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12/12/09

¿Un Nobel de la Paz para Clausewitz?, por Andrés Sánchez

El último Nobel de la Paz, Barack Obama, ha decidido centrar su discurso de aceptación de ese premio en justificar la guerra. Unos dicen que es valiente y responsable. Otros que ha traicionado su campaña. Yo creo que se equivocan los unos, los otros, el premiado y el jurado.

Dice el Nobel de la Paz que “a veces la guerra está justificada”. Obama sabe mucho de comunicación política. Y de marketing. Por eso juega más con la evocación que con la argumentación, porque una imagen vale más que mil palabras. Y nos presenta la guerra como la suma del “sangre, sudor y lágrimas” de Churchill, el sacrificio de los judíos que resistieron al holocausto nazi, la valentía de quienes desembarcaron en Normandía, la fiereza de los que ganaron en Stalingrado, la impotencia de los desamparados en el cerco de Sarajevo… El problema es que nada de esto tiene que ver con lo que propone el presidente de los Estados Unidos.

El Nobel de la Paz justifica ser el comandante en jefe de dos guerras diciendo que una (la de Irak) está terminando. Ojalá. Preocupa más el argumento que utiliza en la otra, la de Afganistán: la guerra que Estados Unidos “no la buscó”, mimetizándose con el Roosevelt conmocionado por el ataque japonés a Pearl Harbour. Pero Obama miente: el 11-S no fue Pearl Harbour. No fue un acto de guerra de Afganistán, organizado y perpetrado por el execrable gobierno talibán, sino un brutal atentado terrorista ejecutado por Al Qaeda. La respuesta del gobierno estadounidense de EEUU entonces (y ahora) sí fue un acto de guerra: invadir Afganistán. Con escaso éxito en el objetivo declarado de acabar con Al Qaeda.

El Nobel de la Paz nos quiere convencer de que a un acto terrorista se le puede responder con una guerra, y a un gobierno que ampara a los terroristas con una invasión. Mutatis mutandi, la doctrina de la “guerra contra el terror” habría amparado disolver el gobierno vasco y ocupar militarmente su territorio tras Hipercor; acabar con los santuarios de los terroristas habría justificado una reedición de los tercios de Flandes tras cualquiera de las negativas del gobierno belga a extraditar a etarras.

El discurso del Nobel de la Paz no es ni audaz ni comprometido; ni responsable ni realista. Es cínico. Porque nos coloca en la siguiente disyuntiva: o se acepta la guerra, o seremos cómplices del terror; o consentimos en suspender la legalidad o estaremos equiparando los totalitarismos con democracia, la complicidad talibán con el garantismo belga. Obama nos dice que el pacifismo es quietismo. NO. No es así en absoluto. Luego abundaré en ello. Lo único que hace aceptar el discurso de Obama es reforzar a Al Qaeda. Porque los terroristas ganan cuando empezamos a considerarlos parte beligerante de una guerra. Ese es su objetivo: lo ha intentado ETA durante toda la democracia, que ésta se suicide y pasemos del Estado de Derecho a un estado de guerra. La trampa en que Bush nos hizo caer a todos al declarar la “Guerra contra el Terror”. La trampa que nos vuelve a tender Obama.

Las ideas del Nobel de la Paz sobre la guerra son parecidas, demasiado parecidas, a las de George Bush. Mientras muchos hablamos de política antiterrorista, Obama y Bush hacen la guerra al terror. Porque ambos coinciden en no ver un salto entre la política y la guerra. Que se tranquilicen los fans de Obama: esto no quiere decir que ambos sean iguales: de hecho, harían la guerra en ejércitos diferentes. Obama se enrolaría con von Clausewitz, el pensador prusiano que presentó la guerra como la continuación de la política con otros medios… Bush lo haría con Schmitt, para quien la política es una forma de la guerra, donde quien no es un amigo es un enemigo. ¡Claro que hay diferencias entre Obama y Bush! Clausewitz no aceptaría Guantánamo ni Abu Ghraib, mientras que para Schmitt cuestionarlos, simplemente, carecería de sentido. Es la diferencia entre el criminal de guerra Bushmitt y el belicista Obamasewitz.

A un Nobel de la Paz habría que exigirle algo más que no ser un criminal de guerra. Y quizás Obama podría haber sido merecedor de este premio si hubiese hecho algo por la paz. Por ejemplo, inspirarse en otro filósofo alemán. Tan prusiano como von Clausewitz. Tan realista como Schmitt. Me refiero a Kant. Para quien, a diferencia de aquellos, el núcleo de la política no está en imponer la voluntad propia, ya sea pacífica o violentamente, sujeto a más o menos limitaciones. Para Kant la política es justicia, y la guerra, la ausencia absoluta de justicia, o sea, de política.

Si el Nobel de la Paz no se lo hubieran concedido a Barack Obamasewitz, sino a Bakant Obama, éste habría aprovechado el discurso de aceptación del premio no para hacer una apología de la guerra, sino para anunciar la adhesión inmediata de EEUU al Tribunal Penal Internacional. A continuación, propondría su reforma, para reforzarlo, para darle medios, para que tuviera poder. Una justicia ciega, sí, pero no impotente. Una reforma que demostrara que es falso que nos debatamos entre el belicismo o el apaciguamiento, entre halcones o palomas.

Si el Nobel de la Paz fuese Bakant Obama nos convencería de que la política es la solución al dilema entre la guerra “justa” y la paz “injusta”. Diría que igual que el Estado no está en guerra con un asesino o un pederasta, el Tribunal Penal Internacional no lo estaría con una organización terrorista transnacional o un gobernante criminal. Dicho de otro modo: si hay justicia, puede haber ejercicio legítimo del poder, para perseguir la injusticia; poder para defender un Estado de Derecho universal. Poder para que las víctimas no estén desamparadas. Para que el 11S no quede impune. Ni la invasión de Irak. Pero tampoco el hambre, o el cambio climático.

Un Nobel de la Paz hoy tiene que trabajar por la justicia. Como hicieron Mandela y de Klerk, derribando el odioso racismo hecho ley en la Sudáfrica del apartheid. Como Suu Kyi y Ebadi, arriesgando su vida por la democracia en Birmania e Irán. Como Gore y los científicos del IPCC, ampliando los horizontes de la justicia hacia el medio ambiente y las próximas generaciones.

Obama no merecía ser un Nobel de la Paz. Ahora menos, porque lo ha contaminado para hacer apología de la guerra. Presentándolo como una forma de política, cuando no es otra cosa que su antítesis, la muerte de la política. ¿Había alternativa a Obama? Supongo que sí. Mi opción habría sido dejarlo desierto. Quizás nadie lo merece el año en que el hambre ha alcanzado por primera vez a 1.000 millones de personas. El año que los gobiernos de todo el mundo se han puesto de acuerdo en salvar a bancos especuladores y banqueros corruptos, mientras racanean en la Cumbre del Clima. ¿Nobel de la Paz de 2009? Vacante. Nos habría hecho pensar. Quizás sería incluso motivo de orgullo en el futuro.

Mientras tanto, seguiremos esperando al Nobel de la Paz que ponga las bases de una justicia universal. Porque como bien decía Kant, ese será el principio de la paz. Auténtica. Para siempre.

Fuente: Andrés Sánchez. Sociólogo e Investigador de la Universidad de Almería

6/10/09

Diez razones para apoyar a Obama, por Koldo Aldai

Buenos amigos a uno y otro lado del Atlántico han contestado críticamente el artículo en el que definía a Obama como un gran líder planetario. Bienvenido sea el sano y fraterno debate, no en balde estamos ante un tema capital. No se trata tanto de un debate ceñido a una persona, sino a un modelo de transformación social. No es tanto una controversia en torno a Obama sí o no, sino a cómo deseamos caminar hacia el otro modo posible. Seguidamente expongo diez razones por las que considero positivo el apoyo a Barack Obama. Por imperativos de espacio algunos argumentos tan sólo los enunciaré, pues ya han sido abordadas en anteriores artículos.

1.- Quien trabaja por la unidad en la diversidad, quien apuesta decididamente por derribar fronteras, abismos, separaciones…, trabaja para el futuro. Todas las actuaciones de Obama a nivel nacional e internacional van en el sentido de fomento de la inclusividad y la síntesis. Sólo hay que repasar las hemerotecas y observar los gestos de gigante que ha realizado para acercar naciones, credos, culturas, civilizaciones, estamentos sociales… Sus proclamas para fomentar el encuentro con los adversarios históricos de los EEUU, están a la vista de todos.

2.- Quien trabaja para los más desfavorecidos, quien trabaja por la Madre Tierra, trabaja también para en la dirección del bien. Quien se preocupa de repartir la riqueza y que no falte pan y salud a quienes menos poseen, quien ha hecho de la lucha contra el cambio climático una de su principales banderas es digno de ser apoyado. Obama desborda los esquemas ideológicos y está decidido a gobernar para todos, fomentando en todas las situaciones el máximo grado de consenso.

3.- Intelectuales de izquierda se aferran a la teoría de que con Obama no ha cambiado nada en los EEUU. Creo que este argumento no es serio, ni sólido. A la vista del tremendo embate que está sufriendo Obama por parte de las fuerzas reaccionarias. Prensa, multinacionales y políticos ultraconservadores, están desarrollando una campaña feroz con el único objetivo de sacar a Obama, de cualquier forma, fuera de la Casa Blanca. ¿Si en realidad nada hubiera cambiado a qué se debe esa cruzada inmisericorde?

4.- En realidad el debate que tenemos ante nosotros es el del modelo de transformación: evolución o revolución. Se trata también de una cuestión de ritmos. Mientras que para unos con Obama apenas nada ha cambiado, para otros va muy rápido en sus transformaciones.

Quienes piden a Obama el oro y el moro a nueve meses de desembarcar en la presidencia olvidan que las importantes transformaciones políticas y sociales, han de ser rítmicas, paulatinas. No se puede pedir a un gobernante que promueva leyes, cuya población aún no está en condiciones de asumir. Volquemos al libro universal de la naturaleza, a observar el modelo de todos, a estudiar sus leyes. Todo el desarrollo de la naturaleza está marcado por la ley de la evolución. Las estructura sociales no pueden seguir un parámetro evolutivo diferente de las estructuras orgánicas. La naturaleza invita a la evolución gradual y así lo podemos observar en el reino mineral, vegetal y animal. La semilla no deviene árbol en un breve lapso de tiempo. Atardece lentamente, maduramos de la misma forma. La conciencia humana que posibilita la transformación de las estructuras humanas, también evoluciona a ritmo lento, pero sostenido.

