27/2/09

Urge revisar los fundamentos, por Leonardo Boff

La conjunción de las distintas crisis, unas coyunturales y otras sistémicas, obliga a todos a trabajar en dos frentes: uno, intrasistémico buscando soluciones inmediatas a los problemas para salvar vidas, garantizar el trabajo y la producción y evitar el colapso. Otro, transistémico, haciendo una crítica rigurosa a los fundamentos teóricos que nos han llevado al actual caos y trabajando otros fundamentos que propicien una alternativa que permita en otro nivel la continuidad del proyecto planetario humano.

Cada época histórica necesita un mito que congregue personas, galvanice fuerzas e imprima un nuevo rumbo a la historia. El mito fundador de la modernidad reside en la razón, que, desde el tiempo de los griegos, es el eje estructurador de la sociedad. La razón crea la ciencia, la transforma en técnica de intervención en la naturaleza y se propone dominar todas sus fuerzas. Para esto, según Francis Bacon, el fundador del método científico, se debe torturar a la naturaleza hasta que entregue todos sus secretos. Esta razón cree en el progreso ilimitado y crea una sociedad que se quiere autónoma, de orden y progreso. La razón promovía la pretensión de prever todo, manejar todo, controlar todo, organizar todo y crear todo. Ocupaba todos los espacios. Envió al limbo otras formas de conocimiento.

Y he aquí que después de más de trescientos años de exaltación de la razón, asistimos a la locura de la razón, pues sólo una razón enloquecida organiza una sociedad en la cual el 20% de la población posee el 80% de toda la riqueza de la Tierra. Las tres personas más ricas del mundo poseen activos superiores a toda la riqueza de los 40 países más pobres donde viven 600 millones de personas; 257 individuos acumulan ellos solos más riqueza que 2.800 millones de personas, equivalente al 45% de la humanidad; en Brasil cinco mil familias detentan el 46% de la riqueza nacional. La demencia de la razón productivista y consumista ha generado el calentamiento global que traerá desequilibrios ya visibles y diezmará millares de especies, incluida la humana.

La dictadura de la razón ha creado la sociedad del mercado con su cultura típica, un cierto modo de vivir, de producir, de consumir, de hacer ciencia, de educar, de enseñar y de moldear las subjetividades colectivas. Éstas deben afinarse a su dinámica y valores, procurando siempre maximizar las ganancias, mediante la mercantilización de todo. Ahora, esta cultura, llamada moderna, capitalista, burguesa, occidental y, hoy, mundializada, ha entrado en crisis. Se manifiesta a través de las distintas crisis actuales, que son todas expresión de una única crisis, la de los fundamentos. No se trata de abdicar de la razón, sino de combatir su arrogancia (hybris) y de criticar su estrechez de miras. Lo que más necesita la razón en este momento es ser urgentemente completada con la razón sensible (M. Maffesoli), con la inteligencia emocional (D. Goleman), con la razón cordial (A. Cortina), con la educación de los sentidos (J. F. Duarte Jr.), con la ciencia con conciencia (E. Morin), con la inteligencia espiritual (D. Zohar), con el concern (D. R. Winnicott) y con el cuidado como yo personalmente vengo proponiendo desde hace tiempo.

Es el sentir profundo (pathos) que nos hace escuchar el grito de la Tierra y el clamor desgarrador de millones de hambrientos. No es la razón fría sino la razón sensible la que mueve a las personas para bajarlos de la cruz y hacerlos vivir. Por eso es urgente someter el modelo de ciencia dominante a la crítica, impugnar radicalmente las aplicaciones que hacen de ella más en función del lucro que de la vida, desenmascarar el modelo de desarrollo actual que es insostenible por ser altamente depredador e injusto.

La sensibilidad, la cordialidad, el cuidado, llevados a todos los niveles, con la naturaleza, en las relaciones sociales y en la vida cotidiana pueden cimentar, junto con la razón, una utopía que podemos tocar con las manos porque es inmediatamente practicable. Estos son los fundamentos del paradigma civilizatorio naciente que nos da vida y esperanza.

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor
Fuente: Koinonia

La noche contiene el mediodía, por José Carlos Garcia Fajardo

Pareciera que el sentido de vivir fuera tener. Conseguir bienes y dinero a cualquier precio. Se confundía valor con precio. Se buscaba el poder por el poder y se sostuvo que la función del Estado nación era velar por la seguridad para que pudieran prosperar los negocios. En lugar de reconocer que el sentido del Estado es la justicia social y el bienestar de todos los ciudadanos.

Se explotaron pueblos y tierras bajo el pretexto de la civilización, de la conversión a “la religión verdadera” y de implicarlos en la sociedad de mercado. Fueron tratados como súbditos en perenne minoría de edad, incapaces de gobernarse a sí mismos y necesitados de colonización, erradicación de sus costumbres para ser utilizados en el desarrollo de las metrópolis.

Se implantó el etnocentrismo europeo con la bendición de los poderes religiosos. Se escribieron tratados para justificar el derecho divino de explotar sus “recursos” naturales y humanos.

Se reconocían los valores de una economía de mercado, pero impusieron la sociedad de mercado. Tampoco escucharon a quienes denunciaban esa deriva criminal y suicida.

Actuaron como si no fuéramos “tierra que camina” y que lo que le suceda a la tierra nos sucederá a nosotros.

Se denunció el fantasma de injusticia, hambre y desolación que recorría Europa. Se alzaron en revoluciones fallidas hombres y mujeres que apostaban por una sociedad más justa y solidaria. Se bastardeó el liberalismo humanista hasta convertirlo en ideología capitalista tan perversa como los totalitarismos soviéticos y fascistas.

Se produjeron guerras con centenares de millones de víctimas, pero lo que contaba era la explotación de las victorias ratificadas con armas de destrucción masiva. La más letal, el hambre. Olvidaron que la victoria nunca trae la paz porque genera humillación y venganza. La única paz auténtica procede de la justicia.

Enfermas las ideologías, un rumor esperanzado recorrió el mundo y se alzaron voces sabias y generosos voluntarios sociales para luchar por “Otro mundo posible”, más justo y humano, más acorde con la naturaleza.

La voracidad especulativa y financiera se propagó como cáncer letal. Y vino la hecatombe que padecemos. Bancos y entidades financieras, ejecutivos con alma en paraísos fiscales y soberbios/oscuros poderes se vieron ahogados en su propio éxito.

No pudieron más y reventaron pero, en lugar de reconocer sus crímenes y reparar injusticias, se erigieron en jueces exigiendo a los Estados que les ayudaran para socializar sus pérdidas cuando ya habían privatizado sus ganancias.

A pesar de todo, tiene que ser posible la esperanza sostenida por nuestro esfuerzo. El de la sociedad civil transformando las instituciones.

José Carlos Garcia Fajardo es Profesor Emérito de la UCM. Director del Centro de Colaboraciones Solidarias
Fuente: Blog de José Carlos Garcia Fajardo

Nuevo paradigama II, por Marc Vidal

Nota previa: Este artículo es continuación de Corralito español. Un nuevo paradigma, por Marc Vidal

Reconozco que siguen pendientes las respuestas al artículo de "el corralito español". Me vais a perdonar, lo ejectuaré el fin de semana. Ahora quisiera recordaros que cada vez más gente se va a dormir sin cenar en el mundo occidental. Ese es un dato objetivo. Un dato que deriva de nuestras crisis subyacentes y las importadas. Existen tres tipos de crisis descritas: la de sistema, que se produce cada 80 años, la de etapa, que suele sucederse cada 15 o 20 y la coyuntural que suele ser cada cinco años. Hace ocho décadas vivimos el crack del 29, hace 15 la crisis de la década de los 90 y hace cinco la primera terquedad del sistema expansivo basado en las punto com. Esa encrucijada de modelos en crisis nos habla de una crisis sistémica. Un final de fiesta que no debe ser visto como algo negativo. Es una gran oportunidad para atender con ímpetu y valentía esa nueva revolución, una nueva etapa que me gusta definir como la revolución del conocimiento.

La revolución del conocimiento surgirá del valor de las cosas y no del coste de las mismas, será el momento de las grandes factorías de ideas, de pensamientos, de dudas, de estructurar la fabricación en base a su precio esencial y no tanto al especulativo. La especulación no es mala por definición pero si por derivación. Especular es algo intrínseco al hombre pero cuando lo que genera es desvalorar otros elementos de las cosas entonces es nocivo. La especulación es esencial cuando valora expectativas, cuando anima, cuando genera riqueza de pensamiento.

Ahora que el dinero es un bien natural y no un elemento práctico para la compra, el valor ya no se da por el interés de las cosas si no por la producción de las mismas. El sentido del patrimonio ha cambiado y con ello el paradigma económico también cambiará. Esta crisis sistémica es la mayor de las oportunidades que hemos tenido en los últimos dos siglos para establecer nuevos modelos de negocio, nuevos sistemas de relación financiera, nuevos vínculos entre empresa y gobierno, nuevas estrategias mucho más justas y, en definitiva, una nueva generación de ideas que fuercen los cambios imprescindibles que este mundo precisa.

Obviamente esto no deja de ser un deseo, pero nunca habíamos estado tan cerca de lo inevitable. Se pongan como se pongan en Washington, en Madrid o en Tombuctú, las medidas adoptadas en los últimos días, los rescates de los últimos meses y los llantos de las próximas semanas, no van a ser más que fotografías con tono sepia, lo bueno está por diseñarse, las respuestas por encontrarse y el camino por trazar. Confío todavía que seremos capaces, como sociedad civil o como clase emprendedora, pero aun quedan opciones. Al que me llame pesimista lo acribillo a ideas, al que me llame optimista lo silencio eternamente con datos objetivos que cada vez nos tocan a más gente y de más cerca.

