Mostrando entradas con la etiqueta Jon Sobrino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jon Sobrino. Mostrar todas las entradas

3/10/07

Mi reino sí es de este mundo


La minoría crítica que forma la Iglesia de base sortea cada día las dificultades impuestas por la jerarquía episcopal.

Esteban Velázquez es jesuita. Nació hace 50 años en Las Palmas y participará este año en la campaña de la fresa en Huelva. Tiene las manos tan trabajadas como sus convicciones. Ha recorrido toda la geografía de los oficios. Ha vareado olivos en Jaén y acarreado uvas en Francia. Ha recogido algodón en Córdoba y fruta en Lleida. Se ha roto las manos como peón de obra en Las Palmas y se le han mareado de apretar siempre la misma tuerca en la fábrica de Mercedes Benz de Stuttgart, en Alemania. Esteban es un sacerdote obrero. Es un cura distinto y ha pagado las consecuencias.

"La Iglesia es un antro de poder disfrazado de Evangelio. No tiene justificación que la Iglesia sea un estado, ni el machismo eclesial, ni esa forma feudal de vivir, vestir y ejercer la autoridad de los obispos". Esteban es un cura de base. Último ejemplar de un género en vías de extinción.

En el año 2000, el responsable de la diócesis de Canarias era Ramón Echarren. Tenía fama de abierto, pero retiró a Esteban Velázquez de todos sus cargos diocesanos. No fue una sorpresa. En los años 80, Esteban Velázquez había trabajado en El Salvador. Vivió la guerra y convivió con la guerrilla hasta que fue expulsado por sus superiores.

El cura limpiacristales

Once años después, coincidiendo con las elecciones generales del 12 de marzo de 2000, se realizó en más de 450 localidades de toda España la Consulta Social por la Abolición de la Deuda Externa. Se consiguieron más de un millón de votos favorables a la abolición de la deuda. Esteban Velázquez trabajó a favor de esta iniciativa en Las Palmas y, en esta ocasión, del aviso se pasó al castigo. Esteban fue desposeído de cargos y obligaciones en la diócesis, y volvió al trabajo manual como limpiacristales. Esteban promueve ahora, desde Sevilla, la iniciativa Cambio personal, justicia global, impulsada por los jesuitas.

"¿Doloroso? En absoluto. Lo esperas de antemano. La persona que no tiene claro que si toma una línea de trabajo va a venir el conflicto es un ingenuo; contaba con eso. Lo peor fue la insolidaridad de aquellos compañeros de los que esperaba apoyo".

Esteban habla de "silencios cómplices". Los había sufrido mucho antes. En la década de los sesenta, cuando la dictadura daba sus últimos coletazos, él apoyaba las reivindicaciones que pedían libertad sindical. Aquello le costó un mes de cárcel.

Rozar el límite

Emiliano de Tapia
trabaja en el centro penitenciario de Topas, Salamanca, desde hace ocho años. Pronuncia constantemente la expresión "nuevas pobrezas" y las conoce bien. Trabaja con ellas en primera persona. "Son realidades nuevas, la soledad de los mayores, los que no tienen techo, la cárcel, los drogodependientes, la prostitución. El nuestro es un trabajo de acogida y denuncia", señala y silabea para subrayar la palabra denuncia. "Es una realidad que pasa desapercibida. La Iglesia está lejos de esta situación, igual que no se percibe tampoco en la sociedad".

Emiliano tiene 56 años. Su día a día transcurre entre el barrio en el que vive, la cárcel en la que trabaja y el medio rural del que procede. "Hay una Iglesia oficial que se aferra al poder, a las formas, a lo que nos separa en lugar de buscar lo que nos une, en vez de abrazar a los pobres". Este cura salmantino desarrolla un intenso trabajo social en su parroquia del barrio de Buenos Aires. Es una voz crítica, pero "nunca he sido reprimido, puedo haber recibido algún toque de atención en alguna ocasión, pero nada más".

Emiliano de Tapia conoce perfectamente el catálogo de temas "sensibles. Son los que plantean realidades novedosas como el protagonismo de la mujer, incluso en el sacerdocio, o la posibilidad de que los curas puedan casarse. En estos casos, sí hay alguna llamada de atención, sin más. Igual que cuando se tocan temas de sexualidad". Emiliano representa a un clero sin despachos ni moqueta. "La Iglesia se ha dejado envolver dentro de un sistema de poder económico. Debe abrirse a la sociedad y proclamar que Dios está con los pobres". Recién desempolvadas las misas en latín, Emiliano se lamenta de que se rescaten elementos que "nos separan". Lo mismo piensa del clerigman, el traje de chaqueta con alzacuellos. "No creo que vestirnos así nos ayude a acercarnos a los más pobres".

La parroquia que resiste

Emiliano ha sorteado siempre las llamadas de atención. Enrique de Castro no ha podido. En la fachada de su parroquia, San Carlos Borromeo, hay una pintada en la que se lee "Pasa, no te quedes en la puerta". Los vecinos del deprimido barrio madrileño de Entrevías, en el que trabaja, llenan la iglesia en cada celebración. El arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, quiere cerrarla en contra la opinión del barrio. En uno de los muros del templo, una mano anónima ha escrito una de las bienaventuranzas: "Dichosos los perseguidos por ser justos". Junto a la iglesia de San Carlos Borromeo, hay dos parques sin hierba desde los que se escucha el tren cuando lo permite el ruido de los coches.

En casa de Enrique de Castro, conviven media docena de personas. "Van y vienen, son amigos en situación de necesidad". Hoy cocina él. Colgó hace muchos años un apellido compuesto para ponerse al servicio de los que, por no tener, apenas tienen esperanza. "La parroquia se ha convertido en un símbolo. Aquí se enfrentan una Iglesia de poder y otra de base". Enrique es optimista: "Al sector ultra ortodoxo le espera muy poco futuro porque tiene una forma muy grosera de hacer Iglesia". Este cura de Vallecas colecciona un largo historial de desencuentros con la jerarquía episcopal, aunque no se siente "en absoluto" perseguido. "No les gusta lo que hacemos, y sigo sin entender por qué; siempre que me dicen algo contesto lo mismo: no quitéis a los pobres el lugar en el que celebran su fe".

Enrique fuma sin parar mientras habla de manera muy pausada, para asegurarse de que se le entiende. "En la jerarquía, hay un miedo tremendo a perder el poder, por eso tienen claro qué temas les molestan. Puedes atreverte con temas sociales, les preocupan menos, el problema es dar tu opinión sobre asuntos eclesiásticos, ahí siempre hay respuesta".

Enrique de Castro sonríe con desdén cuando se le pregunta si hay una ofensiva laicista. "Aquí no hay ninguna ofensiva, lo que hay es un enorme pasotismo hacia la Iglesia y no hay que buscar las causas fuera, no podemos echar siempre a otros la culpa".

La Iglesia en la Red


Hay otra Iglesia muy viva "pero minoritaria", matiza Enrique de Castro. Es una Iglesia de la que forma parte también Eusebio Losada, Uxe. En mayo de 2005, escribió un artículo en el que defendía el derecho de los homosexuales a contraer matrimonio. Las consecuencias no tardaron en llegar. Este cura bilbaíno de 50 años impulsa Kristau Sarea, una red de cristianos en Vizcaya que defiende "una Iglesia abierta, democrática, con reconocimiento del pluralismo". Esta iniciativa forma parte de una coordinadora estatal que han denominado Redes Cristianas (www.redescristianas.net). Tienen una presencia muy activa en Internet."La Iglesia oficial es la Iglesia del miedo, que gobierna con miedo y mete miedo a los demás", asegura Eusebio. "A mí también me han tocado las amenazas".

Hay atajos para evitar problemas, pero le ha parecido más coherente no tomarlos. "Hay miedo a perder el poder, el dominio, la dirección de las conciencias, hay miedo al Evangelio mismo, que si es algo, es precisamente libertad. Puedes pensar de manera diferente, pero no decirlo". Eusebio lamenta el regreso de elementos preconciliares, rescatados "para que lo de siempre sirva para siempre", algo que va "contra los tiempos y la esencia de ser de los cristianos, que, si debemos ser algo, es ejemplo y fermento". Eusebio se hizo cura con una dedicación especial a la educación. Ha sido párroco de barrios y pueblos obreros.