5.- A nivel económico, sin duda el aspecto más cuestionable puede resultar la importante ayuda concedida por la administración federal a las grandes multinacionales del automóvil. En este aspecto es quizás donde nuestra mirada ha de ser más generosa para comprender que los norteamericanos no pueden tampoco de un día a otro cambiar sus hábitos de vida. El coche contamina el aire, degrada las ciudades, cercena la convivencia humana, agudiza nuestro individualismo… El automóvil particular es elemento más representativo de una civilización individualista y materialista en franco declive. La invitación a la superación de este modelo de locomoción es una labor didáctica por parte de los gobernantes. Al día de hoy no pueden dejar hundir la industria automovilística de un día para otro. No se puede dejar hundir la economía capitalista, sin que la población haya asumido una economía más limpia, solidaria y más en función de las necesidades reales de la población. Una vez las transformación comienza más por el testimonio de los convencidos, que por el dictado de los gobernantes.

Vendrán nuevos líderes que puedan pedir más a la población, que puedan gobernar instaurando más ambiciosas e imprescindibles transformaciones sociales, pero al día de hoy el techo del avance de la conciencia norteamericana no da para más. Su administración podrá desarrollar una labor concientizadora, pero nunca imponer aquello que el conjunto de la población aún no concibe.

6.- Es preciso recuperar la perspectiva histórica de una humanidad sumida en las mil y un guerras, sin instituciones internacionales, una historia en la que ha prevalecido la ley del más fuerte. El apoyo mostrado a Obama por los mas diferentes mandatarios mundiales el pasado día 24 de Septiembre es un hecho sin precedentes.

Su postura por el desarme nuclear y por la reducción de armamentos supone un enorme giro con respecto a las anteriores administraciones.

7.- El emerger de este liderazgo planetario es uno de los hechos más esperanzadores de los últimos tiempos. Obama se ha volcado en el respaldo a las instituciones internacionales. El Tribunal Internacional y la ONU se han visto beneficiados por el nuevo presidente. Amén de ese respaldo práctico ha sabido trazar objetivos comunes y reunir tras ellos a las naciones. Nunca hubo un líder mundial que gozara de tanto apoyo planetario.

8.- Más allá del apoyo de los dirigentes políticos, será preciso observar el apoyo que se ha granjeados entre las capas más humildes de la población mundial. Los últimos de la tierra tienen en él un icono de liberación. Será preciso viajar al África profunda y ver la esperanza que ha despertado este hombre sencillo. Obama les ha demostrado que con esfuerzo y voluntad bien dirigida se puede llegar muy lejos.

9.- Vivimos un tiempo grande en el que grandes y auténticos líderes están ya con nosotros. ¿Si no les reconocemos ahora, cuándo sino? ¿Si no les apoyamos ahora, cuándo sino? Claro es más fácil curarnos en salud, escudarnos tras el sempiterno escepticismo, es más fácil renovar nuestro anti-americanismo y evitar cualquier metedura de pata.

Es más fácil no arriesgar no vaya a ser, que nos equivoquemos. ¿Qué aureola queremos ver tras su rostro, qué señales aguardamos en los cielos para alinearnos con los grandes servidores…? No, reconocer liderazgo no es cuadrarnos y aguardar órdenes. Es empujar todos a una, sabiendo que quienes más ven tienen más compromiso y más responsabilidad y por lo tanto más necesidad de apoyo.

10.- Nos podemos equivocar, podemos resbalar estrepitosamente, pero en la vida hemos de ser fieles a nuestro corazón. En realidad es la única fidelidad a la que nos debemos, las otras fidelidades vienen por añadidura. Por lo demás hasta el presente no erramos. La actuación de Obama ha sido ejemplo impecable hasta el día de hoy. Mañana Dios dirá si nos equivocamos al echar el resto a favor de este hombre de color que con humildad, entereza y profundo espíritu de servicio alcanzó el gobierno de la nación más poderosa de la Tierra. Dios no quiera, pero si un día no respondiera a la esperanza en él concitada en cuanto a líder imbuido de servicio y altos ideales, si un día su actuación contradijera los valores que pregona, no tendríamos reparo en señalarlo.

No obstante es difícil no equivocarse cuando se abraza semejante responsabilidad. Quien arriesga necesariamente tropieza. Con todo el respeto, desde mi humilde perspectiva sí que habrá que revisar la adhesión a quienes desde su cómoda tribuna intelectual nada arriesgan. Será preciso revisar los iconos del mañana. Quienes no trabajan por la unidad humana, no trabajan para el futuro. Los grandes intelectuales de la izquierda que siembren sospecha gratuita y división y confrontación, pueden quedar aparcados en el arcén de la historia. Es posible que puedan mermar nuestras bibliotecas, es posible que tengamos que prescindir de algunos autores capitales del pasado… Valía su literatura cuando aún nos manteníamos a pie de barricada, pero seguramente ya no cuando tomamos la decisión de servir al alto ideal de fraternidad humana.

Sólo son diez razones, volcadas a bote pronto. Razones que no falten, pero sobre todo que no nos falte la fe en que es posible invertir la deriva hacia el desastre, de unirnos junto a los grandes lídres en la construcción de una civilización auténticamente solidaria y fraterna.


Fuente: Koldo Aldai
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27/7/09

Ahora sí, otro mundo es posible, por Federico Mayor Zaragoza

La crisis y el liderazgo de Obama son una oportunidad para cambiar el rumbo, para conseguir que primen los valores de la libertad, la igualdad y la solidaridad, pisoteados en la anterior etapa por el culto al mercado

"Tenemos la capacidad de lograr el mundo que deseamos si tenemos el valor de emprender un nuevo comienzo". Barack H. Obama. El Cairo, 4 de junio de 2009

Para pasar de una época de cambios a un cambio de época es imprescindible que se produzca la reacción de la sociedad, que ya no puede permanecer impasible, espectadora, testigo de lo que sucede, sino que tiene que participar, activamente, para que los gobiernos sean auténticamente democráticos, es decir, actúen en virtud de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y escuchen y respeten todas las opiniones. No me canso de repetir la importancia que tuvo, al término de la Segunda Guerra Mundial, que la Carta de las Naciones Unidas iniciara su preámbulo de este modo: "Nosotros, los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra". Estaba claro que eran los pueblos los que debían construir la paz a través de sus representantes genuinos. Y hacerlo en virtud del supremo compromiso contraído con las generaciones venideras.

Sin embargo, no fueron "los pueblos" sino los Estados, muchos de ellos autoritarios, los que interpretaron la Carta a su modo: la cooperación pronto se mudó en explotación, las ayudas en préstamos, los valores universales en leyes de mercado. Prevaleció el preparar la guerra para asegurar la paz, en lugar de construir la paz. Abandonadas progresivamente por las grandes potencias, las Naciones Unidas vieron cómo su sueño de democracia planetaria se convertía en agrupaciones plutocráticas (G-7, G-8, G-20...) que enarbolaban, en vez de "Nosotros, los pueblos", la enseña de "Nosotros, los poderosos".

Una economía de guerra, azuzada por los grandes productores de material bélico, se fue consolidando hasta alcanzar en el año 2000 inversiones diarias de casi 3.000 millones de dólares cuando la pobreza extrema y las muertes por hambre y enfermedades ya evitables se calculaban entre 60.000 y 70.000 personas cada día. No existió la voluntad política entre las grandes potencias de favorecer el desarrollo endógeno, de garantizar la igual dignidad de todos los seres humanos.

El panorama actual constituye una vergüenza colectiva, que exige un cambio tan radical como apremiante. Ahora sí es posible este cambio porque en los últimos años se ha producido una rápida "maduración" de las capacidades necesarias para que los súbditos se conviertan en ciudadanos del mundo y adquieran una conciencia global y, por tanto, la posibilidad de comparación, base ética fundamental; el incremento de mujeres en el escenario público y en los procesos de toma de decisión, y, por fin, la posibilidad de participación no presencial, a través de las modernas tecnologías de comunicación (Internet, SMS...).

Participación personal e institucional, anticipándonos para prevenir aquello que aparezca como más nocivo para la calidad de vida. La complejidad de los desafíos reclama una interacción permanente de los gobiernos, Parlamentos y concejos con la comunidad científica y académica con el fin de no aplazar decisiones, especialmente en procesos potencialmente irreversibles (biológicos, sociales, medioambientales...).

Ahora sí es posible: la "tensión humana" que produce la presente crisis -económica, medioambiental, alimenticia, energética, democrática, ética...- representa una extraordinaria oportunidad para convertir en acción la sorpresa e indignación sentida por quienes reclamaban inútilmente unos fondos razonables para erradicar el hambre o el sida, y han visto cómo se abrían los aliviaderos de inmensos depósitos para el "rescate" de las mismas instituciones que, con codicia e irresponsabilidad, nos llevaron a la presente situación.

Ahora sí es posible, por el "despertar" democrático de tantos países sometidos en el este de Europa, América Latina, África, Asia. Y tendrá que hacerlo la Unión Europea, que sigue siendo una Comunidad Económica, con mucha inercia de los instalados y la inexplicable tendencia a favorecer fuera de su ámbito políticas que no estima procedentes en casa. Pero, estoy convencido, si de verdad los países que la integran comparten valores esenciales, de que es cosa de poco tiempo.

Las raíces de esta crisis múltiple deben situarse, precisamente, en la inmensa equivocación de sustituir los "principios democráticos universales" de la justicia social, la solidaridad, la igualdad, por el mercado. El resultado ha sido la ampliación de las asimetrías económicas propiciando grandes desgarros sociales y poniendo en evidencia la insoportable levedad de la democracia, parafraseando a Kundera. Democracias sometidas, con ciudadanos perplejos pero obedientes y resignados, tanto por la fuerza del poder económico y militar como mediático. Es preocupante ver cómo, en una parte de la sociedad saciada, la pertenencia partidista es fanática, irreflexiva, indiscutible.

Ahora sí es posible el fortalecimiento democrático para el cambio radical que representa el presidente Obama en el liderazgo mundial: diálogo, colaboración, búsqueda de la paz a través de la justicia y de la igual dignidad de todos los seres humanos. "Juntos", ha proclamado, "podemos". Ahora sí es posible porque ha quedado claro que es indispensable el multilateralismo. Que no se trata de reforzar algunas de las instituciones del Sistema, sino de cambiarlas profundamente.

