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21/10/08

La crisis y América Latina, por Germán Ojeda


No hay mal que por bien no venga. Las consecuencias del colapso del sistema financiero internacional se van a sentir con fuerza en la economía real de los países latinoamericanos en forma de caídas de la actividad, de la inversión y el empleo, pero también se van a llevar por delante las políticas neoliberales impuestas a la fuerza por las grandes instituciones financieras controladas por Washington –El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial– que arruinaron estos países en beneficio de las multinacionales.

En efecto, esas instituciones financieras, creadas a partir de la Segunda Guerra Mundial para fomentar el desarrollo económico de los países del llamado Tercer Mundo, lo que hicieron en realidad fue fomentar la dependencia, imponiendo, a cambio de préstamos leoninos, un programa de privatizaciones y ajustes estructurales –mientras EEUU se endeudaba sin límites– que consistió básicamente en adelgazar hasta la anorexia a los Estados para darle a los mercados el control de las economías nacionales, un programa que en pleno auge de esa dictadura financiera se atrevieron a llamar Consenso de Washington.

Mediante el chantaje económico, la corrupción institucional y, cuando fue necesario, la represión de los gobiernos títeres apoyados por EEUU, todo fue mercadeado –la salud, las pensiones, el agua, las comunicaciones y los recursos energéticos–, todo fue puesto en almoneda en beneficio del capital transnacional mientras cada país se quedaba sin nada, sin empresas, sin servicios públicos y sin sectores estratégicos, provocando fracturas sociales sin precedentes que explican la llegada al poder de nuevos líderes en los últimos años.

Con el neoliberalismo ahora moribundo, sin embargo, la ruptura histórica latinoamericana con ese régimen de saqueo no va a ser igual en todos los países, lo que viene determinado por la vinculación de los distintos gobiernos a Washington. Así, países como México o Chile, atados a las privatizaciones, a las instituciones financieras internacionales y a tratados de libre comercio con EEUU tienen limitado su margen de maniobra, un margen que en el caso de Chile está creando ya graves problemas a cerca de 8 millones de chilenos con los fondos privados de pensiones afectados por las quiebras bancarias, mientras en México la crisis se traducirá en la brusca caída de las remesas enviadas por los emigrantes y en la bajada de los ingresos petroleros, lo que, para un país que vive principalmente de esas dos partidas, tendrá importantes efectos socioeconómicos.

En una situación muy distinta se encuentran países como Cuba, Venezuela o Brasil. Cuba puede verse beneficiada por la apertura de relaciones con el vecino del norte tras la victoria de Obama; en el caso de Venezuela, la situación es favorable porque, desde la llegada de Chávez, el país se ha ido desenganchando de las instituciones financieras norteamericanas; y Brasil dispone de más de 200.000 millones de dólares de reservas, tiene un fuerte mercado interno y va a seguir promoviendo una intensa política de infraestructuras, petrolera y alimentaria, al servicio del desarrollo nacional.

El Brasil de Lula se va a convertir en el eje de la nueva América Latina, aunque, sin duda, a costa de tensiones con sus vecinos, unas tensiones con Argentina por razones económicas y que serán políticas con Venezuela por los ritmos y la intensidad del proceso de integración que Chávez intenta empujar a marchas forzadas apoyándose en el Mercosur, el ALBA y el Banco del Sur, a la vez que promueve el llamado socialismo del siglo XXI.

Sin embargo, las lecciones históricas de una América Latina desunida durante la anterior crisis de 1929 o sometida al neoliberalismo deben ser aprendidas de una vez por todas. Del desastre del 29 algunos países hermanos pudieron recuperarse con políticas nacionalizadoras de los recursos estratégicos –por ejemplo, Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo en México– y de sustitución de importaciones para desarrollar el mercado interno, políticas que después se llevó por delante el neoliberalismo impuesto por Washington.

Ahora hay gobiernos –en Bolivia, Venezuela, Ecuador– que, apoyados por las grandes mayorías, defienden activamente esa integración, que ya no van a poder ser tumbados por las intrigas norteamericanas, que van a pasar de ser descalificados como populistas a ser populares, gobiernos que están comprometidos en sacar adelante un nuevo andamiaje institucional para defender la riqueza de sus recursos y el progreso de sus gentes.

Es la hora de la integración en América Latina, es la hora de la definitiva independencia, es la hora de la construcción de una economía social que anteponga lo público a lo privado y los intereses generales a los de los capitales, para que nunca más vuelva a pasar lo que pasó, por ejemplo, en Chile o Argentina con la implantación a sangre y fuego de las dictaduras neoliberales, lo que pasó en México con el desastre financiero de 1994, lo que pasa en Colombia con la guerra “incivil”, lo que, en una palabra, ha venido pasando en los años negros del neoliberalismo.

Porque, después de la implosión del capitalismo financiero y del macro rescate internacional, las grandes potencias pueden repetir a gran escala, si nadie lo remedia, la experiencia mexicana de recuperar el sistema en quiebra con el dinero de los contribuyentes drenando en beneficio privado los recursos públicos, pueden volver a las andadas de la globalización financiera maquillada, pueden pasar del neoliberalismo al neocapitalismo.

América Latina no puede perder esta gran oportunidad histórica de construir para el bienestar y el progreso de sus pueblos la Patria Grande con la que soñaron sus libertadores.

Germán Ojeda es profesor titular de Historia Económica de España y América de la Universidad de Oviedo
Fuente: Periódico Público. Ilustración de Mikel Jaso

4/7/08

Estados europeos desalmados, por Leonardo Boff


La «Directiva de Retorno», también llamada «Directiva de la Deportación o de la Vergüenza», de la Comunidad Europea con respecto a los extracomunitarios ilegales, desenmascara una faceta inhumana que la cultura europea siempre ha tenido y que difícilmente consigue disfrazar. Es una cultura identitaria. Tiene una inmensa dificultad para convivir con lo diferente. O lo agrega, o lo somete, o lo destruye. Invadió prácticamente todo el mundo conocido, subyugando y matando con la cruz y la espada. Fue ella la que, al comienzo de la modernidad, provocó el mayor genocidio de la historia humana, según el historiador Oswald Splengler en La decadencia de Occidente. En América Latina, donde había 23 millones de indígenas -nos dice el antropólogo Darcy Ribeiro-, después de un siglo quedó solamente uno. Luego dominó a las poblaciones que quedaron, explotó todos los recursos naturales posibles, que sirvieron de base para su industrialización y su enriquecimiento, que son sus injustas ventajas hasta el día de hoy. Detrás de su comercio y de su técnica hay ríos de sangre, sudor y lágrimas. Es una cultura montada sobre el poder-dominación.

Ahora, pasando por encima de varios artículos de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 (¿cuándo la respetaron?), maltratan a los inmigrantes, considerándolos criminales que deben ser encarcelados -incluso a los menores-, sin necesidad de mandato judicial, solamente mediante un procedimiento administrativo. Se prevé campos de concentración para ellos. Estos inmigrantes esconden tragedias en sus vidas. Están allí porque quieren sobrevivir y ayudar a las familias que han dejado en sus países.

Veamos la contradicción: en el siglo XIX los sobrantes del proceso de industrialización europeo, aquellos que podían desestabilizar el capitalismo salvaje naciente, previsto por Marx, fueron destinados a la exportación. No venía cualquier tipo de gente. Tenían primacía los empobrecidos y los enfermos, como mis abuelos italianos. Todos los de su leva sufrían tracoma, de difícil curación en esa época. Yo mismo sufrí esa enfermedad cuando niño, como todos los de nuestra región de Santa Catarina, donde se sitúan hoy Sadia y Perdigão, industrias conocidas por sus buenos productos.

En Brasil fueron acogidos con generosidad. Consiguieron tierras, ayudaron a construir esta nación y ahora, con la riqueza natural que Dios nos concedió, podemos ser la mesa puesta para el hambre del mundo entero. Las políticas de la Comunidad europea de hoy, no muestran ninguna reciprocidad. Con acciones articuladas se revelan crueles y sin piedad. El príncipe de nuestros periodistas, Mauro Santayana, nos relata en el Jornal do Brasil del 22/06, que en los años 80 economistas y sociólogos norteamericanos y europeos bajo el patrocinio de banqueros concluyeron que era necesario apartar del consumo al 80% de la humanidad, a fin de garantizar la gestión del planeta y mantener los privilegios del 20% de ricos. Los demás deberían ser marginados, hasta su extinción.

Parece que el genocidio está inscrito en el código genético de este tipo de gente que ha estado detrás de casi todas las guerras de los últimos siglos. A ellos que gustan de la cultura como pura ilustración, les recuerdo lo que Immanuel Kant (+1804) dice en La paz perpetua (1795). La primera virtud de una república mundial es la «hospitalidad general», como derecho y deber de todos. Todos están sobre el planeta Tierra, dice, y tienen el derecho de visitar las regiones y sus pueblos, pues la Tierra pertenece comunitariamente a todos.

Sólo espíritus anticultura occidental como Francisco de Asís, Juan XXIII, Luther King y Madre Teresa pueden ofrecer un paradigma que rescate a estos Gobiernos y los salve de la maldición de la vida y de la ira divina que se cierne sobre ellos.

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor
Fuente: Koinonia

17/6/07

Entrevista a Jon Sobrino. Radicalmente cristiano


Como no hay mal que por bien no venga, la última bronca que le montó la curia vaticana a Jon Sobrino, que no fue ninguna tontería, con notificación incluida, ha servido para que este jesuita empecinado en la defensa radical de los más oprimidos sepa lo que son los blogs. Aquellos días de marzo de este mismo año, cuando resurgió de las más abruptas entrañas de la Tierra el Tribunal para la Doctrina de la Fe -léase la Inquisición de nuestros días- para tirarle de las orejas y echarle en cara, una vez más en los últimos 30 años, sus desviaciones sobre la línea oficial, este cura amigo y compañero en El Salvador de Ignacio Ellacuría y monseñor Romero, este pastor que admite sin remilgos su vocación revolucionaria, pudo leer una avalancha inaudita de reacciones a favor y en contra en los foros libérrimos de Internet. Pese a lo encendido de algunos comentarios, Sobrino, por el contrario, guardó silencio. Se apartó del mundanal ruido quizá un tanto asustado por el ambiente, aunque no por encararse a la autoridad, cosa que ha hecho toda su existencia aun a riesgo de que le mataran.