"Se nos acusa de disidentes, pero no es así. Quiero a mi Iglesia de todo corazón, la quiero muchísimo y todo lo hago pensando en su bien. Jamás he actuado desde el resquemor o el resentimiento. Todo lo que hago, lo hago por amor", concluye Uxe.

Una mujer párroco

Ésa es también la premisa de la que parte María José Arana, 64 años, religiosa y teóloga feminista. Su voz crítica se ha estrellado en muchas veces contra la doctrina oficial, aunque eso no ha impedido que siga trabajando para reclamar un papel de igualdad para las mujeres en la Iglesia. "A los varones de Iglesia, no les gusta que les recordemos estas cosas, pero debemos seguir haciéndolo, con respeto y mucho amor a toda la Iglesia, a toda: a la jerárquica y a la Iglesia de base, a los varones y a las mujeres".

De 1982 a 1991, María José Arana fue "párroco" en un pequeño pueblo del País Vasco. Fue la primera de España. Ha escrito una docena de libros y colaborado en medio centenar. Uno de ellos se titula Mujeres sacerdotes, ¿por qué no?. "Creo que el papel, la situación y el estatus de las mujeres en la Iglesia deberíamos ser las mismas mujeres las que los marcáramos. Nosotras no marcamos límites a los varones ¿Por qué ellos pueden interpretar solos cuáles son nuestros límites?".

María José defiende una relación de plena igualdad. "Es necesario que lo femenino y lo masculino estén totalmente presentes en toda la Iglesia". El futuro inmediato, sin embargo, no parece contemplar esta posibilidad: "Siento que la situación de las mujeres en la Iglesia va bastante a la zaga respecto a su situación en la sociedad civil". ¿Tiene esperanzas de que cambie? No demasiadas. "No cabe duda de que para muchos y muchas que vivimos con intensidad y juventud el tiempo postconciliar, no es fácil vivir con grandes optimismos el momento actual de la Iglesia, aunque, evidentemente, sin perder la esperanza".


Fuente: Artículo de Miguel Ángel Marfull en Público (02/10/2007)

17/6/07

Entrevista a Jon Sobrino. Radicalmente cristiano


Como no hay mal que por bien no venga, la última bronca que le montó la curia vaticana a Jon Sobrino, que no fue ninguna tontería, con notificación incluida, ha servido para que este jesuita empecinado en la defensa radical de los más oprimidos sepa lo que son los blogs. Aquellos días de marzo de este mismo año, cuando resurgió de las más abruptas entrañas de la Tierra el Tribunal para la Doctrina de la Fe -léase la Inquisición de nuestros días- para tirarle de las orejas y echarle en cara, una vez más en los últimos 30 años, sus desviaciones sobre la línea oficial, este cura amigo y compañero en El Salvador de Ignacio Ellacuría y monseñor Romero, este pastor que admite sin remilgos su vocación revolucionaria, pudo leer una avalancha inaudita de reacciones a favor y en contra en los foros libérrimos de Internet. Pese a lo encendido de algunos comentarios, Sobrino, por el contrario, guardó silencio. Se apartó del mundanal ruido quizá un tanto asustado por el ambiente, aunque no por encararse a la autoridad, cosa que ha hecho toda su existencia aun a riesgo de que le mataran.

De hecho, esta nueva llamada de atención no va a hacerle bajar las orejas, al menos por lo que uno puede deducir después de dos horas de conversación con él sobre lo divino y lo humano. Si no lo consiguieron en los años setenta y ochenta los paramilitares salvadoreños que instauraron un más que grotesco lema, "Haga patria, mate un cura", ni tampoco los grandes patriarcones centroamericanos, ni los mismísimos politicastros que ahogaban en esos días con una bota militar el futuro de lo que consideraban el patio trasero de su casa con jardín del Norte, es difícil que se asuste de los que han sido recién investidos con nuevas púrpuras. Si se salvó, aquel funesto y negro 16 de noviembre de 1989, de aquella matanza que después muchos han convertido en martirio, cuando unos salvajes entraron en la Universidad Centroamericana (UCA) y asesinaron sin miramientos a ocho de los suyos -seis compañeros jesuitas y dos empleadas de la casa-, no debió de ser en vano.

Le gusta rememorar uno a uno sus nombres, justo como cuando le dieron la noticia; primero le hablaron de Ignacio Ellacuría, después le enumeraron al resto de la lista: Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Amando López, Juan Ramón Moreno, el salvadoreño Joaquín López-López y, sobre todo, a quienes más le indignó que pagaran aquella caza macabra: la empleada de la UCA Elba Julia Ramos, cocinera, y su hija Celina, de 15 años, testigos de una barbaridad que tuvieron la mala fortuna de encontrarse frente a frente.

Hoy, de paso por Madrid, lo recuerda todavía con la justa emoción, pero con la evidente cicatriz del paso del tiempo en su mirada limpia. Sobrino parece de esas personas sabias que han sabido extraer, sobre las tragedias más injustas de la vida, conclusiones positivas. Por eso se muestra obsesionado por hablar; no de la inquina y el odio que arrebató a los suyos y a quienes él consideraba su familia de la faz de la Tierra, sino de la bondad que quedó. De la semilla que sembraron, del fin positivo de todas las cosas, aunque muchas veces sea necesario hacer verdaderos esfuerzos para llegar a él.

El propio e íntimo sufrimiento ha sido su mayor fuerza. La conciencia de fragilidad que le da cada día estar a expensas de los bajones de una diabetes muy aguda, y el hecho de haberse salvado por casualidad, gracias a encontrarse en Tailandia dando un curso, de su muerte segura, han forjado en él una proverbial valentía. Una desafiante serenidad construida a base de esa autoridad que no pueden retar moralmente quienes se sientan en los sillones confortables de los despachos; esa altura que da estar en primera línea del frente, expuesto a los más feroces ataques, a morir incluso por un gramo extra de justicia.

Dice que pobres son quienes no tienen asegurado comer tres veces al día; que él, al fin y al cabo, es un privilegiado por disponer garantizada hasta la insulina. Pero pobres son también para él, mente privilegiada con cuatro carreras -teología e ingeniería entre ellas- que a los 18 años abandonó su Bilbao natal y a su familia para dejarse la piel en ese lejano El Salvador que le ha dado nacionalidad y sentido a su vida, quienes son pisoteados, humillados, arrastrados, heridos, injuriados... Todos aquellos sujetos siempre anónimos que merecen reparo; esos desheredados para los que en su día Leonardo Boff, el propio Ignacio Ellacuría, él mismo y tantos otros comenzaron a predicar la Teología de la Liberación, esa doctrina revolucionaria que asusta tanto a los próceres en los pasillos del Vaticano y que Juan Pablo II y ahora el papa Ratzinger se han empeñado, con una fijación obtusa, en enterrar. Pero Sobrino y los suyos parece que no van a dejar que se saque de ese hoyo ni una sola palada.

Con la Iglesia sigue usted topando. ¿Cuándo fue la primera vez?

Toparse en castellano significa algún tipo de encuentro inesperado o encontronazo. Y la Iglesia es una realidad de muchísimos seres humanos. Con 68 años, en la Iglesia me he topado ante todo con Jesús de Nazaret y después con otras cosas. Una, la primera, cuando yo tenía veintitantos años, con Juan XXIII, que hablaba de un Jesús que bien puede hacer presente la Iglesia o que lo puede ocultar. Los jesuitas estamos en la Iglesia, y en ese sentido me he topado con el padre Arrupe, y en El Salvador me topé con algo que creo que en conjunto es lo mejor: campesinos, oprimidos, pobres, gente sencilla, con gran amor a los demás y con mucha fe en Dios. Al español de hoy, esto le puede sonar a religiosidad fácil o superstición. Pero no tiene por qué ser así. Gente que estaba decidida a arriesgar todo no por una causa, ni por pertenecer a tal o cual partido, sino por amor a los demás. Así surgieron entonces en El Salvador lo que yo llamo mártires.

¿Por qué mártires?