Ahora sí, en 10 ó 12 años es posible que tenga lugar el cambio de época tan anhelado, desde una cultura de fuerza e imposición a una cultura de diálogo, conciliación, alianza y paz. Ha llegado el momento de la gran transición desde la fuerza a la palabra.

Hasta hace bien poco se han seguido invirtiendo inmensas cantidades en armamento propio de confrontaciones convencionales. La Administración de Bush ha llevado el gasto militar hasta límites inverosímiles. Pero ahora, por fortuna, el presidente Obama ha decidido liderar el desarme ofreciendo un plan concreto para reducir arsenales, cambiar de enfoque y frenar la proliferación de ojivas nucleares. "Hemos de optar", ha dicho Obama, "entre inversiones destinadas a mantener la seguridad del pueblo americano y otras elegidas para enriquecer a una compañía fabricante o a un gran contratista".

Ahora sí es posible que, junto al fortalecimiento del sistema multilateral y la eliminación inmediata de los paraísos fiscales, puedan sustituirse parcialmente las inversiones en armamentos por inversiones en desarrollo global sostenible: energías renovables, producción de alimentos (agricultura, acuicultura y biotecnología), obtención y conducción de agua, salud, transportes, vivienda... Sólo así aumentará el número de "clientes" en todo el mundo, y se evitarán los caldos de cultivo que crean flujos migratorios de personas desesperadas y violencia.

Ahora sí es posible. Por el sentimiento íntimo de que, de una vez, debe cambiar la mano alzada por la mano tendida. Las palabras clave son involucrarse y compartir. Tengo la seguridad de que, en los momentos actuales, una gran mayoría de ciudadanos con empleo contribuirían a un Fondo Voluntario de Solidaridad Social. Lo que no podemos hacer es pensar siempre que los problemas -que hemos consentido en buena parte con nuestro silencio y abstención- sean solucionados por quienes no supieron atajar oportunamente sistemas basados en la desregulación y la especulación.

"Todos los seres humanos iguales en dignidad": ésta es la clave -tan lúcidamente establecida en la Constitución de la UNESCO y la Declaración Universal de los Derechos Humanos- para entrar en la nueva era. Todos los seres humanos capaces de crear, de imaginar, de inventar, de emprender este nuevo comienzo siendo conscientes de que disponemos de las capacidades y voluntad requeridas. Y entonces, frente a los que sigan anclados en el pasado y en sus privilegios, frente a los escépticos y pusilánimes, se iniciará el cambio que anhelamos, este otro mundo de nuestros sueños. Con serenidad, porque sabemos que podemos. Como tan bellamente lo expresó Álvaro Cunqueiro: "El ave canta aunque la rama cruja porque conoce la fuerza de sus alas".

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz
Fuente: Diario El País

Coherencia democrática frente a populismos sin futuro, por José Carlos Garcia Fajardo

África y Latinoamérica necesitan instituciones sólidas y estables que terminen con gobiernos populistas y favorezcan el nacimiento de auténticas democracias participativas.

En un discurso dirigido al mundo musulmán, desde la universidad de El Cairo, el presidente Obama dijo: “Dios no cambiará vuestra situación ni mejorará vuestra suerte hasta que no os cambiéis vosotros mismos, mejoréis y os alcéis en vuestro camino”.

Esa fue también la esencia de sus palabras a los pueblos de África desde la universidad de Ghana el 11 de julio. Habló como Presidente y como mestizo descendiente de un africano de Kenia y de una mujer blanca en Hawai, educado en Indonesia en escuelas musulmanas y católicas, para culminar en la universidad de Harvard.

Se eligió Ghana porque fue el primer país de África subsahariana en alcanzar su independencia, en 1957. A pesar de muchas vicisitudes, mantiene un régimen democrático y al discurso de Obama asistieran 4 presidentes que se sucedieron regularmente. Para colmo, desde este año, forma parte del grupo de países exportadores de petróleo. El país de Kwame N'Krumah, precursor del panafricanismo y del orgullo nacionalista africano que representó a Ghana en la Conferencia de Bandung junto a Tito, Nasser, Nehru y Sukarno. N'Krumah defendió el anticolonialismo y realizó transformaciones internas apoyándose en la industrialización básica, la revolución agraria y la educación socialista.

“Estáis mal gobernados”, les dijo Obama. “El tribalismo, el nepotismo, la corrupción son los enemigos del progreso; es preciso acabar con ellos”.

No vaciló en condenar el colonialismo que impuso al continente fronteras artificiales y una explotación sistemática, sino también por lo que hizo a los africanos en su vida cotidiana.

Les urgió a que dejaran ya de pensar que el colonialismo de ayer y el Occidente de hoy son los responsables de los males actuales y de las dificultades que encuentran. “Necesitáis instituciones sólidas y estables”, prosiguió, “con un buen gobierno capaz de garantizar las elecciones y con poderes que gobiernen por el consentimiento y no por la coerción”.

Denunció el enriquecimiento ilícito y los sobornos pero también fustigó a quienes dan golpes de Estado o modifican las Constituciones para perpetuarse en el poder porque esa es la negación del progreso. África, enfatizó, no tiene necesidad de hombres fuertes sino de fuertes instituciones.

Y les mostró el ejemplo de Sudáfrica, de Singapur, de Corea del sur y de otros países que han logrado un progreso espectacular: se han dado buenas infraestructuras, han invertido en educación y en salud para transformar la sociedad.

Al igual que en El Cairo, se dirigió a los jóvenes que constituyen el 50% de cada país del continente: “El siglo XXI será lo que vosotros seáis capaces de hacer”.

Estos mensajes tienen vigencia en otros muchos países del mundo. En Latinoamérica, en donde la pobreza es fruto de la desigualdad social, de la explotación por minorías que siguen detentando el poder y en donde renace el cáncer de los golpes de Estado apoyados por oscuros poderes que insisten en mantener su prepotencia.

¿Qué otra cosa sucede en la falta de entendimiento con repúblicas emergentes ahogadas en la pobreza, en los monocultivos y en la explotación de su riqueza humana al tiempo que de sus recursos naturales?

Bien están los discursos, pero la realidad es que los desvaríos de Chavez o la contumacia del desahuciado sistema cubano, vuelven a encontrar comprensión en los pueblos empobrecidos mientras que los resortes del poder económico y financiero se mantienen con la ciega codicia que alimenta las revoluciones y los actos violentos frutos de la desesperación.

¿Acaso el golpe de Honduras hubiera podido llevarse a cabo sin el apoyo del presidente Uribe de Colombia y de los firmes intereses de Estados Unidos? Las cinco bases militares norteamericanas que van a construirse en territorio colombiano, so pretexto de luchar contra el narcotráfico, significan el mantenimiento del poder de los lobbies norteamericanos con independencia del presidente con carisma que los gobierna.

En muchos países, formalmente democráticos, modifican las constituciones para perpetuarse en el poder fomentando un populismo sin futuro.

Causa rubor contemplar los esfuerzos de Obama para que la asistencia sanitaria llegue a casi 50 millones de norteamericanos desprovistos de ella pero que se estrella contra la oposición de los estamentos más conservadores e intransigentes del país. Pero en el mundo de la revolución de las comunicaciones, las palabras llegan a todas partes con el peligro de que instrumentos desafinados se hagan con la partitura que deberían interpretar los auténticos representantes del pueblo.

José Carlos Garcia Fajardo es Profesor Emérito de la UCM. Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
Fuente: CCS

18/4/09

Gestos de gigante, por Koldo Aldai

Entre todos/as le aupamos un poco y lejos de defraudarnos nos hace crecer, nos despierta cada día con una nueva lección en lo que al genuino servicio público desde la política se refiere. Obama avanza con paso firme, sabio y seguro, consciente de que ha llegado el momento de invertir la historia, sabedor de su papel planetario, de su liderazgo incuestionable. En él nos reconocemos, en él nos identificamos. Su apuesta por un mundo de paz y de solidaridad es la nuestra. Su mirada siempre amable, sonriente y esperanzada es la que deseamos también nosotros cada mañana esbozar. Su huerto ecológico en la Casa Blanca es nuestro huerto, su amor por los animales el nuestro. Su fe en un Dios de compasión infinita que nos quiere, nos asiste y nos protege es la nuestra. Obama no es un igual, es un maestro.

Puertas adentro, gobierna frenando a los más poderosos e intentando siempre favorecer a los más desprotegidos. Ahí están los grandes cambios en política fiscal, en ampliación de cobertura sanitaria y social. Puertas afuera, también cada día gana puntos. Ya no hay “demonios” con los que la reconciliación sea imposible. Abandona insensatas aventuras militares, vuelca a los enemigos históricos de los EEUU y les ofrece la mano, cierra muy oscuros capítulos de la historia americana como el de Guantánamo y la tortura en las cárceles de máxima seguridad…

Tras la cerrada noche de George Bush, tras ese tenebroso pasado de orgullo militarista, clarea un alba que sólo ayer no podíamos ni soñar. Obama en cada cita internacional gana amigos, cada gesto concita más apoyos. En los temas cruciales revela claro compromiso y visión responsable de futuro. En las grandes cumbres sólo habla en clave de mutua ayuda y cooperación. Va a aprender, a escuchar, a trabajar de igual a igual. Todo lo contrario de su antecesor.

Los primeros han querido ser siempre los últimos. En su humildad, el que ya de por sí es grande, se agiganta. A mayor altura, Obama manifiesta más sencillez y modestia. Quizás uno de los gestos en los que más ha testimoniado esa grandeza ha sido en la reverencia ante el rey de Arabia en la reciente cumbre del G-20 en Londres. El poder de ese gesto para superar la brecha entre Occidente e Islam es sencillamente incalculable. Su reverencia ante el monarca saudí esta cargada de simbolismo. Con la cabeza y el tronco agachados el presidente de los EEUU cobró su verdadera dimensión de gigante.

Nada debió acontecer al azar. Obama sabe muy bien que el protocolo está para ser saltado en precisas ocasiones. No vayamos a pensar que ese cambio de formas fue improvisado. Lo más lógico es imaginar un gesto perfectamente medido. El acto de reverencia del hombre más poderoso del mundo ante el dignatario árabe, “guardián de las Santas Mezquitas”, implica el inicio de una nueva era de relaciones. Occidente se ha de acercar con más humildad al mundo islámico y el inquilino de la Casa Blanca es consciente de ello. Imaginemos sólo por un instante que del máximo purpurado de Roma brotara un gesto similar ante una elevada autoridad del Islam. ¿Qué nueva era de relación interreligiosa no habríamos también inaugurado?

