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8/9/08

Manifiesto por la laicidad

La red de 150 grupos, comunidades, asociaciones y movimientos cristianos de base progresistas que forman Redes Cristianas, ha presentado su "Manifiesto por la laicidad" y comienza una campaña de recogida de adhesiones al manifiesto, que no va dirigido a la comunidad cristiana, sino a todas las personas que estén de acuerdo con su contenido. El plazo de recogida será hasta diciembre, y posteriormente se hará entrega de las firmas a autoridades políticas y eclesiales. Para más información y adherirse o difundir el manifiesto, visitar la página:

www.redescristianas.net/adhesiones

Manifiesto por la laicidad


Redes Cristianas, desde su doble pertenencia a la comunidad cristiano-católica y a la sociedad civil, apuesta decididamente por la independencia, respeto y colaboración entre estos dos ámbitos y aboga por un Estado laico que supere el actual confesionalismo encubierto y por una Iglesia inspirada sólo por el Evangelio y no sometida a ningún tutelaje del Estado.

Consciente de que las actuales relaciones entre Iglesia/Estado en España, basadas en los Acuerdos del 1979, han sido el principal obstáculo a la separación entre ambos y que actualmente están generando un gran malestar en amplios sectores sean católicos o no, Redes Cristianas manifiesta claramente su postura e invita a sumarse a cuantas instituciones o personas quieran hacerlo.

El desarrollo progresivo de la laicidad debe ser considerado como un hecho positivo. Es la lenta maduración de la humanidad hacia una cultura del pluralismo, del respeto a la diferencia, es avanzar hacia la creación de aquellos espacios de liberdad que hacen posible el diálogo entre todas las ideologías filosóficas o religiosas, creyentes o no. Y, puesto que el único garante de este espacio público es el Estado, laicidad significa la autonomia del Estado respecto de cualquier magisterio religioso o cosmovisión filosófica que pretenda imponerse como la única verdadera.

Desde esta postura:

1.Denunciamos los Acuerdos de 1979 del Estado español con la Santa Sede
-en vigor desde hace casi 30 años- y no proponemos su renovación porque, nacidos en situación de privilegio confesional católico, están afectando hoy día a una sociedad religiosamente plural y ampliamente secularizada y son causa de muchos de los conflictos que afectan a la convivencia ciudadana. Y, en consecuencia, exigimos que las entidades dependientes de la Iglesia y demás confesiones religiosas se acojan al derecho civil que regula la vida asociativa en el Estado.

2.Apostamos por una laicidad plena que reconozca la autonomía de lo político y civil respecto a lo religioso y camine hacia la separación definitiva de la Iglesia y el Estado, reconociendo la igualdad de derechos y deberes, sin privilegios ni ventajas eclesiásticas y garantizando el ejercicio de las libertades fundamentales para todos y todas. La Iglesia será libre sólo cuando esté clara y definitivamente desligada del Estado y se ponga decididamente al servicio de los pobres y excluidos de este mundo.

3.Abogamos por un “pacto por la laicidad” entre confesiones religiosas y el Estado
, que de lugar a un “estatuto de laicidad” que regule la presencia y las actuaciones de los poderes políticos en las ceremonias religiosas y de las jerarquías religiosas en los actos políticos, suprimiendo los símbolos religiosos en el espacio público civil.

4.Exigimos que el funcionamiento democrático interno, la participación de las bases y la transparencia sean criterios a tener en cuenta por parte del Estado a la hora de establecer marcos de colaboración con las entidades sociales. Consecuentemente, denunciamos el clericalismo y la discriminación por razones de género y orientación sexual, aún presentes en la Iglesia católica y otras confesiones.

5.Defendemos una “laicidad escolar” que posibilite la formación integral de la persona, el aprendizaje, la socialización y la enculturación sin proselitismos ni adoctrinamientos, y que responda a principios de igualdad, libertad y formación crítica para todas las personas. Reconocemos el pluralismo religioso y cultural existente, y, en consecuencia, denunciamos la actual presencia de la religión confesional católica en el sistema educativo y en la escuela pública y concertada.

6.Apostamos por una sociedad secularizada y pluralista, organizada democráticamente desde la aconfesionalidad y sin permitir interferencias confesionales en el espacio político, ni privilegios que, desde los principios de justicia y equidad, causan agravios comparativos con el resto de las instituciones. Desde aquí denunciamos el actual sistema de financiación de la Iglesia católica por el Estado español.

7.Abogamos por mantener la autonomía de la ética en una sociedad laica en todos los ámbitos propios de una sociedad secular (en el tejido social, político, productivo, cultural, científico…), sin necesidad de acudir a motivaciones religiosas para legitimarla. Y, en consecuencia, denunciamos las presiones de la jerarquía católica para imponer su moral sobre la ética pública.

8.Defendemos la presencia de las confesiones religiosas en los medios de comunicación. Pero denunciamos a la Conferencia Episcopal Española por el intolerable abuso del derecho de la Libertad de Expresión que está haciendo la Cope. Exigimos a la Conferencia Episcopal Española el cambio radical en su línea editorial y al Gobierno mayor firmeza en la garantía del respeto a los derechos de los ciudadanos.

Urgimos, finalmente, al actual gobierno del Estado como detentor y representante de la soberanía popular y a las jerarquías de las confesiones religiosas, especialmente a la de la Iglesia Católica, que asuman responsablemente el espíritu de la Constitución, la cual, en el Art. 16 párrafo 3, al afirmar que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, aboga por el establecimiento de aquel espacio laico y de diálogo al que hacemos referencia.

Fuente: Redes Cristianas

17/2/08

El PP forma a los curas, por José Manuel Vidal

El magnífico periodista José Manuel Vidal ha publicado un interesante artículo en Religión Digital haciéndose eco de una denuncia del Foro Curas de Madrid, que reproducimos a continuación:


La formación permanente de los curas de Madrid no está en manos de obispos. Ni siquiera de teólogos o de curas bien preparados. El Foro de Curas de Madrid denuncia que Rouco ha confiado la formación de su clero al Partido Popular. Y las clases de formación permanente de los sacerdotes madrileños las dan Jaime Mayor Oreja, Gustavo de Arístegui o Benigno Blanco, entre otros.

Como denuncian los cien curas que forman parte del Foro, el curso 2007-2008 la Facultad de Teología San Dámaso y la delegación diocesana del Clero de Madrid “han organizado una serie de charlas para la formación permanente de los sacerdotes”. Con el título de “Desafíos políticos, económicos y sociales”. Y centradas en cuestiones de actualidad, como “laicidad y laicismo, política y economía o familia y vida.

“Nos parece perfecto que la diócesis se preocupe de estos aspectos en la puesta al día de sus sacerdotes. Nuestra extrañeza surgió cuando leímos el programa y vimos que prácticamente todos los temas socio-económicos y políticos se han confiado a conocidas personas del partido popular o públicamente alineadas con él”, señalan los curas.

Entre los ponentes, figuran el ex ministro Jaime Mayor Oreja, el presidente de la Cadena COPE, Alfonso Coronel de Palma, el viceportavoz del PP en el Congreso, Gustavo de Arístegui, el viceconsejero de inmigración de la Comunidad de Madrid, Carlos Clemente o el ex secretario de Estado, Benigno Blanco.

A ponentes del PP, mensajes del PP para los curas. “Su perspectiva, más que desde la razón iluminada por la fe y la doctrina social de la Iglesia, parte desde los análisis, orientaciones y estrategias, incluso electoralistas a corto plazo, del Partido Popular”, explica el Foro sacerdotal.

Y aportan datos precisos y concretos. En la primera charla, por ejemplo, Mayor Oreja sostuvo que “padecemos dos ofensivas: la ofensiva nacionalista y la ofensiva laicista, de un laicismo radical, anticlerical, relativista, que pretende cambiar los valores que hasta ahora han sido patrimonio de la sociedad española ... ¿Quiénes son los gestores de ambas ofensivas?: ETA y Zapatero. Sus proyectos se complementan y alimentan recíprocamente. La situación actual es como una unión temporal de empresas y proyectos que buscan la desvertebración moral y política de España , cada uno a su nivel. Si el adversario de la ofensiva nacionalista es el Partido Popular, el adversario de la ofensiva laicista es la Iglesia católica. Por tanto necesitamos trabajar unidos, hay que consolidar una defensa organizada de estos valores trascendentes de la nación española”.

Al Foro de Curas de Madrid les parece todavía más grave que su cardenal, Antonio María Rouco Varela, “que había presentado a Mayor Oreja como ‘un político valiente’, afirmase en su intervención que estaba de acuerdo al cien por cien con este diagnóstico, añadiendo la necesidad de comunión con la jerarquía eclesiástica”. Y lo mismo pasó con la ponencia de Carlos Clemente sobre inmigración.

Ante esta situación, el Foro de curas de Madrid denuncia “la sumisión a los intereses y estrategias del Partido Popular, que constituye un daño a la Iglesia madrileña y no se corresponde con el pluralismo político legítimo y real de los católicos madrileños ni con las orientaciones del Concilio Vaticano II”.

A juicio de los curas “se trata pura y simplemente de un adoctrinamiento partidista de los sacerdotes madrileños facilitado al partido popular y que presupone el enfeudamiento ideológico de la jerarquía en los sectores de la derecha socio-política”.



Fuente: Religión Digital

15/2/08

La derecha españolista frente al islam, por Abdennur Prado

Todas las referencias al "contrato social" realizadas estos días por dirigentes del PP señalan directamente a los musulmanes, reviviendo estereotipos negativos latentes en nuestra sociedad. Al ser preguntados sobre las supuestas "costumbres de los inmigrantes" que chocan con las "costumbres españolas", han mencionado el uso del hiyab y la llamada del almuédano a la oración. Pizarro ha ido un paso más allá, hablando incluso de "cortar la mano a los ladrones". ¡Como si los inmigrantes fueran cortando manos por ahí!
Resulta ilustrativo el enmarcar esta propuesta en el rechazo que la presencia del islam en nuestro país genera entre la derecha españolista. Asistimos a la emergencia de un revisionismo histórico anti-andalusí, unido a la reafirmación de los mitos fundacionales de la españolidad más arcaizante. En esta clave hay que leer las obras Al Andalus contra España, de Serafín Fanjul, El islam contra España, de César Vidal, o La Yihad en España, de Gustavo de Arístegui. Obras que responden a una orientación política explícita, y recurren a la práctica (francamente lamentable) de seleccionar aspectos negativos de un determinado periodo histórico para desacreditarlo.

