Tras acusar a Dios de ser “nuestra más larga mentira”, calificar a los evangelios de “testimonio de la ya incontenible corrupción existente dentro de la primera comunidad”, definir a Pablo de Tarso como de “disangelista” y dirigir la “maldición sobre el cristianismo en El Anticristo, Nietzsche hace el siguiente retrato idílico de Jesús de Nazaret: “Él no opone resistencia, ni con palabras ni en el corazón, a quien es malvado con él… No se encoleriza con nadie, ni menosprecia a nadie. No se deja ver en los tribunales, ni se deja citar ante ellos (‘no jurar’)… Lo que él legó a la humanidad es la práctica: su comportamiento ante los jueces, ante los sayones, ante los acusadores, ante toda especia de calumnia y burla, su comportamiento en la cruz. Él ora, sufre, ama con quienes, en quienes le hacen mal. No defenderse, no encolerizarse, no hacer responsable a nadie”.
De ser cierta la versión de Nietzsche, Jesús habría huido del conflicto como de la quema y se habría instalado en una religión conformista, sin que nada ni nadie le turbara. Pero nada más lejos de la realidad. Jesús fue un Indignado que adoptó una actitud de rebeldía frente al sistema y se comportó como un insumiso frente al orden establecido. El conflicto, nacido de la indignación, define su modo de ser, caracteriza su forma de vivir y constituye el criterio ético de su práctica liberadora. La insumisión y la resistencia fueron las opciones fundamentales durante los años de su actividad pública, tanto en el terreno religioso como en el político, ambos inseparables en una teocracia y la clave hermenéutica que explica su trágico final.
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7/4/12
7/3/09
"La vida es camino". Entrevista a Juan José Tamayo
Juan José Tamayo dirige la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III y es fundador y actual secretario general de la progresista Asociación de teólogos Juan XXIII. El teólogo es referencia inexcusable en nuestro país del cristianismo de progreso, exponente visible de la teología de la liberación. Sin embargo la liberación de Tamayo no sólo es auxilio y solidaridad con los “últimos” del planeta, sino también compromiso con la Tierra, la espiritualidad abierta y desdogmatizada, el diálogo interreligioso…, como podemos observar en la presente entrevista. Hemos charlado con el profesor en su despacho en la Universidad. Se siente relajado y seguro, sus respuestas son inmediatas y claras. Juega en su campo, en su ambiente, entre sus libros, al calor de todo lo que allí diariamente alumbra en forma de libros y artículos sobre lo divino y lo humano.¿Diagnóstico de salud del diálogo interreligioso?
Es preciso superar los tribalismos que se dan en el mundo de las religiones. Las religiones establecidas en un territorio fijo, vinculadas a una cultura cerrada, basadas en unos principios doctrinales rígidos que atienden a unas orientaciones morales muy definidas, dificultan el encuentro en general con otras cosmovisiones. Cada una de las religiones se empeña en reforzar aquello que las diferencia de las demás. Ello dificulta los intentos de comunicación y de diálogo.
¿… y de las espiritualidades?
Algo semejante podemos decir de las espiritualidades. Las espiritualidades han estado muy pertrechadas, muy volcadas en sí mimas. No han fomentado el encuentro. El gran desafío de nuestro tiempo es pasar de las espiritualidades individuales y estancas a la interespiritualidad.
¿Tras todo su recorrido teológico y vital, cuál es su particular adhesión?
Me adhiero a una espiritualidad sin nombre, ni adjetivos; espiritualidad surgida desde la experiencia humana radical y profunda en cada contexto. La experiencia humana más actual es la situación de desposesión que vivimos. Estamos inmersos en una cultura del poder, del saber, del tener, una cultura en definitiva de la acumulación y la imagen, de la representación.
¿Escasean espacios para el cultivo del ser?
Cierto, no existe espacio para el cultivo del ser, para la mirada interior, para el descubrimiento de lo profundo de la realidad íntima. Nos movemos en el plano de la superficie. De ahí que nuestra cultura sea epidérmica, una cultura que no va a lo que hay debajo, al trasfondo. Vivimos una cultura de lo llamativo, de lo espectacular, de lo que impacta, una cultura en definitiva de masas, que busca índices de audiencia, que repara en la cantidad en detrimento de la cualidad. Esta cultura en la que estamos ubicados genera unas carencias extraordinarias al ser humano. Promueve una sensación de desasimiento, de falta de asiento, de falta de lugar donde ubicarnos. El ser humano está rodeado de cosas, pero vive una situación de desprotección total.
¿Escasean respuestas ante esta cultura del vacío?
Esta cultura del vacío, de la frivolidad, de la apariencia y de la exterioridad no le satisface en realidad al ser humano. La insatisfacción es muy general, tal como se puede observar en el aumento de depresiones y suicidios, en la proliferación de desencuentros y conflictos en el entorno familiar. Hay un abandono de creencias, pues no se encuentra la satisfacción que en ellas se busca. Hay también huida de la realidad, reclusión en el individualismo. Ante esa situación decadente, la gente busca la manera de compensarlo…
¿Pero la gente no corre a la religión para satisfacer esas carencias?
La religión institucional no ofrece nada que responda a las inquietudes profundas, a los interrogantes antropológicos, a la vaciedad de nuestra cultura. Las religiones te ofrecen un código de comportamiento muy represivo, que no permite el desarrollo de las tendencias del ser humano. Son represivas en la concepción del cuerpo y de la persona. Estamos ante concepciones dualistas en las que el cuerpo es un obstáculo y el alma es lo único que importa. Es un dualismo represivo de todo lo que tiene que ver con la comunicación, la sexualidad…, en definitiva de lo que tiene que ver con el otro. La espiritualidad tiene que ser integral y contemplar la totalidad del ser humano y de la persona.
¿En medio de esa crisis, cuál es la oferta de las religiones?
Una espiritualidad muy cerrada, un código moral, un credo, un conjunto de verdades que hay que creer. Eso a la gente no termina de satisfacerle. Esas verdades se conforman de modo dogmático. Pero por la vida no podemos ir con certezas y verdades absolutas. La verdad es itinerante, es un camino de búsqueda, tal como decía Antonio Machado: “Tú verdad no, guárdatela. La verdad y vamos a buscarla juntos”. El dogma es una perversión de las religiones. El dogma es la negación del símbolo, la petrificación de la experiencia religiosa.
¿En concreto, las recetas del cristianismo católico?
Lo mismo, ofrece la aceptación de unas verdades, de unos principios doctrinales que tienen que reconocerse y aceptarse en su literalidad. La vida no funciona con dogmas, con verdades cerradas y fijas. La vida es camino.
¿Desconexión entre el mundo ritual y el mundo vital?
Las religiones ante esta crisis ofrecen un espacio. ¿Qué se hace en ese espacio? En los templos se ora, se practican los sacramentos, se hacen los ritos. ¿Qué relación tienen esos sacramentos, esos ritos con la vida y la experiencia humana? Ninguna o muy poca. Hay una gran desconexión entre el mundo vital y el ritual.
Los símbolos que se utilizan en las celebraciones religiosas han ido perdiendo su significado a lo largo de los siglos, pues no están en conexión con la vida de hoy. El dogma es una perversión, un empobrecimiento de las religiones. Pongamos el ejemplo del cristianismo. En el comienzo el dogma era el evangelio. El evangelio quiere decir buena noticia, anuncio de liberación para los pobres, los oprimidos, los marginados… La nueva espiritualidad, en el caso del cristianismo, debe tender a rescatar la buena noticia de la liberación de los excluidos.
¿Qué es lo que ha ocurrido en el curso de los siglos con ese lenguaje de símbolos, de imágenes, de parábolas que representa el lenguaje de Jesús? Se convierte en dogma a partir del siglo IV. Eso es una simplificación, un empobrecimiento.
¿Cuáles son los límites del diálogo interreligioso? ¿Podemos avanzar a una comunión total en lo interno?
En el diálogo interreligioso no deberíamos empezar hablando de límites. Ha de haber un diálogo sin condiciones, un encuentro en el que libremente cada una de las tradiciones exponga su concepción de la realidad, su manera de entender la espiritualidad, su manera de comprender a Dios, a lo divino, a lo trascendente. A partir de ahí, fomentar una intercomunicación, superando el paradigma “anti”, que hasta el presente ha predominado y comenzar a fomentar el paradigma “inter”. Es preciso encontrar espacios abiertos de encuentro y comunicación.
¿Algo se avanza en esa dirección…?
Sí, pero para ello será preciso que las religiones se desdogmaticen. Para ello será preciso “etizar”, “espiritualizar”, “ecologizar” las religiones. Sin duda lo más importante para ese diálogo es superar la concepción dogmática de la religión y con ello el respeto al pluralismo y la diversidad. Tampoco en aras de la unión podemos ir a un mismo y único rito. Es preciso respetar la particularidad de cada una de las religiones.
¿Dónde se ubicaría Jesús de Nazaret en el mapa espiritual de nuestros días? Jesús no renunciaría a su propia tradición. Jesús vivió la propia religión judía de sus padres, pero desde una perspectiva crítica y humanista. Él no es un creyente fundamentalista, sino un creyente crítico. Cuestiona el templo, las instituciones, los ritos, los sacrificios, la propia ley, si no se coloca al servicio del ser humano. El arraigo en una tradición es importante y Jesús lo estaba. Jesús es tradicional en cuanto que vive la experiencia de fe de sus padres, pero no es tradicionalista, en cuanto que no absolutiza la tradición.
Una cosa es la tradición necesaria, en cuanto referencia a los orígenes, a las propias raíces, a la herencia cultural, que no se puede dilapidar, y otra es el tradicionalismo. Jesús nunca impone, sino que dice: “Si quieres seguirme, éste es el camino”. Jesús en nuestros días estaría abierto, con todos los respetos, a otras vivencias espirituales.
¿No mira el cristianismo de progreso en exceso hacia Roma, en lugar de tomar propia iniciativa?
El cristianismo progresista europeo está muy a la defensiva. Mira mucho a Roma no tanto para seguir las pautas que de allí emanan, sino para oponerse. Tiene demasiado de “anti”. Cuando el Vaticano tiene actitudes contrarias a la democracia y a la libertad es preciso criticarlo, pero no hay que obsesionarse con la jerarquía. El cristianismo de progreso gasta más energía en luchar contra la jerarquía, que en construir una alternativa de Iglesia. La crítica es necesaria, pero lo es más la alternativa. Las protestas son importantes, pero tienen que ir acompañadas de propuestas de nuevos modelos.
¿Rasgos de la nueva espiritualidad…?
La espiritualidad no necesita de las instituciones de forma necesaria. Vamos hacia una espiritualidad sin adjetivos, hacia una interespiritualidad basada en la diversidad de vivencias en función del contexto cultural, de la tradición religiosa particular.
Soy partidario de una unión en lo interno. Una espiritualidad sin adjetivos debe nacer de la propia subjetividad, de la interioridad del ser humano, de sus propias vivencias. La experiencia espiritual tiene ese componente personal. La institución frena esta experiencia. La experiencia no puede ser dirigida, ni controlada por la institución.
¿Riesgo de uniformidad?