En esta nueva era, en este nuevo ecosistema plagado de ideas, en ese nuevo mar en el que deberemos navegar, los que antes entiendan que deben impulsarse con vientos desconocidos, los que sepan que es tiempo de veleros y no de lanchas motoras, esos sobrevivirán, crecerán y serán mucho más felices. Los que escuchen a sus mandatarios, a esos dirigentes aparentemente perdidos, a esos que cambian sus previsiones una y otra vez, los que esperen de ellos que les ayuden a sobrevolar este momento crucial de la historia sufrirán mucho más. No es momento de subsidios sino de purgas, no es momento de alargar agonías sino de amputar aquello que está podrido. El sistema es demasiado duro y robusto como para permitir un parto sin dolor, pero el sistema no es inmune. El momento está cerca y me ilusiona enormemente que así sea. Deseo un mundo mejor para mi hijo, mejor que este. La oportunidad está diez metros de nuestra propia existencia, algunos ya hemos empezado a caminar hacia ella, otros lo harán pronto, al final todos.

Fuente: Blog del economista Marc Vidal
Este artículo es continuación de Corralito español. Un nuevo paradigma, por Marc Vidal

26/2/09

La isla de Pascua y el colapso global, por Enrique Gil Calvo

El destino inmediato del capitalismo liberal, que se precipita en caída libre hacia la implosión de un agujero negro impulsado por el continuo agravamiento de su crisis sistémica y fatalmente atraído por el succionante maëlstrom de un ominoso colapso global, exhibe fascinantes paralelos con la súbita extinción de la cultura de los moaís que tuvo lugar en la polinesia isla de Pascua. Me refiero claro está a esas célebres estatuas gigantes, cerca de 900 en total, que hoy admiran a los turistas en un páramo perdido, árido y casi desierto a miles de kilómetros de las costas vecinas. Pues bien, esos impresionantes moaís fueron erigidos con fines ceremoniales por una floreciente civilización que se embarcó en un proceso de crecimiento acelerado cuyo cenit culminante se alcanzó en el siglo XVII de nuestra era, para precipitarse a partir de ahí (1680) en una vorágine de autodestrucción colectiva que acabó con la civilización de Pascua justo antes de la llegada de colonizadores europeos.

El mejor relato de esta tragedia cultural se contiene en un libro de obligada lectura, Colapso (2005), del geógrafo evolucionista Jared Diamond, que la utiliza de pedagógica ilustración (entre otras extinciones análogas, como la de los mayas del Yucatán o los vikingos de Groenlandia) para explicar cómo la intensificación de la competencia por los recursos puede acabar con el suicidio colectivo de los competidores. Para ello Diamond recurre a la llamada "tragedia de los bienes públicos", propuesta por el biólogo Russell Hardin en 1968, que predice el agotamiento de los ecosistemas a partir de un cierto umbral de explotación. Pero la originalidad de Diamond reside en que, pese a ser un ecologista reconocido, deduce que la causa última del colapso no es biológica sino social. Lo que hace al sistema inviable y le fuerza a colapsarse no es la escasez de los recursos (según el argumento maltusiano) sino el exceso de su explotación, como un efecto sólo derivado de la escalada social de la competición. Los diversos clanes de Pascua se embarcaron en un juego colectivo de prestigio ostentoso donde todos pugnaban por superar a los demás en la erección de moaís, para lo que no dudaron en agotar el bosque del que extraían la madera para transportar las piedras a edificar. Y al escasear la madera dejaron de producir canoas con las que pescaban su principal fuente de proteínas. Pese a lo cual siguieron erigiendo moaís cada vez mayores hasta que ya no pudieron hacerlo más. Entonces los golpistas tomaron el poder, estalló la guerra civil y la isla de Pascua se desangró hasta extinguirse.

Pues bien, el paralelo que les propongo con la actual deriva de la crisis global resulta transparente: los moaís son las burbujas especulativas que erigen nuestros clanes estatales y empresariales,unos moaís hechos de especulación financiera e inmobiliaria que, al adentrarse en una escalada de intensificación de la competencia, no tardan en agotar los recursos productivos de la economía real.

Véase si no el deprimente ejemplo que dan esas ciudades vacías de la costa mediterránea (Manilva) o la periferia madrileña (Seseña), auténticos moaís desiertos y abandonados por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Y al igual que los isleños de Pascua se endeudaron a muerte agotando sus fuentes de subsistencia para erigir sus moaís, también para erigir sus apalancadas pirámides especulativas nuestros isleños del capitalismo liberal han esquilmado el suelo público, el crédito solvente, el empleo productivo y el tejido empresarial, encaminando al sistema a un colapso colectivo.

¿Cómo detener e invertir esta deriva autodestructiva? ¿Qué escenarios de salida cabe imaginar para esta continua escalada de la crisis global? Jared Diamond señala que, cuando se entra en una espiral de competición intensificada, sólo hay dos medios de evitar el colapso colectivo: la autolimitación de los competidores o el racionamiento impuesto por el poder público. Dos soluciones que equivalen a la autorregulación de los mercados y a la intervención keynesiana del Estado. Pero cada una de ellas excluye a la otra, mientras que hoy se siguen intentando ambas a la vez, por lo que no sabemos todavía cuál de ambas se impondrá a la larga. Así que hagamos un poco de ciencia-ficción y especulemos sobre las cuatro posibles salidas de la crisis.

La primera es la salida liberal que proponen los poderes financieros globales respaldados por los organismos internacionales como la UE, el FMI o la OCDE: una crisis intensa y aguda, que durará dos o tres años hasta que se complete el proceso de desapalancamiento con altísimos costes sociales, tras lo que se iniciará una lenta recuperación que dará paso a un nuevo proceso estable de crecimiento autosostenido, eventualmente susceptible de abrir nuevas fuentes de negocio convertibles en moaís (pirámides o burbujas especulativas). Este escenario cíclico implica mantener intacto el sistema de mercado, quedando relegado el Estado keynesiano a un papel meramente accesorio, servil y transitorio, tras cuya excepcional intervención se restaurará la dominación absoluta del mercado global. Pero esta salida es de incierta probabilidad porque el keynesianismo light a lo Barack Obama parece predestinado a fracasar, ya que los mercados libres no se pueden gobernar, siendo como son un orden espontáneo. La mano visible del Estado puede regularlos variando su estructura de incentivos pero no puede imponerles normas ejecutivas, pues cuando intenta hacerlo la mano invisible del mercado reacciona generando un desorden espontáneo como el actual.

Así llegamos a la segunda salida previsible de la crisis, que es el colapso definitivo de los mercados tras el fracaso del keynesianismo light, lo que obligará a los Estados a una intervención hardcore mediante nacionalizaciones masivas de la banca y de las empresas en quiebra con el posible cierre de las Bolsas. Esta salida estatal implica la supresión o al menos la suspensión de los mercados libres, que quedarán sustituidos por un proteccionismo mercantilista (colbertismo) de estilo chino e inspiración prusiana. Pero con ello se anula la virtualidad de los ciclos económicos, y la crisis deja de ser un punto de inflexión entre las fases recesiva y ascendente para convertirse en un estado estacionario de estancamiento en forma de L (ramal descendente de caída en picado seguida de una duradera depresión lateral).

Pero si la depresión se eterniza, la salida estatal o proteccionista agravará extraordinariamente el clima de conflictividad social. Y entonces comenzará a ser posible y quizás probable la tercera salida, que podemos llamar violenta: bélica o incluso revolucionaria. Al fin y al cabo, el colapso de la isla de Pascua terminó en un baño de sangre, y lo mismo ocurrió con la depresión económica de los años treinta, cerrada con el crepúsculo de los dioses proteccionistas.

Confiemos en que la memoria histórica nos enseñe a evitar lo peor y nos permita aprender a buscar otra salida menos autodestructiva. ¿Cuál podría ser ésta? Queda una cuarta posibilidad, al menos teórica por improbable que sea, y es la de convertir la actual crisis de los mercados en una verdadera crisis del sistema, eventualmente capaz de dar a luz un nuevo modelo de sociedad. Una sociedad sostenible y ya no basada en el depredador capitalismo neoliberal, que de ciclo a ciclo y de burbuja en burbuja está conduciendo al planeta a un inminente colapso como el de la isla de Pascua, ahora masivamente amplificado a escala global.

Enrique Gil Calvo es profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.

Fuente: Diario El País

Corralito español. Un nuevo paradigma, por Marc Vidal


CORRALITO ESPAÑOL

Leer hoy en todos los medios historias sobre un ministro cazador, otro que desearía no serlo y un montón de inmundicias similares es desolador. Siento que las cosas se acaban y nadie se da cuenta. Las dimensiones de lo que se nos viene encima son espantosas y todo sigue un curso completamente ridículo. He sabido, y no detallaré porque no soy un suicida, de decenas de sucesos financieros que ya han prescrito y que pocos conocen, innumerables batallas subterráneas que ningún periodista se ha dignado a investigar y hechos que hablan de guerras complejas en los altos hornos de la economía completamente ocultos a la opinión pública. Sin embargo aquí nada parece cambiar. Técnicamente estamos viviendo un principio de “corralito” y nadie parece darse por aludido.

