lunes 26 de mayo de 2008

Últimas noticias de Birmania por la Paz

Concha Pinós, Directora de Birmania por la Paz, está ahora en Birmania y desde allí nos está enviando información muy valiosa. A continuación detallamos los enlaces a algunas de las últimas notas enviadas sobre la situación actual en Birmania.

Muerte por todas partes. Extracto del diario de un ciclón (Parte I)
: Crónica de la entrada ilegal en Birmania de Concha Pinós entre el 9 y el 13 de mayo, y su viaje por el delta donde, asegura, "los cadáveres impiden que las barcas se acerquen a la costa"
Muerte por todas partes (Parte II): "Sólo quiero vivir para contarlo"
Muerte por todas partes (Parte III): Comida a base de arroz con gusanos negros
Muerte por todas partes (Parte IV): "Tengo que denunciar esta mostruosidad"

Birmania, sin el paraguas protector de la ONU


El limbo birmano: un repaso del 19 al 25 de Mayo

Fuente: Birmania por la Paz

¿Cómo proteger a los birmanos?, por Timothy Garton Ash

Timothy Garton Ash ante los activistas de la Liga Nacional para la Democracia con Aung San Suu Kyi, en la primavera del años 2.000


La negativa del Gobierno de Myanmar a permitir el acceso de la ayuda plantea un dilema: ¿qué actitud debe asumir la comunidad internacional para garantizar el bienestar de los afectados?

Si un puente marino de ayuda respaldado por los militares pudiera salir adelante, sería partidario de él. Pero no es así, de modo que habrá que usar otros medios. Este fin de semana, a no ser que los generales birmanos descubran de pronto en sus almas marchitas algún resto oculto de decencia humana, se producirá en el delta del Irrawaddy uno de los acontecimientos más grotescos de la historia política del mundo moderno. Mientras sigue habiendo niños muertos que yacen en el barro de las inundaciones tras el ciclón devastador, mientras los supervivientes enferman de diarrea mortal, mientras el régimen militar impide a los cooperantes internacionales que lleven los suministros que podrían salvarles, los ciudadanos birmanos tendrán que acudir como borregos a unos colegios electorales levantados sobre la marcha para aprobar en plebiscito una Constitución que pretende evitar que se respeten los resultados de una elección democrática celebrada hace 18 años. Los resultados del referéndum se falsearán, por supuesto, como ya ha ocurrido en otras partes del país: según se ha informado, ha dado el sí el 93% de los votantes, con una participación de más del 99%. En el delta del Irrawaddy no cabe la menor duda de que los muertos irán a votar pronto y a menudo.

Todo esto es obra de una Junta que el año pasado aplastó brutalmente unas manifestaciones masivas -encabezadas por monjes budistas vestidos con sus túnicas de color rojo y azafrán- mucho más respetuosas del principio de la no violencia que las de Tíbet. Es obra de un régimen que, durante decenios, ha convertido un lugar que históricamente era uno de los más prósperos del sureste asiático en uno de los más pobres y oprimidos. Si alguna vez ha sido necesario un cambio de régimen en un país, es en Myanmar.

¿Y qué debemos hacer nosotros? El ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, ha sido el primero en plantear el debate al invocar el concepto de "responsabilidad de proteger" internacional (RDP) que Naciones Unidas aprobó, con reservas, en 2005. Aunque en principio se pensó principalmente para otras situaciones (por ejemplo, detener genocidios y limpiezas étnicas como los de Ruanda y Bosnia), la RDP es una forma útil de enfocar el debate sobre qué podemos hacer por Myanmar, empezando por el hecho de que R quiere decir responsabilidad (de proteger), no derecho (a invadir).

La comisión internacional auspiciada por Canadá que elaboró el crucial informe sobre la RDP en 2001 hizo hincapié en este cambio de perspectiva, que es relativamente nuevo. ¿Cuándo se pone en marcha la responsabilidad, y cuál es el umbral que justifica la intervención, incluso hasta necesitar el uso de la fuerza? La comisión puso al día varias ideas tradicionales sobre la guerra justa y acabó identificando seis criterios: Causa Justa, Intención Acertada, Último Recurso, Medios Proporcionales, Perspectivas Razonables y Autoridad Apropiada. Entre las condiciones que ofrecerían una Causa Justa para la intervención figuran las "catástrofes naturales o ambientales en las que el Estado afectado no quiera o no pueda hacer frente a la situación ni pedir ayuda, y esté produciéndose o pueda producirse una pérdida importante de vidas humanas". Es decir, lo que estamos viendo.

No me cabe ninguna duda de que tenemos la responsabilidad de actuar en este caso y contamos con una Causa Justa para hacerlo sin el consentimiento explícito de los ilegítimos gobernantes de Myanmar, que están dejando que muera su gente antes que permitir que entre la ayuda internacional. A diferencia del caso de Irak, creo que incluso George W. Bush tiene la Intención Acertada. Supongo que se podría decir, al estilo de Noam Chomsky, que Occidente vería beneficiados sus intereses si adquiere influencia en un Estado que sirve de colchón entre India y China (y Myanmar tiene petróleo, sí), pero no me parece que ésa sea la razón de que haya un buque de Estados Unidos frente al delta, cargado de helicópteros y suministros. ¿Medios Proporcionales? Sí, arrojar suministros en paracaídas y crear un puente marino para hacer llegar la ayuda me parecen medidas proporcionales para salvar las vidas de decenas de miles, tal vez cientos de miles, de hombres, mujeres y niños inocentes.