Yo no soy partidario de una espiritualidad uniforme. Se puede caer en el pensamiento único y la diversidad es una riqueza de lo humano. La diversidad cultural y religiosa supone una inmensa riqueza humana. La diversidad biológica es una inmensa diversidad de la vida. La diversidad de planetas es una riqueza del cosmos y así sucesivamente…
¿Otros rasgos de la nueva espiritualidad?
Ha de ser comunitaria. El sujeto de la espiritualidad es el “yo”, pero un “yo” como hermano. No es un “llanero solitario”, ni “un lobo estepario”. El ser humano en cuanto que ser social, se construye en relación con el otro. El “yo” necesita un “tú”. La famosa frase de Desmond Mpilo Tutu refleja muy bien este principio: “Yo soy, si tú eres”. Es decir, la subjetividad tiene que comunicarse con otras subjetividades y así se convierte en espiritualidad “intersubjetiva” o comunitaria. Las experiencias subjetivas se dan en un entorno de comunidad.
La nueva espiritualidad tiene que ser también ecológica, respetuosa de la casa del ser humano. ¿Dónde nos encontramos más cómodos? En nuestra propia casa, en la naturaleza, por supuesto cuando el clima lo permite. Para que la espiritualidad subjetiva y al mismo tiempo comunitaria se desarrolle plenamente ha de vivirse en la propia naturaleza, que es nuestra casa, nuestro hogar común. El cosmos, la naturaleza, la Tierra es el lugar ideal donde el creyente vive su propia experiencia religiosa. Es preciso recuperar esa idea de carácter sagrado de la naturaleza. Las religiones cósmicas consideran el árbol, la Tierra, la tormenta, la cueva, la cumbre… elementos y espacios sagrados. Yo creo que tienen razón.
¿La religión ha de volver a pactar con la Tierra?
Hemos de ser más humildes y llegar a un pacto con la Tierra. La secularización no está en contra de reconocer la sacralidad de la naturaleza. Sólo reconociendo esta sacralidad el ser humano se verá obligado a respetarla en su integridad. Por lo tanto, la espiritualidad subjetiva y comunitaria considera a la naturaleza como el lugar ideal de encuentro con lo sagrado, con el misterio, con lo divino…, cada uno encuentre la palabra adecuada. Es preciso evitar a toda costa el antropocentrismo de la modernidad. El ser humano no puede vivir sin la naturaleza.
¿Hay referencias bíblicas a esta espiritualidad inserta en la naturaleza?
Donde yo veo mejor reflejado ese pacto, que es el punto de partida de la nueva espiritualidad ecológica, es en el símbolo del Génesis del arco iris. Hay un texto bíblico precioso tras el diluvio universal. Dios dice que nunca más anegará a la Tierra con las aguas y que establecerá un pacto con la naturaleza y el ser humano. Inspirándome en Raimon Panikkar, yo llamo a ese pacto “cosmoteándrico”, ya que en él intervienen tres actores: Dios, el cosmos y el propio ser humano.
Bibliografía de Juan José Tamayo
• Por una Iglesia del pueblo. Madrid, Mañana, 1976.
• Para comprender la teología de la liberación. Estella, Verbo Divino, 1989.
• Conceptos fundamentales del cristianismo. Madrid, Trotta, 1993.
• Diez palabras clave sobre Jesús de Nazaret. Estella, Verbo Divino, 2000.
• Nuevo paradigma teológico. Madrid, Trotta, 2003.
• Adiós a la cristiandad. Barcelona, Ediciones B, 2003.
• Fundamentalismos y diálogo entre religiones Editorial Trotta, 2004.
• Hacia la comunidad 1. La marginación, lugar social de los cristianos Trotta, Madrid, 1995.
• Hacia la comunidad 2. Iglesia profética, Iglesia de los pobres. Trotta, Madrid, 1994.
• Hacia la comunidad 4. Imágenes de Jesús. Condicionamientos sociales, culturales, religiosos y de género. Trotta, Madrid, 1996.
• Hacia la comunidad 6. Dios y Jesús. El horizonte ético de Jesús de Nazaret. Trotta, Madrid, 2000.
• Hacia la comunidad 3. Los sacramentos, liturgia del prójimo. Trotta, Madrid, 1995.
• Hacía la comunidad 5. Por eso lo mataron. El horizonte ético de Jesús de Nazaret. Trotta, Madrid.
• Iglesia y sociedad en España Trotta, Madrid, 2005. En colaboración con José María Castillo.
• Nuevo diccionario de teología Trotta, Madrid, 2005.
Fuente: Entrevista de Koldo Aldai para la Fundación Ananta. Visto en Portal Dorado
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Etiqueta Juan José Tamayo
2/9/08
Los 'best sellers' espirituales
(Este artículo es continuación del anterior: Somos laicos, pero nos interesa Dios).
Guía para entender la atracción que ejercen las religiones sobre los laicos.
- José Antonio Pagola
Jesús. Una aproximación histórica.
PPC, Madrid, 2008.
Exposición rigurosa de las investigaciones actuales sobre el Jesús histórico. Censurado por la Comisión para la Doctrina de la Fe, en septiembre aparecerá la nueva edición con el nihil obstat del obispo de San Sebastián.
- Benedicto XVI
Jesús de Nazaret.
La Esfera de los Libros, 2007.
Meditación del Papa sobre Cristo que "no es en modo alguno un acto magisterial". Intenta demostrar que los evangelios transmiten al auténtico Jesús histórico.
- Roger Haight
Jesús símbolo de Dios.
Trotta, Madrid, 2007.
Censurado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, propone una cristología simbólica y no dogmática. Y reflexiona sobre Jesús de Nazaret en un clima de diálogo entre religiones.
- E. Pagels y Karen L. King
El Evangelio de Judas y la formación del cristianismo.
Kairós, Barcelona, 2008.
Traducción del manuscrito copto del Evangelio de Judas, fundamental para conocer el origen del cristianismo y recuperar voces heterodoxas sofocadas por la ortodoxia triunfante.
- Armand Puig
Un Jesús desconocido. Las claves del Evangelio gnóstico de Tomás
Ariel, Barcelona, 2008.
Estudio sobre el más importante de los enigmáticos textos que forman el grupo de los evangelios gnósticos.
- Karen L. King
María de Magdala. Jesús y la primera Apóstol.
Poliedro. Barcelona, 2007.
Comentario del apócrifo Evangelio de María, que subraya el protagonismo de María Magdalena, a quien presenta como discípula ejemplar y maestra, líder y primera apóstol en comunicación directa con Jesús.
- Jane Schaber
La resurrección de María Magdalena. Leyendas, apócrifos y Testamento cristiano.
Verbo Divino, Estella, 2008.
Reconstrucción de María Magdalena a través de una rigurosa investigación de los textos bíblicos del Antiguo y el Nuevo Testamento, los escritos gnósticos, la arqueología, el arte y las leyendas, teniendo como modelo hermenéutico la figura y el pensamiento de Virginia Wolf.
- Antonio Piñero y J. Peláez
Los libros sagrados en las grandes religiones.
Los fundamentalismos.
El Almendro, Córdoba, 2007.
Análisis de los libros sagrados de las grandes religiones y de las interpretaciones rigoristas que dan lugar a los fundamentalismos religiosos, fenómeno hoy en ascenso, que tiene importantes repercusiones en la vida política.
- Alfonso Pérez-Agote
Religión y política en la sociedad actual.
UCM-CIS, Madrid, 2008.
Estudio sobre la funcionalidad política de las religiones en las sociedades europeas occidentales en el horizonte de la secularización y de la globalización, con atención especial en España.
- Mariá Corbí
Hacia una espiritualidad laica.
Herder, Barcelona, 2007.
En plena crisis de las religiones, propone recuperar la sabiduría humana y espiritual de las grandes tradiciones religiosas en el actual contexto laico, a través de una nueva y creativa espiritualidad laica.
- R. Rorty y Gianni Vattimo
El futuro de la religión.
Paidós. Barcelona, 2006.
Ofrece claves sugerentes para entender y vivir la religión en una sociedad posreligiosa desde el diálogo.
- Marcel Gauchet
El desencantamiento del mundo. Una historia política de la religión.
Trotta, Madrid, 2006.
Análisis político y filosófico sobre la retirada de la religión en un mundo estructurado por ésta.
- Antonio Piñero
Jesús y las mujeres
Aguilar, Madrid, 2008.
Recorrido por los textos de la literatura evangélica, canónica y apócrifa, de los tres primeros siglos sobre la relación de Jesús con las mujeres y el lugar de éstas en el cristianismo primitivo, intentando distinguir lo que pensaba Jesús y lo que pensaban los autores de los evangelios.
Fuente: Artículo de Juan José Tamayo publicado en el periódico El País
Guía para entender la atracción que ejercen las religiones sobre los laicos.
- José Antonio Pagola
Jesús. Una aproximación histórica.
PPC, Madrid, 2008.
Exposición rigurosa de las investigaciones actuales sobre el Jesús histórico. Censurado por la Comisión para la Doctrina de la Fe, en septiembre aparecerá la nueva edición con el nihil obstat del obispo de San Sebastián.
- Benedicto XVI
Jesús de Nazaret.
La Esfera de los Libros, 2007.
Meditación del Papa sobre Cristo que "no es en modo alguno un acto magisterial". Intenta demostrar que los evangelios transmiten al auténtico Jesús histórico.
- Roger Haight
Jesús símbolo de Dios.
Trotta, Madrid, 2007.
Censurado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, propone una cristología simbólica y no dogmática. Y reflexiona sobre Jesús de Nazaret en un clima de diálogo entre religiones.
- E. Pagels y Karen L. King
El Evangelio de Judas y la formación del cristianismo.
Kairós, Barcelona, 2008.
Traducción del manuscrito copto del Evangelio de Judas, fundamental para conocer el origen del cristianismo y recuperar voces heterodoxas sofocadas por la ortodoxia triunfante.
- Armand Puig
Un Jesús desconocido. Las claves del Evangelio gnóstico de Tomás
Ariel, Barcelona, 2008.
Estudio sobre el más importante de los enigmáticos textos que forman el grupo de los evangelios gnósticos.
- Karen L. King
María de Magdala. Jesús y la primera Apóstol.
Poliedro. Barcelona, 2007.
Comentario del apócrifo Evangelio de María, que subraya el protagonismo de María Magdalena, a quien presenta como discípula ejemplar y maestra, líder y primera apóstol en comunicación directa con Jesús.
- Jane Schaber
La resurrección de María Magdalena. Leyendas, apócrifos y Testamento cristiano.
Verbo Divino, Estella, 2008.
Reconstrucción de María Magdalena a través de una rigurosa investigación de los textos bíblicos del Antiguo y el Nuevo Testamento, los escritos gnósticos, la arqueología, el arte y las leyendas, teniendo como modelo hermenéutico la figura y el pensamiento de Virginia Wolf.
- Antonio Piñero y J. Peláez
Los libros sagrados en las grandes religiones.
Los fundamentalismos.
El Almendro, Córdoba, 2007.
Análisis de los libros sagrados de las grandes religiones y de las interpretaciones rigoristas que dan lugar a los fundamentalismos religiosos, fenómeno hoy en ascenso, que tiene importantes repercusiones en la vida política.
