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9/6/09

Globalización de la solidaridad, por Frei Betto

La crisis financiera exige la construcción de un nuevo modelo social que suponga una salida capaz de superar un sistema económico que agrava las desigualdades y genera violencia.

Cuando participé en el Foro Económico Mundial para América Latina, pregunté: ante la actual crisis financiera, ¿se trata de salvar al capitalismo o a toda la humanidad? La respuesta es aparentemente obvia. ¿Por qué entonces el adverbio de modo? Por una sencilla razón: no son pocos los que creen que fuera del capitalismo la humanidad no tiene futuro. ¿Pero acaso tuvo pasado?

En cerca de 200 años de predominio del capitalismo el balance es excelente si consideramos la calidad de vida del 20% de la población mundial que vive en los países ricos del hemisferio norte. ¿Y el restante 80%? Excelente también para bancos y grandes empresas. Sin embargo, ¿cómo explicar, a la luz de los principios éticos y humanitarios más elementales, estos datos de la ONU y de la FAO: de seis mil quinientos millones de personas que habitan hoy el planeta, casi cuatro mil millones viven por debajo de la línea de pobreza, de los cuales mil trescientos millones por debajo de la línea de la miseria. Y 950 millones sufren desnutrición crónica.

Si queremos sacar algún provecho de la actual crisis financiera debemos pensar en cómo cambiar el rumbo de la historia y no sólo cómo salvar empresas, bancos y países insolventes. Debemos ir a la raíz de los problemas y avanzar lo más rápidamente posible en la construcción de una sociedad basada en la satisfacción de las necesidades sociales, de respeto a los derechos de la naturaleza y de participación popular en un contexto de libertades políticas.

El desafío consiste en construir un nuevo modelo económico y social que ponga las finanzas al servicio de un nuevo sistema democrático, fundado en la satisfacción de todos los derechos humanos.

La actual crisis exige nuevos paradigmas. Si el período medieval tuvo como paradigma la fe y el período moderno la razón, el posmoderno no puede cometer la equivocación de erigir el mercado en paradigma. Estamos todos en medio de una crisis que no es solamente financiera, sino también alimentaria, ambiental, energética, migratoria, social y política, y que pone en jaque la forma de producir, comerciar y consumir. El modo de ser humano. Una crisis de valores.

Desacelerado el marasmo financiero, es inútil que los gobiernos traten de convertir el dinero del contribuyente en tabla de salvación de conglomerados privados insolventes. La crisis exige que se encuentre una salida capaz de superar el sistema económico que agrava la desigualdad social, favorece la xenofobia y el racismo, criminaliza los movimientos sociales y genera violencia. Sistema que se empeña en priorizar la apropiación privada de los beneficios por encima de los derechos humanos universales, la propiedad privada por encima del bien común, e insiste en reducir a las personas a la condición de consumidores y no en promoverlas a la dignidad de ciudadanos.

Hay que transformar la ONU, reformada y democratizada, en un foro idóneo para articular las respuestas y soluciones a la crisis actual. Urge implementar mecanismos internacionales de control del movimiento de capitales, de regular el libre comercio, de poner fin a la supremacía del dólar y a los paraísos fiscales, y asegurar la estabilidad financiera a nivel mundial.

No encontraremos salida si no nos damos cuenta de que nuevos valores deben ser rigurosamente asumidos, como volver moralmente inaceptable la pobreza absoluta, en especial bajo la forma de hambre y desnutrición. Es necesario construir una cultura política de compartir los bienes de la Tierra y de los frutos del trabajo humano, y pasar de la globocolonización a la globalización de la solidaridad.

Las Metas del Milenio, y en especial los siete objetivos básicos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, de 1995, deben servir de base a un pacto para una nueva civilización: 1) Escolaridad primaria universal. 2) Reducción inmediata del analfabetismo de adultos en un 50%. 3) Atención primaria de salud para todos. 4) Eliminación de la desnutrición grave y reducción de la moderada en un 50%. 5) Servicios de planificación familiar. 6) Agua potable al alcance de todos. 7) Créditos a bajo interés para empresas sociales.

La experiencia histórica demuestra que el hacer efectivas esas metas exige transformaciones estructurales profundas en el modelo de sociedad que predomina hoy, de modo que se puedan reducir significativamente las profundas asimetrías entre naciones y las desigualdades entre personas.

Frei Betto es teólogo, escritor y asesor de movimientos sociales
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

29/4/09

Nuevo modelo de sociedad, por Frei Betto

Cuando participé en el Foro Económico Mundial para América Latina, el 15 de abril, en Rio de Janeiro, pregunté: ante la actual crisis financiera, ¿se trata de salvar al capitalismo o a toda la humanidad? La respuesta es aparentemente obvia. ¿Por qué entonces el adverbio de modo? Por una sencilla razón: no son pocos los que creen que fuera del capitalismo la humanidad no tiene futuro. ¿Pero acaso tuvo pasado?

En cerca de 200 años de predominio del capitalismo el balance es excelente si consideramos la calidad de vida del 20% de la población mundial que vive en los países ricos del hemisferio norte. ¿Y el restante 80%? Excelente también para bancos y grandes empresas. Sin embargo, ¿cómo explicar, a la luz de los principios éticos y humanitarios más elementales, estos datos de la ONU y de la FAO: de seis mil quinientos millones de personas que habitan hoy el planeta, casi cuatro mil millones viven por debajo de la línea de pobreza, de los cuales mil trescientos millones por debajo de la línea de la miseria. Y 950 millones sufren desnutrición crónica.

Si queremos sacar algún provecho de la actual crisis financiera debemos pensar en cómo cambiar el rumbo de la historia y no sólo cómo salvar empresas, bancos y países insolventes. Debemos ir a la raíz de los problemas y avanzar lo más rápidamente posible en la construcción de una sociedad basada en la satisfacción de las necesidades sociales, de respeto a los derechos de la naturaleza y de participación popular en un contexto de libertades políticas.

El desafío consiste en construir un nuevo modelo económico y social que ponga las finanzas al servicio de un nuevo sistema democrático, fundado en la satisfacción de todos los derechos humanos: el trabajo decente, la soberanía alimentaria, el respeto al medio ambiente, la diversidad cultural, la economía social y solidaria y un nuevo concepto de riqueza.

La actual crisis financiera es sistémica, de civilización, y exige nuevos paradigmas. Si el período medieval tuvo como paradigma la fe y el período moderno la razón, el posmoderno no puede cometer la equivocación de erigir el mercado en paradigma. Estamos todos en medio de una crisis que no es solamente financiera, sino también alimentaria, ambiental, energética, migratoria, social y política. Se trata de una crisis profunda, que pone en jaque la forma de producir, comerciar y consumir. El modo de ser humano. Una crisis de valores.

Desacelerado el marasmo financiero, es inútil que los gobiernos traten de convertir el dinero del contribuyente en tabla de salvación de conglomerados privados insolventes. La crisis exige que se encuentre una salida capaz de superar el sistema económico que agrava la desigualdad social, favorece la xenofobia y el racismo, criminaliza los movimientos sociales y genera violencia. Sistema que se empeña en priorizar la apropiación privada de los beneficios por encima de los derechos humanos universales, la propiedad privada por encima del bien común, e insiste en reducir a las personas a la condición de consumidores y no en promoverlas a la dignidad de ciudadanos.

Hay que transformar la ONU, reformada y democratizada, en un foro idóneo para articular las respuestas y soluciones a la crisis actual. Urge implementar mecanismos internacionales de control del movimiento de capitales, de regular el libre comercio, de poner fin a la supremacía del dólar y a los paraísos fiscales, y asegurar la estabilidad financiera a nivel mundial.

No encontraremos salida si no nos damos cuenta de que nuevos valores deben ser rigurosamente asumidos, como volver moralmente inaceptable la pobreza absoluta, en especial bajo la forma de hambre y desnutrición. Es necesario construir una cultura política de compartir los bienes de la Tierra y de los frutos del trabajo humano, y pasar de la globocolonización a la globalización de la solidaridad.

Las Metas del Milenio, y en especial los siete objetivos básicos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, de 1995, deben servir de base a un pacto para una nueva civilización: 1) Escolaridad primaria universal. 2) Reducción inmediata del analfabetismo de adultos en un 50%. 3) Atención primaria de salud para todos. 4) Eliminación de la desnutrición grave y reducción de la moderada en un 50%. 5) Servicios de planificación familiar. 6) Agua potable al alcance de todos. 7) Créditos a bajo interés para empresas sociales.