En el caso de los otros tres principios, las cosas se complican. Autoridad Apropiada debería significar, en una situación ideal, una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. Kouchner descubrió rápidamente que no la va a haber. Queda, pues, la posibilidad de algo parecido a la legitimación de la intervención en Kosovo, sucintamente descrita como "ilegal pero legítima". Pero, mientras que la acción en Kosovo contó con el apoyo de la mayoría de sus vecinos y de las democracias mundiales, en este caso no sería así (empezando por la mayor democracia del mundo, la vecina India).

Último Recurso significa que antes se han probado todos los demás métodos. Es difícil hacerlo en esta situación porque, mientras probamos, la gente está muriéndose. No obstante, ¿podemos decir verdaderamente que hemos agotado todas las demás posibilidades? La verdad es que, gracias a visitas como las del secretario general de la ONU y el ministro británico de Exteriores, Mark Malloch Brown, y gracias a algunas presiones (no suficientes) de China y otros vecinos asiáticos, el régimen ha aceptado dejar entrar más ayuda bajo la bandera de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN). Hay organizaciones que están trabajando en el delta, incluidas algunas británicas como Save the Children y Merlin, con empleados locales. Si mantenemos la puerta entreabierta, somos ingeniosos a la par que persistentes y colaboramos estrechamente con China, India y Tailandia, quizá podamos introducir más ayuda de los países ricos occidentales bajo un paraguas asiático, por así decir. Tal vez incluso podría construirse el puente marino utilizando barcos indios o, por lo menos, barcos de bandera asiática, para transportar los suministros desde los buques británicos, estadounidense y francés que aguardan. Demasiado poco y demasiado tarde, sí, pero ¿cuál es la alternativa?

Ésta es una pregunta que nos lleva a uno de los criterios más importantes: Perspectivas Razonables (de éxito, claro). Pensemos en las consecuencias probables de unos lanzamientos unilaterales en paracaídas y unos puentes marinos desde los buques, todo ello protegido por los militares. Según me han dicho, estas medidas tendrían escasas posibilidades de introducir lo que se necesita de verdad -servicios sanitarios, agua potable, suministros médicos y asistencia, además de tiendas y comida- a quienes más lo necesitan, que en muchos casos se encuentran en campamentos lejanos y aislados. Para eso harían falta transportes ligeros y trabajadores sanitarios y de cooperación entrenados sobre el terreno.

Algunos observadores se ríen: "No pensarás seriamente que las patéticas fuerzas del régimen intentarían impedir eso". Pues sí lo pienso, porque ya lo han hecho. Hasta el fin de semana pasado no habían permitido más que la entrada de tres -¡tres!- cooperantes internacionales en el delta. Las ONG que están sobre el terreno dicen que temen que una acción así provocara la suspensión inmediata de otras ayudas. La indiferencia de los generales ante la suerte de su propio pueblo sólo es equiparable a su egoísmo, su cinismo y su falta de contacto con la realidad. ¿Podrían ser tan tontos como para impedirlo? Podrían.

La protección hay que ejercerla con responsabilidad; es decir, con un cálculo cuidadoso e informado de las consecuencias probables. Mi conclusión es que debemos utilizar cualquier medio salvo la acción unilateral (o de una "coalición de los dispuestos" occidental) respaldada por los militares, que tiene pocas Perspectivas Razonables, no es seguramente el Último Recurso y no contaría con la Autoridad Apropiada. Eso no significa que no tengamos que hacer nada. Tenemos la responsabilidad de actuar por todos los demás medios razonables, y existen muchas formas de "intervención" que no son militares. Para nosotros, los ciudadanos corrientes, una de ellas es asegurarnos de que las organizaciones de ayuda que están trabajando allí tengan dinero suficiente.

En cuanto a los generales criminales, que, creámoslo o no, se consideran buenos budistas, sólo diré una cosa: han generado ya tanto mal karma que, si existe justicia en el gran ciclo de las cosas, se reencarnarán en forma de ratas.

Fuente: Periódico El País. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Más información de Timothy Garton Ash en su web

Sismos políticos chino y birmano, por Naomi Klein

Cuando llegó la noticia del catastrófico terremoto en Sichuan, recordé a Zheng Sun Man, un ejecutivo especialista en seguridad que conocí en un viaje reciente a China. Zheng dirige Aebell Electrical Technology, una empresa con sede en Cantón que fabrica cámaras de vigilancia y las vende al Gobierno. Zheng, salido de una escuela de administración de empresas, de 28 años, quiso persuadirme de que sus cámaras y altavoces no eran usados contra los activistas pro democracia o los sindicalistas. Son para lidiar con desastres naturales, explicaba Zheng, como las monstruosas tormentas de nieve antes del Año Nuevo lunar. Durante la crisis, me aseguró, el Gobierno "pudo usar los datos de las cámaras del ferrocarril para organizar una evacuación". Así, "el Gobierno central pudo lidiar desde el norte con las emergencias en el sur".