- Alfonso Pérez-Agote
Religión y política en la sociedad actual.
UCM-CIS, Madrid, 2008.
Estudio sobre la funcionalidad política de las religiones en las sociedades europeas occidentales en el horizonte de la secularización y de la globalización, con atención especial en España.
- Mariá Corbí
Hacia una espiritualidad laica.
Herder, Barcelona, 2007.
En plena crisis de las religiones, propone recuperar la sabiduría humana y espiritual de las grandes tradiciones religiosas en el actual contexto laico, a través de una nueva y creativa espiritualidad laica.
- R. Rorty y Gianni Vattimo
El futuro de la religión.
Paidós. Barcelona, 2006.
Ofrece claves sugerentes para entender y vivir la religión en una sociedad posreligiosa desde el diálogo.
- Marcel Gauchet
El desencantamiento del mundo. Una historia política de la religión.
Trotta, Madrid, 2006.
Análisis político y filosófico sobre la retirada de la religión en un mundo estructurado por ésta.
- Antonio Piñero
Jesús y las mujeres
Aguilar, Madrid, 2008.
Recorrido por los textos de la literatura evangélica, canónica y apócrifa, de los tres primeros siglos sobre la relación de Jesús con las mujeres y el lugar de éstas en el cristianismo primitivo, intentando distinguir lo que pensaba Jesús y lo que pensaban los autores de los evangelios.
Fuente: Artículo de Juan José Tamayo publicado en el periódico El País
29/3/08
La lucha de los monjes de Tíbet, por Juan José Tamayo

En el imaginario social está muy extendida la idea de que los principios morales del budismo son intemporales, irreformables y sólo practicables por una minoría de iniciados dentro de la tradición budista. Se cree que carecen de significación histórica y de relevancia social, y que apenas pueden hacer aportaciones importantes en el actual debate ético y en las nuevas propuestas morales para la regeneración de la sociedad, la construcción de un mundo más habitable y la búsqueda de un modelo de desarrollo sostenible. Las pasadas movilizaciones pacíficas de los monjes budistas de Myanmar contra la dictadura militar que oprime al país desde hace casi medio siglo y las más recientes de los monjes de Tíbet contra la ocupación china constituyen un mentís a dicho imaginario y un ejemplo de compromiso cívico en defensa de la libertad. Estamos ante una revolución no violenta que se inspira en los principios del budismo, reformulados y reinterpretados en los nuevos contextos culturales, sociales, políticos, económicos y religiosos y que demuestran la vigencia del ideal budista de una Humanidad sin sufrimiento, de un mundo interdependiente y de una sociedad pacificada y pacificadora tanto a nivel interior como exterior.
Uno de los intentos más luminosos en esta línea es la reformulación de los Cinco Maravillosos Preceptos del budismo llevada a cabo por Thich Nhat Hanh, monje vietnamita exiliado en Francia desde hace varias décadas, cuyo objetivo es transformar el sufrimiento en vida feliz, aprender el arte de vivir en la belleza y ser solidario con todos los seres del Universo.
El primer precepto es no matar, que Nhat Hanh traduce como cultivar la compasión, poner todos los medios al alcance de cada uno para proteger la vida, no causar daño a la naturaleza ni a los seres humanos, practicar la no violencia. Consciente del sufrimiento causado por la destrucción de la vida, se compromete a cultivar la compasión y a proteger la vida de las personas, animales, plantas y minerales. Se muestra resuelto a no matar, a no dejar que otros maten y a no tolerar ningún acto mortal en el mundo, tanto en su pensamiento como en su forma de vivir.
El segundo es no robar, que Nhat Hanh traduce como no poseer nada que pertenezca a otra persona ni enriquecerse a costa del dolor de otros seres humanos y del resto de las especies de la tierra. Consciente del sufrimiento causado por la explotación de la injusticia social, el robo y la opresión, el monje vietnamita hace el voto de cultivar la ternura y trabajar por el bienestar de las personas, animales, plantas y minerales, de practicar la generosidad al compartir su tiempo, energía y recursos materiales con aquéllos que están necesitados. Está resuelto a no robar y a no poseer nada que pertenezca a otros, a respetar la propiedad de los demás y a impedir que otros se aprovechen del sufrimiento humano o del sufrimiento de otras especies de la Tierra.
El tercer precepto es abstenerse de conductas sexuales inapropiadas, que implica tener un comportamiento sexual responsable, caer en la cuenta de los sufrimientos que se ocasionan a los demás por la mala conducta de uno, respetar los derechos y compromisos de los demás para asegurar la propia felicidad y la de los otros y afirmar la unidad de cuerpo y mente. Consciente del sufrimiento causado por la conducta sexual irresponsable, Nhat Hanh llama a cultivar la responsabilidad y a proteger la seguridad e integridad de los individuos, de las parejas y de la sociedad. Se muestra resuelto a no implicarse en relaciones sexuales sin amor y a hacer todo lo que esté en su mano para proteger a los niños de abusos sexuales.
El cuarto es no mentir, que Nhat Hanh traduce por decir la verdad, no exagerar, no tener un lenguaje inmundo, no tener lengua viperina, hablar consciente y responsablemente y escuchar atentamente, no difundir informaciones sin la seguridad de su certeza, no pronunciar palabras que causen odio o división en la comunidad o la familia, hacer todo lo posible para lograr la conciliación y de los conflictos. Consciente del sufrimiento causado por hablar inconscientemente y por la incapacidad de escuchar a los demás, asume el compromiso de cultivar la palabra cariñosa y la escucha profunda a fin de proporcionar gozo y alegría a los demás y de mitigar su sufrimiento. Sabiendo que las palabras pueden crear felicidad o sufrimiento, se compromete a hablar con palabras que inspiren autoconfianza, gozo y esperanza. Está resuelto a no propagar rumores cuya veracidad desconozca y a no criticar o condenar cosas de las que no esté seguro. Se abstendrá de pronunciar palabras que puedan causar división o discordia, o que puedan provocar la ruptura de la familia o la comunidad.
El quinto precepto es no consumir sustancias que perjudiquen a la mente, como el alcohol y las drogas. El cuerpo se nos ha transmitido por generaciones anteriores y por nuestros padres; su destrucción constituye una traición tanto a las generaciones pasadas como a las futuras. Su propuesta es el consumo consciente. Consciente del sufrimiento causado por el consumo inconsciente, se compromete a cultivar una buena salud, tanto física como mental, para él, su familia y la sociedad mediante la práctica de comer, beber y consumir conscientemente, ingerir únicamente productos que preserven la paz, el bienestar y el gozo en su cuerpo, en su consciencia y en el cuerpo colectivo de su familia y sociedad. Está resuelto a no utilizar alcohol o ningún otro intoxicante y a no ingerir comidas u otros productos que contengan toxinas. Trabajará por transformar la violencia, el miedo, el odio y la confusión en sí mismo y en la sociedad practicando una dieta, para su bien y el de la sociedad. Comprende que una dieta adecuada es fundamental para la autotransformación y para la transformación de la sociedad. Con esta interpretación, Naht Hahn pretende contrarrestar la imagen pasiva del budismo en el imaginario colectivo que lleva a entender el mensaje de Buda como indiferencia ante la guerra y la injusticia, desinterés por la suerte común de la Humanidad y justificación de las situaciones de opresión.
¿Simples palabras? No. La reformulación de Nhat Hanh no se queda en el papel. Existen numerosas comunidades budistas comprometidas en el análisis de los problemas mundiales y en la mejora de las condiciones de vida de la Humanidad desde la práctica de la justicia social, la no violencia y el equilibrio ecológico. Un ejemplo es la Red Internacional de Budistas Comprometidos, cuyos ámbitos de trabajo son: la educación alternativa y la formación espiritual, el pacifismo, los derechos humanos, la lucha por emancipación de las mujeres, la ecología, la familia, el desarrollo rural, las economías alternativas, la comunicación y los problemas de los monjes y de las monjas, que han de compaginar la contemplación y la acción.
La lucha de los monjes budistas de Tíbet, que cuenta con el apoyo y la solidaridad de numerosos ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo, viene a demostrar que el budismo está comprometido con la libertad de expresión, la democracia y la dignidad humana, y que la compasión que predica se traduce en compromiso con los derechos humanos, sociales, ecológicos y culturales de los pueblos. Así lo ha manifestado el Dalai Lama, tras denunciar el peligro de «genocidio cultural» que se cierne sobre Tíbet. Evitarlo es tarea de todos, sobre todo de los dirigentes chinos, de las organizaciones internacionales y de las religiones.
Juan José Tamayo. Director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III.
Fuente: Periódico La Verdad (29/03/08). Visto en el blog Planeta Conciencia
Más artículos de Juan José Tamayo en este blog
26/10/07
Juan José Tamayo: «Beatificación selectiva y excluyente»

El teólogo Juan José Tamayo calificó hoy de "involución" de la Iglesia católica española la beatificación de 498 mártires de la Guerra Civil el próximo 28 de octubre en Roma.
Tamayo declaró a Servimedia que la citada beatificación "supone un cambio de actitud de la jerarquía católica y de Roma", que tanto en 1971 como en 1985 expresaron que "no eran partidarios de la beatificación de los mártires" de esa guerra.
Por contra, añadió, la Iglesia española "pidió perdón porque no había sido testigo de reconciliación durante la Guerra Civil en un pueblo dividido entre hermanos".
A renglón seguido, Tamayo se preguntó por qué la jerarquía católica española ha cambiado para promover esta iniciativa.
"Este cambio responde a un proceso involutivo que llevamos viviendo en la Iglesia española en los últimos 20 años", se contestó.
Además, el teólogo consideró que ese cambio de actitud de los obispos "les lleva a utilizar todo tipo de actos y de intervenciones para dar un tinte de confrontación política con el Gobierno".
"Además, sorprende que esta beatificación coincida con el debate y es previsible que con la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica", apostilló.
Asimismo, Tamayo dijo que esta beatificación le resulta "dudosa y con poco nitidez", porque las motivaciones de la Guerra Civil española fueron políticas. "Es muy peligroso y muy delicado calificar de mártires a personas que tuvieron también implicaciones claramente políticas", recalcó.
En este sentido, concluyó que "en realidad se trata de unas beatificaciones selectivas y muy excluyentes, porque hasta ahora sólo se ha beatificado a personas que fueron víctimas del bando nacional, pero también en el bando republicano hubo muchos creyentes, algunos de los cuales fueron también ejecutados".
Fuente: Religión Digital
Más información de Juan José Tamayo en Wikipedia
4/10/07
Los monjes budistas y el compromiso cívico, por Juan José Tamayo

La imagen que suele tenerse del budismo, al menos en Occidente, es la de una religión o cosmovisión que huye del mundanal ruido por considerarlo impuro y se refugia en la contemplación para no mancharse las manos ni contaminar la mente con preocupaciones mundanas. Según esa imagen, la interioridad es lo que conforma el universo budista: la vida interior, la paz interior, la liberación interior, el viaje hacia el interior de uno mismo. La huida del mundo lleva derechamente a su negación. El ideal budista solemos situarlo, casi inconscientemente, en el monje que vive austeramente, depende de la generosidad de los laicos, pasa el día meditando, es insensible a los problemas de la sociedad y renuncia a sus compromisos cívicos porque su meta está en lograr la reconciliación consigo mismo.