Este discurso pretende que el islam es ajeno a la identidad española, que los musulmanes que vivieron en la Península durante ocho siglos eran extranjeros, que Al Andalus es una época maldita, en la cual la "verdadera España" fue arrinconada en los montes asturianos, desde donde inició una gloriosa reconquista. Vuelven Don Pelayo, Santiago Matamoros y el Cid Campeador como exponentes de la España eterna.

Recordemos las palabras de José María Aznar en la Universidad de Georgetown: "Los problemas de España con Al Qaeda comenzaron en el siglo VIII, cuando fue conquistada por los moros y rehusó perder su identidad". Y en una clase posterior: "Yo apoyo a Fernando (el Católico), creo que fue un gran rey. Creo que estamos en tiempo de guerra. O nosotros acabamos con ellos o ellos acaban con nosotros".

Resulta chocante ver cómo Aznar establece una conexión anacrónica entre el pasado y el presente, como si los musulmanes peninsulares de los siglos VIII al XV fuesen de Al Qaeda. Arístegui, por cierto, no se queda atrás, y se refiere a los almorávides y almohádes como "los primeros movimientos de corte islamista de la historia", antecedentes del "islamismo radical" que, según la derecha, amenaza a la España cristiana.

Salta a la vista el papel que la religión juega en este discurso. También la Conferencia Episcopal se ha referido reiteradamente a esta hipotética "unidad histórica, espiritual y cultural de España", basada en la romanización y la evangelización. Durante una peregrinación a la Iglesia de Santiago en Zaragoza, Rouco Varela afirmó lo siguiente: "En el fondo el alma de España vibra a través de la historia de su cultura, de todas las épocas gloriosas de su Historia. En todas ellas ha habido fidelidad de fondo a Cristo. España será cristiana y católica o dejará de existir como tal".

Todo aquel que se oponga a esta mitología es automáticamente tachado de "anti-español" y "traidor a la patria". De ahí que Mansur Escudero, presidente de Junta Islámica, haya sido calificado como "Don Julián", y que la Fundación para la Defensa de la Nación Española afirme: "La Junta Islámica ha expresado su hostilidad hacia la tradición histórica y cultural española". Y de ahí que, en una visita a Lorca, el presidente del Gobierno tuviera que suspender un acto a causa de la acción de un grupo de 300 manifestantes que gritaban "Zapatero, anticristo" y "Espa-ña cristiana, no musulmana".

Todo esto pone en evidencia la persistencia de una mentalidad arcaica en la España del siglo XXI. Cuando Aznar conecta su admiración por Fernando el Católico con la llamada "guerra contra el terrorismo", está proyectando una mitología españolista reaccionaria en la geopolítica contemporánea. Vemos así cómo el nacional-catolicismo español resucita bajo el paraguas neocon del "choque de civilizaciones".

No podemos pasar por alto el sentido último de esta conexión entre el pasado y el presente, como si se tratase de situaciones destinadas a repetirse. La presencia del islam en la España del siglo XXI es presentada como una reminiscencia de la "invasión musulmana" de la Hispania visigoda. Cuando se justifican la Inquisición y la expulsión de los moriscos con el argumento de que España estaba en guerra con el islam y de que aquéllos eran una "quinta columna", es inevitable trazar un paralelo con la situación actual, en la cual es habitual escuchar que estamos en "guerra contra el islam" y que los ciudadanos musulmanes son "quintacolumnistas" que ponen en peligro la identidad española. La expulsión o el exterminio emergen como la solución final para asegurar el retorno a la España "inmaculada" de los antepasados.

Esto es una agresión directa a la verdadera España, la España democrática y plural, en la cual debemos aprender a convivir cristianos, budistas, judíos, ateos, agnósticos y musulmanes. Lo que hoy da cohesión a nuestra sociedad no es la mitología nacional-católica, sino valores compartidos como los derechos humanos y el laicismo, el pluralismo religioso y la igualdad hombre-mujer. Éstos son los cimientos de la España abierta que entre todos debemos construir, una tierra de convivencia con la cual todos podamos identificarnos.

Abdennur Prado es presidente de la Junta Islámica Catalana.


Fuente: El País

13/2/08

Elecciones 2008: el voto budista, por Dokushô Villalba


El próximo 9 de marzo tendrán lugar las Elecciones Generales en el Estado español. ¿A quién votarán los practicantes y los simpatizantes del budismo? Es una incógnita porque, en general, las comunidades budistas no suelen pronunciarse públicamente y, por supuesto, los practicantes budistas ejercen su voto, o su abstención, de acuerdo a su propia conciencia individual.

Personalmente votaré la candidatura del PSOE porque considero que el clima social, económico, cultural y político que propician los socialistas es el más respetuoso con la pluralidad cultural y religiosa que caracteriza cada vez más a la sociedad española.

No en vano ha sido la última administración socialista la que ha reconocido la figura de Notorio Arraigo al budismo, cuando el anterior gobierno del PP la rechazó, más por motivos políticos e ideológicos que por razones legales.

Aunque el poder del Estado-nación y el poder político salido de las urna son cada vez más impotentes frente a otras formas de poder no democrático como puedan ser los medios de comunicación, los emporios financieros y las grandes multinacionales, y aunque la mayor parte de los políticos sirven más a esos poderes no democráticos que a la voluntad del pueblo expresada en las urnas, aún existe un resquicio de maniobrabilidad y de honradez política, que deben ser aprovechados al máximo.

Los budistas no podemos continuar en el nirvana apolítico, circunscritos a las paredes de nuestros centros de práctica. No podemos seguir viviendo en una burbuja ‘espiritual’, ajenos a los compromisos ciudadanos, a las realidades concretas y a los derechos cívicos y sociales que están en juego en las próximas elecciones.

Durante esta legislatura socialista, el Estado ha reconocido al budismo la figura de Notorio Arraigo. Este reconocimiento no es un fin en sí mismo, sino el punto de partida de una relación institucional entre la Federación Española de Comunidades Budistas y el Estado español, relación que aún debe ser definida y negociada a lo largo de los próximos años. Es evidente que esa relación será mucho más fluida y beneficios a con la administración socialista que con un gobierno del PP, partido heredero del nacional-catolicismo y que las fuerzas más reaccionarias de la Iglesia Católica española están utilizando como ariete contra los avances sociales y democráticos que el Gobierno del PSOE ha propiciado durante la última legislatura.

El PP está minado por miembros del Opus Dei y otros movimientos católicos reaccionarios, quienes siguen lamentándose de que España haya dejado de ser una, grande y libre y que los ciudadanos abandonen en masa la influencia que la Iglesia católica ha ejercido durante siglos sobre las conciencias de los españoles, con la ayuda siempre de la derecha conservadora.

La presión que los obispos católicos han ejerciendo durante toda la legislatura pasada y que ha arreciado con los inicios de la pre-campaña electoral demuestra que la Iglesia católica no termina de aceptar que, como dice el artículo 16, apartado 3 de la Constitución española: “ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

Según nuestra Constitución, el Estado español es laico y aconfesional y los budistas españoles debemos favorecer a las fuerzas políticas que tratan de cumplir con este precepto constitucional y que abren vías de negociación con todas las creencias religiosas en igualdad de condiciones y oportunidades. Es cierto que el programa electoral del PSOE no recoge la necesaria revisión del Concordato entre el Estado español y el Estado Vaticano, un acuerdo internacional pre-democrático que ningún gobierno democrático se ha atrevido aún a revisar. La Iglesia sigue siendo poderosa y muchos votantes socialistas son católicos. Aún así, las fuerzas políticas progresistas deben ser apoyadas en su intento de democratizar las relaciones entre las distintas confesiones religiosas y el Estado. Por ejemplo, el Ministerio de Justicia del gobierno socialista ha creado durante la pasada legislatura la Fundación Pluralismo y Convivencia, un granito de arena que trata de paliar la desigualdad en materia de financiación a las confesiones religiosas minoritarias. Un granito de arena que sería impensable con un gobierno del PP.

Aún queda un largo camino para que los principios constitucionales, en materia de libertad e igualdad religiosas, pasen del papel escrito a la práctica cotidiana. Si el español es un Estado aconfesional, ¿por qué permanecen los crucifijos en muchas aulas de las escuelas públicas? ¿por qué los ministros y los altos cargos juran o prometen sus cargos delante de un crucifijo? ¿por qué la práctica religiosa de la familia real (bodas, bautizos, funerales, etc.) sigue siendo presentada ante la opinión pública como asunto de Estado? ¿por qué la corona real estampada en la bandera que se supone representa a todos los españoles sigue ostentando en su cima una cruz? ¿por qué los ritos católicos siguen estando presentes en los grandes acontecimientos del Estado?

No será con el PP con quien avanzaremos hacia ese estado laico y aconfesional en el que el estado se relacione con todas las confesiones religiosas en igualdad de condiciones. Y si bien es cierto que los pasos del PSOE en ese sentido son todavía tímidos, muchos dirigentes socialistas están aguardando las circunstancias propicias para caminar en esa dirección. Y la circunstancia más propicia es la victoria electoral con una mayoría holgada o con una mayoría simple que obligara al PSOE a pactar con Izquierda Unida, por ejemplo, quizá la formación política que más claramente defiende la separación entre Iglesia-Estado y el establecimiento real de un Estado laico y aconfesional.

Por ello, respetando la libertad de voto y de conciencia de cada uno, hago un llamamiento a todos los miembros de la Comunidad Budista Soto Zen, a todos los practicantes budistas y a los simpatizantes españoles del budismo, a todos los defensores de la libertad y de la igualdad de todas las confesiones religiosas ante el Estado y ante la sociedad española, para que el próximo día 9 de marzo voten por un gobierno socialista.

Maestro budista zen,

Presidente de la Comunidad Budista Soto Zen española,

Autor entre otras obras de “Zen en la plaza del mercado”, recientemente publicada por Aguilar.


Fuente: Comunidad Budista Soto Zen


Puedes ver en este blog una entrevista en vídeo sobre su libro, del que por cierto se ha agotado la primera edición de 6.000 ejemplares en las dos primeras semanas de lanzamiento. Más sobre Dokushô Villalba en su blog.