Son aquellos que en vida y en muerte se parecen a Cristo. En vida porque han tratado de defender al pobre, denunciar al opresor, y en muerte porque acaban crucificados en esa cruz que es terrible y expresión de un gran amor. El símbolo de ese tipo de mártir, con el que yo me topé -y cuando lo escribas pon que cuando pronuncio topar cambio el tono de voz, para aclarar, ¿verdad?-, para mí fue monseñor Romero. Pero es evidente que yo he tenido con otros sectores relaciones más tensas, y estos días se ha hecho público que a varios de nosotros, entre ellos también el padre Ellacuría, las congregaciones nos han cuestionado. A mí, varias veces me han pedido dar cuenta de mis escritos porque creen que mi teología no es adecuada, que contiene errores, que es peligrosa. Estos días se ha hecho público en varios medios de comunicación, tanto lo que ha dicho el Vaticano como lo que han expresado otros teólogos, muy respetables, que no comparten las amonestaciones. Y, por cierto, aprovecho para hacer una aclaración: la carta estrictamente confidencial que escribí al padre Kolvenbach apareció en la prensa sin mi conocimiento ni autorización. Volviendo al asunto. La tensión con esa porción de Iglesia, con algunos jerarcas, ha sido para mí habitual durante 30 años. Ellos también son Iglesia. Pero para mí, ante todo, lo son quienes nos hacen presente a Jesús. Yo me topé con esas gentes. Me enseñaron a vivir con esperanza, con menos egoísmo, con alegría.

¿También le ha marcado una cierta conciencia de superviviente, después de haberse salvado de una matanza o ver como caían otros, como monseñor Romero?

Aquello fue un shock. Estaba en Tailandia precisamente dando un curso de cristología, hablando de pueblos enteros crucificados.

Ochenta mil en El Salvador...

Así es. Pero le cuento cómo recibí aquella noticia. En Tailandia eran las doce de la noche y un amigo me llamó de Londres. Tuve la sensación, por la hora, de que algo serio había pasado, y pensé: Ellacuría. Mi amigo me preguntó: "¿Tienes papel y lápiz? Han matado a Ellacuría, y a Nacho, y a Santiago Montes, y al padre López-López, y a Juan Ramón Norea, y a Amando...", y así siguió. Y ahora ya no siento ni el dolor, ni el shock, ni la indignación de entonces, pero en el fondo me pasa lo mismo, como si me fueran quitando uno a uno jirones de piel. Pero mi máxima indignación fue cuando me dijeron lo de la cocinera y una hijita suya, y si lo cuento no es para que suene lírico, es porque lo siento. Porque que mataran a Ellacuría era una barbaridad, pero ¿cómo no le iban a matar? Predicaba contra los sumos sacerdotes, los fariseos, el opresor..., no era sorpresa. Ahora, que mataran a una cocinera que pasaba escondida la noche en nuestra casa porque la guerra había llegado a la ciudad y no era seguro salir, eso superaba las reglas del mal. Quedé en silencio y paseé por una playa que estaba cerca con un compañero que venía conmigo. En un momento me dijo: "¿Has pensado por qué no te han matado a ti?". Y me salió una respuesta tomada casi de antiguas vidas de santos: "Pues se ve que no soy digno". No sabía qué decir. Al día siguiente hicieron allí una misa, con un altar de flores precioso, y yo comenté: "Tengo una mala noticia que daros: han matado a toda mi familia. Pero tengo una buena noticia también: he vivido con gente buena". Así pienso hoy día.

¿Cómo estas personas tan próximas al martirio, que se han jugado el pellejo, no se las reconoce como a auténticos Cristos en su Iglesia?

Yo tampoco lo entiendo. Me preocupa y a veces me indigna. Mi esperanza es que pronto, oficialmente o con algún signo eclesial que todo el mundo entienda, canonicen a monseñor Romero y a todos los mártires latinoamericanos y del Tercer Mundo. Ya he dicho que me entristece que no ocurra. Pero también he dicho que no me gusta ser profeta de calamidades. A veces pienso que los medios encubren muy interesadamente la maldad y las aberraciones, pero que encubren todavía más la bondad. El amor de aquellas personas está vivo en muchos. En sus aniversarios se juntan multitudes. ¿Qué hacen allí? Recordar que han visto y oído cosas buenas, y cuando digo buenas me refiero a enseñanzas que les han dado dignidad. Recuerdan, con lágrimas, a hijos muertos, inocentes a los que han denigrado; que los han llamado comunistas, algo que allí es equivalente a calificar a alguien de terrorista aquí.

Eran los tiempos de "Hagan patria, maten un cura"...

Exactamente. Y en esas procesiones, las madres les dicen a sus hijos que su padre no fue un criminal, sino un buen hombre, generoso, que se organizó en movimientos políticos y lo mataron. Luego, claro, allí, Dios suena a algo real. Pero ¿cómo es Dios para ellos? Esa fuerza, ese misterio que ni vemos ni tocamos, de alguna manera nos conoce, nos quiere, nos da dignidad. Que luego le pidan milagros, a mí me parece muy bien, porque si no tienen seguro social, ni dinero, ni nada, si Estados Unidos ni la Unión Europea les arreglan la vida, ¿qué van a hacer? Es cierto que ese misterio también puede ser alienación. Psicólogos, psiquiatras, economistas habrá que lo analicen, a mí no me acaban de convencer del todo. Los que nada tienen, de Dios sacan fuerza para vivir, y en esto no veo alienación.

No le convencen porque ustedes han visto en Dios una materia revolucionaria, más que de resignación.

Entiendo, entiendo. Estoy de acuerdo. Si no hay más que ver. Jesús de Nazaret, ¿qué dijo? Ay de ustedes los ricos, que han comido y han gozado, sufrirán. Los que pasan hambre, los que lloran, comerán y reirán. Esas palabras hay que hacerlas históricamente eficaces, hay que buscarles modos concretos. Pensar en Jesús, en Dios, así, entonces era y es revolucionario.

¿Entonces? ¿Cuándo es entonces?

Los años setenta, ochenta. Todavía ahora queda algo. Revolucionario quiere decir eso: darle vuelta a las cosas. La revolución no se da sólo en el ámbito político, sino en el humano; pensar distinto, tener esperanza, que no vivamos en un mundo sumamente injusto como el actual, con las democracias más importantes a la cabeza. Una revolución en la esperanza, en la caridad..., una famosa palabrita que ya no creo que se use...

Pues porque a la caridad, el sentido que le ha otorgado la Iglesia es el de esa propina para los pobres. ¿Ustedes le han dado valor revolucionario?

De nuevo hay que distinguir cosas al hablar de la palabra Iglesia. Cierto es que hay una tradición y una doctrina de la Iglesia en que la caridad se entendió más como acaba de decir. Pero con Juan XXIII, incluso con Juan Pablo II, tiene más que ver con el amor, con el sentido de la justicia. Con proclamar una verdad que defiende al pobre frente a quien le oprime. Pero yo también creo en el equivalente a cariño, ternura, delicadeza. Un ámbito del amor distinto al de justicia que humanizan personal y socialmente. Lo que no se puede admitir es el sentido que le daban algunas novelas del siglo pasado, en las que salían marquesas que hablaban de "mis pobres", ¿verdad? Y ojalá tampoco lo digan hoy, entre otros lenguajes, Iglesias, Estados, ONG.

Aun así, como concepto, sigue en crisis.

La justicia está en crisis en la Iglesia. No creo que se vuelque hacia ella con todo el peso social que tiene. Y no digamos en la sociedad. Al viajar a Europa o a Estados Unidos no veo que los pueblos y sus Gobiernos vivan y se desvivan para que 2.000 o 3.000 millones de seres humanos puedan simplemente vivir...

Puede que la gente que tiene las necesidades cubiertas crea que ya ha pasado la revolución, que no la necesita.

Sí, y se ríen un poquito de todo esto. Pero es que la esencia que mueve el amor y los cambios está en no empezar por uno mismo. Hemos ido aprendiendo cosas. Es normal que uno se fije en sus hijos; pero mientras no se salga de ese yo familiar, no hacemos nada y somos ignorantes.

En cuanto a señalar a los pobres, a veces es la jerarquía la que nos hace caer en la cuenta de que existen condenando determinadas prácticas, como ha ocurrido en Madrid en la parroquia de San Carlos Borromeo que quieren cerrar.

Evidente. Me da tristeza que no haya creatividad cristiana para que la Iglesia institucional no resuelva estos problemas y no dialogue. Que los medios lo saquen a relucir puede ayudar. Pero debemos ir a lo profundo. Hay mucha gente..., religiosos silenciados que hacen una gran labor, pero no se sabe, no se difunde porque hoy existe un cierto miedo al bien. La bondad se silencia. ¿Por qué? Porque nos viene a decir que es posible, que es asequible a todo el mundo, y que no se ejercita porque nos exige algo. No sólo la heroica, la del día a día.

