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6/9/09

Marina Silva: una mirada nueva sobre Brasil, por Leonardo Boff

Nota del editor del blog: Marina Silva es una política brasileña ambientalista y pedagoga. Fue ministra de medio ambiente en el gobierno de Lula, puesto del que dimitió el año pasado, en ese momento publicamos un artículo, también de Boff, sobre ella. Recientemente Marina Silva ha dejado el PT, partido en el gobierno, para unirse a Los Verdes de Brasil, partido del que será su probable candidata a la presidencia en las próximas elecciones (ver artículo en El País).

Marina Silva: una mirada nueva sobre Brasil, por Leonardo Boff

Se equivocan las personas que piensan que la salida del PT de la senadora Marina Silva obedece a propósitos oportunistas de una eventual candidatura a la Presidencia de la República. Marina Silva salió porque tiene sobre Brasil, sobre el PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento) una mirada distinta a la del gobierno que identifica desarrollo con crecimiento meramente material y con mayor capacidad de consumo. La nueva mirada, adecuada a la creciente conciencia de la humanidad y a la altura de la crisis actual, exige una ecuación diferente entre ecología y economía, una redefinición de nuestra presencia en el planeta y un cuidado consciente sobre nuestro futuro común. Para estas cosas la dirección actual del PT está ciega. No es que no vea, es que no tiene ojos, que es peor.

Para profundizar en esta cuestión, voy a valerme de una correspondencia con el sociólogo de Juiz de Fora y Belo Horizonte, Pedro Ribeiro de Oliveira, un intelectual de los más lúcidos que articula la academia con las luchas populares y las Cebs (*), y que acaba de organizar un libro sobre La conciencia planetaria y la religión (Paulinas 2009). Escribe:

«Efectivamente, estamos en una encrucijada histórica. La candidatura de Marina no hace más que hacerla evidente. El sistema productivista-consumista de mercado insiste en sobrevivir, alegando que solamente él es capaz de resolver el problema del hambre y de la miseria, cuando en realidad lo causa él. Sucede que se impuso desde el siglo XVI como lo mejor que la humanidad ha producido, ayudado por el iluminismo y la revolución cultural del siglo XIX, que nos convencieron a todos de la validez de su dogma fundador: hemos sido llamados al progreso sin fin que la ciencia, la técnica y el mercado proporcionan. Esta inercia ideológica que continúa moviendo al mundo se cruza hoy con otro camino, que es el de la conciencia planetaria. También es una senda, pero va en otra dirección».

«Muchos pensadores y analistas descubrieron la existencia de esta vía y llamaron la atención del mundo sobre la necesidad de cambiar la dirección en la que caminamos. Cambiar el camino del progreso sin fin por el camino de la armonía planetaria. Esta inflexión era la voz profética de algunos, pero ahora ya no clama en el desierto, sino ante un público que aumenta cada día. Esa vía ya no aparece como el camino exclusivo de algunos ecologistas, sino como un camino viable para toda la humanidad. Ante él, el paradigma del progreso sin fin, desposeído de su validez teórica y su dogma, antes incuestionable, amenaza con caer. En este momento se reúnen todas las fuerzas para mantenerlo en pie, menos por medio de una argumentación consistente que por la repetición de que “no hay alternativas” y de que cualquier alternativa “es un sueño”».

«Aquí es donde sitúo la candidatura de Marina. Es evidente que el PV es un partido que hasta puede haber sido fundado con buenas intenciones, pero hoy se ha convertido en una cajón de sastre. Nadie imagina que Marina ―en la hipótesis de que ganase las elecciones―, va gobernar con base en el PV. En la eventualidad de que ganase, tendrá que seguir el camino de otros presidentes sudamericanos elegidos sin base partidaria, y recurrir a los plebiscitos y referendos populares para romper las amarras de un sistema que “primero tomó la tierra de los indios y después escribió el código civil”, como escribió el argentino Eduardo de la Cerna».

«Aunque no gane, su candidatura será un gran momento de concientización popular sobre el destino de Brasil y del planeta. Marina Silva prescindirá de los profesionales del marketing político y entrarán en campaña los seguidores de Paulo Freire».

«Esta es la diferencia de la candidatura de Marina. Serra, desde la altura de su arrogancia, estimula la candidatura de Marina para derribar a Lula y mantener la política de crecimiento y concentración de riqueza. Lula, a su vez, levanta la bandera de la unión de la izquierda contra Serra, pero también para mantener la política de crecimiento y de concentración de la riqueza, aunque mitigada por políticas sociales».