11/2/08

Cien curas de Madrid y los religiosos de Cataluña, contra la nota del episcopado sobre el 9-M

Quieren ser “una voz alternativa de Iglesia desde la Iglesia”. Tanto los cien curas del Foro de sacerdotes de Madrid como los abades, priores y provinciales de Cataluña no comulgan con la nota sobre las elecciones que hicieron pública los obispos. Y disienten abiertamente de ella. Los curas la tachan de “vuelta al nacionalcatolicismo”. Y los abades advierten que la Iglesia no debe estar “ni directa ni indirectamente al servicio de fuerza política alguna”.

Los curas de Madrid acaban de formar un Foro, con el objetivo de que “resuene en la sociedad otra voz de Iglesia que, a veces, puede disentir de la voz oficial de la jerarquía”. Aseguran que “no van contra nada ni contra nadie” y cuentan, incluso, con la bendición del cardenal Rouco Varela, que les recibió durante hora y media y les dijo: “No tengo nada que objetar al Foro”.

Son, hasta el momento, cien. “Una minoría muy significativa”, como ellos mismos dicen. Casi todos proceden de los barrios más marginales de Madrid, Getafe o Alcalá. Desde Vallecas a la Cañada real. Curas que viven en la frontera, a pie de obra, con la gente y que no están dispuestos a asistir impasibles “a la actual involución eclesial, que está cuestionando y desactivando el Concilio Vaticano II”.

Siete de ellos, miembros de su comisión permanente, presentaron su ideario en un almuerzo de la Asociación de periodistas de información religiosa (APIR) y criticaron a fondo el documento de la Conferencia episcopal. Tras asegurar que los obispos “no tienen el monopolio de la verdad”, aseguraron que “lo más grave de la nota es que no habla con un lenguaje solidario con los más débiles” y “lo que están diciendo a los fieles es que voten al PP, si quieren ser cristianos”. Y eso, “es volver claramente al nacionalcatolicismo”.

A juicio de los curas, la causa de esta “alineación” de la jerarquía con la derecha es que “la Iglesia está viendo amenazado su poder y sus privilegios de siglos” y, por eso, “los obispos están traicionando la neutralidad política de Tarancón” y se están “inclinando hacia el PP”. Tanto es así que los sacerdotes del Foro denuncian que “el propio programa de formación permanente del clero de Madrid está más en consonancia con la doctrina del PP que con la de la Iglesia”. Y pronto presentarán un estudio que lo demuestra.

Ante esta situación, quieren recordar a la gente que “hay otra Iglesia”, que “se puede ser buen cristiano votando a cualquier partido” y que defienden “el derecho de los cristianos a decidir su voto desde su madurez ciudadana y cristiana”.

En parecida tónica se manifiestan los abades y priores de Cataluña, en una nota firmada entre otros por Joseph Alegre, abad de Poblet, Joseph María Soler, abad de Montserrat, Enric Benito, prior de Solius, y los provinciales de casi todas las órdenes y congregaciones religiosas. Sostienen en ella que “la Iglesia no puede estar al servicio de tendencia política alguna, ni directa ni indirectamente”.

Además, los religiosos catalanes apuestan por “el diálogo para la resolución de los conflictos”, incluso “en los momentos más tensos de la convivencia social”. Por eso, agradecen “el esfuerzo de los obispos catalanes en pro del ‘seny’ y la mesura en los actuales momentos de crispación”.


Fuente: Artículo de José Manuel Vidal en Religión Digital

2/1/08

La manifestación por la familia cristiana sigue dando que hablar

Este es mi tercer artículo sobre la manifestación celebrada el domingo en Madrid en defensa de la familia tradicional cristiana. No pensaba volver a escribir sobre este tema pero es que la realidad se impone, y hoy hay abierto un debate muy sano en los medios de comunicación, entre los políticos y la sociedad en general sobre la relación entre la Iglesia Católica y el Estado y la política. Comentaré un poco todo esto y terminaré con una reflexión personal sobre la religión y la espiritualidad.

El PSOE ha difundido un comunicado titulado "Las cosas en su sitio", en el que le dice a la Iglesia que no va a dar marcha atrás. El PP ha preferido no hablar de la manifestación, para no quemarse, pero sí ha criticado la respuesta del PSOE. Izquierda Unida aprovecha para criticar al gobierno socialista por no haber puesto a la Iglesia en el lugar que le corresponde.

El secretario de organización del PSOE, José Blanco, ha llegado a pedirle a la Iglesia que le exija al PP, antes de pedir el voto directa o indirectamente para ese partido, que introduzca en su programa electoral la derogación de leyes como la del Divorcio, la del Aborto, la que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo o la de la Igualdad para volver a la familia tradicional. Algo que sabe que el PP no va a hacer, de hecho anuncian que no van a derogar la ley de matrimonios homosexuales ni la del aborto. El PP es un partido conservador, y como su nombre indica lo que quieren es conservar lo que hay, Aznar no cambió nada sustancial de lo aprobado por los gobiernos socialistas en los 8 años que estuvo en el poder. Y Rajoy tampoco cambiaría nada si ganara. Critican los progresos, pero luego los defienden y se aprovechan personalmente de ellos. Es la práctica habitual de la derecha española desde la transición.

La prensa también ha entrado a fondo en el tema, y por ejemplo el periódico El País publica un duro editorial titulado Laico de una vez en el que pide librarse de los últimos lastres de los poderes fácticos para construir un Estado laico de verdad. Me ha llamado la atención que este mismo periódico dedique hoy un reportaje a Kiko Argüello, al que yo definí como verdadero protagonista de la manifestación en mi anterior post.

Los teólogos progresistas Juan José Tamayo y José María Castillo, dos autores muy citados en este blog, publican hoy un breve pero intenso artículo de opinión titulado Los obispos, contra el Estado de derecho, en el que acusan a la jerarquía eclesiástica de hacer política y no evangelización y añaden que les sorprende que "en el citado acto no se hiciera mención al Evangelio y a las enseñanzas de Jesús sobre la familia, que son sumamente críticas con la institución familiar."

En efecto, la iglesia se ha separado totalmente de las enseñanzas originales de Jesús, como ha pasado con todas las religiones que han evolucionado hacia instituciones jerárquicas, patriarcales, autoritarias y con muy poco de la espiritualidad de los grandes maestros espirituales en los que se fundan.

Las religiones se han convertido en ideologías, sistemas de creencias con los que la gente puede identificarse y demostrar que ellos tienen razón y los demás están equivocados, y así definir su identidad en función de sus enemigos, los otros, los no creyentes, o malos creyentes, a los se ha llegado a matar por considerarse justificados para ello. El hombre ha creado así a Dios a su imagen y semejanza, para reducirlo a un ídolo mental en el que había que creer y al que se debía adorar como "mi dios" o "nuestro dios".

Sin embargo, en todas las religiones han surgido hombres y mujeres que no creían que la espiritualidad se pudiera encerrar en un sistema de creencias o dogmas, y tomando como fuente los maestros espirituales como Jesús, Buda, Lao Tsé y tantos otros, crearon escuelas o movimientos que representaban un redescubrimiento, incluso una intensificación de la luz de la enseñanza original. Nos referimos al gnosticismo y el misticismo cristiano, el sufismo en el Islam, el Advaita Vedanta en el hinduismo, o el zen y el dzogchen en el budismo, entre otras. Todas estas enseñanzas hacían especial mención a la unidad fundamental de toda la vida, y la importancia de la transformación interior, la evolución de la conciencia.

La nueva espiritualidad, que defendemos en este blog, la transformación de la conciencia, está surgiendo en gran medida al margen de las religiones establecidas. Son personas que se han dado cuenta que ser "espiritual" no tiene nada que ver con lo que uno cree, y que todo es cuestión de tu estado de conciencia, y esto, a su vez, determina como actúas en el mundo e interactúas con otros.

Espero desarrollar todo esto en artículos posteriores.


PD: Por cierto, feliz año nuevo a todos los lectores y lectoras de este blog.

31/12/07

Análisis de la manifestación por la familia cristiana



Viñeta de Manel Fontdevila en Público

Mucho se ha escrito y se ha dicho sobre la manifestación de ayer domingo en defensa de la familia cristiana. Yo mismo publiqué una crítica el sábado en la que explicaba mi opinión sobre la convocatoria. Pero al leer hoy las diferentes interpretaciones de los periodistas y políticos, me he quedado con la sensación de que no han captado realmente el mensaje que nos ha dejado la manifestación, con mucha menor participación que la anunciada. Intentaré modestamente dar mi opinión sobre lo que realmente ha significado.

Se equivocan el PSOE e IU al querer darle protagonismo al PP en la marcha. Se entiende que quieran arrinconar a la derecha política en el espacio marcado por la jerarquía eclesiástica, pero creo que el PP no ha estado detrás de esta marcha, es más, pienso que ni siquiera le conviene, ahora que buscan el centro electoral, por eso no han participado en la misma.

El protagonismo real de esta manifestación no hay que adjudicárselo tampoco a los obispos, pues el protagonismo principal ha sido de los movimientos católicos mas reaccionarios a los que los obispos simplemente han seguido porque es el único apoyo que les queda.

Me atrevo a poner el nombre del protagonista real, que no es otro que Kiko Argüello, fundador del Movimiento Camino Neocatecumenal, los grupos conocidos como "kikos", que están protagonizando una lucha de poder en el interior de la Iglesia como no se había conocido en tiempo. En efecto, según José Manuel Vidal, periodista buen conocedor de las interioridades de la Iglesia, fue Kiko quien propuso la manifestación al obispo Rouco, garantizándole una asistencia masiva de sus seguidores, y por eso el obispo se animó a convocarla. Los "kikos" están intentando quitar el poder en el interior de la Iglesia que ahora tienen el Opus Dei, Comunión y Liberación, los Legionarios de Cristo, y otros. Estos grupos son los que mandan en el Vaticano y en los obispos, y no al revés, de hecho cuando el Papa ha intentado recriminar algo a los "kikos", éstos han demostrado que prefieren seguir a Kiko que al Papa.