La experiencia histórica demuestra que el hacer efectivas esas metas exige transformaciones estructurales profundas en el modelo de sociedad que predomina hoy, de modo que se puedan reducir significativamente las profundas asimetrías entre naciones y las desigualdades entre personas.

Frei Betto es autor, junto con Luis Fernando Veríssimo y otros, de "El desafío ético", entre otros libros.

Fuente: Adital. Traducción de J.L.Burguet
Frei Betto es escritor y asesor de movimientos sociales

11/3/09

La mano invisible, por Frei Betto

Desde niño tengo mis miedos, como todo el mundo. Primero era el miedo de ver a mi padre bravo, de verme obligado a comer rábano, de sacar cero en el examen de matemáticas. Miedo, bajo la dictadura, a verme arrollado por un auto policial. Miedo, bajo la lluvia pertinaz, de que mi chabola en la favela, situada al borde de un precipicio, fuese llevada por el agua.

Hoy colecciono otros miedos. Uno de ellos es el miedo a la mano invisible del Mercado.
De lo invisible sólo no temo a Dios. Temo a las bacterias y a los extraterrestres. A las primeras las combato con antibióticos –término inapropiado, pues significa “contra la vida”, siendo que las inoculamos para favorecerla.

En cuanto a los extraterrestres, quedé más tranquilo al saber que la distancia más grande conseguida en el espacio por nuestra tecnología es alcanzada por las emisiones televisivas. Seguro que, al captarlas, los exploradores interplanetarios llegaron a la conclusión de que en la Tierra no hay vida inteligente…

Vuelvo a la mano invisible del Mercado. ¿Dónde la mete? Preferentemente en nuestro bolsillo. En especial el de los más pobres. Y es invisible porque es cínica, como todo delito practicado a escondidas. Por ejemplo el Mercado practica la extorsión al bolsillo de los más pobres a través de impuestos cargados a los productos y servicios. Todo podría ser más barato si no fuera por esa mano boba que se inmiscuye en lo que consumimos.

Ahora que el Mercado entró en crisis -pues el globo que infló estalló en su misma cara-, ¿dónde anda metiendo su mano invisible? La respuesta sí es visible: en el bolsillo del gobierno. En los EE.UU el Mercado, en los estertores de la administración Bush (de infausta memoria) metió mano a US$ 830 mil millones y ahora logró otros US$ 900 mil millones de la recién estrenada administración Obama. Todo para guardar esa fortuna en el bolsillo agujereado del sistema financiero.

Además, la mano invisible del Mercado desconoce los bolsillos de los ciudadanos. Viciada como está, siempre beneficia el bolsillo de los ricos. Es el caso del Brasil. Ante la crisis (y las próximas elecciones) el gobierno trata de anabolizar el PAC, de modo que la mano del Mercado pueda abastecer, y cuanto antes, el bolsillo de las constructoras de obras públicas y de las empresas privadas encargadas de dichas obras.

Ya lo advertía mi abuela: “¡Mire bien, niño, dónde pone esa mano!” Y me obligaba a lavármela antes de sentarme a la mesa. Pues bien, creo que la mano del Mercado es invisible porque nunca se lava. Al contrario, lava dinero sin lavarse de la suciedad que lo impregna. Es lo que deduzco al leer las noticias de que, en los paraísos fiscales, la liquidez de los grandes bancos fue asegurada, en los últimos años, gracias a los depósitos del narcotráfico.

La mano puede ser invisible pero sus huellas digitales no. Allí donde el Mercado pone su mano queda la marca. Sobre todo cuando retira la mano, dejando en el desamparo a millares de desempleados, tirados en la calle de la insolvencia, ahorcados en deudas astronómicas.

El Mercado es como un dios. Usted cree en él, pone su fe en él, lo venera, hace sacrificios para agradarlo, se siente culpable cuando da un paso en falso con relación a él -aunque sea de él la culpa, como en el caso de la compra de acciones que él vendió prometiendo fortunas y ahora esas acciones valen una nada.

Como un dios, sólo se le puede conocer por sus efectos: la Bolsa, el salario, la hipoteca, el interés, la deuda, etc. Se manifiesta por medio de su creación, pero sin dejarse ver ni localizar. Nadie sabe exactamente qué cara tiene o en qué lugar se esconde, aunque sea omnipresente. Hasta en la candela vendida a la puerta de la iglesia se hace presente. Y mete la mano, la famosa mano invisible, la temida mano invisible, esa mano más abominable que la de los tarados que se atreven a meterla debajo del vestido de la mujer de pie en el autobús.

Y de nada vale gritar: “¡Quite esa mano de ahí!” A pesar de que la mano invisible manipula descaradamente nuestra calidad de vida, privilegiando a unos pocos y asfixiando a la mayoría, nadie se libra de ella. Como es invisible, no se la puede cortar. Sólo queda una salida: cortarle la cabeza al Mercado. Pero ésa es otra historia. Hoy hablé de la mano. La cabeza queda para otro día. (Traducción de J.L.Burguet)

Frei Betto es escritor, autor de “El arte de sembrar estrellas”, entre otros libros.
Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento

8/1/09

Leonardo Boff, Místico de la Tierra, por Frei Betto

Leonardo Boff cumplió 70 años el día 14 de diciembre pasado, fiesta de san Juan de la Cruz.

Desde 1974, cuando yo salí de la cárcel y él regresó de sus estudios en Alemania, comparto la mesa y la palabra de Leonardo Boff. Dos veces al año, religiosamente, pasamos juntos un fin de semana, intercambiando ideas y vivencias con el Grupo Emaús, que reúne a teólogos, pastoralistas, filósofos y científicos sociales.

Juntos asesoramos al gobierno sandinista de Nicaragua y a la Revolución cubana en sus relaciones con la Iglesia Católica. Estuvimos un mes en China en 1988, en contacto con los cristianos interesados en encontrar el punto de equilibrio de sus relaciones con el régimen socialista.

Leonardo Boff me hizo esta confidencia, en Corrêas, RJ, el 23 de abril de 1987: "Leí a Platón, a san Agustín y toda la obra de san Buenaventura a la luz de una vela, en el noviciado franciscano. Mi estructura de pensamiento es buenaventuriana -las cosas no son, ellas simbolizan. Tuve experiencias de Dios. Me gusta estar solo. Mi espiritualidad es casi corporal. No digo nada cuando rezo. Rezo el Gloria al Padre y no pido nada. Sólo pedí por mi sobrina que agonizaba. Hice la promesa de ir en romería a Aparecida. Ella sanó y yo cumplí la promesa".

"Pasé en Europa por la fase del pensamiento germánico, racionalista, y perdí la fe. En el comentario de los Salmos pasé por la experiencia dolorosa de recuperar la fe.

"Nunca recé a los santos. A Nuestra Señora sí. Y me gusta mucho la Trinidad. Toda mi vida es trinitaria. Todo lo organizo en tres. Mi libro sobre la Trinidad es culminación de toda una búsqueda. Busco recuperar a Dios como Dios trinitario. No sé si rezo. A veces me siento rezador por vivir en esta atmósfera religiosa.

"Para mí el hacer teología no es rezar, es reflexionar sobre Dios. Rezar es no pensar, es sentir a Dios. Es el corazón que siente a Dios, como decía Pascal. La razón no piensa a Dios.

"Procuro estar en Sus manos. Él me mete y me saca de las crisis. Ni me preocupo por salvarme. El infierno es una verdad asintótica, como decía Rahner, para alinearnos con Dios. Todos salimos de Dios y volvemos a Él".

Éste es Leonardo: místico, teólogo, militante.

Ecoteología

Todos apostamos a que la ciencia encuentre el modo de expulsar los virus que contaminan el organismo humano. ¿Sería exagerado imaginar a la Tierra /Gaya, un cuerpo vivo, aniquilando el principal virus responsable de su destrucción: los seres humanos?

Ésta es una de las inquietudes de Boff, dedicado ahora a la ecoteología. Censurado por Roma, dejó la Orden Franciscana y el ministerio sacerdotal. Pero no abandonó su oficio teológico ni rompió su comunión con la Iglesia. Ahora, como laico, amplió su espacio de libertad. Cada libro nuevo que sale de su pluma representa un grito más a favor de los pobres y de la salud de la Tierra.