Por supuesto, las cámaras de vigilancia también tienen otros usos. Contribuyen a configurar los carteles de de los "más buscados" entre los activistas tibetanos.

Pero Zheng tenía un punto a su favor: nada aterroriza tanto a un régimen represivo como un desastre natural. Los estados autoritarios gobiernan por el miedo y proyectan un aura de control total. Cuando súbitamente parecen carecer de personal, sus sujetos pueden envalentonarse.

Es algo que tener en cuenta cuando dos de los regímenes más represivos del planeta - China y Birmania- luchan para responder a desastres devastadores: el terremoto de Sichuan y el ciclón Nargis. En ambos casos, los desastres han expuesto graves debilidades de esos regímenes y pueden encender niveles de furia difíciles de controlar.

Cuando China está ocupada construyéndose a sí misma, creando trabajos y nuevas riquezas, los residentes suelen quedarse mudos sobre los constructores que se burlan de los códigos de seguridad, mientras los funcionarios locales son sobornados con el propósito de que hagan la vista gorda.

Pero cuando en China un terremoto derrumba edificios, la verdad tiene un modo de escapar de los escombros. "Miren todos los edificios de alrededor. Tenían la misma altura, pero ¿por qué se derrumbó la escuela?", pregunta una persona en Juyuan a un periodista extranjero. "Porque los contratistas desean conseguir ganancias a costa de nuestros niños", añadió.

Una madre en Dujiangyan le dijo a un reportero del The Guardian:"Los funcionarios chinos son demasiado corruptos y malos... Tienen dinero para pagar a prostitutas y concubinas, pero no tienen dinero para nuestros niños".

Pero nada de esto se compara con la furia que está bullendo en Birmania, donde los supervivientes del ciclón han apaleado al menos a un funcionario local, furiosos frente a su fallos en distribuir ayuda. Simon Billenness, copresidente del consejo directivo de la campaña en favor de Birmania de Estados Unidos, me dijo: "Esto es el Katrina mil veces. Ignoro cómo podrán evitar una convulsión política".

Según un informe del Asia Times,el régimen ha estado confiscando los envíos de alimentos suministrados por organismos internacionales y los ha distribuido entre sus 400.000 soldados. Este robo en una escala relativamente pequeña está fortaleciendo a la junta militar para su robo más grande a través del referéndum constitucional que los generales han insistido en celebrar pese a la catástrofe natural.

Extrayendo una página al libreto del fallecido dictador chileno Augusto Pinochet, los generales han bosquejado una Constitución que intenta garantizar que ningún gobierno tendrá jamás poder suficiente para enjuiciarlos por sus crímenes o recuperar su riqueza mal habida.

El ciclón, mientras, le ha presentado a la junta una última, vasta oportunidad de negocios: bloquear el acceso de ayuda al fértil delta del Irawadi. Así, cientos de miles de agricultores de arroz, en su mayoría de la etnia karen, quedan sentenciados a muerte. Según Mark Farmaner, director de la campaña por Birmania en el Reino Unido, esas tierras "pueden ser transferidas a los compinches de los generales" (algo similar pasó luego del tsunami del 2004 en Sri Lanka y Tailandia con tierras costeras).

Esto no es incompetencia, como muchos han sostenido. Es limpieza étnica por medio del liberalismo económico. Si la junta de Birmania evita el motín y consigue estos objetivos, será en gran medida gracias a China, que ha bloqueado todo intento de la ONU para una intervención humanitaria en Birmania. Dentro de China, donde el Gobierno intenta mostrarse compasivo, la noticia de esta complicidad podría resultar explosiva.

¿Recibirán esta noticia los ciudadanos de China? Tal vez sí. Hasta ahora Pekín ha mostrado una asombrosa determinación para censurar y controlar toda forma de comunicación. Pero en el velatorio del terremoto, el notorio programa Great Firewall que permite censurar información en internet está teniendo serios fallos. Los blogs se han vuelto locos e incluso los periodistas del Gobierno insisten en revelar la verdad de lo ocurrido.

Para los gobernantes de China, nada ha sido más importante para mantener el poder que controlar lo que la gente ve y escucha. Si pierden eso, ni las cámaras de vigilancia ni los altavoces serán capaces de ayudarlos.

Naomi Klein es columnista de ´The Nation´ y ´The Guardian´ de Londres. Autora de ´No logo: el poder de las marcas´
Fuente: Periódico La Vanguardia

La cultura de la deportación, por Josep Ramoneda

Casi 20 años después de la caída del muro de Berlín, la cultura de las deportaciones, que parecía erradicada para siempre, vuelve a Europa. ¿En qué consiste? Se empieza convirtiendo a unos grupos sociales determinados en responsables de todos los males de la sociedad. Se sigue negando el reconocimiento y la condición de ciudadano a las personas que los componen, es decir, se les rebaja su condición humana. Y se acaba proponiendo como solución el desplazamiento obligatorio de estas personas, ya sea para expulsarlas, ya sea para internarlas en lugares piadosamente llamados "centros de estancia temporal de inmigrantes". Esto ocurre hoy, a la vista de todos, en una Europa que nació precisamente para que estas cosas no volvieran a ocurrir nunca más.