Quienes poco saben de humildad y de generosas formas, los patriotas de rifle y misil por delante, enseguida pusieron el grito en el cielo, incapaces de ver la importancia de ese gesto trascendente, nulos para interpretar los guiños que cambian la historia. Malas lenguas dicen que fue un acto de sumisión, cuando lo que presidente estadounidense manifestó fue su inigualable grandeza.

Habrá a quienes los progresos de Obama en política interna y externa aún les parecerán insuficientes, sin embargo el avance de la conciencia de los norteamericanos, así como la cualquier otro pueblo lleva sus ritmos. No se pueden saltar y Obama no puede hacer más de lo que su gente le permite. Corazón no le ha faltado, pero ha demostrado también sobrada inteligencia. De seguro que al presidente se le quedan pequeñas las patrias, incluida la suya, pero tiene que defenderla y con ella sus intereses por encima de todo, de lo contrario se suicidaría políticamente y queremos Obama para rato.

No es sólo su actuar impecable, es el magno espejo que está sirviendo para la regeneración de una clase política mundial. Muchos temen que desaparezca, sin embargo, siempre perduraría su ejemplo puro, su actuar intachable, su vocación inmensa de servicio. Ha hecho ya historia, ejemplo para generaciones.

Hay un inseparable Dios que está con Obama y que poco tiene que ver con el Dios autoritario, distante y temido de un Bush siempre alardeante de fe. Junto a ese Dios cercano, íntimo y fraterno aprendió la suprema lección de la humildad. El Dios de Obama es el de la libertad y la compasión sin mesura, el del acercarse a los enemigos, el que, si su país se lo permitiera, le haría incluso poner la otra mejilla. Ése, el único Dios del amor y la bondad infinitas, le guarde por muchos años.

Fuente: Koldo Aldai
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El efecto Obama, por Manuel Castells

En menos de tres meses el clima de crispación ha dado paso a un espíritu de diálogo y conducción conjunta de los problemas mundiales

Poco a poco una serie de decisiones y gestos de Obama están configurando un nuevo ambiente en la esfera internacional. La autorización de viajes familiares y envío de remesas de EE. UU. a Cuba marca el inicio de un proceso de diálogo que podría facilitar la transición democrática en Cuba. No es sólo simbólico. Las remesas pueden llegar a constituir una importante fuente de divisas con un beneficio mayor que el levantamiento del embargo a Cuba, aunque también esto tenga que llegar. Este cambio de política hacia Cuba se inscribe en una secuencia de tomas de posición que buscan la distensión, el diálogo y la implantación del multilateralismo en la gestión de un mundo interdependiente.

La retirada gradual de Iraq está en proceso, aun con la prudencia requerida para desactivar una guerra civil religiosa en la que podrían medrar los restos de Al Qaeda. Nunca hubo guerra más absurda. Pero precisamente por eso la desestabilización creada por la invasión tiene que ser reparada en profundidad. Entre tanto, en Afganistán se han reforzado los talibanes y Al Qaeda se ha hecho fuerte en las montañas de Pakistán. De ahí la prioridad dada por Obama a retomar el control de Afganistán y a organizar la búsqueda y captura de la cúpula de Al Qaeda que Bush dejó escapar (¿por qué?) de las cuevas de Tora Bora en diciembre del 2001. La estrategia de Obama, sin embargo, es distinta. No trata de conquistar Afganistán ni de construir una democracia ficticia, sino de negociar con unos talibanes, derrotar a los otros y obligar a Karzai a pactar con los caudillos guerrilleros que controlan sus regiones para repartirse el poder (y el negocio de la droga) a condición de que aíslen y destruyan Al Qaeda y respeten algunos derechos, como los de la mujer. Obama intenta comprometer a la comunidad internacional en la pacificación y reconstrucción de Afganistán, con un objetivo de interés común como es el de eliminar el peligro que representa una zona franca para Al Qaeda. Y trata de estabilizar Pakistán antes de que el ala islamista del ejército y el servicio de inteligencia puedan dar un golpe de imprevisibles consecuencias: India no podría tolerarlo.

Un principio de mano tendida hacia Irán puede desactivar la estrategia de la tensión que llevó a Ahmadineyad al poder. Fuentes iraníes me sugieren que el ayatolá supremo, Jamenei, no vería con malos ojos una mejora de las relaciones con el oeste y defenestrar a Ahmadineyad en beneficio de los reformistas de Jatami, que podrían negociar la supervisión del programa nuclear a cambio de garantías sobre la seguridad de Irán y un paquete de ayudas. Pero para que esta operación sea pensable, Estados Unidos tenía que cambiar el tono de la relación.

La relación al mundo musulmán tiene que cambiar antes de que se realice el proyecto de Al Qaeda de provocar un tal nivel de odio mutuo que lleve a las masas populares a refugiarse en el fundamentalismo. De ahí la importancia estratégica de Turquía en la visión de Obama y su apoyo a la Alianza de Civilizaciones de Erdogan y Zapatero. El ejemplo de Turquía, país islamista, democrático y europeo a la vez es el punto de apoyo de una nueva relación que conecte con los musulmanes por otras vías que las de sus corruptos y antidemocráticos gobiernos prooccidentales.

Pero tal vez el proyecto más ambicioso de Obama es el avanzar decisivamente hacia el desarme nuclear y la no proliferación. Para ello tenía que empezar con la normalización de relaciones con Rusia, abortando la reactivación de un clima de guerra fría conducida por Cheney y los neoconservadores, fuente de provocaciones tan graves como el ataque de Georgia a Osetia o el despliegue de misiles en Europa del Este.

No será fácil la negociación con Rusia, en plena restauración de orgullo nacional-militar, pero está en curso. El proyecto es calmar los temores de polacos y bálticos mediante garantías de seguridad multilaterales, al tiempo que se reparan los canales de comunicación con la nueva Rusia reconstruida en torno a un Estado fuerte.

Perduran situaciones complicadas, como la de Corea del Norte, que busca en la venta clandestina de tecnología avanzada, apoyada en demostraciones de su capacidad militar, una salida a su crisis económica. Aquí, Obama está negociando con China, sin cuyo apoyo Corea del Norte no se atrevería a tanto. Y sigue el intratable conflicto entre Israel y Palestina, donde se pondrá a prueba la capacidad de Obama de influenciar a los israelíes sin enfadar al poderoso lobby proisraelí que tiene en su Administración. Para avanzar en esto, Hizbulah y Hamas han de entrar en la negociación y aquí el factor decisivo es la apertura de diálogo con Irán, la madre de todos los movimientos chiíes.

Pero el cambio de tercio en política internacional va más allá de intervenciones aisladas en distintos focos de conflicto. Es un clima de multilateralismo real que se evidenció en la reunión del G-20 y que ha restablecido las relaciones entre Estados Unidos y Europa, esenciales para afirmar la necesidad de una gestión política de la globalización y de los problemas que enfrenta la humanidad, con el cambio climático en primer plano. En menos de tres meses, el clima de crispación y violencia que surgió como reacción al 11-S ha dejado paso a un espíritu de diálogo inteligente y conducción conjunta de los problemas mundiales, sin por eso bajar la guardia contra el desorden mundial, como muestran la acción contra los piratas en Somalia y los bombardeos contra Al Qaeda en Pakistán. Se ha empezado por gestos simbólicos (incluyendo Guantánamo), pero los símbolos cuentan porque influyen en nuestra mente, como la “guerra contra el terror” lo hizo en sentido contrario. En medio de una crisis económica estructural y de un mundo de odios fanáticos, terrorismo y contraterrorismo de Estado, se ha abierto una ventana de esperanza que podría detener nuestra autodestrucción al borde del abismo al que habíamos llegado.

Fuente: Diario La Vanguardia
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20/3/09

No hay rescate para los más golpeados, por Amy Goodman

La utilización de dinero del rescate financiero—dinero aportado por los contribuyentes—para el pago de primas de AIG ha provocado, con razón, una virulenta reacción masiva contra la aseguradora y contra Wall Street. Pero también contra el Presidente Barack Obama y sus asesores económicos–el Secretario del Tesoro Timothy Geithner y Larry Summers. Con el rescate financiero, los ciudadanos estadounidenses pasaron a ser propietarios del 80 por ciento de AIG. La indignación se hizo notar tanto en el Partido Demócrata como en el Republicano. El Senador republicano por Iowa Charles Grassley dijo sobre los ejecutivos de AIG: “Lo primero que me haría sentir un poco mejor con ellos es que siguieran el modelo japonés, hicieran una profunda reverencia ante el pueblo estadounidense, se disculparan y luego optaran por una de estas dos alternativas: renunciar o suicidarse.” El Fiscal General de Nueva York Andrew Cuomo acaba de difundir detalles del pago de primas que dejan en evidencia la absurda afirmación de AIG de que se trata de “primas de retención” dirigidas a conservar a empleados clave: once de los ejecutivos que recibieron primas de un millón de dólares ya no trabajan para AIG.

Estos millonarios de AIG tendrían que devolver estas fortunas que no ganaron con su trabajo, y de hecho cabe la posibilidad de que el Congreso apruebe una ley impositiva exclusivamente para ellos, que grave sus primas en un 100 por ciento. Pero, para quienes han sido los más golpeados por la crisis económica, ¿servirá de algo toda esta indignación? ¿Llegará algo de los cientos de millones de dólares de los diversos paquetes de estímulo económico y rescates financieros al ciudadano común que simplemente intenta salir adelante? ¿O serán acaparados por las corporaciones consideradas “demasiado grandes como para ir a la quiebra”, dejando atrás a millones de personas que, por lo visto, son suficientemente pequeñas como para dejarlas quebrar?

El Centro para la Inclusión Social (CSI, por sus siglas en inglés) acaba de publicar un informe sobre la crisis económica que incluye recomendaciones sobre la mejor manera para resolverla. Vincula el factor racial con la falta de oportunidades y la proliferación de las tristemente famosas hipotecas de alto riesgo que desencadenaron la crisis económica.