Estamos, ciertamente, ante un estereotipo que ni se corresponde con la doctrina y la ética budistas ni resiste la prueba de la realidad. El budismo posee un componente liberador que la actual hermenéutica está intentando descubrir. La compasión no se queda en un sentimiento interior inoperante, sino que se canaliza hacia los pobres a través de la participación en los movimientos de liberación. Se intenta practicar una espiritualidad socialmente comprometida. La profundización de la conciencia lleva a la generosidad de espíritu, al tiempo que proporciona la energía necesaria para activar la compasión. La paz en cada momento de la propia vida es condición necesaria para que pueda instaurarse la paz en el mundo.
Especial importancia adquieren los grandes principios budistas: el origen interdependiente de todas las cosas y la interrelación de toda la vida, la compasión hacia todos los seres, la no violencia, el cuidado de todo lo existente, la eliminación del sufrimiento. A la luz de ellos, algunos intelectuales seguidores del Buda han llevado a cabo una nueva articulación de las distintas vertientes de la justicia y la paz: social, racial, ambiental, sexual, etcétera. Un buen ejemplo son las reflexiones del monje budista Thich Nhat Hanh que se opone al dualismo exterior-interior, subraya la continuidad entre uno y otro ámbitos y considera la paz interior como cauce para la reconciliación inter-humana. El mundo es nuestro yo ampliado. Por eso es necesario cuidarlo y activarlo, afirma en su excelente libro Buda viviente, Cristo viviente.
La imagen de un budismo que pasa de puntillas por la historia se quiebra cuando vemos a monjes que se autoinmolan públicamente para denunciar situaciones de injusticia estructural y guerras imperialistas, que participan en las movilizaciones de los movimientos de resistencia global junto con no creyentes y creyentes de otros credos, y luchan contra las estrategias excluyentes de la globalización neoliberal; cuando conocemos a comunidades budistas que ponen en práctica alternativas sociales, políticas y económicas inclusivas y que participan en plataformas de diálogo inter-religioso e intercultural en busca de una ética común emancipatoria compartida con otras religiones, culturas y cosmovisiones.
Durante la guerra de Vietnam, Thich Nat Hanh creó la Orden de la Inter-entidad, comprometida en la vida cotidiana y en la sociedad. Su filosofía se resume en este principio: “Yo soy, en consecuencia tú eres. Tú eres, en consecuencia yo soy. Éste es el significado del término inter-entidad. Todos inter-somos”. La orden aborda los problemas de la justicia y la paz sociales y sensibiliza a sus seguidores a contrastar su conducta con las necesidades de la comunidad.
En el movimiento pacifista causó un fuerte impacto el caso de una joven de familia noble asociada a la citada Orden de la Inter-entidad, que se quitó la vida en un templo budista para llamar la atención sobre la necesidad de buscar la paz y la prosperidad para toda la humanidad. Un mentís similar a la idea de pasividad que se cree inherente al budismo se produce en Sri Lanka donde los monjes participan activamente en la vida política.
El Dalai Lama es hoy uno de los referentes mundiales más luminosos en el trabajo por la paz y la defensa de los derechos humanos a partir de una doble revolución: ética y espiritual, que compagina armónicamente la compasión para con los otros y la liberación interior. “Toda revolución espiritual entraña una revolución ética”, afirma en su libro El arte de vivir en el nuevo milenio, pero entendiendo por espiritualidad no la religión como sistema de creencias sino el cultivo de valores como la tolerancia, la compasión, el perdón, la búsqueda de la felicidad, la eliminación del sufrimiento, el amor, la solidaridad, etcétera.
El ejemplo más reciente e impactante de un budismo que armoniza ética y espiritualidad es el de los monjes y las monjas budistas de Myanmar, que gozan de un gran respeto y reconocimiento entre sus conciudadanos por su estilo de vida austero y por sus actitudes siempre solidarias con los sectores más marginados de la población.
Ellos se han colocado en la vanguardia de la revolución azafrán liderando las manifestaciones populares, que han logrado reunir a más de trescientas mil personas, y han unido sus fuerzas a las de organizaciones sociales y políticas de la oposición como la Liga Nacional para la Democracia (triunfadora en las elecciones de 1990), de la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Syi, para luchar contra la dictadura y la represión militar, construir una sociedad democrática, combatir la corrupción generalizada, que está instalada en la cúpula de la junta militar gobernante, y erradicar la pobreza en la que vive sumida la mayoría de la población. Con su actitud dicen al mundo entero que entre espiritualidad y lucha por la justicia no hay contradicción.
Los monjes están demostrando un gran coraje cívico al resistir pacíficamente, en la mejor tradición budista, a la violencia de los militares que los reprime, encarcela y asesina. Todo un ejemplo de compromiso cívico y una prueba más de que la religión no siempre es opio del pueblo, sino, como dijera el mismo Marx, “el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación carente de espíritu”.
Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid
Fuente: El País (03/10/2007)
12/9/07
"Gol en propia puerta", por Juan José Tamayo

La asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos constituye uno de los logros más importantes de la última reforma educativa. Viene a llenar una de las más graves carencias de nuestro sistema de enseñanza, cual es la educación cívico-democrática de los ciudadanos y ciudadanas, en aplicación del artículo 27.2 de la Constitución española: "La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales".
Sin embargo, desde que se anunciara la elaboración de la ley que regula dicha asignatura no han cesado las críticas y el rechazo de importantes e influyentes sectores de la Iglesia católica. Dos son los argumentos en que dicen apoyar su rechazo. Uno, que el Estado se arroga un derecho que sólo a los padres corresponde: la educación de la conciencia moral de sus hijos. Otro, que la asignatura va a convertirse en una herramienta eficacísima del Gobierno para el adoctrinamiento político y para la imposición de su ideología laicista. En un acto, a mi juicio, de irresponsabilidad cívico-democrática y de desprecio absoluto por las leyes, el arzobispo de Toledo, el cardenal Antonio Cañizares, ha ido todavía más lejos en las valoraciones hasta atreverse a decir que "colaborar con la implantación de la nueva asignatura es colaborar con el mal". En este maratón de descalificaciones, algunos sectores católicos han llegado a comparar la Educación para la Ciudadanía con la Formación del Espíritu Nacional del franquismo.
Tras el rechazo a la asignatura, hay dos estrategias en marcha dentro de la Iglesia católica, a mi juicio perfectamente armonizadas desde la jerarquía eclesiástica, las dos tendentes a dificultar su puesta en práctica, a limitar su importancia en el currículo escolar y a desnaturalizar el espíritu que la anima: una, el boicot, defendido por la Concapa y numerosos obispos; otra, impartir la asignatura, adaptada al ideario de los centros católicos, apoyada por la FERE y por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, si bien éste ha expresado su desacuerdo con la asignatura y deja en manos de los padres las decisiones a adoptar.
El Ministerio de Educación ha recibido con alivio la actitud de la patronal de los colegios católicos, la considera un gesto de distensión en las tensas relaciones entre la Iglesia católica y el Gobierno socialista, y presenta como éxito propio el haber conseguido integrar a un sector importante de la escuela católica en la nueva asignatura y el haber frenado el golpe de la objeción de conciencia. Yo creo, sin embargo, que no estamos ante un éxito gubernamental, ni hay razones para el alivio ministerial ni el gesto de la FERE implica distensión alguna. Todo lo contrario. Lo que ha sucedido es que, en la confrontación entre los dirigentes eclesiásticos y el Gobierno, de nuevo han vuelto a ganar la partida los primeros.
¿Por qué? Muy sencillo. Para evitar una "sublevación" de la jerarquía católica y de influyentes sectores de la patronal de la enseñanza, la asignatura ha sufrido tal cúmulo de modificaciones que la hacen poco menos que irreconocible. Como resultado de las negociaciones con la Conferencia Episcopal y con otras instituciones católicas, se hicieron importantes recortes en aquellos contenidos que pudieran entrar en fricción con la doctrina moral católica. Por ejemplo, el estudio de los distintos modelos de familia, incluido el matrimonio homosexual. Las sucesivas concesiones iban desnaturalizando un proyecto que nació con una orientación claramente laica y que corre el peligro de confesionalizarse.
Pero la mayor desnaturalización se ha producido al conceder a los colegios la libertad de adaptar los contenidos de la asignatura al ideario de centros. De esta manera, la Constitución española y las leyes democráticas se supeditan a una ideología que puede ser contraria a las mismas y que puede llevar a su deslegitimación e incumplimiento. Por ejemplo, la ley de divorcio será considerada por los centros con ideario católico contraria al orden divino y a la ley natural y explicada como un atentado contra la familia; la ley de interrupción voluntaria del embarazo puede ser interpretada como una incitación al crimen, más aún, al asesinato de los inocentes; los matrimonios homosexuales serán explicados como uniones inmorales e ilegales. ¡De nuevo la Constitución y las leyes democráticas sometidas a la religión! A eso cabe añadir la reducción de horas de la asignatura: en algunas comunidades, una hora por semana.
Con la actual modalidad de la Educación para la Ciudadanía los colegios religiosos tienen no ya una, sino dos plataformas de indoctrinamiento y de reproducción ideológica: la asignatura de Religión confesional, que escapa al control de las instituciones académicas porque sus libros de texto y son profesores son competencia de los obispos, y la de Educación para la Ciudadanía, que puede utilizarse para transmitir creencias religiosas más que valores cívicos. El Gobierno se ha metido un gol en propia puerta.
En el pulso de la Iglesia católica con el Gobierno ha vuelto a ganar la Iglesia, y por cuarta vez durante esta legislatura. Primero fue la negativa a denunciar los Acuerdos con la Santa Sede, muy beneficiosos para la Iglesia católica. Después, la Ley Orgánica de Educación, que considera la religión confesional como materia evaluable y contempla una alternativa. Posteriormente, la subida del tipo del 0,52% al 0,7% en la declaración de la renta a favor de la Iglesia católica, con exclusión de las otras iglesias y religiones. Y ahora, la desnaturalización y, en cierta medida, la confesionalización de la Educación para la Ciudadanía.
Hace unos días se preguntaba Bonifacio de la Cuadra en estas mismas páginas: "¿Para cuándo el Estado laico?". Yo le respondo: ad kalendas graecas. La actual orientación política nos lleva justamente en dirección contraria.
Juan José Tamayo es director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Desde la heterodoxia. Reflexiones sobre laicismo, política y religión.
Fuente: El País (12-09-2007)
8/9/07
La Hospitalidad, principio ético de las religiones, por Juan José Tamayo

La hospitalidad es exigencia de humanidad, tanto para quien recibe como para el que es recibido, y exige de ambos que sean ante todo humanos y renuncien a su inhumanidad.
Se sitúa más allá del etnocentrismo. No conoce límites ni fronteras. Comporta acoger al prójimo, al vecino, al compañero, al amigo, al pariente, pero también al extraño, al lejano, al desconocido, al extranjero y, en nuestro caso, al inmigrante. Todos ellos entran en mi mundo y se convierten en prójimos-próximos.
