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6/9/09

Marina Silva: una mirada nueva sobre Brasil, por Leonardo Boff

Nota del editor del blog: Marina Silva es una política brasileña ambientalista y pedagoga. Fue ministra de medio ambiente en el gobierno de Lula, puesto del que dimitió el año pasado, en ese momento publicamos un artículo, también de Boff, sobre ella. Recientemente Marina Silva ha dejado el PT, partido en el gobierno, para unirse a Los Verdes de Brasil, partido del que será su probable candidata a la presidencia en las próximas elecciones (ver artículo en El País).

Marina Silva: una mirada nueva sobre Brasil, por Leonardo Boff

Se equivocan las personas que piensan que la salida del PT de la senadora Marina Silva obedece a propósitos oportunistas de una eventual candidatura a la Presidencia de la República. Marina Silva salió porque tiene sobre Brasil, sobre el PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento) una mirada distinta a la del gobierno que identifica desarrollo con crecimiento meramente material y con mayor capacidad de consumo. La nueva mirada, adecuada a la creciente conciencia de la humanidad y a la altura de la crisis actual, exige una ecuación diferente entre ecología y economía, una redefinición de nuestra presencia en el planeta y un cuidado consciente sobre nuestro futuro común. Para estas cosas la dirección actual del PT está ciega. No es que no vea, es que no tiene ojos, que es peor.

Para profundizar en esta cuestión, voy a valerme de una correspondencia con el sociólogo de Juiz de Fora y Belo Horizonte, Pedro Ribeiro de Oliveira, un intelectual de los más lúcidos que articula la academia con las luchas populares y las Cebs (*), y que acaba de organizar un libro sobre La conciencia planetaria y la religión (Paulinas 2009). Escribe:

«Efectivamente, estamos en una encrucijada histórica. La candidatura de Marina no hace más que hacerla evidente. El sistema productivista-consumista de mercado insiste en sobrevivir, alegando que solamente él es capaz de resolver el problema del hambre y de la miseria, cuando en realidad lo causa él. Sucede que se impuso desde el siglo XVI como lo mejor que la humanidad ha producido, ayudado por el iluminismo y la revolución cultural del siglo XIX, que nos convencieron a todos de la validez de su dogma fundador: hemos sido llamados al progreso sin fin que la ciencia, la técnica y el mercado proporcionan. Esta inercia ideológica que continúa moviendo al mundo se cruza hoy con otro camino, que es el de la conciencia planetaria. También es una senda, pero va en otra dirección».

«Muchos pensadores y analistas descubrieron la existencia de esta vía y llamaron la atención del mundo sobre la necesidad de cambiar la dirección en la que caminamos. Cambiar el camino del progreso sin fin por el camino de la armonía planetaria. Esta inflexión era la voz profética de algunos, pero ahora ya no clama en el desierto, sino ante un público que aumenta cada día. Esa vía ya no aparece como el camino exclusivo de algunos ecologistas, sino como un camino viable para toda la humanidad. Ante él, el paradigma del progreso sin fin, desposeído de su validez teórica y su dogma, antes incuestionable, amenaza con caer. En este momento se reúnen todas las fuerzas para mantenerlo en pie, menos por medio de una argumentación consistente que por la repetición de que “no hay alternativas” y de que cualquier alternativa “es un sueño”».

«Aquí es donde sitúo la candidatura de Marina. Es evidente que el PV es un partido que hasta puede haber sido fundado con buenas intenciones, pero hoy se ha convertido en una cajón de sastre. Nadie imagina que Marina ―en la hipótesis de que ganase las elecciones―, va gobernar con base en el PV. En la eventualidad de que ganase, tendrá que seguir el camino de otros presidentes sudamericanos elegidos sin base partidaria, y recurrir a los plebiscitos y referendos populares para romper las amarras de un sistema que “primero tomó la tierra de los indios y después escribió el código civil”, como escribió el argentino Eduardo de la Cerna».

«Aunque no gane, su candidatura será un gran momento de concientización popular sobre el destino de Brasil y del planeta. Marina Silva prescindirá de los profesionales del marketing político y entrarán en campaña los seguidores de Paulo Freire».

«Esta es la diferencia de la candidatura de Marina. Serra, desde la altura de su arrogancia, estimula la candidatura de Marina para derribar a Lula y mantener la política de crecimiento y concentración de riqueza. Lula, a su vez, levanta la bandera de la unión de la izquierda contra Serra, pero también para mantener la política de crecimiento y de concentración de la riqueza, aunque mitigada por políticas sociales».

«Marina representa otro paradigma. No más la mala utopía del progreso sin fin, sino la buena utopía de la armonía planetaria. Nuestra visión no se restringe a 2010-2014. Estamos mirando la gran crisis de 2035 y buscando evitarla mientras hay tiempo, o en la peor de las hipótesis buscando alternativas para afrontarla».

Por amor a nuestros hijos, nietos y nietas, tenemos que dar fuerza a la candidatura de Marina. Y que Paulo Freire nos ayude a hacer de esa campaña electoral una campaña de educación popular de las masas.

Yo digo con Víctor Hugo: «No hay nada más poderoso en el mundo que una idea cuyo tiempo ya llegó».

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, más información en Wikipedia
(*) Cebs: Comunidades Eclesiales de Base (Teología de la Liberación). En Brasil hay miles de Cebs.

7/3/09

"La vida es camino". Entrevista a Juan José Tamayo

Juan José Tamayo dirige la cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III y es fundador y actual secretario general de la progresista Asociación de teólogos Juan XXIII. El teólogo es referencia inexcusable en nuestro país del cristianismo de progreso, exponente visible de la teología de la liberación. Sin embargo la liberación de Tamayo no sólo es auxilio y solidaridad con los “últimos” del planeta, sino también compromiso con la Tierra, la espiritualidad abierta y desdogmatizada, el diálogo interreligioso…, como podemos observar en la presente entrevista. Hemos charlado con el profesor en su despacho en la Universidad. Se siente relajado y seguro, sus respuestas son inmediatas y claras. Juega en su campo, en su ambiente, entre sus libros, al calor de todo lo que allí diariamente alumbra en forma de libros y artículos sobre lo divino y lo humano.

¿Diagnóstico de salud del diálogo interreligioso?
Es preciso superar los tribalismos que se dan en el mundo de las religiones. Las religiones establecidas en un territorio fijo, vinculadas a una cultura cerrada, basadas en unos principios doctrinales rígidos que atienden a unas orientaciones morales muy definidas, dificultan el encuentro en general con otras cosmovisiones. Cada una de las religiones se empeña en reforzar aquello que las diferencia de las demás. Ello dificulta los intentos de comunicación y de diálogo.

¿… y de las espiritualidades?
Algo semejante podemos decir de las espiritualidades. Las espiritualidades han estado muy pertrechadas, muy volcadas en sí mimas. No han fomentado el encuentro. El gran desafío de nuestro tiempo es pasar de las espiritualidades individuales y estancas a la interespiritualidad.

¿Tras todo su recorrido teológico y vital, cuál es su particular adhesión?
Me adhiero a una espiritualidad sin nombre, ni adjetivos; espiritualidad surgida desde la experiencia humana radical y profunda en cada contexto. La experiencia humana más actual es la situación de desposesión que vivimos. Estamos inmersos en una cultura del poder, del saber, del tener, una cultura en definitiva de la acumulación y la imagen, de la representación.

¿Escasean espacios para el cultivo del ser?
Cierto, no existe espacio para el cultivo del ser, para la mirada interior, para el descubrimiento de lo profundo de la realidad íntima. Nos movemos en el plano de la superficie. De ahí que nuestra cultura sea epidérmica, una cultura que no va a lo que hay debajo, al trasfondo. Vivimos una cultura de lo llamativo, de lo espectacular, de lo que impacta, una cultura en definitiva de masas, que busca índices de audiencia, que repara en la cantidad en detrimento de la cualidad. Esta cultura en la que estamos ubicados genera unas carencias extraordinarias al ser humano. Promueve una sensación de desasimiento, de falta de asiento, de falta de lugar donde ubicarnos. El ser humano está rodeado de cosas, pero vive una situación de desprotección total.

¿Escasean respuestas ante esta cultura del vacío?
Esta cultura del vacío, de la frivolidad, de la apariencia y de la exterioridad no le satisface en realidad al ser humano. La insatisfacción es muy general, tal como se puede observar en el aumento de depresiones y suicidios, en la proliferación de desencuentros y conflictos en el entorno familiar. Hay un abandono de creencias, pues no se encuentra la satisfacción que en ellas se busca. Hay también huida de la realidad, reclusión en el individualismo. Ante esa situación decadente, la gente busca la manera de compensarlo…

¿Pero la gente no corre a la religión para satisfacer esas carencias?
La religión institucional no ofrece nada que responda a las inquietudes profundas, a los interrogantes antropológicos, a la vaciedad de nuestra cultura. Las religiones te ofrecen un código de comportamiento muy represivo, que no permite el desarrollo de las tendencias del ser humano. Son represivas en la concepción del cuerpo y de la persona. Estamos ante concepciones dualistas en las que el cuerpo es un obstáculo y el alma es lo único que importa. Es un dualismo represivo de todo lo que tiene que ver con la comunicación, la sexualidad…, en definitiva de lo que tiene que ver con el otro. La espiritualidad tiene que ser integral y contemplar la totalidad del ser humano y de la persona.

¿En medio de esa crisis, cuál es la oferta de las religiones?
Una espiritualidad muy cerrada, un código moral, un credo, un conjunto de verdades que hay que creer. Eso a la gente no termina de satisfacerle. Esas verdades se conforman de modo dogmático. Pero por la vida no podemos ir con certezas y verdades absolutas. La verdad es itinerante, es un camino de búsqueda, tal como decía Antonio Machado: “Tú verdad no, guárdatela. La verdad y vamos a buscarla juntos”. El dogma es una perversión de las religiones. El dogma es la negación del símbolo, la petrificación de la experiencia religiosa.

¿En concreto, las recetas del cristianismo católico?
Lo mismo, ofrece la aceptación de unas verdades, de unos principios doctrinales que tienen que reconocerse y aceptarse en su literalidad. La vida no funciona con dogmas, con verdades cerradas y fijas. La vida es camino.

¿Desconexión entre el mundo ritual y el mundo vital?
Las religiones ante esta crisis ofrecen un espacio. ¿Qué se hace en ese espacio? En los templos se ora, se practican los sacramentos, se hacen los ritos. ¿Qué relación tienen esos sacramentos, esos ritos con la vida y la experiencia humana? Ninguna o muy poca. Hay una gran desconexión entre el mundo vital y el ritual.

Los símbolos que se utilizan en las celebraciones religiosas han ido perdiendo su significado a lo largo de los siglos, pues no están en conexión con la vida de hoy. El dogma es una perversión, un empobrecimiento de las religiones. Pongamos el ejemplo del cristianismo. En el comienzo el dogma era el evangelio. El evangelio quiere decir buena noticia, anuncio de liberación para los pobres, los oprimidos, los marginados… La nueva espiritualidad, en el caso del cristianismo, debe tender a rescatar la buena noticia de la liberación de los excluidos.

¿Qué es lo que ha ocurrido en el curso de los siglos con ese lenguaje de símbolos, de imágenes, de parábolas que representa el lenguaje de Jesús? Se convierte en dogma a partir del siglo IV. Eso es una simplificación, un empobrecimiento.