Maya Wiley, Directora Ejecutiva de CSI, me dijo: “Para estimular la economía tenemos que estimular la igualdad.” La gente precisa educación, transporte, vivienda y un medio ambiente limpio, porque esos son los factores que les permiten tener una base sólida para responder a la crisis y salir adelante. Wiley advierte que la propuesta de crear puestos de trabajo a partir de proyectos de infraestructura de rápida implementación (proyectos conocidos como ‘shovel-ready’) dirigidos a estimular la economía, favorecerá en forma desproporcionada a quienes ya trabajan en el sector de la construcción, que son predominantemente hombres blancos. Por eso propone que se establezcan acuerdos de beneficios comunitarios para la creación de empleos. Sobre este tema, Wiley me dijo: “Es necesario contar con acuerdos de beneficios comunitarios para las obras de construcción; debemos asegurarnos de que cuando el gobierno realice obras de construcción garantice que las personas de bajos ingresos, las personas de color y las mujeres accedan en igualdad de condiciones a esos puestos de trabajo. Y debemos asegurarnos de que el presupuesto de tránsito, o más bien, el presupuesto de transporte se destine realmente a proyectos inteligentes de tránsito que conecten a la gente que necesita trabajo con los lugares donde están los puestos de trabajo.”

El grupo Unidos por una Economía Justa también pone énfasis en la brecha racial que existe en la distribución de la riqueza señalando que un “24 por ciento de la población negra y un 21 por ciento de la latina viven bajo la línea de pobreza, mientras que sólo un 8 por ciento de la población blanca se encuentra en esa situación. En el mundo corporativo estamos presenciando los mayores rescates financieros de la historia, a la vez que las remuneraciones que reciben los ejecutivos alcanzan montos inusitados. El sueldo de un alto ejecutivo es 344 veces mayor que el de un trabajador promedio.”

Existe una creencia generalizada de que la liberación de créditos salvará a la economía y de que, por lo tanto, estos gigantes bancarios necesitan cientos de miles de millones de dólares de los rescates financieros costeados por los contribuyentes. Pero la crisis comenzó justamente por los incumplimientos de pago de los créditos hipotecarios de alto riesgo. Una solución que se podría haber intentado cuando comenzó la crisis hubiera sido ayudar a los propietarios que no podían pagar, de manera que se salvaran de la ejecución de su vivienda. Maya Wiley del Centro para la Inclusión señala: “El 35 por ciento de los titulares de hipotecas de alto riesgo estaban en realidad en condiciones de recibir préstamos a tasas preferenciales. Treinta y cinco por ciento. Así que imagínense si hubiéramos tenido un sistema de financiación en el cual la gente hubiera accedido realmente a los créditos que le correspondían. La mayoría de esa gente eran personas de color. E incluso si miramos cómo se extendió la industria de los préstamos de alto riesgo, vemos que en gran medida se desarrolló porque estas comunidades de color no tenían un acceso justo al crédito.”

Los bancos y las instituciones de préstamos hipotecarios impulsaron una estrategia agresiva para imponerles préstamos riesgosos a personas pobres y minorías. La Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) presentó demandas contra Wells Fargo y HSBC, acusando a estas instituciones de “racismo sistemático e institucionalizado en la concesión de préstamos hipotecarios”.

Los bancos empaquetaron estos préstamos riesgosos en valores financieros y los vendieron; luego, en base a esos valores, crearon instrumentos derivados que resultan imposibles de entender y mucho menos valuar. AIG aseguró a los bancos de inversión contra las potenciales pérdidas de estos instrumentos derivados complejos. El Tesoro de Estados Unidos rescató entonces a los bancos y a AIG. AIG luego utilizó decenas de miles de millones de dólares de su dinero del rescate financiero para pagarles a esos mismos gigantes bancarios que ya habían recibido miles de millones de dólares en fondos de rescate: Bank of America y Goldman Sachs. Pero, a pesar de esta sangría de cientos de miles de millones de dólares que se ha destinado a estos megabancos, resulta que ahora nos dicen que el mercado crediticio sigue paralizado. Muchos bancos europeos también han recibido fondos a través de similares rescates, incluido el banco suizo UBS, que ofrece cuentas bancarias secretas que permiten a los estadounidenses más ricos evadir impuestos. De hecho eso es lo que están haciendo los tan golpeados contribuyentes estadounidenses: rescatando a sus acaudalados compatriotas evasores de impuestos.

Obama se ha rodeado de asesores financieros, como Summers y Geithner, que tienen vínculos muy estrechos con Wall Street. Es hora de encauzar el estímulo económico hacia quienes realmente lo necesitan: los ciudadanos que lo están financiando con sus impuestos.

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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna. Texto en inglés traducido por Laura Perez y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

Amy Goodman es presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora de duración que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. En 2008 fue distinguida con el “Right Livelihood Award”, también conocido como el “Premio Nobel Alternativo”, otorgado en el Parlamento Sueco en diciembre.

Fuente: Democracy Now! en español

6/1/09

Obama sustituye a Baltasar, por Marc Vidal

A los niños que esperan con ilusión la noche de reyes les amenazan con aquello de que si no se portan bien los de oriente traerán carbón. Es como si esos monarcas mágicos fueran un trío de psicópatas capaces de destrozarle el corazón a un niño por no haberse ido a dormir a una hora razonable. Que brutalidad, piénsenlo. Algo de enfermos sádicos deben tener o sino miren las cosas que nos van a traer este año. Lo pusiéramos o no en la carta, las carrozas de estos tipos vienen cargadas de regalitos para que los gocemos durante el 2009. Nos traen: dinero gratis, paro, desinversión, desconfianza, proteccionismo, depresión y sobretodo deflación.

Dinero Gratis: Habrá más bajadas de tipos de interés de los bancos centrales a fin de que circule líquido en grandes cantidades a fin de que se reactive el crecimiento. Lo que en circunstancias normales, de crisis coyuntural por ejemplo, sería un método acertado para estimular la economía y el consumo, en una fase contractiva inédita y sistémica como esta, lo que puede hacer es convertir en crónicos los males que nos afectan. Además, el tipo de interés cero o el dinero gratis distorsiona de un modo dramático los sistemas de comercio e inversión.

Paro: Las empresas seguirán despidiendo en cuanto sus cuentas de resultados se vean afectadas. En lugar de mantener plantillas e implicarlas en el proceso de reactivación las medidas de desocupación serán las más frecuentes. Las opciones serán pocas pues el consumo se desplomará a medida que entremos en el 2009. Las cifras de paro actuales están trucadas por diversos métodos técnicos y no responden a una realidad que se verá evidenciada durante este año. Sin embargo, la verdad pesa como el plomo y caerá tarde o temprano. Los subsidios por desempleo son la barrera real para entender el drama. Mientras se cobra el paro el llanto familiar no es tan agudo. El asunto será de quemar coches a partir del tercer trimestre cuando más de un millón de parados se vayan quedando sin subsidio.

Desinversión: Las empresas deberían de empezar a invertir durante el 2009 en bienes de equipo pero será muy difícil. En principio la confianza financiera a nivel doméstico puede empezar a serenarse y el crédito podría fluir de un modo más lógico a nivel de banca privada, pero cuando las ventas y el consumo decrecen o se estancan en una parada técnica de la economía, pocos serán los que quieran invertir en mejoras en la propia empresa. Además nada garantiza que el planeta decida comerse la pastilla roja que muestra un sistema bancario mundial creíble en un entorno de riqueza irreal y de dinero inexistente.

Desconfianza: No nos abandonará en todo el año puesto que las noticias no serán buenas. Si es cierto que la riada de malos datos se estancará, pero no querrá decir que el problema se detenga. Al revés, el verdadero significado es que se solidificará un espacio de parálisis socioeconómica que no aportará confianza en ningún ámbito. Ni los optimistas patológicos de discurso navideño y buenaventura de copilla serán capaces de encontrarse los zapatos o prestarse 5 euros entre ellos.

Proteccionismo: La mayoría de países que se crean capaces de encontrar soluciones por si mismos en la promoción interna de sus productos o de generar políticas económicas de carácter proteccionista estarán animando las bacterias. Ese fue uno de los factores que convirtieron una crisis cartesiana como la del crack del 29 en una crisis sistémica que duró hasta el 45. Encerrarse en el diseño de políticas singulares y olvidarse de que tenemos que actuar de un modo global será otro de los elementos protagonistas del 2009 y que deberían de evitarse.

Depresión: La hasta ahora llamada recesión cambiara de nombre y pasará a ser algo mucho más complejo y que poco tendrá que ver con el valor técnico de decrecer económicamente hablando. Esa recesión que ya acompaña a la mayoría de las potencias del mundo se verá afectada por el virus del que hace meses avisamos aquí y que los reyes ya nos han decidido traer: la deflación.

Deflación: Este problema se inicia con la especulación de los empresarios, quienes al esperar la depreciación de los precios, frenan las compras, lo que a su vez trae una espiral deflacionaria, que provoca desempleo, el cierre de empresas y la morosidad de las personas. Al ser un problema que genera bajo consumo retrasa la recuperación de un modo radical. Este es el regalo que nos traen los reyes magos deflacionarios. Una navidad que ha vivido en rebajas, unas rebajas de enero que ya no se pueden rebajar más. Una caída de precios de casi un punto en el mes más inflacionista del año es el ejemplo de que la deflación es un hecho. Mañana explicaré porque es tan mala, pero en principio tened en cuenta que salir de una deflación es muy difícil, pues ni la contracción de los tipos de interés, ni la inyección de capital a los mercados son suficientes para superar este problema. Requiere políticas muy anticipadas, con mucha proyección estratégica y sentido de estado o global, como quieran.

Los reyes magos traerán todo eso, pero este año, entre ellos hay un pequeño cambio. Baltasar ha dado paso a Obama. Este cambio puede lograr que el mundo asista con ilusión a este cambio duro que nos espera. Melchor, Gaspar y Obama.

Fuente (texto y foto): Blog del economista Marc Vidal

5/12/08

Obama, por Ignacio Ramonet

Cuando el próximo 20 de enero, el nuevo Presidente de Estados Unidos Barack H. Obama tome posesión de su cargo en el Capitolio de Washington, quizá recuerde que ese edificio fue construido por esclavos negros. Y cuando, horas más tarde, se aloje con su familia en la Casa Blanca, probablemente rememore que esa residencia también fue edificada por esclavos.