De hecho, esta nueva llamada de atención no va a hacerle bajar las orejas, al menos por lo que uno puede deducir después de dos horas de conversación con él sobre lo divino y lo humano. Si no lo consiguieron en los años setenta y ochenta los paramilitares salvadoreños que instauraron un más que grotesco lema, "Haga patria, mate un cura", ni tampoco los grandes patriarcones centroamericanos, ni los mismísimos politicastros que ahogaban en esos días con una bota militar el futuro de lo que consideraban el patio trasero de su casa con jardín del Norte, es difícil que se asuste de los que han sido recién investidos con nuevas púrpuras. Si se salvó, aquel funesto y negro 16 de noviembre de 1989, de aquella matanza que después muchos han convertido en martirio, cuando unos salvajes entraron en la Universidad Centroamericana (UCA) y asesinaron sin miramientos a ocho de los suyos -seis compañeros jesuitas y dos empleadas de la casa-, no debió de ser en vano.

Le gusta rememorar uno a uno sus nombres, justo como cuando le dieron la noticia; primero le hablaron de Ignacio Ellacuría, después le enumeraron al resto de la lista: Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, el salvadoreño Joaquín López-López y, sobre todo, a quienes más le indignó que pagaran aquella caza macabra: la empleada de la UCA Elba Julia Ramos, cocinera, y su hija Celina, de 15 años, testigos de una barbaridad que tuvieron la mala fortuna de encontrarse frente a frente.

Hoy, de paso por Madrid, lo recuerda todavía con la justa emoción, pero con la evidente cicatriz del paso del tiempo en su mirada limpia. Sobrino parece de esas personas sabias que han sabido extraer, sobre las tragedias más injustas de la vida, conclusiones positivas. Por eso se muestra obsesionado por hablar; no de la inquina y el odio que arrebató a los suyos y a quienes él consideraba su familia de la faz de la Tierra, sino de la bondad que quedó. De la semilla que sembraron, del fin positivo de todas las cosas, aunque muchas veces sea necesario hacer verdaderos esfuerzos para llegar a él.

El propio e íntimo sufrimiento ha sido su mayor fuerza. La conciencia de fragilidad que le da cada día estar a expensas de los bajones de una diabetes muy aguda, y el hecho de haberse salvado por casualidad, gracias a encontrarse en Tailandia dando un curso, de su muerte segura, han forjado en él una proverbial valentía. Una desafiante serenidad construida a base de esa autoridad que no pueden retar moralmente quienes se sientan en los sillones confortables de los despachos; esa altura que da estar en primera línea del frente, expuesto a los más feroces ataques, a morir incluso por un gramo extra de justicia.

Dice que pobres son quienes no tienen asegurado comer tres veces al día; que él, al fin y al cabo, es un privilegiado por disponer garantizada hasta la insulina. Pero pobres son también para él, mente privilegiada con cuatro carreras -teología e ingeniería entre ellas- que a los 18 años abandonó su Bilbao natal y a su familia para dejarse la piel en ese lejano El Salvador que le ha dado nacionalidad y sentido a su vida, quienes son pisoteados, humillados, arrastrados, heridos, injuriados... Todos aquellos sujetos siempre anónimos que merecen reparo; esos desheredados para los que en su día Leonardo Boff, el propio Ignacio Ellacuría, él mismo y tantos otros comenzaron a predicar la Teología de la Liberación, esa doctrina revolucionaria que asusta tanto a los próceres en los pasillos del Vaticano y que Juan Pablo II y ahora el papa Ratzinger se han empeñado, con una fijación obtusa, en enterrar. Pero Sobrino y los suyos parece que no van a dejar que se saque de ese hoyo ni una sola palada.

Con la Iglesia sigue usted topando. ¿Cuándo fue la primera vez?

Toparse en castellano significa algún tipo de encuentro inesperado o encontronazo. Y la Iglesia es una realidad de muchísimos seres humanos. Con 68 años, en la Iglesia me he topado ante todo con Jesús de Nazaret y después con otras cosas. Una, la primera, cuando yo tenía veintitantos años, con Juan XXIII, que hablaba de un Jesús que bien puede hacer presente la Iglesia o que lo puede ocultar. Los jesuitas estamos en la Iglesia, y en ese sentido me he topado con el padre Arrupe, y en El Salvador me topé con algo que creo que en conjunto es lo mejor: campesinos, oprimidos, pobres, gente sencilla, con gran amor a los demás y con mucha fe en Dios. Al español de hoy, esto le puede sonar a religiosidad fácil o superstición. Pero no tiene por qué ser así. Gente que estaba decidida a arriesgar todo no por una causa, ni por pertenecer a tal o cual partido, sino por amor a los demás. Así surgieron entonces en El Salvador lo que yo llamo mártires.

¿Por qué mártires?

Son aquellos que en vida y en muerte se parecen a Cristo. En vida porque han tratado de defender al pobre, denunciar al opresor, y en muerte porque acaban crucificados en esa cruz que es terrible y expresión de un gran amor. El símbolo de ese tipo de mártir, con el que yo me topé -y cuando lo escribas pon que cuando pronuncio topar cambio el tono de voz, para aclarar, ¿verdad?-, para mí fue monseñor Romero. Pero es evidente que yo he tenido con otros sectores relaciones más tensas, y estos días se ha hecho público que a varios de nosotros, entre ellos también el padre Ellacuría, las congregaciones nos han cuestionado. A mí, varias veces me han pedido dar cuenta de mis escritos porque creen que mi teología no es adecuada, que contiene errores, que es peligrosa. Estos días se ha hecho público en varios medios de comunicación, tanto lo que ha dicho el Vaticano como lo que han expresado otros teólogos, muy respetables, que no comparten las amonestaciones. Y, por cierto, aprovecho para hacer una aclaración: la carta estrictamente confidencial que escribí al padre Kolvenbach apareció en la prensa sin mi conocimiento ni autorización. Volviendo al asunto. La tensión con esa porción de Iglesia, con algunos jerarcas, ha sido para mí habitual durante 30 años. Ellos también son Iglesia. Pero para mí, ante todo, lo son quienes nos hacen presente a Jesús. Yo me topé con esas gentes. Me enseñaron a vivir con esperanza, con menos egoísmo, con alegría.

¿También le ha marcado una cierta conciencia de superviviente, después de haberse salvado de una matanza o ver como caían otros, como monseñor Romero?

Aquello fue un shock. Estaba en Tailandia precisamente dando un curso de cristología, hablando de pueblos enteros crucificados.

Ochenta mil en El Salvador...

Así es. Pero le cuento cómo recibí aquella noticia. En Tailandia eran las doce de la noche y un amigo me llamó de Londres. Tuve la sensación, por la hora, de que algo serio había pasado, y pensé: Ellacuría. Mi amigo me preguntó: "¿Tienes papel y lápiz? Han matado a Ellacuría, y a Nacho, y a Santiago Montes, y al padre López-López, y a Juan Ramón Norea, y a Amando...", y así siguió. Y ahora ya no siento ni el dolor, ni el shock, ni la indignación de entonces, pero en el fondo me pasa lo mismo, como si me fueran quitando uno a uno jirones de piel. Pero mi máxima indignación fue cuando me dijeron lo de la cocinera y una hijita suya, y si lo cuento no es para que suene lírico, es porque lo siento. Porque que mataran a Ellacuría era una barbaridad, pero ¿cómo no le iban a matar? Predicaba contra los sumos sacerdotes, los fariseos, el opresor..., no era sorpresa. Ahora, que mataran a una cocinera que pasaba escondida la noche en nuestra casa porque la guerra había llegado a la ciudad y no era seguro salir, eso superaba las reglas del mal. Quedé en silencio y paseé por una playa que estaba cerca con un compañero que venía conmigo. En un momento me dijo: "¿Has pensado por qué no te han matado a ti?". Y me salió una respuesta tomada casi de antiguas vidas de santos: "Pues se ve que no soy digno". No sabía qué decir. Al día siguiente hicieron allí una misa, con un altar de flores precioso, y yo comenté: "Tengo una mala noticia que daros: han matado a toda mi familia. Pero tengo una buena noticia también: he vivido con gente buena". Así pienso hoy día.

¿Cómo estas personas tan próximas al martirio, que se han jugado el pellejo, no se las reconoce como a auténticos Cristos en su Iglesia?

Yo tampoco lo entiendo. Me preocupa y a veces me indigna. Mi esperanza es que pronto, oficialmente o con algún signo eclesial que todo el mundo entienda, canonicen a monseñor Romero y a todos los mártires latinoamericanos y del Tercer Mundo. Ya he dicho que me entristece que no ocurra. Pero también he dicho que no me gusta ser profeta de calamidades. A veces pienso que los medios encubren muy interesadamente la maldad y las aberraciones, pero que encubren todavía más la bondad. El amor de aquellas personas está vivo en muchos. En sus aniversarios se juntan multitudes. ¿Qué hacen allí? Recordar que han visto y oído cosas buenas, y cuando digo buenas me refiero a enseñanzas que les han dado dignidad. Recuerdan, con lágrimas, a hijos muertos, inocentes a los que han denigrado; que los han llamado comunistas, algo que allí es equivalente a calificar a alguien de terrorista aquí.

Eran los tiempos de "Hagan patria, maten un cura"...

Exactamente. Y en esas procesiones, las madres les dicen a sus hijos que su padre no fue un criminal, sino un buen hombre, generoso, que se organizó en movimientos políticos y lo mataron. Luego, claro, allí, Dios suena a algo real. Pero ¿cómo es Dios para ellos? Esa fuerza, ese misterio que ni vemos ni tocamos, de alguna manera nos conoce, nos quiere, nos da dignidad. Que luego le pidan milagros, a mí me parece muy bien, porque si no tienen seguro social, ni dinero, ni nada, si Estados Unidos ni la Unión Europea les arreglan la vida, ¿qué van a hacer? Es cierto que ese misterio también puede ser alienación. Psicólogos, psiquiatras, economistas habrá que lo analicen, a mí no me acaban de convencer del todo. Los que nada tienen, de Dios sacan fuerza para vivir, y en esto no veo alienación.