¿Cuáles son los límites del diálogo interreligioso? ¿Podemos avanzar a una comunión total en lo interno?
En el diálogo interreligioso no deberíamos empezar hablando de límites. Ha de haber un diálogo sin condiciones, un encuentro en el que libremente cada una de las tradiciones exponga su concepción de la realidad, su manera de entender la espiritualidad, su manera de comprender a Dios, a lo divino, a lo trascendente. A partir de ahí, fomentar una intercomunicación, superando el paradigma “anti”, que hasta el presente ha predominado y comenzar a fomentar el paradigma “inter”. Es preciso encontrar espacios abiertos de encuentro y comunicación.

¿Algo se avanza en esa dirección…?
Sí, pero para ello será preciso que las religiones se desdogmaticen. Para ello será preciso “etizar”, “espiritualizar”, “ecologizar” las religiones. Sin duda lo más importante para ese diálogo es superar la concepción dogmática de la religión y con ello el respeto al pluralismo y la diversidad. Tampoco en aras de la unión podemos ir a un mismo y único rito. Es preciso respetar la particularidad de cada una de las religiones.
¿Dónde se ubicaría Jesús de Nazaret en el mapa espiritual de nuestros días?
Jesús no renunciaría a su propia tradición. Jesús vivió la propia religión judía de sus padres, pero desde una perspectiva crítica y humanista. Él no es un creyente fundamentalista, sino un creyente crítico. Cuestiona el templo, las instituciones, los ritos, los sacrificios, la propia ley, si no se coloca al servicio del ser humano. El arraigo en una tradición es importante y Jesús lo estaba. Jesús es tradicional en cuanto que vive la experiencia de fe de sus padres, pero no es tradicionalista, en cuanto que no absolutiza la tradición.

Una cosa es la tradición necesaria, en cuanto referencia a los orígenes, a las propias raíces, a la herencia cultural, que no se puede dilapidar, y otra es el tradicionalismo. Jesús nunca impone, sino que dice: “Si quieres seguirme, éste es el camino”. Jesús en nuestros días estaría abierto, con todos los respetos, a otras vivencias espirituales.

¿No mira el cristianismo de progreso en exceso hacia Roma, en lugar de tomar propia iniciativa?
El cristianismo progresista europeo está muy a la defensiva. Mira mucho a Roma no tanto para seguir las pautas que de allí emanan, sino para oponerse. Tiene demasiado de “anti”. Cuando el Vaticano tiene actitudes contrarias a la democracia y a la libertad es preciso criticarlo, pero no hay que obsesionarse con la jerarquía. El cristianismo de progreso gasta más energía en luchar contra la jerarquía, que en construir una alternativa de Iglesia. La crítica es necesaria, pero lo es más la alternativa. Las protestas son importantes, pero tienen que ir acompañadas de propuestas de nuevos modelos.

¿Rasgos de la nueva espiritualidad…?
La espiritualidad no necesita de las instituciones de forma necesaria. Vamos hacia una espiritualidad sin adjetivos, hacia una interespiritualidad basada en la diversidad de vivencias en función del contexto cultural, de la tradición religiosa particular.

Soy partidario de una unión en lo interno. Una espiritualidad sin adjetivos debe nacer de la propia subjetividad, de la interioridad del ser humano, de sus propias vivencias. La experiencia espiritual tiene ese componente personal. La institución frena esta experiencia. La experiencia no puede ser dirigida, ni controlada por la institución.

¿Riesgo de uniformidad?
Yo no soy partidario de una espiritualidad uniforme. Se puede caer en el pensamiento único y la diversidad es una riqueza de lo humano. La diversidad cultural y religiosa supone una inmensa riqueza humana. La diversidad biológica es una inmensa diversidad de la vida. La diversidad de planetas es una riqueza del cosmos y así sucesivamente…

¿Otros rasgos de la nueva espiritualidad?
Ha de ser comunitaria. El sujeto de la espiritualidad es el “yo”, pero un “yo” como hermano. No es un “llanero solitario”, ni “un lobo estepario”. El ser humano en cuanto que ser social, se construye en relación con el otro. El “yo” necesita un “tú”. La famosa frase de Desmond Mpilo Tutu refleja muy bien este principio: “Yo soy, si tú eres”. Es decir, la subjetividad tiene que comunicarse con otras subjetividades y así se convierte en espiritualidad “intersubjetiva” o comunitaria. Las experiencias subjetivas se dan en un entorno de comunidad.

La nueva espiritualidad tiene que ser también ecológica, respetuosa de la casa del ser humano. ¿Dónde nos encontramos más cómodos? En nuestra propia casa, en la naturaleza, por supuesto cuando el clima lo permite. Para que la espiritualidad subjetiva y al mismo tiempo comunitaria se desarrolle plenamente ha de vivirse en la propia naturaleza, que es nuestra casa, nuestro hogar común. El cosmos, la naturaleza, la Tierra es el lugar ideal donde el creyente vive su propia experiencia religiosa. Es preciso recuperar esa idea de carácter sagrado de la naturaleza. Las religiones cósmicas consideran el árbol, la Tierra, la tormenta, la cueva, la cumbre… elementos y espacios sagrados. Yo creo que tienen razón.

¿La religión ha de volver a pactar con la Tierra?
Hemos de ser más humildes y llegar a un pacto con la Tierra. La secularización no está en contra de reconocer la sacralidad de la naturaleza. Sólo reconociendo esta sacralidad el ser humano se verá obligado a respetarla en su integridad. Por lo tanto, la espiritualidad subjetiva y comunitaria considera a la naturaleza como el lugar ideal de encuentro con lo sagrado, con el misterio, con lo divino…, cada uno encuentre la palabra adecuada. Es preciso evitar a toda costa el antropocentrismo de la modernidad. El ser humano no puede vivir sin la naturaleza.

¿Hay referencias bíblicas a esta espiritualidad inserta en la naturaleza?
Donde yo veo mejor reflejado ese pacto, que es el punto de partida de la nueva espiritualidad ecológica, es en el símbolo del Génesis del arco iris. Hay un texto bíblico precioso tras el diluvio universal. Dios dice que nunca más anegará a la Tierra con las aguas y que establecerá un pacto con la naturaleza y el ser humano. Inspirándome en Raimon Panikkar, yo llamo a ese pacto “cosmoteándrico”, ya que en él intervienen tres actores: Dios, el cosmos y el propio ser humano.

Bibliografía de Juan José Tamayo
• Por una Iglesia del pueblo. Madrid, Mañana, 1976.
• Para comprender la teología de la liberación. Estella, Verbo Divino, 1989.
• Conceptos fundamentales del cristianismo. Madrid, Trotta, 1993.
• Diez palabras clave sobre Jesús de Nazaret. Estella, Verbo Divino, 2000.
• Nuevo paradigma teológico. Madrid, Trotta, 2003.
• Adiós a la cristiandad. Barcelona, Ediciones B, 2003.
• Fundamentalismos y diálogo entre religiones Editorial Trotta, 2004.
• Hacia la comunidad 1. La marginación, lugar social de los cristianos Trotta, Madrid, 1995.
• Hacia la comunidad 2. Iglesia profética, Iglesia de los pobres. Trotta, Madrid, 1994.
• Hacia la comunidad 4. Imágenes de Jesús. Condicionamientos sociales, culturales, religiosos y de género. Trotta, Madrid, 1996.
• Hacia la comunidad 6. Dios y Jesús. El horizonte ético de Jesús de Nazaret. Trotta, Madrid, 2000.
• Hacia la comunidad 3. Los sacramentos, liturgia del prójimo. Trotta, Madrid, 1995.
• Hacía la comunidad 5. Por eso lo mataron. El horizonte ético de Jesús de Nazaret. Trotta, Madrid.
• Iglesia y sociedad en España Trotta, Madrid, 2005. En colaboración con José María Castillo.
• Nuevo diccionario de teología Trotta, Madrid, 2005.


Fuente: Entrevista de Koldo Aldai para la Fundación Ananta. Visto en Portal Dorado

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14/2/09

Foro Mundial de Teología y Liberación, por Leonardo Boff

Desde sus inicios, a finales de los años 60 del siglo pasado, este tipo de teología nació del esfuerzo por articular el discurso de la fe con el discurso de la sociedad en la perspectiva de los oprimidos. Su marca registrada fue y sigue siendo la «opción por los pobres y contra la pobreza». La perspectiva era y es global, de suerte que ya en los años 70 se organizaron los primeros Foros Mundiales de la Teología de la Liberación en Chicago, en México y en Brasil y continuaron hasta que la ceguera de sectores poderosos del Vaticano los prohibió. Como son ecuménicos por naturaleza, los foros siguieron realizándose regionalmente.

La aparición de los Foros Sociales Mundiales a partir del año 2001 proporcionó el espacio público para continuar estos encuentros globales, el primero en Porto Alegre en 2005, el segundo en Nairobi en 2007 y el tercero ahora en Belém.

Se perfiló mejor el estilo de la reflexión. En vez de hablar simplemente de Teología de la Liberación y resucitar así las discusiones del pasado, se prefirió hablar de Teología y Liberación. El sentido es confrontar la fe reflexionada y crítica (teología) con las formas de la opresión, que presentan las más diferentes caras, desde los niños consumidos como carbón en la máquina productivista, hasta masacres como las de Gaza. El discurso no es intraeclesiástico, a favor o contra las iglesias, sino público, orientado a la sociedad mundial. La cuestión central no es discutir el futuro del cristianismo, sino qué contribución puede dar éste a los verdaderos problemas humanos como son la perpetuación de la pasión de los pobres, el calentamiento global y sus eventuales consecuencias perversas.

El cristianismo no puede ser un superego castrador de temas importantes de la agenda mundial; debe ser una fuente de inspiración y de osadía para cuestionar el paradigma civilizatorio dominante que convierte a todos —ricos y pobres— en oprimidos, ahogados en el consumismo de bienes materiales, sin sentido de solidaridad y de cuidado hacia nuestro patrimonio común que es el planeta Tierra. Pero principalmente puede mostrarse fecundo en el compromiso, junto con los movimientos sociales —los verdaderos nuevos actores—, en el combate al sistema del capital productor de grandes injusticias, en la lucha por la tierra, negada a las grandes mayorías, y en la búsqueda de alternativas de producción y de vida.

Con razón es este tipo de cristianismo el único que posee mártires como la hermana Dorothy, el padre Jósimo y tanto otros en América Latina. De las burocracias eclesiásticas nunca salen místicos, santos ni mártires, sino solamente mediocres reproductores del establishment religioso.

En estos Foros de Teología y Liberación participaron más de mil personas venidas de todos los continentes, también de Europa y de Estados Unidos, lo que muestra la vitalidad de este tipo de pensamiento. Las autoridades doctrinarias del Vaticano se engañan cuando imaginan que con su disciplina han liquidado la Teología de la Liberación. Ésta nace del grito de la Tierra y de los pobres, y mientras sigan gritando habrá todas las razones del mundo para actuar de forma liberadora y elaborar a partir de ahí una teología. En cierta forma, sus intuiciones han pasado a ser patrimonio común del cristianismo contemporáneo, salvándolo del cinismo.

El tema de este año en Belém fue «Agua, Tierra y Ecología para otro mundo posible». Se partió de la confluencia de las distintas crisis, ligadas todas ellas a la falta de sostenibilidad del sistema-Tierra. El tema de la ecología se imponía. No como técnica de manejo de recursos escasos sino como nuevo paradigma de relación con la Tierra, considerada no como un medio de producción sino como un ser vivo, generador de toda la vida. Como dijo un discípulo de E. Morin, Patrick Viveret, biólogo y economista, en su conferencia «Un buen uso del fin de un mundo». Ahora se abre espacio para otro mundo no sólo posible sino necesario. El cristianismo está llamado a contribuir con su capital de respeto y de cuidado.