Él no desciende de esclavos. Ni forma parte de lo que algunos llaman los "negros furiosos" que asustan a los blancos. Si una sola vez, durante la campaña electoral, el candidato demócrata hubiese alzado la voz para denunciar el racismo hacia la minoría de color, al instante hubiese sido acusado de resentido o de rencoroso. Y perdido la elección.

Por eso, su táctica consistió en repetir que la identidad racial no era su bandera, que ser negro no significaba ser el representante de los negros. Ello no le impedirá pensar, en el momento de su toma de posesión, que cuando él nació, en 1961, aún existían leyes racistas en varios estados de su país y que muchos afroamericanos ni siquiera podían ejercer su derecho de voto. Medirá el camino recorrido. Marcado por sangrientas luchas y por líderes de excepción como Malcolm X y Martin Luther King, asesinados ambos por grupos racistas.

La elección de Barack Hussein Obama es también un signo del vitalismo de la sociedad estadounidense. Una demostración de que el "sueño americano" sigue vivo. Que allí casi "todo es posible". Un momento de aire fresco después de ocho años de hedores putrefactos y de prácticas repugnantes de la Administración de Bush. Por eso, prohibir la tortura y cerrar el penal de Guantánamo serán las primeras decisiones del nuevo Presidente.

Su singular biografía, su porte elegante, su oratoria mágica y sus dotes de líder carismático le han convertido en breve tiempo en una estrella política para la opinión pública mundial. Por vez primera, un Presidente de Estados Unidos (todavía sin gobernar) es popular en el mundo árabe-musulmán, en África y en América Latina. Regiones donde, por experiencia histórica, existe una desconfianza bastante generalizada hacia el Tío Sam. Muchos intelectuales críticos, dentro y fuera de Estados Unidos, han celebrado su elección ( léanse por ejemplo, pp. 6 y 7, las opiniones de Howard Zinn, Michael Moore y Tariq Alí ). Nelson Mandela, primer Presidente negro de Sudáfrica, en un mensaje de enhorabuena le declaraba: "Estamos convencidos de que usted va a poder finalmente realizar su sueño de convertir a Estados Unidos en un socio verdadero de la comunidad internacional que se consagrará a la paz y a la prosperidad para todos. Confiamos en que luchará usted en todas partes contra los flagelos de la pobreza y de la enfermedad" (1).

Unas esperanzas tan colosales y tan universales no podrán ser sino defraudadas. Por eso, en base a su experiencia de haber bregado con nada menos que diez Presidentes estadounidenses, Fidel Castro ha sugerido calmar los ánimos: "Sería sumamente ingenuo creer que las buenas intenciones de una persona inteligente podrán cambiar lo que siglos de intereses y egoísmo han creado. La historia humana demuestra otra cosa" (2).

Y es que lo más duro para Obama empieza ahora. En primer lugar, porque el inicio de su mandato coincide con el peor colapso económico en un siglo. Los estadounidenses esperan de él y de su equipo que consigan sacar al país del enredo de la crisis (inmobiliaria, bancaria, bursátil) en el que la Administración de Bush lo ha sumido. También le suplican que evite el naufragio industrial de los tres grandes fabricantes de vehículos, Ford, General Motors y Chrysler. Y la pérdida de millones de empleos.

Además, él mismo ha prometido instaurar un seguro médico universal que ansían como agua de mayo los más de 40 millones de ciudadanos desprovistos de cobertura médica. Sin contar el trabajo de Hércules que significará el lanzamiento de un ambicioso "Green New Deal". Un gran plan de desarrollo de nuevas tecnologías verdes para romper la petróleo-dependencia. Y para acelerar un salto hacia la innovación técnica que vuelva obsoleto el uso de energías fósiles. Como cuando, hacia 1880, la electricidad sustituyó al vapor y al carbón.

Todo eso no se hará de la noche a la mañana. Costará muy caro y los beneficios no serán evidentes a corto plazo. Habrá impaciencias en un contexto social duramente afectado e irritado por las crisis. El entusiasmo de hoy podría entonces cambiarse en decepción, frustración y cólera.

Tampoco le será fácil al nuevo Presidente aplicar sus ideas de cambio en la política exterior estadounidense. La era Bush marcó quizá el apogeo de la hegemonía mundial de Estados Unidos. Un poder que ha resultado efímero y en definitiva poco eficaz. Porque las guerras en Irak y Afganistán han puesto de manifiesto que la supremacía militar no se traduce automáticamente en victoria política. Por otra parte, el auge de China y de la India permite deducir que los días de Estados Unidos como primera economía están contados.

O sea, que a Obama le va a tocar gestionar la "nueva decadencia" (3) de su país. Lo cual siempre resulta peligroso. Porque puede encontrarse a la merced de escaladas y sobrepujas. En América Latina las cosas podrían ir rápidamente mejor si Washington aliviara o suprimiera el embargo comercial a Cuba y restableciera una relación constructiva con Venezuela y Bolivia. Aunque no será tan sencillo ( léase, pp.1 y 20, el artículo de Marcos Roitman ).

Pero es en Oriente Próximo donde la situación seguirá siendo muy peligrosa. Y hasta puede empeorar. Por ejemplo, si retira las tropas estadounidenses de Irak, como ha prometido hacerlo, el vencedor de la guerra será objetivamente Irán pues los chiíes, aliados de Teherán, quedarán al mando en Bagdad. ¿Lo aceptará Arabia Saudí, gran enemigo de Irán al que acusa de expansionismo? ¿Lo admitirá Israel, amenazado de aniquilación por Teherán, y donde en febrero próximo se celebran elecciones que podrían ver la victoria del ala más dura de la derecha en torno a Benjamín Netanyahu y sus amigos "halcones"?

¿Qué hará Obama si estos dos Estados se las arreglan para obstaculizar la retirada de Washington?


Notas:
(1) Le Monde , París, 8 de noviembre de 2008.
(2) Fidel Castro, "La reunión de Washington", Granma , La Habana, 14 de noviembre de 2008.
(3) The Financial Times , Londres, 18 de noviembre de 2008.




Fuente: Le Monde diplomatique en español (Diciembre 2008. Numero 158)
Ignacio Ramonet es director de Le Monde diplomatique

17/11/08

Obama: la realización del sueño de Luther King, por Leonardo Boff

La elección del afroamericano Barack Hussein Obama para la presidencia de Estados Unidos realiza el sueño de Luther King: el sueño de «que un día las personas sean juzgadas no por el color de su piel, sino por la fuerza de su carácter». Todo parece indicar que se ha iniciado, en la política, un tiempo pos-racista, pues tanto los electores como el candidato no repararon en el color de la piel sino en la persona y en sus ideas.

Esta elección señala también el fin de la era de los fundamentalismos: del mercado, iniciado por Tatcher y Reagan, responsable de la actual crisis económico-financiera. Y del fundamentalismo político-religioso, que alimentó la concepción imperial y belicosa de la política externa de ese país. Bush y Reagan creían en el Armagedón y en el «Destino manifiesto», es decir, en la excepcionalidad conferida por Dios a Estados Unidos con la misión de llevar a todo el mundo los valores de la sociedad estadounidense de cariz capitalista e individualista. Esto se llevaba a cabo por todos los medios, inclusive con conspiraciones, golpes de estado articulados por la CIA y guerras «humanitarias». Esa idea de misión explica la arrogancia de los presidentes, bien expresada en una frase del candidato McCain: «Estados Unidos es el faro y el líder del mundo. Podemos actuar como bien entendamos: al final somos el único poder de la Tierra. Los enemigos de ayer y de hoy han de temer nuestro garrote».

Bush creó el terrorismo de estado, constituyéndose en el mayor peligro para la humanidad. No hay que sorprenderse de que haya llevado a una amplia desmoralización a su país, incluso a un antiamericanismo generalizado en el mundo. Esta actitud parece haber sido superada con Obama. A la estrategia de la guerra y del intervencionismo, él opone la del diálogo abierto con todos, hasta con los talibanes. Enfatizó: «En primer lugar es necesario dialogar, la salida es una amplia negociación y no sólo ataques aéreos y matanza de civiles». Está convencido de que Estado Unidos no merece ganar la guerra de Irak porque está asentada sobre una mentira y por eso es injustificable.

Sobre todo ha sabido captar lo que estaba latente en la sociedad, especialmente en los jóvenes: la necesidad de un cambio. «Change», cambio, fue la gran «palabra generadora». Suscitó esperanza y autoestima: «sí podemos». Atrajo la atención hacia el futuro, hacia las oportunidades nuevas que se están diseñando y no hacia la continuidad del pasado y del presente desolador. Con esto habló a lo profundo de las personas y las movilizó para dar un salto absolutamente inesperado y nuevo: elegir a un negro, representante de una tragedia humana que avergüenza la historia americana, por lo demás con brillantes páginas de libertad, de creatividad, de democracia, de ciencia, de técnica y artes, que la ennoblecen. Obama dejó claro que la fuerza real de Estados Unidos no reside en las armas sino en estos valores morales y en el potencial de esperanza que hay en el pueblo.

La elección de Obama parece tener algo de providencial, como si fuera un gesto de compasión divina para con la humanidad. Vivimos tiempos dramáticos con grandes crisis: la ecológica, la climática, la alimentaria, la energética y la económica. El arsenal conceptual y práctico disponible no favorece condiciones para forjar una salida liberadora. Necesitamos un cambio, un nuevo horizonte utópico, de valor para inventar nuevos caminos. Es necesaria una figura carismática que inspire confianza, seguridad, serenidad para enfrentarse a estos cataclismos y galvanice a las personas para un nuevo ensayo de convivencia, un modo diferente de arquitecturar la economía, y que monte un tipo de globalización pluripolar que respete las diferencias y pueda incluir a todos en un mismo destino, juntamente con la Casa Común, la Tierra.

Barack Obama llena estas exigencias de carisma. Si es realmente profunda, la esperanza creará su camino entre los escollos y las ruinas del viejo orden.


Fuente: Koinonía
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor brasileño

8/11/08

Tiempo de unir, por Manuel Castells

La elección de Obama anuncia un posible nuevo estilo de política

La histórica elección de Barack Obama tiene un profundo significado que va más allá de su color de piel o de su programa. Recordemos el tema central del discurso de Obama en la convención demócrata del 2004, el discurso que lanzó su carrera política: la unidad del país por encima de ideologías y partidos. Su afirmación de que no había división entre estados azules (demócratas) o estados rojos (republicanos), sino los Estados Unidos de América, caló profundamente en la conciencia de la gente. El proyecto unificador de Obama es la clave de su éxito. Intenta trascender las divisiones étnicas, de clase, de género, de edad, ideológicas y políticas sin por ello ignorarlas. Obama se formó en política con las ideas del sociólogo y activista comunitario Saul Alinsky, cuyo principio operativo era buscar la convergencia de intereses entre la gente para enfrentar los problemas comunes.