Las víctimas son ahora los inmigrantes que consiguen llegar a nuestras tierras sin papeles. Como entonces, se trata por igual a hombres, mujeres y niños. La reagrupación familiar se ha convertido en una de las obsesiones de los Gobiernos, que ven en ella un coladero de ilegales. En algunas ciudades europeas, las familias tienen que esconder a los niños para que la policía no se los lleve. La Europa de las libertades y de la hospitalidad se ha convertido en la arena de una competición para conseguir el título de "Gobierno que más inmigrantes ha expulsado en un año". El Gobierno de Sarkozy, en Francia, ha llegado a marcar una cifra mínima de expulsiones para que el ministerio del ramo apruebe su gestión. Con lo cual queda claro que no se expulsa a los inmigrantes porque se piense que así se resuelve algún problema, sino para dar satisfacción a los ciudadanos nativos, paralizados por unos miedos debidamente alimentados.

El Gobierno italiano de Berlusconi se ha estrenado con el anuncio de la caza del inmigrante y con una ley que convierte automáticamente al ilegal en delincuente. Con estos liderazgos no es extraño que la ciudadanía se anticipe a los acontecimientos y se produzcan las primeras turbas. Las palabras y los hechos de los gobernantes italianos -reclamándose del fascismo y lanzándose a la carga de los gitanos- han provocado cierta alarma e incluso la Unión Europea ha emitido alguna señal de preocupación. Con la nueva ley, decenas de miles de personas en Italia serán delincuentes por el solo hecho de estar allí. ¿En qué cárceles les meterán? ¿Vamos a volver a los tiempos de los campos de concentración? ¿Los echarán a patadas para que vuelvan a la primera oportunidad? El espectáculo de encarnizamiento con los parias es todo menos edificante. Hasta la Iglesia católica se ha dado cuenta. Inmediatamente han aparecido defensores de las hazañas berlusconianas: no hay peligro, Italia no va hacia el fascismo. Y los argumentos con que se apoya la afirmación son dos: primero, que la mano dura con la inmigración es lo que la gente quiere, y segundo, que Italia sólo es pionera, que toda Europa camina hacia un periodo de endurecimiento. Dos argumentos nada tranquilizadores. No porque todos lo pidan deja de ser lamentable. Y no porque todos los países lo hagan dejará de ser condenable. Al revés: entonces será ya mucho más difícil la marcha atrás. Lo que probablemente es cierto es que el virus de la cultura de la deportación ya había infestado Europa antes de que llegara Berlusconi. El Gobierno español ha ido reculando, bajo la presión del entorno mediático y político. Empezó con una regularización que fue un éxito porque convirtió en legales -es decir, en portadores de derechos y obligaciones- a 700.000 personas que estaban aquí. En vez de defender su acierto, se ha puesto a la defensiva y ha subido varios puestos en la copa de campeones de la expulsión de inmigrantes. La vicepresidenta Fernández de la Vega tuvo el honor de reaccionar ante las primeras machadas del Gobierno Berlusconi. Fue invitada al silencio.

En unos momentos en que las cosas cambian a una velocidad superior a la capacidad ciudadana de asumirlas, la sensación de inseguridad y desconcierto aprieta. Vuelven las melancolías de siempre: las religiones y los nacionalismos. Los Gobiernos se suman cargando contra la inmigración. La realidad es terca: continuarán los flujos de personas y la cultura de la deportación no acabará con ellos. En vez de preparar a la ciudadanía para el futuro, se pagan sus miedos con monedas del pasado. Y así se va tejiendo la ecuación inmigrante = ilegal = delincuente. Así se va generando la espiral de los odios. Se ha dicho estos días que el más bello eslogan del 68 era el que decía: "Todos somos judíos alemanes". Se acerca el momento de salir a la calle a gritar: "Todos somos inmigrantes".

Fuente: Periódico El País

Josep Ramoneda es Director del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona

viernes 23 de mayo de 2008

El silencio que precede, por José Carlos García Fajardo

No existe la decadencia de Occidente. Lo que ha dejado de existir es el Occidente como realidad y como concepto. No es nuevo el imperialismo económico que EEUU trata de convertir en político. Para quienes apostamos por una mundialización sostenida por una conciencia planetaria, se vislumbra la luz generadora de un nuevo amanecer.

Ante los desbarajustes sociales y económicos, producidos por un modelo de desarrollo que idolatra al mercado, muchos se preguntan si el caos no viene precedido por la decadencia de Occidente. Creo que tal decadencia no existe, lo que ha dejado de existir es el Occidente como realidad, y aún como concepto. Todos estamos interrelacionados y somos responsables unos de otros, y no sólo dependientes.

No es nuevo el imperialismo económico que EEUU trata de convertir en político con su retirada de los Tratados Internacionales y su violación de los derechos fundamentales para todos como sistema despreciando la soberanía de los Estados que arbitrariamente condena como hostiles a su política.