El discurso de Kiko Argüello en la manifestación fue nítido, según las Agencias de noticias "con gran énfasis en las palabras y subrayando con gestos, Kiko Argüello se ha referido a varios pasajes de la Biblia, para luego asegurar que "estos gobiernos ateos y laicos nos quieren hacer creer que nuestra nave, nuestra vida, no va a ningún lado y no es cierto". Posteriormente ha cogido una guitarra y ha pedido al público que cante con él la canción Resucitó.

Es el discurso y las formas de los teocons norteamericanos. Y utilizan técnicas leninistas, que tan bien conoce Federico Jimenez Losantos de la radio de la iglesia, la COPE, por cierto, los dos "convertidos" después de una "loca juventud".

Los sindicatos saben bien a lo que me refiero. Se parte de hay una guerra social, entre clases o entre creyentes y el Estado, se provoca y atiza esa guerra y se ofrecen como garantes de la paz social si se hace lo que ellos piden.

Los sindicatos han perdido fuerza porque ya no son garantes de la paz social, pero los nuevos movimientos católicos le han tomado el relevo. Han ganado la batalla de la calle, como los dirigentes reaccionarios de la AVT, los dos con el apoyo de la COPE, ya se sabe que es indispensable contar con un órgano de comunicación para movilizar a las masas. Como dice Luis Solana, la Iglesia ha decidido ser un problema, agitar el fuego, y se ofrecen también como bomberos, siempre que se haga lo que ellos quieren.

Por suerte, dentro de la Iglesia hay voces discordantes, pero son minoritarias, y fuera de la Iglesia hay también muchas voces que piden al PSOE menos palabras y más hechos para que el Estado le quite a la Iglesia el poder que el mismo le ha dado.

Habrá que esperar a que pasen las elecciones del 9 de marzo, ver si las gana el PSOE, y si después se atreven a hacer algo además de criticar y pedir rectificaciones.

29/12/07

Crítica a la manifestación en defensa de la familia cristiana


Mañana domingo se va a celebrar en Madrid otra gran manifestación convocada por la Iglesia Católica, difundida durante este mes por todos sus medios, en especial las parroquias y la radio de la Conferencia Episcopal, la cadena COPE. El argumentario expresado por su promotor, el obispo Rouco, es defender "el plan de Dios sobre el matrimonio, la familia y las consecuencias que se derivan del mismo: la defensa de la vida, la unión indisoluble del matrimonio entre hombre y mujer, el significado trascendente del amor conyugal y el derecho insustituible de los padres a educar a sus hijos según sus propias convicciones".

Como se puede comprobar, es una clara protesta contra un Gobierno que legalizó como matrimonio la unión de personas del mismo sexo; que reformó la ley del divorcio para hacerlo más ágil (el llamado divorcio exprés), que no descarta ampliar la despenalización del aborto, y que "quiere arrebatar a los padres su derecho a educar a los hijos según sus propias convicciones" religiosas por medio de la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Ante el evidente cariz político de la marcha, promovida por los sectores más conservadores de la Iglesia, como los "kikos", Comunión y Liberación, o el Opus Dei, entre otros, es necesario argumentar adecuadamente las razones para una crítica adecuada y oportuna. Es lo que voy a intentar en este artículo.

No existe "Plan de Dios sobre la familia". Esta afirmación es gratuita y no tiene base teológica o religiosa. La familia como la entienden estos grupos reaccionarios surgió hace miles de años. Durante millones de años los homínidos (o protohumanos) vivieron en tribus errantes en las que la familia estaba formada sólo por la madre y los hermanos, pues la función biológica del padre en la reproducción simplemente era desconocida. La novedad evolutiva que transformó a los homínidos en verdaderos humanos (Homo sapiens) fue la aparición de la familia. La emergencia de la familia humana no tuvo lugar hasta que se le asignó al macho el rol de padre. Fue en el periodo de transición hacia una civilización agraria, provocado fundamentalmente por el miedo a la muerte, y su complementario, el deseo de inmortalidad. Ahí surge el patriarcado.

Y efectivamente el patriarcado llevó a la inmortalidad. En esa época la paternidad biológica quedó plenamente reconocida como el "camino real" a la autoperpetuación a través de los hijos. De hecho, era un deber. La institución del matrimonio pasó de ser exclusiva del rey al pueblo y así, cada padre se convirtió en una especie de rey por derecho propio, y su hogar se convirtió en un castillo. La organización de la sociedad llegó a centrarse en la familia patriarcal bajo la protección legal del estado. Los hombre dominaban la esfera pública/productiva y las mujeres eran relegadas a la esfera privada/reproductiva.

Esto comenzó a cambiar cuando la fuerza física dejó de ser determinante en la esfera productiva. En el momento en que la mujer comienza a entrar en el mundo del trabajo y la esfera pública, y se generaliza el control de la natalidad, la familia patriarcal necesariamente deja de tener sentido. Es la liberación de la mujer.

Este cambio se produjo en España hace bien poco, apenas unas décadas, por lo que todavía quedan reminiscencias de la mentalidad anterior, pero es sólo cuestión de tiempo que desaparezca. Los españoles menores de 45 años simplemente no se interesan por la Iglesia y sus mensajes, la ignoran, no forma parte de su vida. Y conforme pasen los años la edad de los que ignoran a la Iglesia irá aumentando, hasta que sean la práctica totalidad.

Es un proceso inevitable. Es consustancial al proceso de cambio de la sociedad. En la nueva sociedad del conocimiento y la innovación, no hay nada inalterable, nada eterno, ningún dogma, creencia o Dios. Lo que no quiere decir que desaparezca la espiritualidad, pero ese es otro tema que trataré en otro artículo.

Las sociedades más religiosas son las que aún no han entrado en la nueva sociedad del conocimiento y la innovación. Pero en la medida en que esas sociedades se incorporen a este proceso, la desaparición de las religiones tradicionales será un hecho. A no ser que creemos una brecha infranqueable entre el mundo desarrollado y las sociedades subdesarrolladas, lo que sería trágico para la humanidad.

Las nuevas familias ya no está unidas por el modelo patriarcal que se basaba en el sustento económico y el estatus social. El estado se hace cargo ahora de la protección por desempleo, la jubilación, la educación, la sanidad, ahora también la dependencia, por lo la familia actual sólo esta unida por vínculos afectivos. Ahora las familias no se basan en la economía sino en los sentimientos. Y por tanto se pueden formar y romperse por medio del divorcio.

Que se exprese en sentimientos y afectos favorece que se despliegue una enorme variedad de tipos: uniones de hecho o legalizadas, en las que ambos cónyuges trabajan o solo uno, con o sin hijos, biológicos o adoptivos, monoparentales, una sola persona, por lo general la mujer, con un hijo o varios, o aquellas familias que reunen hijos tenidos en distintos matrimonios, uniones heterosexuales u homosexuales.

Y esta situación no tiene marcha atrás, por mucho que a la Iglesia le moleste. Esta es la realidad, y la manifestación de mañana es un ilusión, un espejismo, un deseo imposible de mantener la Iglesia la forma de sociedad que le beneficia, la patriarcal.

26/11/07

Zapatero habla de religión


He terminado de leer el interesante libro de Suso de Toro titulado “Madera de Zapatero. Retrato de un presidente”. El conocido escritor plasma en el libro las largas conversaciones que ha mantenido con José Luis Rodríguez Zapatero, publicando sólo sus respuestas dando forma así a un autorretrato de Zapatero, su propia versión de sí mismo, complementado por citas de sus familiares, amigos y colaboradores políticos.

Unos de los capítulos del libro se titula “Religión y laicidad”, que transcribimos a continuación:

"La religión, personalmente, no ha sido un tema que me haya provocado nunca zozobra. Me he aproximado a ella con respeto, pero con distancia. Tengo que ser claro. Y en la medida en que he ido evolucionando y madurando creo que la religión más auténtica es el hombre. Es el ser humando el que merece adoración, es el vértice claro del mundo tal como se nos ha mostrado, tal como lo hemos llegado a comprender.

Siempre me he mantenido frío ante las cosas que no comprendo, en lugar de producirme deslumbramiento, magia, apasionamiento, la reacción hacia lo que no comprendo es de frialdad.

El papel de la religión católica en España es uno de los grandes temas. Porque, al final, a falta de otros hechos que han podido definir de manera poderosa nuestra identidad histórica como país, es la presencia fuerte del catolicismo lo que le ha dado identidad de país. Ha sido una fuente de reconocimiento, se nos ha reconocido así. Ase se nos ha visto. Es una parte significativa, exponente de una cultura con sus partes buenas y malas.

Y eso ha generado también vacíos notables en nuestro ser colectivo. Vacíos como por ejemplo el hecho de que prácticamente no llegamos a la Ilustración, no llegamos al pensamiento racionalista. Y hemos trastabillado en la historia. Eso sí, con genios aislados en el arte. Pero el catolicismo en España ha condicionado y ha generado enormes vacíos.

Por otra parte, es muy curioso porque ese catolicismo es la vida pública siempre ha aparecido como reacción ante un enemigo.

Antes hablaba de fundamentos democráticos. Pues la laicidad del Estado, la laicidad de lo público ha sido un factor determinante de todas las sociedades libres y democráticas. Y por ello no tengo ninguna actitud beligerante hacia la Iglesia Católica, es un tema a respetar como cualquier otra cosa en la vida.

Es muy legítimo que la gente manifieste su ser, sus valores, a través de cualquier forma, pero siempre he combatido a quien intenta demonizar, a quien intenta sacar del espacio público a quien no piense como él.

Y en este país ha habido demasiados momentos históricos en que se ha querido, y demasiada gente que quiere todavía, legislar la moral. Legislar la moral del país. Y el único orden que debemos establecer es el orden que da libertad a todos, no el que da la libertad de cada uno. Es la libertad lo que nos hace verdaderos. No es la verdad lo que nos hace libres."


En otro momento del libro se le pregunta por la Iglesia y responde:

"En España creo que el desembarco de la Iglesia en la lucha política es un rasgo de nuestra vida social, atisbo que sí. Porque están obsesionados con lo que ellos laman el proceso de secularización de la vida social española y le inquieta mucho el efecto que esto puede tener en Iberoamérica.

También hay una identificación que hacen entre ellos y España. Todo el llamado “Movimiento nacional” se fundamenta en el nacional catolicismo. Hay un ensayo, Máter dolorosa, una magnífica narración de Álvarez Junco que cuenta muy bien esas cosas."