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor
Fuente: Koinonia

1/9/08

Leonardo Boff: "Si no tenemos utopías, nos empantanamos en los intereses individuales"

El compromiso por los pobres y el respeto a toda vida podrían desarrollar una conciencia de solidaridad y responsabilidad que evite que la crisis ecológica derive en una catástrofe. De paso por la Argentina, el teólogo y ecologista dialogó con Clarín.

Nada de lo humano le es ajeno a Leonardo Boff. Autor de una gran obra, centrada en la Teología de la Liberación, militante ecológico, luchador contra la opresión social y la cultura patriarcal, dejó el ejercicio sacerdotal oficial en 1992, luego de padecer sanciones y apercibimientos del Vaticano. Invitado por la fundación AVINA, realizó actividades en distintos puntos del país y conversó en exclusivo con Clarín.

¿Qué balance puede hacer de la difusión de la Teología de la Liberación en América latina? ¿La lucha contra la opresión sigue siendo un ideal vigente?

La Teología de la Liberación sigue vigente en aquellas iglesias y grupos que toman en serio la injusticia social y la opresión que sufren las grandes mayorías. Hoy es en los movimientos populares, en los círculos bíblicos, de carácter ecuménico, donde la Teología de la Liberación encuentra su más grande difusión. Está presente en todo el mundo, en Asia, Africa, América Latina y en grupos solidarios del Primer Mundo. Esto se puede comprobar en los foros mundiales de Teología de la Liberación que se hacen una semana antes de los foros sociales mundiales, sea en Porto Alegre, en Nairobi y el año próximo en Belem de Brasil.

Su actual preocupación ecológica, ¿cómo se vincula con la teología? ¿Hay un "puente" entre teología y ecología?

La Teología de la Liberación nació escuchando el grito del oprimido: pobres económicos, indígenas, afrodescendientes, mujeres. Hoy gritan las aguas, los bosques, los animales, es toda la Tierra la que grita. Dentro de la opción por los pobres y contra la pobreza debe ser incluida la Tierra y todos los ecosistemas. La Tierra es el gran pobre que debe ser liberado junto a sus hijos e hijas condenados. Y la opción por los pobres es la marca registrada de la Teología de la Liberación.

La mayoría de los problemas ecológicos son causados por las naciones más ricas. ¿Qué pueden hacer los más pobres para preservar el ambiente?

La causa principal del clamor ecológico es el tipo de producción y consumo que se impuso desde los países ricos sobre todo el mundo. Este sistema explota las personas, las clases, los países, y la Tierra. La consecuencia la notamos ahora con el calentamiento global que puede poner en riesgo la biodiversidad y, en el límite, a la especie humana. A los pobres les cabe gritar, denunciar y luchar para que se cambie este paradigma tecnocientífico y la cultura productivista y consumista. Caso contrario vamos todos al encuentro de lo peor. No hay un arca de Noé que salve a algunos y deje perecer a los demás. O nos salvamos todos, o perecemos todos. Los pobres son aquellos que por su situación de explotados ven mejor la perversidad de este sistema antivida.

La filosofía de la historia moderna nos legó la idea de un camino de desarrollo infinito. Esta idea se ha encarnado sobre todo en el campo de la producción técnica. ¿Con esta ideología es posible establecer un orden social ecológico? ¿En su caso, qué idea debería sustituirla?

Un desarrollo infinito es imposible en un planeta finito y con recursos escasos. Esta idea es una ilusión no totalmente asimilada por los que tienen la conducción del proceso productivo en el mundo. Pero ya se están dando cuenta de que la lógica de este tipo de desarrollo está en contradicción con la lógica de la vida. O cambiamos o la Tierra no va a aguantar. Hay que pasar de una sociedad de producción de productos materiales a otro tipo de sociedad de sustentación de toda vida, y de producción de valores humanos que puedan ser compartidos por todos, porque la Tierra es de todos. Tenemos que producir para atender a las demandas humanas en sintonía con los ciclos de la naturaleza y con sentido de equidad en la distribución de los beneficios y servicios para todos.

En el plano ecológico mental, Ud. le asigna especial relevancia al costado femenino que tendrían todos los seres humanos, ya que lo asocia a una ética del cuidado. ¿Qué efectos sociales tendría la extensión de esta actitud entre los miembros de la familia humana?

Somos herederos de una cultura patriarcal que se ha impuesto en los últimos doce mil años. Ella ha creado el Estado, las leyes, la burocracia, los ejércitos y la guerra. Esta cultura ha dominado a la mujer o la ha hecho invisible en la sociedad. Esto ha significado una recíproca deshumanización porque el hombre ha reprimido lo femenino que hay en él y ha forzado a la mujer a reprimir lo masculino que hay en ella. Cada ser humano es sustentado por estas dos fuerzas constituyentes de nuestra identidad: lo femenino que responde por la capacidad humana de acogida, de enternecimiento, de sensibilidad, de cuidado y de sentido de lo simbólico y de lo espiritual, y por lo masculino que atañe a la racionalidad, al trabajo, a la superación de obstáculos, al poder y a la utilización de la fuerza. En el hombre y en la mujer coexisten estas dos dimensiones. Cuando son bien articuladas y asumidas de forma integradora, componen la excelencia del ser humano. La mujer es la portadora privilegiada, sin ser exclusiva, de esta dimensión de lo femenino. Por eso está mas cercana a la complejidad, a la vida y al cuidado que la vida necesita. Hoy se hace urgente rescatar lo femenino para tratar mejor la naturaleza, respetar las alteridades y salvaguardar la vida amenazada.

¿Es posible restablecer alguna utopía en nuestra época? ¿Qué rasgos debería tener?


Una sociedad no vive sin utopías, es decir, sin un sueño de dignidad, de respeto a la vida y de convivencia pacífica entre las personas y pueblos. Si no tenemos utopías nos empantanamos en los intereses individuales y grupales y perdemos el sentido del bien vivir en común. A mi juicio, la utopía que puede reencantar a la vida es una relación de reverencia y respeto a toda vida, de sinergia con las fuerzas de la naturaleza, de hospitalidad con todos los seres humanos y de convivencia en la diversidad de culturas, religiones y de visiones de mundo. Una utopía de una Tierra organizada desde una articulación central de valores, principios y poderes que administren los recursos escasos para todos, habitando como una familia en la misma casa común, la Tierra. Esto no es imposible. Efectivamente vamos a construir una sociedad así o posiblemente Gaia, la Tierra viva, no nos va a soportar y va a expulsarnos como una célula cancerígena.

En el mundo hay hambre y aumenta el precio de los alimentos. ¿Debería existir una ética para moderar el negocio de los productos destinados a satisfacer las necesidades básicas de los seres humanos?


Yo creo que el hambre de millones de personas, no a raíz de falta de alimentos sino de la incapacidad de adquirirlos por la demasiada pobreza, demuestra la ausencia de sensibilidad delante del sufrimiento de los otros humanos. Somos crueles y sin piedad. Existe la urgencia de una gobernabilidad central de la humanidad y de la Tierra que tenga poder para garantizar a los vulnerables el alimento necesario, suficiente y decente. Comer es un derecho humano fundamental y es un deber de todas las sociedades y Estados garantizarlo, porque somos hijos e hijas de la Tierra. Creo que lentamente vamos caminando en esta dirección porque de otra forma no vamos a mantener la familia unida, sino bifurcarla entre aquellos que comen y aquellos que no comen.

El consumismo es un rasgo de nuestra civilización. ¿Cómo se podría atemperarlo, hacerlo responsable?

Cada uno tiene que desarrollar una concienca de solidaridad humanitaria y de responsabilidad universal. El consumo debe de ser medido, debe alcanzar una justa medida. Podemos vivir bien con menos. Importa incorporar valores intangibles que dan sentido a la vida y a la convivencia, como el cuidado mutuo, la compasión con los que sufren, la cooperación para que todos tengan lo necesario. Cada uno tiene que hacer la revolución molecular, es decir, empezar por sí mismo y realizar lo que Gandhi decía: "Sé tu mismo la solución y el mundo que tú quieres para los demás".

¿Es posible, en este mundo, mantener el sentido del humor' ¿Qué formas de felicidad podemos alcanzar?

A pesar del abatimiento y de la melancolía que la actual situación del mundo nos puede producir subjetivamente, podemos mantener el sentido de humor porque existe en nosotros la irrefrenable convicción de que la vida es más fuerte que la muerte y que podemos disfrutar de todo lo que la Tierra nos brinda con su vitalidad y que los seres humanos han creado con su ingenio. Hay potencialidades en nosotros y en el proceso evolutivo que todavía no se han realizado y que pueden irrumpir, abriendo un nuevo ciclo en la historia, más integrador y más respetuoso de cada ser del universo.

El actual Papa es muy crítico con el relativismo ético. ¿Cuál es su posición ante el relativismo?


Todo lo que es creado y está en proceso de crecimiento y de evolución es relativo en un doble sentido: relativo en la medida que está siempre relacionado con todo lo demás y que nadie vive fuera de la relación. Relativo en un segundo sentido de que el absoluto es solamente Dios. Todo lo demás es relativo, puede cambiar, puede ser diferente, no puede imponerse a los demás. Solamente espíritus autoritarios imponen lo relativo suyo como algo absoluto, congelando la historia y el caminar de los humanos. Lo que debemos es asumir nuestra transitoriedad con responsabilidad, con sentido de respeto y veneración, caminando junto con los demás y construyendo algo colectivo que sea bueno para la vida y para la convivencia entre las diversidades humanas.

Fuente: Entrevista realizada por Claudio Martyniuk en el periódico Clarín (24/08/08)

2/3/08

"Parar la rueda bloqueando sus radios", por Pedro Casaldáliga


Pedro Casaldáliga es obispo, escritor y poeta catalán, que ha permanecido gran parte de su vida en Brasil. Ha estado siempre vinculado a la teología de la liberación y ha sido siempre un defensor de los derechos de los menos favorecidos.


Circular Fraterna 2008, de Dom Pedro Casaldáliga

Estaba pensando la circular de 2008, cuando me invade, como un río bíblico de leche y miel, una auténtica inundación de mensajes de solidaridad y cariño por ocasión de mis 80 años.

No pudiendo responder a cada uno y a cada una en particular, incluso porque el hermano Parkinson tiene sus caprichos, les pido que reciban esta circular como un abrazo personal, entrañable, de gratitud y de comunión renovadas.

Estoy leyendo una biografía de Dietrich Bonhoeffer, titulada, muy significativamente, Ten-dríamos que haber gritado. Bonhoeffer, teólogo y pastor luterano, profeta y mártir, fue ase-sinado por el nazismo, el 9 de abril de 1945, en el campo de concentración de Flossenbürg. Él denunciaba «la Gracia barata» a la que reducimos muchas veces nuestra fe cristiana. Advertía también que «quien no haya gritado contra el nazismo no tiene derecho a cantar gregoriano».