Intenten retirar, si los tienen, 20.000 euros hoy mismo de sus cuentas corrientes. La respuesta será que “debería de haber avisado”. Puede ser. Inténtelo con 10.000. Les dirán algo parecido y empezará a ser sospechoso. La mayoría de pagos aceptados vía cash para gestión líquida están limitados a valores inferiores a los 6.000 euros diarios. Pero, procuren hacer lo mismo utilizando plataformas telemáticas. La negativa será rotunda. Si usted quiere mover 100.000 euros de su cuenta, y hay que ser iluso para tener ese capital hoy en día en una entidad determinada, no podrá hacerlo en uno solo día a menos que disponga de “transfer” oficial de la entidad o género de “uso advertido”.

Esta situación de insolvencia bancaria se irá estrechando hasta llegar a un colapso a mediados de 2010. Algunas cajas y bancos ya no provisionan como dicen hacer. Saben que no tiene sentido. Es el momento de guardar dinero en cajas fuertes, es momento de reducir el consumo al máximo y liquidar lo ineficiente definitivamente. Cojan su dinero y guárdenlo donde puedan, dispongan de él en fondos de entidades solventes que no son las que están pensando por su volumen y tamaño, adviertan a los suyos de que vienen tiempos muy difíciles y que aceptarlo rápidamente será un valor fundamental para sufrir menos que otros. Mientras los negocios generen beneficios hay que trabajar al máximo, pronto también se detendrán. La parada técnica de la economía no es una posibilidad, es una evidencia a medio plazo. Los que nos movemos en este mundo ya no ponemos en duda la argentinización de nuestro sistema financiero, ni se plantea si va a haber o no “corralito”, la duda es cuando.

El gobierno español es incapaz de sostener sus propias afirmaciones. El fondo de garantía de 100.000 euros recién estrenado es menos real que un billete de 7,20 euros. El Estado sabe que una quiebra oficial de una entidad bancaria en España supondría la insolvencia definitiva del país pues es imposible cubrir los fondos depositados de ninguna caja media española y, ni por asomo, la de ningún banco o caja de gran volumen. Esa fallida de una caja manchega está siendo ocultada con ingentes inyecciones de liquidez diaria para no evidenciar y publicar su situación. Lo cual obligaría al uso de ese fondo de garantía y que a su vez evidenciaría la quiebra del Estado por no poder afrontarlo. Para evitarlo, ese líquido pretende retrasar la retirada de fondos por alarma y a su vez “obligar” a otras cajas a comerse el marrón, retrasar el asunto y esperar que San Pedro nos bendiga a todos.

Es evidente que nuestro dinero ya no es dinero, es una sonrisa en una cartilla bancaria, un señuelo. El déficit aumenta y con él la locura. Zapatero sigue anunciando medidas de soporte, de garantía a una tensión social cada vez más cercana, y lo pretende pagar con deuda pública. Pero es cuestión de tiempo, pero España será expulsada del euro. La prepotencia de hacernos ricos a costa de los fondos de cohesión lo vamos a pagar caro. Salir de compras y adquirir empresas francesas, británicas, alemanas e italianas con el dinero que ellos nos dejaron en su día es indecente y la indecencia es punible, tarde o temprano. En nuestro caso temprano. España vivirá en la precariedad social por culpa de la indigencia intelectual de sus gobernantes, todos, los unos y los otros.

Las promesas del ejecutivo deberían de explotar en las caras de sus señorías cada mañana cuando se asean. Más de dos millones de españoles ya no tienen soporte económico alguno. De momento se refleja en las colas de los auspicios y comedores sociales. El BMW que nadie quiere comprar, parado por falta de combustible, es el último monumento a la desfachatez de la clase media engañada por un sistema de barro, una clase media que ahora pretende comer un plato caliente junto a indigentes y alcohólicos. Vagabundos de toda la vida junto a neoindigentes de VISA cancelada. ¿No me creen? Paseen un poco.

España entrará en depresión acuciante a final de este año. Recopilen dinero fresco y ténganlo a mano. No es alarmismo, son consejos reales. No lo retrasen pensando, ya lo haré cuando toque. No tendrán tiempo. No trabajen ninguna operación a plazos superiores a los 12 meses. Nadie puede garantizar eso. Utilicen modelos de inversión actualizable y recuperable rápidamente y si no los encuentran, a la caja todo. Busquen lo necesario para vivir medio año sin VISA. Si sus escenarios de uso son más largos afiance inversiones en Alemania o Francia, poco más. Si su escenario es a muy largo plazo, compre gestión norteamericana no ubicada en la costa Oeste. Compren “arroz” o platino. El oro no será tan eficiente pero será un refugio cierto.

Como sabemos, esto no es una crisis coyuntural, ni de etapa, es sistémica y nos pilla de lleno a los españoles en una crisis doméstica. Tras cinco años nada habrá cambiado, seguiremos en crisis, tras diez el modelo se estará reconstruyendo en otro mucho más heterogéneo y basado en conceptos ahora demasiado abstractos, pero en España, dentro de quince o veinte años seguiremos soñando con aquella década prodigiosa de finales del XX y principios del XXI. Detrás de este telón no hay ningún escenario. Hay otro teatro, otro sistema, pero España no se está preparando ni por asomo, sigue parcheando, de manera que todo será más largo, duro y dramático. Busco casa de pueblo, alejada de todo, con buenas vistas, un río cercano y conexión wifi, que hay que quiero presenciar a tiempo real al derrumbe.

Fuente: Blog del economista Marc Vidal.

Nota: El artículo Corralito español ha causado tanta polémica que Marc Vidal ha escrito un nuevo artículo que reproducimos a continuación:

UN NUEVO PARADIGMA

Realmente estoy sorprendido por el nivel de entendimiento que tengo en ciertos lectores. Reitero que puede ser culpa mía pero la verdad es que algunos no han comprendido nada o poco de lo que dije en el post del “corralito español”. Puedo adelantar que no he hablado de las cosas de las que se me acusa y para ello exijo que se lea el artículo con disposición y precisión. He recopilado varias opiniones y estoy preparando respuestas porque creo que son muy graves algunas acusaciones. Lo haré luego pues aun parece que siguen llegando más comentarios y mi intención es saldar el asunto del modo más ejecutivo posible.

Durante estos meses se han producido en el conjunto del mundo más cambios que en los últimos dos siglos. La centenaria banca de inversión ha desaparecido y los sistemas reguladores están bajo revisión. Ha sido necesaria una masiva inyección de dinero público para salvar el sistema en el momento que la economía tradicional y sus modelos están en entredicho. Es por eso que si analizamos con exactitud que representa todo ello nos daremos cuenta que estamos sufriendo un cambio de paradigma, una regeneración estructurada a partir del conocimiento y el valor del talento global y que de momento sólo aparenta poder ser un hecho doloroso. En este blog he intentado situar el escenario, hablar de un ecosistema que se resiste a morir pero que se regenera poco a poco hasta el punto que pronto parecerá otro.

Ahora se me antoja imprescindible escribir, y así lo haré inmediatamente, de modelos de creación, de territorios de conquista, de que podemos hacer para padecer lo mínimo posible. Me apetece explicar la forma poliédrica de ese nuevo sistema que se agarrará con fuerza a conceptos como la inteligencia distribuida, a los prejuicios 2.0, a la gestión moderna y a la gestión del futuro. Necesito hablar de los cubículos del conocimiento, del talento global, de pensar diferente, de pensar compartiendo, de conectar cerebros, de cuenta de resultados como deceso de las ideas, del efecto contagio de la colaboración, de la garantía de la exclusividad como valor del compartir, del caudal de pensar conjuntamente y no tanto en equipo, de cambios inevitables, de gestión del conocimiento en las organizaciones del futuro, de modelos y razones de las comunidades virtuales, de alianzas de éxito como valor democrático de las empresas más débiles, de sociedades dinámicas, de las ventajas de esta crisis, de los negocios transparentes y de la recesión permeable. A eso me pongo ahora mismo, pues los que entiendan que esos conceptos son los vértices de un polígono repleto de ventajas, tendrán muchas más herramientas para decidir. Cuantos más seamos más sentido tendrá llevar ese brazalete, esa pulsera de la verdad, del conocimiento, del pensar por nosotros mismos. Es momento de razonar, de construirnos la esencia individual a partir del conocimiento y no tanto del discurso oficial. Este es mi blog y el de los que lo leen, incluso es de aquellos que lo critican pero, guste o no, escribo de lo que a mí parece adecuado.

Se avecina un momento mágico y brillante. A medida que se acerca el horizonte, ese en el que hasta ahora solo se distinguen elementos negativos, un nuevo curso de la historia se está gestando. Para los que piensen que tras esta crisis, si la entendemos como un telón que baja tapando un escenario determinado y que, en teoría, esconde otro atrezzo y otra escenografía, se equivoca gravemente. Detrás no hay nada. Tras el telón no queda ningún escenario. Nada de lo que nos espera es similar a lo vivido. Ha llegado el momento de entender que un nuevo modelo es posible. Quien antes lo comprenda antes lo disfrutará.

De aquí surgirá, a corto plazo, un nuevo orden de prioridades de políticas públicas y un nuevo catálogo social de exigencias. Se reconocerán los excesos de las políticas pasadas y el papel regulador del Estado será revalorado, pero sólo serán montañas de errores y pasos en falso. Habrá un mayor debilitamiento del dólar, alta inflación por los precios de las materias primas, menor crédito e inevitablemente mayor proteccionismo una vez se pase una fase deflacionaria consecuencia de una parada técnica de la economía global. Pero aunque muchos se resistan a entender o aceptar la importancia de esta mutación, ésta se producirá.