Quienes primero tienen miedo de hacer explícita esa bondad parecen estar en la Iglesia, porque no es normal que a ustedes o a quienes andan por el Congo o comprometidos aquí con marginados se les azuce. Mucha gente se pregunta por qué no se han salido ustedes. Qué les hace seguir dentro de una organización que les maltrata.

Yo le contaré mi caso. No me he salido porque nunca se me ha ocurrido. He visto un "invierno eclesial", que decía Karl Raher. Un retroceso en la entrega sincera a los pobres de este mundo. Pero sigo en la Iglesia. Porque veo un sentido en esta tradición de Jesús que, al pasar por la Iglesia, por un lado se ha deteriorado muchísimo. Eso, sin duda. En ella me entrego a Jesús de Nazaret, con problemas fuera e inmensas incoherencias de la Iglesia con ese Jesús, y con problemas dentro, mis limitaciones, épocas de gran oscuridad; pero me encuentro en mi casa, con innumerables compañeros con los que caminar. En esa casa siento una gran luz y ánimo en medio de las decepciones. También vengo de una tradición democrática, cuyos Estados han asesinado a millones de seres humanos inocentes, violentamente, con bombas atómicas y convencionales, con torturas y guerras injustas, con políticas comerciales que pueden aumentar la muerte por hambre. Y, sin embargo, hay seres humanos que honradamente pueden seguir esperando el advenimiento de la libertad, la igualdad, la fraternidad. Cuando preguntas a alguien por qué no se sale de su visión democrática, puede responder: porque están representados todos los partidos y yo me apunto al que más me convence. En la Iglesia, lo mismo. Hay varias tendencias.

Pero el Espíritu Santo siempre tiende a elegir a los mismos.

Bueno, el Espíritu Santo, así nombrado, con perdón, es poco riguroso. No es el ministro de Asuntos Exteriores que designa embajadores. Es ese misterio que llamamos Dios, y que tiene fuerza; no poder, fuerza. A Dios lo empequeñecemos seriamente cuando empezamos a hablar de él en términos de poder. ¿Para qué le sirve la fuerza? Ah, para que los seres humanos hagamos el bien. El Espíritu no es eso que está sobrevolando en un cónclave...

Son metáforas, padre, metáforas.

Sí, pero metáforas que desvían. Espíritu significa viento, fuerza. Yo, ¿dónde lo he encontrado? En Juan XXIII, en Arrupe, en un compañero jesuita, Javier Ibisate, que acaba de fallecer; lo veía en Gorbachov, se ve en los campos de refugiados de Bukavu... Cuando he estado con gente que ha dicho: aquí nos quedamos. Ya está.

Aun así, y aunque crea usted que la Iglesia no es poder, que resulta evidente que lo es, siempre se fija en los mismos.

La Iglesia debe ser ante todo fuerza, pero, en la realidad, también es poder. Lo sé muy bien. El espíritu a veces no está en la Iglesia cuando no se hace el bien, sino el mal. Pero está cuando somos fieles a Jesús. Dice él en el Evangelio de Lucas: "El espíritu está sobre mí, me ha configurado. ¿Para qué? Para dar vista a los ciegos, para hacer caminar a los cojos, para anunciar una buena noticia y para liberar a los pobres. Él comprende así al Espíritu. Entonces, ¿dónde lo veo yo? ¿Donde está el poder? No. Ahí es donde aprecio lo que constituye a los seres humanos, que lleva también al egoísmo, al sometimiento, a la falta de entendimiento. Esta sociedad necesita espíritu, y no sólo espíritu crítico, sino otras cosas; espíritu que nos dé fuerza para la reconciliación.

¿Dónde?

Aquí, en África, en Naciones Unidas...

Ya, porque eso le iba a preguntar. Pese a lo lejos que le queda España, ¿cómo ve el conflicto en el País Vasco, que es su tierra natal? Ya notará cómo andan por aquí los cuchillos. ¿Tendrá su opinión?

No soy muy amigo de tener sólo opiniones. Leo ahora los blogs, que están llenos de eso, de opiniones. Y se pueden decir cosas verdaderamente disparatadas. Ante asuntos serios no me gusta expresar sólo opiniones. Yo, ¿qué observo? Se ha llegado aquí a un buen vivir que es en la práctica un absoluto, un ídolo, y eso dificulta muchas cosas. Esto lo tengo meditado, no es sólo una opinión para un blog...

Le tienen obsesionado los 'blogs'. No los lea, hombre. No conducen a la felicidad.

Bueno, pero son una realidad, como los partidos de fútbol. Hay partidos en los que 44 piernas corriendo equivalen casi al presupuesto de un país africano como Chad. Que eso ocurra...

Es pornográfico.

Obsceno, yo lo he escrito. Eso me impacta. Lo de ETA, por otra parte, es serio, evidentemente. Yo soy de allí, pero no tengo fórmulas. Mi esperanza es, a medio plazo, humanizar aquello..., gentes, ideas, esperanzas. No sé cuánto llevará.

Al menos una generación. Pero veo que a usted no le preocupa el hecho de que tenga que haber una negociación tarde o temprano, que es evidente, sino cómo curará esa herida después de años de violencia.

Supongo que acabará con algún tipo de negociación. Pero eso lo hacen seres humanos. Se debe hacer con perspectiva política para que salga bien; pero todo eso, además, debe tener en cuenta el factor humano. No me es fácil hablar de esto. Tengo esperanza en que podamos vivir humanamente unos con otros. Y eso significa no tener miedo a no poner el problema en términos de vencedores y vencidos. Algo de eso he aprendido en El Salvador. La esperanza de reconciliación es posible, los seres humanos pueden perdonar.

¿Qué le ha molestado a la Iglesia de su idea de Cristo? ¿Por qué llevan 30 años mareándole?

Bueno, se ha hecho público. En el Vaticano dicen que yo presento a un Cristo muy humano, cercano a los pobres, y que eso les parece bien, pero que no expreso con suficiente claridad su divinidad. Hay teólogos capaces y responsables que piensan que mis escritos no incurren en esos peligros.

A lo mejor es que esa divinidad es radicalmente humana.

Sí, sí, sí, es que está en la doctrina más tradicional de la Iglesia. La clave está en cómo esa divinidad se ha hecho visible. En la fe cristiana, a diferencia de otras, se da un paso crucial, y no así en otras: que ese misterio se hizo presente. Que Jesús es el sacramento. Fue Jesús de Nazaret el que dice tener una idea de humanidad. Los bienaventurados, los sencillos, los limpios de corazón, quienes luchan y trabajan por la paz y la justicia. Es el de la palabra del Buen Samaritano.

Es el mismo Jesucristo, entonces, quien pone en evidencia esa doctrina. Su mensaje radical es humanismo. ¿Cómo la jerarquía no lo entiende, o ese tribunal...? Por cierto, ¿cómo es ese tribunal?

Pues un tribunal que se reúne en Roma, que analiza los aspectos teológicos y juzga si están o no de acuerdo con la doctrina de la Iglesia.

¿Pero usted ha estado?

No, mi contacto ha sido por escrito.

¿Qué les ha dicho?

Pues lo que se ha hecho público. Que el misterio de Dios se hizo presente en Jesús. Que es la encarnación del hijo eterno del padre que es divino, pero que lo que nosotros vemos es el producto de esa encarnación. Que el misterio de Dios pasa por este mundo en él y que estuvo a merced de los poderes de este mundo; por eso no me gusta llamarlo omnipotente, porque lo insultan, y él no tiene más que dejarse insultar y acabar en la cruz. Lo que podemos saber de él es lo que se ha hecho presente aquí. Hay teólogos que hablan de un Dios crucificado. Jesús es esa realidad humana, transparente, que también se ha visto en otros.

Y esa divinidad que ha apreciado usted en otros estaba en los mártires de El Salvador. ¿Se siente usted una especie de apóstol de ellos al haber sobrevivido?

Jesús se ha hecho presente de una manera especial, pero, indudablemente, ese Dios se ha hecho presente además en muchos otros. En Ellacuría, en monseñor Romero..., en muchos. En cuanto a lo de sentirme apóstol de ellos, pues sí, pero sin dramatizarlo. No tengo conciencia en absoluto de haber llevado la antorcha de Ellacuría, pero sí siento una fuerza que me empuja a seguir por ese camino, con la idea de pertenecer a una tradición, a un grupo.