Toda su obra reciente es una alerta de salvación de la Tierra y de su fruto más precioso: la humanidad misma. Boff nos invita a un viaje a los inicios culturales -las narraciones ancestrales sobre el origen del mundo- y científicos -la autogénesis de la materia, del Big Bang a la noósfera. Como observador atento, analiza los pecados capitales antiecológicos en un campo específico -la Amazonía- y recorre la senda holística que nos conduce de la física cuántica a las narraciones indígenas sobre el Universo, de la cosmogénesis a la Cristogénesis, en una versión actual de Teilhard de Chardin. Nos propone, en fin, el empeño en la construcción de una "biocracia", democracia sociocósmica, centrada en la vida.

De la lógica pericorética del Universo -"todo interactúa con todo en todos los puntos y en todas las circunstancias"- deriva el estilo narrativo de Boff. Aunque el titilar de las estrellas y la irrupción de las células, la explotación mercantil de la naturaleza y la comunión intratrinitaria del Padre con el Hijo y el Espíritu Santo, parezcan cosas distintas, ellas destacan, en la obra de Leonardo, como dibujos de un mismo tapiz. No se puede comprender el significado de una figura sin captar su intrínseca relación con las demás. "Nosotros, como partes del Universo, somos todos hermanos y hermanas: las partículas elementales, los quarks, las piedras, las babosas, los animales, los humanos, las estrellas, las galaxias. Hace tiempo estábamos todos juntos, bajo la forma de energía y partículas originarias, en la esfera primordial; después, dentro de las estrellas rojas gigantes; luego en nuestra Vía Láctea, en el Sol y en la Tierra. Estamos hechos de los mismos elementos. Y como seres vivos poseemos el mismo código genético de los otros seres vivos: de las amebas, de los dinosaurios, del tiburón, del mico león dorado, del Australopiteco al homo sapiens-demens contemporáneo. Un nexo de fraternidad y sororidad nos une objetivamente, cosa que san Francisco, en el siglo 13, intuyó místicamente. Formamos la gran comunidad cósmica. Tenemos un origen común y, ciertamente, un mismo destino común", escribe.

Se engaña quien, en la óptica de los viejos paradigmas, cataloga al autor como un neófito panteísta convencido de que todo es Dios y Dios y mundo se identifican. Su abordaje es inverso, es panenteísta: Dios se hace presente en todas las cosas. Toda la Creación y las creaturas son sacramentos de la presencia inefable de Dios. Como se equivocan también los que creen que Boff cambió la liberación de los pobres por una mera moda de defensa del medio ambiente.

Su teología de la liberación se amplía, centralizándose en el pobre, principal víctima también de la destrucción ambiental, y poniéndolo como sujeto de una alternativa que reate los vínculos que fueron rotos entre el ser humano y sus semejantes y entre la humanidad y la naturaleza, de la que somos expresión y plenitud. "La teología de la liberación debe asumir, en el discurso ecológico, la nueva cosmología, la visión que entiende la Tierra como un superorganismo vivo articulado con el entero universo en cosmogénesis", propone. Por eso insiste en que "importa, en primer lugar, ampliar el sentido de la liberación. No sólo deben ser liberados los pobres y oprimidos, sino todos los seres humanos, ricos y pobres, porque todos son oprimidos por un paradigma que a todos nos esclaviza, de maltrato de la Tierra, de consumismo, de negación de la alteridad y del valor intrínseco de cada ser".

Un hombre puede cambiar de lugar social y de función institucional. Pero la matriz de su identidad permanece inmutable, y a veces inaprensible. En cada libro o conferencia, Boff se revela indeclinablemente franciscano. Su paradigma personal tiene nombre y fecha: Francisco de Asís (1181-1226), "un ser de deseo", como él lo define.

Frei Betto es escritor y asesor de movimientos sociales, autor de "Mística y Espiritualidad", junto con Leonardo Boff, entre otros libros. Traducción de J.L.Burguet
Fuente: Adital

30/12/08

Feliz Navidad 2008, por Frei Betto

Feliz Navidad a los desgraciados cautivos del desprecio al prójimo, de la irremediable pereza de amar, del excesivo apego a su propio ego. Y a los sembradores de buenas nuevas, a los glotones de premisas estéticas, a los fervorosos discípulos de la ética.

Feliz Navidad al Brasil de los desheredados, a las mujeres náufragas en lágrimas, a los esclavos del infortunio condenados a muerte precoz. Y a los premiados por la lotería biológica, a los desmontadores de ilusiones, a los inconsolables peregrinos de la vicisitud.

Feliz Navidad a los huérfanos del mercado financiero, pilotos de vuelos sin alas y sin suelo, fieles devotos de la omnipotencia del mercado, encerrados ahora en el inmisericorde desamparo de sus fortunas arruinadas. Y también a los labradores de la insensatez reflejada en el lenguaje transmutado en arte.

Feliz Navidad a las crisálidas temerosas de abandonar su capullo, al dejar de vagar por insignificancias cultivadoras de odios, a los exilados en la irracionalidad del disparate consensuado. Y a los que apagaron la sed en la saciedad del infinito, en el silencio inefable, en las pasiones condensadas en solícita amorosidad.

Feliz Navidad a quien escapa de los indomables presupuestos de la lógica consumista, respira hondo en celebraciones magnetizadas de deidad, libre de la incomodidad del intercambio compulsivo de regalos preñados de ausencias. Y a los anfitriones de anuncios del infinito abanico de posibilidades de la vida.

Feliz Navidad a quien no planta cuervos en las ventanas del alma, no empapa el corazón de cicuta, y colecciona en su espíritu acuarelas del arcoiris. Y a todos los que trajinan por los caminos interiores y no temen las curvas abisales de la oración.

Feliz Navidad a los devotos del silencio, acostados en lechos de hortensias para bordar, con los hilos delicados de los sentimientos, alfombras de ternura. Y a quien arranca de las cuerdas del dolor melódicas esperanzas.

Feliz Navidad a los que cargan a cuestas aljabas llenas de relámpagos, aspiran el perfume de la rosa de los vientos y llevan en el pecho la nostalgia del futuro. También a quien se sumerge todas las mañanas en las fuentes de la verdad y, en el laberinto de la vida, identifica la puerta que los sentidos no ven y la razón no alcanza.

Feliz Navidad a los bailarines acompasados por sus propios sueños, orfebres sabios de las artimañas del deseo. Y a quien ignora el alfabeto de la venganza y jamás pisa en la trampa del desamor.

Feliz Navidad a quien despierta cada mañana a la criatura adormecida dentro de sí y, hecho niñito, sale por las esquinas a romper convencionalismos que sólo obligan a quien carece de convicciones. Y a los artífices de la alegría que, al calor de la deuda, dan marcha a la manivela de la fe.

Feliz Navidad a quien recoge fragmentos de penas por las calles para arrojarlos en el basurero del olvido y se refugia en el retiro de la sobriedad. Y a quien se encierra en habitaciones secretas para reaprender a amarse y, ante el espejo, se descubre hermoso ante la cara de los demás.

Feliz Navidad a todos los que saltan a la cuerda con la línea del horizonte y se ríen abiertamente de quienes pregonan el fin de la historia. Y a los que suprimen la letra r del verbo armar.

Feliz Navidad a los poetas sin poemas, a los músicos sin melodías, a los pintores sin colores, a los escritores sin palabras. Y a quien nunca encontró a la persona a quien declarar todo el amor que lo fecunda con inefable gravidez.

Feliz Navidad a los ebrios de trascendencia y a los hijos de la misericordia recubiertos de compasión. Y a quien no se deja seducir por el aroma de las alturas ni escala las cimas en que los buitres empollan huevos.

Feliz Navidad a quien, en el lecho nupcial, lleva a cabo una liturgia eucarística sin tabúes, transustancia el cuerpo en la copa, se inunda del vino embriagador de la pérdida de sí en el otro. Y a quien corrige el equívoco del poeta y sabe que el amor no es eterno porque dura sino que dura porque es tierno.

Feliz Navidad a los que reparten a Dios en obleas de pan, bordan toallas de complicidades, secan lágrimas en el consuelo de la fe, crían caballitos de mar en acuarios de misterio.

Feliz Navidad a quien se embadurna de chocolate en la orgía pascual de la lucidez crítica y no se priva de pronunciarse donde la mentira cose bocas y enjaula conciencias. Y a quien vuela embriagado por el eco de profundas nostalgias y descifra enigmas sin revelar confidencias; y, desnudo, abraza epifanías bajo cascadas de magnolias.