Los paradigmas de la globalización conocidos serán poco a poco reemplazados otros nuevos. Un ejemplo: si los países no apoyan a sus sectores agrícolas, sus alimentos no sólo van a ser más caros, sino que pueden escasear. Aplicar la fórmula simple de aumentar las cuotas de importación pasará a ser parte de las políticas obsoletas.

Me niego a que se entienda este blog como una orgía de malos augurios, porque no lo fueron en su día ni lo son ahora. Me rebelaré contra los que me acusen de pesimista, a esos les inundaré el jardín de ideas. A quien asista a la verdad con mala cara solo les quedará asombrarse continuamente. Será un error irremediable entender el futuro inmediato como un retroceso, como un ecosistema de fracasos o como un océano de pobreza latente. Evidentemente que vamos a sufrir, mucho, pero los partos son dolorosos y estamos a las puertas de un nacimiento que va a revolucionar nuestra manera de entender la economía en concreto y la vida en términos generales.

Los gestores públicos lo saben. Se reúnen periódicamente en cumbres de jefes de estado para simular que estudian las soluciones, que adoptan medidas y que trabajan duramente para aliviar nuestros calvarios. Sin embargo saben perfectamente el tamaño del agujero, sus repercusiones a corto y medio plazo y el tamaño de la ola que se nos viene encima. A ellos hay que exigirles que nos hablen con naturalidad, que nos expliquen el alcance del problema, que nos asistan y amortigüen nuestra desgracia, pero que también nos permitan entender el volumen del cambio inminente, el significado de una revolución sistémica y el valor de ese nuevo modelo.

Estamos a las puertas de una revolución como ya lo estuvieron otros antepasados. Hace algún tiempo, al confluir diversos factores se reprodujeron sistemáticamente otros grandes cambios. La revolución industrial y tecnológica fueron grandes elementos de cambio, y convivieron con una crisis sistémica que adelantaba una mutación real y evidente en todos los estadios de la economía. La manera de traducir aquellos cambios siempre condujo a mejores escenarios pero también con una fractura notable del propio sistema. El modelo financiero actual que se sustenta en un crecimiento del valor del dinero por encima del coste real del capital, ha provocado un desajuste insalvable a estas alturas.

Fuente: Blog del economista Marc Vidal

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Actualización 27/02/09: Nuevo paradigma II, por Marc Vidal

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Actualización 09/03/09: Corralito reloaded, por Marc Vidal

Plan, por Santiago Niño Becerra

Un teórico Plan de Acción orientado a mitigar los efectos de la crisis podría estar basado en:

1 – USA, la UEM y JPN intervienen todas las entidades financieras de sus economías permitiendo y garantizando el día a día pero impidiendo movimientos masivos de fondos por encima de un importe. Inmediatamente después se incorporarían al acuerdo los BRIC con idénticos objetivos.

2 – Coordinación de medidas a través de la creación de una moneda de cuenta de utilización en los países firmantes del acuerdo, con tipo de cambio fijo respecto a las divisas nacionales. Ese tipo de cambio sería determinado tomando como base el estado de las economías de los países firmantes.

3 – Todas las entidades financieras de todos esos países son auditadas por entes realmente independientes y por encima de toda sospecha a fin de conocer su exacta situación (a fin de que sacar a la luz toda la porquería que tienen en sus balances). Aquellas entidades que no puedan sobrevivir serán absorbidas por las que se hallen mejor (menos mal) con ayudas (e intervención) de los Estados.

4 – Los saldos quedan fijados y garantizados, aunque su movilidad controlada, y técnicos (no políticos) dependientes de los Estados (funcionarias/os o no, tanto da) entran en los gobiernos corporativos de las entidades financieras. El día a día es garantizado plenamente, aunque limitando importes, debiéndose solicitar autorización por encima de los mismos.

5 – La regulación se va haciendo extensiva a grandes compañías, empezando por aquellas que fabriquen y elaboren bienes y servicios esenciales: energéticas, farmacéuticas, … , y a subsectores vitales: transporte y distribución, … La viabilidad de las compañías que forma el subsector será analizada, así como su acceso a las commodities en función de la necesidad de la actividad que desempeñe.

6 – A medida que se vaya profundizando en la regulación anterior y a medida que la precrisis vaya avanzando el desempleo del factor trabajo irá aumentando, por lo que será instaurado un subsidio a fin de garantizar la supervivencia de esos colectivos crecientes; paralelamente puesta en marcha de programas formativos a fin de cubrir con las personas de mayor y mejor preparación los puestos de trabajo que, temporalmente, vayan siendo demandados por el mundo productivo.

7 – Los Estados no serían los protagonistas, sino partes de los comités de expertos en distintos órdenes que se formarían a fin de abordar la regulación que se iría poniendo en marcha. El objetivo es preparar la llegada de la verdadera crisis y la minimización de los daños; la puesta en marcha de políticas orientadas a la superación de la crisis vendría después: a partir del 2012.

El problema de la mayoría de los planes que se diseñan, de la mayoría de las previsiones que se realizan es el suponer, 1) que las cosas se van a comportar mañana del mismo modo a como se comportaron ayer, y 2) que van a suceder cosas y que se van a producir efectos y reacciones que nada garantiza que vayan a suceder ni que se vayan a producir.

Es decir, como en el pasado los estímulos fiscales realizados han tenido tales y cuales efectos, en el presente semejantes estímulos fiscales van a deparar efectos parecidos. En otras palabras, es suponer que si las entidades financieras retoman la concesión de créditos, automáticamente, necesariamente, inexorablemente, se normalizarán las cosas y se reemprenderá el crecimiento económico. No critico que se realicen tales supuestos, lo que critico es que sólo se realicen esos supuestos (o, mejor aún, que sólo se difundan éstos).

Nos hallamos ante una crisis sistémica, lo que significa que acciones que en el pasado fueron tomadas y que tuvieron unos determinados efectos, actualmente no-van-a-tener los efectos que entonces tuvieron, lo que significa que las cosas no necesariamente van a suceder como se ha supuesto que sucederían.

Hay que buscar nuevas salidas, nuevas soluciones, nuevas medidas: las viejas se mueren: deben morirse porque ya no sirven, y pienso que el plan que les detallaba al principio sí es una nueva solución (por lo menos es una aproximación a una nueva solución). (Al final ya verán como las cosas no se van a alejar demasiado de ese camino: en realidad las alternativas no son tantas.

(La ley aprobada en la RFA el pasado Miércoles ‘para nacionalizar el Hypo’, en el fondo, ¿qué es?, pues un ensayo: el segundo paso para que los Estados frenen la caída de entidades financieras (el primero ya lo dio el Gobierno británico, pero, un poco, por la puerta de atrás; esto ha sido la puesta en escena. Habrá más movimientos. El Plan de más arriba: se extiende en el tiempo la ley, se generaliza, y … ¡ya está!).

(Y en esta línea. George Soros: “We’re in a crisis I think that’s really the most serious since the 1930s and is different from all the other crises we have experienced in our lifetime” (http://www.bloomberg.com/apps/news?pid=20601087&sid=ay0FPxGdth_k&refer=home): estoy de acuerdo (aunque, en realidad, aún no ha sucedido nada), también en otra cosa que dice: que la desregulación ha influido en lo que está pasando (aunque a él buenos rendimientos le brindó). ¡Ah!, me olvidaba: el título de la noticia: dice mucho: “Soros Says Financial Crisis Marks End of a Free-Market Model”. Amén).

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

Fuente: La Carta de la Bolsa

23/2/09

Decrecimiento sostenible, por Joan Martínez Alier

La crisis económica actual ha puesto a John Maynard Keynes de moda porque existe capacidad industrial en las economías occidentales que no se aprovecha. Ante el aumento del desempleo, la receta adecuada es un mayor gasto público. Así habrá dinero para cambiar de automóvil y comprar el exceso de viviendas que deprime la industria de la construcción en Estados Unidos, en Reino Unido y en España. Keynes quería que la economía saliera de la crisis de 1929. Dijo explícitamente que lo que ocurriera a largo plazo, una vez la economía se recuperara de las dificultades, no le importaba. Fueron economistas posteriores como Harrod y Domar los que convirtieron el keynesianismo en una doctrina de crecimiento económico a largo plazo. Más tarde llegaron o resucitaron los neoliberales como Hayek, quienes aseguraron que el mercado sabía mucho más que el Estado. Ahora estamos escuchando a banqueros que piden que nacionalicen sus bancos, por favor. Estamos viendo la resurrección de Keynes (o su reencarnación en Krugman y Stiglitz). Pero podemos preguntarnos, ¿un Keynes de corto plazo, para salir de la crisis, o un Keynes también de largo plazo para seguir una senda virtuosa de crecimiento económico?

Es ahí donde entra la actual crítica de la Economía Ecológica. El crecimiento económico se ha basado en la energía del carbón, el petróleo y el gas natural. Parece aconsejable un keynesianismo verde que aumente la inversión pública en conservación de energía, en instalaciones fotovoltaicas, en transporte público urbano y rehabilitación de viviendas, en agricultura orgánica. Pero no lo parece continuar en la fe del crecimiento económico. En los países ricos debe darse un ligero decrecimiento económico que sea socialmente sostenible. Debemos entrar en una transición socio-ecológica. La economía ha de decrecer en términos de materiales y de consumo energético. Existe ya un acuerdo social en Europa para que las emisiones de dióxido de carbono se recorten un 20% con respecto a las de 1990, pero lo que no se había previsto es que, de hecho, al decrecer el PIB esas emisiones ya están disminuyendo.