Después de leer el libro, siguiendo el esquema de la dinámica espiral y la evolución de la conciencia de la que tanto he tratado en este blog, y aplicando la descripción de los niveles que hace Ken Wilber en uno de los artículos más leídos de este blog, Dinámica Espiral y Evolución de la Conciencia Humana, nos atrevemos a decir que Zapatero estaría oscilando entre el nivel 6 (verde) y el 7 (amarillo), mientras que Rajoy estaría entre el 4 (azul) y el 5 (naranja), pero esto es sólo una opinión.

Me gustaría saber la vuestra.

23/11/07

La Iglesia recula y dice que el perdón por la Guerra Civil fue "sacado de contexto"

Lo que muchos interpretaron como el esperado perdón de la jerarquía eclesiástica por su actuación durante la Guerra Civil no fue tal.

Las palabras pronunciadas por el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, -pidió perdón por las "actuaciones concretas" de miembros de la Iglesia durante la II República y la Guerra Civil- fueron "sacadas de contexto", según ha matizado hoy el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Juan Antonio Martínez Camino.

Leer artículo completo en Público


Artículo relacionado:

Blázquez pide perdón para la Iglesia por "actuaciones concretas" en la Guerra Civil

20/11/07

Blázquez pide perdón para la Iglesia por "actuaciones concretas" en la Guerra Civil


El discurso del presidente de la Conferencia Episcopal española ha tenido una gran repercusión mediática por su petición de perdón, a titulo personal, por "actos concretos" de la Iglesia en la Guerra Civil y su recuerdo positivo a la memoria del cardenal Tarancón.

Estas palabras las pronunció con los obispos Cañizares y Rouco Varela sentados a su lado. Como dice Ignacio Escolar, con esa escolta sus palabras valen el doble. Creo que hay que darles a sus palabras el valor que merecen, pues la Iglesia española nunca ha reconocido ningún error en el papel que jugó en la II República, la Guerra Civil y los 40 años de franquismo, pero no puedo compartir cierta euforia general porque, como dice Martín Patino, sacerdote que fue mano derecha de Tarancón, son insuficientes ya que la Iglesia comulgó con las mentiras del régimen franquista y se pregunta por qué a día de hoy no se ha explicado cómo la jerarquía apoyó una sublevación militar con el pretexto de que "España había perdido el alma católica". "Aquello fue un régimen lleno de mentiras y la Iglesia también comulgó con esas mentiras y el silencio de la Iglesia se convirtió en una mentira". Además, recuerda que cuando Juan Pablo II sugirió a las iglesias que pidieran perdón, la iglesia española contestó que era "una cosa de historiadores".

12/11/07

Reflexiones ante el asesinato de un joven antifascista


El sábado 11 de noviembre Carlos, un joven militante antifascista, fue asesinado en Madrid en el marco de un enfrentamiento entre ultras neonazis que habían convocando una manifestación contra los inmigrantes y jóvenes antifascistas que pretendían responder al acto.

Al grito de ¡Ninguna agresión sin respuesta!, decenas de colectivos minoritarios de izquierda se movilizan en las calles de muchas ciudades de España y anuncian nuevas y mayores movilizaciones. La extrema derecha racista y xenófoba está creciendo de forma alarmante los últimos tiempos, al amparo de discursos irresponsables de la derecha política y mediática mayoritaria.

De aquí a las elecciones generales de marzo del año que viene es previsible un aumento de su presencia social, y más aún en los próximos días por la cercanía del 20 de noviembre, aniversario de la muerte de Franco y Primo de Rivera.

La extrema izquierda ya tiene un nuevo "mártir", y los enfrentamientos están garantizados. Se hace necesario una reflexión y actuación urgente de los poderes políticos, mediáticos y jurídicos sobre las consecuencias de esta escalada violenta que se nos viene encima, hay que reaccionar antes de que sea demasiado tarde. Se está incubando el huevo de la serpiente. Y una determinada izquierda demasiado amiga de la estética violenta no ayuda sino que retroalimenta este peligroso fenómeno.

29/10/07

¿Dónde están los mártires?, por Enrique Miret Magdalena


Uno se pregunta, ¿dónde están esos mártires que la Iglesia beatificó ayer? Si miramos a la historia nos perdemos en la oscuridad de los tiempos. Esos 498 mártires beatificados, cuando tanto se habla de memoria histórica, es preciso clarificarlos. Hay que hablar con sentido de la historia, no dejándose llevar por el sentimiento, sino por los hechos.

Los católicos ultraconservadores y la mayor parte de la jerarquía eclesiástica han manifestado una falsa alegría por la decisión de la Santa Sede de celebrar ayer un multitudinario acto para honrar el martirio de aquellos que fueron en gran parte muertos en España por las fuerzas republicanas, dejándose llevar unos y otros por razones políticas más que religiosas.

Hace años, hice un esfuerzo para alcanzar la realidad en mi libro de memorias, Luces y sombras de una larga vida, ya que había vivido aquello de lo que actualmente se habla sin gran fundamento. Insisto, yo aquello lo había vivido personalmente, y en parte padecido, de muy distinta manera a como se cuentan ahora los hechos sucedidos, siguiendo falsos recuerdos. Muchos de los que ahora hablan no vivieron personalmente aquellos momentos y no tienen en cuenta la verdadera realidad histórica. Ya que ésta ha sido falseada por motivos políticos o religiosos de quienes los esgrimen, pero no fueron testigos de ellos.

Más nos valdría callarnos sobre lo que no vivimos, guardar sobre ello un discreto silencio.

Acabo de referirme a todo esto en una entrevista para la radio, procurando ceñirme a lo que sé directamente, sin falsear lo ocurrido con hechos que desconozco o que ocurrieron de otro modo.

Lo primero que se debería recordar es un hecho decisivo: que el papa Pablo VI dio marcha atrás a estos procesos de beatificación de quienes murieron por una u otra causa en nuestra Guerra Civil.

Afirmo, pues, que los hechos han sido frecuentemente modificados por quienes no los vivieron ni los estudiaron objetivamente. En primer lugar, por quienes no vivieron aquellos tristes sucesos. En segundo término, por los que no conocen de cerca su historia. En tercero, por los que no saben lo que es ser mártir. Y, por último, por desconocimiento de lo que la teología enseña acerca de lo que es una beatificación y una canonización.

¿Sabemos de todo esto? Son preguntas que toda persona seria, creyente o no creyente, debe hacerse. Y después adoptar la postura que le parezca más razonable.

Es el trabajo que pediría a todos los que hablan de uno u otro modo de memoria histórica. Y, si no lo hacen, deberían callarse.

Repasaba todo lo que digo en este artículo para clarificar mi propia mente y no dejarme arrastrar por la precipitación o la ignorancia.

En primer lugar, unos y otros condenaron a muerte por sus ideas al otro bando durante la Guerra Civil española. Y a veces por cosas que no tenían que ver con las ideas. Yo tuve en Aragón un tío mío, hombre de derechas, que fue asesinado por los franquistas por motivos interesados, que nada tenían que ver ni con la religión ni con la política.

Por otro lado, me interesé en mis memorias por recordar a unos sacerdotes católicos que por cumplir con su deber de lealtad a las instituciones y el Gobierno legalmente elegidos por los españoles de entonces fueron vilmente asesinados, resultaron víctimas del modo más injusto.

Esto le pasó también a muchos seglares católicos que quisieron una República democrática, y por ella estuvieron en el lado republicano, respetando siempre a quienes pensaban de otro modo, como pasó, por ejemplo, en Cataluña. Fueron fusilados de mala manera por las fuerzas franquistas, que no tenían el menor respeto alguno a sus ideas democráticas.

E incluso hubo militares republicanos de alta graduación, como los generales Miaja y Rojo, que eran convencidos católicos, así como los generales Batet y Aranguren. Por no hablar de alguien que es tenido popularmente por santo: el coronel Antonio Escobar, que luchó convencidamente por defender a la República en Barcelona en nuestra Guerra Civil y que era un ferviente católico.

Ésa y no otra es la verdadera memoria histórica.

Pero ahora el Vaticano sólo se fija en la masa de los frailes y monjas asesinados por los republicanos, y ello sin tener en cuenta su vida personal, recogiendo los nombres de 498 religiosos muertos injustamente y declarados mártires sin conocimiento detallado de sus vidas. Olvidando de paso a los muchos seglares que murieron en circunstancias semejantes por su fe y que son ejemplo para los católicos. Porque, recordemos, la condición clerical no es lo verdaderamente importante como ejemplo de vida cristiana.

Y es que, una vez más, la jerarquía eclesiástica se olvida de su manifestación de fe vital en la vida corriente y se fija en cambio en una piedad empalagosa que más bien aparta de la verdadera fe, porque no atrae hacia un Evangelio sencillo de la vida.

Es un error tanta beatificación clamorosa como la de esos 498 beatos que poco o nada dicen al cristiano que sigue la vida corriente con responsabilidad y sin alharacas. Esos flamantes beatos no aportan nada de particular para lo importante: llevar una vida responsable todos los días de la semana, que es lo que pide el Evangelio.

Conclusión: dejémonos de masivas celebraciones como la de ayer y pongamos de relieve la figura del seglar católico, que muchas veces es el verdadero mártir de la vida.

E. Miret Magdalena
es teólogo seglar y autor de Creer o no creer (Aguilar)


Fuente: El País

28/10/07

No iré a Roma, por Quintín García González


Otra vez, la jerarquía eclesiástica española con sus heridas y sus mártires como coto privado, como legado exclusivo, y no como invitación al recuerdo fraterno, católico por universal, de esta herencia terrible, común a todos los españoles de cualquier credo o ideología, de crímenes y dolores sin cuento que fue nuestra Guerra Civil y su vértigo posterior de vencedores y vencidos. Como son patrimonio común Auschwitz e Hiroshima, heridas abiertas en la conciencia de la humanidad entera.

La jerarquía española siempre vuelve con esta visión martirial en beneficio propio que nos hiela el corazón a muchos. Y lo hace con una campaña masiva y agitada para mover las voluntades hacia la gloriosa ceremonia de beatificación en la Roma imperial y vaticana, mañana, domingo. Como si se tratara no del recuerdo dolorido de unas personas víctimas cruelmente sacrificadas, sino de exaltar el martirio al precio que sea; de una suerte de soberbia u orgullo espiritual competitivo que hay que exhibir a bombo y platillo en contra de alguien. Y hasta en algunos medios (escúchese la Cope; bueno, no; mejor, no) pareciera que esos mártires son un arma arrojadiza que usar en las contiendas políticas actuales de unos partidos contra otros.