¿Cómo les recuerda?

Cada uno tenía su forma de ser. Ellacuría era ocho años mayor que yo y era el discípulo predilecto de Zubiri, y éste lo llamaba a él; era un filósofo impresionante que usó su conocimiento para bajar de la cruz a los crucificados. Tenía las limitaciones de todo ser humano, pero esa idea de que en El Salvador se encontró con un cuerpo crucificado...

Que debía liberar...

Así es. Eso era lo positivo. Y, simultáneamente, enfrentarse a todos aquellos que han crucificado a los pueblos.

Era todo un radical, ¿no?

Sí, pero radical con amor radical al pueblo víctima. También fue un filósofo crítico. No aceptaba cualquier enfoque de Dios crédulamente. Se movía como filósofo en un mundo donde Dios no era lo evidente.

¿Usted también?

Sí, claro, los filósofos de ahora son agnósticos.

Pero eso les habrá ocasionado enormes y permanentes crisis de fe.

Algunas. De Ellacuría, que no era nada crédulo, he escrito que luchó con Dios, como Jacob. Y pienso que Dios le venció. Aquello no fue para él una cosa sencilla. Uno lee a Nietzsche y ve que es un ateo como Dios manda... Ateo, eh, en serio, no un ateíllo. Pero Ellacuría, por otra parte, vio en otros, como en monseñor Romero, a alguien que tenía presencia de Dios. Y lo dijo. Tres días después de que lo mataran: "Con monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador". Y eso dominó en él más que otras cosas.

O sea, que ustedes vieron en Romero a un santo.

Más. Esa palabra no describe la calidad de mi experiencia.

¿Más que a un santo?

No encuentro términos apropiados. Su palabra, su compasión no sólo nos remitía a Dios, sino que hacía a Dios presente.

Esto, algunos lo podrían ver como una blasfemia.

Espero que no. Romero no era un intelectual, como Ellacuría. Incluso fue moderado y cambió a raíz del asesinato de Rutilio Grande. Entonces se convirtió en un decidor de la verdad. Claro, la verdad en El Salvador era denunciar una opresión espantosa. Sus homilías eran terriblemente duras, pero consoladoras. Su última homilía fue durísima contra la Guardia Nacional. Se dirigió a ellos diciendo: "Nadie está obligado a obedecer una orden de matar. En nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo, les ruego, les pido, les ordeno cesen la represión".

Eran ustedes duros. Porque llegaron a justificar la violencia en algunos casos.

Es una verdad mucho más compleja. La violencia había comenzado mucho antes de que ellos hablaran. Provenía del lado de la opresión criminal de la derecha que mataba a la gente, algunos se organizaron para combatirla a diversos niveles, uno de ellos armado. Ellacuría habló de la redención de la violencia, y una de las condiciones para eso es, primero, cargar con ella. Yo sé que es terrible, pero es eso, estar dispuesto. Aunque antes hay que erradicar también las causas que le dieron origen. Lo que tenía de carga nuestra posición era eso, erradicar la pobreza; acabar con las estructuras económicas, sociales, políticas..., transformarlas. Pero cargar con la violencia quiere decir que te den, así, como suena. Habló de poner fin de manera negociada a la situación salvadoreña. De humanizar la violencia. Pero eso es algo muy creativo. ¿Cómo se hace? Aportando verdad, comprensión, perdón; ofreciendo perdón; aceptando perdón. A Ellacuría, qué curioso, lo mataron cuando él estaba negociando la paz. Era consciente. Me lo dijo: "Ahora que estoy trabajando por la paz es cuando me pueden matar". Y no cuando defendía la resistencia a la violencia. Pero lo decía con serenidad.

Esa diabetes le hace a usted más fuerte, si cabe.

Nunca he hecho drama de ella. Desde hace más de treinta años soy diabético. Me quita energías. Hay momentos peores, una vez tuve un coma, pero la diabetes ya es compañera; si fuera san Francisco de Asís diría: "La hermana diabetes". Pero yo vivo porque puedo comprar insulina, que es cara, y tiritas para medir el azúcar. Puedo vivir, mientras que quienes yo defino como pobres, es decir, aquellos que no dan la vida por supuesta, espero que me comprendan.


Fuente: El País Semanal del 17/06/06

Mis encuentros con Jon Sobrino, por Juan José Tamayo


Dos han sido los encuentros que he mantenido con Jon Sobrino en los últimos meses, y ambos especialmente gratificantes e iluminadores. El primero tuvo lugar a finales de julio y comienzos de agosto del año pasado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, donde ambos impartimos un curso sobre la Teología de la Liberación y mantuvimos un diálogo en torno a la figura de Ignacio Ellacuría, con la asistencia de varios cientos de personas. Él habló de la centralidad de los pobres en la Teología de la Liberación; yo, de las nuevas tendencias de dicha teología. Juntos dimos una rueda de prensa sobre la situación de la Teología de la Liberación y hablamos de la actitud condenatoria del Vaticano. Pero insistimos -especialmente Sobrino- en que el verdadero enemigo de la Teología de la Liberación desde el principio fue el Imperio, que la ha sometido a un verdadero estado de sitio, colaborando con los poderes militares de América Latina en la represión de cristianismo liberador y apoyando la Doctrina de la Seguridad Nacional, que guió la política latinoamericana durante dos décadas.

Escuché a Sobrino varias de sus lecciones y volví a apreciar lo que ya conocía por la lectura de sus obras y por sus conferencias: su rigor terminológico, su solidez teológica, su tono utópico-profético, su opción por los pobres, la necesidad de recuperar la humanidad de Jesús, pero sin merma de su divinidad, la importancia de la praxis -lo más histórico del Jesús histórico-, inseparable de su relación filial con Dios. Ideas que aparecen de manera insistente en sus escritos, y que recupera en su reciente obra 'Fuera de los pobres no hay salvación. Pequeños ensayos utópico-proféticos'.

El segundo encuentro fue en enero de este año en Nairobi (Kenia), donde participamos juntos en el II Foro Mundial de Teología y Liberación en torno a 'Espiritualidad para Otro Mundo Posible', al que asistieron más de 250 teólogos y teólogas así como activistas sociales y pastorales de todos los continentes. Residimos en la casa de los Misioneros Mexicanos de Guadalupe, que nos acogieron con la triple hospitalidad, africana, latinoamericana y guadalupana. Visitamos el suburbio de Kibera, el más grande del África subsahariana, con una población de 800.000 habitantes. Nos sentimos impresionados e interpelados por la inhumanidad de ese suburbio y por la insensibilidad de los poderes públicos, al tiempo que nos conmovió la humanidad de sus habitantes, que nos recibieron cariñosamente con el cálido saludo swahali 'karibu' (bienvenidos). Lo único digno que encontramos en Kibera fue la dignidad de sus habitantes. Ése fue nuestro verdadero lugar social y teológico durante los días que vivimos en Nairobi.

Fue allí donde tuve información de la inminente condena de Sobrino por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de su negativa a firmar la Notificación del Vaticano. Hablé con él sobre el tema y compartimos la común experiencia de la censura vaticana. Me pidió discreción, que mantuve escrupulosamente.

En el Foro de Nairobi, Sobrino analizó las consecuencias que para la teología tenía el certero análisis socioeconómico que había hecho François Houtart anteriormente. La reflexión de Jon Sobrino estuvo marcada por el respeto y la veneración hacia África, por el impacto de la tragedia de Ruanda en 1994, por el recuerdo del obispo Munzihirwa, mártir como monseñor Romero, por las mujeres africanas y por Kibera. Recordó la afirmación del obispo Casaldàliga «África es la shoa de nuestro tiempo», y el título del libro de Luis de Sebastián, 'África, pecado de Europa'. La religión, dijo, nos coloca ante una gran paradoja: luchar por la liberación, pero sin la seguridad del éxito. «Somos -decía Casaldàliga- los derrotados de una causa invencible». No proporciona soluciones, pero sí una reserva de humanidad. No ofrece seguridades, pero sí gracia y salvación. Y esto es resultado del amor, que es -debería ser- el principio y el motor de las religiones.