No le convencen porque ustedes han visto en Dios una materia revolucionaria, más que de resignación.

Entiendo, entiendo. Estoy de acuerdo. Si no hay más que ver. Jesús de Nazaret, ¿qué dijo? Ay de ustedes los ricos, que han comido y han gozado, sufrirán. Los que pasan hambre, los que lloran, comerán y reirán. Esas palabras hay que hacerlas históricamente eficaces, hay que buscarles modos concretos. Pensar en Jesús, en Dios, así, entonces era y es revolucionario.

¿Entonces? ¿Cuándo es entonces?

Los años setenta, ochenta. Todavía ahora queda algo. Revolucionario quiere decir eso: darle vuelta a las cosas. La revolución no se da sólo en el ámbito político, sino en el humano; pensar distinto, tener esperanza, que no vivamos en un mundo sumamente injusto como el actual, con las democracias más importantes a la cabeza. Una revolución en la esperanza, en la caridad..., una famosa palabrita que ya no creo que se use...

Pues porque a la caridad, el sentido que le ha otorgado la Iglesia es el de esa propina para los pobres. ¿Ustedes le han dado valor revolucionario?

De nuevo hay que distinguir cosas al hablar de la palabra Iglesia. Cierto es que hay una tradición y una doctrina de la Iglesia en que la caridad se entendió más como acaba de decir. Pero con Juan XXIII, incluso con Juan Pablo II, tiene más que ver con el amor, con el sentido de la justicia. Con proclamar una verdad que defiende al pobre frente a quien le oprime. Pero yo también creo en el equivalente a cariño, ternura, delicadeza. Un ámbito del amor distinto al de justicia que humanizan personal y socialmente. Lo que no se puede admitir es el sentido que le daban algunas novelas del siglo pasado, en las que salían marquesas que hablaban de "mis pobres", ¿verdad? Y ojalá tampoco lo digan hoy, entre otros lenguajes, Iglesias, Estados, ONG.

Aun así, como concepto, sigue en crisis.

La justicia está en crisis en la Iglesia. No creo que se vuelque hacia ella con todo el peso social que tiene. Y no digamos en la sociedad. Al viajar a Europa o a Estados Unidos no veo que los pueblos y sus Gobiernos vivan y se desvivan para que 2.000 o 3.000 millones de seres humanos puedan simplemente vivir...

Puede que la gente que tiene las necesidades cubiertas crea que ya ha pasado la revolución, que no la necesita.

Sí, y se ríen un poquito de todo esto. Pero es que la esencia que mueve el amor y los cambios está en no empezar por uno mismo. Hemos ido aprendiendo cosas. Es normal que uno se fije en sus hijos; pero mientras no se salga de ese yo familiar, no hacemos nada y somos ignorantes.

En cuanto a señalar a los pobres, a veces es la jerarquía la que nos hace caer en la cuenta de que existen condenando determinadas prácticas, como ha ocurrido en Madrid en la parroquia de San Carlos Borromeo que quieren cerrar.

Evidente. Me da tristeza que no haya creatividad cristiana para que la Iglesia institucional no resuelva estos problemas y no dialogue. Que los medios lo saquen a relucir puede ayudar. Pero debemos ir a lo profundo. Hay mucha gente..., religiosos silenciados que hacen una gran labor, pero no se sabe, no se difunde porque hoy existe un cierto miedo al bien. La bondad se silencia. ¿Por qué? Porque nos viene a decir que es posible, que es asequible a todo el mundo, y que no se ejercita porque nos exige algo. No sólo la heroica, la del día a día.

Quienes primero tienen miedo de hacer explícita esa bondad parecen estar en la Iglesia, porque no es normal que a ustedes o a quienes andan por el Congo o comprometidos aquí con marginados se les azuce. Mucha gente se pregunta por qué no se han salido ustedes. Qué les hace seguir dentro de una organización que les maltrata.

Yo le contaré mi caso. No me he salido porque nunca se me ha ocurrido. He visto un "invierno eclesial", que decía Karl Raher. Un retroceso en la entrega sincera a los pobres de este mundo. Pero sigo en la Iglesia. Porque veo un sentido en esta tradición de Jesús que, al pasar por la Iglesia, por un lado se ha deteriorado muchísimo. Eso, sin duda. En ella me entrego a Jesús de Nazaret, con problemas fuera e inmensas incoherencias de la Iglesia con ese Jesús, y con problemas dentro, mis limitaciones, épocas de gran oscuridad; pero me encuentro en mi casa, con innumerables compañeros con los que caminar. En esa casa siento una gran luz y ánimo en medio de las decepciones. También vengo de una tradición democrática, cuyos Estados han asesinado a millones de seres humanos inocentes, violentamente, con bombas atómicas y convencionales, con torturas y guerras injustas, con políticas comerciales que pueden aumentar la muerte por hambre. Y, sin embargo, hay seres humanos que honradamente pueden seguir esperando el advenimiento de la libertad, la igualdad, la fraternidad. Cuando preguntas a alguien por qué no se sale de su visión democrática, puede responder: porque están representados todos los partidos y yo me apunto al que más me convence. En la Iglesia, lo mismo. Hay varias tendencias.

Pero el Espíritu Santo siempre tiende a elegir a los mismos.

Bueno, el Espíritu Santo, así nombrado, con perdón, es poco riguroso. No es el ministro de Asuntos Exteriores que designa embajadores. Es ese misterio que llamamos Dios, y que tiene fuerza; no poder, fuerza. A Dios lo empequeñecemos seriamente cuando empezamos a hablar de él en términos de poder. ¿Para qué le sirve la fuerza? Ah, para que los seres humanos hagamos el bien. El Espíritu no es eso que está sobrevolando en un cónclave...

Son metáforas, padre, metáforas.

Sí, pero metáforas que desvían. Espíritu significa viento, fuerza. Yo, ¿dónde lo he encontrado? En Juan XXIII, en Arrupe, en un compañero jesuita, Javier Ibisate, que acaba de fallecer; lo veía en Gorbachov, se ve en los campos de refugiados de Bukavu... Cuando he estado con gente que ha dicho: aquí nos quedamos. Ya está.

Aun así, y aunque crea usted que la Iglesia no es poder, que resulta evidente que lo es, siempre se fija en los mismos.

La Iglesia debe ser ante todo fuerza, pero, en la realidad, también es poder. Lo sé muy bien. El espíritu a veces no está en la Iglesia cuando no se hace el bien, sino el mal. Pero está cuando somos fieles a Jesús. Dice él en el Evangelio de Lucas: "El espíritu está sobre mí, me ha configurado. ¿Para qué? Para dar vista a los ciegos, para hacer caminar a los cojos, para anunciar una buena noticia y para liberar a los pobres. Él comprende así al Espíritu. Entonces, ¿dónde lo veo yo? ¿Donde está el poder? No. Ahí es donde aprecio lo que constituye a los seres humanos, que lleva también al egoísmo, al sometimiento, a la falta de entendimiento. Esta sociedad necesita espíritu, y no sólo espíritu crítico, sino otras cosas; espíritu que nos dé fuerza para la reconciliación.

¿Dónde?

Aquí, en África, en Naciones Unidas...

Ya, porque eso le iba a preguntar. Pese a lo lejos que le queda España, ¿cómo ve el conflicto en el País Vasco, que es su tierra natal? Ya notará cómo andan por aquí los cuchillos. ¿Tendrá su opinión?

No soy muy amigo de tener sólo opiniones. Leo ahora los blogs, que están llenos de eso, de opiniones. Y se pueden decir cosas verdaderamente disparatadas. Ante asuntos serios no me gusta expresar sólo opiniones. Yo, ¿qué observo? Se ha llegado aquí a un buen vivir que es en la práctica un absoluto, un ídolo, y eso dificulta muchas cosas. Esto lo tengo meditado, no es sólo una opinión para un blog...

Le tienen obsesionado los 'blogs'. No los lea, hombre. No conducen a la felicidad.

Bueno, pero son una realidad, como los partidos de fútbol. Hay partidos en los que 44 piernas corriendo equivalen casi al presupuesto de un país africano como Chad. Que eso ocurra...

Es pornográfico.

Obsceno, yo lo he escrito. Eso me impacta. Lo de ETA, por otra parte, es serio, evidentemente. Yo soy de allí, pero no tengo fórmulas. Mi esperanza es, a medio plazo, humanizar aquello..., gentes, ideas, esperanzas. No sé cuánto llevará.

Al menos una generación. Pero veo que a usted no le preocupa el hecho de que tenga que haber una negociación tarde o temprano, que es evidente, sino cómo curará esa herida después de años de violencia.

Supongo que acabará con algún tipo de negociación. Pero eso lo hacen seres humanos. Se debe hacer con perspectiva política para que salga bien; pero todo eso, además, debe tener en cuenta el factor humano. No me es fácil hablar de esto. Tengo esperanza en que podamos vivir humanamente unos con otros. Y eso significa no tener miedo a no poner el problema en términos de vencedores y vencidos. Algo de eso he aprendido en El Salvador. La esperanza de reconciliación es posible, los seres humanos pueden perdonar.

¿Qué le ha molestado a la Iglesia de su idea de Cristo? ¿Por qué llevan 30 años mareándole?

Bueno, se ha hecho público. En el Vaticano dicen que yo presento a un Cristo muy humano, cercano a los pobres, y que eso les parece bien, pero que no expreso con suficiente claridad su divinidad. Hay teólogos capaces y responsables que piensan que mis escritos no incurren en esos peligros.

A lo mejor es que esa divinidad es radicalmente humana.