Yo, católico y sacerdote dominico, estoy sintiendo un frío otoñal en el alma, antiguo ya y repetido, por esa jubilosa llamada con que comienza el mensaje oficial de la Conferencia Episcopal Española: “Os anunciamos con profunda alegría la beatificación de 498 hermanos, de los muchos miles que dieron su vida por amor a Jesucristo en España durante la persecución religiosa de los años treinta”. ¿Profunda alegría, celebraciones jubilosas y masivas peregrinaciones para festejar muertes injustas y feroces? Yo no siento alegría, sino una terrible tristeza ante el recuerdo de sus vidas rotas, del horror de aquella persecución religiosa en el marco de una guerra civil, criminal y fratricida, atroz. Guerra civil que llenó de víctimas los dos bandos enfrentados.

Nací y fui educado sentimental e ideológicamente en un bando. Pero hace tiempo que hui de la visión parcial, y de la sola sangre de unos, hacia la comprensión de aquella guerra desde el rostro sacrificado de las víctimas, de todas las víctimas. Y eso lo he aprendido no sólo en los análisis de historiadores sobre los distintos factores y responsabilidades que confluyeron en la contienda civil -entre otros, el alineamiento político expreso y partidista de la mayoría jerárquica católica de entonces, que no hizo de fuerza de mediación, un alineamiento por lo que habría que pedir perdón-, sino, antes y después de eso, en el camino propuesto por Jesús de Nazaret, que practicó con sus obras la enseñanza de la parábola del Buen Samaritano: todo hombre herido, víctima aherrojada, es mi prójimo.

Por eso me duele la soberbia exhibición mayestática y pontifical de alegría, esa remarcada memoria sólo de unos, de quienes fueron sacrificados por motivos religiosos ¿Y los que lo fueron por otros motivos en aquella encrucijada de intereses, de pasiones y venganzas que incendió España? ¿Acaso todos no son mis prójimos?

Sí lo son porque me identifico con el Buen Samaritano de la parábola y no con el sacerdote que da un rodeo para no mancharse legalmente con la sangre de la víctima. He aprendido en la herencia del Cristo a tener horizontes y sentimientos universales -católicos-, según el espíritu de las bienaventuranzas. No a sentirme miembro de una Iglesia autista e inmisericorde que sólo mira los intereses y heridas de sus socios de carnet. Para quienes aceptamos un Dios Padre, todo hombre es nuestro hermano por encima de razas, credos y fronteras.

No quiero olvidarme que esto lo he aprendido en la comunidad católica, donde hay visiones y sensibilidades muy distintas a la hora de valorar histórica y evangélicamente el complejísimo fenómeno de la Guerra Civil. Y desde luego, de sus víctimas. Pero, amigo, hay quien manda e impone voces únicas en los escaparates oficiales.

A pesar de todo, agradezco a la jerarquía española que me haga una llamada al recuerdo de los católicos asesinados. Su memoria, olvidada en la lejanía del tiempo, da calor a mi corazón de hombre y creyente en estos días fríos ya del otoño. Pero no iré a Roma, a esas concentraciones faraónicas, costosísimas, que honrarán sólo a algunos. Me acercaré, sí, a lugares de víctimas de uno y otro bando y les honraré con unos minutos de silencio desolado. Un domingo iré a Monsagro, a los pies de la Peña de Francia salmantina, donde nacieron dos dominicos sacrificados. Otro domingo visitaré la fosa anónima, oculta en un jardincillo pegado a la pared de la iglesia de Pelabravo -Salamanca- de donde hace unos días fueron desenterrados los restos de 14 personas sacrificadas por asesinos del bando franquista. Así querría hermanar, con un gesto íntimo, desnudo de cualquier ceremonia, bandera o credo, a todas las víctimas de la Guerra Civil. Antes de que nos devore de nuevo el invierno del olvido. O el frío de los odios fratricidas.

Quintín García González es sacerdote dominico, periodista y escritor


Fuente: El País

26/10/07

Católicos de base piden a los obispos que reconozcan sus culpas en la Guerra Civil


Redes Cristianas califica de "inoportunas" las beatificaciones de 498 nuevos mártires

Inoportunas y discriminatorias. Ésta es la opinión de los católicos españoles agrupados en Redes Cristianas sobre la próxima beatificación de 498 personas asesinadas en el sector republicano, la práctica totalidad durante los primeros meses de la Guerra Civil de 1936. "Dado que la Iglesia [católica] no ha pedido perdón por lo ocurrido, esta beatificación es inoportuna y manifiesta la incapacidad de la jerarquía por superar las posiciones de hace 70 años", opina este colectivo en un manifiesto titulado Solidaridad con todas las víctimas de la Guerra Civil y acerca de próxima beatificación.

La asamblea de Redes Cristianas reúne a 147 grupos, comunidades y movimientos católicos de base repartidos por todas las diócesis, algunos con gran predicamento nacional como las Comunidades Cristianas Populares, la Corriente Somos Iglesia, varias Hermandades Obreras provinciales de Acción Católica (HOAC), la Federación de Mujeres y Teología o Justicia y Paz.

El manifiesto de Redes Cristianas empieza con una referencia "a las víctimas de la Guerra Civil española (1936-1939) y a las que siguieron durante los años de la dictadura franquista (1939-1975)". Añade: "Para construir un futuro en paz será siempre necesario que las partes reconozcan los errores que les condujeron a la guerra y pedir perdón por ellos. Hoy ya no se trata de buscar culpables, pero tampoco de un ambiguo relativismo histórico. Se trata de que todas las partes reconozcan su parte de culpa, y, en primer lugar, nosotros, los cristianos, reconocer y pedir perdón por la posición beligerante que la mayor parte de la jerarquía eclesiástica tuvo".

Redes Cristianas sostiene más tarde que "la purificación de la memoria histórica no ha de consistir en juzgar el pasado común repartiendo culpabilidades". "Todos somos corresponsables de los hechos colectivos: ganamos con los que ganan y perdemos con los que pierden. Debemos reconocer que en nuestra Guerra Civil perdimos todos", dice este grupo de católicos de base, antes de advertir sobre la inoportunidad de las beatificaciones masivas gestionadas por los obispos desde hace décadas.

"Desde la más profunda admiración por las vidas y sobre todo por las circunstancias de sus muertes, creemos que, dado que la Iglesia no ha pedido perdón por lo ocurrido, esta beatificación es inoportuna. Por otra parte, se presta a una obvia instrumentalización política", sostiene Redes.

Las otras víctimas

El manifiesto no olvida el proceso en marcha para recuperar la memoria histórica de todas las víctimas del golpe militar de 1936 y de la larga guerra civil que provocó aquel desnucamiento del Estado (que los obispos de la época bendijeron como cruzada), y en recuerdo también de los asesinados durante la represiva dictadura posterior.

Lo jerarquía actual del catolicismo español se opone a la llamada Ley de la Memoria Histórica que promueve el Gobierno socialista porque, dice, reabre "viejas heridas" de la Guerra Civil. Los obispos también execran sin matices de la Segunda República, a cuya gestión atribuyen la mayor persecución religiosa de la historia. Consecuencia de esa opinión es su aportación al catálogo de mártires del siglo XX, reunido por el Vaticano en la década pasada. Del total de 12.692 posibles mártires de la fe registrados en todo el mundo, 10.000 son españoles.

Redes Cristianas rechaza la visión sobre la Segunda República de una jerarquía que empezó a combatir al nuevo régimen nada más ser proclamado. Dice el colectivo de católicos de base: "Es necesario honrar también y sin ninguna ambigüedad la entrega generosa de tantos que murieron por la causa de la justicia, del reconocimiento de los derechos de todos, de la paz. Olvidar a los miles de maestros, sacerdotes, obreros, dirigentes, políticos, etcétera, que murieron víctimas de la represión franquista no sólo es una injusticia, sino que hace imposible la reconciliación y la paz".

El manifiesto estima también "muy satisfactorios algunos de los esfuerzos del Gobierno legítimo de la República", como la extensión de la enseñanza para todos, el reconocimiento de los derechos de la mujer o la separación Iglesia-Estado. "Será profundizando en estas propuestas como, implícitamente, honraremos a los que trabajaron en estas direcciones", concluye.


Fuente: El País


Más información sobre Redes Cristianas aquí

I Asamblea de Redes Cristianas

Juan José Tamayo: «Beatificación selectiva y excluyente»


El teólogo Juan José Tamayo calificó hoy de "involución" de la Iglesia católica española la beatificación de 498 mártires de la Guerra Civil el próximo 28 de octubre en Roma.

Tamayo declaró a Servimedia que la citada beatificación "supone un cambio de actitud de la jerarquía católica y de Roma", que tanto en 1971 como en 1985 expresaron que "no eran partidarios de la beatificación de los mártires" de esa guerra.

Por contra, añadió, la Iglesia española "pidió perdón porque no había sido testigo de reconciliación durante la Guerra Civil en un pueblo dividido entre hermanos".

A renglón seguido, Tamayo se preguntó por qué la jerarquía católica española ha cambiado para promover esta iniciativa.

"Este cambio responde a un proceso involutivo
que llevamos viviendo en la Iglesia española en los últimos 20 años", se contestó.

Además, el teólogo consideró que ese cambio de actitud de los obispos "les lleva a utilizar todo tipo de actos y de intervenciones para dar un tinte de confrontación política con el Gobierno".

"Además, sorprende que esta beatificación coincida con el debate y es previsible que con la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica", apostilló.

Asimismo, Tamayo dijo que esta beatificación le resulta "dudosa y con poco nitidez", porque las motivaciones de la Guerra Civil española fueron políticas. "Es muy peligroso y muy delicado calificar de mártires a personas que tuvieron también implicaciones claramente políticas", recalcó.

En este sentido, concluyó que "en realidad se trata de unas beatificaciones selectivas y muy excluyentes, porque hasta ahora sólo se ha beatificado a personas que fueron víctimas del bando nacional, pero también en el bando republicano hubo muchos creyentes, algunos de los cuales fueron también ejecutados".


