28/9/09

Ser humano: poético y prosaico, por Leonardo Boff

Uno de los más inspirados poetas alemanes, Friedrich Höderlin (1770-1843), dijo lo siguiente: «El ser humano habita poéticamente la Tierra». Este pensamiento lo completó luego un pensador francés, Edgar Morin: «El ser humano habita también prosaicamente la Tierra». Poesía y prosa además de ser géneros literarios, expresan dos modos existenciales de ser.

La poesía supone la creación que hace que la persona se sienta tomada por una fuerza mayor que le trae conexiones inusitadas, iluminaciones nuevas, rumbos nuevos. Bajo la fuerza de la creación la persona canta, sale de la rutina y asume caminos diferentes. Surge entonces el chamán que se esconde en cada persona, esa disposición que nos hace sintonizar con las energías del universo, que capta el pulsar del corazón del otro, de la naturaleza y de Dios mismo. Por esta capacidad se descubren nuevos sentidos de lo real.

«Habitar poéticamente la Tierra» significa sentirla como algo vivo, evocativo, grandioso y mágico. La Tierra es paisajes, colores, olores, fascinación y misterio. ¿Cómo no extasiarse ante la majestad de la selva amazónica, con sus árboles cual manos tendidas hacia lo alto, con la maraña de sus lianas y enredaderas, con los sutiles matices de sus verdes, rojos y amarillos, con los trinos de las aves y la profusión de sus frutos? ¿Cómo no quedarse boquiabierto ante la inmensidad de las aguas que penetran lentamente en la espesura y descienden mansamente hasta el océano? ¿Cómo no sentirse lleno de temor reverencial al caminar horas y horas por la selva virgen, como varias veces me tocó hacerlo con Chico Mendes? ¿Cómo no sentirse pequeño, perdido, un bichito insignificante ante su incalculable biodiversidad?

Habitamos poéticamente el mundo cuando sentimos en la piel el frescor suave de la mañana, cuando padecemos bajo la canícula del sol de mediodía, cuando nos serenamos al atardecer, cuando nos invade el misterio de la oscuridad de la noche. Nos estremecemos, vibramos, nos llenamos de ternura y nos extasiamos ante la Tierra en su inagotable vitalidad, y al encontrarnos con la persona amada. Entonces vivimos el modo de ser poético.

Lamentablemente son ciegos y sordos y víctimas de la lobotomía del paradigma positivista moderno quienes ven la Tierra simplemente como un laboratorio de elementos físico-químicos, como un conglomerado inconexo de cosas yuxtapuestas. No, ella está viva, es Madre y Pachamama.

También habitamos la Tierra prosaicamente. La prosa recoge la cotidianidad y el día a día gris, hecho de tensiones familiares y sociales, como los horarios y los deberes profesionales, con discretas alegrías y tristezas disimuladas. Pero lo prosaico también esconde valores inestimables. Se descubren tras una larga estancia en un hospital, o cuando regresamos presurosos después de pasar penosos meses fuera de casa. Nada más suave que el sereno transcurrir de los horarios y de los quehaceres domésticos y profesionales. Nos da la sensación de una navegación tranquila por el mar de la vida.

Poesía y prosa conviven y se alternan de tiempo en tiempo. Tenemos que velar por lo poético y lo prosaico de nuestras vidas, pues ambos se complementan y ambos están amenazados de banalización.

La cultura de masas ha desnaturalizado lo poético. El ocio, que sería el momento de ruptura de lo prosaico, ha sido aprisionado por la cultura del entretenimiento que incita al exceso, al consumo de alcohol, de drogas y de sexo. Es una vivencia poética, pero domesticada, sin éxtasis; un disfrute sin encantamiento.

Lo prosaico ha sido trasformado en simple lucha darviniana por la supervivencia, extenuando a las personas con trabajos monótonos, sin esperanza de gozar del merecido ocio. Y cuando éste llega, resultan rehenes de quienes han pensado todo por ellas, organizan sus viajes y les fabrican experiencias inolvidables. Y lo consiguen. Pero como todo es artificialmente inducido, el efecto final es un doloroso vacío existencial. Y entonces les dan antidepresivos.

Saber vivir con levedad lo prosaico y con entusiasmo lo poético es indicativo de una vida plenamente humana.

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, más información en Wikipedia

Crisis, neoliberalismo y pobreza, por Xavier Caño Tamayo

Los pecados del neoliberalismo han producido más de 1.100 millones de hambrientos en el mundo, un genocidio programado y tolerado por la comunidad internacional.

Ángel Olarán, un sacerdote católico que salva vidas de niños en Etiopía, afirma que el hambre es genocidio programado, tolerado. Un crimen con criminales inductores por omisión, cómplices y encubridores. Y el brasileño Frei Betto denuncia que el hambre es lo más letal de la injusticia humana; causa más muertes que todas las guerras y elimina 30.000 vidas diarias. Según la ONU, hoy ya hay 1.100 millones de hambrientos cuando el pasado año eran 800 millones. El hambre es el peor fruto de la pobreza. Y el catedrático de sociología Vidal-Beneyto nos recuerda que “el último informe anual de la ONU sobre Desarrollo de los Recursos Humanos desmonta el mito de que la pobreza deriva necesariamente de un conjunto de circunstancias inmodificables”.

¿Cómo pretender que el hambre y otros desastres similares no tienen que ver con el hecho de que el patrimonio de las 10 primeras fortunas del mundo sea superior a la suma de las rentas nacionales de los 55 países más pobres?

¿Y qué decir de la revelación de la Oficina de Censo de Estados Unidos, que a inicios de 2009 ya hubiera en el país más rico del mundo casi 40 millones de personas pobres, habiendo alcanzado la pobreza a más del 13 % de población?

¿No significa nada que el 10% de población mundial posea el 75% de las riquezas mientras 3.000 millones (casi la mitad de población) malvivan con menos de 2 dólares diarios y más de 1.000 millones de personas no tengan acceso a agua potable?

¿No tiene relación con el desastre humanitario mundial que los países ricos del Norte den 10 $ de subvenciones agrícolas por cada 3 $ de ayuda a países empobrecidos? Sí, porque las ayudas agrícolas en los países ricos suponen más pobreza en los países empobrecidos.

El economista coreano Ha-Joon Chang, de la universidad de Cambridge, ha desmantelado documentadamente los mitos neoliberales de las últimas décadas. El profesor de economía Carlos Berzosa sostiene que el libre mercado y el llamado comercio libre no pueden erradicar el hambre.

Los líderes de países desarrollados declararon en el G-8 de marzo pasado que los mercados abiertos son la llave del crecimiento económico y del desarrollo. Y el profesor de economía Juan Torres contesta que mienten como bellacos porque ni un solo país rico ha llegado a su nivel de desarrollo por abrir sus mercados sino por lo contrario. Y continúan cerrándolos según les convenga.

Pero a pesar de los implacables datos del permanente desastre global, la minoría privilegiada, beneficiarios directos de la insolidaridad neoliberal, gurús y voceros, siervos de estómago agradecido y otras nada respetables especies al servicio de facto de la minoría rica insisten en que una mano invisible rige la economía; el crecimiento económico progresivo es imprescindible; lo público es ineficiente, caro y malo; lo privado, eficaz, razonable y bueno; la justicia social atenta contra la libertad individual y promueve vagos y maleantes; la disciplina presupuestaria implacable es inatacable y, por tanto, hay que recortar gasto social porque el déficit es el peor de los males y, por supuesto, hay que reducir los impuestos (a los ricos), en tanto que la libérrima circulación de capitales es imprescindible, como el oxígeno del sistema económico.

La concreción práctica de toda esa pornografía neoliberal antes y durante la crisis ha producido que bancos y grandes entidades financieras fueran voraces antes y ahora cicateros, mientras los bancos centrales no regulaban nada ni nada controlaban, y los gobiernos se convertían en servidores de los más ricos al negarse a gobernar la economía y a luchar contra la creciente y obscena desigualdad. Ya hemos visto y sufrido los resultados de crisis, pobreza, hambre y otros males.

Lo escribió Thomas Jefferson en 1802: “Las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos listos para el combate”. Y el presidente Franklin Roosevelt sentenció hace ochenta años que “siempre hemos sabido que el interés egoísta e irresponsable era malo desde el punto de vista moral; ahora sabemos que es malo desde el punto de vista económico”.

Pero parece que no aprendemos. Parece que cuando un dedo señala la Luna, los idiotas continúan mirando el dedo, pero no miran la Luna.

Y así nos va. Hay que reaccionar.

Xavier Caño Tamayo es periodista y escritor
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

Viñeta: El Roto, El País

Insumisos, la batalla por un ideal, por Jorge Urdánoz Ganuza

Cuestionaron en la España de los años setenta el servicio militar obligatorio con propuestas no violentas. Su recuerdo es oportuno en un país con tantos adolescentes sin ideales y tantos políticos sin generosidad

De quién se dice aquello de "no sabían que era imposible y lo han conseguido"? Porque si alguien se merece la cita, ésos son los insumisos que en su día vencieron al ejército. Un ejército, el heredado de la dictadura, que no tenía entre los españoles la mejor de las reputaciones, estigmatizado como estaba por haber sido uno de los puntales de la represión franquista. El movimiento antimilitarista le plantó cara pronto y, casi inconcebiblemente, terminó ganando una batalla que sólo cabía dar por perdida. Los insumisos lograron acabar con la mili obligatoria y forzaron a la institución militar a replantear toda su estrategia de fondo. Fue, por muchos motivos, un acontecimiento singular, y merece la pena recordarlo.

No es fácil acotar los orígenes del proceso. La fundación oficial del Movimiento de Objeción de Conciencia -el MOC, el colectivo que gozó de un mayor protagonismo durante los años de la insumi-sión- data de 1977, pero hay acuerdo en considerar que tal fecha supuso tan sólo un bautizo más o menos formal a un impulso que tenía ya algunos años. En 1971, con el dictador todavía atado y bien atado a los resortes del poder, Pepe Beunza, el padre del antimilitarismo español, se convirtió en el primer insumiso no religioso al ejército obligatorio (los Testigos de Jehová se habían negado a alistarse desde siempre). Lo arrastraron por 10 prisiones durante casi tres años, pero con el tiempo pudo ver cómo la incorporación a filas dejaba de ser obligatoria. Hoy en día sigue siendo un referente para el movimiento por la paz en nuestro país.

El antimilitarismo bebió de la rebeldía de Mayo del 68, del pacifismo cristiano de los movimientos de base y de los procesos de desobediencia civil inaugurados por Thoreau, Gandhi y Luther King. Hubo también, es cierto, una insumisión específicamente nacionalista. No al ejército, sino a España. No antimilitarista, sino militarista a la contra. Pero de ésa no hablaremos aquí, pues no es sino el mismo belicismo con distintas insignias. La insumisión de la que nos ocuparemos aquí es aquella que ofrecía razones y ejemplos contra una organización social estúpida, injusta y ciega, no contra los particulares colores de la bandera que la arropaba.