Sí, sí, sí, es que está en la doctrina más tradicional de la Iglesia. La clave está en cómo esa divinidad se ha hecho visible. En la fe cristiana, a diferencia de otras, se da un paso crucial, y no así en otras: que ese misterio se hizo presente. Que Jesús es el sacramento. Fue Jesús de Nazaret el que dice tener una idea de humanidad. Los bienaventurados, los sencillos, los limpios de corazón, quienes luchan y trabajan por la paz y la justicia. Es el de la palabra del Buen Samaritano.

Es el mismo Jesucristo, entonces, quien pone en evidencia esa doctrina. Su mensaje radical es humanismo. ¿Cómo la jerarquía no lo entiende, o ese tribunal...? Por cierto, ¿cómo es ese tribunal?

Pues un tribunal que se reúne en Roma, que analiza los aspectos teológicos y juzga si están o no de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.

¿Pero usted ha estado?

No, mi contacto ha sido por escrito.

¿Qué les ha dicho?

Pues lo que se ha hecho público. Que el misterio de Dios se hizo presente en Jesús. Que es la encarnación del hijo eterno del padre que es divino, pero que lo que nosotros vemos es el producto de esa encarnación. Que el misterio de Dios pasa por este mundo en él y que estuvo a merced de los poderes de este mundo; por eso no me gusta llamarlo omnipotente, porque lo insultan, y él no tiene más que dejarse insultar y acabar en la cruz. Lo que podemos saber de él es lo que se ha hecho presente aquí. Hay teólogos que hablan de un Dios crucificado. Jesús es esa realidad humana, transparente, que también se ha visto en otros.

Y esa divinidad que ha apreciado usted en otros estaba en los mártires de El Salvador. ¿Se siente usted una especie de apóstol de ellos al haber sobrevivido?

Jesús se ha hecho presente de una manera especial, pero, indudablemente, ese Dios se ha hecho presente además en muchos otros. En Ellacuría, en monseñor Romero..., en muchos. En cuanto a lo de sentirme apóstol de ellos, pues sí, pero sin dramatizarlo. No tengo conciencia en absoluto de haber llevado la antorcha de Ellacuría, pero sí siento una fuerza que me empuja a seguir por ese camino, con la idea de pertenecer a una tradición, a un grupo.

¿Cómo les recuerda?

Cada uno tenía su forma de ser. Ellacuría era ocho años mayor que yo y era el discípulo predilecto de Zubiri, y éste lo llamaba a él; era un filósofo impresionante que usó su conocimiento para bajar de la cruz a los crucificados. Tenía las limitaciones de todo ser humano, pero esa idea de que en El Salvador se encontró con un cuerpo crucificado...

Que debía liberar...

Así es. Eso era lo positivo. Y, simultáneamente, enfrentarse a todos aquellos que han crucificado a los pueblos.

Era todo un radical, ¿no?

Sí, pero radical con amor radical al pueblo víctima. También fue un filósofo crítico. No aceptaba cualquier enfoque de Dios crédulamente. Se movía como filósofo en un mundo donde Dios no era lo evidente.

¿Usted también?

Sí, claro, los filósofos de ahora son agnósticos.

Pero eso les habrá ocasionado enormes y permanentes crisis de fe.

Algunas. De Ellacuría, que no era nada crédulo, he escrito que luchó con Dios, como Jacob. Y pienso que Dios le venció. Aquello no fue para él una cosa sencilla. Uno lee a Nietzsche y ve que es un ateo como Dios manda... Ateo, eh, en serio, no un ateíllo. Pero Ellacuría, por otra parte, vio en otros, como en monseñor Romero, a alguien que tenía presencia de Dios. Y lo dijo. Tres días después de que lo mataran: "Con monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador". Y eso dominó en él más que otras cosas.

O sea, que ustedes vieron en Romero a un santo.

Más. Esa palabra no describe la calidad de mi experiencia.

¿Más que a un santo?

No encuentro términos apropiados. Su palabra, su compasión no sólo nos remitía a Dios, sino que hacía a Dios presente.

Esto, algunos lo podrían ver como una blasfemia.

Espero que no. Romero no era un intelectual, como Ellacuría. Incluso fue moderado y cambió a raíz del asesinato de Rutilio Grande. Entonces se convirtió en un decidor de la verdad. Claro, la verdad en El Salvador era denunciar una opresión espantosa. Sus homilías eran terriblemente duras, pero consoladoras. Su última homilía fue durísima contra la Guardia Nacional. Se dirigió a ellos diciendo: "Nadie está obligado a obedecer una orden de matar. En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo, les ruego, les pido, les ordeno cesen la represión".

Eran ustedes duros. Porque llegaron a justificar la violencia en algunos casos.

Es una verdad mucho más compleja. La violencia había comenzado mucho antes de que ellos hablaran. Provenía del lado de la opresión criminal de la derecha que mataba a la gente, algunos se organizaron para combatirla a diversos niveles, uno de ellos armado. Ellacuría habló de la redención de la violencia, y una de las condiciones para eso es, primero, cargar con ella. Yo sé que es terrible, pero es eso, estar dispuesto. Aunque antes hay que erradicar también las causas que le dieron origen. Lo que tenía de carga nuestra posición era eso, erradicar la pobreza; acabar con las estructuras económicas, sociales, políticas..., transformarlas. Pero cargar con la violencia quiere decir que te den, así, como suena. Habló de poner fin de manera negociada a la situación salvadoreña. De humanizar la violencia. Pero eso es algo muy creativo. ¿Cómo se hace? Aportando verdad, comprensión, perdón; ofreciendo perdón; aceptando perdón. A Ellacuría, qué curioso, lo mataron cuando él estaba negociando la paz. Era consciente. Me lo dijo: "Ahora que estoy trabajando por la paz es cuando me pueden matar". Y no cuando defendía la resistencia a la violencia. Pero lo decía con serenidad.

Esa diabetes le hace a usted más fuerte, si cabe.

Nunca he hecho drama de ella. Desde hace más de treinta años soy diabético. Me quita energías. Hay momentos peores, una vez tuve un coma, pero la diabetes ya es compañera; si fuera san Francisco de Asís diría: "La hermana diabetes". Pero yo vivo porque puedo comprar insulina, que es cara, y tiritas para medir el azúcar. Puedo vivir, mientras que quienes yo defino como pobres, es decir, aquellos que no dan la vida por supuesta, espero que me comprendan.


Fuente: El País Semanal del 17/06/06

2/6/07

Leonardo Boff acude en apoyo de la parroquia San Carlos Borromeo


El párroco de San Carlos Borromeo Enrique de Castro y Leonardo Boff

"Hay pastores que utilizan el bastón no contra los lobos, sino contra las ovejas". Con esta contundencia se expresó ayer el teólogo brasileño Leonardo Boff, uno de los padres de la Teología de la Liberación, en apoyo de la parroquia de Entrevías liquidada por orden del cardenal de Madrid, Antonio María Rouco. El teólogo ha asegurado que el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, "se niega a cumplir con su deber de defender a los pobres cerrando la parroquia San Carlos Borromeo". "Una Iglesia que no está con los más desfavorecidos y que no crea condiciones más justas traiciona la idea de Jesús y queda a kilómetros luz del Evangelio", ha afirmado Boff, durante una comida con la Asociación de Periodistas de Información Religiosa. Por esa razón, considera necesario "lamentar y denunciar" el cierre de esta parroquia. El teólogo ha animado a los feligreses, a mantenerse unidos y buscar otros espacios "para vivir la fraternidad y el servicio a los pobres". También ha defendido el valor de "la creatividad" en las celebraciones litúrgicas, al recordar que los cristianos celebran en ellas "la vida y la fe y no sólo un rito".

El Boletín Oficial de la Diócesis de Madrid ya ha publicado el decreto de clausura, que lleva fecha de cuatro de abril pasado. Se disfraza de una reestructuración "de límites" parroquiales lo que, en realidad, es la liquidación de la parroquia de San Carlos Borromeo por razones ideológicas, disciplinarias y de culto. El templo, sometido ahora a lo que el derecho vaticano denomina "sanación canónica", se convertirá en un centro de Caritas, si el arzobispado logra finalmente el desalojo de sus ocupantes -tres curas sin sotana y más de un centenar de pobres o desarraigados sociales-, y de sus muchos fieles -varios cientos de cristianos de base-, que les arropan y sostienen.

El templo inauguró anoche unas jornadas para celebrar "el vínculo de unión con los colectivos que apoyan su causa". En realidad, se trata de un festivo fin de semana de "resistencia pacífica" contra el cierre decretado por la jerarquía sin diálogo con los sacerdotes afectados. Leonardo Boff, un símbolo mundial de la iglesia castigada por Roma, acudió a Entrevías porque sus teorías y el espíritu de San Carlos Borromeo tienen en común "que el pobre es el sujeto central de la reflexión teológica y del quehacer diario de la Iglesia". Así lo aseguró Javier Baeza, el párroco vallecano que recibió a Boff junto a Enrique de Castro, conocido también como el cura rojo.

Los responsables de la parroquia prevén una asistencia a las celebraciones de entre 1.000 y 1.500 personas, llegadas de comunidades eclesiales de Valencia, Zaragoza, Salamanca, Canarias, Barcelona, Santiago, Córdoba, Granada y Sevilla, o de otras parroquias madrileñas. "Con muchos de ellos nos une trabajo solidario desde hace 27 años, con otros comenzamos a entrar en contacto a raíz de la amenaza de cierre", explicó Baeza. Ya son 14.000 las firmas de apoyo a San Carlos Borromeo que se han entregado al Arzobispado de Madrid y hay 15.000 más en cartera.