El arbitrio del Príncipe como fuente de Ley fue constante en la historia de la humanidad. Fue la conducta de los sátrapas orientales, de los emperadores occidentales, de los Papas autócratas y de todos aquellos que no consideraron al pueblo como auténtica base de la soberanía que delegaba el poder temporalmente para actuar en beneficio de la sociedad.

La política nace en Atenas cuando Pericles era el alma de Grecia. La participación de los ciudadanos era la clave del sistema. Roma decayó moralmente cuando abandonó las instituciones republicanas para reforzar el poder del Imperator y ser más eficaces en la conquista del orbe.

No fue extraño que la concepción teocrática del poder en que sucumbió el mensaje cristiano de la fraternidad universal, degradase las conquistas de la mente reflejadas en el derecho para equipararse a la política teocrática de los Califas para extender el Islam. Su concepción del mundo ha sido el paradigma de los halcones de Washington: concebían el mundo dividido en dhar al Islam y dhar al Harb, “mundo sometido” y “mundo para conquistar”. Bush dividió al mundo en Orbe Americano y Orbe de las demás Tierras (Orbis romanus et Orbis terrarum).

El concepto de mundialización es tan antiguo como la razón de la fuerza sobre la fuerza de la razón. Si pobre es el que codicia demasiado, bárbaro es el que no tiene noción de la mesura: desde los bárbaros mongoles o las acometidas tártaras hasta los imperios que siguieron a la absurda teoría del derecho divino de los reyes.

El concepto de mundialización, en cada época se corresponde con su concepción del mundo y con el alcance de su fuerza apoyada en las tecnologías del momento para acaparar materias primas, recursos y más locura en su carrera hacia la desintegración del sistema, por alienación de los ciudadanos. Es la desazón de la velocidad dentro de un laberinto.

Pero el pueblo no sufre eternamente. Al poderío hegemónico de romanos, musulmanes, eslavos, germanos, francos, españoles, turcos, anglos y norteamericanos sucederá una verdadera convulsión cuyos signos analizan los estudiosos de la enajenación de los actuales imperantes. Ante el ensordecedor silencio de sus ciudadanos embobados por el panis et circenses; cuando no lo era por el alienante concepto de una recompensa ultraterrena, más lacerante cuando no iba apoyada en la justicia, en el amor y en la felicidad de saberse responsables solidarios unos de otros.

Los auténticos sabios de las más grandes tradiciones coinciden en que el sentido del vivir es la plenitud de saberse universo en una gota de rocío. De ahí el ser nosotros mismos, no dejar escapar el instante, estar a lo que estamos, hasta la suprema sabiduría de poder expresar con nuestra palabra o con nuestro silencio “Sancho, yo sé quién soy”.

De ahí que el imperialismo que padecen miles de millones de seres, no aporte más novedad que los avances tecnológicos. La enajenación por el poder del tener sobre la conciencia de ser se anuncia como una implosión regeneradora, porque ha alcanzado la linde del no-retorno. Cuando se ha perdido el sentido de la vida y se entiende que no hay nada que perder, muchas personas se hacen bomba que camina y se arrojan en el terror como expresión de su protesta.

No es el desastroso imperialismo de los actuales sátrapas que acogotan a millones de personas con hambre, enfermedad, guerra, marginación, soledad y desarraigo lo que constituye la clave de esta bóveda que agobia. Es el nuevo concepto de Imperio como un magma de poder difuso cuyo centro está en todas partes, pero su circunferencia en ninguna.

Para quienes apostamos por otra mundialización alternativa, sostenida por una conciencia planetaria, se vislumbra la luz generadora de un nuevo amanecer, más humano, más justo y armonioso con la riqueza de convertir el tiempo en un espacio que definimos con nuestra presencia. De ahí que la ética mundial exija una nueva mentalidad, una conciencia planetaria que nos haga recuperar el sentido de las cosas, de las personas y de nosotros mismos. La llamaremos armonía, justicia y solidaridad, dentro de una experiencia general de libertad.

José Carlos García Fajardo es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

Sucumbir al miedo, por Xavier Caño

Una ola de odio y hostilidad hacia los extranjeros. Esta época de xenofobias, racismos y graves violaciones de derechos humanos, en la que dirigentes democráticos se doblegan a los miedos de los ciudadanos, y emergen dirigentes demagogos neofascistas y xenófobos, recuerda los años pasados, cuando el miedo al movimiento obrero y al socialismo hizo crecer el fascismo y el nazismo.

La violencia xenófoba sacude Sudáfrica. Hombres armados han atacado asentamientos de inmigrantes en Johannesburgo. Docenas de chabolas, incendiadas y más de veinte muertos. Los atacados eran de Mozambique y Zimbabwe. Una mozambiqueña declaró que “gritaban que nos fuéramos del país”.