Pero no sólo hay razones ecológicas para el decrecimiento. Hay psicólogos que han averiguado que la felicidad no aumenta con el aumento del PIB per cápita. Mejor dicho, sí que aumenta a niveles muy bajos, pero no después. Ahora bien, el decrecimiento económico provoca dificultades sociales que hemos de afrontar para que la propuesta antes citada pueda ser socialmente aceptada. Si la productividad del trabajo (por ejemplo, el número de automóviles que un trabajador produce al año) crece el 2% anualmente pero la economía no hace lo propio, eso llevará a un aumento del desempleo. La respuesta ha de ser doble. Los aumentos de productividad no están bien medidos. Si hay sustitución de energía humana por energía de máquinas, ¿los precios de esta energía tienen en cuenta el agotamiento de recursos, las externalidades negativas? Sabemos que no es así. Además, hay que separar el derecho a recibir una remuneración del hecho de tener empleo asalariado. Esa separación ya existe en muchos casos (niños y jóvenes, pensionistas, personas que perciben el seguro de desempleo), pero debe ampliarse más. Hay que redefinir el significado de 'empleo' -teniendo en cuenta los servicios domésticos no remunerados y el sector del voluntariado- y hay que introducir o ampliar la cobertura de la Renta de Ciudadano o Renta Básica.

Cabe plantear otra objeción. ¿Quién pagará la montaña de créditos, las hipotecas y la deuda pública si la economía no crece? La respuesta debe ser que nadie. No podemos forzar a la economía a crecer al ritmo del interés compuesto con que se acumulan las deudas. El sistema financiero debe tener reglas distintas de las actuales. En Europa y Estados Unidos lo que es nuevo no es, pues, el keynesianismo, ni tan sólo el keynesianismo verde. Lo nuevo es el movimiento social por el decrecimiento sostenible. La crisis abre expectativas para nuevas instituciones y hábitos sociales. El objetivo en los países ricos debe ser vivir de forma óptima dejando de lado el imperativo del crecimiento económico.

Joan Martínez Alier es Catedrático del Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona. Más información en Wikipedia

Fuente: Diario Las Provincias


También puedes leer en este blog:
La crisis económica vista desde la economía ecológica, por Joan Martínez Alier

Max Neef: aprender a comprender

Hemos alcanzado un punto en nuestra evolución humana, caracterizado por el hecho de que sabemos mucho, sabemos muchísimo, pero comprendemos muy poco; la navegación que hemos escogido ha sido piloteada por la razón y nos ha llevado al puerto del saber, como tal; ha sido una navegación asombrosamente exitosa; jamás en toda nuestra existencia hemos acumulado más conocimiento, más saber, que durante los últimos cien años. Estamos celebrando la apoteosis de la razón; sin embargo, en medio de esta tan espléndida celebración, súbitamente nos asalta la sensación de que algo falta.

Así es. Podemos alcanzar conocimiento, saber, sobre casi cualquier asunto que nos interese, podemos por ejemplo, guiados por nuestro querido método científico, estudiar todo lo que se puede estudiar —desde una visión teológica, antropológica, biológica, bioquímica, sicológica— sobre un tema humano llamado amor. Usted ha estudiado todo lo que se puede saber sobre el amor, pero solo va a comprender el amor el día en que se enamore.

¿A qué apunta esto, de que el comprender es el resultado de la integración mientras que el saber es el resultado de la separación y de la fragmentación? Solo puedo pretender el comprender aquello de lo que soy parte. Mientras sigamos diciendo yo estoy aquí y la naturaleza está allá”, “estoy aquí y la pobreza está allá”, acumularemos mucha información en estadística, podemos diseñar muchos cuadros, pero nunca vamos a comprender realmente de qué se trata y qué es lo que realmente ocurre.

Finalmente, hemos alcanzado el punto en que estamos tomando conciencia de que el conocimiento, el saber, no es suficiente y que, por lo tanto, debemos aprender a comprender, a fin de alcanzar la completitud de nuestro ser. Es probable que estemos comenzando a darnos cuenta de que el saber sin comprender es hueco y de que el comprender sin saber es incompleto. Precisamos, por lo tanto, emprender por fin la navegación hasta aquí pospuesta, pero para poder iniciarla debemos enfrentar el desafío de un cambio de lenguaje. Ya lo decía Einstein: “No es posible resolver un problema utilizando el mismo lenguaje que dio origen al problema”.

Para saber más: Max Neef: Libros, artículos, entrevistas y conferencias

Para saber más: Audio conferencia de Max Neef

Fuente: blog Decrecimiento

Manfred A. Max-Neef, economista chileno, obtuvo en 1983 el Right Livelihood Award, el Premio Nobel Alternativo de Economía, "por revitalizar las comunidades pequeñas y medianas, impulsando la autoconfianza y reforzando las raíces del pueblo".

El Dr. Max-Neef es el creador de los principios de "Economía Descalza" y de la Teoría del Desarrollo a Escala Humana. Es fundador y director ejecutivo del Centro de Alternativas de Desarrollo y miembro del Consejo Ejecutivo del Club de Roma, entre otros. Es autor de ocho libros y de más de 100 ensayos y artículos.

Entre los numerosos e importantes cargos que ha desempeñado, Max-Neef fue miembro del Consejo Asesor de los Gobiernos de Canadá y Suecia para el Desarrollo Sustentable, y candidato independiente a la Presidencia de la República de Chile en 1993. Actualmente es rector de la Universidad Austral de Chile.


Fuente: Eumed.net

Albert Einstein sobre las crisis

"No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado". Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla."

Albert Einstein

Visto en el blog Jubilateria

21/2/09

Después de la crisis, por Manuel Castells

Vivimos en una peligrosa fantasía. A saber, que esto es un mal trago, pero que en unos meses o máximo un año la crisis económica habrá pasado y todo volverá a ser como antes. Pues no. Nunca volverá a ser como antes. Técnicamente hablando, la expansión capitalista global reciente se ha debido a tres factores interrelacionados de los que ninguno funciona ahora. Primero, la demanda ha inducido dos tercios del crecimiento del PIB. Segundo, esta demanda ha sido posible por crédito fácil de instituciones financieras con escasa supervisión. Tercero, la rápida expansión de la demanda y el incremento salarial no han suscitado presiones inflacionistas porque el aumento de la productividad es resultante del cambio tecnológico y organizativo de la “nueva economía”.

El potencial de innovación tecnológica aún existe, pero como se ha secado el caudal de capital riesgo ya no se traduce en proyectos emprendedores y por tanto los incrementos de productividad pasan por eliminar empleo en lugar de resultar del aumento de eficiencia. El crédito a particulares y empresas ha caído en picado porque el sistema financiero global, en el que estamos todos aunque sigamos proclamando las bondades de nuestro propio sistema financiero, está en situación de quiebra. Sin la ayuda de los gobiernos, las bancarrotas se producirían en cadena, en España también, por la interpenetración entre nuestra banca y la banca internacional (por ejemplo, a través de Morgan Stanley, de Citigroup o de ING Barings). Por consiguiente, las ayudas públicas se quedan empantanadas en los bancos, que se protegen acumulando reservas, y sólo llegan a los inversores y consumidores con cuentagotas. Unas gotas que no bastan para crear empleo ni pagar salarios. Y por tanto, con un 20% de paro y los salarios congelados no hay forma de sostener la demanda, cae el consumo y se seca la principal fuente de crecimiento económico de la última década.

Y como el mundo se ha hecho global, lo que sumaba de un país a otro ahora resta de un país a otro. No es el fin del mundo, pero es el fin del consumo. No habrá que apretarse el cinturón, porque estaremos tan escuálidos que los cinturones que tenemos se nos caerán de grandes. Esto no es una predicción, sino pura constatación de los datos actuales. Estamos cambiando de modelo económico y por tanto social.

No es que salgamos del capitalismo, sino de la forma de capitalismo global que ha caracterizado el mundo en los últimos veinticinco años. Un modelo triunfante, de idolatría de un mercado al que se le suponía un automatismo benevolente de creación y reparto de riqueza y, de paso, garante de la libertad individual, conectando países a lo largo de su marcha triunfal en todo el planeta, obviando gobiernos y desoyendo reguladores, propulsado por una revolución tecnológica también teñida con tintes libertarios. Vanidad y todo vanidad. Ha bastado una crisis inmobiliaria vinculada a una crisis hipotecaria para que todo el castillo de naipes construido a partir de derivados financieros desintegrara el casino global en el que nos habíamos montado. Y en unos meses, los más arrogantes banqueros, corredores de bolsa y ejecutivos de multinacionales han suplicado a los gobiernos una intervención de una magnitud sin precedentes, so pena de quebrar sus empresas. Incluso han pasado por todas las humillaciones necesarias para salir del atolladero. Y esto no hace más que empezar, porque el agujero financiero es de tal calado que serán necesarias nuevas inyecciones de fondos en los próximos meses. No debería la izquierda regocijarse por esta hecatombe potencial del capitalismo financiero.