Leonardo Boff (Concordia, Brasil, 1938) se encuentra en España para participar en distintos actos y conferencias. Ayer analizó en la Casa de América, en Madrid, la situación de las confesiones religiosas en América Latina, y el pasado martes habló sobre Derechos de las Tierra y Teología de la Liberación en el Instituto de Derechos Humanos Bartolomé Las Casas, junto al teólogo Juan José Tamayo. Pero ha sido su presencia junto a los castigados de Entrevías, en el corazón de las barriadas marginales de Madrid, la que le ha llenado de "tristeza evangélica". "El Arzobispado debilita la Iglesia con su decisión de cerrar a la liturgia la iglesia de San Carlos Borromeo, porque perjudica a personas y le quita a la Iglesia un carácter más humano, un rostro de más misericordia, de más acogida. Yo creo que lo que están haciendo estos sacerdotes está en la línea de los Evangelios, en la línea de la práctica de Jesús, de acoger drogadictos, personas que están al margen de la sociedad y que tienen dificultades. La Iglesia no existe para los puros, sino para los que tienen necesidades. Esta Iglesia tendrá poder, pero no será la iglesia de Jesucristo".

Boff dijo que cerrar la parroquia de Entrevías "revela solamente el carácter poco espiritual de la Iglesia, yo diría más, un carácter carnal, una Iglesia de poder, que no aguanta, que no soporta contenidos evangélicos que son centrales con la experiencia cristiana, que es poner en el centro al pobre, al necesitado, al que ha fracasado, pero que recibe esfuerzo, esperanza”.

Críticas al Papa

Boff también se ha referido al último viaje del Papa Benedicto XVI a Brasil para inaugurar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se celebró hasta ayer en la ciudad de Aparecida. Los prelados de la región esperaban "una palabra fuerte sobre la situación social", pero que el Pontífice sólo tuvo "silencios significativos", no sólo sobre esta cuestión, sino también sobre "la Teología de la Liberación, las comunidades de bases y la opción por los pobres", ha señalado el religioso.

"Vino con el discurso preparado sobre la moral sexual, el divorcio y el ataque convencional a la modernidad", ha apuntado el teólogo, quien también ha reprochado al Papa "la falta de autocrítica" sobre la fuga de fieles a las iglesias pentecostales y la falta de vocaciones sacerdotales. En su opinión, el Pontífice tiene una visión "muy elitista" de la Iglesia y no favorece el diálogo con las otras iglesias, con la modernidad y con los pobres". Por último, ha lamentado que el Vaticano "siempre haya aceptado la versión de los detractores" de la Teología de la Liberación, pero, a su juicio, ya se ha dado cuenta de que "ha perdido la batalla" y su "último golpe" ha sido contra el jesuita vasco Jon Sobrino, al que calificó como “el mejor de los teólogos vivos”, frente a los ataques del Vaticano. Al referirse a la amonestación de la Santa Sede al teólogo jesuita Jon Sobrino, Leonardo Boff afirmó que 'Roma utiliza la violencia simbólica para resolver problemas; utiliza la desunión, la exclusión... Es una violencia no militar pero tan grave como ésta porque mata realidades concretas'.

En relación al aumento del número de fieles evangélicos en toda América Latina, y en especial en Brasil, Boff aseguró que la Iglesia católica "se ha fosilizado en muchos aspectos, no ha renovado el lenguaje, ni ha actualizado los ritos, se ha cerrado sobre sí misma". Opinó que Benedicto XVI "es un Papa de continuación. Él ha ayudado a formular un proyecto de Iglesia, junto con Juan Pablo II, volcada sobre sí misma, en su institucionalidad, en reforzar el carácter clerical".

Sobre la V Conferencia del CELAM en Aparecida (Brasil) y preguntado por las expectativas que tenían respecto del mensaje del Papa, indicó que 'esperábamos que viniera con los ojos abiertos a nuestra realidad, y que viniera a decir palabras fuertes en la cuestión social porque la llaga principal que tenemos es la de la pobreza' y la injusticia en el reparto de la riqueza.

'Pero, agregó, no dijo prácticamente nada, sino que la solución está en el manual de Doctrina Social' y en los documentos de la Iglesia sobre la pastoral social... No tuvo ninguna opción por los pobres salvo una referencia cristológica, ni dijo nada sobre la Teología de la Liberación'.

Tampoco se pronunció sobre las comunidades de base de las que existen 80.000 en Brasil, ni de las pastorales de la tierra, de los indígenas, de la salud, ni la de los niños de la calle, 'sino que vino con un discurso preparado con oídos y ojos europeos, y basado en dos ejes centrales: la moral sexual y el ataque a la modernidad que llama relativismo', indicó Boff.

En la cuestión de la fuga de fieles católicos a las iglesias pentecostales la respuesta es meramente institucional, sin ninguna autocrítica cuando tenemos en Brasil sólo 18.000 sacerdotes, la mitad extranjeros, para la atención pastoral a toda la población, concretó el teólogo, que criticó también las palabras de Benedicto XVI sobre la evangelización de América por Europa, calificándolas de 'injustas' y de 'insulto' a los indígenas.

“Es una calumnia decir que la Teología de la Liberación es una subcategoría del marxismo”

Se trata, explicó Boff de propiciar otro tipo de sociedad y de democracia para lograr 'una sociedad participativa y una democracia social', en la que se hagan 'políticas ricas para los pobres y políticas pobres para los ricos'.

Boff señaló que existen tres maneras de encarar el problema de los pobres: la caridad cristiana y del humanismo, los que entienden que hay que incorporarlos al sistema productivo, y 'Boff y otros teólogos que entienden que los pobres tienen capacidad para producir una alternativa al sistema'.

Boff considera el cierre de RCTV "un acto autoritario"

Leonardo Boff calificó hoy de "acto autoritario" la decisión del gobierno venezolano de no renovar la licencia de Radio Caracas Televisión (RCTV) y advirtió de los riesgos de "populismo" en ese país.

"Le quitó la concesión en términos jurídicos, pero el efecto final es que no funciona", subrayó Boff en respuesta a una pregunta planteada durante su intervención en el foro de debate "Tribuna Iberoamericana", organizado por la Agencia EFE y la Casa de América en Madrid.

El ex-sacerdote brasileño recalcó que siente "respeto" por el presidente venezolano, Hugo Chávez, porque "ha hecho mucho bien a su pueblo con los petrodólares, en salud, vivienda".

Sin embargo, alertó que "concentrar el poder puede ser peligroso y despótico" y que "en democracia se deben resolver los problemas con medidas democráticas"

Boff dijo en referencia al presidente venezolano que "cuando el jefe se dirige directamente al pueblo, puede ser manipulación, populismo", por lo que opinó que "debe haber cuerpos intermedios para dialogar".

También calificó de "error fantástico" el acuerdo entre el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y el brasileño Luiz Inácio Lula de Silva, para desarrollar biocombustibles a partir de productos agrícolas, como la caña de azúcar o el maíz.

"Es una solución miope", que se produjo en un encuentro "entre dos ignorantes", afirmó, al tiempo que defendió como alternativa un ahorro en gasto energético, como medidas como una reducción del número de automóviles.

"Lula es muy inteligente, pero en economía tiene un insuficiente", apuntó el ex-sacerdote brasileño, gran defensor de la denominada "Teología de la Ecología" y de la Amazonía para el equilibrio climático de la tierra.

El Papa Benedicto XVI "desperdició una ocasión" en su reciente visita a Brasil de referirse a la Amazonía, dijo.


Fuentes: El País, Terra Actualidad, Unión Radio, Informativos Telecinco, ElPlural.com, y Madrid Digital

11/5/07

Nueva agenda para Aparecida, por Leonardo Boff


La agenda establecida para la V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en Aparecida (Brasil) gira alrededor del seguimiento de Jesús para que todos tengan vida. La presencia solemne del Papa viene a avalarla en el más alto grado. Sin embargo, en los últimos meses, ocurrieron nuevos hecho, no previstos en los textos preparatorios del evento, hechos que están modificando la conciencia colectiva de la humanidad. Ellos representan un desafío para toda la humanidad y no dejarán de afectar también a la Iglesia universal y continental. Estos hechos son de tal gravedad que deberían cambiar la agenda de los obispos en Aparecida.

A partir de febrero, conocimos con un 90% de certeza que el calentamiento global es consecuencia del modo de producción y de consumo humano y representa un hecho irreversible. Hasta ese momento la estrategia mundial era de preservar y cuidar la Tierra con comprensión, compasión y amor. Y que no deberíamos sobrepasar el límite irrebasable que significaría modificar todo el estado de la Tierra. Ese límite ha sido excedido: estamos ya dentro del calentamiento global que puede variar entre 1,4 y 6 grados Celsius, estabilizándose posiblemente en 3 grados. Las consecuencias de esta ruptura serán desastrosas: habrá un gran deshielo y el mar subirá significativamente, inundando ciudades marítimas donde vive el 60% de la humanidad; los climas serán dramáticamente afectados, provocando grandes sequías en ciertas regiones e inundaciones descomunales en otras. En ambos casos, las cosechas necesarias para la alimentación humana y animal quedarán diezmadas. La biodiversidad será catastróficamente disminuida, ocasionando la desaparición de miles de especies, rompiendo el siempre frágil equilibrio de los ecosistemas; millones de personas correrán el riesgo de desaparecer y regiones enteras de la faz de la Tierra se volverán inhóspitas para la vida humana (incluyendo gran parte de Brasil).

Estos datos no son fantasiosos sino empíricos, recogidos por los miles de científicos esparcidos en 130 países que componen el organismo de la ONU llamado Panel Intergubernamental sobre Cambios Climáticos (IPCC en inglés). Han presentado dos estrategias urgentes: adaptarse a la nueva situación y menguar los efectos maléficos.

Este hecho cambia las prioridades: la cuestión ahora no es tanto el desarrollo sostenible, sino la continuidad de la Tierra y de la Humanidad. El nuevo punto central ya no podrá ser: cómo será la evangelización de la Iglesia en América Latina y cómo parar la deserción de católicos hacia otras iglesias de corte pentecostal y popular, sino: en qué medida todas las iglesias, con el capital espiritual que poseen, puedan ayudar a la Tierra a ser benevolente con toda la vida y en qué medida pueden garantizar un futuro común para toda la Humanidad.