Aunque hoy parezca ciencia-ficción, los jóvenes de entonces iban a la cárcel dos años, cuatro meses y un día por un ideal. Podían optar por hacer la prestación social sustitutoria durante un año, por supuesto, pero eso era hacerle el juego al sistema militarista y permitir, por tanto, su perpetuación. Así que decían adiós a sus familias, a sus estudios o a sus trabajos... y se entregaban. Seguían las enseñanzas de la desobediencia civil: jamás acatar lo injusto, pero nunca responder con la violencia. Y asumían además el castigo legalmente establecido. Porque, como Gandhi y King habían enseñado, sólo así puede la sociedad vislumbrar las injusticias y percibirlas como tales, y sólo así será posible el cambio. Por eso centenares de jóvenes que no sólo no habían hecho absolutamente nada, sino que eran en muchos sentidos los mejores de entre nosotros, acababan en prisión. Y, extramuros, la sociedad empezó a plantearse cosas.

Es difícil, sospecho, que un adolescente de hoy conciba algo semejante. No hay fuerza de convicción más poderosa que la sinceridad y el ejemplo, pero ya no abundan. Yo no viví la transición, pero intuyo que entonces los ideales democráticos eran eso, ideales, y no la palabrería hueca y pomposa en la que se han convertido ahora. Entonces un partido como el PSOE podía ceder a otro grupo político uno de sus dos asientos de los siete que formaban la comisión que habría de redactar la Constitución (¡la Constitución!), sólo porque creía que era justo que así fuera, aunque nada le obligara legalmente a ello.

¿Podemos imaginar algo parecido ahora, cuando nadie le hace ascos ni al menor tránsfuga de pueblo? Para bien y para mal, con la democracia llegó también el desencanto. La política dejó de ser aquello de conseguir el poder para poner en práctica los ideales e, imperceptiblemente, se convirtió en el manejo de los ideales para conseguir el poder.

Los insumisos fueron probablemente los últimos grandes idealistas que dieron la batalla en la arena específicamente política y estatal. Tras ellos, las ansias de transformación buscaron otros cauces. A la desnuda autenticidad de su idealismo, que a nada conduce por sí sola, sumaban unas razones de fondo que era difícil rebatir. La mili obligatoria se había convertido en un ritual vacío de todo contenido. Era un semillero de suicidios, de frustración, un sinsentido amargo. Y el pacifismo dibujaba un horizonte de posibilidades cargadas de esperanza. La cita de Gandhi se repetía por doquier: "No hay un camino a la paz, la paz es el camino". A Thoreau, encarcelado por negarse a pagar unos impuestos que apuntalaban la esclavitud, su mejor amigo le preguntó: "¿Cómo es posible que estés en la cárcel". A lo que él simplemente contestó: "¿Cómo lo es que no estés tú?". Era la anécdota definitiva.

No se trataba sólo de ser justos en la lucha, se trataba de luchar por algo que era eminentemente justo. La abolición de los ejércitos, la concordia universal, la educación por la paz, el desarme... todo era posible y todo había que intentarlo.

De alguna manera, el movimiento murió de éxito. Con la mili obligatoria se extinguió también el móvil aglutinante fundamental. Los insumisos fueron olvidados. Hoy están entre nosotros: pueden ser el carnicero, el bibliotecario o el conductor del autobús, pero lo ignoramos. No recibieron jamás ni una medalla, ni una condecoración, ni un reconocimiento, nada. Gracias a ellos, miles y miles de conciudadanos no desperdiciamos nueve meses de nuestras vidas, pero nadie les ha dicho nunca algo parecido a "gracias". Ni Pepe Beunza, ni el MOC, ni nada ni nadie han sido candidatos a reconocimiento institucional alguno. Ni una nota a pie de página, sólo silencio. Con todo, el movimiento antimilitarista sigue activo, por supuesto. Tecleen en Google "objeción fiscal"... razones y motivos, por desgracia, no faltan.

¿Y el ejército? La experiencia le hizo aprender muchísimo. Inició una campaña de desinformación digna de Orwell: basta decir que la idea-fuerza es la paz. "Misiones de paz", "ejército humanitario", etcétera. Todo muy bonito y todo mentira: la cruda verdad es que tan sólo el 1% de su presupuesto se dedica a ese tipo de misiones internacionales.

Y se trata siempre de misiones en las que España tiene algún interés político obvio. Y abundan las denuncias de brutalidad, de ineficacia o de cosas peores. Y, si de ayudar se trata, las ONG lo hacen mejor y salen más baratas. Siete veces más baratas, exactamente. Y más allá de eso, ¿qué clase de empresa anuncia tan sólo el 1% de su actividad? La maniobra es tan exitosa que incluso se les ha permitido sacar a niños de las escuelas para llevarlos de excursión a los cuarteles. ¿Educación para la paz? No: el mundo al revés.

Si el movimiento antimilitarista no fue más allá a pesar de todo el potencial que encierra se debió probablemente a una carencia de diagnóstico, de visión global. Una lacra que caracteriza nuestra época: nadie sabe hoy en qué creer. Pero ¿por qué los barrios ricos necesitan muros, cámaras y seguridad privada, y por tanto han de invertir en ello buena parte de su presupuesto? Porque si son ricos es que hay otros que son pobres.

Pongan "países" donde digo "barrios" y "ejércitos" donde digo "seguridad privada" y tendrán una fotografía bastante aproximada del concierto mundial de las naciones. Un concierto difícil de cambiar, si no imposible. Aunque quizás, en alguna parte, alguien no lo sepa y haya empezado ya a intentar lo inaudito. Nunca se sabe cuándo prende la chispa de lo imposible.

Jorge Urdánoz Ganuza, doctor en filosofía, es visiting scholar en la Universidad de Nueva York.
Fuente: El País

24/9/09

Secreto bancario y paraísos fiscales, por Joaquim Sempere

El secreto bancario, según recientes palabras del secretario general de la OCDE al ministro de Economía de Luxemburgo, garantiza “la confianza de los ciudadanos en la protección de su privacidad”. Si es así, ¿qué ocurre conmigo y con millones de asalariados de la empresa privada y de las administraciones públicas? Quienes pagan nuestros salarios e ingresan en las cuentas públicas las deducciones por IRPF y cotizaciones de la Seguridad Social –empresarios privados o administraciones– lo hacen a plena luz del día. Nuestras cuentas personales son perfectamente transparentes y nada, o casi nada, de lo nuestro escapa del control de Hacienda. Incluso, en determinadas circunstancias, la autoridad puede embargar el importe de sanciones y multas de nuestras cuentas sin nuestro consentimiento. ¿Somos víctimas de una gigantesca violación de nuestra privacidad, de una inaceptable operación Gran Hermano?¿O tal vez lo que debe sorprender sea lo otro, el secreto bancario? Como es bien sabido, el secreto bancario es un procedimiento para que las rentas del capital y las remuneraciones no salariales cuyos beneficiarios decidan no declarar a Hacienda hallen un cobijo seguro, y así puedan incurrir en el fraude fiscal. Ya sé que el fraude fiscal a veces es un deporte practicado también por gentes con rentas modestas en el mundo de los autónomos, algunos profesionales y empresarios modestos, etc. Pero el gran agujero negro de la defraudación fiscal procede de las rentas del gran capital. La desregulación neoliberal de los últimos decenios ha dado alas a una práctica vieja.

De todos es sabido, por lo demás, que la libertad del capital para moverse sin obstáculos por el mundo entero detrae recursos de los estados y genera un grave desequilibrio entre un poder económico sin fronteras y un poder político encerrado entre las fronteras estatales, cada vez con menos recursos para hacer frente a sus responsabilidades hacia la ciudadanía y más vulnerable al chantaje del gran capital. La desregulación neoliberal ha sido un factor determinante en la crisis de la política por el hecho de socavar la capacidad de los poderes públicos para hacer políticas al servicio de la ciudadanía. Los llamados paraísos fiscales se aferran al secreto bancario. Se trata de centros financieros extraterritoriales (offshore) con baja o nula tributación, secretismo, sin intercambio efectivo de información con los demás países, en particular con aquellos de donde proceden los capitales que se refugian en ellos, y sin exigencia de actividad económica local para disfrutar de exenciones fiscales. Según cálculos moderados de la Tax Justice Network, en los paraísos fiscales recalan unos 12 billones de dólares. Juan Hernández Vigueras ha publicado recientemente varias obras (La Europa opaca de las finanzas, Los paraísos fiscales y Al rescate de los paraísos fiscales: la cortina de humo del G-20) que desvelan los mecanismos de esta estafa mundial y las complicidades de la trama.

Cuando algunos gobernantes del G-20 (como Sarkozy y Zapatero) anunciaron –de cara a la cumbre que iba a celebrarse en Londres en abril de 2009– que se iban a eliminar los paraísos fiscales y que la era del secreto bancario había terminado, sólo merecieron una sonrisa escéptica o despreciativa. Hoy, a los seis meses de la cumbre, ya sabemos que aquellos anuncios fueron, como dice Hernández Vigueras, una “cortina de humo”, y que todo ha quedado igual que antes. El sistema financiero mundial debe reglamentarse, como se dice y se repite no sólo desde posiciones radicales, sino también desde posiciones reformistas, neokeynesianas u otras. Mantener los paraísos fiscales y el secreto bancario equivale a mantener la libertad de movimientos del capital que ha originado la crisis. ¿Hay que restablecer el control de cambios? ¿Hay que poner una tasa al movimiento transfronterizo de capitales, como propuso Tobin? Para un profano en la materia como yo, parece sencillo eliminar los paraísos fiscales de una vez por todas, aunque las resistencias sean muchas. Doctores tiene la Iglesia para encontrar soluciones viables. Pero lo que parece claro es que el dinero tiene una función esencial en las actividades económicas de la gente corriente, en la producción, el consumo y el ahorro. Dejar que el dinero se concentre en pocas manos y sea manipulado para enriquecerse repentinamente con la especulación es un atentado contra los derechos de la inmensa mayoría, y no debería permitirse. Los movimientos de capitales, especulativos o no, pueden provocar la expropiación instantánea y masiva de millones de personas corrientes, el colapso de miles de empresas por falta de crédito, la evaporación fulminante de los ahorros de toda una vida. Recordemos el corralito de Argentina en 2002 o la ejecución de hipotecas impagadas de los últimos meses. No se puede dejar que unos cuantos codiciosos bien situados tengan la capacidad de jugar con el dinero, que siempre es, de un modo u otro, el dinero de todos.