Feliz Navidad a todos los que prestan oídos a la sinfonía cósmica y, en los salones de la Vía Láctea, bailan con los astros al ritmo de incertidumbres siderales. Dios quiera que renazcan con el Niño que se acurruca en los corazones diseñados en forma de pesebres.

Frei Betto es escritor brasileño y asesor de movimientos sociales, autor de más de 50 libros
Fuente: Adital. Traducción de J.L.Burguet

14/12/08

Oración del Padrenuestro, por Frei Betto

Versión de Frei Betto

Padre nuestro que estás en el cielo, y eres nuestra Madre en la Tierra, amorosa orgía trinitaria, creador de la aurora boreal y de los ojos enamorados que enternecen el corazón, Señor más allá del moralismo desvirtuado y guía de la trocha peregrina de las hormigas de mi jardín.

Santificado sea tu nombre grabado en los girasoles de inmensos ojos de oro, en el enlace de un abrazo y en la sonrisa cómplice, en las partículas elementales y en el candor de la abuela al servir la sopa.

Venga a nosotros tu Reino para saciarnos el hambre de belleza y sembrar compartimiento donde hay acumulación, alegría donde irrumpió el dolor, sabor de fiesta donde campea la desolación.

Que se haga tu voluntad en los caminos desorientados de nuestros pasos, en los ríos profundos de nuestras intuiciones, en el vuelo suave de las garzas y en el beso voraz de los amantes, en la respiración jadeante de los afligidos y en la furia de los vientos convertidos en huracanes.

Así en la Tierra como en el cielo, y también en la médula de la materia oscura y en la garganta abisal de los agujeros negros, en el grito inaudible de la mujer maltratada y en el prójimo mirado como desemejante, en los arsenales de la hipocresía y en las cárceles que congelan vidas.

Danos hoy el pan nuestro de cada día, y también el vino inebriante de la mística alucinada, el coraje de decir no al ego propio y el dominio vagabundo del tiempo, el cuidado de los desheredados y la valentía de los profetas.

Perdona nuestras ofensas y deudas, la altivez de la razón y la acidez de la lengua, la ambición desmesurada y la máscara con que cubrimos nuestra identidad, la indiferencia ofensiva y la adulación reverencial, la ceguera ante el horizonte desnudo de futuro y la inercia que nos impide hacerlo mejor.

Así como nosotros perdonamos a quien nos ha ofendido y a nuestros deudores, a los que nos escarban en el orgullo e imprimen envidia en nuestra tristeza de no poseer el bien ajeno, y a quien, ajeno a nuestra supuesta importancia, se cierra a una inconveniente intromisión.

Y no nos dejes caer en tentación ante el porte suntuoso de los tigres de nuestras cavernas interiores, las serpientes atentas a nuestras indecisiones, los buitres depredadores de la ética.

Pero líbranos del mal, del desaliento, de la desesperanza, del ego inflado y de la vanagloria insensata, de la insolidaridad y de la flacidez del carácter, de la noche sin luna de sueños y de la obesidad de convicciones demasiado seguras.

Amemos.

Frei Betto es escritor y asesor de movimientos sociales, autor de más de 50 libros
Fuente: Adital

3/12/08

Mi nombre es crisis, por Frei Betto


Antes no se hablaba tanto de mí como ahora. Y todo por causa de una crisis en el sistema financiero. También África está en crisis crónica -de democracia, de alimentos, de recursos-, pero ¿quién habla de ello?

Existe amenaza de crisis del petróleo; gobernantes y empresarios sienten pánico ante la posibilidad de no poder alimentar a los 800 millones de vehículos que ruedan sobre la faz de la Tierra.

El año pasado, debido al aumento del precio de los alimentos, el número de hambrientos crónicos subió de 840 millones a 950 millones, según la FAO; pero ¿quién se preocupa de alimentar a miserables?


Mi nombre deriva del griego krisis, discernir, escoger, distinguir, en fin tener ojos críticos. Tengo familiaridad también con el verbo acrisolar, purificar. Contra lo que supone el sentido común, no soy, en sí, negativa. Formo parte de la evolución de la naturaleza.

Hubo una crisis cósmica cuando una vieja estrella, paradójicamente llamada ‘supernova’, explotó hace 5 mil millones de años; sus fragmentos, lanzados por el espacio, dieron origen al sistema solar. El sol es un trozo de supernova dotado de calor propio. La Tierra y los demás planetas, fragmentos incandescentes que poco a poco se fueron enfriando. Dentro de unos 5 mil millones de años más el sol también verá dilatarse su grosor hasta llegar a deshacerse en los abismos siderales.

Todos nosotros, lectores, pasamos por la crisis de la pubertad. Nos dolió el vernos expulsados del reino de la fantasía, la infancia, para abrazar el de la realidad. Pero no todos hacen esa travesía sin riesgos. Hay adolescentes inmersos de tal modo en la fantasía que, ante los indicios de la edad adulta, que consiste en encarar la realidad, prefieren refugiarse en las drogas. Y hay adultos que, desprovistos del sentido del ridículo, viven en crisis de adolescencia…

Soy resultado de la contradicción inherente a los seres humanos: no hay quien no lleve en sí a su opuesto. ¡Cuántas veces, en el tráfico, el más amable ciudadano mete el carro por la zona de los peatones; y la gentil doncella toca desesperada el claxon; y el estudiante aplicado acelera más allá de lo conveniente! No es fácil conciliar el modo de pensar con el modo de actuar.

Estoy muy presente en las relaciones conyugales desprovistas de valores arraigados. Sobre todo cuando la desnudez de los cuerpos no traduce la de los espíritus y lo no dicho prevalece sobre lo dicho. Por suerte muchas parejas consiguen superarme a través del diálogo, de la terapia, del descubrimiento de que el amor es un ejercicio cotidiano de donación recíproca. El príncipe y el hada encantados habitan el ilusorio castillo de la imaginación.

Ahora asusto al casino global de la especulación financiera. Se creyó que el capitalismo era permanente, sobre todo en su versión neoliberal religiosamente apoyada en dogmas de fe: el libre mercado, la mano invisible, la capacidad de autorregulación, la privatización del patrimonio público, etc.

Diecinueve años después que hice estremecer al socialismo europeo, heme aquí generando inquietud en el mercado. La lógica del bienestar no casa con lo imprevisto, lo inusitado, el fracaso, esas cosas que se siguen de mi presencia. Los gobernantes se apresuran a tratar de calmar los ánimos como la tripulación del Titanic: mientras el agua inundaba la quilla ordenó a la orquesta que siguiera tocando…

Tengo dos caras. Una ocasiona a mis víctimas desesperación, miedo, inquietud. Alcanza a aquellas personas que no creían en mi existencia o me miraban como si yo fuese una bruja, figura mitológica del pasado que ya no representa ninguna amenaza.

Mi otra cara, la positiva, es la que el águila conoce a los 40 años: las plumas ya son viejas, las garras desgastadas, el pico romo. Entonces ella se aisla durante 150 días y se arranca las plumas y las garras y se rompe el pico. Espera pacientemente el cambio. Y luego vuela saludable rumbo a otros 30 años de vida.

Soy presencia frecuente en la experiencia de la fe. Muchos, al pasar de una fe infantil a la adulta, confunden el desmoronamiento de la primera con la inexistencia de la segunda; y se vuelven ateos, indiferentes o agnósticos. No dan el paso desde el Dios de “allá arriba” al Dios de “aquí dentro” del corazón. Asocian la fe a la culpa y no al amor.

Creo que esta conmoción en la especulación financiera traerá nuevos paradigmas a la humanidad: menos consumismo y más modestia en el estilo de vida; menos competitividad y más solidaridad entre personas y tareas; menos obsesión por el dinero y más por la calidad de vida.

Todas las veces que irrumpo en la historia o en la vida de las personas traigo un mensaje: es hora de comenzar de nuevo. Quien pueda entender, que entienda.

Frei Betto es escritor y asesor de movimientos sociales, autor de más de 50 libros
Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento. Traducción de J.L.Burguet

25/10/08

Pido disculpas, por Frei Betto

Estoy gravemente enfermo. Me gustaría manifestar públicamente mis excusas a todos los que confiaron ciegamente en mí. Creyeron en mi presunto poder de multiplicar fortunas. Depositaron en mis manos el fruto de años de trabajo, de economías familiares, el capital de sus emprendimientos.

Pido disculpas a quien mira a sus economías evaporase por las chimeneas virtuales de las bolsas de valores, así como a aquellos que se encuentran asfixiados por la imposibilidad de pagar, los intereses altos, la escasez de crédito, la proximidad de la recesión.