La última vez que se produjo una crisis de esta magnitud las consecuencias políticas fueron el nazismo, el fascismo y una atroz guerra mundial. La historia no se repite y todo depende de lo que hagan gobiernos, empresas y ciudadanos en los próximos meses. Pero habrá que andar con mucho cuidadito de no caer en la demagogia en la que han caído los republicanos en Estados Unidos intentando bloquear el plan de Obama so pretexto de que crea déficit. Una verdadera desvergüenza después de que la administración republicana, que heredó un país con superávit, acumulara un billón de dólares de déficit en tan sólo ocho años… Entonces, ¿qué hacer? Las medidas actuales son actuaciones de emergencia para evitar el colapso. Pero a partir de ahí habrá que ir configurando otro futuro, más estable, fundado en otro estilo de capitalismo en el que el sistema financiero ocupe un papel de apoyo y no de motor. Y en el que el cálculo del crecimiento incluya una contabilidad ecológica y social no sólo monetaria. En donde la regulación de la economía esté en manos de una administración transparente y participativa en la que los ciudadanos puedan depositar la confianza que ahora han perdido en relación con sus bancos. Esta semana el principal semanario de Estados Unidos, Newsweek,titulaba su portada con un provocador “Ahora somos todos socialistas”. Tampoco es eso, porque el socialismo real fue todavía más destructor e inestable y los socialistas pragmáticos en el poder en Europa también se montaron alegremente en el desenfreno financiero y en la creencia ideológica en un mercado milagrero. Eso sí, con Estado de bienestar y redistribución de riqueza por vía fiscal.

Pero ese modelo tampoco puede funcionar, porque no se acumula suficiente capital para subvencionar un paro del 20% o más durante un periodo indefinido. Y el endeudamiento público para financiar el colchón anticrisis se hará insostenible. De hecho, la Comisión Europea ya está expedientando a España por superar ampliamente los límites permisibles de endeudamiento. De modo que sabemos de dónde salimos pero no adónde vamos. Lo único seguro es que su consumo de bienes y servicios bajará y su tiempo para vivir aumentará. A condición de que no se haya olvidado de vivir y no le atenace la angustia de cómo salir del entramado de deuda en el que perdió sus mejores años. Después de la crisis económica, la esperanza de una nueva cultura.

Fuente: Diario La Vanguardia
Manuel Castells en Wikipedia

¿Quién pagará la crisis?, por Sami Naïr

La actual tendencia de fondo prepara un cruel porvenir para los más débiles

¿Quién pagará las consecuencias de la crisis? No es una pregunta abstracta, sino central. Conocemos a los culpables de la crisis: mercados financieros ultraespeculativos en los que manipuladores sin escrúpulos y accionistas codiciosos invierten con frecuencia, banqueros sospechosos, que son minoría en el oficio pero que le causan un gran daño, un sistema monetario desconectado de la actividad productiva, etc. Quienes tenían un sentido mínimamente realista de la economía sabían desde hacía tiempo que este sistema iba a reventar. ¿Pero quién les escuchó? Ya se anuncia en todo el mundo uno de los mayores signos del paso de la recesión a la depresión: el aumento de las reivindicaciones salariales y de la pobreza. ¿Qué hacer con este sistema que ha provocado el caos, después de haber pretendido ser en estos últimos decenios el mejor y el único? Hay varias propuestas y una tendencia de fondo que se perfila.

De acuerdo con estas propuestas, unos dicen que hay que restablecer el vínculo entre la producción y los mercados financieros para evitar las huidas especulativas. Son los de la escuela de la racionalización y del buen sentido. Otros creen que esta crisis pasará rápidamente pero que hay que aprovechar el momento para instaurar reglas éticas con el fin de perseguir a los tramposos. Estos pertenecen a la escuela de los ingenuos. Otros, más numerosos y más rigurosos, llaman a instaurar reglas draconianas para encuadrar el mercado y proteger el interés general. Están, por último, quienes defienden dos posiciones simétricas pero totalmente opuestas. Por un lado, los que dicen que la crisis es debida al intervencionismo estatal. Éste es el punto de vista surrealista de algunos banqueros y de los herederos de Margaret Thatcher. Y, por el otro, los que sostienen que el sistema capitalista ha fallecido de muerte natural, y que hace falta una salida hacia un nuevo sistema económico, ecológico y duradero.

Estas posturas diversas pueden coincidir y mezclarse a veces, aunque definen bien el campo de posibilidades actual. La única certeza que tenemos es que no sabemos adónde vamos, y que las elites políticas se muestran incapaces de hacer otra cosa que no sea gobernar a ojo. Impotencia tanto más angustiosa en cuanto la actual tendencia de fondo prepara un cruel porvenir para los más débiles. Porque el dinero que reparte el Estado en forma de recapitalización de los bancos aparentemente no sirve para atajar la crisis. Los bancos no dan préstamos ni a las pequeñas ni a las medianas empresas, las cuales podrían crear empleos, ni a los particulares, quienes podrían relanzar la máquina productiva con el consumo. De ahí a suponer que aquéllos se sirven en realidad del dinero de los contribuyentes para reflotar sus propias capacidades competenciales, sólo hay un paso...

Naturalmente la única manera de evitar esta cínica manipulación sería que, a cambio de su ayuda, el Estado pidiera estar en los consejos de administración de estas instituciones para controlar el uso del dinero prestado. E incluso, en el caso de los bancos y las agencias más vulnerables, nacionalizarlas, perspectiva que muchos se plantean seriamente en EE UU y Reino Unido.

Los mercados financieros, que son los responsables de la crisis, quieren, sin embargo, una mayor "flexibilidad " del mercado laboral, lo que ante todo significa el derecho a contratar y despedir a su gusto, luego recortar los derechos sociales, y finalmente bajar los salarios en un contexto de escasez de empleo y de fuerte competencia entre los asalariados. En definitiva, las recetas ultraliberales de la escuela de Milton Friedman que prevalecían bajo el régimen de Pinochet, y que existen hoy en muchos sectores de actividad en China. Naturalmente, semejante terapia lleva inevitablemente a la explosión social. La Organización Internacional del Trabajo prevé en su último informe, cerca de 240 millones de desempleados en 2009, es decir, 51 millones más que en 2007, lo que llevará a un incremento de la pobreza. El mismo informe sostiene que España será la más afectada en Europa, ya que su tasa de desempleo podría pasar del 11,3 % a más del 16 %.

Es probable que estemos en el ojo del huracán, pero lo peor está aún por llegar. ¿Cuánto tiempo durará esto? Nadie lo sabe. La reunión del G20 prevista en Londres a principios de abril debería ofrecer pistas sobre los caminos a seguir. Pero está claro que no se podrá salir de la crisis sólo en detrimento de las clases asalariadas. Lo que es seguro, en cambio, es que si los gobiernos, a expensas del interés general, toman de manera conjunta y coordinada las decisiones impuestas a regañadientes, las calles se llenarán de manifestantes y eso, sea cual sea el resultado de las elecciones.

Fuente: Diario El País. Traducción de M. Sampons.

Sami Naïr es catedrático de Ciencias Políticas, profesor invitado de la Universidad Carlos III. Más información de Sami Naïr en Wikipedia

Éste es tu cerebro en éxtasis, por Matthieu Ricard

A la izquierda, Matthieu Ricard, dejó su carrera como genetista celular hace casi 40 años para estudiar budismo. Él es el intérprete al francés del Dalai Lama, a la derecha. 

Luego de 2000 años de práctica, los monjes budistas saben que uno de los secretos para la felicidad es simplemente fijar tu mente en ella.

¿Qué es la felicidad, y cómo podemos conseguirla?

La felicidad no puede reducirse a unas pocas sensaciones gratas. Más bien, es una forma de ser y de experimentar el mundo, una profunda satisfacción que infunde cada momento y perdura a pesar de las inevitables adversidades.

Los caminos que tomamos en la búsqueda de la felicidad a menudo nos llevan, en cambio, a la frustración y al sufrimiento. Tratamos de crear las condiciones externas que, creemos, nos harán felices. Sin embargo, es la mente misma la que traduce las condiciones externas en felicidad o sufrimiento. Es por eso que podemos ser profundamente infelices a pesar de "tenerlo todo"—riqueza, poder, salud, buena familia, etc.—y, a la inversa, podemos permanecer fuertes y serenos en la adversidad.

La auténtica felicidad es una forma de ser y una habilidad a ser cultivada. Cuando recién empezamos, la mente es susceptible e indómita, al igual que la de un mono o un niño inquieto. Se necesita práctica para lograr paz y fuerza interior, amor altruista, templanza y otras cualidades que conducen a la auténtica felicidad.

Su Santidad el Dalai Lama a menudo enseña que, si bien existen limitaciones a la cantidad de información que uno puede aprender y a nuestro desempeño físico, la compasión se puede desarrollar ilimitadamente.

Practicar felicidad

No es difícil empezar. Sólo tienes que sentarte de vez en cuando, dirigir la mente hacia dentro, y dejar que tus pensamientos se calmen.

Enfoca tu atención en un objeto determinado. Puede ser un objeto en tu habitación, tu respiración o tu propia mente. Inevitablemente, tu mente vagará cuando lo hagas. Cada vez que lo haga, gentilmente llévala otra vez hacia el objeto de concentración, como una mariposa que regresa una y otra vez a una flor.

En la frescura del momento presente, el pasado está ausente, el futuro no ha nacido todavía, y, si uno permanece en una atención y libertad puras, los pensamientos inquietantes surgen y se van sin dejar rastro. Esto es la meditación básica.

La conciencia pura sin contenido es algo que todos los que meditan regular y seriamente han experimentado, no es sólo una especie de teoría budista. Y cualquier persona que se tome la molestia de estabilizar y aclarar su mente será capaz de experimentarla también. Es a través de este aspecto no condicionado de la conciencia que podemos transformar el contenido de la mente a través del entrenamiento.

Pero la meditación también significa cultivar cualidades humanas básicas, tales como la atención y la compasión, y fomentar nuevas maneras de experimentar el mundo. Lo que realmente importa es que una persona cambia paulatinamente. A lo largo de meses y años, nos volvemos menos impacientes, menos propensos a la ira, menos desgarrados entre esperanzas y temores. Se vuelve inconcebible dañar voluntariamente a otra persona. Desarrollamos una inclinación hacia un comportamiento altruista y al conjunto de cualidades que nos dan los recursos para hacer frente a los vaivenes de la vida.