Vivimos en un espejismo individualista según el cual la riqueza dineraria es algo desgajado de la realidad social y del complejísimo entramado productivo, cuando en realidad no habría riqueza si no hubiera una cooperación –aunque sea no programada ni voluntaria– de millones de personas del mundo entero ligadas por complejas interdependencias en que están implicados producción, intercambio y consumo de muchos. Hace falta una regulación internacional para proteger el tejido delicado de las actividades humanas que hacen posible la vida, y en particular este lubricante tan útil –si se maneja bien– que es el dinero. Contra los gobiernos, que siguen protegiéndolos, habrá que lanzar la consigna de acabar con los paraísos fiscales y el secreto bancario. Recoger firmas u organizar consultas populares en los municipios podría ser una buena manera de empezar.

Joaquim Sempere es Profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona

Ilustración de Patrick Thomas


Fuente: Público

Priorizar el bienestar, por José Manuel Naredo

Las estadísticas han venido cifrando el crecimiento económico como una victoria sobre la penuria, hasta que se apreció que este crecimiento destruye más que crea. ¿Cómo no van a sentirse engañados todos aquellos a los que se demandan esfuerzos y sacrificios [en aras de ese crecimiento]?”. Esta opinión, que subraya el divorcio entre crecimiento económico y calidad de vida, no es la de ningún crítico antisistema, ni siquiera de un representante de la izquierda. Ha sido emitida por Nicolas Sarkozy, presidente de la República Francesa, que propone “acabar con la religión de la cifra” del PIB, arremetiendo contra el primer axioma sobre el que reposa la ideología económica imperante: el que identifica ese agregado monetario con el bienestar de la gente. Este hecho rompe el habitual conformismo de la clase política –de derechas y de izquierdas– con la mitología del crecimiento. La novedad no estriba tanto en denunciar los engaños del PIB como indicador de bienestar, como en el hecho de que quien lo denuncia sea el presidente de un país importante en un foro cultural tan reputado como la Universidad de la Sorbona. Su discurso se orientó a divulgar las propuestas de una comisión de expertos a la que había encomendado la tarea de reforzar la presencia del bienestar en las estadísticas económicas.

Más que discutir aquí las 12 recomendaciones de la comisión orientadas a completar las estadísticas con este propósito, interesa subrayar que el problema suscitado no es un problema técnico, sino uno ideológico y social mucho más amplio. Pues las estadísticas son el reflejo del statu quo mental e institucional que sostiene la hegemonía del cuadro macroeconómico, con el PIB a la cabeza, como el cuadro de mandos por antonomasia para dilucidar si “van bien” los países, evitando preguntarse hasta qué punto el aumento de ese revender con beneficio recogido en el PIB es bueno para el país y para la mayoría de sus habitantes. No estaría de más reflexionar sobre estas cuestiones en España cuando el divorcio entre crecimiento y bienestar ha sido tan ostensible durante el auge y cuando la polarización social y la pugna distributiva se acentúan ahora durante el declive. Más que reactivar la actividad económica, habría que controlarla socialmente para evitar que se dirija de nuevo por sendas especulativas que redundan en perjuicio de la mayoría, alimentando nuevas burbujas y críticos sobresaltos. Para ello hay que abrir ese cajón de sastre monetario que es el PIB y mirar lo que hay dentro y lo que queda fuera, para separar el grano de la paja, distinguir los bienes de los males y debatir lo que interesa que crezca y lo que interesa que decrezca.

Por ejemplo, se debería cambiar el marco institucional que hizo del negocio constructivo-inmobiliario la verdadera industria nacional. Pues, para beneficio de algunos, hipotecó medio país y desencadenó un tsunami de obras que, además de impactar negativamente sobre la calidad de vida y sobre el patrimonio urbano y de los ecosistemas circundantes, originó a la vez viviendas desocupadas y necesidades de vivienda insatisfechas.

José Manuel Naredo es economista y estadístico
Fuente: Público

¿Derecho de propiedad o derecho de uso?, por Javier Arias

Los seres humanos vivimos en deuda permanente con la naturaleza que nos proporciona aire, agua, comida y materiales, y con la sociedad que nos regala el lenguaje, el conocimiento y la tecnología. Todo capital sea tangible o intelectual es una obra colectiva. Nunca nadie, por mucho que trabaje, conseguirá liquidar esta deuda. No obstante aspiramos a devolver al menos una parte de ella en forma de servicios a la comunidad, de nuevos conocimientos, de construcciones que podrán servir a otros o simplemente en “tareas de mantenimiento”. Bajo este punto de vista el acumulador capitalista no respeta el pacto, apropiándose de bienes que no le pertenecen, estrangulando el reparto o privando a otros de su disfrute. Cuanto más acumula mayor será su delito ya que edifica su patrimonio sobre la base de no restituir las deudas contraídas. El concepto de propiedad encerraría una apuesta ideológica tramposa en su interior ya que olvida, de forma consciente y premeditada, que sólo la madre Tierra (que corresponde a Dios para los creyentes) y la mente colectiva formada por todas las mujeres y hombres que han vivido, viven y vivirán son los auténticos propietarios de cuanto poseemos. Desde esta cosmovisión deberíamos hablar de “derecho de uso” y no de “derecho de propiedad” ya que este concepto carecería de sentido. El futuro de la humanidad pasaría por adoptar nuevos puntos de vista sobre la propiedad, privilegiando un enfoque muy fluido, igualitario, garantista y antiacaparador del derecho de uso en detrimento de una obsoleta idea de propiedad privada, raíz de una buena parte de nuestros males.

Fuente: Autor. Javier Arias es editor de Alterglobalizacion's weblog

23/9/09

“Contigo somos + paz” o el rebosar del alma colectiva, por Koldo Aldai

Crónica del acto celebrado el pasado 20 de Septiembre en el Auditori de Barcelona

Hubo encuentro físico de 2000 personas, pero sobre todo hubo fusión del mismo número de almas en el encuentro organizado por la Asociación Brahma Kumaris, la Asociación “Valores para vivir” y la Fundación Ananta. Era la cuarta edición del evento, pero la primera vez que se desarrollaba en la ciudad condal.

El acto cumplió con creces el objetivo de concitar a un importante número de almas testimoniando en favor de la fraternidad humana y la genuina paz, aquella que nace en el corazón del ser humano. No sabemos en realidad por qué se manifestó tanto fervor colectivo, qué nos catapultó a ponernos en pie durante interminables minutos y a aplaudir sin parar. ¿Redoblaban los aplausos por músicos y oradores, o era el gozo de sentirnos plenos, gozosos en un acto con pocos precedentes? ¿Era el agradecimiento a quienes habían tomado una palabra familiar, cercana, amiga, o era la magia sagrada de la unidad profunda y fraterna entre todas las almas concitadas…? Muy probablemente se trataba de un poco de todo.

Elenco de ponentes
Tras la presentación de las entidades organizadoras, tomó la palabra en primer lugar la hermana Jayanti, representante para Europa de la Asociación Brahma Kumaris, quien sitúo el reto de la paz en su verdadera dimensión interna. Con voz suave, pero argumentos poderosos, su mensaje alcanzó hasta el último rincón del inmenso auditorio. Invitó a elevar los pensamientos y puso deberes a los presentes: “¿Qué es lo que puedo hacer a través de mis palabras y acciones en beneficio del otro? ¿Cuáles son los motivos por los que dar gracias en cada día que nace?”

Miriam Subirana, directora de Brahma Kumaris España fue la encargada de traducir las palabras de la hermana Jayanti y de llevar a los presentes a un punto de profunda meditación colectiva. Hubo pues también resonante silencio dentro de una sala que había ya vivido recientemente momentos semejantes con motivo de los actos de “Inspira Conciencia”.

Federico Mayor Zaragoza fue el gran ausente en el Aditori. Una infección de garganta le impidió poner rumbo a Barcelona, no obstante se preocupó bien de que su mensaje de paz y de esperanza, estuviera presente. José Luis Capita, patrono de la Fundación Ananta, leyó las palabras que horas antes había enviado el ex director general de la UNESCO por fax, un mensaje invitándonos a “madrugar” a ponernos “en pie de paz”, a “alzarnos juntos”, a “no cejar”…

El primer causante del “calentamiento global” de la sala fue Joan Melé, director para Catalunya de Triodos Bank. La sacudida de conciencias se prolongó a lo largo de todo el tiempo de su disertación, mientras se extendieron sus palabras siempre claras y contundentes. Aún subrayando la importancia de nuestra dimensión interna y del desarrollo de una disciplina espiritual, Melé invitó a poner conciencia en nuestros actos exteriores diarios. Subrayó la contradicción que podemos abrigar en el sentido de que los ideales vayan por un lado y la voluntad por otro. Su discurso exigente caló en el auditorio. Apuntó nuestra condición de seres libres, creadores y capaces de amar, para inmediatamente dejar bien claro que el mundo espiritual también está aguardando nuestra actitud responsable y consecuente en los temas materiales.

Sus palabras más duras fueron frente a la obsesión tan generalizada de hacer dinero sin realizar esfuerzo alguno. Su discurso cuestionó los pilares del sistema: “La economía no ha de crecer más, sino que ha de madurar…” y se refirió al cáncer que supone el crecimiento desnortado en el organismo global constituido por la humanidad. La alocución nada complaciente del banquero, no estuvo exenta de logrados toques de humor: “¡No tenéis ni idea de dónde está vuestro dinero…!”. Su llamada constante a la responsabilidad se podía resumir en la rotunda afirmación de que nuestras acciones tienen inevitablemente una repercusión en los demás, porque “nosotros sí somos los guardines de nuestros hermanos”.

Un agitador Melé puso a dos mil personas en pie. Los largos aplausos hicieron ya vivir una sentida emoción colectiva. Su argumento no era condescendiente, pero su discurso pleno de fuerza y coherencia, con constantes llamadas a la responsabilidad, supo conquistar desde el primer momento la sala entera.

Al argumento de Melé siguió la poesía a raudales de Carvajal. Médico-poeta y banquero se encontraron ya en la primera frase que pronunció el popular conferencista colombiano: “Servir es poner el amor en movimiento”. Dulcemente provocadora la intervención del ponente vino también a deshacer tópicos, abundando en una paz plena de compromiso y pasión. Carvajal cargó contra la paz “construida para que la vida no nos toque, la paz de las migajas, la paz de la miseria…” y dio a entender que la paz tiene que ver con el compromiso en todos los ámbitos de actividad humana. Retornando sobre la economía afirmó que “la economía que no es espiritual, no es humana”.