Sé que en las últimas décadas extrapolé mis propios límites. Me convertí en el rey Midas, creé alrededor mío una legión de devotos, como si yo tuviese poderes divinos. Mis apóstoles –los economistas neoliberales– salieron por el mundo a pregonar que la salud financiera de los países estaría tanto mejor cuanto más ellos se arrodillasen a mis pies.

Hice que gobiernos y opinión pública crean que mi éxito sería proporcional a mi libertad. Me desaté de las amarras de la producción y del Estado, de las leyes y de la moralidad. Reduje todos los valores al casino global de las bolsas, transformé el crédito en producto de consumo, convencí a una parte significativa de la humanidad de que yo sería capaz de operar el milagro de hacer brotar dinero del propio dinero, sin el lastre de bienes y servicios.

Abracé la fe de que, frente a las turbulencias, yo sería capaz de auto-regularme, como ocurría con la naturaleza antes de que su equilibrio sea afectado por la acción predatoria de la llamada civilización. Me volví omnipotente, me supuse omnisciente, me impuse al planeta como omnipresente. Me globalicé.

Llegué a no dormir nunca. Si la Bolsa de Tokio callaba por la noche, allá estaba yo eufórico en la de São Paulo; si la de Nueva York cerraba a la baja, yo me recompensaba con el alza de Londres. Mi pregón en Wall Street hizo de su apertura una liturgia televisada para todo el orbe terrestre. Me transformé en la cornucopia de cuya boca muchos creían que habría siempre de chorrear riqueza fácil, inmediata, abundante.

Pido disculpas por haber engañado a tantos en tan poco tiempo; en especial a los economistas que mucho se esforzaron para intentar inmunizarme de las influencias del Estado. Sé que, ahora, sus teorías se derriten como sus acciones, y el estado de depresión en que viven se compara al de los bancos y de las grandes empresas.

Pido disculpas por inducir multitudes a acoger, como santificadas, las palabras de mi sumo pontífice Alan Greenspan, que ocupó la sede financiera durante diecinueve años. Admito haber incurrido en el pecado mortal de mantener los intereses bajos, inferiores al índice de la inflación, por largo periodo. Así, se estimuló a millones de usamericanos a la búsqueda de realizar el sueño de la casa propia. Obtuvieron créditos, compraron inmuebles y, debido al aumento de la demanda, elevé los precios y presioné la inflación. Para contenerla, el gobierno subió los intereses... y el no pago se multiplicó como una peste, minando la supuesta solidez del sistema bancario.

Sufrí un colapso. Los paradigmas que me sustentaban fueron engullidos por el imprevisible agujero negro de la falta de crédito. La fuente se secó. Con las sandalias de la humildad en los pies, ruego al Estado que me proteja de un deceso vergonzoso. No puedo soportar la idea de que yo, y no una revolución de izquierda, sea el único responsable por la progresiva estatización del sistema financiero. No puedo imaginarme tutelado por los gobiernos, como en los países socialistas. Justo ahora que los bancos centrales, una institución pública, ganaban autonomía en relación a los gobiernos que los crearon y tomaban asiento en la cena de mis cardenales, ¿que es lo que veo? Se desmorona toda la cantaleta de que fuera de mí no hay salvación.

Pido disculpas anticipadas por la quiebra que se desencadenará en este mundo globalizado. ¡Adiós al crédito consignado! Los intereses subirán en la proporción de la inseguridad generalizada. Cerrados los grifos del crédito, el consumidor se armará de cautela y las empresas padecerán la sed de capital; obligadas a reducir la producción, harán lo mismo con el número de trabajadores. Países exportadores, como Brasil, tendrán menos clientes del otro lado de la barra; por lo tanto, traerán menos dinero hacia sus arcas internas y necesitarán repensar sus políticas económicas.

Pido disculpas a los contribuyentes de los países ricos que ven como sus impuestos sirven de boya de salvación de bancos y financieras, fortuna que debería ser invertida en derechos sociales, preservación ambiental y cultura.

Yo, el mercado, pido disculpas por haber cometido tantos pecados y, ahora, transferir a ustedes el peso de la penitencia. Sé que soy cínico, perverso, ganancioso. Sólo me resta suplicar que el Estado tenga piedad de mí.

No oso pedir perdón a Dios, cuyo lugar pretendí ocupar. Supongo que, a esta hora, Él me mira allá desde la cima con aquella misma sonrisa irónica con que presenció la caída de la Torre de Babel.

Frei Betto es escritor y asesor de movimientos sociales, autor de más de 50 libros
Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento

11/10/08

La conmoción de los muros, por Frei Betto

En el 2009 se cumplirán veinte años de la caída del muro de Berlín, símbolo de la bipolaridad del mundo dividido en dos sistemas: capitalista y socialista. Ahora asistimos al declive de Wall Street (Calle del Muro), en la cual se concentran las sedes de los mayores bancos e instituciones financieras.

El muro que da el nombre a la calle de Nueva York fue levantado por los holandeses en 1652 y tirado por los ingleses en 1699. Nueva Amsterdam cedió su lugar a Nueva York.

El apocalipsis ideológico en el Este europeo, nunca previsto por ningún analista, fortaleció la idea de que fuera del capitalismo no hay salvación. Ahora bien, la crisis del sistema financiero derriba el dogma de la inmaculada concepción del libre mercado como única panacea para el buen desempeño de la economía.

Todavía no es el fin del capitalismo, pero quizás sea la agonía del carácter neoliberal que hipertrofió el sistema financiero. Acumular fortunas se convirtió en más importante que producir bienes y servicios. La burbuja especulativa se infló y de repente explotó.

Se repite, sin embargo, la vieja receta: después de privatizar las ganancias, el sistema socializa las pérdidas. Con lo cual se desmorona la cantilena de "menos Estado y más iniciativa privada". A la hora de la crisis se acude al Estado como tabla de salvación en forma de US$ 700 mil millones (el 5% del PIB de los EE.UU. o el costo de todo el petróleo consumido durante un año en dicho país), que serán inyectados para darle respiración al sistema financiero.

El programa Bolsa Hartura de Bush reúne garantía suficiente para erradicar el hambre del mundo. ¿Pero quién se preocupa de los pobres? Debido al aumento del precio de los alimentos, en los últimos doce meses el número de hambrientos crónicos subió de 854 millones a 950 millones, según Jacques Diouf, director general de la FAO.

¿Quién pagará la factura del Proer usamericano? La respuesta es obvia: el contribuyente. Se prevé el desempleo inmediato de 11 millones de personas vinculadas al mercado de capitales y a la construcción civil. Los fondos de pensión, descapitalizados, no podrán cubrir los derechos de millones de jubilados, sobre todo de quien invirtió en seguridad privada.

La restricción del crédito tiende a inhibir la producción y el consumo. Los bancos de inversión ponen sus barbas en remojo. Aumentarán los impuestos. El mercado quedará en régimen de libertad vigilada: sirve ahora el modelo chino de control político de la economía, y ya no el control de la política por la economía, como sucede en el neoliberalismo.

En 1967 J.K. Galbraith llamaba la atención sobre la crisis del carácter industrial del capitalismo. Nombres como Ford, Rockefeller, Carnegie o Guggenheim, ejemplos de personas emprendedoras, desaparecían del escenario económico para dar lugar a una amplia red de accionistas anónimos. El valor de la empresa se desplazaba del parque industrial a la Bolsa de Valores.

En la década siguiente Daniel Bell alertaba sobre la asociación íntima entre información y especulación, y advertía sobre las contradicciones culturales del capitalismo: el ascetismo (= acumulación) en choque con el estímulo consumista; los valores de la modernidad destronados por el carácter iconoclasta de las innovaciones científicas y tecnológicas; ley y ética en antagonismo cuanto más el mercado se constituye en árbitro de las relaciones económicas y sociales.

Si la caída del muro de Berlín trajo al Este europeo más libertad y menos justicia, introduciendo desigualdades lacerantes, la conmoción de Wall Street obliga al capitalismo a repensarse. ¿El casino global vuelve al mundo más feliz? Es obvio que no. El fracaso del socialismo real ¿significa la victoria del capitalismo virtual (real sólo para 1/3 de la humanidad)? Tampoco.