«Marina representa otro paradigma. No más la mala utopía del progreso sin fin, sino la buena utopía de la armonía planetaria. Nuestra visión no se restringe a 2010-2014. Estamos mirando la gran crisis de 2035 y buscando evitarla mientras hay tiempo, o en la peor de las hipótesis buscando alternativas para afrontarla».

Por amor a nuestros hijos, nietos y nietas, tenemos que dar fuerza a la candidatura de Marina. Y que Paulo Freire nos ayude a hacer de esa campaña electoral una campaña de educación popular de las masas.

Yo digo con Víctor Hugo: «No hay nada más poderoso en el mundo que una idea cuyo tiempo ya llegó».

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, más información en Wikipedia
(*) Cebs: Comunidades Eclesiales de Base (Teología de la Liberación). En Brasil hay miles de Cebs.

23/5/08

Para Marina Silva: «política sin teología es puro negocio», por Leonardo Boff


La salida de Marina Silva del Ministerio de Medio Ambiente representa una enorme pérdida de calidad política del gobierno Lula. Por calidad política entiendo la competencia del gobernante de mantener la unidad de los contrarios, esos contrarios inherentes a toda convivencia social y democrática, que confiere dinamismo y vida a la sociedad. Marina Silva representaba en el gobierno un polo decisivo y fundamental para una política responsable por el futuro de la vida y de la integridad del Planeta: el cuidado del medio ambiente global y de las condiciones ecológicas que garantizan la vida en toda su inmensa diversidad. En el otro polo están otros, en mayor número, que persiguen un proyecto que nos remite al siglo XIX, de crecimiento material acelerado y a cualquier precio, sin considerar la mutación de las conciencias ocurrida en Brasil y en el mundo principalmente ante las peligrosas transformaciones negativas del estado de la Tierra, ocasionadas en gran parte por dicho proyecto. Misión del gobernante es ser un hombre de síntesis, capaz de articular los polos y tener la sabiduría suficiente para tomar decisiones estratégicas, incluso difíciles, que garanticen el futuro de nuestra existencia en este pequeño Planeta. El actual presidente había demostrado esa capacidad de síntesis. Pero esta vez, nos parece que se ha producido un desastroso desequilibrio. Con la ausencia de Marina Silva existe el peligro del pensamiento único y de la obsesión furiosa por el crecimiento, haciendo crecer nuestra deuda con la naturaleza y con las generaciones futuras.

La ex-ministra Marina Silva mantenía una tenaz coherencia con la misión que se propuso, de introducir a partir de su Ministerio la transversalidad del cuidado ecológico en todas las instancias del poder, en el esfuerzo de conferir una dirección innovadora, y a la altura de los desafíos contemporáneos, al desarrollo socio-ambiental sostenible. Fue vista como obstáculo al crecimiento y como impedimento a la modernización. Y efectivamente lo era y tenía que serlo. Lo que sabemos de la historia y de la experiencia reciente hace imposible continuar con el tipo de crecimiento retrógrado que se propone la acumulación a costa de devastar la naturaleza y de profundizar las desigualdades sociales. Hay que estigmatizar esa modernización conservadora y socialmente generadora de tantas víctimas, en el campo y en las ciudades. Las presiones contra la ministra venidas desde el interior del propio gobierno y del exterior, de grupos poderosos ligados a lo pecuario y al agronegocio, minaron la sustentación política y la viabilidad de su trabajo, especialmente en lo que se refiere a la conservación de la selva amazónica. Se retiró del ministerio por la puerta de delante, con elevado espíritu público y ético, manifestando lealtad y fidelidad al presidente.

Marina Silva era una de las reservas éticas del gobierno, una referencia de credibilidad para Brasil y para el mundo. Pero la ética era poco para ella. La movía una inspiración espiritual, de servicio a la vida y de protección de todo lo creado. Ella me hace recordar la frase de un gran pensador de la escuela de Frankfurt que fue un riguroso marxista y materialista: Max Horkheimer. Al final de su vida escribió un sugestivo libro: El anhelo del totalmente Otro. En él, como marxista y no como cristiano, dice: «una política, sin teología, es puro negocio». Y explicaba: «teología significa aquí, la conciencia de que el mundo no es la verdad absoluta, que no es el fin; teología es la esperanza de que todo no acabe en la injusticia que tanto marca el mundo, que la injusticia no tenga la última palabra».

Considero que Marina Silva mostró en su vida y práctica la verdad de esta sentencia. Por eso le estamos todos agradecidos y en deuda.

Fuente: Koinonia
Más información de Marina Silva en Wikipedia