El poeta-orador se manifestó también rotundo al afirmar que “la paz no se puede construir mientras haya miseria”. Entre las múltiples definiciones de paz que nos regaló el creador de la Sintergética extraemos una: “la paz es el ojo del huracán en el que podemos permanecer serenos”. Abundando en las palabras del anterior ponente, Carvajal subrayó que no es el momento de “crecer sino de dar, pues nuestra riqueza se mide por lo que somos capaces de dar”. Animó a preguntarnos cada quien: “¿Qué le puedo dar a la vida?”

Alex Rovira subió al escenario apremiado por la falta de tiempo. Dedicó buena parte de su intervención más limitada a destacar los aspectos positivos de la crisis actual, invitando a aprovechar el momento de inflexión y de reflexión colectiva que ésta supone. Tras su “Bienvenida a la crisis…”, el escritor y conferencista quiso dejar bien claro que el sentido último de la vida es amar y que estamos aquí para el desarrollo de nuestro “potencial crístico”, no necesariamente vinculado a ningún credo. Animó a los asistentes a adoptar una actitud valiente y a transitar del arquetipo del “yo víctima”, al del “yo puedo”, a ver el pasado no tanto como un “sofá”, sino como un “trampolín”. Su intervención salpicada de cuentos, concedió también espacio a datos muy interpelantes: “Europa gasta más en mascotas que en la erradicación del hambre en el mundo”.

Notas para abrir corazones
Las diferentes actuaciones musicales pusieron el equilibrio a la palabra. El piano de Liliana Mafiotte, la lira y la voz de Luis Paniagua, el arpa de Teresa Espuny y el violín de Vassil Lambrinov, las voces celestiales de la Coral Interreligiosa por la paz tanto de adultos, como de niños, crearon el ambiente de recogimiento necesario en medio de los discursos. Los músicos bajaron al escenario melodías superiores, un trozo de Cielo a la Tierra y así nos trajeron por momentos las realidades elevadas que nos pueden aguardar tras todo este sostenido esfuerzo colectivo a favor de la fraternidad. Los músicos nos desvelaron, cada quien con su instrumento, los esplendores superiores. Descendieron energías poderosas, sutiles que nos penetraron y conmovieron el alma colectiva. Los corazones se abrieron y las inteligencias se iluminaron, de forma que se incrementó el anhelo de trabajar colectivamente a favor del bien de la humanidad. Todas las actuaciones fueron un llamado a los presentes a abrazar una vida consagrada a la belleza y a la luz.

El Coro interreligioso de Audir (Asociación para el diálogo interreligioso de UNESCO Catalunya) empujó al auditorio a un punto de puro arrobamiento colectivo. El rápido recorrido por melodías de diferentes credos culminó con un “Imagine” que no sólo levantó a los presentes de sus butacas, sino que los enlazó con sus brazos. En ese momento, sin tiempo siquiera para secar las mejillas húmedas por la emoción, irrumpió de nuevo Jorge Carvajal, decidido a elevar al máximo toda aquella emoción concitada con la recitación del “Mantram de la Unificación” (Los hijos de los hombres son uno y yo soy uno con ellos…)

Al dejar apresuradamente la sala, por encontrarnos ya fuera de hora, flotaba en el ambiente una sensación de haber vivido una mañana única e histórica. Ya sólo quedaba repartición de flores y abrazos, ya sólo la carrera para abandonar, entrada ya la tarde, un Auditori que acogió por largas e inolvidables tres horas el sueño de que “Juntos podemos”. Allí se selló el deseo de seguir trabajando juntos por la encarnación del eterno ideal de la unidad en la diversidad.

Interrogantes pendientes
El cronista se toma sus licencias y a pie de relato deja colgados algunos interrogantes: ¿Y si esa mañana inolvidable en ese aforo impresionante lleno a rebosar fuera un rotundo síntoma del comienzo de un emerger público de la conciencia espiritualmente universal de nuestro país? ¿Y si tras el acto contempláramos la necesidad de promover periódicamente grandes manifestaciones silentes colectivas en las que se evidencie el potencial enorme de los pensamientos aunados? ¿Y si esta unidad de acción entre diferentes organizaciones tras un alto ideal creciera? ¿Y si en el próximo reto, no ya tres, sino más organizaciones afines impulsados por generosos ideales, atendiéramos al desafío de llenar un espacio más amplio y alcanzar una mayor masa crítica a favor de la paz genuina?

La imagen del Palacio de San Jordi flotaba en el imaginario colectivo. ¿Si el Auditori, se había llenado tan fácilmente, si tanta gente se había quedado sin poder entrar por falta de espacio físico, no será ya la hora de atender más ambiciosos retos colectivos, en los que se deje sentir una masa crítica más amplia, un alma grupal que revele con toda su fuerza inconmensurable la nueva conciencia a favor de la fraternidad humana?


Fuente: Koldo Aldai. Fundación Ananta www.fundacionananta.org

Foro Social Espiritualidades y Éticas para otro Mundo Mejor Posible, del 10 al 12 de octubre en Sevilla

Está organizado por medio centenar de colectivos sociales de distintos pensamientos, opciones y formas de vida. Se celebrará en Sevilla del 10 al 12 de octubre y en él participarán alrededor de 1.500 personas procedentes de todo el mundo

El Palacio de Exposiciones y Congresos de Sevilla albergará, del 10 al 12 de octubre, el Foro Social Temático Español 2009 que tiene por lema “Espiritualidades y Éticas para otro Mundo Mejor Posible”. Dicho Foro está organizado por medio centenar de colectivos sociales de distintas creencias y formas de vida. Está previsto que en él se den cita alrededor de 2.000 personas de toda condición, entre participantes y asistentes.

Ese Foro quiere ser la respuesta que la sociedad civil española da a la necesidad que tiene de transformarse desde sus raíces ésticas y sociales. Durante la celebración de las jornadas se debatirán y alumbrarán los principios y valores sobre los que construir un mundo mejor “necesario, urgente y posible”.

“Queremos -afirman los organizadores- buscar conjuntamente cómo ofrecer a los acuciantes problemas que enfrentan a la humanidad, una alternativa democrática, ecológica, basada en la igualdad, en la defensa de los derechos humanos, en la convivencia pacífica y en el respeto a la diversidad de culturas y creencias”.

Los promotores de Foro consideran que en una época en la que cada día se logran nuevos avances en todos los ámbitos, consiguiendo con ello poder, hay que lograr que éste tenga un espíritu y una ética colectiva fuertes que lo oriente y lo gestione. “Vivimos -recuerdan- un sobredesarrollo científico y tecnológico junto a un subdesarrollo ético, social y político que provoca desigualdad, injusticia social y violencia.

Por tanto, el foro tiene como objetivo colaborar a construir un mundo cuyos cimientos se hundan en los valores, la ética y el espíritu. Los promotores de estas jornadas quieren contribuir a “organizar la esperanza” y creen que ha llegado la hora de cambiar el sistema, incluidos los valores que en él imperan. Defienden que sólo sabiendo qué merece la pena mantener y qué hay que suprimir en el mundo actual, se podrá afrontar el futuro. En su opinión, hablar hoy de valores es preguntarse qué mundo se quiere dejar en herencia, qué, cómo y para quién se está produciendo, con qué autoridad y con qué reglas.

Afirman que el reto al que se enfrentan en estas jornadas es a la construcción de un mundo en el que los valores, la ética y el espíritu también sean nuevos ya que consideran que las espiritualidades y las éticas son imprescindibles para la liberación integral y material de los pueblos. “La justicia global -continúan- no es sólo un problema técnico, ideológico o sociopolítico sino también cultural, espiritual y ético. Sería un error, no sólo antropológico sino político, excluir la espiritualidad y la ética de cualquier foro social, lo mismo que lo sería ignorar la dimensión sociopolítica de la ética y la espiritualidad”.

Desde el Foro Social Mundial

Con esa base, que tiene sus raíces en la Carta de Principios del Foro Social Mundial, El Foro Social Temático Español 2009 , durante tres días, ofreceran muchas y variadas actividades. No faltarán las conferencias. Éstas serán pronunciadas por Vandana Shiva, Francois Houtart, Adela Cortina e Imanol Zubero. Además se desarrollarán un total de cien talleres que constituyen el corazón del Foro y que giran alrededor de diez ejes temáticos, así como una mesa redonda que versará sobre “El otro mundo mejor posible visto por los excluidos, empobrecidos y desempoderados” (sic). En dicha mesa redonda estarán representados emigrantes, víctimas de la violencia de género, sin techo y gitanos. Este Foro, como todos los que emanan del Foro Social Mundial, no sacará conclusiones globales aunque los colectivos asistentes sí podrán adoptarlas a título individual o en varios en red.

En estas jornadas, que serán clausuradas con una marcha y activides en la ciudad bajo el lema “Por la madre tierra y contra la mercantilización de la vida” también podrán participar, en algunas actividades, los niños. Igualmente, tendrá lugar un concierto en el que participarán, entre otros, Luis Paniagua, el grupo senegalés “Saf-Sap” y el coro intercultural “Voces de ida y vuelta”.

Cómo participar

Todos los colectivos o personas interesadas en participar en este Foro podrán hacerlo poniéndose en contacto con nuestra Secretaría Técnica a través de Internet: forosocial.t.e.2009@gmail.com, por correo electrónico o en la web www.forosocial2009.org
o por teléfono 663 291 722.

La matrícula para participar en este Foro cuesta 23 euros. Los inscritos que deseen comer en los lugares que se han concertado al efecto abonarán en total 58 euros. Esa cantidad (23 euros) da derecho a participar en todas las actividades que se deseen. Las actividades son en resumen: talleres simultáneos sobre diferentes cuestiones, cuatro ponencias, mesas redondas, conciertos, actividades lúdicas y culturales y espacios de interiorización. Igualmente podrán asistir a la inauguración oficial y a la actividad final del Foro que se desarrollará en el centro de Sevilla bajo el lema “Por la madre tierra”.

Fuente: Comunicado del Comité organizador del Foro Social Temático Español "Espiritualidad y ética por un mejor mundo posible"

Más información en este blog:
Foro Social Temático Español de Espiritualidades y Éticas para otro mundo mejor posible

Un Sentido Cósmico de la Responsabilidad, por Andrew Cohen

En el mundo de la visión del mundo metafísica tradicional, hay un gran poder o Dios que se asegura de que todo funcione. Pero en una visión del mundo post-tradicional, nos damos cuenta de que no necesariamente sale todo bien. Depende de nosotros. Cuando alguien despierta a la inmensidad de los apuros evolutivos colectivos empieza a sentir un sentido cósmico de la responsabilidad por el proceso, y en última instancia por el profundo reconocimiento de la energía e inteligencia que inició el proceso creativo, que es la nueva expresión e interpretación de lo que es Dios, que no está separado de quienes somos. No hay un Dios fuera o más allá del Yo. Y Dios como impulso creativo depende completamente de los seres humanos para ser los primeros que harán de este mundo un lugar diferente. Cuando el ser humano desarrollado despierta a esta orientación, a la verdad de que depende de nosotros, el estar vivo empieza a tener un sentido profundo.