Los obispos, en tanto pastores, deben tomar conciencia de esta nueva responsabilidad que deberán asumir: de concientizar a los fieles y reeducarlos para la nueva situación de la humanidad. Estarán presentes obispos de toda la Amazonia que cubre parte de los nueve países latinoamericanos. Sabemos que estos bosques unidos son el factor principal de equilibrio de todo el sistema climático de la Tierra, del régimen de los vientos y de las lluvias. La Iglesia, heredera de la frase: "vine a traer vida y vida en abundancia", deberá anticiparse asumiendo acciones responsables. La Iglesia tiene la vocación de ser la guardiana de la vida y salvaguardia de todo el rebaño. Aparecida no podrá quedar por debajo de este desafío, so pena de no cumplir su misión sagrada. Y eso será exigido por toda la humanidad.

Leonardo Boff es Teólogo y miembro de la Comisión de la Carta de la Tierra

Fuente:
Adital

9/5/07

Entrevista a Fernando Lugo, candidato a la presidencia de Paraguay


Fernando Lugo Méndez, alguien que bien pudiera convertirse —y ojalá que así sea— en el futuro presidente de Paraguay, actualmente goza de la simpatía de varios grupos sociales y políticos, quienes propugnan su candidatura a la presidencia de la república para las elecciones del 2008. Participó este domingo en un culto ecuménico realizado en la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao.

Tiene 55 años. Su tez es trigueña como la de los indios guaraniés. Nació en San Solano, un pueblito muy pequeño, perteneciente al Departamento de Itapua del Distrito de San Pedro del Paraná, en Paraguay. Apegado a la tierra como sus padres, conoció desde pequeño las estrecheces, el dolor, el sufrimiento y, también, las esperanzas de su pueblo. Sin embargo, aún no sospechaba que su verdadera vocación sería servir a los demás, como Jesús de Nazaret, compartir la Palabra, los dones y encarnar en el Evangelio su testimonio de amor y sacrificio.

Despierto a la curiosidad intelectual y a las realidades de su entorno, con dieciocho años, comenzó a enseñar en una escuelita rural. Tal vez, el contacto con sus semejantes le decidió, definitivamente, por el sacerdocio. El Palacio de Convenciones de La Habana —donde asiste, junto con el obispo Mario Melanio Medina, al VI Encuentro Hemisférico de lucha contra los TLC y por la integración de los pueblos, invitación que le hiciera el Centro Memorial Martin Luther King al Consejo de Iglesias de Paraguay, que los hizo sus representantes ante este recién concluido evento—, es un hervidero de gentes.

Le propongo una entrevista que termina siendo una amena, inteligente y profunda plática. Mientras le escucho, me cuenta que fue ordenado sacerdote misionero de la Congregación del Verbo Divino en 1977. Estudió Ciencias Sociales en Roma. De vuelta a Paraguay se dedicó a la docencia universitaria. “Justo al comenzar el doctorado —confiesa, con esa sencillez propia del hombre de cultura que ha vivido con humildad múltiples experiencias humanas—, me nombran provincial de la Congregación del Verbo Divino; y desde 1994 hasta el 2005 fui Obispo de la Diócesis de San Pedro del Ycuamandyyú, una de las más pobres y olvidadas del país. Allí aprendí a ser pastor”.

Frente a mí Fernando Lugo Méndez, alguien que bien pudiera convertirse —y ojalá que así sea— en el futuro presidente de Paraguay. Actualmente goza de la simpatía de varios grupos sociales y políticos, quienes propugnan su candidatura a la presidencia de la república para las elecciones del 2008. En las encuestas de opinión ocupa el primer lugar para esa candidatura.

Como su nombre lo indica, Paraguay es un vocablo guaraní que significa “agua que viene del mar”. Tal vez como esas aguas que vienen del mar a encontrarse con la tierra, está llegando Fernando Lugo al alma del pueblo paraguayo. Aguas que son tambores de fe y nuevas esperanzas.

Vivir y ejercer el sacerdocio en San Pedro, compartir con los pobres, sufrir su dolor, estar al lado de sus luchas pero también celebrar sus esperanzas, ¿le hizo ser mejor pastor, mejor ser humano?

En San Pedro he vivido todas las experiencias humanas. Las experiencias de dolor, de muerte, de persecución a los campesinos, de calumnia, de amenazas; pero también de triunfo, de logros, de esperanzas. Y todas ellas juntas nos elevan a la experiencia de Cristo, aquel que nos llamó a vivir con intensidad toda la gama de situaciones humanas, el Cristo histórico, el Cristo de la fe, que vivió en el contexto de Nazaret, Jerusalem y siempre ha sido la fuente de inspiración para que el hombre y la mujer sean más humanos. Un Cristo que nos eleva a la categoría de un ser humano y divino al mismo tiempo. Eso me ha llenado de esperanza e ilusión, me ha dado la oportunidad de compartir con la gente, con su dolor, sufrir junto a ellos la persecución, saber qué se siente cuando se está sin tierra, sin techo, sin salud, sin educación, sin futuro como huérfanos de la sociedad. Sentir como propio su sufrimiento y dolor, me ha hecho desarrollar una sensibilidad especial por el otro que está delante nuestro, que es la imagen de Dios. Eso me ha hecho más cristiano pero también mucho más humano.

Lo veo, perdóneme el atrevimiento, como un "hereje" en el sentido en que se ha enfrentado al dogma de la Iglesia Católica, ¿qué consecuencias le ha traído esa herejía?

Tu pregunta me hace recordar un libro que he presentado hace poco que se llama La herejía de seguir a Jesús, donde se recoge la experiencia de las Ligas Agrarias Cristianas de Paraguay, una experiencia de vida en comunidad. Esos campesinos fueron acusados de comunistas por el gobierno de Alfredo Stroessner, fueron masacrados, muchos asesinados, otros tuvieron que exiliarse, sufrieron prisión, tortura; es decir, pagaron en carne propia el ser "herejes", seguir a Jesús como una herejía, seguir con radicalidad la experiencia de Jesús de Nazaret. Desde el punto de vista doctrinal, lo que muchas veces la Iglesia Católica acentúa, la experiencia de seguimiento, el testimonio de compromiso, se aleja de lo que es meramente doctrinal. Por eso creo que la "herejía" de seguir a Jesús en ese libro nos muestra con claridad que Jesús, ante todo, es un camino a seguir, es una huella a construir y es, sobre todo, una verdad a descubrir. Por eso he recibido la incomprensión, la crítica, a veces amarga, de gente cercana a la Iglesia que no sabe que la experiencia cristiana pasa por encima de lo doctrinal, que pasa por todas las experiencias humanas.

¿Considera que ha muerto, está vencida o no tiene ya nada que decir la Teología de la Liberación en este continente frente a los nuevos desafíos de la fe y la realidad, y frente a los nuevos sujetos que han emergido?

La Teología de la Liberación sigue vigente. Siempre recuerdo la carta que escribió Juan Pablo II a los obispos brasileños donde les decía que la Teología de la Liberación forma parte del patrimonio, de la historia teológica de la Iglesia Católica. Ha sido una fuente de inspiración en Asia, África, Europa y, también, en América Latina. Si bien con ese título no tenemos hoy grandes ediciones teológicas, en todos estos años se fueron formando grupos de teólogos que la han ido renovando. Por otro lado, han idos apareciendo nuevas teologías emergentes en el continente como la teología de la mujer, el género, la teología negra, la ecológica, la étnica, la medioambiental. Es decir, esa teología liberadora se reencarnó en ejes temáticos teológicos que han resurgido con mucha fuerza, sobre todo, con el sentido de seguir iluminando la experiencia cristiana en las Comunidades Eclesiales de Base.

Desde muy joven ha estado vinculado a la docencia, en especial, al Colegio Verbo Divino, ¿qué le ha aportado el ejercicio del magisterio, el estar cerca, en contacto con tantas y tantos jóvenes?

El Colegio Verbo Divino viene a rubricar todo un hacer de experiencias en la docencia. Fíjate que con sólo diecisiete años voy a dar clases a una escuela en el campo. En mi episcopado en San Pedro siempre encontré un tiempo para dedicarlo a la universidad pues he seguido enseñando sociología, sociología de la educación, introducción a las ciencias políticas, antropología pedagógica en cinco facultades dentro de la Diócesis de San Pedro. Es decir que la docencia la llevo en la sangre, como se suele decir. Imagínate, el Colegio Verbo Divino, donde estudian 1500 jóvenes, mujeres y hombres, porque es un colegio mixto, me ha dado la ilusión de descubrir esa rebeldía juvenil, ese deseo de cambio, esa fortaleza espiritual que tienen ellos y ellas por construir un mundo diferente, un mundo mejor. Por otro lado, constatar cómo hacen una fuerte crítica a un sistema educativo que no tiene la eficacia, ni está sustentado por el humanismo, sino que más bien se centra en lo tecnológico, que no despierta la sensibilidad social, la sensibilidad por la humanidad. Por ellos y ellas he aprendido a aferrarme a lo humano en toda su complejidad, en sus errores, sus problemas, sus crisis de crecimiento, su relacionamiento con su familia, con sus amigos. Ser maestro, en primer lugar, me ha demostrado la validez de la educación como experiencia pedagógica y humana y, al mismo tiempo, saber que he cumplido un ciclo y ahora voy a dedicarme a otra cosa.

¿Qué significa ser cristiano y ecuménico hoy?

El ser cristiano lo tomo siempre con mucha simplicidad porque para mi es poder emular, seguir las huellas de Cristo en el contexto, el ambiente, la cultura y la sociedad en que uno vive. Cualquier persona, en cualquier parte del mundo que diga, haga y viva como vivió Cristo, seguirá la misma suerte, la suerte de ser calumniado, apresado, torturado y muerto fuera de la ciudad, fuera de los límites de la ciudad. Creo que eso es un signo de fidelidad. La persecución es un signo de fidelidad como decía San Agustín; y, como decimos en Paraguay, " sin querer mandarnos la parte", de alguna manera he sentido esa incomprensión, esas calumnias, esas amenazas. Sin embargo, todo eso a quienes tenemos la fe puesta en Cristo, nos fortalece y nos impulsa a sobreponernos a las dificultades de la vida humana. Nadie tiene el monopolio de Jesús de Nazaret, nadie tiene el monopolio del Espíritu Santo, nadie tiene el monopolio de Dios. Por eso creo que hoy día es mucho más necesario un sano ecumenismo con todas las iglesias que siguen a Cristo y con aquellas que no lo siguen también para poder buscar, como decía Jesús, el Dios cósmico que nos une y nos ampara a todos. Y bajo el nombre de Dios poder construir una humanidad mucho más fraterna.