Fuente: Religión Digital


Más información de Juan José Tamayo en Wikipedia

14/9/07

El fracaso del catolicismo español, por Suso de Toro


Es común dar por hecho que la religión, heredada del tiempo de nuestros mayores y ancestros, decae históricamente y que, siendo extemporánea, ya no juega un papel significativo en nuestro tiempo. Y esto a despecho de que la principal potencia económica y militar, Estados Unidos, tenga en su Constitución y en su moneda, que es el patrón de la economía mundial, la invocación al dios cristiano, manifestando así prácticamente la confesionalidad del Estado. Y de que todos sus presidentes se declaren creyentes públicamente y hagan de ello bandera política. A despecho también de que el Estado de Israel, que juega un papel tan importante en la política norteamericana y mundial, viva verdaderamente como Estado confesional; de que países como Irán, que juega un papel cada día más activo en el escenario internacional, sea beligerantemente confesional; de que la religión musulmana esté siendo desde hace unas décadas un instrumento de afirmación identitaria para una parte importante de la juventud árabe, creando un nacionalismo radical religioso transversal a los Estados existentes, árabes o europeos.

En realidad, la religión, basta considerarla en su dimensión ideológica, es, en nuestro tiempo, un instrumento principalísimo en el conflicto entre intereses y visiones del mundo. No el comunismo, es la religión el fantasma que recorre Europa y el planeta. Y donde la religión no se manifiesta de forma clara aparece en sus formas más seculares: en ideologías místicas comunitarias. Pues los humanos seguimos buscando y hallando credos y fes en las que disolver nuestro insoportable yo en algún nosotros. Buscamos argumentos que nos sitúan no sólo en el espacio sino también en el tiempo, que nos dan memoria y futuro, o sea trascendencia a nuestras vidas. Y de este modo encontramos algo de sentido a nuestra vida individual y solitaria.

Lo que en la inteligencia europea es minusvaloración de la religión, que le impide ver la realidad, en España es un desprecio intelectual absoluto. Quizá ese desprestigio de la religión en general se deba entre nosotros a algo más que al esquematismo de epígonos tardíos de la Ilustración, es la repulsa hacia la Iglesia católica que ha condicionado tanto nuestras vidas y la sociedad. Pues el catolicismo para nosotros tiene rasgos propios, es la ideología nacional, y nacionalista, española. El nervio del argumento de la nación española fue escrito por clérigos y el supuesto continuo histórico católico-castellano se basa en la continuidad de la Iglesia católica española. Las crónicas medievales de Ximénez de Rada pretenden continuarse ahora en el discurso de Rouco Varela. Es lógico que frente a ese argumento de la esencia de España exista un contradiscurso comunitario nacional en las diócesis vascas y catalanas.

Y es que no hablamos de fe, hablamos de política, la lucha por el poder es lo que hay tras la beligerancia de la Iglesia española. Cuando presionan para imponer su doctrina a todos los ciudadanos, cuando intentan que su ideario religioso sea la ideología del Estado y la sociedad, intentan mantener su papel histórico. La Iglesia católica española, los obispos, creen ser la esencia de España, los que coronan reyes o casan príncipes, hablan literalmente en nombre de España.

Evidentemente es falso, intentan usurpar el poder y negar la existencia a la ciudadanía, pero la Iglesia es dueña de los símbolos que articulan la vida política toda, incluso los ministros juran su cargo ante un crucifijo. Y hasta ahora ha sido dueña de los ritos de la vida social y personal, del bautizo al entierro, pasando por la boda. El debate político que la Iglesia católica le plantea a la sociedad española es profundo, le disputa a la ciudadanía la propiedad del Estado y, en su sentido más profundo, la misma autoridad.O mandan los obispos o mandan los ciudadanos.

Los obispos reclaman el poder que se les escurre entre los dedos y por eso remarcan los rasgos de su ideología, su integrismo frente a una cultura laica que la sociedad ya ha interiorizado hace tiempo de un modo natural. Los cambios sociológicos e ideológicos han sido profundos, esta Iglesia ya no expresa a esta sociedad. La representaba ideológicamente después del golpe contra la República, de la represión de posguerra y durante el franquismo: cuando la Iglesia tenía su cupo en las Cortes franquistas, cuando para ser obispo había que tener el plácet de Franco. Entonces la Iglesia sí era dueña ideológicamente de España, o sea de los españoles. Hoy, no.

La violencia de la Cope es el canto del cisne de lo que fue. El integrismo católico hoy es un tigre o más bien un fantasma de papel, la prueba es su agresividad, síntoma de su impotencia. La sociedad simplemente no querría vivir encerrada en su utopía reaccionaria. La Iglesia se reclama dueña de la historia española pero es su esclava, atada a ese pasado que tuvo su fruto granado en el nacional catolicismo franquista. Incapaz de romper con su pasado, de asumir errores, cargando con su integrismo, ha perdido su hegemonía sobre la sociedad. Su fracaso ideológico es patente, la Iglesia española tendrá aún mucha parroquia pero está sectarizada. Sólo una facción, esta derecha en su búnker, acepta su liderazgo moral.

Ese fracaso histórico es clamoroso, pues el nacional catolicismo fue un régimen totalitario en el que Ejército e Iglesia no sólo controlaron la vida pública, también modelaron el yo de generaciones de españoles. Tal fue su poder.

Y precisamente es en España, debido al fracaso del catolicismo, donde se da de un modo más acusado que en otras sociedades europeas la pérdida de todo el crédito de la religión. Al no adaptarse a nuestro tiempo histórico resulta un obstáculo, lo que el catolicismo nos dice no tiene nada que ver con lo que vivimos y sentimos. La ley de los obispos resulta extemporánea e inhumana, carece de sentido de la realidad. Así, excepto en Euskadi y Cataluña, donde el catolicismo se ha pegado más a la comunidad y todavía es un referente con un papel aceptado en la vida social, se puede decir que la sociedad española es hoy irreligiosa. La corrupción del mensaje cristiano que fue el nacional catolicismo ha merecido la censura política e incluso moral de la mayoría de la sociedad y el empecinado integrismo, su alejamiento. Así, el fracaso de la Iglesia ha ayudado a que la católica y tradicional sociedad española, paradójicamente parezca ser la más “moderna” de las europeas.

Cabe preguntarse qué consecuencias está teniendo para la moral social, hay signos de anomia en nuestra sociedad. Si la moral católica tradicional no es válida para esta sociedad, ¿qué moral social existe? ¿Cuál es el consenso moral? ¿Lo hay? ¿Quién tiene legitimidad o capacidad para establecer un nuevo consenso que nos diga lo que está bien y lo que está mal? ¿O soportaremos vivir sin un orden que nos diga lo que está bien y lo que está mal? Si es así, no podremos educar a nuestros hijos en una ética personal. Sin moral, qué ética. La ética es dinámica y ágil pero la moral tiene que tener consistencia y estabilidad, no se levanta sobre pilares relativos. ¿Podemos tener moral sin fundamento religioso? Es decir, sin fundamento, sin mito fundacional. No creo que las ideologías puedan fundar moral, sólo lo hacen cuando se transforman en mito comunitario, como el comunismo, el fascismo o algunos nacionalismos. Es el mito, la religión, quien da el orden último al mundo. Pero como no parece posible tener una fe religiosa simplemente porque nos convenga quizá debamos afrontar hoy este vivir desmoralizados, pues es nuestra realidad. ¿O sabe alguien una manera de cimentar valores comunes indiscutidos y aceptados?

O eso o repensar la religión, y tendría que ser un pensar distinto, un pensar sintiendo. En ese caso deberíamos mirar hacia atrás, al principio, y volver a preguntarnos por el final, la muerte. La muerte es una fuente de preguntas sobre la vida. ¿Es la vida humana sagrada? Antes de contestar podríamos detenernos para siempre en discutir lo que es “sagrado”, pero también podemos contestar sí o no simplemente. Si no es sagrada es un bien tangible y tasable, si es sagrada quizá podamos sobre eso levantar moral para nuestro vivir. Que es un vivir cada vez más ensanchado, o achicado, por el espacio que crean los mass media, ese mundo vigoroso creado por nosotros pero que parece haberse emancipado y tener vida propia: resultó que nuestra civilización apolínea incubó el huevo del monstruo dionisíaco. Es un mundo nuevo, una nueva dimensión, donde la moral pinta muy poco y manda el deseo.

En este tiempo nuevo las generaciones adultas conservamos, aunque no lo reconozcamos, la moral judeocristiana que nos trasmitió de grado o por fuerza la Iglesia, aunque ella no la siga. Ésas son las nociones que muy malamente intentamos transmitir a los que vienen, ¿pero ellos qué heredarán? ¿Una discoteca, una pantalla?.


Fuente: El País (14/09/07)


Más información sobre Suso de Toro en Wikipedia

12/9/07

"Gol en propia puerta", por Juan José Tamayo


La asignatura de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos constituye uno de los logros más importantes de la última reforma educativa. Viene a llenar una de las más graves carencias de nuestro sistema de enseñanza, cual es la educación cívico-democrática de los ciudadanos y ciudadanas, en aplicación del artículo 27.2 de la Constitución española: "La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales".

Sin embargo, desde que se anunciara la elaboración de la ley que regula dicha asignatura no han cesado las críticas y el rechazo de importantes e influyentes sectores de la Iglesia católica. Dos son los argumentos en que dicen apoyar su rechazo. Uno, que el Estado se arroga un derecho que sólo a los padres corresponde: la educación de la conciencia moral de sus hijos. Otro, que la asignatura va a convertirse en una herramienta eficacísima del Gobierno para el adoctrinamiento político y para la imposición de su ideología laicista. En un acto, a mi juicio, de irresponsabilidad cívico-democrática y de desprecio absoluto por las leyes, el arzobispo de Toledo, el cardenal Antonio Cañizares, ha ido todavía más lejos en las valoraciones hasta atreverse a decir que "colaborar con la implantación de la nueva asignatura es colaborar con el mal". En este maratón de descalificaciones, algunos sectores católicos han llegado a comparar la Educación para la Ciudadanía con la Formación del Espíritu Nacional del franquismo.