Fuente: Traducción de Pablo Nebreda, editor del blog Ondas en la Superficie del Ser
Andrew Cohen es director de la revista EnlightenNext

18/9/09

Cuando nuestros representantes nos decepcionan, por José Carlos Garcia Fajardo

Con una clase gobernante que no merece a sus votantes, es preciso atreverse a pensar y dejar de ser súbditos para convertirnos en ciudadanos.

Me anonada la situación social, económica y política, reflejada en los medios. Los políticos se insultan y descalifican, no aceptan un diálogo ni asumen un error, sestean en el Congreso y son capaces de sostener una tesis y su contraria, según se trate de su partido o de los demás. Mienten, niegan las evidencias de corrupciones que les atañen, no son coherentes con sus programas y utilizan los medios como armas arrojadizas.

Impresiona ver cómo se habla de Magistrados y de jueces “afines al PSOE o al PP”, y hasta de los mismos Tribunales Supremo y Constitucional. Asistir a una sesión de control al Gobierno en el Congreso o en el Senado causa vergüenza ajena. No hay “parlamento”, porque leen las consignas que llevan escritas, el método Ollendorff. “¿De dónde vienes?” “¡Manzanas traigo!”

Bien está que, en período electoral, defiendan sus programas y denuncien a quienes no han cumplido sus compromisos anteriores, aportando alternativas constructivas y viables. Pero, pasadas las elecciones, los diputados y senadores, los consejeros autonómicos y los concejales municipales, deberán buscar el bienestar de los ciudadanos, el imperio de la justicia, el desarrollo intelectual, científico y económico, un sistema fiscal equitativo y sin fisuras en paraísos, la calidad de la enseñanza, el funcionamiento de los pilares del Estado de Bienestar: enseñanza pública y gratuita para todos, cobertura sanitaria eficaz y plena, mejora de los planes de pensiones, y aplicación diáfana de la Ley de dependencia que cubre las necesidades apremiantes de tantas personas necesitadas de ayuda y de sus familiares.

La conservación de la naturaleza y del medio ambiente, ¿será posible no ponerse de acuerdo en este tema vital y arrimar el hombro todos los diputados y senadores, sean del partido que sean? Cambiemos el “todo vale” por “que valga el todo”.

La mejora de los transportes, los horarios de trabajo, la incorporación inteligente de las nuevas tecnologías en juzgados, universidades, colegios, hospitales y centros sanitarios, bibliotecas públicas, centros de información a los ciudadanos ¿acaso no deberían de ser de máxima prioridad para los responsables de gobernar como mandatarios de todos los ciudadanos, no sólo de los que les han elegido?

Es inadmisible e insoportable que permanezcamos en permanente situación de campaña electoral. Los ciudadanos se sienten ninguneados, una vez depositado su voto. De ahí la creciente abstención en las elecciones, porque están obligados a votar en listas cerradas y a candidatos que no conocen y que, una vez elegidos, jamás regresan a sus circunscripciones para dar cuenta de sus compromisos.

Era propio de las dictaduras mantener al pueblo en perenne minoría de edad: no podían votar, no podían expresarse en medios de comunicación, no podían afiliarse a sindicatos independientes, tenían dificultades para viajar a otros países, existían policías secretas y “sociales” que controlaban a las personas por sus ideas religiosas, políticas, filosóficas o por sus preferencias sexuales.

Era delito disentir de la política del Estado con una confesión religiosa determinada o de su arbitrario y anacrónico poder en la enseñanza, en los matrimonios y la vida familiar, la interrupción del embarazo, la maternidad y paternidad responsables, dentro o fuera del matrimonio, las uniones de hecho, el divorcio y la constitución de nuevas familias, derecho a una muerte digna. Existía censura de prensa y de todo lo que se publicaba fuera científico, filosófico o de investigación histórica.

Aunque eso ya ha pasado, la herida se mantiene abierta porque nuestros políticos no han exigido responsabilidades ni la devolución de lo expoliado, la reparación debida a quienes se persiguió y negó el derecho a una vida de acuerdo con derechos universales. Aún hoy les niegan el derecho a rescatar los cadáveres de sus familiares asesinados.

¿No se han reconocido como imprescriptibles los crímenes contra la humanidad en países que padecieron la Guerra mundial?

A mi edad, y después de medio siglo de trabajo en la universidad, en la sociedad y en los medios de comunicación, me siento defraudado por el sectarismo de muchos políticos y por la insoportable perversión del ejercicio del poder político.

Un país moderno, con una democracia garantizada por una Constitución, no puede soportar a políticos montaraces, a una clase empresarial insaciable, a banqueros y financieros movidos por la obtención de beneficios por cualquier medio.

Por todo esto es necesario alzarnos contra este modelo de desarrollo injusto y perverso, y contra unos gobernantes irresponsables que no nos merecen.

Es posible la esperanza si nos rebelamos contra esta forma de tiranía, participamos cívicamente y denunciamos la actual situación insostenible, aportando propuestas alternativas. Todas las conquistas sociales se hicieron realidad porque alguien las soñó primero. El progreso comenzó cuando las personas se atrevieron a pensar y los súbditos se convirtieron en ciudadanos.

José Carlos García Fajardo es Profesor Emérito de la UCM. Director del CCS
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

Así no salimos de la crisis, por Xavier Caño Tamayo

Un año después del colapso de la economía, no se ven por ningún lado las medidas anunciadas para cambiar de rumbo: los causantes salieron reforzados y permanece el mismo sistema de desregulación, descontrol y predominio de lo financiero sobre lo productivo.

Dos hombres maduros, uno con americana cruzada y corbata, el otro de esmoquin con pajarita. Ambos con sonrisa lobuna sostienen sendos vasos en la mano. Brindan: “¡Por otra crisis como ésta!” Con sutil ironía, el humorista español El Roto resume qué ha pasado, qué pasa y qué no está pasando.

Ahora empiezan a abundar las declaraciones de próceres económicos y mandatarios sobre la recuperación. ¡Brotes verdes! ¡Salimos de la crisis! Debe ser lo que toca en ese cambiar algo para que todo continúe igual.

Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la universidad de Columbia, ha escrito: “Hace un año la economía mundial se tambaleaba al borde del abismo. Del 15 al 17 de septiembre de 2008, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, la aseguradora AIG pasó a manos del Gobierno estadounidense y, tras quebrar, Merril Lynch fue absorbido por Bank of America, operación financiada por el Gobierno federal. Se desató el pánico y cesó el crédito. Medidas urgentes de bancos centrales y mucho dinero público evitaron que todo se hundiera”.

Según el economista Jacques Attali “el capitalismo estuvo a punto de desaparecer” (¡no caerá esa breva!), porque no había confianza en los bancos, muchos inversores retiraban sus fondos, las empresas no conseguían créditos y perdían valor. El presidente de Brasil, Lula da Silva, diagnosticó la crisis con mayor precisión al asegurar que ésta se produjo por la irresponsabilidad de los países ricos que, además, no sabían qué hacer.

Un año después parece haberse evitado lo peor. Dicen.

Pero no estamos para echar campanas al vuelo. El paro aumenta en Estados Unidos y en Europa y, según el Programa Mundial de Alimentos de ONU, por primera vez en la historia, por ejemplo, hay más de 1.000 millones de personas que pasan hambre. Pero todavía, como denuncia Barack Obama, “en el sector financiero hay quienes no aprenden las lecciones de (la bancarrota de) Lehman Brothers y de la crisis; prefieren ignorarlas”.

Un año después, los bancos tienen dinero fresco (inyectado por los gobiernos), pero no conceden préstamos. En Estados Unidos, 247.000 personas perdieron el empleo en junio. Europa no va mucho mejor en recuperación de empleo y tampoco Japón, donde los sueldos han caído un 7%. Pero los mercados están exultantes. Quizás, como ha denunciado el ex presidente español Felipe González,, se han olvidado las causas de la crisis: “Estamos a punto de repetir el modelo que nos ha llevado a esta crisis. Incubando la misma basura que nos ha llevado a esta crisis”. Por ahí van los tiros.

Además, es difícil salir de la crisis cuando no se identifica e investiga a los verdaderos responsables la misma. La crisis no es algo ocurrido por accidente, como el rayo que cae encima porque pasabas por allí. Los responsables siguen impunes. He conocido a muchos que han pasado años en la cárcel habiendo hecho mucho menos daño.

No se sale de la crisis porque, enquistados, camuflados e impunes, permanecen entre quienes tomas las decisiones los causantes de la misma. Esta crisis tiene perpetradores que la han provocado, pero nadie pide responsabilidades. No han sido los estafadores de siempre, los Madoff y demás, sino sujetos que pasan por respetables y honorables, que para satisfacer su obscena codicia nos han llevado al desastre. Cómo esos 45 ejecutivos del banco británico Barclays que han creado la compañía Protium en el paraíso fiscal Islas Caimán para evitar que la Unión Europea controle sus obscenas retribuciones de banqueros. Lo ha denunciado The Times. Y también que otros 20 altos cargos de Société Générale han dejado su puesto en la entidad francesa para desembarcar en Nexar Capital, una oscura empresa financiera incontrolable. Incontrolable porque quieren.

Hace años que lo gritamos. Mientas no se supriman los paraísos fiscales, habrá crisis, pero gozarán de buena salud el narcotráfico, crimen organizado e incluso el terrorismo.

¿Dónde están los cambios anunciados para combatir las causas de la crisis? –escribe el catedrático de economía Juan Torres. En ninguna parte. Hoy el sistema económico padece los mismos problemas que llevaron a la crisis: desregulación financiera, descontrol absoluto de la ingeniería financiera, predominio de lo financiero sobre la actividad productiva, creación ingente y desproporcionada de dinero bancario, altos niveles de desigualdad…

Es hora de empezar a responder desde la sociedad civil. O no lo contamos.

Xavier Caño Tamayo es escritor y periodista
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

Viñeta: El Roto, El País

Zen-budismo en la vida y en el trabajo, por Leonardo Boff

El zen-budismo puede significar una fuente inspiradora para el paradigma occidental en crisis, así como para la vida cotidiana. Y ello se debe a que el zen no es una teoría o una filosofía. Es una práctica de vida que se inscribe en la tradición de las grandes sabidurías de la humanidad. El zen puede ser vivido por las personas más diferentes, sencillas amas de casa, empresarios o personas religiosas de diferentes credos.