Y llegaba finalmente, ya en vísperas de su martirio, a esta conclusión militante: «Hay que parar la rueda bloqueando sus radios». No bastaba entonces con socorrer puntualmente a las víctimas trituradas por el sistema nazi, que para Bonhoeffer era la rueda; y no nos pue-den bastar hoy el asistencialismo y las reformas-parche frente a esa rueda que para noso-tros es el capitalismo neoliberal con sus radios del mercado total, del lucro omnímodo, de la macro-dictadura económica y cultural, de los terrorismos de estado, del armamentismo de nuevo creciente, del fundamentalismo religioso, de la devastación ecocida de la tierra, del agua, de la floresta y del aire.

No podemos quedarnos estupefactos delante de la iniquidad estructurada, aceptando como fatalidad la desigualdad injusta entre personas y pueblos, la existencia de un Primer Mundo que lo tiene todo y un Tercer Mundo que muere de inanición. Las estadísticas se multiplican y vamos conociendo más números dramáticos, más situaciones infrahumanas. Jean Ziegler, relator de Naciones Unidas para la Alimentación, afirma, cargado de experiencia, que «el orden mundial es asesino, puesto que hoy el hambre ya no es una fatalidad». Y afirma tam-bién que «destinar millones de hectáreas para la producción de biocarburantes es un crimen contra la humanidad»; el biocombustible no puede ser un festival de lucros irresponsables. La ONU viene alertando que el calentamiento global del planeta avanza más rápido de lo que se pensaba y, a menos que se adopten medidas urgentes, provocará la desaparición del 30% de las especies animales y vegetales, millones de personas se verán privadas de agua y proliferarán las sequías, los incendios, las inundaciones. Uno se pregunta angustia-do quién va a adoptar esas "medidas urgentes".

El gran capital agrícola, con el agronegocio y el hidronegocio cada vez más, avanza sobre el campo, concentrando tierra y renta, expulsando a las familias campesinas y lanzándolas errantes, sin tierra, acampadas, engrosando las periferias violentas de las ciudades. Dom Edwin Kräutler, obispo de Xingú y presidente del CIMI, denuncia que el «desarrollo en la Amazonia se tornó sinónimo de deforestar, quemar, arrasar, matar». Según Roberto Sme-raldi, de Amigos de la Tierra, las políticas contradictorias del Banco Mundial por un lado «prometen salvar los árboles» y por otro lado «ayudan a derribar la Amazonia».

Pero la Utopía continúa. Como diría Bloch, somos «criaturas esperanzadas» (y esperanzadoras). La esperanza sigue, como una sed y como un manantial. «Contra toda esperanza esperamos». De esperanza habla, precisamente, la reciente encíclica de Benedicto XVI. (Lástima que el Papa, en esta encíclica, no cite ni una sola vez el Concilio Vaticano II que nos dio la Constitución Pastoral Gaudium et Spes -Alegría y Esperanza-. Dicho sea de paso, el Concilio Vaticano II continúa amado, acusado, silenciado, preterido… ¿A quién le da miedo el Vaticano II?). Frente al descrédito de la política, en casi todo el mundo, nuestra Agenda Latinoamericana 2008 apuesta por una nueva política; hasta «pedimos, soñando alto, que la política sea un ejercicio de amor». Un amor muy realista, militante, que subvierta estructuras e instituciones reaccionarias, construidas con el hambre y la sangre de las mayorías pobres, al servicio del condominio mundial de una minoría plutócrata.

Por su parte las entidades y los proyectos alternativos reaccionan intentando crear concien-cia, provocar una santa rebeldía. El FSM 2009 se va a celebrar, precisamente, en la Ama-zonia brasileña y tendrá la Amazonia como uno de los temas centrales. Y el XII Encuentro Intereclesial de las CEBs, en 2009, se celebrará también en la Amazonia, en Porto Velho, Rondônia. Nuestra militancia política y nuestra pastoral liberadora deben asumir cada vez más estos desafíos mayores, que amenazan nuestro Planeta. «Escogemos, pues, la vida» como reza el lema de la Campaña de la Fraternidad 2008. El apóstol Pablo, desde su Carta a los Romanos, nos recuerda que «toda la Creación gime y está con dolores de parto» (Rom 8,22). Los gritos de muerte se cruzan con los gritos de vida, en ese parto universal.

Es tiempo de paradigmas. Hoy creo que se deben citar como paradigmas mayores y más urgentes, los derechos humanos básicos, la ecología, el diálogo intercultural e interreligioso y la convivencia plural entre personas y pueblos. Estos cuatro paradigmas nos afectan a todos, porque salen al encuentro de las convulsiones, objetivos y programas que está vi-viendo la Humanidad maltratada, pero siempre esperanzada aún. Con tropiezos y ambigüe-dades Nuestra América se mueve hacia la izquierda; «nuevos vientos soplan en el Conti-nente»; estamos pasando «de la resistencia a la ofensiva». Los pueblos indígenas de Abya Yala han saludado alborozados la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pue-blos Indígenas, que afecta a más de 370 millones de personas en unos 70 países del Mun-do. Y reivindicarán su puesta en práctica.

Nuestra Iglesia de América Latina y del Caribe, en Aparecida, si no fue el Pentecostés que queríamos soñar, fue una honda experiencia de encuentro entre los obispos y el pueblo; y confirmó los trazos más característicos de la Iglesia de la Liberación: el seguimiento de Je-sús, la Biblia en la vida, la opción por los pobres, el testimonio de los mártires, las comuni-dades, la misión inculturada, el compromiso político.

Hermanas y hermanos, ¿qué radios vamos a quebrar en nuestra vida diaria?, ¿cómo ayuda-remos a bloquear la rueda fatal?, ¿tendremos derecho a cantar gregoriano?, ¿sabremos incorporar en nuestras vidas esos cuatro paradigmas mayores traduciéndolos en práctica diaria?

Reciban un abrazo entrañable en la esperanza subversiva y en la comunión fraterna del Evangelio del Reino. Vamos siempre hacia la Vida.

Pedro Casaldáliga
Circular 2008



Fuente: Adital

Página de Pedro Casaldáliga


Más información de Pedro Casaldáliga en Wikipedia

12/11/07

Redes Cristianas: ¡Globalicemos la dignidad humana!


Este lema ha sido el hilo conductor de un proceso que la plataforma Redes Cristianas empezó hace ya varios meses para que culminase con la celebración este fin de semana de su I Asamblea en Madrid. Durante casi un año, muchas personas se han implicado para preparar quince talleres y foros así como una celebración eucarística y una concentración ciudadana, en colaboración con algunas asociaciones de inmigrantes, en el barrio de Lavapiés.

Fiel a su exigencia de una iglesia más participativa, la tarde del sábado se dedicó al balance de lo que ha sido Redes Cristianas en su primer año de andadura y a las líneas de planificación para los próximos dos años.

La asistencia estuvo en torno a las quinientas personas procedentes de la mayoría de las comunidades autónomas. Redes Cristianas está formada por unos 150 colectivos, entre movimientos y comunidades de base y medios de comunicación, tanto de ámbito estatal como de zona.

Las reflexiones y el trabajo realizado irá apareciendo en las próximas semanas en la página www.redescristianas.net.

Con este encuentro festivo y profundo, los participantes en la Asamblea hemos reafirmado y consolidado las claves de nuestra carta de identidad:

“Pretendemos ser otra voz crítica y alternativa y coordinarnos para dar una respuesta conjunta en pro de la transformación democrática de la Iglesia y de la sociedad.”

“Desde nuestra opción por los pobres y excluidos, queremos luchar por la Justicia en el mundo, denunciando lo que otros callan. Como seres humanos y cristianos que somos, nos escandaliza la distancia cada vez mayor que se está abriendo entre los que lo tienen todo y los que no tienen casi nada. Desde esta constatación queremos trabajar codo con codo con otros colectivos que luchan por otra ciudad y otro mundo posibles y en contra del sistema socio económico injusto en el que vivimos.”

Hoy, en el barrio de Lavapiés afirmábamos: “Todos, inmigrantes y nativos, debemos ser sujetos activos contra la desigualdad Norte – Sur y a favor de globalizar la dignidad humana. Exigimos por tanto, al Gobierno, a las Comunidades Autónomas, a los Ayuntamientos y a todos los Municipios que creen las condiciones necesarias para que los inmigrantes sean de verdad ciudadanos con todos los derechos”.

Hemos vuelto a nuestros lugares de origen haciendo nuestro el estribillo que hemos coreado durante estos dos días: “Es tarde pero es nuestra hora”.


Fuente: Redes Cristianas

3/10/07

Mi reino sí es de este mundo


La minoría crítica que forma la Iglesia de base sortea cada día las dificultades impuestas por la jerarquía episcopal.

Esteban Velázquez es jesuita. Nació hace 50 años en Las Palmas y participará este año en la campaña de la fresa en Huelva. Tiene las manos tan trabajadas como sus convicciones. Ha recorrido toda la geografía de los oficios. Ha vareado olivos en Jaén y acarreado uvas en Francia. Ha recogido algodón en Córdoba y fruta en Lleida. Se ha roto las manos como peón de obra en Las Palmas y se le han mareado de apretar siempre la misma tuerca en la fábrica de Mercedes Benz de Stuttgart, en Alemania. Esteban es un sacerdote obrero. Es un cura distinto y ha pagado las consecuencias.

"La Iglesia es un antro de poder disfrazado de Evangelio. No tiene justificación que la Iglesia sea un estado, ni el machismo eclesial, ni esa forma feudal de vivir, vestir y ejercer la autoridad de los obispos". Esteban es un cura de base. Último ejemplar de un género en vías de extinción.

En el año 2000, el responsable de la diócesis de Canarias era Ramón Echarren. Tenía fama de abierto, pero retiró a Esteban Velázquez de todos sus cargos diocesanos. No fue una sorpresa. En los años 80, Esteban Velázquez había trabajado en El Salvador. Vivió la guerra y convivió con la guerrilla hasta que fue expulsado por sus superiores.

El cura limpiacristales

Once años después, coincidiendo con las elecciones generales del 12 de marzo de 2000, se realizó en más de 450 localidades de toda España la Consulta Social por la Abolición de la Deuda Externa. Se consiguieron más de un millón de votos favorables a la abolición de la deuda. Esteban Velázquez trabajó a favor de esta iniciativa en Las Palmas y, en esta ocasión, del aviso se pasó al castigo. Esteban fue desposeído de cargos y obligaciones en la diócesis, y volvió al trabajo manual como limpiacristales. Esteban promueve ahora, desde Sevilla, la iniciativa Cambio personal, justicia global, impulsada por los jesuitas.

"¿Doloroso? En absoluto. Lo esperas de antemano. La persona que no tiene claro que si toma una línea de trabajo va a venir el conflicto es un ingenuo; contaba con eso. Lo peor fue la insolidaridad de aquellos compañeros de los que esperaba apoyo".

Esteban habla de "silencios cómplices". Los había sufrido mucho antes. En la década de los sesenta, cuando la dictadura daba sus últimos coletazos, él apoyaba las reivindicaciones que pedían libertad sindical. Aquello le costó un mes de cárcel.

Rozar el límite

Emiliano de Tapia
trabaja en el centro penitenciario de Topas, Salamanca, desde hace ocho años. Pronuncia constantemente la expresión "nuevas pobrezas" y las conoce bien. Trabaja con ellas en primera persona. "Son realidades nuevas, la soledad de los mayores, los que no tienen techo, la cárcel, los drogodependientes, la prostitución. El nuestro es un trabajo de acogida y denuncia", señala y silabea para subrayar la palabra denuncia. "Es una realidad que pasa desapercibida. La Iglesia está lejos de esta situación, igual que no se percibe tampoco en la sociedad".