“La hospitalidad –afirma Yves Cattin- pone en marcha unos procesos de conocimiento y reconocimiento recíprocos. Siquiera por este motivo es la forma primera y última del respeto a los derechos humanos”.
Como recuerda Fernando Savater en el epílogo de la 32 edición de Ética para Amador, la palabra “huésped” en castellano significa tanto la persona que se aloja en casa de otro como el otro que lo acoge en su casa.
Todos somos forasteros acogidos en una casa que no es la nuestra y anfitriones que acogemos a otros.
Nacer es llegar a un país extranjero. Sin la hospitalidad de los otros, no podríamos vivir. Sin nuestra hospitalidad tampoco podrían vivir quienes llegan a la vida después de nosotros.
Todos somos inmigrantes en la tierra. Por eso hemos de tratar a los demás como desearíamos ser tratados, no como a nosotros nos tratan o nos trataron. Es la ley de la reciprocidad.
La hospitalidad entre los seres humanos exige no sólo la acogida del otro, de la otra, como hermano, como hermana, sino tener la casa abierta y siempre preparada para acoger. La Naturaleza es la casa, el hogar donde vivimos. Por ello hay que respetarla, cuidarla, no destruirla.
Sin embargo, la actitud hacia la Naturaleza es, con frecuencia, iconoclasta, demoledora. El ser humano, nacido para cultivar celosamente la Tierra, se ha convertido en Satán de la Tierra, en bio-cida y geo-cida, en homi-cida y etno-cida, afirma con razón Leonardo Boff.
La hospitalidad exige también evitar el dispendio de los recursos naturales, que son limitados, proteger el medio ambiente y no someterlo a los mecanismos de opresión. Si los seres humanos tenemos nuestros derechos, también la naturaleza tiene los suyos, y deben ser respetados. Y cuanto más los respetemos más armónicamente viviremos en y con ella.
La hospitalidad hacia el extranjero es principio ético de las religiones. La hospitalidad hacia el extranjero es una virtud muy extendida en la cultura semita y mediterránea; más aún, es un rasgo distintivo de esa cultura. En el mundo griego, los extranjeros y mendigos eran tenidos por enviados de Zeus y debían ser tratados con veneración y respeto como se le trataba a Él.
Vamos a centrarnos en el mensaje y la práctica de Jesús de Nazaret para con los extranjeros que, por su sentido humanitario, pueden servir de referencia en la elaboración de leyes de inmigración.
La práctica de la hospitalidad se encuentra en el centro de la predicación y de la vida de Jesús y en su movimiento de seguidores y seguidoras.
A lo largo de su existencia itinerante de aldea en aldea, Jesús es acogido en repetidas ocasiones como huésped en casa de Pedro y Andrés (Marcos 1, 22 ss), de Leví el recaudador de impuestos (Marcos 2, 15 ss), de un fariseo, donde una mujer le perfuma (Lucas 7, 36 ss), de Marta y María, hermanas de Lázaro (Lucas 10, 48 ss).
Las parábolas, género literario más frecuente empleado por Jesús para transmitir su mensaje, se refieren a la hospitalidad (por ejemplo, Lucas 10,34 ss; 11,5 ss). En una de ellas, quizá la más emblemática del Evangelio, presenta a un Samaritano que atiende a una persona malherida como ejemplo de acogida y de compasión para con el prójimo en apuros (Lucas 10, 25 ss).
Pide que se acoja de manera hospitalaria a los discípulos que predican la Buena Noticia de la liberación por los pueblos y las ciudades de Israel (Mateo 10, 11ss; Lucas 15, 5 ss).
Uno de los momentos claves de la enseñanza de Jesús en torno a la acogida a los inmigrantes es el discurso recogido en el evangelio de Mateo (25, 31-46). Ahí aparece cuatro veces la palabra xenos (= extranjero).
La identificación de Jesús de Nazaret en este discurso con los hambrientos, los sedientos, los extranjeros, los harapientos, los enfermos y los presos, es total. El discurso llega a afirmar que negar la hospitalidad, el alimento y la bebida a las personas marginadas es negársela a Cristo, y acoger a los extranjeros, vestir al denudo, dar de beber al sediento y de comer al hambriento es lo mismo que acoger a Cristo. Dios mismo y el propio Jesús son presentados como extranjeros, aun cuando no se emplee el término xenos (extraño, extranjero) (Juan 8,19; 8,14.25ss; 9,29s).
La emigración de Jesús de Nazaret
El evangelio de la infancia de Mateo presenta a Jesús de Nazaret, hijo de José y de María, como un niño que tiene que emigrar a Egipto con su familia, por miedo a que lo mate Herodes, quien temía que pudiera destronarlo y hacerse con la realiza de Israel. Así pudo librarse de la matanza de los inocentes.
Se trata de un género literario peculiar, el de los relatos de la infancia de Jesús, cuyo objetivo es establecer el contraste entre los orígenes humildes del héroe y su encumbramiento. En esta elaboración teológica, el narrador quiere subrayar la realeza, la mesianidad de Jesús en conflicto con la espuria realeza de Herodes; para ello recurre a las profecías del Antiguo Testamento, que ve cumplidas en Jesús de Nazaret.
Se refiere concretamente a un texto del profeta Oseas que habla del amor de Dios por Israel: “Cuando Israel era niño, lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo” (Oseas 11,1). Un paralelo de este relato se encuentra en la infancia de Moisés, narrada por las tradiciones rabínicas; anunciado por magos su nacimiento, el faraón da orden de matar a todos los recién nacidos.
La vida de Jesús se caracteriza por la itinerancia y el peregrinar de Galilea, región pobre, rebelde, revolucionaria a Judea, centro religioso y político, con su capital en Jerusalén, donde fue crucificado. Jesús renuncia a un lugar fijo de residencia. Los caminos son su lugar natural. John Dominic Crossan lo compara con los filósofos cínicos griegos y lo presenta de manera muy sugerente como un “campesino judío”. Más aún, vive en constante huida.
Juan José Tamayo es Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones.
Universidad Carlos III de Madrid.
Texto entresacado del libro "Culturas y religiones en diálogo" de Juan José Tamayo y María José Fariñas, (Editorial Síntesis, Madrid, 2007). Capítulo “LA INMIGRACIÓN EN EL HORIZONTE DE LAS RELIGIONES”
Fuente: Fe adulta
17/7/07
Juan José Tamayo: "Los españoles han sabido distinguir el terrorismo de lo que es el Islam"

El reputado especialista en teología de las religiones, Juan José Tamayo, se encuentra en A Coruña esta semana como director del curso de la UIMP "Judaísmo, cristianismo e Islam: tres religiones en diálogo" que se está impartiendo en la Fundación Luis Seoane.
El teólogo, Juan José Tamayo, ofrece hoy dos charlas sobre Cristianismo en un curso de la UIMP.
¿Cuál ha sido el motivo de llevar a cabo este curso?
La razón es porque en materia de religiones, en nuestro país hay una ignorancia enciclopédica y eso se debe a que no hay ninguna asignatura en nuestra formación sobre el estudio de las religiones. El curso busca dar información objetiva y rigurosa sobre estas religiones y sobre el legado que éstas han dejado en nuestro país. Se quiere ofrecer propuestas de diálogo entre estas religiones.
¿"Tres religiones en diálogo" cuando los conflictos entre ellas han sido el denominador común?
A pesar de las afinidades existentes entre ellas, la historia de la relación entre las tres religiones ha sido una historia de confrontación permanente. Pero yo quiero proponer un nuevo paradigma: el escenario del diálogo entre las tres religiones con el objetivo de conseguir que las diferencias en las creencias sea una riqueza y un aliciente para que cada religión contribuya a la paz, la justicia y la solidaridad.
Usted también participa en este curso como ponente.
Voy a tratar el tema del cristianismo, la religión más numerosa del mundo. Voy a hacer un recorrido histórico por las principales etapas del cristianismo desde sus orígenes hasta nuestros días elaborando una tipología innovadora.
¿Cree que se debería impartir el estudio de las religiones en la escuela?
La religión es una fuente de saber y su historia refleja la gran riqueza cultural de los pueblos. No se debe de excluir el estudio de las religiones del ámbito académico pero desde una perspectiva laica y con un sentido crítico.
¿Cuál es la imagen que posee la sociedad española respecto al Islam y sus seguidores después de los atentados?
España no es el país que ha reaccionado más violentamente al Islamismo. La reacción ha sido la de no vincular el atentado con el Islam porque ése no fue un atentado del Islam sino de unos terroristas fanáticos. Han sabido distinguir el terrorismo de lo que es el Islam como religión tolerante y pacífica.
Fuente: El Ideal Gallego
16/7/07
Camino hacia el integrismo, por Juan José Tamayo

El pontificado de Benedicto XVI está derivando peligrosamente del conservadurismo al integrismo. Las constantes concesiones que hace a los movimientos tradicionalistas anclados en Trento y contrarios al Concilio Vaticano II lo ponen de manifiesto. Más que de una estrategia de diálogo y acercamiento a ellos para atraerlos de nuevo a la Iglesia católica, el papa está dando muestras inequívocas de que comparte con ellos su concepción preconciliar del catolicismo y de que pretende legitimarlos teológicamente sin contrapartidas. Y para ello está dispuesto a revisar y corregir el Concilio Vaticano II, del que él mismo fue asesor teológico.
Dos documentos recientes vienen a demostrarlo. Uno es el Motu Proprio que autoriza la vuelta a la misa en latín conforme al rito del Misal Romano promulgado por San Pío V en 1570, después del concilio de Trento, en respuesta, según palabras del papa, a las “deformaciones de la liturgia, en el límite de lo soportable”. Esta medida ha sido acogida con satisfacción por la Fraternidad San Pío X –creada por monseñor Lefebvre-, cuyo secretario general la considera “un avance capital en la restauración de la Tradición”. Yo creo que la vuelta al latín en la liturgia católica está en clara contradicción con el concilio Vaticano II, partidario de revisar todos los ritos íntegramente, si fuere necesario, para que recobren nuevo vigor, y de reformar la liturgia conforme a las circunstancias y a las necesidades de nuestro tiempo. Yo me pregunto: ¿volverán los seguidores de Lefebvre a introducir en ritual tridentino la oración “por los pérfidos judíos”, que aboliera Juan XXIII?
Entre las cuestiones teológicas que, según la Fraternidad de San Pío X, deben ser abordadas en el diálogo con Benedicto XVI como condición necesaria para su acercamiento a Roma se encuentran la libertad religiosa y el ecumenismo. Y, por supuesto, el Concilio Vaticano II, que es, a juicio de los lefebvrianos, una de las causas fundamentales de la grave crisis de la Iglesia Católica, reconocida por el cardenal Ratzinger en múltiples ocasiones.
Pues bien, para contentar a los tradicionales, el ecumenismo y el Vaticano II han sido objeto de revisión en el documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe en torno a Ciertos aspectos de la doctrina sobre la Iglesia, que acaba de hacerse público con la aprobación del papa. Siguiendo la lógica excluyente de la declaración Dominus Iesus, de la misma Congregación, cuando era su presidente el actual Pontífice, y recurriendo al esquemático género literario del catecismo (preguntas-respuestas), intenta demostrar que el Concilio Vaticano II no supuso cambio alguno en la doctrina sobre la Iglesia y que la Iglesia Católica es la verdadera y única Iglesia de Cristo, con exclusión expresa de las Iglesias orientales, porque no reconocen la autoridad del “Obispo de Roma y Sucesor de Pedro”, y de las Comunidades cristianas nacidas de la Reforma, a quienes ni siquiera reconoce como “Iglesias” porque no tienen la sucesión apostólica mediante el sacramento del Orden.