Para el zen-budismo, lo más importante no está en la razón, tan importante para nuestra cultura occidental, sino en la conciencia. Para nosotros la conciencia es algo mental. Para el zen-budismo cada sentido corporal tiene su conciencia: la visión, el olfato, el paladar, la audición y el tacto. La sexta es la razón. Todo se concentra para activar con la mayor atención posible cada una de estas conciencias, en las vivencias de cada día. Tener una actitud zen es discernir cada matiz del verde, percibir cada ruido, sentir cada aroma, darse cuenta de cada toque. Y estar atento a los devaneos de la razón en su movimiento imparable.

Por eso, el zen se construye sobre la concentración, la atención, el cuidado y la integridad en todo lo que hacemos. Por ejemplo, expulsar un gato de la poltrona, puede ser zen; también, soltar a los perros de la perrera y dejarlos correr por el jardín. Se cuenta que un guerrero samurai, antes de una batalla, visitó a un maestro zen, y le preguntó: «¿qué es el cielo y el infierno?». El maestro respondió: «para gente armada como tú, no pierdo ni un minuto». El samurai, ofendido, tiró la espada, y dijo: «por semejante falta de cortesía podría matarlo ahora mismo». Ahí le contestó con toda calma el maestro: «eso es el infierno». Con la calma del maestro, recapacitó el samurai, metió la espada en la vaina y se marchó. El maestro le gritó desde atrás: «eso es el cielo».

En medio de las diferentes situaciones, acabamos compartimentando nuestra vida. La actitud zen apunta a la completa integración de la persona con la realidad que vive. El zen busca el vacío. Pero ese vacío no es tal. Es más bien un espacio libre en el cual todo se puede formar. No nos podemos quedar atados a esto o aquello...

Cuando un discípulo preguntó al maestro «¿quién somos?», el maestro respondió simplemente apuntando al universo: «somos todo eso». Eres la planta, el árbol, la montaña, la estrella, el universo entero. Cuando nos concentramos totalmente en esas realidades, nos identificamos con ellas. Pero eso sólo es posible si quedamos vacíos y permitimos que las cosas nos tomen totalmente. El pequeño yo va desaparecienco, para que surja el yo profundo. Es entonces cuando sentimos que somos uno con todo.

Este camino exige mucha disciplina. No es nada fácil superar las fluctuaciones de cada una de las conciencias y crear un centro unificador.

La búsqueda de esta unidad originaria tiene una base cosmológica. Hoy sabemos que todos los seres provienen de elementos físico-químicos que se forjaron en el corazón de las grandes estrellas rojas que después explotaron. Un día estábamos todos juntos en aquel corazón incandescente. Guardamos todavía una memoria cósmica de esta ancestralidad nuestra.

Por otra parte, sabemos también que tenemos el mismo código genético de base presente en todos los demás seres vivos. Venimos de una bacteria promordial, surgida hace 3.800 millones de años. Formamos la única y sagrada comunidad de vida.

Al buscar un centro unificador, el zen nos invita a realizar este viaje interior. No hace falta decir que todo eso vale para todos, pero principalmente para mí.

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, más información en Wikipedia


Artículo anterior: Zen y la crisis de la cultura occidental, por Leonardo Boff

14/9/09

¿El final de la crisis?, por Carlos Taibo

Tiene su miga determinar quiénes son los que establecen cuándo una crisis es tal y cuándo esa misma crisis ha tocado a su fin. Y tiene su miga porque las fórmulas abrazadas por estas gentes son cualquier cosa menos claras, confundidas como aparecen con intereses a menudo inconfesables. Que el capitalismo global estaba en crisis manifiesta antes de septiembre del 2007 era una evidencia para cualquier analista moderadamente sensible, y ello por mucho que los adalides de los sistemas que padecemos prefiriesen esquivar, entonces, esa conclusión. Hoy, en paralelo, sobran las razones para afirmar que el final de la crisis que empieza a cobrar cuerpo en el discurso oficial sólo puede darse por bueno si se cancelan las cautelas más elementales.

Para dar cuenta de lo anterior lo primero que se impone es recordar que las reiteradas declaraciones que se han producido en los últimos días en lo que atañe al final de la etapa de recesión beben en buena medida de un designio prefijado: el de crear un escenario psicológico que permita que ese final se haga realidad, y ello aun en ausencia de elementos materiales que apuntalen el proceso. Más allá de ello, y comoquiera que, fanfarria retórica aparte, no hay motivos para afirmar que las reglas del juego han cambiado sensiblemente -la desregulación sigue campando, en otras palabras, por sus respetos-, lo suyo es afirmar que, de entrar las economías en una fase de bonanza, por muy relativa que esta sea, lo más sencillo es que el retorno a un escenario de recesión sea rápido. Hay quien sostiene al respecto que, comoquiera que los problemas principales no nacen del capitalismo desregulado, sino de la propia lógica del capitalismo en sí mismo, sin adjetivos, debemos prepararnos para un escenario marcado por el descrédito de los esquemas cíclicos que hemos manejado durante decenios. O lo que es lo mismo: debemos aceptar que la recuperación de la que hablan tantos estudiosos no es sino un fuego de artificio que esconde una nueva crisis que se manifestará con rapidez.

Que las reglas, y los valores, no cambian lo demuestra palmariamente un hecho: nadie parece dispuesto a tomarse en serio una discusión central como es la de la idoneidad del crecimiento económico y del despegue del consumo a la hora de medir cómo van las cosas. Nunca se subrayará lo suficiente que, a diferencia de lo que ocurrió en 1929, el capitalismo se topa hoy con un problema central: el de los límites medioambientales y de recursos del planeta. Cualquier apuesta que dé en defender inopinadamente el crecimiento como panacea resolutoria de todos los males - y en ese magma mental se hallan, entre nosotros, tanto el Gobierno como la oposición-arrastra problemas sin cuento que nacen del olvido de circunstancias importantes. Entre ellas despuntan la precaria, por no decir nula, relación entre el crecimiento económico y la cohesión social, el agotamiento de recursos básicos, el despliegue de agresiones medioambientales acaso irreversibles y el asentamiento de un modo de vida esclavo que confunde interesadamente felicidad con consumo.

Parece, por otra parte, que quienes anuncian el final de la crisis sólo tienen en mente la manifestación de esta que hemos decidido etiquetar de financiera. Hay, sin embargo, en la trastienda, otras crisis que no suscitan, llamativamente, atención alguna. Porque ¿hemos puesto un freno convincente, por ejemplo, al cambio climático, una realidad inexorable de efectos en todos los casos negativos? ¿Hemos asumido políticas de reducción del consumo y de despliegue de energías renovables que nos permitan encarar con optimismo el incremento, inevitable a medio y largo plazo, de los precios de la mayoría de las materias primas energéticas, manifiestamente escasas, que hoy empleamos? ¿Estamos actuando de manera creíble para poner coto a un problema de siempre, como es el de la pobreza y el hambre que atenazan a buena parte de los habitantes del planeta?

Los hechos así, más bien parece que quienes se empeñan en contarnos que la crisis ha terminado están pensando, en exclusiva, en sus intereses más inmediatos y mezquinos, y están olvidando lo que perciben todos los días en su carne la mayoría de los seres humanos. Y es que, y dicho sea de paso, muchos de los habitantes del sur de Asia, del África subsahariana y de América Latina han vivido siempre inmersos en una crisis de la que, las cosas como van, tienen pocas esperanzas de salir.

Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid y autor de ´En defensa del decrecimiento´.
Fuente: La Vanguardia. Visto en Reggio's

Enlace a todos los artículos de Carlos Taibo en el blog
Enlace a todos los artículos de Decrecimiento en el blog

Derecho a la información e insumisión ciudadana, por Xavier Caño Tamayo

Los grandes medios defienden más la libertad de empresa que la de expresión. “Ha llegado el momento de reaccionar, el tiempo de la insumisión, de iniciar el gran cambio hacia la transparencia y el conocimiento real de la realidad”, en palabras de Federico Mayor Zaragoza.

Hace un par de años, Hugo Chávez convocó un referendo para preguntar a los venezolanos si aceptaban reformar la constitución y que los presidentes de la república pudieran presentarse a reelección sin límites temporales. No lo consiguió, pero muchos medios informativos lo más bonito que dijeron a Chávez fue autoritario y que preparaba una dictadura.

Presentarse tantas veces como quieran al cargo lo hacen los primeros ministros en Europa y nadie se rasga las vestiduras. Ahora Uribe, presidente de Colombia, hace lo mismo que Chávez. Y además pretende reducir el censo electoral en varios millones para asegurar la reelección. Pero no se ha publicado ni un simple calificativo denostador contra Uribe en los medios que reparten patentes de democracia.

También llevamos dos años de una crisis que ha aumentado la pobreza y la desigualdad hasta extremos más indecentes si cabe. Páginas y páginas sobre el G-8 y sus reuniones, ocurrencias de Sarkozy y puestas en escena de Merkel. Muchas palabras, acaso buenas intenciones, pero pocas realidades contra desempleo, sufrimiento e incertidumbre de la gente. Y apenas unos párrafos sobre propuestas de ONU o sobre el comité económico de ésta, presidido por Stiglitz, para afrontar la crisis. Otra vez los medios ‘importantes’ dan la nota.

Como escribe la psicóloga Rosa Cañadell, “llevamos muchos años dando por buenas situaciones inmorales, ilógicas e intolerables”. Y, a continuación, formula inquietantes preguntas. “¿Por qué se consiguió tapar la boca a la mayoría que no se benefició de la gran estafa (léase crisis), pero ahora pagan los platos rotos? ¿Cómo silenciaron tantas voces críticas? ¿Qué anestesia usaron para seguir la farsa? ¿Por qué aceptamos un crecimiento económico impresionante con estancamiento de salarios? ¿Por qué consentir que la política se convirtiera en gran multinacional donde lo único importante es el beneficio personal?”

En esa demoledora y penosa realidad que esboza Cañadell, tiene mucho que ver la mayoría de medios presuntamente informativos. Como reflexiona el profesor de Políticas Públicas de la Johns Hopkins, Vicenç Navarro, “se habla con frecuencia de la escasa calidad democrática de nuestras instituciones representativas, pero apenas se comenta la misma falta de calidad democrática de los medios informativos más importantes”. Navarro se refiere en concreto a España, pero lamentablemente hoy el aserto es extensible a todo el mundo.

Medios que no cesan de proclamar su defensa de la libertad de prensa. ¿No será libertad de empresa? (La suya, claro).