Emiliano tiene 56 años. Su día a día transcurre entre el barrio en el que vive, la cárcel en la que trabaja y el medio rural del que procede. "Hay una Iglesia oficial que se aferra al poder, a las formas, a lo que nos separa en lugar de buscar lo que nos une, en vez de abrazar a los pobres". Este cura salmantino desarrolla un intenso trabajo social en su parroquia del barrio de Buenos Aires. Es una voz crítica, pero "nunca he sido reprimido, puedo haber recibido algún toque de atención en alguna ocasión, pero nada más".

Emiliano de Tapia conoce perfectamente el catálogo de temas "sensibles. Son los que plantean realidades novedosas como el protagonismo de la mujer, incluso en el sacerdocio, o la posibilidad de que los curas puedan casarse. En estos casos, sí hay alguna llamada de atención, sin más. Igual que cuando se tocan temas de sexualidad". Emiliano representa a un clero sin despachos ni moqueta. "La Iglesia se ha dejado envolver dentro de un sistema de poder económico. Debe abrirse a la sociedad y proclamar que Dios está con los pobres". Recién desempolvadas las misas en latín, Emiliano se lamenta de que se rescaten elementos que "nos separan". Lo mismo piensa del clerigman, el traje de chaqueta con alzacuellos. "No creo que vestirnos así nos ayude a acercarnos a los más pobres".

La parroquia que resiste

Emiliano ha sorteado siempre las llamadas de atención. Enrique de Castro no ha podido. En la fachada de su parroquia, San Carlos Borromeo, hay una pintada en la que se lee "Pasa, no te quedes en la puerta". Los vecinos del deprimido barrio madrileño de Entrevías, en el que trabaja, llenan la iglesia en cada celebración. El arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, quiere cerrarla en contra la opinión del barrio. En uno de los muros del templo, una mano anónima ha escrito una de las bienaventuranzas: "Dichosos los perseguidos por ser justos". Junto a la iglesia de San Carlos Borromeo, hay dos parques sin hierba desde los que se escucha el tren cuando lo permite el ruido de los coches.

En casa de Enrique de Castro, conviven media docena de personas. "Van y vienen, son amigos en situación de necesidad". Hoy cocina él. Colgó hace muchos años un apellido compuesto para ponerse al servicio de los que, por no tener, apenas tienen esperanza. "La parroquia se ha convertido en un símbolo. Aquí se enfrentan una Iglesia de poder y otra de base". Enrique es optimista: "Al sector ultra ortodoxo le espera muy poco futuro porque tiene una forma muy grosera de hacer Iglesia". Este cura de Vallecas colecciona un largo historial de desencuentros con la jerarquía episcopal, aunque no se siente "en absoluto" perseguido. "No les gusta lo que hacemos, y sigo sin entender por qué; siempre que me dicen algo contesto lo mismo: no quitéis a los pobres el lugar en el que celebran su fe".

Enrique fuma sin parar mientras habla de manera muy pausada, para asegurarse de que se le entiende. "En la jerarquía, hay un miedo tremendo a perder el poder, por eso tienen claro qué temas les molestan. Puedes atreverte con temas sociales, les preocupan menos, el problema es dar tu opinión sobre asuntos eclesiásticos, ahí siempre hay respuesta".

Enrique de Castro sonríe con desdén cuando se le pregunta si hay una ofensiva laicista. "Aquí no hay ninguna ofensiva, lo que hay es un enorme pasotismo hacia la Iglesia y no hay que buscar las causas fuera, no podemos echar siempre a otros la culpa".

La Iglesia en la Red


Hay otra Iglesia muy viva "pero minoritaria", matiza Enrique de Castro. Es una Iglesia de la que forma parte también Eusebio Losada, Uxe. En mayo de 2005, escribió un artículo en el que defendía el derecho de los homosexuales a contraer matrimonio. Las consecuencias no tardaron en llegar. Este cura bilbaíno de 50 años impulsa Kristau Sarea, una red de cristianos en Vizcaya que defiende "una Iglesia abierta, democrática, con reconocimiento del pluralismo". Esta iniciativa forma parte de una coordinadora estatal que han denominado Redes Cristianas (www.redescristianas.net). Tienen una presencia muy activa en Internet."La Iglesia oficial es la Iglesia del miedo, que gobierna con miedo y mete miedo a los demás", asegura Eusebio. "A mí también me han tocado las amenazas".

Hay atajos para evitar problemas, pero le ha parecido más coherente no tomarlos. "Hay miedo a perder el poder, el dominio, la dirección de las conciencias, hay miedo al Evangelio mismo, que si es algo, es precisamente libertad. Puedes pensar de manera diferente, pero no decirlo". Eusebio lamenta el regreso de elementos preconciliares, rescatados "para que lo de siempre sirva para siempre", algo que va "contra los tiempos y la esencia de ser de los cristianos, que, si debemos ser algo, es ejemplo y fermento". Eusebio se hizo cura con una dedicación especial a la educación. Ha sido párroco de barrios y pueblos obreros.

"Se nos acusa de disidentes, pero no es así. Quiero a mi Iglesia de todo corazón, la quiero muchísimo y todo lo hago pensando en su bien. Jamás he actuado desde el resquemor o el resentimiento. Todo lo que hago, lo hago por amor", concluye Uxe.

Una mujer párroco

Ésa es también la premisa de la que parte María José Arana, 64 años, religiosa y teóloga feminista. Su voz crítica se ha estrellado en muchas veces contra la doctrina oficial, aunque eso no ha impedido que siga trabajando para reclamar un papel de igualdad para las mujeres en la Iglesia. "A los varones de Iglesia, no les gusta que les recordemos estas cosas, pero debemos seguir haciéndolo, con respeto y mucho amor a toda la Iglesia, a toda: a la jerárquica y a la Iglesia de base, a los varones y a las mujeres".

De 1982 a 1991, María José Arana fue "párroco" en un pequeño pueblo del País Vasco. Fue la primera de España. Ha escrito una docena de libros y colaborado en medio centenar. Uno de ellos se titula Mujeres sacerdotes, ¿por qué no?. "Creo que el papel, la situación y el estatus de las mujeres en la Iglesia deberíamos ser las mismas mujeres las que los marcáramos. Nosotras no marcamos límites a los varones ¿Por qué ellos pueden interpretar solos cuáles son nuestros límites?".

María José defiende una relación de plena igualdad. "Es necesario que lo femenino y lo masculino estén totalmente presentes en toda la Iglesia". El futuro inmediato, sin embargo, no parece contemplar esta posibilidad: "Siento que la situación de las mujeres en la Iglesia va bastante a la zaga respecto a su situación en la sociedad civil". ¿Tiene esperanzas de que cambie? No demasiadas. "No cabe duda de que para muchos y muchas que vivimos con intensidad y juventud el tiempo postconciliar, no es fácil vivir con grandes optimismos el momento actual de la Iglesia, aunque, evidentemente, sin perder la esperanza".


Fuente: Artículo de Miguel Ángel Marfull en Público (02/10/2007)

7/9/07

“Roma quiere enterrar el Vaticano II”. Benjamín Forcano, organizador del XXVII Congreso de Teología


Lleva más de 40 años en la brecha de la liberación. Nacido en 1935 en Anento (Zaragoza), el claretiano Benjamín Forcano no se cansa de luchar por los más pobres del Reino. A pesar de que hace años que le llueven los “palos” jerárquicos. Cerraron la revista que dirigía, “Misión abierta”, y metieron en el índice su libro “Nueva ética sexual”. Pero él se mantiene firme con la amistad de Sobrino, Boff o Casaldáliga. Hoy inaugura, junto a sus compañeros de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, el XXVII Congreso de Teología, “el acontecimiento religioso más importante de Europa”. Y, sin pelos en la lengua, asegura que “Roma quiere enterrar el Concilio” y que “hay obispos españoles del PP”.

Forcano se muestra orgulloso de que el Congreso siga vivo. Con 27 ediciones, nada menos. “Es, sin duda, el acontecimiento religioso más importante de Europa”. Su objetivo es “abrir los ojos a la realidad, para no caer en el pecado de hacer una teología evasionista”.

Por eso, este año, su lema es el bíblico “Fui extranjero y me acogisteis”. Porque, según el teólogo moralista, “los emigrantes son precursores de un mundo nuevo, en el que cada vez va creciendo más la conciencia de la Humanidad en la creencia en el ser humano, independientemente de quién sea y de dónde venga”.

Va creciendo esa conciencia nueva, pero a golpes. “En España, hemos olvidado nuestra propia experiencia de los años 60. Y el inmigrante sigue estando aquí a la intemperie. A pesar de que este país siga siendo sociológicamente católico y a pesar de los esfuerzos de los sucesivos Gobiernos democráticos”.

Y es que, para un cristiano, acoger al inmigrante es un “deber esencial y primordial”. Y como ciudadanos, “tenemos que caminar hacia la ciudadanía universal”, porque “ningún ser humano es ilegal”.

Con estos y otros temas parecidos, el Congreso (“historia de la teología española viva”) se mantiene, año a año, en torno a los 1.200 participantes. De toda España. Y de toda clase y condición. Un “foro libre” de reflexión, debate y diálogo.

¿Por qué no están los obispos en un encuentro tan importante de cristianos militantes? “Hay consigna de que no asista nadie. Y eso que, si viniese algún obispo, el que fuese, sería acogido como un hermano”.

Y Benjamín recuerda al “añorado” monseñor Osés, el único, junto a Alberto Iniesta, que se atrevía a ir al Congreso. Y el teólogo se pregunta: “¿Por qué asisten regularmente a las reuniones de los demás movimientos religiosos y a las nuestras, no? Sería una alegría que se pudiese dar aquí también la misma simbiosis que se da en Brasil entre prelados, teólogos y fieles de la liberación”.

En cambio, sí está presente todos los años, con una carta, el obispo-profeta, Pedro Casaldáliga. Y otros “profetas” más chicos o de casa. Como el cura de Entrevías, Enrique de Castro, que inaugurará esta tarde el Congreso. “Es el ejemplo acabado de una parroquia abierta, evangélica e integradora de los inmigrantes. Una parroquia en la que se cumple a la perfección el lema evangélico. Un emblema para todos”.

Por eso mismo, Forcano está convencido de que “el conflicto con el cardenal Rouco va a acabar bien. Me cuesta creer que Rouco sea excluyente hasta ese extremo. Más bien creo que recibió presiones de Roma, dado el clima de involución que estamos viviendo”.

Porque, según Forcano, el objetivo del papado de Benedicto XVI es “cerrar el ciclo involutivo, comenzado por Juan Pablo II y por el propio Ratzinger cuando era prefecto de la Doctrina de la Fe”. “Desde Roma y en España se está queriendo enterrar el Concilio o, al menos desvirtuarlo. Hace años que el actual Papa ya dijo que el postconcilio había sido una hecatombe para la Iglesia”, añade.

A su juicio, antes había “un mayor pluralismo y espacio para la crítica. Ahora se intenta imponer un uniformismo total. Los obispos no se apartan de las consignas de Roma”.

Un clima genérico de involución que se plasma en España en actitudes y decisiones concretas. Muchas y muy serias. Por ejemplo, “hay obispos claramente alineados con las tesis del PP. Y el botón de muestra es la asistencia de 19 de ellos a la manifestación contra las parejas gays. Al tomar partido, los obispos rompen la comunión y su función de ser puentes y obispos de todos”.