Tales respuestas desnaturalizan el espíritu inclusivo del Concilio, falsean objetivamente su letra y se sitúan en las antípodas de la actitud dialogante de Juan XXIII y Pablo VI. Con una actitud tan excluyente como la de la declaración se rompen todos los puentes de comunicación del catolicismo con las demás iglesias cristianas y se hace imposible, en la práctica, el diálogo ecuménico -ya de por sí muy deteriorado-. Lo que resulta más preocupante si cabe, ya que dicho diálogo era una de las prioridades del pontificado de Benedicto XVI. La conclusión de esta secuencia de actuaciones no puede ser más desesperanzadora, pues, como afirma Raimon Panikkar, “sin diálogo, el ser humano se asfixia y las religiones se anquilosan”, y, añado yo, los creyentes pueden revivir el viejo espíritu de las guerras de religiones.
Además, el Concilio está por encima de cualquier instancia autoritativa en la Iglesia y, por supuesto, sobre la interpretación distorsionada que pueda ofrecer una Congregación, en este caso la de la Doctrina de la Fe. Más aún si se trata de un Concilio Ecuménico como el Vaticano II, el más numeroso de toda la historia, que reunió a todos los obispos del mundo, contó con la presencia de observadores de todas las iglesias cristianas y aprobó una serie de documentos de obligado cumplimiento para todos los católicos, empezando por el papa, el primero en desarrollarlo y aplicarlo.
Creo que existe un amplio consenso entre los teólogos, las teólogas y los obispos en que el Concilio Vaticano II cambió, y sustancialmente, la doctrina anterior sobre la Iglesia. Ésta no se considera como sociedad perfecta, jerárquica y desigual por voluntad divina (así la definieron los papas León XIII y Pío X, entre otros). Se autocomprende, más bien, como misterio, pueblo de Dios y comunidad de creyentes, en la que todos los cristianos, del papa a los creyentes de a pie, son iguales por el bautismo. Se ponían así las bases para la democratización de la institución eclesiástica, que hasta entonces se estructuraba al modo estamental a través de la oposición clérigos-laicos, jerarquía-pueblo, Iglesia discente-Iglesia docente, más propia del Medioevo que de la modernidad.
El cardenal Suenens, uno de los padres conciliares que más impulsaron la reforma, calificó el Concilio de “revolución copernicana”. Para el cardenal Montini, luego Pablo VI, el Vaticano II fue un concilio “de reformas positivas, más que de castigos, de exhortaciones más que de anatemas”. Para ello hubo que vencer las resistencias de los contrarreformistas de la Curia y de no pocos obispos tridentinos. Quizás estuviera pensando en ellos Juan XXIII cuando en el discurso de apertura del Concilio afirmaba: “Inflamados del celo religioso, carecen de rectitud de juicio y de ponderación en su modo de ver las cosas. En la situación actual de la sociedad sólo ven ruinas y desastres. Andan diciendo que nuestra época, comparada con las anteriores, es mucho peor, se comportan como si la historia, que es maestra de la vida, no tuviera nada que enseñarles”.
Anticipándose en varias décadas al actual clima de diálogo interreligioso e intercultural, el Vaticano II optó por el diálogo multilateral: diálogo con la historia, tras siglos de haber vivido de espaldas a ella; diálogo en el interior de la propia comunidad católica, amenazada de incomunicación; con las iglesias cristianas, a quienes reconoce como hermanas en la diferencia y dentro del respeto al pluralismo; con la cultura moderna y en concreto con el ateísmo, a quien considera interlocutor necesario; con las religiones no cristianas, que valora como caminos de salvación.
Las concesiones litúrgicas de Benedicto XVI a los tradicionalistas, la interpretación preconciliar del Concilio Vaticano II y la minusvaloración de las otras confesiones cristianas colocan a la Iglesia católica en la senda del integrismo y la hacen perder credibilidad. El precio a pagar por ello es el aislamiento y el alejamiento de la sociedad.
Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones, de la Universidad Carlos III de Madrid, y autor de Nuevo Diccionario de Teología (Trotta, Madrid, 2005)
Fuente: El País
1/7/07
El 'otro' Jesús

Lluís Busquets dibuja un retrato histórico de Jesús ‘eclesiásticamente incorrecto’ en un polémico libro. ‘Última noticia de Jesús el nazareno’ compendia y revisa todas las aproximaciones a la controvertida figura del Mesías.
“Si se apela a la historia para saber quién era Jesús, el retrato que obtendremos será a la fuerza distinto al del Jesús oficial, el que han construido y avalan la jerarquía eclesiástica y la ortodoxia vaticana”. Lo afirma Lluís Busquets (Olot, 1947) el autor de ‘Última noticia de Jesús el nazareno’ (Destino). Es una nueva visión de Jesús, ‘eclesiásticamente incorrecta’, que compendia y revisa todas las aproximaciones al Mesías y que ha levantado ampollas en la jerarquía católica. La fórmula de Busquets no es otra que confrontar el dogma con la historia para descubrir a “otro Jesús”, un Mesías que poco tiene que ver con el dogmático.
Busquets le envió -con acuse de recibo- un ejemplar de su libro al Sumo Pontífice. Le explicó que a la luz de sus investigaciones, no debería llamarlo Jesús de Nazaret, como lo hará Benedicto XVI en su primer e inminente libro, dado que esta formulación no aparece “jamás” en el Antiguo Testamento. Aún espera contestación. Una contestación que sí ha recibido Busquets de los sectores cristianos más fundamentalistas que han condenado sin paliativos su biografía del nazareno.
Tras cuatro ediciones en catalán, aparece ahora en castellano esta voluminosa y documentada biografía de Jesús que en algo más de 500 páginas se plantea todas las preguntas posibles y cuestionas todas las construcciones interesadas elaboradas a lo largo de dos milenios. Un ensayo que sus editores presentan como un viaje “de la verdad histórica de Jesús a las construcción de su figura sagrada” y que según su autor no hace otra cosa que responder a las cuestiones obligatorias de los manuales de periodismo: “qué (pasó con Jesús), dónde (desplegó su actividad), cuándo (se produjo la documentación escrita de su actividad y su deificación), por qué (es considerado divino y trinitario y se le rinde culto) y quién (fue realmente)”.
Las respuestas constituyen una aproximación histórica que socava dogmas como la virginidad de María, el nacimiento en Nazaret de Jesús, su resurrección física, su enterramiento, o la expulsión de los mercaderes del templo tal como lo cuentan los evangelios. “No echó a los mercaderes; acabó con un sistema económico que exigía el pago en moneda tiria -lo que hoy sería el patrón dólar o euro- y reventó el sistema cambiario” enuncia Busquets.
Analfabeto
Presenta a Jesús como un analfabeto, cultivado, eso sí, gracias a la riquísima tradición oral, seguidor del apocalíptico Juan el Bautista, hijo de un propietario rural empobrecido, José, que se ganaba la vida “haciendo chapuzas”, y que decide cambiar el mundo y hacer la revolución cuando Juan es sacrificado.
El Jesús “plenamente humano” que dibuja Busquets es “más seductor y fascinante y menos triunfalista” y “más próximo para unas comunidades menos fundamentalistas”.
Busquets cree que la verdad histórica acabará por imponerse,”ni se si en siglo XXII o en el XXIII, pero creo que las grandes religiones acabarán por entenderse”.
No apto para cardíacos
Busquets eligió como ‘padrinos’ de la edición en castellano de su ensayo a dos católicos inconformistas e incómodos para la jerarquía eclesiástica: el párroco de San Carlos Borromeo, la ‘iglesia roja de Vallecas’, y el teólogo Juan José Tamayo.
“Este es un libro no apto para cardíacos. No es para jerarcas eclesiásticos ni para funcionarios de Dios. Sin ser un libro de teología, será muy útil a los teólogos” asegura el catedrático y teólogo Juan José Tamayo.
“Es el libro de un estudioso que acude a la historia y a la antropología social y política para desentrañar el cristianismo primitivo”. “Gustará a creyentes críticos y a no creyentes que crean en el valor liberador del cristianismo, pero disgustará a los cristianos instalados y los ateos integristas”, resume Tamayo. “Busquets nos enseña que otro Jesús es posible, y es el más cercano al Jesús histórico”, concluye.
Enrique de Castro, que se definió como un cura de la calle, agradece que le libro de Busquets “retire máscaras y ayude a profundizar”. “No nos gusta el Jesús que muestra la jerarquía y hemos buscado al Jesús histórico para saber en quién debemos creer” explicó de Castro. Cree este cura que “clama al cielo cómo se manifiesta el mensaje de Jesús” y estima que el creciente alejamiento de la gente de la Iglesia se debe “a la mascarada y la estafa de las que somos cómplices los creyentes”.
Prorroga el libro de Busquets Pere Casaldáliga, que habla de un libro “oportunísimo entre la maraña de novelas y películas de ignorancia y curiosidad, de diatribas confesionales y de aterradoras iconoclastias”.
Fuente: Colpisa
20/6/07
Propugnan una `teología de la liberación islamocristiana´

El seminario sobre la Alianza de Civilizaciones, que ayer se clausuró en Córdoba, dio pie a que el teólogo, catedrático y secretario de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, Juan José Tamayo, acuñase el revolucionario término "Teología de la liberación islamocristiana", tras un debate entre representantes de corrientes progresistas de la Iglesia Católica y del pensamiento sufí del Islam.
El concepto, como se explicó a la prensa tras la esperada sesión La importancia del Diálogo interreligioso en la Alianza de Civilizaciones , del ciclo que organizó en Córdoba el Liderazgo Popular Islámico Mundial (WIPL, en sus siglas inglesas) y que representó a 400 asociaciones musulmanas del mundo de la corriente sufí, resume el fondo del debate celebrado, en donde se destacó las coincidencias éticas y humanísticas del Islam y el Cristianismo y, más allá, el factor de liberación que ambas religiones tienen, eso sí, si se sigue el mensaje y no tanto a la jerarquía religiosa.
Además de Tamayo, en el debate participó Ignacio de la Mata, de la polémica parroquia de San Carlos Borromeo del madrileño, que expuso la experiencia solidaria e interreligiosa de esta parroquia desde el punto de vista de los marginados musulmanes y cristianos que se acogen a diario. Por otro lado, Mansur Escudero, de la Junta Islámica Española; Abdennur Prado, de la Junta Islámica Catalana, el mexicano Amed Munir y el Sheij de Matamoulana (Mauritania) completaron, desde el punto de vista musulmán, el llamamiento a los pueblos y religiones a entenderse y convivir. Así, llegó a hablarse de un cierto complot de los que hablan de conflicto entre civilizaciones y, por otra parte, se abogó por el euroislam, la corriente que, sin renunciar a los preceptos de esta religión y a valores coránicos de justicia, paz y misericordia, defiende que es posible compatibilizar la fe islámica con la vida en cualquier país, también en Occidente.