El fracaso del capitalismo no se mide por sus crisis financieras sino por la exclusión -de acceso a los bienes esenciales de consumo y a los derechos de ciudadanía, como alimentación, salud y educación- de 2/3 de la humanidad. Son cuatro mil millones de personas las que, según la ONU, viven entre la miseria y la pobreza, con un ingreso diario inferior a US$ 3.

Lo que hay que buscar con urgencia es otro mundo posible, económicamente justo, políticamente democrático y ecológicamente sustentable.

Frei Betto es escritor y asesor de movimientos sociales, autor de más de 50 libros
Fuente: Adital

27/6/08

Es posible vencer la pobreza y el hambre, por José Carlos García Fajardo


“Los ingresos de las 500 personas más ricas del planeta son superiores a lo que perciben los 416 millones de personas más pobres. Esta injusticia marca las vidas de unos mil millones de personas que viven en la pobreza más absoluta y, en no pocos casos, llega a ser causa de su muerte”.

Es posible un desarrollo endógeno, equilibrado, sostenible y global en un mundo todavía dominado por la pobreza extrema y por desigualdades inhumanas.

En el informe "De la pobreza al poder, cómo pueden cambiar el mundo ciudadanos activos y estados eficaces", presentado por la ONG Oxfam Internacional, se parte de un estudio de lo aprendido en más de cien países en los últimos diez años para una reflexión sobre el futuro del desarrollo.

Duncan Green, coordinador de investigaciones de la ONG, describe un mundo en el que hay recursos para todos, pero muy mal repartidos, hasta el punto de que los ingresos de las 500 personas más ricas del planeta son superiores a lo que perciben los 416 millones de personas más pobres. Esta injusticia marca las vidas de unos mil millones de personas que viven en la pobreza más absoluta y, en no pocos casos, llega a ser causa de su muerte.

Esta desigualdad inhumana determina que un niño no llegue a cumplir los cinco años de vida dependiendo no sólo del país en el que nace, sino del entorno en el que nace. Porque aún dentro de los países, las desigualdades son enormes y espantosas. La brecha se agranda cada día y condena a más personas a la pobreza, a la enfermedad y a una vida sin la mínima dignidad humana a la que tienen derecho.

Junto a los factores que afloran en los medios de comunicación están el aumento del precio del petróleo y de los alimentos hay que añadir el cambio climático, que provoca una inestabilidad que afecta a los más vulnerables. Pero los medios de comunicación también denuncian que más del 70% del aumento del precio de los carburantes es debido a la más desvergonzada e impune especulación financiera. Este dato no parece conmover a los gobiernos.

El crecimiento económico parece insuficiente para acabar con la pobreza por las enormes desigualdades que todavía persisten. El Informe vuelve a proponer la solución aportada por los movimientos de la sociedad civil que sostienen que otro mundo es posible, porque es necesario. Se trata de una redistribución profunda de poder, bienes y oportunidades con la garantía del acceso de toda la población a la educación, a la sanidad, al agua potable, a una maternidad responsable y a una buena alimentación.

El Informe de Oxfam Internacional subraya la importancia de dos condiciones para salir de la miseria: una ciudadanía activa y unos Estados eficaces. Tesis que refuta la idea de que el desarrollo de los países más pobres sólo depende de lo que hagan los países ricos. Es la aberrante teoría de que los países en vías de desarrollo están en un estadio hacia el desarrollo, cuando, en realidad, el subdesarrollo es un subproducto de un modelo de desarrollo injusto e inhumano.

A todo esto, en “¿Hay futuro en el Capitalismo?”, el sociólogo dominico Frei Betto afirma que la modernidad está en crisis ya que vivimos, no una época de cambios sino un cambio de época. Según datos de la FAO, dice, somos 6.500 millones de personas en el planeta, de las cuales la mitad vive por debajo de la línea de pobreza, y 854 millones sobreviven con hambre crónica. Nada indica que se vayan a cumplir, hasta el 2015, las Metas del Milenio de la ONU, entre las cuales está la erradicación de la miseria.

Hay quien afirma que el problema del hambre es causado por el exceso de bocas y él es partidario de la planificación familiar porque respeta la libertad de la pareja.
Ante la tesis de la carencia de alimentos argumenta que el mundo produce lo suficiente para alimentar 11 mil millones de bocas. Lo que hay es falta de justicia, excesiva concentración de la riqueza en pocas manos y, ahora, etanol para abastecer vehículos en vez de alimentos para alimentar personas.

Pero Frei Betto no puede ignorar que la explosión demográfica es un arma de destrucción masiva, como el hambre. La historia demuestra que, en todos los países en los que las mujeres tienen acceso a la educación y a puestos de trabajo iguales a los de los hombres, no existe peligro de explosión demográfica. Al contrario, en los países enriquecidos, industrializados y educados del Norte sociológico, el problema del incremento de sus envejecidas poblaciones ha desatado todas sus alarmas, aunque no se atrevan a reconocer que sólo con una inmigración adecuada podrán hacer frente a esa amenaza. No se atreven a reconocerlo porque viven obsesionados con un individualismo patológico.

De ahí que Frei Betto se pregunte si hay futuro para la humanidad dentro del paradigma capitalista. La respuesta está en la misma pregunta. Porque el nuevo paradigma consistía en caer en la cuenta de que no hay paradigma, pero sí exigencia de una justicia social fundamental para todos los seres.

José Carlos García Fajardo es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
Fuente: CCS

Enlace a todos los artículos de José Carlos García Fajardo en el blog

11/6/08

Del mundo virtual al espiritual, por Frei Betto



Al viajar por el Oriente mantuve contactos con monjes del Tibet, de Mongolia, de Japón y de China. Eran hombres tranquilos, comedidos, envueltos en paz en sus túnicas color de azafrán. Un día observaba yo el movimiento del aeropuerto de Sao Paulo: la sala de espera llena de ejecutivos con teléfonos celulares, preocupados, ansiosos, generalmente comiendo más de lo debido. Seguro que ya habían tomado café por la mañana en casa, pero como la compañía aérea ofrecía otro café, todos comían vorazmente. Eso me hizo reflexionar: "¿Cuál de los dos modelos produce felicidad?"

Encontré a Daniela, de diez años, en el ascensor a las nueve de la mañana y le pregunté: "¿No has ido a clase?" Ella respondió: "No, tengo clase por la tarde". Añadí: "Qué bien, entonces por la mañana puedes jugar y dormir hasta más tarde". "No -replicó ella-, tengo mucho que hacer por la mañana". "¿Qué cosas?", le pregunté. "Clases de inglés, de ballet, de pintura, piscina", y siguió enumerando su programa de muchacha robotizada. Me quedé pensando: "¡Qué pena que Daniela no dijo: Tengo clase de meditación!".

Estamos construyendo superhombres y supermujeres, totalmente equipados pero emocionalmente infantilizados. Por eso las empresas consideran ahora que más importante que el QI es la IE, la Inteligencia Emocional. No sirve de mucho ser un superejecutivo si no se consigue relacionarse con las personas. Entonces ¡qué importante sería incluir clases de meditación en los currículos escolares!

Una progresista ciudad del interior de Sao Paulo tenía en 1960 seis librerías y un gimnasio; hoy tiene sesenta gimnasios y tres librerías. No tengo nada contra el cuidado del cuerpo, pero me preocupo por la desproporción en relación con el cuidado del espíritu. Está bien que todos muramos esbeltos: "¿Cómo estaba el difunto?", "Hecho una maravilla, no tenía ni una arruga". Pero ¿cómo queda la cuestión de la subjetividad? ¿de la espiritualidad? ¿de la ociosidad amorosa?

Antes se hablaba de la realidad: análisis de la realidad, insertarse en la realidad, conocer la realidad. Hoy la palabra es virtualidad. Todo es virtual. Se puede tener sexo virtual por Internet: no se contagia el sida, no hay involucramiento emocional, todo se controla con el ratón. Encerrado en su cuarto en Brasilia un hombre puede tener una amiga íntima en Tokio, sin mayor preocupación por conocer a su vecino de apartamento o de cuadra. Todo es virtual. Entramos en la virtualidad de todos los valores, no hay compromiso con lo real. Es muy grave ese proceso de abstracción de lenguaje, de sentimientos: somos místicos virtuales, religiosos virtuales, ciudadanos virtuales. En cuanto a esto, la realidad va por otro lado, pues somos también éticamente virtuales…

La cultura comienza donde termina la naturaleza. Cultura es el refinamiento del espíritu. La televisión en Brasil -con raras y honrosas excepciones- es un problema: a cada semana que pasa tenemos la sensación de que somos un poco menos cultos. La palabra hoy es "entretenimiento"; así, el domingo es el día nacional de la imbecilización colectiva. Imbécil el presentador, imbécil el que va y se sienta en el sofá, imbécil quien pierde la tarde ante la pantalla. Como la publicidad no consigue vender felicidad, tenemos la ilusión de que la felicidad es el resultado de la suma de placeres: "Si toma este refresco, calza estos tenis, usa esta camisa, compra este auto, ¡usted llega a ella!" El problema es que, en general, no se llega. Quien consiente desarrolla de tal manera el deseo, que acaba necesitando de un analista. O de fármacos. Quien resiste, aumenta la neurosis.