Otro botón de muestra es la “guerra de la Educación para la Ciudadanía”. Porque, el asunto no tiene, a su juicio, “vuelta de hoja”, pero algunos obispos “tienen nostalgia del dominio social que la Iglesia tuvo en el régimen de cristiandad, olvidando la autonomía de las realidades temporales del Vaticano II”.

Y el teólogo sigue desgranando ejemplos de esta nueva cruzada. Como la próxima canonización de los mártires de la guerra civil. Y eso que le toca muy de cerca. Porque compañeros suyos claretianos, muy jóvenes, de Barbastro, fueron asesinados por los rojos y él participó, hace años, en la exhumación de sus cadáveres. Y al recordar su ejemplo, se le humedecen los ojos y se emociona: “¿Por qué se mató a esta gente absolutamente inocente?”. Y se atreve a avanzar que por dos cosas: “Por odio a la fe y también por odio a una institución que tomó partido abiertamente por un bando”.

O ejemplos más superficiales, pero también significativos del clima involutivo actual, como “la presencia del cardenal Cañizares con capa magna en la ordenación de unos sacerdotes italianos próximos a Lefebvre. Es el colmo de la desfachatez y de la involución”.

En el polo opuesto de esta Iglesia española que camina hacia atrás, Benjamín relata, entusiasmado, su participación en un recuente encuentro de teólogos y laicos en Venezuela, donde descubrió que “sólo se dicen mentiras y patrañas contra Hugo Chávez”. Y descubrió también en los “ranchitos” que rodean a la ciudad, que “hay que tener una ira sagrada contra una situación que cada vez aumenta más la miseria de los pobres y la riqueza de los ricos. Hay que liberar al pueblo”. Y sus palabras suenan como los gritos de los profetas del Antiguo Testamento.


Fuente: Artículo de José Manuel Vidal en Religión Digital

6/9/07

Casaldáliga apoya el Congreso de Teología


«La Tierra, casa común de todos»

Vive en Brasil, pero está siempre pendiente de la Iglesia de los pobres en España. Monseñor Pedro Casaldáliga, obispo emérito de Sao Felix do Araguaia (Brasil), apoya con una carta el XXVII Congreso de Teología de la Asociación Juan XXIII, que comienza mañana, y pide al Gobierno “las leyes y las acciones necesarias para que la inmigración no sea una fatalidad maldita”.

Desde mañana hasta el domingo, la Asociación de Teólogos Juan XXIII, que preside Julio Lois, celebra su congreso anual en Madrid y el obispo Casaldáliga es el único que los apoya con “un abrazo fraterno en la Paz subversiva del Reino”. Los demás obispos españoles han dado la callada por respuesta.

Y eso que, como dice el teólogo Benjamín Forcano, uno de sus promotores, “hemos invitado a 44, pero no nos ha contestado ninguno. Ni siquiera con un acuse de recibo. Y, por supuesto, no esperamos a ninguno”.

Hace años que la Iglesia jerárquica le puso una cruz roja a la progresista Asociación de Teólogos, que reúne en su seno a lo más granado de la teología española. Y, por supuesto, a su congreso anual. Tanto que hasta les prohíben celebrarlo en lugares de la Iglesia y, desde hace años, han tenido que buscar acomodo en la sede de Comisiones Obreras de Madrid.

El único que nunca falta a la cita es el obispo emérito de Sao Félix, conocido en todo el mundo como el prelado de los indios y de los pobres. En su misiva, Casaldáliga se une “de corazón a ese cenáculo de Teología viva y de solidaridad comprometida con las causas del Reino de Dios”.

Y, como éste año, el Congreso, con el lema “Fui emigrante y me acogisteis”, gira en torno al drama de la inmigración, el obispo catalán y brasileño dice que “Europa y todo el Primer Mundo, como puerto de llegada de tantos hermanos y hermanas prohibidos de vivir dignamente en sus respectivas patrias, deben responder con gestos y con leyes al derecho de la inmigración”.

Casaldáliga reconoce “la complejidad del problema”, pero, aún así, asegura que “es un deber sagrado e insoslayable buscarle soluciones”. Porque “la tierra es la casa común de todas las personas y pueblos que, en la más radical instancia, somos la raza humana, la humana familia de Dios”.

Más aún, el prelado asegura que “nuestras vidas y nuestra religión serán juzgadas por la respuesta que demos o no demos al ‘fui inmigrante y me acogisteis’”. Sobre todo en el caso de los que “creemos en el común Dios de la Vida y en el Evangelio de la fraternidad, nuestro compromiso con la emigración deberá ser un verdadero culto a ese Dios y una respuesta a ese Evangelio”.

Se espera que asistan al Congreso unas 2.000 personas, procedentes de toda España. Y como señala Benjamín Forcano, su objetivo sigue siendo “abrir espacios de libertad y diálogo, para afrontar problemas vivos. Además, dada la orfandad en que las instancias oficiales han dejado a los cristianos de base, el Congreso se ha convertido en inspiración y acicate para su lucha diaria”. Y es que, por mucho que los echen, los “progresistas” siguen siendo Iglesia.


Fuente: Artículo de José Manuel Vidal en Religión Digital

20/6/07

Propugnan una `teología de la liberación islamocristiana´


El seminario sobre la Alianza de Civilizaciones, que ayer se clausuró en Córdoba, dio pie a que el teólogo, catedrático y secretario de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, Juan José Tamayo, acuñase el revolucionario término "Teología de la liberación islamocristiana", tras un debate entre representantes de corrientes progresistas de la Iglesia Católica y del pensamiento sufí del Islam.

El concepto, como se explicó a la prensa tras la esperada sesión La importancia del Diálogo interreligioso en la Alianza de Civilizaciones , del ciclo que organizó en Córdoba el Liderazgo Popular Islámico Mundial (WIPL, en sus siglas inglesas) y que representó a 400 asociaciones musulmanas del mundo de la corriente sufí, resume el fondo del debate celebrado, en donde se destacó las coincidencias éticas y humanísticas del Islam y el Cristianismo y, más allá, el factor de liberación que ambas religiones tienen, eso sí, si se sigue el mensaje y no tanto a la jerarquía religiosa.

Además de Tamayo, en el debate participó Ignacio de la Mata, de la polémica parroquia de San Carlos Borromeo del madrileño, que expuso la experiencia solidaria e interreligiosa de esta parroquia desde el punto de vista de los marginados musulmanes y cristianos que se acogen a diario. Por otro lado, Mansur Escudero, de la Junta Islámica Española; Abdennur Prado, de la Junta Islámica Catalana, el mexicano Amed Munir y el Sheij de Matamoulana (Mauritania) completaron, desde el punto de vista musulmán, el llamamiento a los pueblos y religiones a entenderse y convivir. Así, llegó a hablarse de un cierto complot de los que hablan de conflicto entre civilizaciones y, por otra parte, se abogó por el euroislam, la corriente que, sin renunciar a los preceptos de esta religión y a valores coránicos de justicia, paz y misericordia, defiende que es posible compatibilizar la fe islámica con la vida en cualquier país, también en Occidente.

Los organizadores del encuentro del WIPL, clausurado ayer, darán a conocer hoy las propuestas concretas que se elevarán al Gobierno español y a la ONU para impulsar la Alianza de Civilizaciones. El encuentro también sirvió para celebrar una reunión de la secretaría del WIPL, organismo que representa a buena parte de los mil millones de musulmanes de todo el mundo.


Fuente: Diario de Córdoba

17/6/07

Entrevista a Jon Sobrino. Radicalmente cristiano


Como no hay mal que por bien no venga, la última bronca que le montó la curia vaticana a Jon Sobrino, que no fue ninguna tontería, con notificación incluida, ha servido para que este jesuita empecinado en la defensa radical de los más oprimidos sepa lo que son los blogs. Aquellos días de marzo de este mismo año, cuando resurgió de las más abruptas entrañas de la Tierra el Tribunal para la Doctrina de la Fe -léase la Inquisición de nuestros días- para tirarle de las orejas y echarle en cara, una vez más en los últimos 30 años, sus desviaciones sobre la línea oficial, este cura amigo y compañero en El Salvador de Ignacio Ellacuría y monseñor Romero, este pastor que admite sin remilgos su vocación revolucionaria, pudo leer una avalancha inaudita de reacciones a favor y en contra en los foros libérrimos de Internet. Pese a lo encendido de algunos comentarios, Sobrino, por el contrario, guardó silencio. Se apartó del mundanal ruido quizá un tanto asustado por el ambiente, aunque no por encararse a la autoridad, cosa que ha hecho toda su existencia aun a riesgo de que le mataran.

De hecho, esta nueva llamada de atención no va a hacerle bajar las orejas, al menos por lo que uno puede deducir después de dos horas de conversación con él sobre lo divino y lo humano. Si no lo consiguieron en los años setenta y ochenta los paramilitares salvadoreños que instauraron un más que grotesco lema, "Haga patria, mate un cura", ni tampoco los grandes patriarcones centroamericanos, ni los mismísimos politicastros que ahogaban en esos días con una bota militar el futuro de lo que consideraban el patio trasero de su casa con jardín del Norte, es difícil que se asuste de los que han sido recién investidos con nuevas púrpuras. Si se salvó, aquel funesto y negro 16 de noviembre de 1989, de aquella matanza que después muchos han convertido en martirio, cuando unos salvajes entraron en la Universidad Centroamericana (UCA) y asesinaron sin miramientos a ocho de los suyos -seis compañeros jesuitas y dos empleadas de la casa-, no debió de ser en vano.

Le gusta rememorar uno a uno sus nombres, justo como cuando le dieron la noticia; primero le hablaron de Ignacio Ellacuría, después le enumeraron al resto de la lista: Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, el salvadoreño Joaquín López-López y, sobre todo, a quienes más le indignó que pagaran aquella caza macabra: la empleada de la UCA Elba Julia Ramos, cocinera, y su hija Celina, de 15 años, testigos de una barbaridad que tuvieron la mala fortuna de encontrarse frente a frente.

Hoy, de paso por Madrid, lo recuerda todavía con la justa emoción, pero con la evidente cicatriz del paso del tiempo en su mirada limpia. Sobrino parece de esas personas sabias que han sabido extraer, sobre las tragedias más injustas de la vida, conclusiones positivas. Por eso se muestra obsesionado por hablar; no de la inquina y el odio que arrebató a los suyos y a quienes él consideraba su familia de la faz de la Tierra, sino de la bondad que quedó. De la semilla que sembraron, del fin positivo de todas las cosas, aunque muchas veces sea necesario hacer verdaderos esfuerzos para llegar a él.

El propio e íntimo sufrimiento ha sido su mayor fuerza. La conciencia de fragilidad que le da cada día estar a expensas de los bajones de una diabetes muy aguda, y el hecho de haberse salvado por casualidad, gracias a encontrarse en Tailandia dando un curso, de su muerte segura, han forjado en él una proverbial valentía. Una desafiante serenidad construida a base de esa autoridad que no pueden retar moralmente quienes se sientan en los sillones confortables de los despachos; esa altura que da estar en primera línea del frente, expuesto a los más feroces ataques, a morir incluso por un gramo extra de justicia.