Los organizadores del encuentro del WIPL, clausurado ayer, darán a conocer hoy las propuestas concretas que se elevarán al Gobierno español y a la ONU para impulsar la Alianza de Civilizaciones. El encuentro también sirvió para celebrar una reunión de la secretaría del WIPL, organismo que representa a buena parte de los mil millones de musulmanes de todo el mundo.
Fuente: Diario de Córdoba
17/6/07
Mis encuentros con Jon Sobrino, por Juan José Tamayo

Dos han sido los encuentros que he mantenido con Jon Sobrino en los últimos meses, y ambos especialmente gratificantes e iluminadores. El primero tuvo lugar a finales de julio y comienzos de agosto del año pasado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, donde ambos impartimos un curso sobre la Teología de la Liberación y mantuvimos un diálogo en torno a la figura de Ignacio Ellacuría, con la asistencia de varios cientos de personas. Él habló de la centralidad de los pobres en la Teología de la Liberación; yo, de las nuevas tendencias de dicha teología. Juntos dimos una rueda de prensa sobre la situación de la Teología de la Liberación y hablamos de la actitud condenatoria del Vaticano. Pero insistimos -especialmente Sobrino- en que el verdadero enemigo de la Teología de la Liberación desde el principio fue el Imperio, que la ha sometido a un verdadero estado de sitio, colaborando con los poderes militares de América Latina en la represión de cristianismo liberador y apoyando la Doctrina de la Seguridad Nacional, que guió la política latinoamericana durante dos décadas.
Escuché a Sobrino varias de sus lecciones y volví a apreciar lo que ya conocía por la lectura de sus obras y por sus conferencias: su rigor terminológico, su solidez teológica, su tono utópico-profético, su opción por los pobres, la necesidad de recuperar la humanidad de Jesús, pero sin merma de su divinidad, la importancia de la praxis -lo más histórico del Jesús histórico-, inseparable de su relación filial con Dios. Ideas que aparecen de manera insistente en sus escritos, y que recupera en su reciente obra 'Fuera de los pobres no hay salvación. Pequeños ensayos utópico-proféticos'.
El segundo encuentro fue en enero de este año en Nairobi (Kenia), donde participamos juntos en el II Foro Mundial de Teología y Liberación en torno a 'Espiritualidad para Otro Mundo Posible', al que asistieron más de 250 teólogos y teólogas así como activistas sociales y pastorales de todos los continentes. Residimos en la casa de los Misioneros Mexicanos de Guadalupe, que nos acogieron con la triple hospitalidad, africana, latinoamericana y guadalupana. Visitamos el suburbio de Kibera, el más grande del África subsahariana, con una población de 800.000 habitantes. Nos sentimos impresionados e interpelados por la inhumanidad de ese suburbio y por la insensibilidad de los poderes públicos, al tiempo que nos conmovió la humanidad de sus habitantes, que nos recibieron cariñosamente con el cálido saludo swahali 'karibu' (bienvenidos). Lo único digno que encontramos en Kibera fue la dignidad de sus habitantes. Ése fue nuestro verdadero lugar social y teológico durante los días que vivimos en Nairobi.
Fue allí donde tuve información de la inminente condena de Sobrino por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de su negativa a firmar la Notificación del Vaticano. Hablé con él sobre el tema y compartimos la común experiencia de la censura vaticana. Me pidió discreción, que mantuve escrupulosamente.
En el Foro de Nairobi, Sobrino analizó las consecuencias que para la teología tenía el certero análisis socioeconómico que había hecho François Houtart anteriormente. La reflexión de Jon Sobrino estuvo marcada por el respeto y la veneración hacia África, por el impacto de la tragedia de Ruanda en 1994, por el recuerdo del obispo Munzihirwa, mártir como monseñor Romero, por las mujeres africanas y por Kibera. Recordó la afirmación del obispo Casaldàliga «África es la shoa de nuestro tiempo», y el título del libro de Luis de Sebastián, 'África, pecado de Europa'. La religión, dijo, nos coloca ante una gran paradoja: luchar por la liberación, pero sin la seguridad del éxito. «Somos -decía Casaldàliga- los derrotados de una causa invencible». No proporciona soluciones, pero sí una reserva de humanidad. No ofrece seguridades, pero sí gracia y salvación. Y esto es resultado del amor, que es -debería ser- el principio y el motor de las religiones.
¿Qué puede aportar la religión para mantener la esperanza y el compromiso en la lucha por la construcción de 'otro mundo posible'? Sobrino puso el acento en tres manifestaciones vivas que permiten hacer realidad dicho mundo: las víctimas, la mística de la compasión y el misterio de Dios en los pobres. Las víctimas nos abren los ojos a la realidad, nos muestran la pobreza, la crueldad y la muerte como expresión de la inhumanidad de nuestro mundo y ayudan al mundo de la abundancia a despertar de su sueño dogmático. Las víctimas se convierten así en los nuevos 'maestros de la sospecha' que, además de denunciar, sospechan de lo malo que se esconde tras lo que se nos manifiesta como bueno: tras la globalización hay vencedores y vencidos; la democracia no incluye a las mayorías pobres. Desvelan la existencia de ídolos; reclaman la recuperación de un lenguaje olvidado, el Imperio, que, como ya decía Agustín de Hipona, es 'magnum latrocinium'. Enseñan el mínimo fundamental de la utopía: «La vida digna y justa en fraternidad», expresada en la afirmación de san Ireneo: «La gloria de Dios es la vida del ser humano», que monseñor Romero traducía: «La gloria de Dios es la vida de los pobres».
El segundo elemento es la mística de la compasión, entendida como la liberación de los seres humanos del sufrimiento. Compasión que debe tomar la forma de justicia y liberación y que lleva a darlo todo, incluso la vida. El tercer elemento es el misterio en su doble faz: de iniquidad y de salvación. El misterio de iniquidad se manifiesta en los seres humanos que matan cruelmente a sus hermanos y que, actuando de esa manera, se deshumanizan. El misterio de salvación se expresa en las culturas y religiones, especialmente de los pueblos indígenas, y se realiza en la solidaridad y la fraternidad que se genera en el mundo de los pobres y excluidos. Es aquí donde se manifiesta el misterio de Dios.
Conocedores de la noticia de la inminente sanción, pero sin referirnos a ella, elaboramos una Nota de reconocimiento hacia François Houtart y Jon Sobrino, que fue firmada por la mayoría de los participantes en el Foro. En ella reconocíamos que Sobrino es «nuestro hermano mayor en teología» y que sus escritos brotan de una experiencia evangélica, del descubrimiento de los pobres como lugar teológico y de la «ruptura epistemológica» que ha hecho en su reflexión teológica. Él nos ha ayudado a dar el salto del dogma abstracto y del «sueño dogmático» -por utilizar la expresión que él mismo emplea con frecuencia- al encuentro con el Cristo vivo en su contexto y en su lugar teológico, que es el pueblo pobre, el pueblo crucificado. La teología de Sobrino puede causar alguna turbación, pero ésta tiene menos que ver con doctrinas dogmáticas que con actitudes prácticas. En lo que Sobrino insiste es en la autoridad evangélica de los pobres y en la preferencia de Dios por ellos. Insistencia escandalosa que, antes de ser de Sobrino, es de Dios.
Hicimos un reconocimiento especial a su fidelidad y a su experiencia de sufrimiento compartido con el pueblo salvadoreño, con monseñor Romero y con sus hermanos asesinados, que hacen de su teología un itinerario de fe, esperanza y buen humor. «La mejor forma de agradecer al maestro es llevar adelante su enseñanza», termina la Nota de reconocimiento. Ésa era, creo, en aquellos momentos la mejor manera de ejercer nuestra solidaridad con Sobrino. Allí fuimos doscientos cincuenta cristianos y cristianas de todo el mundo los que le acompañamos. Después la solidaridad se ha desbordado y han sido miles y miles de personas quienes le han expresado sintonía con su teología y apoyo en los momentos difíciles. Éste ha querido ser un pequeño testimonio de que Sobrino no camina solo, sino en compañía de muchos hombres y mujeres que trabajamos por la utopía desde la convicción de que «fuera de los pobres no hay salvación». Cuando monseñor Blázquez dice que Jon Sobrino está aislado, ¿no estará proyectando sobre el teólogo de la liberación su propia soledad y la de los obispos?
Fuente: El Correo digital de 17/06/06
Juan José Tamayo es Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid
28/5/07
Tamayo: "El PSOE, un recaudador de la Iglesia católica"

Desde que la Conferencia Episcopal le tildara de hereje en el 2003, Juan José Tamayo ha pasado de teólogo enfrascado en los estudios de su cátedra en la Universidad Carlos III a referente de las voces críticas sobre la jerarquía católica. El teólogo palentino (Amusco, 1946) participó ayer en el seminario 'Laicismo, religiones y derechos humanos', organizado por Cruz Roja en Valladolid. Defensor de la teología de la liberación y de un cristianismo a la medida del hombre, indaga en la religión desde «la libertad de cátedra, en diálogo con otras ciencias y desde mi tiempo».
-¿Es posible un estado español laico?
-Es un tema complejo, en el que nos jugamos el futuro de la sociedad y del estado español. Lo que está en juego es el camino hacia un estado laico o por el contrario si es una misión imposible, si se impone la confabulación de los poderes políticos y las fuerzas eclesiásticas más conservadoras para mantener antiguas estructuras.
-La democracia española ha estado en manos de partidos de todas las tendencias y nunca se ha desvinculado de la Iglesia, ni con González ni ahora.
-Parece un anacronismo. Lo que más me sorprende después de 32 años de la muerte del general Franco, no es lo sucedido con UCD o el PP, sino que el PSOE no haya sido capaz de romper el modelo de vinculación con la Iglesia Católica, que la hayan mantenido como querida entre todas las religiones. No entiendo cómo un partido laico mantiene la situación de privilegio a la Iglesia Católica en dos campos, la financiación y la enseñanza de la religión católica en la escuela. No entiendo cómo un Gobierno presidido por el PSOE se convierte en recaudador para la reproducción ideológica de la Iglesia Católica. Tampoco entiendo que ese mismo partido no haya revisado los acuerdos con la Santa Sede y que mantenga la asignatura de religión como evaluable y con optativas.
-¿Está preparada España para una moral propia fuera de la religión?
-Ese es un mito mantenido por el ideario del nacionalcatolicismo que considera que no hay fundamento moral posible fuera de Dios. Eso sorprende porque uno de los signos de modernidad claro es la separación entre ética y religión. La ética tiene un fundamento autónomo y una base antropológica. El principio ético está en el ser humano. Históricamente la religión no siempre ha contribuido a procesos moralizantes en el sentido de formar conciencias críticas sino más bien sometidas, dependientes, pasivas. Uno de los pilares de la ética es la autonomía, la mayoría de edad. Las religiones han creado ciudadanos menores de edad desde el punto de vista moral. La laización busca hacer adultos que piensen con conciencia propia.
-Quizá convenga, desde la petición del voto, una ciudadanía agrupada por creencias.