Para apreciar el carácter transformador de este proyecto hay que recordar que Estados Unidos y el mundo han vivido en la última década un periodo de extrema polarización ideológica y política, que ha transformado los conflictos, situación normal de toda sociedad, en batallas de exterminio del oponente. Esa fue la estrategia republicana para llegar al poder y sobre esa polarización se construyó la dominación de Bush, Cheney y los neoconservadores. El ataque terrorista del 11 de septiembre creó las condiciones para que esta visión de un mundo dividido entre incondicionales y enemigos se extendiera a la geopolítica mundial. Choque de civilizaciones, intolerancia moral y religiosa, unilateralismo internacional apoyado en la fuerza militar, descalificación de la oposición política como traidores a la patria, violación de los derechos humanos y desprecio de la opinión pública so pretexto de la seguridad nacional son rasgos relacionados de una misma forma de concebir la política.

Atrás quedaron las ilusiones de un mundo reconciliado que se albergaron por un tiempo tras el fin de la guerra fría, los ideales de una paz duradera, el proyecto de un destino común de la humanidad en la conservación del planeta y el respeto universal de los derechos humanos. Un viento de violencia, destrucción, cinismo y desesperanza se desató en EE. UU., so pretexto del terrorismo, y asoló el conjunto del mundo, dando alas a demagogos políticos y predicadores del viejo orden que aprovecharon la coyuntura para dar rienda suelta a los peores instintos que todos llevamos dentro cuando nos dejan. En ese contexto, en España vivimos una de las mayores metamorfosis políticas que se recuerdan, con un Aznar que, tras su reelección en el 2000, se olvidó del talante negociador y democrático que había caracterizado su primera legislatura, para poner en primer plano de su gobierno a legionarios y cruzados, jaleados desde las tribunas doctrinarias de algunos medios de comunicación. No fue casualidad, sino, como en EE. UU., una táctica política: polariza y vencerás. Y como en EE. UU., fue precisamente esa táctica lo que llevó al PP al fracaso a pesar de la buena marcha de la economía durante su gestión.

La elección de Obama parece anunciar la posibilidad de un nuevo estilo de política.

No solamente participativa, sino tolerante, respetuosa del adversario, renunciando a la descalificación y al escándalo como forma de acción. Tuvo la suerte de que enfrente tuvo uno de los políticos más limpios del panorama estadounidense, John McCain, que precisamente ganó la nominación por su predicamento entre los sectores republicanos moderados, hastiados de un Bush intransigente en la defensa de su incapacidad. McCain, por ejemplo, no usó en la campaña los vídeos del reverendo Wright, aunque sí lo hizo el Partido Republicano. Sarah Palin en cambio intentó en un principio denigrar y vituperar a Obama, pero la llamaron al orden porque en realidad su comportamiento dañó a su campaña. El discurso de concesión por parte de McCain fue un modelo de llamamiento democrático a la reconciliación, y recibió, por cierto, el abucheo de muchos seguidores. Y Obama respondió en el mismo tono. Esa regeneración de la política, esa superación de los antagonismos, no será retórica. Obama se prepara a nombrar a republicanos e independientes en su gabinete y practicar una política de mano tendida, tanto en política interna como externa.

En parte porque esa es su filosofía personal y política, pero sobre todo porque sabe que los enormes problemas con los que se enfrenta, en la economía, en la geopolítica, en la ecología, sólo pueden abordarse con un país unido y un mundo capaz de cooperar. Teniendo en cuenta el papel decisivo de EE. UU. en el mundo, ese cambio de rumbo ideológico, esa renuncia a la política de confrontación y exterminio, es tal vez el cambio más importante que representa la presidencia de Obama. No será una política débil. Que se prepare Bin Laden, porque Obama, a diferencia de Bush, no necesita su existencia para justificar una polarización que aborrece. Y por tanto lo encontrará y lo eliminará. Los distintos focos de tensión en el mundo pueden ir siendo desactivados mediante una negociación firme, buscando el compromiso. El fin del unilateralismo estadounidense debilita los intentos de unilateralismo, al que se apuntaron otros países. Y abre las vías a una cooperación internacional sin la cual la crisis actual, en la que viviremos durante años, podría convertirse en catástrofe mundial. Sería ingenuo pensar que Obama puede arreglar a corto plazo el caos en que nos encontramos.

Pero su elección crea las condiciones para poder tratar las raíces del problema. Lo que pide a su pueblo es confianza, trabajo y sacrificio. Tal vez podríamos seguirle en esa actitud en el resto del mundo. La desunión nos llevó al borde del abismo, mientras que la unión hace la fuerza. Y vamos a necesitar toda la fuerza de la humanidad para salir del atolladero en que nos metió un hatajo de políticos que la historia recordará por su incompetencia y su fanatismo. Obama ha desbrozado el camino de una nueva andadura donde nos podamos ir reencontrando sin odiarnos los unos a los otros.

Fuente: Periódico La Vanguardia
Manuel Castells en Wikipedia

7/11/08

Vídeo: Deepak Chopra presenta en Barcelona la Alianza para la Nueva Humanidad

Inaugurado el I Foro Humano Europeo

La misión de la Alianza es conectar a todas aquellas personas que trabajan, mediante su transformación personal y la acción social, con el fin de crear un mundo justo, sostenible y en paz.


Presentación en vídeo de Deepak Chopra:



Deepack Chopra ha presentado esta mañana en Barcelona la Alianza para la Nueva Humanidad (ANH), una asociación creada con el objetivo de conectar a todas las personas y grupos que trabajan, mediante su transformación personal y la acción social, para crear un mundo justo, sostenible y en paz. El I Foro Humano Europeo que se celebra en Barcelona desde mañana hasta el próximo domingo ha sido el marco escogido para el lanzamiento europeo de la AHN.


Deepak Chopra, Presidente de a ANH, ha afirmado que “estamos asistiendo, globalmente, a la muerte de las instituciones económicas y financieras, pero este desastre también nos abre un mundo de oportunidades. La elección de Barack Obama es una buena señal y representa a nivel simbólico que ya estamos listos para superar ciertas limitaciones, como la raza o la diferencia étnica, y caminar hacia una nueva humanidad y más allá aún, hacia un mundo nuevo”.

Fred Matser, Presidente Comité Europeo ANH ha dicho: “la AHN no excluye a nadie. ‘Sé el cambio’ es nuestro lema, queremos cambiar conciencias para un mundo nuevo. Hay muchos grupos en el mundo trabajando por cambiar las cosas, pero no nos conocemos.”. Mª Rosario Aoiz, Presidenta Asociación ANH Foro Barcelona, ha explicado que el propósito del I Foro Humano Europeo: “queremos conectar personas y grupos que trabajen para el cambio, con el fin de que se conozcan y se puedan establecer redes, plataformas y una mayor participación para mejorar nuestra sociedad. Barcelona es una ciudad ideal para presentar en Europa a la ANH. No queremos que éste sea un foro más, sino que la Alianza se expanda en compromisos de cambio posteriores al encuentro”. Mercè Conangla, representante de la Fundació Àmbit y una de las ponentes en el Foro, ha asegurado que “ésta es una oportunidad para crear redes con el fin de hacer una masa crítica”.

La Alianza para la Nueva Humanidad (ANH) fue creada en 2003 a partir de un encuentro de reflexión celebrado en Puerto Rico donde se dieron cita personalidades de distintos ámbitos, empeñados en cambiar el mundo. Desde entonces, esta red se ha ido consolidando hasta contar con 30.000 socios repartidos en todo el mundo. Posee grupos funcionando en Latinoamérica, Estados Unidos, Canadá y Asia. Su impulso en Europa es más reciente, aunque ya cuenta con 3.000 socios y algunos países, como Holanda, o la ciudad de Oxford, ya cuentan con grupos de trabajo surgidos de forma espontánea.

El I Foro Humano Europeo que se inaugura mañana tiene previsto reunir alrededor de 500 participantes venidos de todo el mundo. Entre sus 25 ponentes, además de Deepack Chopra, destacan Vandana Shiva, Satish Kumar, Arcadi Oliveres, Joaquín Araujo y Ariane Arpa. Durante tres días este encuentro tratará seis áreas temáticas: transformación personal, educación, salud, paz y justicia social, sostenibilidad y desarrollo social, económico y organizacional.


RESUMEN

Deepack Chopra

“Durante décadas ha quedado patente que a menos que transformemos nuestra conciencia personal, no será posible un cambio humano global. Nuestros sistemas políticos, financieros y sociales son reflejo de nuestra conciencia colectiva.”

“Estamos asistiendo, globalmente, a la muerte de las instituciones económicas y financieras, pero este desastre también nos abre un mundo de oportunidades.

Hay muchas creencias sobre nosotros y sobre los demás que se están derrumbando, como por ejemplo: la tecnología no nos da bienestar, las armas no nos otrogan seguridad y el dinero no nos proporciona la felicidad”.


“La elección de Barack Obama es una buena señal y representa a nivel simbólico que ya estamos listos para superar ciertas limitaciones, como la raza o la diferencia étnica, y caminar hacia una nueva humanidad y más allá aún, hacia un mundo nuevo”.

“Cuando hay gente suficiente las cosas pueden cambiar. Nuestro objetivo no es legislar, sino cambiar conciencias. Para ello necesitamos crear redes en los ámbitos de los media y la información, el entretenimiento, la educación y los deportes”.

“No creo que un enfoque reduccionista para solucionar la crisis nos aporte un beneficio a largo plazo. De los 2.800 trillones de dólares que se mueven en el mundo, sólo un 2% nos aporta servicios y beneficios. El otro 98% están como en un casino. Esta crisis refleja una avaricia, un egoísmo y una conciencia colectiva nada recomendables. Muchas empresas lo reconocen y están tratando de cambiar. Otras se verán obligadas a hacerlo, pero la solución no llegará mañana”.

Jorge Colmenares, CEO ANH


“La misión de la ANH es conectar e inspirar organizaciones e individuos que a través de la transformación personal y social están haciendo una diferencia en el mundo. Este Foro es una plataforma para todas estas personas”.