La minoría privilegiada ha aprendido hace tiempo que quien controla la información influye en la conducta cotidiana y en la gente. Y en eso están, tal como denuncia Mayor Zaragoza, ex director general de Unesco: “La minoría que tiene el poder económico, posee también el poder mediático. Y lo utiliza para que lo inadmisible, que es mucho, pase desapercibido”.

Desde hace tiempo se constata que el antaño denominado cuarto poder se disolvió, convertido mayoritariamente en herramienta al servicio del poder económico. La triste realidad es que muchos medios incumplen la obligación de informar con veracidad y honradez. Exageran, ocultan, distorsionan, manipulan, falsean e incluso mienten. Ignacio Ramonet, el equipo de Le Monde Diplomatique o el periodista español Pascual Serrano, por ejemplo, lo han mostrado y demostrado documentadamente. Además, este analista está harto de comprobar cuan a menudo titulares condenatorios y de rasgamiento de vestiduras (siempre contra críticos del capitalismo neoliberal, por supuesto) no tienen respaldo alguno en el texto de información. Vieja táctica de tirar la piedra y esconder la mano. Eso sin contar un preocupante incremento de amarillismo y banalidad ocupando espacio de información veraz.

Y es que la minoría privilegiada, que puede comprar conciencias y talentos y lo hace, no soporta que le toquen los intereses.

Una muestra de lo escrito es la implacable reacción de la minoría privilegiada estadounidense arremetiendo a través de diversos medios contra la reforma sanitaria de Barack Obama con ocultaciones, manipulaciones y puras mentiras.

Como recientemente ha escrito Federico Mayor Zaragoza: “Ha llegado el momento de reaccionar, el tiempo de la insumisión, de iniciar el gran cambio hacia la transparencia y el conocimiento real de la realidad. De hacer uso de todas las redes de comunicación disponibles, Internet incluida, para contrarrestar omisiones y ocultaciones de los grandes manipuladores y mentirosos, de los imperios informativos”.

Que así sea.

Xavier Caño Tamayo es periodista y escritor
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

Nota: Los enlaces del artículo han sido añadidos por el editor del blog

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Controlar los medios, controlar a la gente, por Xavier Caño Tamayo

¿Puños arriba?, por Koldo Aldai

Los puños que levantaban recientemente líderes socialistas están en el centro de una nueva polémica política. Sin deseo alguno de prestar argumento a quienes al otro lado de la arena política tratan de sacar del hecho beneficio, sin entrar a juzgar el gesto de las dirigentes Aído y Pajín, sí puede merecer la pena reflexionar sobre la actualidad de este tipo de gestos.

La ciencia de los mudras, de los gestos de las manos, nos indica que todos ellos llevan implícitos una fuerte intencionalidad. El puño en alto tiene una innegable carga de confrontación, y sin embargo mucho abuso y atropello social y laboral, que en su día levantaran ese puño airado, ya quedaron atrás.

Ayer fue noche oscura, ayer eran millones de puños sacudiéndola. Ayer innumerables gargantas y un canto, un empeño común por el final de tanta explotación, por el advenimiento de la liberación y la fraternidad internacional. Ayer había que ir al encuentro de otros obreros que sufrían lo indecible, había que sacar la ira por algún costado. Ayer el puño se cerraba él solo, bien al sentir una unidad acrecentada, bien en el cara a cara frente a los uniformados que blindaban la injusticia.

Ya muchos soles, muchas lunas bebieron nuestra ira. Acompañemos los tiempos. Muchos derechos se hicieron ya realidades. Ese “mañana” suspirado en buena medida ya se ha instaurado. El problema no es la lucha de clases del pasado, sino el quedarnos hoy aquí, aún batiéndonos en un escenario en buena medida ficticio. El problema es la nostalgia pesada del ayer, el puño ahí arriba congelado, amenazando no se sabe bien ni a qué, ni a dónde…

Es difícil levantar el puño y mantener el corazón abierto. Si nos quedamos clavados en las batallas de ayer, no podremos visionar los retos del mañana. Los puños en alto tuvieron su tiempo, sus escenarios. Entre grases lacrimógenos, detrás de las barricadas, se levantaban con resorte. No renegamos del ayer, pero no podemos quedarnos parados en medio de la historia. Bajemos los puños y honremos la memoria de quienes en su día con mayor razón los levantaron, los que dieron su vida por la justicia y la dignidad humana, los que se entregaron generosamente a la construcción de una alianza entre todos los oprimidos.

Atendemos al reto personal y colectivo de abrir la mano, de superar el paradigma de la confrontación que tanto dolor nos ha traído. Uno no olvida la propia ira amenazante que mantuvo sus dientes apretados y el puño bien cerrado. Prolongar la trinchera es un error. Podemos hundirnos en ellas, si no las abandonamos a tiempo.

Pasó el tiempo de tirar y demoler. Ante tan interpelante agenda colectiva, ante tantos desafíos planetarios en el arranque del milenio ya no hay lujos de puños cerrados. El mundo necesita manos abiertas para construir. Bajemos los puños, que hay mucho que compartir y colaborar, que los grandes problemas del armamentismo, del hambre y las epidemias, del analfabetismo, de la polución del aire y la devastación de la tierra…, sólo los atajaremos si nos unimos quienes ayer confrontábamos. Aún hay mucha injusticia en el mundo, cruel explotación sobre todo trasladada a las clases campesinas y obreras del llamado Tercer Mundo; pero no ganaremos a los que aún atesoran impúdicos beneficios o mantienen salvajes injusticias con los puños en alto, sino con amplios apoyos, con sólidos, firmes y serenos argumentos en Internet, en los medios de comunicación, en la calle.

El odio detiene la historia. El rencor siempre retorna a uno mismo, mientras el amor puede comportar también la denuncia de lo injusto. Ayer tocaba puño, ¿y si hoy tocara ancho abrazo, no necesariamente físico, sino interno? ¿Y si la vida demandara esfuerzo para que nada, ni nadie se quedara fuera del abrazo, ni siquiera el ignorante que por puro y necio egoísmo daña a la tierra, a los animales, a sus hermanos? Él puede ser el más necesitado de ese abrazo de adentro. ¿Y si levantáramos los puños contra nosotros mismos y nuestra dificultad de amar más generosamente?

“Agrupémonos todos en la lucha final…” Ahora sí que es la apuesta definitiva, la que frenará el cambio climático, la que asegurará la vida, la belleza, la paz sobre la tierra; la que garantizará los ríos puros y los campos sin química, ni venenos, las ciudades habitables y la relación amable entre los humanos. Ahora sí es la apuesta definitiva por construir un mundo más justo, creativo, alegre y solidario. Bajemos los puños y agrupémonos todos…

El puño se levantaba en la noche de las minas y fábricas inhumanas, en el tiempo de las jornadas de 18 horas, o entre los gases lacrimógenos tras la carga de los “grises”… El aire era limpio en Rodiezmo. No había gases el domingo del mitin en el pueblo leonés. Quizás las jóvenes ministras no debieran levantar el puño. Primero han de atravesar la noche y ya clarea el alba.


Fuente: Koldo Aldai
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11/9/09

Zen y la crisis de la cultura occidental, por Leonardo Boff

Vengo insistiendo desde hace tiempo en que por detrás de la crisis actual económico-financiera actual hay una crisis de paradigma civilizatorio. ¿De qué civilización? Se trata obviamente de la civilización occidental, que a partir del siglo XVI fue mundializada por el proyecto de colonización de los nuevos mundos.

Este tipo de civilización se estructura en la voluntad de poder-dominación del sujeto personal y colectivo sobre los otros, los pueblos y la naturaleza. Su arma mayor es una forma de racionalidad, la instrumental-analítica, que compartimenta la realidad para conocerla mejor y así someterla más fácilmente. Después de quinientos años de ejercicio de esta racionalidad, con los innegables beneficios que ha traído y que encontró en la economía política capitalista su más cabal realización, estamos constatando el alto precio que nos ha hecho pagar: el calentamiento global, inducido en gran parte por el industrialismo sin límites, y la amenaza de una catástrofe previsible ecológica y humanitaria.

Estimo que todos los esfuerzos que se hagan dentro de este paradigma para mejorar la situación serán insuficientes. Serán siempre más de lo mismo. Tenemos que cambiar para no perecer. Es el momento de inspirarnos en otras civilizaciones que ensayaron un modo más benevolente de habitar el planeta. Lo que fue bueno ayer, puede valer también para hoy.

Tomo como una de las referencias posibles el zenbudismo. Primero, porque ha influenciado todo el Oriente. Nacido en la India, pasó a China y llegó a Japón. Después, porque ha penetrado ampliamente en estratos importantes de Occidente y de todo el mundo. El Zen no es una religión. Es una sabiduría, una manera de relacionarse con todas las cosas de tal forma que se busca siempre la justa medida, la superación de los dualismos y la sintonía con el Todo.

Lo primero que hace el budismo zen es destronar al ser humano de su pretendida centralidad, especialmente del yo, núcleo básico del individualismo occidental. Él nunca está separado de la naturaleza, es parte del Todo. En seguida, procura una razón más alta que está más allá de la razón convencional. Se niega a tratar la realidad con conceptos y fórmulas. Se concentra con la mayor atención posible en la experiencia directa de la realidad tal como la encuentra.

«¿Qué es el zen?» preguntó un discípulo al maestro. Y éste respondió: «las cosas cotidianas; cuando tienes hambre, comes, cuando tienes sueño, duermes». «¿Pero no hacen eso mismo todos los seres humanos normales?» -atajó el discípulo. «Sí» ―respondió el maestro― «los seres humanos normales cuando comen piensan en otra cosa, cuando duermen, no pegan ojo porque están llenos de preocupaciones». ¿Qué significa esta respuesta? Significa que debemos ser totalmente uno en el acto de comer y totalmente entregados al acto de dormir. Como ya decía la mística cristiana Santa Teresa: «cuando gallinas, gallinas, cuando ayuno, ayuno». Esta es la actitud zen. Empieza por hacer con la máxima atención las cosas más cotidianas como respirar, andar y limpiar un plato. Entonces ya no hay dualidad: estás todo tú en todo lo que haces. Por eso, obedece a la lógica secreta de la realidad sin la pretensión de interferir en ella. Acogerla con el máximo de atención nos hace integrados porque no nos distraemos con representaciones y palabras.

Esta actitud le ha faltado al Occidente globalizado. Estamos siempre imponiendo nuestra lógica a la lógica de las cosas. Queremos dominar. Y llega un momento en que ellas se rebelan, como estamos constatando actualmente. Si queremos que la naturaleza nos sea útil, debemos obedecerla.

No dejaremos de producir y de hacer ciencia, pero lo haremos con la máxima conciencia y en sintonía con el ritmo de la naturaleza. Orientales, occidentales, cristianos y budistas pueden usar el zen de la misma forma que peces grandes y pequeños pueden morar en el mismo océano. Es otra forma de vivir que puede enriquecer nuestra cultura en crisis.