Tras el rechazo a la asignatura, hay dos estrategias en marcha dentro de la Iglesia católica, a mi juicio perfectamente armonizadas desde la jerarquía eclesiástica, las dos tendentes a dificultar su puesta en práctica, a limitar su importancia en el currículo escolar y a desnaturalizar el espíritu que la anima: una, el boicot, defendido por la Concapa y numerosos obispos; otra, impartir la asignatura, adaptada al ideario de los centros católicos, apoyada por la FERE y por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, si bien éste ha expresado su desacuerdo con la asignatura y deja en manos de los padres las decisiones a adoptar.

El Ministerio de Educación ha recibido con alivio la actitud de la patronal de los colegios católicos, la considera un gesto de distensión en las tensas relaciones entre la Iglesia católica y el Gobierno socialista, y presenta como éxito propio el haber conseguido integrar a un sector importante de la escuela católica en la nueva asignatura y el haber frenado el golpe de la objeción de conciencia. Yo creo, sin embargo, que no estamos ante un éxito gubernamental, ni hay razones para el alivio ministerial ni el gesto de la FERE implica distensión alguna. Todo lo contrario. Lo que ha sucedido es que, en la confrontación entre los dirigentes eclesiásticos y el Gobierno, de nuevo han vuelto a ganar la partida los primeros.

¿Por qué? Muy sencillo. Para evitar una "sublevación" de la jerarquía católica y de influyentes sectores de la patronal de la enseñanza, la asignatura ha sufrido tal cúmulo de modificaciones que la hacen poco menos que irreconocible. Como resultado de las negociaciones con la Conferencia Episcopal y con otras instituciones católicas, se hicieron importantes recortes en aquellos contenidos que pudieran entrar en fricción con la doctrina moral católica. Por ejemplo, el estudio de los distintos modelos de familia, incluido el matrimonio homosexual. Las sucesivas concesiones iban desnaturalizando un proyecto que nació con una orientación claramente laica y que corre el peligro de confesionalizarse.

Pero la mayor desnaturalización se ha producido al conceder a los colegios la libertad de adaptar los contenidos de la asignatura al ideario de centros. De esta manera, la Constitución española y las leyes democráticas se supeditan a una ideología que puede ser contraria a las mismas y que puede llevar a su deslegitimación e incumplimiento. Por ejemplo, la ley de divorcio será considerada por los centros con ideario católico contraria al orden divino y a la ley natural y explicada como un atentado contra la familia; la ley de interrupción voluntaria del embarazo puede ser interpretada como una incitación al crimen, más aún, al asesinato de los inocentes; los matrimonios homosexuales serán explicados como uniones inmorales e ilegales. ¡De nuevo la Constitución y las leyes democráticas sometidas a la religión! A eso cabe añadir la reducción de horas de la asignatura: en algunas comunidades, una hora por semana.

Con la actual modalidad de la Educación para la Ciudadanía los colegios religiosos tienen no ya una, sino dos plataformas de indoctrinamiento y de reproducción ideológica: la asignatura de Religión confesional, que escapa al control de las instituciones académicas porque sus libros de texto y son profesores son competencia de los obispos, y la de Educación para la Ciudadanía, que puede utilizarse para transmitir creencias religiosas más que valores cívicos. El Gobierno se ha metido un gol en propia puerta.

En el pulso de la Iglesia católica con el Gobierno ha vuelto a ganar la Iglesia, y por cuarta vez durante esta legislatura. Primero fue la negativa a denunciar los Acuerdos con la Santa Sede, muy beneficiosos para la Iglesia católica. Después, la Ley Orgánica de Educación, que considera la religión confesional como materia evaluable y contempla una alternativa. Posteriormente, la subida del tipo del 0,52% al 0,7% en la declaración de la renta a favor de la Iglesia católica, con exclusión de las otras iglesias y religiones. Y ahora, la desnaturalización y, en cierta medida, la confesionalización de la Educación para la Ciudadanía.

Hace unos días se preguntaba Bonifacio de la Cuadra en estas mismas páginas: "¿Para cuándo el Estado laico?". Yo le respondo: ad kalendas graecas. La actual orientación política nos lleva justamente en dirección contraria.


Juan José Tamayo es director de la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Desde la heterodoxia. Reflexiones sobre laicismo, política y religión.


Fuente: El País (12-09-2007)

7/9/07

“Roma quiere enterrar el Vaticano II”. Benjamín Forcano, organizador del XXVII Congreso de Teología


Lleva más de 40 años en la brecha de la liberación. Nacido en 1935 en Anento (Zaragoza), el claretiano Benjamín Forcano no se cansa de luchar por los más pobres del Reino. A pesar de que hace años que le llueven los “palos” jerárquicos. Cerraron la revista que dirigía, “Misión abierta”, y metieron en el índice su libro “Nueva ética sexual”. Pero él se mantiene firme con la amistad de Sobrino, Boff o Casaldáliga. Hoy inaugura, junto a sus compañeros de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, el XXVII Congreso de Teología, “el acontecimiento religioso más importante de Europa”. Y, sin pelos en la lengua, asegura que “Roma quiere enterrar el Concilio” y que “hay obispos españoles del PP”.

Forcano se muestra orgulloso de que el Congreso siga vivo. Con 27 ediciones, nada menos. “Es, sin duda, el acontecimiento religioso más importante de Europa”. Su objetivo es “abrir los ojos a la realidad, para no caer en el pecado de hacer una teología evasionista”.

Por eso, este año, su lema es el bíblico “Fui extranjero y me acogisteis”. Porque, según el teólogo moralista, “los emigrantes son precursores de un mundo nuevo, en el que cada vez va creciendo más la conciencia de la Humanidad en la creencia en el ser humano, independientemente de quién sea y de dónde venga”.

Va creciendo esa conciencia nueva, pero a golpes. “En España, hemos olvidado nuestra propia experiencia de los años 60. Y el inmigrante sigue estando aquí a la intemperie. A pesar de que este país siga siendo sociológicamente católico y a pesar de los esfuerzos de los sucesivos Gobiernos democráticos”.

Y es que, para un cristiano, acoger al inmigrante es un “deber esencial y primordial”. Y como ciudadanos, “tenemos que caminar hacia la ciudadanía universal”, porque “ningún ser humano es ilegal”.

Con estos y otros temas parecidos, el Congreso (“historia de la teología española viva”) se mantiene, año a año, en torno a los 1.200 participantes. De toda España. Y de toda clase y condición. Un “foro libre” de reflexión, debate y diálogo.

¿Por qué no están los obispos en un encuentro tan importante de cristianos militantes? “Hay consigna de que no asista nadie. Y eso que, si viniese algún obispo, el que fuese, sería acogido como un hermano”.

Y Benjamín recuerda al “añorado” monseñor Osés, el único, junto a Alberto Iniesta, que se atrevía a ir al Congreso. Y el teólogo se pregunta: “¿Por qué asisten regularmente a las reuniones de los demás movimientos religiosos y a las nuestras, no? Sería una alegría que se pudiese dar aquí también la misma simbiosis que se da en Brasil entre prelados, teólogos y fieles de la liberación”.

En cambio, sí está presente todos los años, con una carta, el obispo-profeta, Pedro Casaldáliga. Y otros “profetas” más chicos o de casa. Como el cura de Entrevías, Enrique de Castro, que inaugurará esta tarde el Congreso. “Es el ejemplo acabado de una parroquia abierta, evangélica e integradora de los inmigrantes. Una parroquia en la que se cumple a la perfección el lema evangélico. Un emblema para todos”.

Por eso mismo, Forcano está convencido de que “el conflicto con el cardenal Rouco va a acabar bien. Me cuesta creer que Rouco sea excluyente hasta ese extremo. Más bien creo que recibió presiones de Roma, dado el clima de involución que estamos viviendo”.

Porque, según Forcano, el objetivo del papado de Benedicto XVI es “cerrar el ciclo involutivo, comenzado por Juan Pablo II y por el propio Ratzinger cuando era prefecto de la Doctrina de la Fe”. “Desde Roma y en España se está queriendo enterrar el Concilio o, al menos desvirtuarlo. Hace años que el actual Papa ya dijo que el postconcilio había sido una hecatombe para la Iglesia”, añade.

A su juicio, antes había “un mayor pluralismo y espacio para la crítica. Ahora se intenta imponer un uniformismo total. Los obispos no se apartan de las consignas de Roma”.

Un clima genérico de involución que se plasma en España en actitudes y decisiones concretas. Muchas y muy serias. Por ejemplo, “hay obispos claramente alineados con las tesis del PP. Y el botón de muestra es la asistencia de 19 de ellos a la manifestación contra las parejas gays. Al tomar partido, los obispos rompen la comunión y su función de ser puentes y obispos de todos”.

Otro botón de muestra es la “guerra de la Educación para la Ciudadanía”. Porque, el asunto no tiene, a su juicio, “vuelta de hoja”, pero algunos obispos “tienen nostalgia del dominio social que la Iglesia tuvo en el régimen de cristiandad, olvidando la autonomía de las realidades temporales del Vaticano II”.

Y el teólogo sigue desgranando ejemplos de esta nueva cruzada. Como la próxima canonización de los mártires de la guerra civil. Y eso que le toca muy de cerca. Porque compañeros suyos claretianos, muy jóvenes, de Barbastro, fueron asesinados por los rojos y él participó, hace años, en la exhumación de sus cadáveres. Y al recordar su ejemplo, se le humedecen los ojos y se emociona: “¿Por qué se mató a esta gente absolutamente inocente?”. Y se atreve a avanzar que por dos cosas: “Por odio a la fe y también por odio a una institución que tomó partido abiertamente por un bando”.

O ejemplos más superficiales, pero también significativos del clima involutivo actual, como “la presencia del cardenal Cañizares con capa magna en la ordenación de unos sacerdotes italianos próximos a Lefebvre. Es el colmo de la desfachatez y de la involución”.

En el polo opuesto de esta Iglesia española que camina hacia atrás, Benjamín relata, entusiasmado, su participación en un recuente encuentro de teólogos y laicos en Venezuela, donde descubrió que “sólo se dicen mentiras y patrañas contra Hugo Chávez”. Y descubrió también en los “ranchitos” que rodean a la ciudad, que “hay que tener una ira sagrada contra una situación que cada vez aumenta más la miseria de los pobres y la riqueza de los ricos. Hay que liberar al pueblo”. Y sus palabras suenan como los gritos de los profetas del Antiguo Testamento.


Fuente: Artículo de José Manuel Vidal en Religión Digital