Una ola de xenofobia recorre el mundo, ola de odio y hostilidad hacia los extranjeros. En Italia se abre la caza de inmigrantes “sin papeles”. Redadas en quince provincias y cientos de detenidos. En Nápoles, vecinos de Ponticelli (feudo de la Camorra) asaltaron y quemaron campamentos de gitanos. En el primer consejo de ministros de Berlusconi, se aprueba que la inmigración “ilegal” sea delito. Los ‘sin papeles’ pueden ir a la cárcel hasta cuatro años; los alcaldes podrán expulsar extranjeros.

En Holanda, un examen de lengua y cultura holandesas es prueba obligatoria para que esposas e hijos puedan reunirse con marido y padre. Según el Gobierno holandés, es para fomentar la integración. Según Human Rights Watch, asociación defensora de derechos humanos, la prueba “va dirigida a frenar la entrada en Holanda de personas de Turquía y Marruecos”.

En España, donde el gobierno realizó una regularización masiva, no ha tomado medidas concretas para que los inmigrantes dejen de ser los más vulnerables. La población inmigrante (10% del total) está discriminada respecto a la autóctona según informe de SOS, Racismo. Por ejemplo, en el País Vasco, el 80% de inmobiliarias de Bilbao se niegan a alquilar pisos a extranjeros, porque los propietarios de viviendas no quieren a inmigrantes. Amnistía Internacional denuncia que la acción del gobierno ignora por completo el incremento de racismo y xenofobia. Y los 27 que forman la Unión Europea han llegado a un acuerdo para expulsar a ocho millones de inmigrantes “sin papeles”.

Ante tal despropósito, el analista español Josep Ramoneda concluye que hoy “racismo, xenofobia y fascismo son los materiales con los que se teje el discurso populista. La izquierda y la derecha liberal tienen parte de culpa, por tener demasiado miedo a los miedos de la gente. Y por encogerse a la hora de defender los valores básicos de respeto igual a todos y de reconocimiento del otro”.

Asistimos a una perversión de la democracia: los gobernantes electos sitúan los miedos y bajezas de los ciudadanos por encima de los valores que conforman la democracia. Democracia no sólo es votar. Democracia es votar más respeto a los derechos humanos de todos. Democracia no es votar y ahí se acaba todo, porque entonces Hitler, Trujillo y Stroessner (que fueron elegidos) serían demócratas y habrían presidido democracias. Pero no es así. Democracia es delegar el poder político de los ciudadanos en diputados y a través de éstos en un gobierno, cierto. Pero ese poder ciudadano no puede alterar ni pudrir las bases ni los principios de la democracia.

Esta época infausta de cobardías, xenofobias, racismos y graves violaciones de derechos humanos, en la que dirigentes democráticos se doblegan a los miedos y cobardías de los ciudadanos, y emergen dirigentes demagogos neofascistas y xenófobos, recuerda los años pasados. Entonces fue el miedo al movimiento obrero y al socialismo lo que hizo crecer el fascismo y el nazismo. Hoy no es el orgullo “nacional” ofendido o agraviado, como fue en Alemania e Italia; hoy es el miedo a lo que se ignora, a lo diferente y especialmente a un futuro incierto lo que socava la democracia. Un futuro de incertidumbre fruto de un sistema económico codicioso, estúpido e insolidario.

Recordemos que los entusiasmos por Hitler y Mussolini, aplaudidos como salvadores de la patria, devinieron sangre, sudor y lágrimas para millones y millones de ciudadanos, y no sólo por la guerra. No hay patria ni raza; es un mito, una entelequia. Sólo seres humanos con problemas, y nos necesitamos unos a otros.

Pero, lo que ocurre no es casual. Hace demasiado tiempo que el miedo es alimentado desde el poder. Lo grave no es tener miedo, algo consustancial al ser vivo. Lo malo es sucumbir al miedo hasta la indignidad, que es lo que ocurre con la xenofobia.

Xavier Caño Tamayo es escritor y periodista


Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

Para Marina Silva: «política sin teología es puro negocio», por Leonardo Boff


La salida de Marina Silva del Ministerio de Medio Ambiente representa una enorme pérdida de calidad política del gobierno Lula. Por calidad política entiendo la competencia del gobernante de mantener la unidad de los contrarios, esos contrarios inherentes a toda convivencia social y democrática, que confiere dinamismo y vida a la sociedad. Marina Silva representaba en el gobierno un polo decisivo y fundamental para una política responsable por el futuro de la vida y de la integridad del Planeta: el cuidado del medio ambiente global y de las condiciones ecológicas que garantizan la vida en toda su inmensa diversidad. En el otro polo están otros, en mayor número, que persiguen un proyecto que nos remite al siglo XIX, de crecimiento material acelerado y a cualquier precio, sin considerar la mutación de las conciencias ocurrida en Brasil y en el mundo principalmente ante las peligrosas transformaciones negativas del estado de la Tierra, ocasionadas en gran parte por dicho proyecto. Misión del gobernante es ser un hombre de síntesis, capaz de articular los polos y tener la sabiduría suficiente para tomar decisiones estratégicas, incluso difíciles, que garanticen el futuro de nuestra existencia en este pequeño Planeta. El actual presidente había demostrado esa capacidad de síntesis. Pero esta vez, nos parece que se ha producido un desastroso desequilibrio. Con la ausencia de Marina Silva existe el peligro del pensamiento único y de la obsesión furiosa por el crecimiento, haciendo crecer nuestra deuda con la naturaleza y con las generaciones futuras.