¿Considera que la Iglesia Católica sigue en la "noche oscura" como ha dicho José María Vigil, ¿por qué?

Todas y todos los que hacemos teología, los que seguimos a Dios siempre tenemos una noche oscura, y cuanto más oscura es la noche, más cerca está el amanecer, dicen los indígenas en Paraguay. Ese es un signo de búsqueda, ¿verdad? Hay una expresión muy bonita en mi país, que es muy común escucharla en el campo, que dice así: "El fuego no se apaga nunca, es eterno, y en el amanecer quedan las huellas de tizones encendidos de la noche anterior". Lo que pasa es que a ese fuego hay a atizarlo. Yo lo veo un poco así. Cada día hay que atizar el fuego, ponerlo al viento y renovarlo. Creo que la noche oscura nos llega a todos y a todas. Y también a la Iglesia Católica porque nadie tiene el monopolio de la luz. La luz la tiene Jesús, que para nuestro mundo cristiano es Él a través de su espíritu. Algunos tenemos noches luminosas, noches de claridad, donde el horizonte se ve claro. Eso forma parte de un proceso de búsqueda sincera, de búsqueda de responsabilidad, de seguimiento y, sobre todo, de testimoniar la vida de Jesús en nuestras vidas.

A finales de 2006 usted dijo "mi gran catedral a partir de hoy será todo un país". ¿Serán esa catedral y ese país con que sueña posibles de alcanzar?

Quizás es un poco ambicioso, ¿verdad? Tratar de convertir todo el país en una catedral. Lo que quise decir, de manera metafórica, es: "A partir de ahora me dedico al país. Hasta ahora estuve en una catedral enseñando, compartiendo, sufriendo, construyendo. Hoy me pongo a disposición de la ciudadanía y de todos los ciudadanos de Paraguay para construir desde la política esa nación que nos merecemos todos los paraguayos, una nación más justa, más fraterna”. Al mismo tiempo, un país con más equidad social, como solemos decir, una nación reconciliada, donde la justicia no sea sólo un objeto de lujo para algunas personas pudientes, sino para todas y todos por igual. Entonces la catedral tiene esa imagen de acoger a todos. Ahí entran los pobres, los ricos, los de izquierda, los de derecha. Y para construir esa catedral hay que partir de considerar a todas y todos los paraguayos por igual.

La razón de ser de una iglesia, de una comunidad de fe es celebrar la vida, celebrar a Dios, y también alimentar la espiritualidad. Usted ha sido “separado” de su cargo, y de su comunidad por decisión de la jerarquía católica. Si ya no se tiene una comunidad, como en su caso, ¿dónde y cómo alimenta esa espiritualidad?

Bueno yo sí tengo una comunidad. Yo vivo con algunas personas en una misma casa. Es una comunidad cercana. Tengo unos amigos con los que cotidianamente comparto ideales políticos, proyectos. Quizás ya no rezo de la manera formal como en la vida religiosa, pero así como la Teología de la Liberación tiene una espiritualidad desde la realidad, hoy más que nunca veo en ese pozo de la realidad las semillas del verbo que están dispersas por la sociedad, por las culturas. Y cada día, en cada amanecer, en cada acontecimiento, en estos mismos encuentros cómo no ver la mano de Dios, cómo no ver y nutrir nuestra propia espiritualidad en el servicio generoso de construir una patria más justa para los demás. Pío XI decía que la política es la expresión más sublime de la caridad. Creo que hoy tenemos que rescatar el aspecto positivo de la política e ir construyendo una política que también nos ayude a la santidad.

¿Dónde cree que está hoy la posibilidad de construir un nuevo poder, acaso en el cielo, en lo global, en la comunidad, o en qué otro lugar?

Muchas veces los políticos usurpan el poder o se aferran a él. Creo sinceramente que el poder es un proceso de construcción. Nosotros, como la Teología de la Liberación, hemos optado por el método de hacer ese poder, es decir, construirlo a partir de esa realidad sangrante, desafiante, de pobreza, de miseria, de exclusión que viven nuestros pueblos. Y ese poder se construye desde abajo. El verdadero, el auténtico, el genuino cambio viene desde abajo, viene desde dentro; y no desde afuera y desde arriba. El poder se construye desde la gente más sencilla que se unen por sus reivindicaciones y también en sus grandes proyectos e ideales políticos.

Fuente: Centro Memorial Martin Luther King

Blog de Fernando Lugo Méndez

25/4/07

La Teología de la Liberación en su momento más crucial


La interpretación latinoamericana del "kerygma" evangélico (el mensaje de salvación de Jesús), afirmado en las asambleas episcopales surcontinentales de Puebla y Medellín, corre el grave riesgo de una condena vaticana, durante la próxima visita del Papa a Brasil.

Según informa la agencia ECUPRES, el obispo brasileño Pedro Casaldáliga advirtió seriamente al Papa Benedicto16 que el severo castigo impuesto al teólogo Jon Sobrino marcará negativamente su primer viaje a América Latina, en ocasión de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano y Caribeño que se realizará en Aparecida, Brasil, en el próximo mes de mayo.

Casaldáliga manifestó que “con muy mala sombra, como dirían los castizos” estalló “el proceso de nuestro querido Jon Sobrino”, produciéndose un hecho “muy sintomático, porque un cardenal de la curia ya ha declarado que antes de Aparecida estará liquidada la Teología de la Liberación”. Se da por seguro que la mención de Casaldáliga sobre “un cardenal de la curia” se refiere a López Trujillo, de Colombia, visto como un fuerte detractor de Sobrino y de la Teología de la Liberación (TL).

A fines de marzo, López Trujillo causó un serio problema diplomático en México. Al visitar ese país, como enviado papal para un encuentro católico romano, realizó contundentes declaraciones en contra de la despenalización del aborto, al punto que legisladores del PRD exigieron la expulsión del Cardenal, invocando artículos de la Constitución de México, al calificar los dichos de López Trujillo como una intromisión en los asuntos internos del país.

Sobre la sustentabilidad de la profecía acerca de la Teología de la Liberación, Casaldáliga opinó que “ese ilustre purpurado habrá de aceptar, supongo, que después de Aparecida continuará vivo y activo el Dios de los Pobres, y continuará subversivo el Evangelio de la Liberación; y que desgraciadamente el hambre, la guerra, la injusticia, la marginación, la corrupción, la codicia, continuarán exigiendo de nuestra Iglesia el compromiso real al servicio de los pobres de Dios".

En su misiva al Santo Padre, el obispo que por décadas estuvo al frente de la diócesis de São Felix de Araguaia, en el Estado de Mato Grosso, se preguntó acerca de qué es y quién tiene la verdad, recordando a Poncio Pilato que se lavó las manos luego de preguntar a Jesús sobre la verdad.

Casaldáliga agrego que "la religión y la política han de acoger esa respuesta hasta las últimas consecuencias. La vida de Jesús es esa misma respuesta. La opción por los pobres define toda política y toda religión. Antes era "fuera de la Iglesia no hay salvación"; después "fuera del mundo no hay salvación". Jon Sobrino -agrega- nos recuerda, una vez más, que fuera de los pobres no hay salvación. Juan XXIII abogaba por una Iglesia de los pobres, para que fuese la Iglesia de todos. Los pobres definen, con su vida prohibida y con su muerte antes de tiempo, la verdad o la mentira de una sociedad, de una Iglesia".

A estas declaraciones del obispo brasileño, las informaciones periodísticas adjuntan las del teólogo Leonardo Boff quien, dirigiéndose a Jon Sobrino, dijo: “Te escogieron a ti, el más profundo teólogo latinoamericano, el que mejor articula espiritualidad y teología, inserción en el pueblo crucificado y reflexión, el que presenta en mayor grado las virtudes insignes que caracterizan la santidad. Separaron tu obra de tu vida doliente y amenazada, como si pudiesen separar el cuerpo del alma. Sólo autoridades carnales que perdieron todo sentido del espíritu podrían perpetrar tamaña agresión. Bien dijo don Oscar Romero, asesinado en El Salvador, a quien tú tanto asesoraste: 'Se mata a quien estorba'. Participas en cierta forma de este destino'.

Jon Sobrino, vasco, quien vive en El Salvador desde hace 50 años, recibió innumerables manifestaciones de solidaridad desde todo el mundo luego que recibiera una severa sanción desde el Vaticano, a través de una carta pastoral firmada por el propio Papa y los titulares de los doce dicasterios romanos. Fue, y lo sigue siendo, el principal sostenedor de la Teología de la Liberación, a la que luego se sumaron el ya fallecido obispo de Olinda y Recife en Brasil, Dom Helder Cámara, Leonardo Boff, el argentino Armando Croatto, Frei Betto y otros más que reconocidos teólgos latinoamericanos.

La sanción aplicada a Sobrino establece que no puede publicar más textos doctrinarios (le ha sido retirado el "nihil obstat", que es una suerte de permiso jerárquico para difundir las propias ideas) y se le ha compelido a que renuncie a sus cátedras de teología en varias universidades católicas latinoamericanas.

El Vaticano lo acusó concretamente de hacer excesivo hincapié en la naturaleza humana de Jesucristo, ignorando su naturaleza divina. Y se lo ha reconvenido en forma muy severa por su propia concepción de la liberación. La Iglesia jerárquica sostiene que Jesús vino al mundo al liberar al hombre del pecado, y no tanto de sus consecuencias sociales e históricas.