Dice que pobres son quienes no tienen asegurado comer tres veces al día; que él, al fin y al cabo, es un privilegiado por disponer garantizada hasta la insulina. Pero pobres son también para él, mente privilegiada con cuatro carreras -teología e ingeniería entre ellas- que a los 18 años abandonó su Bilbao natal y a su familia para dejarse la piel en ese lejano El Salvador que le ha dado nacionalidad y sentido a su vida, quienes son pisoteados, humillados, arrastrados, heridos, injuriados... Todos aquellos sujetos siempre anónimos que merecen reparo; esos desheredados para los que en su día Leonardo Boff, el propio Ignacio Ellacuría, él mismo y tantos otros comenzaron a predicar la Teología de la Liberación, esa doctrina revolucionaria que asusta tanto a los próceres en los pasillos del Vaticano y que Juan Pablo II y ahora el papa Ratzinger se han empeñado, con una fijación obtusa, en enterrar. Pero Sobrino y los suyos parece que no van a dejar que se saque de ese hoyo ni una sola palada.

Con la Iglesia sigue usted topando. ¿Cuándo fue la primera vez?

Toparse en castellano significa algún tipo de encuentro inesperado o encontronazo. Y la Iglesia es una realidad de muchísimos seres humanos. Con 68 años, en la Iglesia me he topado ante todo con Jesús de Nazaret y después con otras cosas. Una, la primera, cuando yo tenía veintitantos años, con Juan XXIII, que hablaba de un Jesús que bien puede hacer presente la Iglesia o que lo puede ocultar. Los jesuitas estamos en la Iglesia, y en ese sentido me he topado con el padre Arrupe, y en El Salvador me topé con algo que creo que en conjunto es lo mejor: campesinos, oprimidos, pobres, gente sencilla, con gran amor a los demás y con mucha fe en Dios. Al español de hoy, esto le puede sonar a religiosidad fácil o superstición. Pero no tiene por qué ser así. Gente que estaba decidida a arriesgar todo no por una causa, ni por pertenecer a tal o cual partido, sino por amor a los demás. Así surgieron entonces en El Salvador lo que yo llamo mártires.

¿Por qué mártires?

Son aquellos que en vida y en muerte se parecen a Cristo. En vida porque han tratado de defender al pobre, denunciar al opresor, y en muerte porque acaban crucificados en esa cruz que es terrible y expresión de un gran amor. El símbolo de ese tipo de mártir, con el que yo me topé -y cuando lo escribas pon que cuando pronuncio topar cambio el tono de voz, para aclarar, ¿verdad?-, para mí fue monseñor Romero. Pero es evidente que yo he tenido con otros sectores relaciones más tensas, y estos días se ha hecho público que a varios de nosotros, entre ellos también el padre Ellacuría, las congregaciones nos han cuestionado. A mí, varias veces me han pedido dar cuenta de mis escritos porque creen que mi teología no es adecuada, que contiene errores, que es peligrosa. Estos días se ha hecho público en varios medios de comunicación, tanto lo que ha dicho el Vaticano como lo que han expresado otros teólogos, muy respetables, que no comparten las amonestaciones. Y, por cierto, aprovecho para hacer una aclaración: la carta estrictamente confidencial que escribí al padre Kolvenbach apareció en la prensa sin mi conocimiento ni autorización. Volviendo al asunto. La tensión con esa porción de Iglesia, con algunos jerarcas, ha sido para mí habitual durante 30 años. Ellos también son Iglesia. Pero para mí, ante todo, lo son quienes nos hacen presente a Jesús. Yo me topé con esas gentes. Me enseñaron a vivir con esperanza, con menos egoísmo, con alegría.

¿También le ha marcado una cierta conciencia de superviviente, después de haberse salvado de una matanza o ver como caían otros, como monseñor Romero?

Aquello fue un shock. Estaba en Tailandia precisamente dando un curso de cristología, hablando de pueblos enteros crucificados.

Ochenta mil en El Salvador...

Así es. Pero le cuento cómo recibí aquella noticia. En Tailandia eran las doce de la noche y un amigo me llamó de Londres. Tuve la sensación, por la hora, de que algo serio había pasado, y pensé: Ellacuría. Mi amigo me preguntó: "¿Tienes papel y lápiz? Han matado a Ellacuría, y a Nacho, y a Santiago Montes, y al padre López-López, y a Juan Ramón Norea, y a Amando...", y así siguió. Y ahora ya no siento ni el dolor, ni el shock, ni la indignación de entonces, pero en el fondo me pasa lo mismo, como si me fueran quitando uno a uno jirones de piel. Pero mi máxima indignación fue cuando me dijeron lo de la cocinera y una hijita suya, y si lo cuento no es para que suene lírico, es porque lo siento. Porque que mataran a Ellacuría era una barbaridad, pero ¿cómo no le iban a matar? Predicaba contra los sumos sacerdotes, los fariseos, el opresor..., no era sorpresa. Ahora, que mataran a una cocinera que pasaba escondida la noche en nuestra casa porque la guerra había llegado a la ciudad y no era seguro salir, eso superaba las reglas del mal. Quedé en silencio y paseé por una playa que estaba cerca con un compañero que venía conmigo. En un momento me dijo: "¿Has pensado por qué no te han matado a ti?". Y me salió una respuesta tomada casi de antiguas vidas de santos: "Pues se ve que no soy digno". No sabía qué decir. Al día siguiente hicieron allí una misa, con un altar de flores precioso, y yo comenté: "Tengo una mala noticia que daros: han matado a toda mi familia. Pero tengo una buena noticia también: he vivido con gente buena". Así pienso hoy día.

¿Cómo estas personas tan próximas al martirio, que se han jugado el pellejo, no se las reconoce como a auténticos Cristos en su Iglesia?

Yo tampoco lo entiendo. Me preocupa y a veces me indigna. Mi esperanza es que pronto, oficialmente o con algún signo eclesial que todo el mundo entienda, canonicen a monseñor Romero y a todos los mártires latinoamericanos y del Tercer Mundo. Ya he dicho que me entristece que no ocurra. Pero también he dicho que no me gusta ser profeta de calamidades. A veces pienso que los medios encubren muy interesadamente la maldad y las aberraciones, pero que encubren todavía más la bondad. El amor de aquellas personas está vivo en muchos. En sus aniversarios se juntan multitudes. ¿Qué hacen allí? Recordar que han visto y oído cosas buenas, y cuando digo buenas me refiero a enseñanzas que les han dado dignidad. Recuerdan, con lágrimas, a hijos muertos, inocentes a los que han denigrado; que los han llamado comunistas, algo que allí es equivalente a calificar a alguien de terrorista aquí.

Eran los tiempos de "Hagan patria, maten un cura"...

Exactamente. Y en esas procesiones, las madres les dicen a sus hijos que su padre no fue un criminal, sino un buen hombre, generoso, que se organizó en movimientos políticos y lo mataron. Luego, claro, allí, Dios suena a algo real. Pero ¿cómo es Dios para ellos? Esa fuerza, ese misterio que ni vemos ni tocamos, de alguna manera nos conoce, nos quiere, nos da dignidad. Que luego le pidan milagros, a mí me parece muy bien, porque si no tienen seguro social, ni dinero, ni nada, si Estados Unidos ni la Unión Europea les arreglan la vida, ¿qué van a hacer? Es cierto que ese misterio también puede ser alienación. Psicólogos, psiquiatras, economistas habrá que lo analicen, a mí no me acaban de convencer del todo. Los que nada tienen, de Dios sacan fuerza para vivir, y en esto no veo alienación.

No le convencen porque ustedes han visto en Dios una materia revolucionaria, más que de resignación.

Entiendo, entiendo. Estoy de acuerdo. Si no hay más que ver. Jesús de Nazaret, ¿qué dijo? Ay de ustedes los ricos, que han comido y han gozado, sufrirán. Los que pasan hambre, los que lloran, comerán y reirán. Esas palabras hay que hacerlas históricamente eficaces, hay que buscarles modos concretos. Pensar en Jesús, en Dios, así, entonces era y es revolucionario.

¿Entonces? ¿Cuándo es entonces?

Los años setenta, ochenta. Todavía ahora queda algo. Revolucionario quiere decir eso: darle vuelta a las cosas. La revolución no se da sólo en el ámbito político, sino en el humano; pensar distinto, tener esperanza, que no vivamos en un mundo sumamente injusto como el actual, con las democracias más importantes a la cabeza. Una revolución en la esperanza, en la caridad..., una famosa palabrita que ya no creo que se use...

Pues porque a la caridad, el sentido que le ha otorgado la Iglesia es el de esa propina para los pobres. ¿Ustedes le han dado valor revolucionario?

De nuevo hay que distinguir cosas al hablar de la palabra Iglesia. Cierto es que hay una tradición y una doctrina de la Iglesia en que la caridad se entendió más como acaba de decir. Pero con Juan XXIII, incluso con Juan Pablo II, tiene más que ver con el amor, con el sentido de la justicia. Con proclamar una verdad que defiende al pobre frente a quien le oprime. Pero yo también creo en el equivalente a cariño, ternura, delicadeza. Un ámbito del amor distinto al de justicia que humanizan personal y socialmente. Lo que no se puede admitir es el sentido que le daban algunas novelas del siglo pasado, en las que salían marquesas que hablaban de "mis pobres", ¿verdad? Y ojalá tampoco lo digan hoy, entre otros lenguajes, Iglesias, Estados, ONG.

Aun así, como concepto, sigue en crisis.

La justicia está en crisis en la Iglesia. No creo que se vuelque hacia ella con todo el peso social que tiene. Y no digamos en la sociedad. Al viajar a Europa o a Estados Unidos no veo que los pueblos y sus Gobiernos vivan y se desvivan para que 2.000 o 3.000 millones de seres humanos puedan simplemente vivir...

Puede que la gente que tiene las necesidades cubiertas crea que ya ha pasado la revolución, que no la necesita.

Sí, y se ríen un poquito de todo esto. Pero es que la esencia que mueve el amor y los cambios está en no empezar por uno mismo. Hemos ido aprendiendo cosas. Es normal que uno se fije en sus hijos; pero mientras no se salga de ese yo familiar, no hacemos nada y somos ignorantes.

En cuanto a señalar a los pobres, a veces es la jerarquía la que nos hace caer en la cuenta de que existen condenando determinadas prácticas, como ha ocurrido en Madrid en la parroquia de San Carlos Borromeo que quieren cerrar.

Evidente. Me da tristeza que no haya creatividad cristiana para que la Iglesia institucional no resuelva estos problemas y no dialogue. Que los medios lo saquen a relucir puede ayudar. Pero debemos ir a lo profundo. Hay mucha gente..., religiosos silenciados que hacen una gran labor, pero no se sabe, no se difunde porque hoy existe un cierto miedo al bien. La bondad se silencia. ¿Por qué? Porque nos viene a decir que es posible, que es asequible a todo el mundo, y que no se ejercita porque nos exige algo. No sólo la heroica, la del día a día.

Quienes primero tienen miedo de hacer explícita esa bondad parecen estar en la Iglesia, porque no es normal que a ustedes o a quienes andan por el Congo o comprometidos aquí con marginados se les azuce. Mucha gente se pregunta por qué no se han salido ustedes. Qué les hace seguir dentro de una organización que les maltrata.

