivacidad del Evangelio y del Concilio Vaticano II. Una Iglesia de “laicos”, inserta en la sociedad desde el lugar social de los pobres, al servicio y la defensa del ser humano. Una Iglesia que evite la obsesión por la defensa permanente de la institución eclesial. Una Iglesia con un debate abierto en el interior de sí misma, que reconoce en su seno distintas tendencias teológicas y pastorales. Una Iglesia en la que las decisiones se toman con la participación de todos, sin privilegiar a unos marginando a los otros. Una Iglesia que, al final, será “bien vista por todo el pueblo” (Act 2, 47)

Frente a la valoración que de ese hecho hace una buena parte de la jerarquía, no nos resignamos a que la Iglesia ocupe en todas las encuestas el último lugar en la valoración y en la confianza. Porque “si la sal se vuelve insípida ya no sirve sino para tirarla a la calle y que la pise la gente” (Mt 5,13).

Foro Curas de Madrid


Fuente: Religión Digital


Más información sobre el Foro Curas de Madrid en su escrito de presentación.

En este blog también: Cien curas de Madrid y los religiosos de Cataluña, contra la nota del episcopado sobre el 9-M