Los sicoanalistas tratan de descubrir cómo hacer con el deseo de sus pacientes. ¿Dónde ponerlos? Yo, que no soy de esa área, puedo darme el derecho de presentar una sugerencia. Creo que sólo hay una salida: cambiar el deseo hacia dentro, gustarse a sí mismo, comenzar a ver lo bueno que es ser libre de todo ese condicionamiento globalizante, neoliberal, consumista. Así se podría vivir mejor. Además, para una buena salud mental son indispensables tres requisitos: amistades, autoestima, ausencia de estrés.

Hay una lógica religiosa en el consumismo moderno. Si alguien va a Europa y visita una pequeña ciudad donde hay una catedral debe procurar saber la historia de esa ciudad -la catedral es la señal de que ella tiene historia.. En la Edad Media las ciudades adquirían status construyendo una catedral; hoy en Brasil se construye un centro comercial. Es curioso: la mayoría de los centros comerciales tienen las líneas arquitectónicas de catedrales estilizadas; a ellos no se puede ir de cualquier manera, hay que vestir ropa de misa dominical. Y allí dentro se siente una sensación paradisíaca: no hay mendigos, niños de la calle, suciedad…

Se entra en esos claustros al son del gregoriano posmoderno, esa musiquita de sala de espera de dentista. Se ven varios nichos, todas esas capillas con los venerables objetos de consumo, acolitados por bellas sacerdotisas. Quien puede comprar se siente en el reino de los cielos. Si tiene que dar un cheque prefechado, pagar a crédito o mediante un cheque especial, se va a sentir en el purgatorio. Pero si no puede comprar, ciertamente se va a sentir en el infierno… Por suerte, todos terminan en la eucaristía posmoderna, atraídos por la misma mesa, con el mismo jugo y la misma hamburguesa de McDonald’s…

Suelo decirles a los empleados que me invitan a entrar en las tiendas: "Sólo estoy dando un paseo socrático". Y ante sus ojos espantados explico: "A Sócrates, filósofo griego, también le gustaba despejar la cabeza recorriendo el centro comercial de Atenas. Cuando los vendedores como ustedes lo asediaban les respondía: "Sólo estoy mirando cuántas cosas no necesito para ser feliz".


Frei Betto es fraile dominico y escritor brasileño, autor de más de 50 libros.


Fuente: Adital. Traducción de J.L.Burguet.

8/2/08

Todo es uno, por Frei Betto

Diógenes Laercio le dijo un día a Platón: "Puedo ver una mesa y una taza; pero esto no es a lo que tú te refieres, la mesidad y la tacidad". El fundador de la Academia respondió: "Para ver una mesa y una taza tú necesitas ojos, y los tienes; para ver la mesidad y la tacidad necesitas inteligencia, y no la tienes".

Inteligencia deriva de leer el interior, ser capaz de leer dentro, de captar con precisión lo que hay detrás de las apariencias, de alcanzar la esencia, pues todos sabemos o al menos intuimos que la realidad percibida por nuestros sentidos es apenas la punta del iceberg.

Se da una íntima conexión entre todas las cosas. El primero que lo percibió fue Tales de Mileto, filósofo griego del siglo 6 a.C. Sus obras no han llegado hasta nosotros, pero hay quien le atribuye la autoría de la Guía de navegación por las estrellas, atribución que comparte con Focos de Samos.

Las ideas de Tales de Mileto nos son conocidas gracias a los comentarios de Platón, Aristóteles, Teofrato, Simplicio, Diógenes y Eudemo. Para quien es considerado el primer filósofo, "todas las cosas están llenas de dioses". Hay una sacralizad inherente a todo lo creado. Proposición que, con seguridad, era conocida por el apóstol Pablo, quien la cristianizó al afirmar: "Él no está lejos de cada uno de nosotros, pues en Él vivimos, nos movemos y existimos, como algunos poetas de ustedes dijeron: ‘Somos de la raza del mismo Dios’" (Hechos de los Apóstoles 17, 27-28).

Tales reconocía en el agua la materia prima de la naturaleza, el sostén de la Tierra. No se equivocó del todo, si consideramos que la fórmula del agua -H2O- indica que se compone de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno; y que en la escala atómica el hidrógeno está en el origen de toda materia.

Encantado con las ideas de Tales, Nietzsche subraya que el agua, como "útero materno de todas las cosas", nos remite al origen del Universo, y la proposición contiene "en germen la idea de que Todo es Uno". En el Génesis el autor bíblico incluyó el agua como elemento primordial, citado ya en el segundo versículo: "Yavé se mecía sobre las aguas".

En el siglo 20 la ciencia comprobó que todo lo que existe preexiste, subsiste y coexiste. Todos los seres de la naturaleza, incluidos el hombre y la mujer, están hechos de los mismos 92 átomos resultantes de la explosión inicial del Universo, el Big Bang, hace unos 14 mil millones de años.

Los átomos y las moléculas de nuestro organismo saben contar la historia de lo que fueron antes, desde que la vida emergió del fondo de los mares y evolucionó a través de los reinos mineral, vegetal y animal. Por eso, vivir es dar un beso en la boca a la naturaleza. Nuestras células se alimentan del gas que ingerimos por la boca y la nariz, el oxígeno, producido por los planctons y por las plantas; al espirar regresamos a los planctons y a las plantas el nutriente que los sustenta, el gas carbónico.

Nuestra vida se mantiene gracias a la capacidad de reciclar la naturaleza en un gesto cotidianamente eucarístico. Los alimentos ingeridos en el almuerzo eran vegetales que estaban vivos y murieron para darnos vida, en forma de ensalada; granos que estaban vivos, el arroz y el frijol, que murieron para darnos vida; animales que estaban vivos -la carne de pescado, cerdo o res- y murieron para darnos vida.

Teilhard de Chardin afirma que todas las cosas son impelidas hacia la completa sinergia, el Punto Omega, que la fe identifica con Cristo Resucitado, en el cual en el futuro todos nosotros seremos unificados, aunque sin perder nuestra individualidad. Misterio que sólo encuentra analogía en la unión de la Santísima Trinidad, tres personas distintas en eterna comunión amorosa.

Si fuéramos capaces de seguir el consejo de Platón y percibir esa unidad entre todos los seres, la cosmofraternura que nos une, la energía vital que hace de la vida ese maravilloso milagro, ciertamente seríamos menos insensibles ante la miserable situación en que sobreviven tantos de nuestros semejantes.


Frei Betto es fray dominico y escritor. Autor de "Sinfonía universal. La cosmovisión de Teilhard de Chardin", entre otros libros. Traducción de J.L.Burguet.

Fuente: Adital

El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 53 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos ocasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores.

Asesor de movimientos sociales, como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 45 años. En los años 2003 y 2004 fue asesor especial del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva y coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero.

21/12/07

Haz nuevo tu año, por Frei Betto


En este año nuevo hazte nuevo, reduce tu ansiedad, cultiva flores en la esquina de tu alma, riega de ternura tus sentimientos más profundos, imprime a tus pasos el ritmo de las tortugas y la levedad de las garzas.

No te mires en los otros; la envidia es un cáncer que mina la autoestima, fomenta la agitación y abre, en medio del corazón, el agujero en el que se precipita el mismo envidioso.

Mírate en ti mismo, asume tus talentos, cree en tu creatividad, abraza con amor tu singularidad. Evita, sin embargo, una mirada narcisista. Sé solidario; al extender hacia los demás tus manos estarás oxigenando tu propia vida. No te conviertas en rehén de tu egoísmo.

Cuídate de la lengua. No profieras difamaciones ni injurias: El odio destruye a quien odia, no al odiado. Cambia la maledicencia por la benevolencia. Comprométete a expresar al menos cinco elogios por día; tu salud espiritual lo agradecerá.