La ex-ministra Marina Silva mantenía una tenaz coherencia con la misión que se propuso, de introducir a partir de su Ministerio la transversalidad del cuidado ecológico en todas las instancias del poder, en el esfuerzo de conferir una dirección innovadora, y a la altura de los desafíos contemporáneos, al desarrollo socio-ambiental sostenible. Fue vista como obstáculo al crecimiento y como impedimento a la modernización. Y efectivamente lo era y tenía que serlo. Lo que sabemos de la historia y de la experiencia reciente hace imposible continuar con el tipo de crecimiento retrógrado que se propone la acumulación a costa de devastar la naturaleza y de profundizar las desigualdades sociales. Hay que estigmatizar esa modernización conservadora y socialmente generadora de tantas víctimas, en el campo y en las ciudades. Las presiones contra la ministra venidas desde el interior del propio gobierno y del exterior, de grupos poderosos ligados a lo pecuario y al agronegocio, minaron la sustentación política y la viabilidad de su trabajo, especialmente en lo que se refiere a la conservación de la selva amazónica. Se retiró del ministerio por la puerta de delante, con elevado espíritu público y ético, manifestando lealtad y fidelidad al presidente.

Marina Silva era una de las reservas éticas del gobierno, una referencia de credibilidad para Brasil y para el mundo. Pero la ética era poco para ella. La movía una inspiración espiritual, de servicio a la vida y de protección de todo lo creado. Ella me hace recordar la frase de un gran pensador de la escuela de Frankfurt que fue un riguroso marxista y materialista: Max Horkheimer. Al final de su vida escribió un sugestivo libro: El anhelo del totalmente Otro. En él, como marxista y no como cristiano, dice: «una política, sin teología, es puro negocio». Y explicaba: «teología significa aquí, la conciencia de que el mundo no es la verdad absoluta, que no es el fin; teología es la esperanza de que todo no acabe en la injusticia que tanto marca el mundo, que la injusticia no tenga la última palabra».

Considero que Marina Silva mostró en su vida y práctica la verdad de esta sentencia. Por eso le estamos todos agradecidos y en deuda.

Fuente: Koinonia
Más información de Marina Silva en Wikipedia

jueves 22 de mayo de 2008

El peor día para el Partido Popular

A continuación una lista de enlaces de noticias sobre el PP que demuestran esta afirmación:

Pedro J. Ramírez llama a la "sublevación" contra Mariano Rajoy (El Confidencial)
Losantos: "Rajoy se rodea de sinvergüenzas y elimina a la gente decente" (Público)
José Antonio Ortega Lara comunica al PP su baja del partido (El Mundo)
San Gil anuncia ante el PP vasco su decisión "irrevocable" de dejarlo (El País)
La madre de Gregorio Ordóñez: "Os pido por favor que recapacitéis y le pidáis disculpas a María" (Libertad Digital)
Gustavo de Arístegui: "Rajoy se está equivocando profundamente" (Público)
Alberto Ruiz-Gallardón: "Al PP le queda un trecho para ocupar el centro" (Público)
Militantes del PP convocan por SMS una concentración mañana en apoyo a San Gil (El Mundo)
Rato: "No tengo nada que hablar con Rajoy" (Cadena Ser)
Aznar, "profundamente disgustado" por la salida de San Gil y Ortega Lara del PP (El País)

Injerencia humanitaria … ¡Siempre!, por Enrique Meneses


El prestigioso periodista Enrique Meneses, ha publicado en su interesante blog una reflexión sobre la injerencia humanitaria a propósito de la crisis en Birmania. Sobre esta idea ha escrito también en este blog Concha Pinós, Directora de Birmania por la Paz. Reproducimos a continuación el magnífico artículo de Meneses:

Entre los días 2 y 3, el ciclón Nargis devastó el sur de Myanmar y dejó una estela de muertos. Tres semanas más tarde, estima la Junta que 77.738 fallecidos y, al menos, 55.917 desaparecidos y otro tanto padecen heridas. Hay tres millones de personas, que desde aquel desastre, han perdido sus cosechas y carecen de reservas alimenticias. Desde el primer instante, se han movilizado las ONGs que operan en Extremo Oriente pero la Junta Militar, que gobierna el país, se ha opuesto a la entrada de toda ayuda. Es más, los alimentos recibidos por dos aviones de EE.UU. han sido parcialmente desvalijados por los militares.