Sobrino replicó que él jamás negó la divinidad del Hijo de Dios, que el concepto bíblico de liberación es de naturaleza histórica (y puso como ejemplo la liberación "política" del pueblo judío de la esclavitud egipcia), y que no puede hablarse secundariamente de las "consecuencias sociales" del pecado en pueblos donde la misión de los sacerdotes y de los obispos es cumplir con el primer mandamiento, ante prójimos marginados, excluídos, hambrientos, sometidos a la esclavitud de los vasajalles dictatoriales o a las políticas de exterminio del imperialismo.

Lo de Sobrino no es nuevo en la historia de la Iglesia. Como tampoco es nuevo el comportamiento romanista y poco católico (catolicismo significa propiamente universalidad) del Vaticano y en particular de la Congregación para la Doctrina de la Fe (conocida más con su nombre primitivo: el Santo Oficio). A lo que debe sumarse, desde luego, el carácter conservador del nuevo Papa, que cuando era simplemente Joseph Ratzinger presidió durante 25 años ese dicasterio.

Por esa censura inquisitorial pasaron desde Galileo (¡a quien Juan Pablo Segundo reivindicó 500 años después de su muerte!), hasta el teólogo alemán Karl Rahner y el francés Ives Congar, Teilhard de Chardin (que intentó conciliar la teoría de la evolución con la Creación infinita del universo), su exégeta Henry De Lübac, y tantos otros que aún esperan la reivindicación histórica y doctrinaria de parte de los cazadores de brujas.

Su único pecado consistió el humanizar el mensaje evangélico a los tiempos que corrían.

Como ocurre ahora con la Teología de la Liberación, que busca que el mensaje de la Redención llegue a los cristianos y a los pueblos más pobres y desvalidos, desangrados por lo que Eduardo Galeano alguna vez pintó como "las venas abiertas de América Latina".

Brasil y la visita del Papa en mayo es crucial. ¿Seremos declarados anatemas los que siguiento el mensaje de ese Jesús misericordioso, damos agua al sediento y pan al hambriento, y dejamos que los niños vengan a nosotros, y hasta perdonamos a una prostituta sin pedirle que confiese sus pecados? ¿Morirá la Iglesia de las Catacumbas?

Teólogos de la Liberación anuncian evento paralelo a la V Conferencia

El evento se realizará en la sede del Instituto del Corazón Eucarístico en el pueblo turístico de Pindamonhangaba, muy cerca de Aparecida, del 18 al 20 de mayo, coincidiendo con los días centrales de la V Conferencia, con la intención de tener un impacto en los obispos reunidos en Aparecida desde la perspectiva de la Teología de la Liberación.

El seminario contará con la participación de controvertidos teólogos como el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, autor de la obra censurada por el Vaticano "Teología de la Liberación - Perspectivas"; Pablo Richard, un sacerdote chileno suspendido en sus funciones clericales; el brasileño Agenor Brighenti, miembro del controvertido grupo de presión marxista "Amerindia" y otros liberacionistas.

Según los organizadores, el evento llevará por título "América Latina, Cristianismo e Iglesia en el siglo XXI" y tiene como objetivo "reflexionar sobre los desafíos de la realidad latinoamericana y encontrar respuestas para los mismos en cuanto Iglesia".

El día 18, las conferencias tratarán sobre "los desafíos de la realidad mundial, la realidad latinoamericana y los desafíos para el cristianismo en el siglo XXI", desde la perspectiva de esta corriente teológica. El 19, Gutiérrez y Richard desarrollarán respectivamente los temas "Un cristianismo para América Latina" y "Una Iglesia para América Latina". El último día, dos miembros del Consejo Nacional de Laicos del Brasil abordarán el tema de "La laicidad en una Iglesia latinoamericana comprometida con la construcción de la justicia".

El Consejo Nacional de Laicos del Brasil publicó recientemente el documento "Rumbo a Aparecida: Manifiesto del Pueblo de Dios". El documento, centrado exclusivamente en temas políticos, ideológicos y económicos, comienza señalando que "en América Latina y el Caribe se vive la expectativa de la superación de estructuras injustas, agravadas, actualmente, por el sistema neoliberal... el abismo entre ricos y pobres sigue siendo una ofensa a Dios Padre-Madre de la humanidad". El texto pide a los obispos participantes en Aparecida que se conviertan en agentes sociales y políticos de cambio económico en la región, y concluye señalando que las comunidades cristianas de América Latina y el Caribe "se sienten comprometidas con la defensa de la naturaleza y la preservación de la vida humana, animal, vegetal y de las aguas. Sin una nueva espiritualidad integradora de la lucha por la liberación ecológica, no habrá futuro y corremos el riesgo de destruir el lugar de la alianza de Dios con los seres humanos y con toda la creación", concluye el texto.


Fuentes: Adital y Diario Panorama

11/4/07

Conferencia de Leonardo Boff en la Universidad de Costa Rica

Para mí es un honor dictar esta conferencia en el contexto de la apertura de los cursos de Estudios Generales de esta Universidad. Conozco muchas universidades en el mundo, sea en Oriente, sea en Occidente, pero en ninguna de ellas he sentido tanta consistencia y coherencia como con los Estudios Generales de esta Universidad. En abril empezaré un semestre como profesor visitante en Estudios Generales de la Universidad de Munich donde estudié, pero son clases puntuales por un semestre. Aquí es algo permanente y continuo que tiene como consecuencia crear una visión humanista del mundo, una perspectiva muy importante de la realidad porque va a significar un nivel más alto de la población en su condición ciudadana, su cuota de la historia que aquí se hace, los retos que vienen de la realidad. Quiero reconocer este esfuerzo que hace la Universidad de Costa Rica.

El tema es “Las humanidades hoy en América Latina”. Voy a tratar de alargar el tema, porque hoy América Latina es una pequeña provincia del gran complejo sistema de La Tierra. Y como todos sabemos, hoy la sociedad mundial está en el ojo de una inmensa crisis de civilización, una crisis de sentido y de falta de rumbo histórico. No sabemos hacia dónde vamos y somos entregados a un sistema económico que absorbió lo político y que hace de todo mercancía: desde el sexo hasta la Santísima Trinidad, con todo se puede ganar dinero. Y todo eso se rige por la competencia y no por la cooperación. Por eso hay tantos millones y millones de marginados y de excluidos.

Yo veo dos pensadores trascendentales que nos ayudan a entender este momento histórico que son Max Weber y Frederick Nietzsche, que han intuido la raíz de la crisis que sufrimos, pero que empezó mucho antes. Max Weber mostró que la sociedad moderna se construye sobre el pensamiento funcionalista, sobre la burocracia, sobre la secularización que ha producido el desencantamiento del mundo. Vivimos desencantados: desencantados con el mundo, desencantados con la política, desencantados con nuestras personalidades políticas, desencantados con Bush, desencantados incluso con Lula y no en último lugar, desencantados con Ronaldinho y Ronaldo, que nos han avergonzado en el último Campeonato Mundial. Vivimos en la era del desencanto y ¿cómo reencantar a la humanidad?

Nietzsche nos trae otro elemento que es la muerte de Dios. No es que Dios murió, porque un Dios que muere no es Dios. Es que nosotros hemos matado a Dios, nos dice Nietzsche. ¿Qué significa esto? Que Dios no tiene relevancia social, no se construye cohesión alrededor de la idea de trascendencia de Dios. Y por eso vivimos en el desamparo existencial. Ese anuncio de Nietzsche que Dios murió tiene consecuencias graves porque ha creado una desaparición del horizonte utópico de la humanidad. Por millares de años, la humanidad encontraba en las religiones una referencia trascendente, la razón para estar juntos, para crear una comunidad y la cohesión social. Ahora eso ya no funciona. Eso no significa que impera el ateísmo, porque lo que se opone a la religión no es el ateísmo. Lo que se opone a la religión es la ruptura, la falta de un lazo que ligue y religue todas las cosas. Y hoy vivimos colectivamente rotos desde dentro y desamparados.

Es en ese contexto hay que entender la gravedad de la crisis actual, que tiene un agravante muy importante, porque hasta hoy se decía, vamos al encuentro de una gran crisis civilizacional, crisis del sistema de la vida, crisis del sistema de La Tierra.

Un hecho importantísimo que para mí significa una ruptura en la conciencia colectiva de la humanidad. En los primeros días de febrero de este año en París, cuando el Panel Intergubernamental de los Cambios Climáticos que involucra a más de 2000 científicos de la ONU, nos ha dado los datos reales de la situación de La Tierra. Que estamos ya dentro de un cambio irrefrenable de La Tierra, que La Tierra va a calentarse entre 1,8 hasta 4 y en algunos sitios 6,4 grados Celsius y que eso va a significar en los próximos 30 o 40 años inmensas devastaciones en el sistema de la vida. Millones de personas pueden desaparecer.

Según James Lovelock, el formulador de la Teoría Gaia de La Tierra como súper organismo vivo que acaba de lanzar el libro La venganza de Gaia, hasta el año 2050 o 2060 -tal vez sea exagerado, pero tiene autoridad para decirlo- puede desaparecer cerca del 80% de la humanidad. Y cuando ha estado en Brasil en octubre dijo: Brasil que ha tenido el privilegio de tener tanto sol, será su desgracia, prácticamente contará con dos tercios del país inhabitables por exceso de calor y habrá una sabanización acelerada porque la Amazonia no aguanta esos niveles de calentamiento.

Esta realidad nos hace pensar. No basta solamente, como sugiere el documento de esos científicos, adaptarse a la nueva realidad, ni es suficiente aminorar los efectos dañinos del calentamiento global, sino que hay que ir a algo más profundo: hay que refundar el sentido de la vida, hay que recrear una nueva espiritualidad, es decir, un nuevo sentido más amplio de nuestro pasar por este mundo, de nuestra coexistencia como seres humanos, para hacer que la Tierra, la humanidad, puedan, sigan teniendo futuro.

A la desesperación y al desencantamiento yo creo que hay que contrarrestarlos con motivos que nos hagan descubrir razones para seguir viviendo, con cambios, con adaptaciones, pero desde un nuevo paradigma de civilización.

La cuestión de fondo es, ¿cómo salir de esta crisis?

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