-Apenas hay conciencia cívica, siempre ha estado mediatizada por la jerarquía eclesiástica o por los poderes políticos. Ha vivido en asedio constante de ambas fuerzas. El gran desafío de la sociedad española es pensar desde la ciudadanía. Es necesaria la revolución de conciencia, liberada de la prisión de la religión y de la política.
Libertad de cátedra
-José María Castillo, con quien publicó 'Iglesia y sociedad en España', acaba de dejar la Compañía de Jesús. ¿Es un caso aislado?
-Es un entrañable amigo, compañero de fatigas, sufrimientos y condenas. Es un ejemplo de búsqueda de la libertad y escape del control de la jerarquía católica, que somete a los teólogos, a los pensadores cristianos. A su edad, 78 años, es un ejemplo de valentía, coherencia personal y honestidad intelectual. Se ha ido de la Compañía de Jesús para caminar solo, cuando las presiones le han resultado insufribles, para adentrarse en la teología laica, aquella que desde la inteligencia crítica quiere pensar la fe en diálogo con su tiempo. Ha iniciado el camino de la teología desde la libertad. Ambos tenemos caminos afines. Yo me desvinculé del aparato eclesiástico porque no podía hacer teología en régimen de cautividad. Quería dialogar con otras ciencias y para ello hube de dejar el espacio eclesiástico y quedarme en el universitario.
-¿La reprimenda del Vaticano al jesuita Jon Sobrino obedece a la misma razón que la suya?
-El proceso contra él y el mío tienen la misma raíz, la visión de la figura de Jesús, poniendo el acento en la humanidad y no en la divinidad. Si aceptamos que es un ser divino, le convertimos en un mito y nos movemos en lo sobrenatural, lo inalcanzable. Desde ese punto de vista es un personaje que pasó por la historia como sobre brasas, sin compromiso con los dolientes. En cambio el Jesús de Nazaret del que hablamos nosotros es el que vivió una experiencia de pobreza, marginación y exclusión para solidarizarse con los que la sufrían. Su muerte es la consecuencia de un estilo de vida que fue subversiva para los poderes de su tiempo. Miramos la cristología desde una práctica de liberación y una manifestación de dios, en la que la divinidad no es el punto de partida, sino de llegada.
-¿Qué le ha parecido la primera visita del Papa a América Latina?
-La seguí con interés. Tengo tres reparos a su mensaje. Primero: el eurocentrismo. Benedicto XVI planteó en Brasil sus inquietudes sobre la familia, la sexualidad, el relativismo o el hedonismo europeo como si fueran problemas de allí. No afrontó los desafíos que las sociedades de América Latina plantean al Cristianismo. Segundo: Volvió a condenar una de las manifestaciones más vivas del cristianismo en América Latina, la teología de la liberación. Además demostró desconocimiento al equipararla con el milenarismo. La teología de la liberación propugna que otro mundo es posible, que hay que luchar por una sociedad más justa y que depende de los hombres. Y tercero: la descalificación de los movimientos emancipatorios como el bolivarismo o el proyecto indigenista de Morales. Benedicto XVI quiere enterrar las utopías, ha echado un jarro de agua fría sobre ellas.
Fuente: Entrevista realizada por V. M. Niño en El Norte de Castilla, y reproducida por Religión Digital
24/4/07
Catecismos de nuestra infancia. El papa Benedicto XVI resucita el infierno

Contra lo dicho por Juan Pablo II en 1999, Ratzinger sostiene que "el infierno, del que se habla poco en este tiempo, existe y es eterno"
El teólogo Enrique Miret Magdalena suele presumir de que, entre los 35.000 libros acumulados en su larga vida -ha cumplido ya 93 años-, la joya es la colección de 1.500 catecismos en todos los idiomas. Los españoles son pieza aparte, como demostró Miret hace algunos años en el libro El catecismo de nuestros padres. Llama la atención, en los sombríos y terribles textos de la España nacionalcatólica, cómo abundaban los que oían por todas partes el galope de los caballos del Apocalipsis. "¿Hay más que un infierno?", se pregunta el catecismo del padre Astete en la versión de 1955. Respuesta: "Hay cuatro infiernos, y se llaman: infierno de los condenados, purgatorio, limbo de los niños, limbo de los justos o seno de Abraham". El catecismo Nuevo Ripalda en la nueva España, edición 1951, llama a Dios el "remunerador" (porque "premia a los buenos y castiga a los malos").
La idea tópica del infierno le parece al teólogo Juan José Tamayo un "cotilleo morboso". Tamayo inicia el capítulo dedicado a este tema en su ya clásico Para comprender la escatología cristiana (Editorial Verbo Divino, Pamplona, 1993), con la conocida cita de Sartre: "El infierno son los otros".
Publicado en El País el 23/04/2007
11/4/07
Resucitó: el triunfo de la justicia y de la vida, por Juan José Tamayo

Durante la Semana Santa he compartido, en un clima de solidaridad y esperanza, la dolorosa experiencia de la parroquia de San Carlos Borromeo en el barrio madrileño de Entrevías, cuyo cierre ha sido anunciado por el arzobispo de Madrid. ¿Razones? No celebrar la eucaristía conforme a las normas litúrgicas establecidas y hacer unas catequesis eclesialmente no homologables. El arzobispado, no obstante, ha elogiado la «acción social-caritativa» (según el lenguaje eclesiástico) que se lleva a cabo en la parroquia y, para mejor controlarla, ha pedido a los sacerdotes que sigan trabajando socialmente conforme a los cánones de la acción caritativa de la Iglesia y bajo el control de Cáritas.
En cuanto me enteré de la decisión de la jerarquía eclesiástica, fui a visitar a Enrique de Castro, uno de los sacerdotes de la parroquia, a quien conozco desde hace muchos años, para peguntarle el porqué de esa resolución episcopal. Él me explicó la trayectoria de la parroquia. Durante más de cinco lustros viene siendo hogar de los marginados y excluidos, sin discriminación de ningún tipo, ni religiosa, ni social, ni geográfica, ni sexual, ni étnica, ni racial, ni de género. En ella han encontrado acogida y tienen su hogar prostitutas, toxicómanos, insumisos, okupas, personas sin hogar, niños y adolescentes de la calle, inmigrantes, gitanos, ex presos, madres contra la droga, verdaderas heroínas en lucha contra el tráfico de la 'heroína' que mata a sus hijos, ex presos, personas creyentes de otras religiones, no creyentes. Actualmente hay censadas en la comunidad parroquial 180 personas que necesitaban regularizar su situación.
Me contó la confesión de un joven musulmán que fue acogido en la parroquia: «Mira, Enrique, soy musulmán, pero aquí he descubierto mi iglesia». Me habló de la manera de celebrar la fe en el barrio de Entrevías: no individualmente, sino en comunidad; no como acto ritual vacío, sino como experiencia de compartir; no con protagonismo clerical, sino con participación activa de todos los miembros de la comunidad; no reducida sólo a fieles cristianos, sino abierta a quienes quieren asumir con ellos el compromiso por la justicia y la defensa de la vida. En la eucaristía ofrecen, comparten y bendicen el pan amasado por el colectivo de madres contra la droga; comparten igualmente la copa de vino, como hizo Jesús de Nazaret en la cena pascual que celebró con sus discípulos. Pan y vino que, como dice la liturgia católica, son «fruto de la tierra y del trabajo del ser humano». ¿Dónde está la heterodoxia en la manera de celebrar de la parroquia de San Carlos Borromeo, cuando es la del propio Jesús, de los primeros cristianos y cristianas y de muchas comunidades en el mundo? La comunidad considera inseparable la celebración de la fe y la lucha por la justicia; la liturgia y la acogida a las hermanas y hermanos necesitados.
Enrique me habló de los jóvenes que habían muerto por la droga. Por eso ha asumido el compromiso titánico de luchar por la vida y ha implicado a los propios jóvenes, muchos de ellos drogadictos, en esa lucha que, bien seguro, van a ganar. Su discurso era impecable por la coherencia entre su vida y sus ideas, así como por la plena sintonía entre su fe y su praxis de liberación hecha realidad a diario. Y todo ello en el mundo de la marginación, que es -debería ser- el lugar de las religiones y, por supuesto, del cristianismo. Volví a casa con admiración, reconocimiento y agradecimiento. Fue una de las mejores lecciones que, tras tantos años de estudio y enseñanza de la teología, he recibido en mi vida.
Ya en casa, consulté los documentos del Concilio Vaticano II, el concilio de la renovación de la Iglesia convocado por Juan XXIII en la década de los sesenta del siglo pasado, por ver si encontraba algún texto que pudiera justificar el cierre de la parroquia. ¿Y qué me encontré? Todo menos argumentos a favor de la medida represiva del arzobispado de Madrid. El Concilio manda adaptar la liturgia a las necesidades de nuestro tiempo. Y, más importante todavía, muestra la opción por los pobres y los que sufren, en un texto realmente antológico: «Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez los gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón».
Tras leer el texto enseguida me vinieron a la mente dos reflexiones. La primera: la parroquia de San Carlos Borromeo, animada por los sacerdotes Enrique de Castro, Javi Baeza y Pepe Díaz, practica de manera ejemplar y creativa la opción por los pobres del Concilio Vaticano II, que ya había propuesto Jesús en la sinagoga de Nazaret, citando al profeta Isaías: «El Espíritu del señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lucas 4, 18-19). Afirma el Evangelio de Lucas que Jesús, tras enrollar el volumen que había leído, dijo: «Esta Escritura que acabáis de oír se ha cumplido hoy». Y yo añado: también viene cumpliéndose en la comunidad de Entrevías desde hace casi treinta años. La segunda reflexión fue ésta: si cierran una parroquia por no atenerse a las normas litúrgicas, cuántas parroquias tendrían que cerrar por dedicarse al culto y no optar por los pobres.
Tras leer los textos del Evangelio y del Concilio Vaticano II, y cerciorarme de que ambos salían en defensa de la comunidad de Entrevías, tomé de mi biblioteca 'El libro de los abrazos' (Siglo XXI, Madrid, 1989, p. 59), de Eduardo Galeano, y vine a dar con el poema 'Los nadie', que pareciera estaba escrito pensando en los marginados que acoge la parroquia de San Carlos Borromeo. Dice así: «Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen cara, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata».
Los nadies de Entrevías se ven amenazados diariamente por el neoliberalismo, que genera pobreza y muerte, exclusión e individualismo. La comunidad de Entrevías, empero, trabaja por la vida y por la justicia, construye comunidad, crea solidaridad, dignifica a quienes el capitalismo niega la dignidad, incluye a quienes la sociedad de consumo excluye, practica el compartir frente al competir, vive la austeridad compartida frente a la acumulación. Pone en práctica la consigna de Desmond Tutu: «Yo soy si tú eres».
Resistiendo a las prohibiciones eclesiásticas y respondiendo a su fe genuinamente evangélica, la comunidad de San Carlos Borromeo celebró el Domingo de Resurrección como la gran fiesta del triunfo de la Vida sobre la Muerte. En ella participaron varios miles de creyentes de todos los credos y de no creyentes de distintas ideologías. Unos y otros proclamaron al unísono el mensaje de Pascua: «Resucitó: el triunfo de la justicia y de la solidaridad. Los nadie son personas».
Fuente: El Correo
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