La ayuda internacional está pendiente de permisos de una Junta Militar que mantiene el país bajo una dictadura sofocante donde se trafica con drogas, se explotan niños en trabajos que no se remuneran, y se hace dinero con la prostitución. Hace 18 años que la ganadora de las elecciones y Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, Presidenta de la Liga Nacional por la Democracia, está en detención domiciliaria. Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, ha convocado este domingo 25 de mayo, en colaboración con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), una reunión de países donantes que tienen barcos cargados de ayuda frente a la costa birmana pero no tienen permiso de desembarcarla. La Junta dictatorial y la ONU son responsables de que 3 millones de seres humanos, sobre todo los más débiles, no dispongan de agua potable, alimentos y asistencia médica. Las enfermedades tropicales están causando ya enfermedades graves debido a la cantidad de cuerpos en descomposición que hay por el país. Solo la ASEAN ha sido aceptada por la Junta para coordinar operaciones y enviar cooperantes. Todavía no se sabe si las ONGs y sus técnicos podrán intervenir. Y el día 25 de mayo, hará … ¡23 días que esos 3 millones de personas, carecen de todo!

Corresponsales y ex corresponsales de guerra odiamos las guerra pero no somos sistemáticamente pacifistas. Yo no comprendo que el Secretario General de la ONU esté discutiendo con unos facinerosos, si van a pagar sus deudas o no. No creo que Francia o Gran Bretaña o Estados Unidos, que tienen barcos y aviones cargados y listos para repartir la ayuda, hayan sacado el tema de los pagos de esta operación, 6.462 millones de euros o deudas atrasadas. Se han conseguido visados para 17 expertos del Programa Mundial de Alimentos (PMA) que no pueden salir hacia los 120 campamentos de refugiados de la región de Irrawady, en el delta. No se puede tolerar el tiempo transcurrido en bizantinismos con una Junta dictatorial. Yo estoy, en casos como este, por una intervención militar internacional, aunque sea por la fuerza para, mediante un corredor humanitario, atender urgentemente a 3 millones de seres humanos que llevan 23 días padeciendo sed, hambre, heridas abiertas y graves enfermedades tropicales y, después, discutir dinero. Injerencia humanitaria ¡Siempre! Y sentar jurisprudencia.


Fuente: Blog de Enrique Meneses

El diputado Joan Herrera pregunta al gobierno español sobre Birmania

Birmania por la Paz ha difundido la pregunta parlamentaria que el diputado en el Congreso de los Diputados Joan Herrera, de Iniciativa per Catalunya Verds, ha dirigido al gobierno español interesándose por su actuación en la crisis birmana. El texto de la pregunta es la siguiente:

Al amparo de lo establecido en el artículo 185 y siguientes del Reglamento del Congreso de los Diputados, el diputado adscrito al Grupo Parlamentario de Esquerra Republicana - Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds formula la siguiente pregunta dirigida al Gobierno, para su respuesta escrita.

Desde el pasado 2 de mayo en que el ciclón Nargis pasó por Birmania las cifras de la catástrofe no han parado de aumentar. Según datos de la organización Birmania por la Paz a día de hoy se superan los 150.000 muertos, 3 millones de personas carecen de las necesidades más básicas y 25 millones de personas han perdido indirectamente todo lo que tenían.

Tampoco han parado de incrementar las quejas y denuncias de las organizaciones de ayuda humanitaria por las dificultades y el bloqueo interpuesto por la Junta Militar del País. El régimen birmano ha comunicado que sólo los países de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) están autorizados a trabajar dentro del país y que será este organismo quien coordine el mecanismo de ayuda internacional.

La organización Birmania por la Paz denuncia en su último comunicado “el rol de los gobiernos internacionales pues sabiendo que las agencias están a sueldo de la junta y que la ONU no es un interlocutor válido niegan al pueblo Birmano lo que ha pedido y necesita”; también solicita que “la ayuda internacional se dé a la resistencia no violenta, a las organizaciones que ayudan a los refugiados y a la alianza de los monjes budistas que son los que realmente están ayudando al pueblo”. Por todo ello exigen que “la comunidad internacional y los gobiernos actúen con compasión y diligencia, que no se laven las manos y entreguen la ayuda internacional a organismos eficaces”

Según el comunicado de la AECID del pasado 13 de mayo España ha dispuesto 1.000.0000 de euros para atender al llamamiento de emergencia de Naciones Unidas para los afectados por el ciclón Nargis en Birmania. Esta aportación se suma a los 500.000 euros destinados inicialmente al Programa Mundial de Alimentos, para abastecer a 600.000 personas durante los próximos 6 meses en la provincia Sur Ayeyarwaddy, y a las 13 toneladas de ayuda que llegaron el sábado a Tailandia y que se han puesto a disposición del operativo que Naciones Unidas coordina en ese país.

Según el comunicado de la organización Birmania por la Paz el 95 por ciento de la ayuda humanitaria internacional dada por los gobiernos ha sido dada al programa mundial de alimentos, es decir que el 1.500.000 de euros aportado por España se canaliza a través de agencias internacionales que no son en absoluto responsables del destino final.

¿Por qué motivos España canaliza la ayuda humanitaria a Birmania mediante el programa mundial de alimentos a pesar de las recomendaciones hechas por las organizaciones de ayuda humanitaria?

El Gobierno Español ¿cómo puede tener la seguridad de qué la ayuda humanitaria va a llegar las personas del área afectada?

¿Cómo contribuye el Gobierno Español al impulso del proceso democrático en Birmania?


Palacio del Congreso de los Diputados

Madrid, 20 de mayo de 2008

Joan Herrera Torres

Fuente: Birmania por la Paz