¿Qué puede aportar la religión para mantener la esperanza y el compromiso en la lucha por la construcción de 'otro mundo posible'? Sobrino puso el acento en tres manifestaciones vivas que permiten hacer realidad dicho mundo: las víctimas, la mística de la compasión y el misterio de Dios en los pobres. Las víctimas nos abren los ojos a la realidad, nos muestran la pobreza, la crueldad y la muerte como expresión de la inhumanidad de nuestro mundo y ayudan al mundo de la abundancia a despertar de su sueño dogmático. Las víctimas se convierten así en los nuevos 'maestros de la sospecha' que, además de denunciar, sospechan de lo malo que se esconde tras lo que se nos manifiesta como bueno: tras la globalización hay vencedores y vencidos; la democracia no incluye a las mayorías pobres. Desvelan la existencia de ídolos; reclaman la recuperación de un lenguaje olvidado, el Imperio, que, como ya decía Agustín de Hipona, es 'magnum latrocinium'. Enseñan el mínimo fundamental de la utopía: «La vida digna y justa en fraternidad», expresada en la afirmación de san Ireneo: «La gloria de Dios es la vida del ser humano», que monseñor Romero traducía: «La gloria de Dios es la vida de los pobres».

El segundo elemento es la mística de la compasión, entendida como la liberación de los seres humanos del sufrimiento. Compasión que debe tomar la forma de justicia y liberación y que lleva a darlo todo, incluso la vida. El tercer elemento es el misterio en su doble faz: de iniquidad y de salvación. El misterio de iniquidad se manifiesta en los seres humanos que matan cruelmente a sus hermanos y que, actuando de esa manera, se deshumanizan. El misterio de salvación se expresa en las culturas y religiones, especialmente de los pueblos indígenas, y se realiza en la solidaridad y la fraternidad que se genera en el mundo de los pobres y excluidos. Es aquí donde se manifiesta el misterio de Dios.

Conocedores de la noticia de la inminente sanción, pero sin referirnos a ella, elaboramos una Nota de reconocimiento hacia François Houtart y Jon Sobrino, que fue firmada por la mayoría de los participantes en el Foro. En ella reconocíamos que Sobrino es «nuestro hermano mayor en teología» y que sus escritos brotan de una experiencia evangélica, del descubrimiento de los pobres como lugar teológico y de la «ruptura epistemológica» que ha hecho en su reflexión teológica. Él nos ha ayudado a dar el salto del dogma abstracto y del «sueño dogmático» -por utilizar la expresión que él mismo emplea con frecuencia- al encuentro con el Cristo vivo en su contexto y en su lugar teológico, que es el pueblo pobre, el pueblo crucificado. La teología de Sobrino puede causar alguna turbación, pero ésta tiene menos que ver con doctrinas dogmáticas que con actitudes prácticas. En lo que Sobrino insiste es en la autoridad evangélica de los pobres y en la preferencia de Dios por ellos. Insistencia escandalosa que, antes de ser de Sobrino, es de Dios.

Hicimos un reconocimiento especial a su fidelidad y a su experiencia de sufrimiento compartido con el pueblo salvadoreño, con monseñor Romero y con sus hermanos asesinados, que hacen de su teología un itinerario de fe, esperanza y buen humor. «La mejor forma de agradecer al maestro es llevar adelante su enseñanza», termina la Nota de reconocimiento. Ésa era, creo, en aquellos momentos la mejor manera de ejercer nuestra solidaridad con Sobrino. Allí fuimos doscientos cincuenta cristianos y cristianas de todo el mundo los que le acompañamos. Después la solidaridad se ha desbordado y han sido miles y miles de personas quienes le han expresado sintonía con su teología y apoyo en los momentos difíciles. Éste ha querido ser un pequeño testimonio de que Sobrino no camina solo, sino en compañía de muchos hombres y mujeres que trabajamos por la utopía desde la convicción de que «fuera de los pobres no hay salvación». Cuando monseñor Blázquez dice que Jon Sobrino está aislado, ¿no estará proyectando sobre el teólogo de la liberación su propia soledad y la de los obispos?


Fuente: El Correo digital de 17/06/06

Juan José Tamayo es Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid

2/6/07

Leonardo Boff acude en apoyo de la parroquia San Carlos Borromeo


El párroco de San Carlos Borromeo Enrique de Castro y Leonardo Boff

"Hay pastores que utilizan el bastón no contra los lobos, sino contra las ovejas". Con esta contundencia se expresó ayer el teólogo brasileño Leonardo Boff, uno de los padres de la Teología de la Liberación, en apoyo de la parroquia de Entrevías liquidada por orden del cardenal de Madrid, Antonio María Rouco. El teólogo ha asegurado que el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, "se niega a cumplir con su deber de defender a los pobres cerrando la parroquia San Carlos Borromeo". "Una Iglesia que no está con los más desfavorecidos y que no crea condiciones más justas traiciona la idea de Jesús y queda a kilómetros luz del Evangelio", ha afirmado Boff, durante una comida con la Asociación de Periodistas de Información Religiosa. Por esa razón, considera necesario "lamentar y denunciar" el cierre de esta parroquia. El teólogo ha animado a los feligreses, a mantenerse unidos y buscar otros espacios "para vivir la fraternidad y el servicio a los pobres". También ha defendido el valor de "la creatividad" en las celebraciones litúrgicas, al recordar que los cristianos celebran en ellas "la vida y la fe y no sólo un rito".

El Boletín Oficial de la Diócesis de Madrid ya ha publicado el decreto de clausura, que lleva fecha de cuatro de abril pasado. Se disfraza de una reestructuración "de límites" parroquiales lo que, en realidad, es la liquidación de la parroquia de San Carlos Borromeo por razones ideológicas, disciplinarias y de culto. El templo, sometido ahora a lo que el derecho vaticano denomina "sanación canónica", se convertirá en un centro de Caritas, si el arzobispado logra finalmente el desalojo de sus ocupantes -tres curas sin sotana y más de un centenar de pobres o desarraigados sociales-, y de sus muchos fieles -varios cientos de cristianos de base-, que les arropan y sostienen.

El templo inauguró anoche unas jornadas para celebrar "el vínculo de unión con los colectivos que apoyan su causa". En realidad, se trata de un festivo fin de semana de "resistencia pacífica" contra el cierre decretado por la jerarquía sin diálogo con los sacerdotes afectados. Leonardo Boff, un símbolo mundial de la iglesia castigada por Roma, acudió a Entrevías porque sus teorías y el espíritu de San Carlos Borromeo tienen en común "que el pobre es el sujeto central de la reflexión teológica y del quehacer diario de la Iglesia". Así lo aseguró Javier Baeza, el párroco vallecano que recibió a Boff junto a Enrique de Castro, conocido también como el cura rojo.

Los responsables de la parroquia prevén una asistencia a las celebraciones de entre 1.000 y 1.500 personas, llegadas de comunidades eclesiales de Valencia, Zaragoza, Salamanca, Canarias, Barcelona, Santiago, Córdoba, Granada y Sevilla, o de otras parroquias madrileñas. "Con muchos de ellos nos une trabajo solidario desde hace 27 años, con otros comenzamos a entrar en contacto a raíz de la amenaza de cierre", explicó Baeza. Ya son 14.000 las firmas de apoyo a San Carlos Borromeo que se han entregado al Arzobispado de Madrid y hay 15.000 más en cartera.

Leonardo Boff (Concordia, Brasil, 1938) se encuentra en España para participar en distintos actos y conferencias. Ayer analizó en la Casa de América, en Madrid, la situación de las confesiones religiosas en América Latina, y el pasado martes habló sobre Derechos de las Tierra y Teología de la Liberación en el Instituto de Derechos Humanos Bartolomé Las Casas, junto al teólogo Juan José Tamayo. Pero ha sido su presencia junto a los castigados de Entrevías, en el corazón de las barriadas marginales de Madrid, la que le ha llenado de "tristeza evangélica". "El Arzobispado debilita la Iglesia con su decisión de cerrar a la liturgia la iglesia de San Carlos Borromeo, porque perjudica a personas y le quita a la Iglesia un carácter más humano, un rostro de más misericordia, de más acogida. Yo creo que lo que están haciendo estos sacerdotes está en la línea de los Evangelios, en la línea de la práctica de Jesús, de acoger drogadictos, personas que están al margen de la sociedad y que tienen dificultades. La Iglesia no existe para los puros, sino para los que tienen necesidades. Esta Iglesia tendrá poder, pero no será la iglesia de Jesucristo".