El punto aquí es que puedes observar tus pensamientos, incluyendo a las emociones fuertes, con una atención pura que no está asociado con los contenidos de los pensamientos.

Tomemos el ejemplo de la ira maligna. Usualmente nos identificamos con la ira. La ira puede llenar nuestro paisaje mental y proyectar su realidad distorsionada sobre personas y eventos. Cuando estamos abrumados por la ira, no podemos disociarnos de ella. Perpetuamos un círculo vicioso de aflicción reavivando la ira cada vez que vemos o recordamos a la persona que nos hace enojar. Nos volvemos adictos a la causa del sufrimiento.

Pero si nos disociamos de la ira y la miramos con atención, aquel que es consciente de la ira no está enojado, y podemos ver que la ira es sólo un montón de pensamientos. La ira no corta como un cuchillo, ni quema como el fuego ni aplasta como una roca; no es nada más que un producto de nuestras mentes. En vez de “ser” la ira, entendemos que no somos la ira, del mismo modo en que las nubes no son el cielo.

Entonces, para manejar la ira, evitamos dejar a nuestra mente saltar una y otra vez sobre el gatillo de nuestra ira. Entonces miramos a la propia ira y mantenemos nuestra atención en ella. Si dejamos de añadir leña al fuego y sólo observamos, el fuego se extinguirá. Del mismo modo, la ira desaparecerá, sin reprimirla forzadamente ni dejarla explotar.

No es cuestión de no experimentar emociones; es cuestión de no ser esclavizados por ellas. Deja que surjan emociones, pero permítales ser libres de sus componentes aflictivos: distorsión de la realidad, confusión mental, aferramiento y sufrimiento para uno mismo y los demás.

Hay una gran virtud en descansar de vez en cuando en la conciencia pura del momento presente, y en ser capaces de invocar este estado cuando las emociones aflictivas surgen para no identificarnos con ellas ni ser influenciados por ellas.

Es difícil al principio, pero se vuelve bastante natural a medida que te familiarizas cada vez más con este enfoque. En cualquier momento en que la ira surge, aprendes a reconocerla inmediatamente. Si conoces a alguien es un carterista, incluso si se entremezcla en la multitud, lo divisarás inmediatamente y mantendrás un ojo cuidadoso sobre él.

Interdependencia

Así como puedes aprender a lidiar con pensamientos angustiantes, puede aprender a cultivar y mejorar los saludables. Estar lleno de amor y bondad da lugar a una manera óptima de ser. Es una situación ganar-ganar: disfrutarás de un bienestar duradero para ti mismo, actuarás de manera altruista hacia los demás, y serás percibido como un buen ser humano.

Si el amor altruista se basa en una comprensión de la interdependencia de todos los seres y de su natural aspiración de felicidad, y si este amor se extiende con imparcialidad a todos los seres, entonces es una fuente genuina de felicidad. Actos de amor desbordante, de pureza, de generosidad desinteresada, como cuando haces feliz a un niño o ayudas a alguien necesitado, aunque nadie se entere de lo que has hecho, generan una realización profunda y reconfortante.

Las cualidades humanas a menudo vienen en grupos. El altruismo, la paz interior, la fuerza, la libertad y la felicidad verdadera prosperan juntas como las partes de una fruta nutritiva. Del mismo modo, el egoísmo, la enemistad y el miedo crecen juntos. Así, aunque ayudar a otros puede no ser siempre “placentero”, esto conduce a la mente a una sensación de paz interior, valentía y armonía con la interdependencia de todas las cosas y los seres.

Los estados mentales angustiantes, por otro lado, empiezan con el egocentrismo, con un incremento en la brecha entre uno mismo y los demás. Estos estados están relacionados con la excesiva auto-importancia y el egocentrismo asociados con el miedo o el resentimiento hacia los demás, y con la caza de cosas exteriores como parte de una desesperada búsqueda de una felicidad egoísta. Una búsqueda egoísta de la felicidad es una situación perder-perder: te haces a ti mismo miserable y haces miserables a los demás también.

Los conflictos internos están vinculados a menudo con la excesiva reflexión sobre el pasado y en la anticipación del futuro. No estás prestando atención realmente al momento presente, sino que estás concentrado en tus pensamientos, en un círculo vicioso, alimentando tu egocentrismo.

Esto es lo contrario a la atención pura. Volver tu atención hacia dentro significa mirar a la conciencia pura en sí misma y habitar sin distracciones, sin esfuerzos, en el momento presente.

Si cultivas estas habilidades mentales, después de un tiempo ya no necesitarás aplicar esfuerzos artificiosos. Puedes lidiar con perturbaciones mentales, así como las águilas que veo desde la ventana de mi monasterio en el Himalaya lidian con los cuervos. Los cuervos a menudo las atacan, lanzándose sobre las águilas desde arriba. Sin embargo, en lugar de hacer toda clase de acrobacias, el águila simplemente retrae un ala en el último momento, deja pasar al cuervo en picada, y luego extiende su ala otra vez. Todo esto requiere un esfuerzo mínimo y causa poca perturbación.

Estar experimentado en lidiar con el repentino surgimiento de las emociones en la mente funciona de manera similar.

He tratado con el mundo de las actividades humanitarias por un número de años desde que decidí dedicar la totalidad de las regalías de mis libros a 30 proyectos sobre educación y salud en el Tíbet, Nepal e India, con un grupo de voluntarios dedicados y de filántropos generosos. Es fácil de distinguir cómo la corrupción, los enfrentamientos de egos, la empatía débil, el desánimo, pueden infestar el mundo humanitario. Todo esto se origina en una falta de madurez. Así que las ventajas de invertir tiempo en desarrollar el altruismo humano y la valentía compasiva son obvias.

La fragancia de la paz

El momento más importante para meditar o hacer otros tipos de prácticas espirituales es temprano en la mañana. Fijas el tono para el día y la “fragancia” de la meditación permanecerá y dará un perfume particular al día entero. Otro momento importante es antes de quedarse dormido. Si claramente generas un estado positivo de la mente, lleno de compasión o altruismo, esto le dará una calidad diferente a la noche entera.

Cuando la gente experimenta “momentos de gracia” o “momentos mágicos” en la vida diaria, mientras caminan en la nieve bajo las estrellas o pasando un hermoso momento con amigos queridos en la playa, ¿qué está pasando realmente? De repente, han dejado atrás su carga de conflictos internos.

Se sienten en armonía con los demás, con ellos mismos, con el mundo. Es maravilloso disfrutar plenamente estos momentos mágicos, pero también es revelador entender por qué se sienten tan bien: la pacificación de los conflictos internos, un mejor sentido de interdependencia con el todo en vez de fragmentar la realidad y un descanso de las toxinas mentales de agresión y obsesión. Todas estas cualidades pueden ser cultivadas mediante el desarrollo de la sabiduría y la libertad interior. Esto dará lugar no sólo a unos pocos momentos de gracia, sino a un duradero estado de bienestar que podemos llamar verdadera felicidad.

En este estado, los sentimientos de inseguridad gradualmente dan camino a una profunda confianza de que puedes enfrentar los altibajos de la vida. Tu ecuanimidad te salvará de ser dominado, como la hierba de montaña en el viento, por cada posible alabanza y culpa, ganancia y pérdida, bienestar y malestar. Siempre puedes recurrir a la profunda paz interior, y las olas en la superficie no parecerán amenazantes.

La meditación budista puede no ser lo primero que viene a la mente cuando piensas en una prisión de alta seguridad. Para 36 reclusos de la Correccional Donaldson de Alabama, un curso de meditación riguroso y silencioso de nueve días en 2002 les dio las herramientas para echar una profunda mirada en sus vidas, y para conectarlos con su humanidad en el deshumanizante establecimiento penitenciario. Muchos han continuado meditando, y se identifican como miembros de una comunidad, “The Dhamma Brothers”. Ese es también el nombre de una colección de sus cartas a la organizadora del taller Jenny Phillips, en la cual describen el profundo impacto que la meditación ha tenido en sus vidas.

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Cuando Matthieu Ricard medita, su mente se llena de compasión infinita. Esa es su experiencia.

Cuando el Dr. Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin usó imágenes de resonancia magnética para mirar el cerebro de Matthieu Ricard vio una corteza prefrontal—la parte del cerebro asociado con la felicidad y otras emociones positivas—iluminada de una manera nunca antes visto por los investigadores.

Ricard, un doctor en filosofía, genetista y monje budista que ha estado meditando por décadas, tenía una actividad de onda que se salía del gráfico, la cual corresponde al pensamiento concentrado. Davidson experimentó con otros 30 monjes budistas y obtuvo resultados similares. El examen de otros 150 sujetos no mostró tales patrones, aunque sí mostró cambios de bajo nivel entre los sujetos que habían sido entrenados recientemente en técnicas de meditación.

Foto por Waisman Brain Imaging Lab, University of Wisconsin

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Matthieu Ricard escribió este artículo para Felicidad Sostenible, la edición del invierno 2009 de YES! Magazine. Matthieu Ricard es autor de siete libros, incluyendo “Felicidad: Guía para desarrollar la habilidad” más importante de la vida. Vive en el monasterio Shechen en Nepal, recorre el mundo para Karuna-shechen (www.karuna-shechen.org) y realiza un retiro solitario anual en el Himalaya.