Yo le contaré mi caso. No me he salido porque nunca se me ha ocurrido. He visto un "invierno eclesial", que decía Karl Raher. Un retroceso en la entrega sincera a los pobres de este mundo. Pero sigo en la Iglesia. Porque veo un sentido en esta tradición de Jesús que, al pasar por la Iglesia, por un lado se ha deteriorado muchísimo. Eso, sin duda. En ella me entrego a Jesús de Nazaret, con problemas fuera e inmensas incoherencias de la Iglesia con ese Jesús, y con problemas dentro, mis limitaciones, épocas de gran oscuridad; pero me encuentro en mi casa, con innumerables compañeros con los que caminar. En esa casa siento una gran luz y ánimo en medio de las decepciones. También vengo de una tradición democrática, cuyos Estados han asesinado a millones de seres humanos inocentes, violentamente, con bombas atómicas y convencionales, con torturas y guerras injustas, con políticas comerciales que pueden aumentar la muerte por hambre. Y, sin embargo, hay seres humanos que honradamente pueden seguir esperando el advenimiento de la libertad, la igualdad, la fraternidad. Cuando preguntas a alguien por qué no se sale de su visión democrática, puede responder: porque están representados todos los partidos y yo me apunto al que más me convence. En la Iglesia, lo mismo. Hay varias tendencias.

Pero el Espíritu Santo siempre tiende a elegir a los mismos.

Bueno, el Espíritu Santo, así nombrado, con perdón, es poco riguroso. No es el ministro de Asuntos Exteriores que designa embajadores. Es ese misterio que llamamos Dios, y que tiene fuerza; no poder, fuerza. A Dios lo empequeñecemos seriamente cuando empezamos a hablar de él en términos de poder. ¿Para qué le sirve la fuerza? Ah, para que los seres humanos hagamos el bien. El Espíritu no es eso que está sobrevolando en un cónclave...

Son metáforas, padre, metáforas.

Sí, pero metáforas que desvían. Espíritu significa viento, fuerza. Yo, ¿dónde lo he encontrado? En Juan XXIII, en Arrupe, en un compañero jesuita, Javier Ibisate, que acaba de fallecer; lo veía en Gorbachov, se ve en los campos de refugiados de Bukavu... Cuando he estado con gente que ha dicho: aquí nos quedamos. Ya está.

Aun así, y aunque crea usted que la Iglesia no es poder, que resulta evidente que lo es, siempre se fija en los mismos.

La Iglesia debe ser ante todo fuerza, pero, en la realidad, también es poder. Lo sé muy bien. El espíritu a veces no está en la Iglesia cuando no se hace el bien, sino el mal. Pero está cuando somos fieles a Jesús. Dice él en el Evangelio de Lucas: "El espíritu está sobre mí, me ha configurado. ¿Para qué? Para dar vista a los ciegos, para hacer caminar a los cojos, para anunciar una buena noticia y para liberar a los pobres. Él comprende así al Espíritu. Entonces, ¿dónde lo veo yo? ¿Donde está el poder? No. Ahí es donde aprecio lo que constituye a los seres humanos, que lleva también al egoísmo, al sometimiento, a la falta de entendimiento. Esta sociedad necesita espíritu, y no sólo espíritu crítico, sino otras cosas; espíritu que nos dé fuerza para la reconciliación.

¿Dónde?

Aquí, en África, en Naciones Unidas...

Ya, porque eso le iba a preguntar. Pese a lo lejos que le queda España, ¿cómo ve el conflicto en el País Vasco, que es su tierra natal? Ya notará cómo andan por aquí los cuchillos. ¿Tendrá su opinión?

No soy muy amigo de tener sólo opiniones. Leo ahora los blogs, que están llenos de eso, de opiniones. Y se pueden decir cosas verdaderamente disparatadas. Ante asuntos serios no me gusta expresar sólo opiniones. Yo, ¿qué observo? Se ha llegado aquí a un buen vivir que es en la práctica un absoluto, un ídolo, y eso dificulta muchas cosas. Esto lo tengo meditado, no es sólo una opinión para un blog...

Le tienen obsesionado los 'blogs'. No los lea, hombre. No conducen a la felicidad.

Bueno, pero son una realidad, como los partidos de fútbol. Hay partidos en los que 44 piernas corriendo equivalen casi al presupuesto de un país africano como Chad. Que eso ocurra...

Es pornográfico.

Obsceno, yo lo he escrito. Eso me impacta. Lo de ETA, por otra parte, es serio, evidentemente. Yo soy de allí, pero no tengo fórmulas. Mi esperanza es, a medio plazo, humanizar aquello..., gentes, ideas, esperanzas. No sé cuánto llevará.

Al menos una generación. Pero veo que a usted no le preocupa el hecho de que tenga que haber una negociación tarde o temprano, que es evidente, sino cómo curará esa herida después de años de violencia.

Supongo que acabará con algún tipo de negociación. Pero eso lo hacen seres humanos. Se debe hacer con perspectiva política para que salga bien; pero todo eso, además, debe tener en cuenta el factor humano. No me es fácil hablar de esto. Tengo esperanza en que podamos vivir humanamente unos con otros. Y eso significa no tener miedo a no poner el problema en términos de vencedores y vencidos. Algo de eso he aprendido en El Salvador. La esperanza de reconciliación es posible, los seres humanos pueden perdonar.

¿Qué le ha molestado a la Iglesia de su idea de Cristo? ¿Por qué llevan 30 años mareándole?

Bueno, se ha hecho público. En el Vaticano dicen que yo presento a un Cristo muy humano, cercano a los pobres, y que eso les parece bien, pero que no expreso con suficiente claridad su divinidad. Hay teólogos capaces y responsables que piensan que mis escritos no incurren en esos peligros.

A lo mejor es que esa divinidad es radicalmente humana.

Sí, sí, sí, es que está en la doctrina más tradicional de la Iglesia. La clave está en cómo esa divinidad se ha hecho visible. En la fe cristiana, a diferencia de otras, se da un paso crucial, y no así en otras: que ese misterio se hizo presente. Que Jesús es el sacramento. Fue Jesús de Nazaret el que dice tener una idea de humanidad. Los bienaventurados, los sencillos, los limpios de corazón, quienes luchan y trabajan por la paz y la justicia. Es el de la palabra del Buen Samaritano.

Es el mismo Jesucristo, entonces, quien pone en evidencia esa doctrina. Su mensaje radical es humanismo. ¿Cómo la jerarquía no lo entiende, o ese tribunal...? Por cierto, ¿cómo es ese tribunal?

Pues un tribunal que se reúne en Roma, que analiza los aspectos teológicos y juzga si están o no de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.

¿Pero usted ha estado?

No, mi contacto ha sido por escrito.

¿Qué les ha dicho?

Pues lo que se ha hecho público. Que el misterio de Dios se hizo presente en Jesús. Que es la encarnación del hijo eterno del padre que es divino, pero que lo que nosotros vemos es el producto de esa encarnación. Que el misterio de Dios pasa por este mundo en él y que estuvo a merced de los poderes de este mundo; por eso no me gusta llamarlo omnipotente, porque lo insultan, y él no tiene más que dejarse insultar y acabar en la cruz. Lo que podemos saber de él es lo que se ha hecho presente aquí. Hay teólogos que hablan de un Dios crucificado. Jesús es esa realidad humana, transparente, que también se ha visto en otros.

Y esa divinidad que ha apreciado usted en otros estaba en los mártires de El Salvador. ¿Se siente usted una especie de apóstol de ellos al haber sobrevivido?

Jesús se ha hecho presente de una manera especial, pero, indudablemente, ese Dios se ha hecho presente además en muchos otros. En Ellacuría, en monseñor Romero..., en muchos. En cuanto a lo de sentirme apóstol de ellos, pues sí, pero sin dramatizarlo. No tengo conciencia en absoluto de haber llevado la antorcha de Ellacuría, pero sí siento una fuerza que me empuja a seguir por ese camino, con la idea de pertenecer a una tradición, a un grupo.

¿Cómo les recuerda?

Cada uno tenía su forma de ser. Ellacuría era ocho años mayor que yo y era el discípulo predilecto de Zubiri, y éste lo llamaba a él; era un filósofo impresionante que usó su conocimiento para bajar de la cruz a los crucificados. Tenía las limitaciones de todo ser humano, pero esa idea de que en El Salvador se encontró con un cuerpo crucificado...

Que debía liberar...

Así es. Eso era lo positivo. Y, simultáneamente, enfrentarse a todos aquellos que han crucificado a los pueblos.

Era todo un radical, ¿no?

Sí, pero radical con amor radical al pueblo víctima. También fue un filósofo crítico. No aceptaba cualquier enfoque de Dios crédulamente. Se movía como filósofo en un mundo donde Dios no era lo evidente.

¿Usted también?

Sí, claro, los filósofos de ahora son agnósticos.

Pero eso les habrá ocasionado enormes y permanentes crisis de fe.

Algunas. De Ellacuría, que no era nada crédulo, he escrito que luchó con Dios, como Jacob. Y pienso que Dios le venció. Aquello no fue para él una cosa sencilla. Uno lee a Nietzsche y ve que es un ateo como Dios manda... Ateo, eh, en serio, no un ateíllo. Pero Ellacuría, por otra parte, vio en otros, como en monseñor Romero, a alguien que tenía presencia de Dios. Y lo dijo. Tres días después de que lo mataran: "Con monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador". Y eso dominó en él más que otras cosas.

O sea, que ustedes vieron en Romero a un santo.

Más. Esa palabra no describe la calidad de mi experiencia.

¿Más que a un santo?

No encuentro términos apropiados. Su palabra, su compasión no sólo nos remitía a Dios, sino que hacía a Dios presente.

Esto, algunos lo podrían ver como una blasfemia.

Espero que no. Romero no era un intelectual, como Ellacuría. Incluso fue moderado y cambió a raíz del asesinato de Rutilio Grande. Entonces se convirtió en un decidor de la verdad. Claro, la verdad en El Salvador era denunciar una opresión espantosa. Sus homilías eran terriblemente duras, pero consoladoras. Su última homilía fue durísima contra la Guardia Nacional. Se dirigió a ellos diciendo: "Nadie está obligado a obedecer una orden de matar. En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo, les ruego, les pido, les ordeno cesen la represión".

Eran ustedes duros. Porque llegaron a justificar la violencia en algunos casos.

Es una verdad mucho más compleja. La violencia había comenzado mucho antes de que ellos hablaran. Provenía del lado de la opresión criminal de la derecha que mataba a la gente, algunos se organizaron para combatirla a diversos niveles, uno de ellos armado. Ellacuría habló de la redención de la violencia, y una de las condiciones para eso es, primero, cargar con ella. Yo sé que es terrible, pero es eso, estar dispuesto. Aunque antes hay que erradicar también las causas que le dieron origen. Lo que tenía de carga nuestra posición era eso, erradicar la pobreza; acabar con las estructuras económicas, sociales, políticas..., transformarlas. Pero cargar con la violencia quiere decir que te den, así, como suena. Habló de poner fin de manera negociada a la situación salvadoreña. De humanizar la violencia. Pero eso es algo muy creativo. ¿Cómo se hace? Aportando verdad, comprensión, perdón; ofreciendo perdón; aceptando perdón. A Ellacuría, qué curioso, lo mataron cuando él estaba negociando la paz. Era consciente. Me lo dijo: "Ahora que estoy trabajando por la paz es cuando me pueden matar". Y no cuando defendía la resistencia a la violencia. Pero lo decía con serenidad.

Esa diabetes le hace a usted más fuerte, si cabe.

Nunca he hecho drama de ella. Desde hace más de treinta años soy diabético. Me quita energías. Hay momentos peores, una vez tuve un coma, pero la diabetes ya es compañera; si fuera san Francisco de Asís diría: "La hermana diabetes". Pero yo vivo porque puedo comprar insulina, que es cara, y tiritas para medir el azúcar. Puedo vivir, mientras que quienes yo defino como pobres, es decir, aquellos que no dan la vida por supuesta, espero que me comprendan.


Fuente: El País Semanal del 17/06/06