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4/3/12
Por una política terapéutica y espiritual, por Alfonso Colodrón
El título de este artículo tiene pinta de manifiesto. En cierta medida lo es. Intento sin ánimo partidista, pero sí con contundencia y pasión, seguir despierto ante el bombardeo de píldoras adormecedoras: exceso de información sin reflexión; amenazas de catástrofes sin fin; la sociedad del espectáculo en medio de la crisis, la crisis, la crisis.
Gran parte de la población ha caído en un gran espejismo. La crisis económica se ha convertido en el talismán que lo justifica todo: recortes de la inversión pública y de los gastos sociales; bajada de salarios y subida de impuestos; apretarse el cinturón durante los próximos años. Y el común de los mortales se haya atemorizado ante la posibilidad de quedarse sin trabajo y sin ingresos, porque conoce a familiares, amigos o vecinos que las pasan canutas hace tiempo. Acabo el párrafo y me llega este mensaje de una amiga: Hace un mes me ofrecieron un puesto en una fundación, mano derecha de la Presidente. Lo que de inmediato surgió en mi cabeza fue una extraña pregunta: “¿para qué quiero dejar de ser autónoma y trabajar de sol a sol?”, y lo rechacé. Pesarosa y confusa (con la que está cayendo...) esperaba un “castigo divino”. En su lugar recibí otra oferta totalmente inesperada a la semana siguiente. Mi intuición me dijo ¡Sí! En unos días empiezo a trabajar a tiempo parcial en algo ilusionante y con gente de mi onda”. No se dejó vencer por el pánico colectivo.
Y mientras, los políticos “legitimados por las urnas” pueden manejar a su antojo la legislación sin decir que los hilos del poder los tiran otros que están por encima. Sin embargo, se creen los cirujanos que operan, cortan y trasplantan, sin preguntarle al enfermo. Para que sobreviva, dicen ellos. Pero no se cuestionan por qué llegó al quirófano, ni si vale la pena sobrevivir sin piernas, sin brazos y sin riñones. Y los “pobres cirujanos” se recortan sueldos que eran absolutamente escandalosos. No es lo mismo congelarse un sueldo de 5.000 o 10.000 euros mensuales que congelar a los que cobran 400, 700 o 1.000. O dejar sin cobertura ninguna a una parte de la población. Pero el Estado, la Patria, la Comunidad Europea… se convierten en categorías absolutas al servicio de no se sabe quién. ¿O sí?
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