No desperdicies tu existencia hipnotizado por la televisión o navegando alocadamente por internet, náufrago en el remolino de imágenes e informaciones que no consigues transformar en síntesis racional. No dejes que la espectacularidad de los medios anule tu capacidad de soñar y te transforme en consumista compulsivo. La publicidad sugiere felicidad y sin embargo no ofrece más que placeres momentáneos.

Centra tu vida en bienes infinitos, nunca en los finitos. Lee mucho, reflexiona, atrévete a buscar el silencio en este mundo ruidoso. Allí te encontrarás a ti mismo y, con seguridad, a Otro que vive en ti y que casi nunca es escuchado.

Cuida tu salud, pero sin la obsesión de los anoréxicos ni la compulsión de quienes devoran alimentos con los ojos. Camina, practica ejercicios aeróbicos, sin descuidar acariciar tus arrugas, y no temas a las señales del tiempo en tu cuerpo. Frecuenta también una escuela de ejercitar el espíritu. Y ponle cremas revitalizadoras de la generosidad y de la compasión.

No le des importancia a lo fugaz, ni confundas lo urgente con lo prioritario. No te dejes arrastrar por las modas. Haz como Sócrates: observa cuántas cosas se ofrecen en los mercados que tú no necesitas para ser feliz. Jamás dejes pasar un día sin un momento de oración. Si no tienes fe, sumérgete en tu vida interior, aunque sólo sea durante cinco minutos.

No te dejes desilusionar por el mundo que te rodea. Así lo hicieron personas semejantes a nosotros. Has de saber que estás llamado a transformarlo. Si te causa fastidio la política, recibirás la gratitud de los políticos que la corrompen. Si eres indiferente, te lo agradecerán los que se apegan a ella. Si reaccionas y actúas, te podrán temer, pero la democracia se hará más participativa.

En el 2008 celebraremos el 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Practícala en tu casa, con tus hijos y tu compañero(a). No trates a tu empleada como a una semiesclava. Remunérala con un salario digno y permítele que pueda mejorar la calidad de su vida.

Arranca de tu mente todos los prejuicios y de tus actitudes todas las discriminaciones. Sé tolerante, ponte en el lugar del otro. Todo ser humano es el centro del universo y es morada viva de Dios. Antes pregúntate a ti mismo por qué provocas en alguien antipatía, rechazo o disgusto. Revístete de alegría y serenidad. La vida es breve y de antemano sabemos que vamos a morir.

Haz algo para preservar el medio ambiente, para sanear el aire y el agua, para reducir el calentamiento global. No uses material no biodegradable. Trata la naturaleza como lo que ella es de hecho: tu madre. De ella viniste y a ella volverás; vives del beso que te da continuamente en la boca: ella te nutre de oxígeno y de alimentos.

Reserva un espacio en tu jornada para conectarte con el Trascendente. Deja que Dios acampe en tu subjetividad. Aprende a cerrar los ojos para ver mejor.


Frei Betto es fraile dominico y teólogo de la liberación. Es autor de más de 50 libros de diversos géneros literarios y de tema religioso. En dos ocasiones -1985 y 2005- fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante de Brasil. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores. Asesor de movimientos sociales, como las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra. En 2003 y 2004 fue asesor especial del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva y coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero.

Fuente: Adital

22/5/07

Ecología interior, por Frei Betto


Olvida por un minuto la polución del aire y del mar, la química que contamina la tierra y envenena los alimentos, y medita: ¿Cómo anda tu equilibrio ecobiológico? ¿Has dialogado con tus órganos internos? ¿Has acariciado tu corazón? ¿Respetas la delicadeza de tu estómago? ¿Acompañas mentalmente a tu flujo sanguíneo?

¿Están contaminados tus pensamientos? ¿Son ácidas tus palabras? ¿Agresivos tus gestos? ¿Cuántas cloacas fétidas corren por tu alma? ¿Cuántos escombros -pesares, ira, envidia- se amontonan en tu espíritu?

Examina tu mente. ¿Está descontaminada de ambiciones desmedidas, de pereza intelectual y de intenciones inconfesables? ¿Manchan de lodo tus pasos los caminos, dejando un rastro de tristeza y desaliento? ¿Se intoxica tu humor de rabia y de arrogancia? ¿Dónde están las flores de tu bienamar, los pájaros posados en tu mirada, las aguas cristalinas de tus palabras? ¿Por qué tu temperamento hierve con frecuencia y expele tanto hollín por las chimeneas de tu intolerancia?

No desperdicies la vida quemando tu lengua con las manchas de tus comentarios infundados sobre la vida ajena. Preserva tu ambiente, avanza en tu calidad de vida, purifica el espacio por donde transitas. Limpia tus ojos de las ilusiones de poder, fama y riqueza, antes de que quedes ciego y tus pasos se desvíen del camino no señalizado de los rumbos de la ética. Ella está llena de agujeros y puedes enterrar tu camino en uno de ellos.

Tú eres, como yo, un ser frágil, aunque tengas por fuertes a los semejantes que merecen tu pleitesía. Todos estamos hechos de barro y soplo. Finos vasos de cristal que se rompen al menor roce: una palabra descuidada, un gesto que golpea, una desconfianza que perdura.

Gracias al Espíritu que moldea y anima tu ser, el vaso quebrado se reconstruye, entero, si fueras capaz de amar. Primero a ti mismo, impidiendo que tu subjetividad se ahogue en las mareas negativas. Después a tus semejantes, ejercitando la tolerancia y el perdón, sin sacrificar nunca el respeto y la justicia.

Libera tu vida de tanta basura acumulada. Tira por la ventana las cajas que guardan pesares y tantas fichas de tu contabilidad con los supuestos débitos del otro. Vive tu día como si fuese la fecha de tu renacer a lo mejor de ti mismo, y los otros te recibirán como don de amor.

Practica el difícil arte del silencio. Deslígate de las preocupaciones inútiles, de los recuerdos amargos, de las inquietudes que trascienden tu poder. Recógete en lo más íntimo de ti mismo, sumérgete en tu océano de misterio y descubre, allá en el fondo, el Ser Vivo que da fundamento a tu identidad. Conserva esta enseñanza: a veces es necesario cerrar los ojos para ver mejor.

Acoge tu vida como es: una dádiva involuntaria. No pediste nacer, y ahora no deseas morir. Haz de esa gratuidad una aventura amorosa. No sufras dando valor a lo que no tiene importancia. Trata a todos como iguales, aunque estén revestidos ilusoriamente de nobleza o se muestren realmente como seres carcomidos por la miseria.

Haz de la justicia tu modo de ser y no te avergüences nunca de tu pobreza, de tu falta de conocimientos o de poder. Nadie es más culto que otro. Lo que existen son culturas distintas y socialmente complementarias. ¿Qué sería del erudito sin el arte culinaria de la cocinera analfabeta? Tu riqueza y tu poder residen en tu moral y dignidad, que no tiene precio y te atraen aprecio.

Pero ármate de indignación y de esperanza. Lucha para que todos los caminos sean aplanados, hasta que la especie humana se descubra como una sola familia, en la que todos, a pesar de las diferencias, tengan iguales derechos y oportunidades. Y convéncete de que todos convergimos hacia Aquel que, supremo Tópico, nos impregnó de esa energía que nos permite conocer la abismal diferencia que hay entre la opresión y la liberación.

Convierte cada segundo de tu existir en una oración. Y tendrás fuerza para expulsar a los vendedores del templo, para obrar milagros y diseminar la ternura como plenitud de todos los derechos humanos. Aunque estés rodeado de adversidades, si preservas tu ecobiología interior serás feliz, porque tendrás en tu corazón tesoros inexpugnables.


Frei Betto es escritor, autor de "Sabor de uvas", entre otros libros.
QUIÉN ES FREI BETTO

El escritor brasileño Frei Betto es un fraile dominico, conocido internacionalmente como teólogo de la liberación. Autor de 53 libros de diversos géneros literarios -novela, ensayo, policíaco, memorias, infantiles y juveniles, y de tema religioso en dos acasiones- en 1985 y en el 2005 fue premiado con el Jabuti, el premio literario más importante del país. En 1986 fue elegido Intelectual del Año por la Unión Brasileña de Escritores.

Asesor de movimientos sociales, camo las Comunidades Eclesiales de Base y el Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, participa activamente en la vida política del Brasil en los últimos 45 años. En los años 2003 y 2004 fue asesor especial del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva y coordinador de Movilización Social del Programa Hambre Cero.


Fuente: Adital