Mª Rosario Aoiz, Presidenta Asociación ANH Foro Barcelona


“Éste es un sueño que se hace realidad gracias ala dedicación y el voluntarismo de muchos profesionales que nos han ayudado”

“Fuimos al Foro de la ANH en Costa Rica, donde vimos a muchas personas que trabajaban por la transformación social a través de un cambio personal y nos dimos cuenta de que se podía cambiar el mundo. Regresamos muy ilusionados, nos reunimos un grupo de personas y pensamos en organizar algo parecido en Europa, donde aún no se conocía nada de la ANH, con el propósito de expandir una nueva conciencia a nivel social y personal”.

“Queremos conectar personas y entidades que trabajan para el cambio, para que se unan, que se creen redes, plataformas, una mayor participación para mejorar nuestra sociedad”.

“La participación es muy importante en este Foro. No queremos que sea un Foro más, sino que todos los asistentes puedan comprometerse en realizar un cambio en su futuro. Queremos que la ANH se expanda en propuestas, acuerdos y compromisos para después del Foro. Ya tenemos previsto organizar una próxima Mesa de Políticas para el Cambio, así como un Foro temático sobre Ecología en Oxford, en 2009”.

Fred Matser, Presidente Comité Europeo ANH


“La ANH no excluye a nadie, Se el cambio, es el lema de ANH. ¿Somos conscientes de que estamos siempre en un proceso de cambio continuo?”

Mercè Conangla, Fundació Àmbit


“Desde la Fundación Àmbit sabemos que es posible tirar adelante un proyecto creativo serio, profesional y sin recursos. Es posible tener un sueño y hacerlo realidad con perseverancia, trabajo, ilusión, amor y creatividad. Ésta es una oportunidad para crear redes con el fin de hacer una masa crítica”

“Hacer años que hablamos de la Ecología emocional para mejorar el mundo y ahondar en un modelo CAPA del ser humano, esto es mediante la creatividad, la autonomía, la paz y el amor”.

Más información sobre el encuentro en la web ANH Europa
Fuente:
ANH Europa

Un desafío para otro mundo posible, por José Carlos Garcia Fajardo

La Guerra Civil estadounidense terminó este 4 de noviembre y no hace 145 años, con la batalla de Gettysburg.

“Asumir el cargo en tiempos de crisis no garantiza la grandeza, pero puede brindar una ocasión para alcanzarla”, escribe Michael Sandel, profesor de Harvard. Eso fue lo que les ocurrió a Lincoln, Franklin D. Roosevelt y Truman. Parte de la grandeza de Roosevelt residió en que fue tejiendo una nueva filosofía política del Gobierno -el New Deal- con los escombros y el caos político de la depresión económica que heredó. Así lo comenta el profesor y economista Thomas L. Friedman en un lúcido artículo ante el fenómeno insoslayable del presidente electo Obama que tendrá que hacer lo mismo, aunque llevará su tiempo.

Sostiene que el 4 de noviembre pasado acabó la guerra civil estadounidense, cuando un negro se convertía en el 44º presidente electo de Estados Unidos. La guerra civil norteamericana no concluyó con la batalla de Gettysburg, Pensilvania, en 1863, sino 145 años después en las urnas del mismo Estado. El presidente Lincoln pedía a todos los ciudadanos que prosiguieran la empresa inacabada. Un trabajo que costó siglo y medio en alcanzar sus objetivos, porque a pesar de la ingente legislación sobre derechos civiles, de las intervenciones judiciales y del activismo social, de la cruzada de Martin Luther King y de la Ley de Derechos Civiles de 1964, la guerra civil no ha terminado realmente hasta que la mayoría blanca ha elegido a un presidente negro.

Aunque la lucha por la igualdad nunca es bastante, tenemos la obligación de reanudar la marcha interrumpida por décadas de gobiernos plutocráticos y de economías de casino nutridas desde paraísos fiscales que todavía se empecinan en conservar. Ni siquiera figura en los papeles de la Cumbre financiera de Washington. Es una forma de terrorismo financiero, como existe el terrorismo de Estado que mantiene la vergüenza de Guantánamo, de la tortura y de las guerras falsamente preventivas. Hay muchas voces que se alzan para llevar ante el Penal de Justicia Internacional a los responsables de la hecatombe financiera, económica y social. Los crímenes en Irak, Afganistán, Oriente medio, y en tantos otros lugares no pueden quedar impunes.

Por eso, deberá ser muy cuidadoso Obama a la hora de implicarse en la transición de un poder corrupto para no contaminarse. De hecho, llama la atención que su primer nombramiento para el puesto de mayor responsabilidad en la Casa Blanca haya recaído en Rahm Emanuel, un judío de carácter implacable a quien los medios de comunicación han sufrido varias veces pero que puede resultarle útil ante las difíciles decisiones que tiene ante si.

Cuenta el prestigioso periodista Antonio Caño que una biografía publicada hace dos años por la revista Fortune describía a Emanuel como un carácter implacable que se mueve con la máxima de Los Intocables: “Si el otro saca una navaja, tú sacas una pistola; si ellos mandan a uno de los tuyos al hospital, tú mandas a uno de los suyos a la morgue”.

Ojalá que esto no signifique más de lo mismo, y no vaya a significar la cuña de los poderosos lobbies que ahogue la nueva y amplia esperanza generada por Obama en su formidable campaña, rematada en el discurso final que se estudiará en las universidades como ejemplo de que todo es posible si se desea apasionadamente.

Quizás sea cierto que haya hecho falta una de esas crisis económicas que sólo se dan de siglo en siglo para conseguir que suficientes personas blancas votasen a un hombre negro. Y sin duda, la mejor organización, el estilo de hablar más pulido y el tranquilizador mensaje de “cambio” de Obama lo han favorecido para convertirse en el Presidente necesario para unir a los norteamericanos y para asumir las responsabilidades mundiales inherentes a la condición de dirigir el país más poderoso del mundo.

Obama tendrá que responder al desafío de la construcción de Otro mundo posible, porque es necesario. Los grandes hombres de Estado lo fueron porque asumieron el desafío de la historia en momentos oscuros y desde lo más profundo de las catástrofes.

El profesor Sandel afirma que la ciudadanía estadounidense ha rechazado los pretendidos poderes del mercado porque “la mayoría acepta que los mercados sin control no sirven al bien público. Los mercados generan abundancia, pero también pueden engendrar un exceso de inseguridad y riesgo. Antes del caos financiero, también vimos que el riesgo se trasladaba de las empresas al individuo. Obama tendrá que reinventar el gobierno como instrumento del bien común: regular los mercados, proteger a los ciudadanos frente al desempleo y la mala salud e invertir en independencia energética".

Un nuevo amanecer ha comenzado apoyado en la responsabilidad de construir un Nuevo Desafío basado en la libertad, la justicia y el derecho de todos los ciudadanos a ser ellos mismos, a conseguir la felicidad, como declara el Prólogo de su formidable Constitución.

Romper con nuestro pasado racista es una conquista, afirma Friedman, pero es parte de la enorme tarea que tenemos ante todos los pueblos del mundo.

José Carlos Garcia Fajardo es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del CCS
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

6/11/08

Política bodhisáttvica (de Wilber a Obama), por Stuart

Hay una entrevista de los años 90 con Ken Wilber en la que afirma que "los bodhisattvas tienen que ser políticos" y desgrana la evolución de su visión, partiendo de una base espiritual y pasando por el abordaje de distintas disciplinas en cadena, desde la psicología transpersonal, luego la sociología, la antropología, y la filosofía para llegar finalmente a la política y a la conclusión de la necesidad del compromiso social y político. Aquí se ven las semillas de lo que acabaría llamando la visión integral, la expansión desde una perspectiva psico-espiritual, de subjetividad interior e individual (el cuadrante izquierda superior) hasta abarcar otras perspectivas colectivas, exteriores e interiores, intersubjetivas y objetivas, los cuadrantes que tienen en cuenta la co-construcción social de la realidad y su evolución en el tiempo, en fin un abordaje filosófico de perspectivas interiores y exteriores, individuales y colectivas, surgiendo en paralelo, que describe con mucho detalle en Sexo, Ecología y Espiritualidad y, de modo mucho más accesible, en Breve Historia de Todas las Cosas. Para mí este último y el posterior Una Teoría del Todo, donde trata entre otras cosas la política integral, constituyen la bibliografía básica para introducirse en la original kosmovisión de Wilber.

Yo llevaba años interesándome por la política, por la meditación, por la psicología a la vez que luchando con mis fantasmas particulares. De modo que cuando empecé a leer a Wilber, lo que más me movió era esa visión integradora de la política, de la espiritualidad, de la evolución sociohistórica, esa metaperspectiva que ofrece la posibilidad de recuperar los aspectos saludables de las principales cosmovisiones - la tradicional (familia, ley, orden, los mitos), la moderna (el raciocinio, la visión ciéntifica, el individualismo emprendedor) y el postmoderno (lo multicultural, el pluralismo y el relativismo) - para plasmar una transformación en nuestro mundo, tanto por dentro como por fuera, para que seamos cada uno de nosotros el cambio que queramos ver en el mundo, como decía Gandhi. Y a la vez que iba conociendo esta nueva manera de ver las cosas, me acuerdo de escanear el horizonte mediático a la búsqueda de exponentes de esta visión, pensando ¿donde están las voces que necesitamos ahora en tiempos de crisis?, queriendo creer que ya se vislumbraban y luego sintiendo decepción al ver la tozudez de los hechos, de los viejos patrones de violencia, abuso y crueldad en el mundo.

Algo de todo esto se ha movido en mi al asomarme desde el otro lado de la aldea global a la campaña electoral en Estados Unidos, abrazando la esperanza de que el cambio que prometía Barack Obama pudiese ver la luz y que diera lugar no a otro cambio horizontal más, otro cambio de la vieja guardia, donde una visión demasiado estrecha para las circunstancias se reemplaza con otra no menos limitada, sino a una auténtica evolución, el reflejo de la incipiente transformación global de la conciencia humana que será seguramente lo que vamos a necesitar como especie para superar los retos que se avecinan. Será por todo esto que este bodhisattva se conmovió tan hondamente esta mañana al escuchar el discurso conciliador y esperanzador de Obama, en el que incidía una y otra vez en el cambio que necesitamos y que, sí, podemos efectuar. Sí, se puede. Yes, we can.

Fuente: Blog de Stuart Road Maps For The Soul