Boff dijo que cerrar la parroquia de Entrevías "revela solamente el carácter poco espiritual de la Iglesia, yo diría más, un carácter carnal, una Iglesia de poder, que no aguanta, que no soporta contenidos evangélicos que son centrales con la experiencia cristiana, que es poner en el centro al pobre, al necesitado, al que ha fracasado, pero que recibe esfuerzo, esperanza”.

Críticas al Papa

Boff también se ha referido al último viaje del Papa Benedicto XVI a Brasil para inaugurar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe que se celebró hasta ayer en la ciudad de Aparecida. Los prelados de la región esperaban "una palabra fuerte sobre la situación social", pero que el Pontífice sólo tuvo "silencios significativos", no sólo sobre esta cuestión, sino también sobre "la Teología de la Liberación, las comunidades de bases y la opción por los pobres", ha señalado el religioso.

"Vino con el discurso preparado sobre la moral sexual, el divorcio y el ataque convencional a la modernidad", ha apuntado el teólogo, quien también ha reprochado al Papa "la falta de autocrítica" sobre la fuga de fieles a las iglesias pentecostales y la falta de vocaciones sacerdotales. En su opinión, el Pontífice tiene una visión "muy elitista" de la Iglesia y no favorece el diálogo con las otras iglesias, con la modernidad y con los pobres". Por último, ha lamentado que el Vaticano "siempre haya aceptado la versión de los detractores" de la Teología de la Liberación, pero, a su juicio, ya se ha dado cuenta de que "ha perdido la batalla" y su "último golpe" ha sido contra el jesuita vasco Jon Sobrino, al que calificó como “el mejor de los teólogos vivos”, frente a los ataques del Vaticano. Al referirse a la amonestación de la Santa Sede al teólogo jesuita Jon Sobrino, Leonardo Boff afirmó que 'Roma utiliza la violencia simbólica para resolver problemas; utiliza la desunión, la exclusión... Es una violencia no militar pero tan grave como ésta porque mata realidades concretas'.

En relación al aumento del número de fieles evangélicos en toda América Latina, y en especial en Brasil, Boff aseguró que la Iglesia católica "se ha fosilizado en muchos aspectos, no ha renovado el lenguaje, ni ha actualizado los ritos, se ha cerrado sobre sí misma". Opinó que Benedicto XVI "es un Papa de continuación. Él ha ayudado a formular un proyecto de Iglesia, junto con Juan Pablo II, volcada sobre sí misma, en su institucionalidad, en reforzar el carácter clerical".

Sobre la V Conferencia del CELAM en Aparecida (Brasil) y preguntado por las expectativas que tenían respecto del mensaje del Papa, indicó que 'esperábamos que viniera con los ojos abiertos a nuestra realidad, y que viniera a decir palabras fuertes en la cuestión social porque la llaga principal que tenemos es la de la pobreza' y la injusticia en el reparto de la riqueza.

'Pero, agregó, no dijo prácticamente nada, sino que la solución está en el manual de Doctrina Social' y en los documentos de la Iglesia sobre la pastoral social... No tuvo ninguna opción por los pobres salvo una referencia cristológica, ni dijo nada sobre la Teología de la Liberación'.

Tampoco se pronunció sobre las comunidades de base de las que existen 80.000 en Brasil, ni de las pastorales de la tierra, de los indígenas, de la salud, ni la de los niños de la calle, 'sino que vino con un discurso preparado con oídos y ojos europeos, y basado en dos ejes centrales: la moral sexual y el ataque a la modernidad que llama relativismo', indicó Boff.

En la cuestión de la fuga de fieles católicos a las iglesias pentecostales la respuesta es meramente institucional, sin ninguna autocrítica cuando tenemos en Brasil sólo 18.000 sacerdotes, la mitad extranjeros, para la atención pastoral a toda la población, concretó el teólogo, que criticó también las palabras de Benedicto XVI sobre la evangelización de América por Europa, calificándolas de 'injustas' y de 'insulto' a los indígenas.

“Es una calumnia decir que la Teología de la Liberación es una subcategoría del marxismo”

Se trata, explicó Boff de propiciar otro tipo de sociedad y de democracia para lograr 'una sociedad participativa y una democracia social', en la que se hagan 'políticas ricas para los pobres y políticas pobres para los ricos'.

Boff señaló que existen tres maneras de encarar el problema de los pobres: la caridad cristiana y del humanismo, los que entienden que hay que incorporarlos al sistema productivo, y 'Boff y otros teólogos que entienden que los pobres tienen capacidad para producir una alternativa al sistema'.

Boff considera el cierre de RCTV "un acto autoritario"

Leonardo Boff calificó hoy de "acto autoritario" la decisión del gobierno venezolano de no renovar la licencia de Radio Caracas Televisión (RCTV) y advirtió de los riesgos de "populismo" en ese país.

"Le quitó la concesión en términos jurídicos, pero el efecto final es que no funciona", subrayó Boff en respuesta a una pregunta planteada durante su intervención en el foro de debate "Tribuna Iberoamericana", organizado por la Agencia EFE y la Casa de América en Madrid.

El ex-sacerdote brasileño recalcó que siente "respeto" por el presidente venezolano, Hugo Chávez, porque "ha hecho mucho bien a su pueblo con los petrodólares, en salud, vivienda".

Sin embargo, alertó que "concentrar el poder puede ser peligroso y despótico" y que "en democracia se deben resolver los problemas con medidas democráticas"

Boff dijo en referencia al presidente venezolano que "cuando el jefe se dirige directamente al pueblo, puede ser manipulación, populismo", por lo que opinó que "debe haber cuerpos intermedios para dialogar".

También calificó de "error fantástico" el acuerdo entre el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y el brasileño Luiz Inácio Lula de Silva, para desarrollar biocombustibles a partir de productos agrícolas, como la caña de azúcar o el maíz.

"Es una solución miope", que se produjo en un encuentro "entre dos ignorantes", afirmó, al tiempo que defendió como alternativa un ahorro en gasto energético, como medidas como una reducción del número de automóviles.

"Lula es muy inteligente, pero en economía tiene un insuficiente", apuntó el ex-sacerdote brasileño, gran defensor de la denominada "Teología de la Ecología" y de la Amazonía para el equilibrio climático de la tierra.

El Papa Benedicto XVI "desperdició una ocasión" en su reciente visita a Brasil de referirse a la Amazonía, dijo.


Fuentes: El País, Terra Actualidad, Unión Radio, Informativos Telecinco, ElPlural.com, y Madrid Digital

28/5/07

Tamayo: "El PSOE, un recaudador de la Iglesia católica"


Desde que la Conferencia Episcopal le tildara de hereje en el 2003, Juan José Tamayo ha pasado de teólogo enfrascado en los estudios de su cátedra en la Universidad Carlos III a referente de las voces críticas sobre la jerarquía católica. El teólogo palentino (Amusco, 1946) participó ayer en el seminario 'Laicismo, religiones y derechos humanos', organizado por Cruz Roja en Valladolid. Defensor de la teología de la liberación y de un cristianismo a la medida del hombre, indaga en la religión desde «la libertad de cátedra, en diálogo con otras ciencias y desde mi tiempo».

-¿Es posible un estado español laico?

-Es un tema complejo, en el que nos jugamos el futuro de la sociedad y del estado español. Lo que está en juego es el camino hacia un estado laico o por el contrario si es una misión imposible, si se impone la confabulación de los poderes políticos y las fuerzas eclesiásticas más conservadoras para mantener antiguas estructuras.

-La democracia española ha estado en manos de partidos de todas las tendencias y nunca se ha desvinculado de la Iglesia, ni con González ni ahora.

-Parece un anacronismo. Lo que más me sorprende después de 32 años de la muerte del general Franco, no es lo sucedido con UCD o el PP, sino que el PSOE no haya sido capaz de romper el modelo de vinculación con la Iglesia Católica, que la hayan mantenido como querida entre todas las religiones. No entiendo cómo un partido laico mantiene la situación de privilegio a la Iglesia Católica en dos campos, la financiación y la enseñanza de la religión católica en la escuela. No entiendo cómo un Gobierno presidido por el PSOE se convierte en recaudador para la reproducción ideológica de la Iglesia Católica. Tampoco entiendo que ese mismo partido no haya revisado los acuerdos con la Santa Sede y que mantenga la asignatura de religión como evaluable y con optativas.

-¿Está preparada España para una moral propia fuera de la religión?

