25/6/09

Sumar esfuerzos, pide la ONU, para evitar que la crisis derive en tragedia humana

Nueva York, 24 de junio. La llamada cumbre mundial sobre la crisis financiera y económica de la Organización de Naciones Unidas (ONU) inaugurada hoy, no sólo ofreció un espacio para un amplio diagnóstico y llamados a la acción urgente para proteger a los más pobres y vulnerables, sino también mostró la crisis de la respuesta de la comunidad internacional, entre otras cosas por la histórica división entre norte y sur.

La Conferencia de alto nivel sobre la crisis financiera y económica y su impacto sobre el desarrollo es tanto un fracaso como un gran logro. Los gobiernos de los países ricos, sobre todo el Grupo de 8 (G-8) y sus aliados, no deseaban que se realizara, mientras el presidente de la asamblea general, el nicaragüense Miguel D’Escoto, y decenas de países del sur, movimientos sociales y ONG insistieron en que se celebrara.

Ésta es una disputa que gira en torno a quién debería determinar la respuesta a la crisis y las reformas –para algunos más bien cambios a fondo– del orden financiero y económico internacional. Para dirigentes de varias ONG como el economista premio Nobel Joseph Stiglitz, se trata de si es el G-8 o el Grupo de 192 (países miembros de la ONU) los que deben formular las reformas globales.

“En este momento crítico todos debemos sumar esfuerzos para evitar que la crisis global… se transforme en una tragedia socioambiental y humana... Ningún mejor lugar que esta sala de la asamblea general de Naciones Unidas para hacerlo. Ésta es por antonomasia la sala de la inclusividad democrática mundial, sede del G-192”, declaró D’Escoto al inaugurar la conferencia de tres días.

“No es humano ni responsable construir un ‘arca de Noé’ que salve solamente al sistema económico imperante y deje a la gran mayoría de la humanidad a su propia suerte, sufriendo las nefastas consecuencias de un sistema impuesto por una irresponsable aunque poderosa minoría. Debemos tomar colectivamente un conjunto de decisiones que atiendan a todos”, afirmó D’Escoto.

Agregó que hay que reconocer que la actual crisis económico-financiera es el último resultado de un modo egoísta e irresponsable de vivir, de producir, de consumir, de establecer relaciones entre nosotros y con la naturaleza, que implicó una sistemática agresión a la tierra y a sus ecosistemas y una profunda disimetría social, una expresión analítica que disimula una perversa injusticia social planetaria.

Por ello, dijo, no se puede sólo hacer correcciones al sistema. “El egoísmo y la codicia no se pueden remendar… si realmente lo que queremos es una paz estable y duradera, debemos estar absolutamente claros de que debemos ir más allá de controles y correcciones del modelo existente y crear algo que apunte hacia un nuevo paradigma de convivencia social”.

El secretario general de la ONU, Ban Ki moon, advirtió que esta crisis ha llevado a que millones más estén sumidos en la pobreza, que se podrían perder más de 50 millones de empleos este año y que mil millones de personas padecen hambre. Insistió en que los países más desarrollados tienen la responsabilidad de ofrecer mayor apoyo a los países pobres para enfrentar la crisis. Si el mundo puede movilizar más de 18 billones de dólares para mantener flotando al sector financiero, puede encontrar más de 18 mil millones para cumplir con sus compromisos en África.

El mensaje de los oradores en representación de los gobiernos que participan en la conferencia hicieron eco de esta retórica. Los del sur subrayaron que los países pobres que sufren las peores consecuencias de esta crisis que se originó en el norte.

La delegación mexicana fue encabezada por el secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero Arroyo, quien habló a nombre del Grupo de Río y se sumó al llamado a una reforma del sistema financiero internacional otorgándole mayor orientación hacia el desarrollo, así como mayor representatividad y legitimidad en sus estructuras, entre otras.

Joseph Stiglitz, quien encabeza la comisión de expertos del presidente de la asamblea general, que aportó diagnósticos y recomendaciones para el documento que aprobará en esta cumbre, declaró que se deben abordar las crisis globales de manera “incluyente… no en el G-20, sino en el G-192”. La globalización, dijo, ha llevado a una integración económica, donde no es posible evitar que lo que ocurre en un país afecte a otro, pero no existen instituciones internacionales capaces ni diseñadas para enfrentar esta nueva realidad”.

Modelos fallidos

En comentarios ante una reunión de expertos y ONG, como parte de la conferencia de la ONU, Stiglitz dijo que no fue sólo la falta de regulación adecuada y de políticas monetarias lo que detonó la crisis, sino de modelos fallidos de política económica.

Para reparar la crisis se requiere, indicó Stiglitz, reformar las desigualdades en el sistema internacional, y eso empieza por otorgar los fondos necesarios de los países ricos a los países pobres que no cuentan con los recursos para enfrentar la crisis, o que tienen limitadas opciones de políticas para hacerlo, ya que están bajo condiciones impuestas por sus acreedores, como el FMI. Criticó que se haya otorgado al FMI una función para enfrentar la crisis, ya que fue una de las instituciones que promovieron las políticas que provocaron la crisis y la hizo global.

Ante el peligro de que las reformas propuestas hasta la fecha impliquen cambios más bien cosméticos, y que los intereses financieros que participaron en crear la crisis hagan todo lo posible por detener los cambios a fondo, Stiglitz sostuvo que “es clave la participación de la sociedad civil… será sólo a través de los esfuerzos de grupos ciudadanos como las cosas van a cambiar”.

El Nobel insistió en que es un excelente momento para promover un cambio, ya que los argumentos de las últimas décadas han quedado descalificados. La liberalización de los mercados financieros facilitó la crisis, recordó, y quienes promovían eso ya no pueden sostenerlo, afirmó. Por otro lado, aquellos que promovían el libre comercio y la idea de un campo de juego igualado también carecen de credibilidad ante el masivo subsidio gubernamental para rescatar empresas financieras e industriales en el primer mundo, lo cual es nada menos que un gigantesco subsidio público al sector privado, destacó.

Los presidentes y ministros más poderosos del mundo y los directores de los bancos internacionales y las instituciones financieras multilaterales están ausentes (aunque enviaron representantes y observadores), ya que se preparan para la Cumbre del Grupo de los 20, el mes entrante. Tal vez el arca de Noé tendrá que ser construida sin todos ellos.

Fuente: Periódico La Jornada de México.

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Cristóbal Cervantes
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