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, más información en Wikipedia

6/9/09

La política meditada, por Antoni Gutiérrez-Rubí

En el mundo de la empresa innovadora, la práctica de la meditación regular y frecuente se va imponiendo con naturalidad, y se promueven espacios de silencio para poder mirar el entorno (y mirarse) con mayores dosis de imparcialidad y equilibrio. La meditación abre, cada vez más, las oportunidades a una gestión de las organizaciones en que las emociones tengan un papel más valorado y reconocido al mismo nivel que las aptitudes y las actitudes.

El estrés y la ansiedad, por ejemplo, se han convertido en una de las mayores causas de falta de competitividad y de baja laboral. Si añadimos la falta de relajación y de descansos adecuados, se produce un alarmante descenso de nuestra energía vital, condicionando nuestro estado de ánimo y éste, a su vez, nuestro comportamiento y rendimiento global.

El contexto de crisis, con sus escenarios de incertidumbre y complejidad, ha castigado duramente los delicados equilibrios emocionales que la vida moderna exige a las personas. “No he parado ni un minuto”, es la frase recurrente que refleja una ocupación constante, sin pausa (descanso), ni silencios (reflexión), que perjudican enormemente la calidad de cualquier tarea. Las empresas se han dado cuenta del potencial que para la productividad y la innovación tienen el silencio reflexivo y la calma serena.

Mientras, la política parece que ignora estas consideraciones y desprecia la meditación y el cuidado del espíritu como estructura medular del carácter de nuestros representantes. La dimensión espiritual de la persona, por ejemplo, no puede ser ignorada, tampoco, desde la izquierda renovadora y mucho menos desde el socialismo democrático que tiene una base electoral y sociológica de cultura católica muy amplia y un anclaje histórico con las comunidades de base cristianas y los sectores renovadores de la jerarquía. Pero no estamos hablando de religión… ni de iglesias. Hay que multiplicar los gestos hacia las comunidades laicas y creyentes comprometidas con la acción social, sí; pero acercarnos también con respeto e interés hacia otros espacios de trascendencia espiritual no específicamente religiosa.

Hasta ahora, la izquierda se ha movido con un reduccionismo simplista considerando lo espiritual como un fenómeno meramente religioso. Gran error. Lo espiritual, entendido como el sentido que le damos a las cosas y a nuestra vida, permite residenciar en valores y principios los verdaderos reguladores de nuestro comportamiento. Y ahí radica su potencial para la política. Un gestor público debe ser una persona de densidad moral y ética, y para ello es imprescindible una actitud reflexiva y pausada y una vida interior rica y equilibrada.

La política, con sus ritmos mediáticos y su inmediatez táctica, aleja a nuestros representantes, demasiadas veces, de la ponderación y la distancia imprescindibles. Nadie reclama, por ejemplo, tiempo para evaluar la respuesta adecuada, para estudiar una propuesta, para pensarla con calma. Es como si la distancia cautelar que tantas veces debería guiar la actuación pública, sea un demérito o un defecto. Todo lo contrario.

Hay un nuevo espacio para la política meditada. La ciudadanía lo está pidiendo a gritos. La meditación, el silencio, el retiro, el estudio, deben de estar presentes en la vida política y en nuestros líderes. Necesitamos políticos con mayor capacidad de escuchar su interior y de compartir experiencias de profunda e intensa concentración personal. Una espiritualidad humana, profundamente humanista, como base de otra política.

Necesitamos líderes reflexivos, capaces de meditar, de buscar en su equilibrio personal la fuerza y las ideas que guíen su actividad. Puede ser una dimensión religiosa, pero no necesariamente. Debemos fomentar las prácticas que buscan el equilibrio y la armonía como el yoga o el tai-chi y acercarnos a ellas con una nueva naturalidad. En España todavía hay un prejuicio latente hacia tales disciplinas que, ignorantes e petulantes, algunos identifican como “raras”.

Martin Boronson, autor del best seller “Respira” (Urano) nos anima a recuperar el control personal con sólo un minuto al día. Y recomienda seguir cuatro pasos: crear un lugar de silencio y soledad; sentarse en una silla con la espalda enderezada, con las manos y las piernas relajadas pero inmóviles; activar el reloj avisador en un minuto exacto, y cerrar los ojos, centrando la atención de la mente en la respiración hasta que suene la alarma. ¿Se lo imaginan? Y todavía más: ¿Se imaginan a nuestros políticos con este minuto de serenidad?

Creo que la política necesita de estos minutos “de oro”. Y la comunicación política, todavía más. Durante el verano, algunos líderes políticos han recomendado a sus adversarios que “se relajen” o “se retiren a un monasterio”. La sugerencia, si reflejara una reivindicación sincera e incluyente de la política meditada, sería un cambio notable que deberíamos aplaudir. Pero dicha con un cierto desdén y como una invectiva, refleja un prejuicio sobre el valor del retiro y de la relajación en la vida pública.

El descrédito de la política y de los políticos tiene que ver –y mucho- con el deterioro del lenguaje político. Dime como hablas y te diré quien eres (y cómo eres). Deberíamos relajarnos, sí; pero para pensar mejor y ver si hay algo en el interior que valga la pena. Y, sólo entonces, abrir la boca.

Antoni Gutiérrez-Rubí es Asesor de comunicación
Fuente: El Periódico (05/09/09)
También puedes ver el artículo en el blog de Antoni Gutiérrez-Rubí

Marina Silva: una mirada nueva sobre Brasil, por Leonardo Boff

Nota del editor del blog: Marina Silva es una política brasileña ambientalista y pedagoga. Fue ministra de medio ambiente en el gobierno de Lula, puesto del que dimitió el año pasado, en ese momento publicamos un artículo, también de Boff, sobre ella. Recientemente Marina Silva ha dejado el PT, partido en el gobierno, para unirse a Los Verdes de Brasil, partido del que será su probable candidata a la presidencia en las próximas elecciones (ver artículo en El País).

Marina Silva: una mirada nueva sobre Brasil, por Leonardo Boff

Se equivocan las personas que piensan que la salida del PT de la senadora Marina Silva obedece a propósitos oportunistas de una eventual candidatura a la Presidencia de la República. Marina Silva salió porque tiene sobre Brasil, sobre el PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento) una mirada distinta a la del gobierno que identifica desarrollo con crecimiento meramente material y con mayor capacidad de consumo. La nueva mirada, adecuada a la creciente conciencia de la humanidad y a la altura de la crisis actual, exige una ecuación diferente entre ecología y economía, una redefinición de nuestra presencia en el planeta y un cuidado consciente sobre nuestro futuro común. Para estas cosas la dirección actual del PT está ciega. No es que no vea, es que no tiene ojos, que es peor.

Para profundizar en esta cuestión, voy a valerme de una correspondencia con el sociólogo de Juiz de Fora y Belo Horizonte, Pedro Ribeiro de Oliveira, un intelectual de los más lúcidos que articula la academia con las luchas populares y las Cebs (*), y que acaba de organizar un libro sobre La conciencia planetaria y la religión (Paulinas 2009). Escribe:

«Efectivamente, estamos en una encrucijada histórica. La candidatura de Marina no hace más que hacerla evidente. El sistema productivista-consumista de mercado insiste en sobrevivir, alegando que solamente él es capaz de resolver el problema del hambre y de la miseria, cuando en realidad lo causa él. Sucede que se impuso desde el siglo XVI como lo mejor que la humanidad ha producido, ayudado por el iluminismo y la revolución cultural del siglo XIX, que nos convencieron a todos de la validez de su dogma fundador: hemos sido llamados al progreso sin fin que la ciencia, la técnica y el mercado proporcionan. Esta inercia ideológica que continúa moviendo al mundo se cruza hoy con otro camino, que es el de la conciencia planetaria. También es una senda, pero va en otra dirección».

«Muchos pensadores y analistas descubrieron la existencia de esta vía y llamaron la atención del mundo sobre la necesidad de cambiar la dirección en la que caminamos. Cambiar el camino del progreso sin fin por el camino de la armonía planetaria. Esta inflexión era la voz profética de algunos, pero ahora ya no clama en el desierto, sino ante un público que aumenta cada día. Esa vía ya no aparece como el camino exclusivo de algunos ecologistas, sino como un camino viable para toda la humanidad. Ante él, el paradigma del progreso sin fin, desposeído de su validez teórica y su dogma, antes incuestionable, amenaza con caer. En este momento se reúnen todas las fuerzas para mantenerlo en pie, menos por medio de una argumentación consistente que por la repetición de que “no hay alternativas” y de que cualquier alternativa “es un sueño”».

«Aquí es donde sitúo la candidatura de Marina. Es evidente que el PV es un partido que hasta puede haber sido fundado con buenas intenciones, pero hoy se ha convertido en una cajón de sastre. Nadie imagina que Marina ―en la hipótesis de que ganase las elecciones―, va gobernar con base en el PV. En la eventualidad de que ganase, tendrá que seguir el camino de otros presidentes sudamericanos elegidos sin base partidaria, y recurrir a los plebiscitos y referendos populares para romper las amarras de un sistema que “primero tomó la tierra de los indios y después escribió el código civil”, como escribió el argentino Eduardo de la Cerna».

«Aunque no gane, su candidatura será un gran momento de concientización popular sobre el destino de Brasil y del planeta. Marina Silva prescindirá de los profesionales del marketing político y entrarán en campaña los seguidores de Paulo Freire».

«Esta es la diferencia de la candidatura de Marina. Serra, desde la altura de su arrogancia, estimula la candidatura de Marina para derribar a Lula y mantener la política de crecimiento y concentración de riqueza. Lula, a su vez, levanta la bandera de la unión de la izquierda contra Serra, pero también para mantener la política de crecimiento y de concentración de la riqueza, aunque mitigada por políticas sociales».

«Marina representa otro paradigma. No más la mala utopía del progreso sin fin, sino la buena utopía de la armonía planetaria. Nuestra visión no se restringe a 2010-2014. Estamos mirando la gran crisis de 2035 y buscando evitarla mientras hay tiempo, o en la peor de las hipótesis buscando alternativas para afrontarla».

Por amor a nuestros hijos, nietos y nietas, tenemos que dar fuerza a la candidatura de Marina. Y que Paulo Freire nos ayude a hacer de esa campaña electoral una campaña de educación popular de las masas.

Yo digo con Víctor Hugo: «No hay nada más poderoso en el mundo que una idea cuyo tiempo ya llegó».

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, más información en Wikipedia
(*) Cebs: Comunidades Eclesiales de Base (Teología de la Liberación). En Brasil hay miles de Cebs.