-Ese es un mito mantenido por el ideario del nacionalcatolicismo que considera que no hay fundamento moral posible fuera de Dios. Eso sorprende porque uno de los signos de modernidad claro es la separación entre ética y religión. La ética tiene un fundamento autónomo y una base antropológica. El principio ético está en el ser humano. Históricamente la religión no siempre ha contribuido a procesos moralizantes en el sentido de formar conciencias críticas sino más bien sometidas, dependientes, pasivas. Uno de los pilares de la ética es la autonomía, la mayoría de edad. Las religiones han creado ciudadanos menores de edad desde el punto de vista moral. La laización busca hacer adultos que piensen con conciencia propia.

-Quizá convenga, desde la petición del voto, una ciudadanía agrupada por creencias.

-Apenas hay conciencia cívica, siempre ha estado mediatizada por la jerarquía eclesiástica o por los poderes políticos. Ha vivido en asedio constante de ambas fuerzas. El gran desafío de la sociedad española es pensar desde la ciudadanía. Es necesaria la revolución de conciencia, liberada de la prisión de la religión y de la política.

Libertad de cátedra

-José María Castillo, con quien publicó 'Iglesia y sociedad en España', acaba de dejar la Compañía de Jesús. ¿Es un caso aislado?

-Es un entrañable amigo, compañero de fatigas, sufrimientos y condenas. Es un ejemplo de búsqueda de la libertad y escape del control de la jerarquía católica, que somete a los teólogos, a los pensadores cristianos. A su edad, 78 años, es un ejemplo de valentía, coherencia personal y honestidad intelectual. Se ha ido de la Compañía de Jesús para caminar solo, cuando las presiones le han resultado insufribles, para adentrarse en la teología laica, aquella que desde la inteligencia crítica quiere pensar la fe en diálogo con su tiempo. Ha iniciado el camino de la teología desde la libertad. Ambos tenemos caminos afines. Yo me desvinculé del aparato eclesiástico porque no podía hacer teología en régimen de cautividad. Quería dialogar con otras ciencias y para ello hube de dejar el espacio eclesiástico y quedarme en el universitario.

-¿La reprimenda del Vaticano al jesuita Jon Sobrino obedece a la misma razón que la suya?

-El proceso contra él y el mío tienen la misma raíz, la visión de la figura de Jesús, poniendo el acento en la humanidad y no en la divinidad. Si aceptamos que es un ser divino, le convertimos en un mito y nos movemos en lo sobrenatural, lo inalcanzable. Desde ese punto de vista es un personaje que pasó por la historia como sobre brasas, sin compromiso con los dolientes. En cambio el Jesús de Nazaret del que hablamos nosotros es el que vivió una experiencia de pobreza, marginación y exclusión para solidarizarse con los que la sufrían. Su muerte es la consecuencia de un estilo de vida que fue subversiva para los poderes de su tiempo. Miramos la cristología desde una práctica de liberación y una manifestación de dios, en la que la divinidad no es el punto de partida, sino de llegada.

-¿Qué le ha parecido la primera visita del Papa a América Latina?

-La seguí con interés. Tengo tres reparos a su mensaje. Primero: el eurocentrismo. Benedicto XVI planteó en Brasil sus inquietudes sobre la familia, la sexualidad, el relativismo o el hedonismo europeo como si fueran problemas de allí. No afrontó los desafíos que las sociedades de América Latina plantean al Cristianismo. Segundo: Volvió a condenar una de las manifestaciones más vivas del cristianismo en América Latina, la teología de la liberación. Además demostró desconocimiento al equipararla con el milenarismo. La teología de la liberación propugna que otro mundo es posible, que hay que luchar por una sociedad más justa y que depende de los hombres. Y tercero: la descalificación de los movimientos emancipatorios como el bolivarismo o el proyecto indigenista de Morales. Benedicto XVI quiere enterrar las utopías, ha echado un jarro de agua fría sobre ellas.


Fuente: Entrevista realizada por V. M. Niño en El Norte de Castilla, y reproducida por Religión Digital

14/5/07

Jon Sobrino afirma que los apoyos recibidos van a mejorar la Teología de la Liberación


El teólogo vasco se pronuncia por primera vez en un libro tras la censura del Vaticano. Agradece el respaldo en el epílogo de la obra 'Bajar de la cruz a los pobres', editado por 40 teólogos en su defensa

El teólogo vasco Jon Sobrino ha roto por vez primera su silencio tras la censura de la que fue objeto por parte del Vaticano para agradecer públicamente a todos los que le han expresado durante este tiempo su adhesión, especialmente a los autores de Bajar de la cruz a los pobres , un libro editado en su apoyo y que ya es interpretado como un "resurgimiento" de la Teología de la Liberación.

El teólogo, que interviene en el epílogo de la obra, valora especialmente que la publicación haya sido escrita "en un tiempo muy breve, con lucidez y amistad. Me alegra percibir en el libro un espíritu de cuerpo, que sólo bienes puede traer", describe.

Los cuarenta teólogos que han participado en esta iniciativa son sólo na "antología" de los más significativos que se han decidido a ofrecer una respuesta oficial y contundente al Papa por la reciente condena a Sobrino.

El propio teólogo es consciente de que cada uno de estos autores y autoras tiene sus propios intereses teológicos, pero su reflexión va más allá al considerar que el paso del tiempo hace "que se vaya diferenciando el pensar teológico en América Latina". Tras ello percibe este jesuita "una gran tradición que queremos mantener, actualizar y mejorar, la tradición de la Teología de la Liberación", confiesa abiertamente.

Bajar de la cruz a los pobres demuestra para José María Vigil, de Agencia Latinoamericana y responsable de la publicación, "que los teólogos de la liberación están ahí, existen y están vivos". Aunque hay muchos sectores que dicen haber asistido al entierro de esta corriente teológica que comenzó en Iberoamérica después del Concilio Vaticano II, Vigil apostilla, no exento de ironía, que "tal vez se equivocaron de difunto".

Leonardo Boff, que ya recibiera un sonoro tirón de orejas del propio Ratzinger en 1985, prologa el libro asegurando que pretenden ayudar a un hermano, Jon Sobrino, "sometido a una penosa tribulación por causa de su fe reflexionada y meditada, que es lo que se llama 'teología'". "Le expresamos nuestra fraternidad, haciendo lo que Sobrino siempre hizo con seriedad y compasión: pensar la fe en Cristo en el contexto de los pueblos crucificados".

El libro ya ha sido colgado en Internet por la Asociación Ecuménica de Teólogos/as del Tercer Mundo. Aunque está editado con ocasión de la Notificación vaticana sobre Jon Sobrino, los teólogos apuntan más allá, defendiendo y llevando más allá la "cristología de la liberación", que es lo que en definitiva está en cuestión, esa cristología que pone especial interés en "bajar de la cruz a los pobres". Entre los teólogos que suscriben el apoyo a Sobrino figura el propio Boff, Marcelo Barros, Teófilo Cabestrero, Oscar Campana, Víctor Codina, José Comblin, Lee Cormie, Eduardo de la Serna, José Estermann, Benedito Ferraro, Eduardo Frades o Arturo García Dávalos.


Artículo publicado en Noticias de Guipuzkoa

7/4/07

El silencio de los testigos, por Juan José Tamayo


La noche del 16 de noviembre de 1989 eran asesinados salvajemente y de manera inmisericorde en la Universidad Centroamericana de San Salvador (UCA) seis jesuitas y dos mujeres Elba y Celina –ésta de 15 años- por militares del Ejército salvadoreño. El óctuplo asesinato conmocionó al mundo. Los ocho muertos se sumaban a los 80.000 más que había costado ya la guerra en El Salvador, país donde se había instalado la cultura de la muerte desde hacía una década. El teólogo hispano-salvadoreño Jon Sobrino podía haber sido el séptimo jesuita asesinado, pero esa noche no estaba en casa. Se encontraba dando un curso de teología en Hua Hin (Tailandia), a 200 kilómetros de Bankok, respondiendo a una petición que le hizo Leonardo Boff. Un sacerdote irlandés le despertó para comunicarle la trágica noticia. “Toda la comunidad, toda mi comunidad ha sido asesinada”, fue su comentario. Enseguida se preguntó por qué estaba él vivo, sin encontrar respuesta. En Tailandia, donde el número de cristianos es muy pequeño, alguien le interrogó entre sorprendido e incrédulo: “¿Y en El Salvador hay católicos que asesinan a sacerdotes?”.

Continuar leyendo artículo completo en Atrio.org