Fuente: YES! Magazine

20/2/09

"El hombre de hoy sigue siendo un esclavo". Entrevista a Claudio Naranjo

A sus 76 años, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo es considerado como uno de los maestros contemporáneos en vida. Profesor de una docena de prestigiosas universidades de todo el mundo y doctor honoris causa por la italiana de Udine, es autor, entre otros ensayos, de Carácter y neurosis y Cambiar la educación para cambiar el mundo. También es el fundador del programa Searchers After Truth (SAT), orientado a promover el autoconocimiento y el desarrollo personal, integrando herramientas y disciplinas occidentales y orientales. Naranjo ha sido invitado recientemente por Esade para reflexionar sobre cómo impulsar una formación más humanista como respuesta a la deshumanización de las empresas y de la sociedad.

Pregunta. ¿Cómo es posible que se deshumanicen los seres humanos?

Respuesta. Cada ser humano cuenta con dos fuerzas antagónicas en su interior. Uno es el falso yo, más conocido como ego o personalidad, relacionado con la ignorancia, la inconsciencia, el egocentrismo, la insatisfacción y el miedo. El otro es el verdadero yo, nuestra verdadera esencia y que está conectado con la sabiduría, la consciencia, el bienestar y el amor incondicional. Cualquier persona que no esté en contacto con su esencia está en vías de deshumanizarse, pues poco a poco va olvidando y marginando sus verdaderos valores, lo que repercute en su forma de pensar, vivir y relacionarse con los demás.

P. ¿Cómo se sabe que una persona vive identificada con su ego?

R. Es fácil: en primer lugar, porque a pesar de hacer y tener de todo siente un vacío en su interior, como si le faltara algo esencial para vivir en paz. De tanto dolor acumulado, finalmente se desconecta de su verdadera humanidad. Desde el ego, las personas actúan movidas por el miedo y la necesidad de supervivencia física y emocional. Su objetivo es conseguir que la realidad se adapte a sus deseos, necesidades y expectativas egoístas, lo que les lleva a vivir una vida marcada por el sinsentido, el malestar y la necesidad constante de evasión y narcotización de sí mismos.

P. ¿Por qué prevalece la deshumanización de las empresas y de la sociedad?

R. Porque llevamos muchas décadas condicionando a los seres humanos con falsas creencias sobre quiénes son y cuál es su relación con el mundo. Debido a la ignorancia ha prevalecido el ego, desde el que se ha construido una sociedad competitiva, agresiva, avariciosa, superficial, insatisfecha, vacía y ambiciosa, que a su vez sigue condicionando a las nuevas generaciones para preservar el establishment.

P. ¿A qué se refiere?

R. El mundo se ha convertido en un negocio en manos de las grandes corporaciones. Debido al sistema monetario, todas las instituciones funcionan bajo un mismo principio creador: su propia supervivencia. Tanto los Gobiernos como las entidades financieras, las empresas y las instituciones religiosas, que tanta influencia tienen en la sociedad, están orientadas a optimizar sus recursos para tener el mayor lucro posible. El bienestar de la humanidad y del medio ambiente les trae sin cuidado porque no es rentable.

P. De ahí la dificultad de tener verdaderos líderes humanistas...

R. Exacto. A la maquinaria del sistema monetario sólo le interesa que las cosas sigan como están, incluyendo los 40 conflictos armados existentes hoy y que tanto dinero generan a la industria armamentística mundial. Por eso, líderes como los hermanos Kennedy, Gandhi, Luther King y tantos otros fueron asesinados. Los que tienen el poder tan sólo están interesados en continuar teniéndolo, y para eso necesitan seguir esclavizando a los pueblos por medio de la deuda y los intereses bancarios, que impiden que la humanidad salga de este círculo vicioso.

P. ¿Y cuál es su propuesta?

R. Un cambio radical en el proceso de formación humano. Ahora prevalece el condicionamiento egoico, que provoca que el hombre siga siendo un esclavo. En cambio, una educación basada en nuestra verdadera naturaleza potencia el desarrollo de nuestra conciencia, lo que nos libera de las falsas creencias acumuladas por el ego y que tanto limitan nuestra existencia. La crisis económica tan sólo pone de manifiesto nuestra crisis de conciencia. Es un indicador de que algo está funcionando muy mal.

P. Usted suele hablar de "la búsqueda de la verdad"...

R. Todos los grandes sabios de la humanidad, como Buda, Lao Tse, Jesucristo o Sócrates, han dicho lo mismo: el sentido de la vida es aprender a trascender nuestro egoísmo y egocentrismo para que podamos ver a los demás y al medio ambiente que nos rodea como parte de nosotros mismos. No existe la fragmentación, sólo la unidad: todos somos uno. Buscar la verdad implica cuestionar el condicionamiento sociocultural recibido para recuperar el contacto con nuestra verdadera naturaleza. No es ningún síntoma de inteligencia adaptarse a una sociedad como la actual, profundamente enferma. El líder que las empresas necesitan para mejorar la realidad debe ser, ante todo, un hombre consciente, libre y sabio. -

Fuente: Diario El País

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La filosofía puede ayudarnos, por Leonardo Boff

Paul Krugman, premio Nóbel de economía 2008 y uno de los más agudos críticos de la evolución de la economía mundial, escribió recientemente en un editorial del New York Times que los próximos tres a cuatro meses serán posiblemente los más importantes de toda la historia de Estados Unidos. Yo añadiría que tal vez los más importantes para el futuro de toda la humanidad. Es el momento de definir el curso de las cosas. De repente, la humanidad se ve ante la pregunta que tuvo una enorme resonancia en el Foro Social Mundial de Belém: «¿cómo construir una sociedad en la cual todos podamos vivir juntos, naturaleza incluida, en este pequeño y ya viejo planeta?».

La cuestión es demasiado grave para dejarla únicamente en manos de los economistas. En lo que afecta a todos, todos tienen derecho a manifestarse y ayudar a decidir.

En los medios intelectuales crece la convicción de que el paradigma de la modernidad occidental, hoy globalizado, ha entrado en crisis por agotamiento propio y por efecto de la implosión. Es semejante a un árbol que ha llegado a su clímax y entonces cae fatalmente por haber agotado su energía vital. Así, digamos su nombre, el capitalismo ha alcanzado su fin en un doble sentido: fin como realización de sus virtualidades y fin como término final y muerte.

Lógicamente si seguimos las discusiones internas de los grupos organizados por la ONU -con nombres notables como Stiglizt, premio Nóbel de economía, y otros- para pensar alternativas a la crisis, nos damos cuenta de la perplejidad general. La tendencia es a reanimar a un moribundo con el neo-keynesianismo, forma suave del neoliberalismo, con una presencia más orgánica del Estado en la economía. Otros intentan la vía del ecosocialismo muy presente en el FSM de Belém. Es una opción prometedora, pero todavía no ha dado, a mi modo de ver, el giro completo que implica una nueva concepción de la Tierra como Gaia y la superación del antropocentrismo, confiriendo también ciudadanía a la naturaleza. Quieren, con razón, un desarrollo ecológicamente respetuoso de la naturaleza, pero todavía en el marco del desarrollo. Ahora bien, ya conocemos la lógica voraz del desarrollo. O mejor, necesitamos más una retirada sostenible que un desarrollo sostenible. Sería el comienzo de la realización del ecosocialismo.

Es decir, con los recursos técnicos, financieros y con la infraestructura material creada por la globalización, tendríamos posibilidades de socializar un modo de vida sostenible para todos. La Tierra, puesta en descanso sabático, podría autorregenerarse y sostenernos a todos. Viviríamos más, con menos. Pero, como somos culturalmente bárbaros y éticamente sin piedad, no estamos tomando esta decisión política. Preferimos tolerar que mueran millones antes que cambiar de rumbo. Y así, gayamente, continuamos consumiendo sin conciencia de que bien pronto, por delante, nos espera un abismo.

Podemos y merecemos un destino mejor. Éste no sólo es posible, sino necesario. Y es aquí donde los filósofos pueden ayudarnos. Hace decenas de años muchos de ellos vienen afirmando que la excesiva utilización de la razón en función del lucro y de la mercantilización de todo, a costa del saqueo de la Tierra, nos ha llevado a la crisis actual. Para recuperar la salud de la razón necesitamos enriquecerla con la razón sensible, estética y cordial, en la cual se fundamenta la ética, y con una visión solidaria de la vida. Es lo que más se adecúa a la nueva fase del encuentro de culturas y de unificación de la historia humana. O proseguiremos por un camino trágico y sin retorno.

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor
Fuente: Koinonia

19/2/09

Deciden ellas, por Koldo Aldai

La nueva legislación española sobre la interrupción del embarazo que se tramita en el Congreso de los Diputados saca de nuevo este debate a la calle. Una vez más políticos y religiosos se apresuran a dictaminar sobre un tema que en más de un aspecto escapa a su dominio. El Estado cumple con su cometido al legislar sobre las facilidades médicas y sanitarias a conceder en el aborto, en función del sentir mayoritario de la ciudadanía, pero deberá abstenerse de penalizarlo en cualquiera de los casos. Son ellas, las madres, las que deciden…

A mayor deber, mayor derecho. La vida no tiene dueño, pero ellas la alumbran. El feto se aloja en su fascinante cueva, toma posesión de sus amorosas entrañas. Si el compañero falla, de ella será en última instancia el compromiso, de ella ha de ser también la última decisión. A nosotros nos toca cuidar y honrar a las madres, a las compañeras y a quienes traen en su seno. A nosotros nos tocará servir incondicionalmente, apostar fuerte para que la criatura asome la cabeza en ese mágico instante de gloria, preparar la fiesta de la vida una y otra vez renovada…

Nosotros aportamos semilla, pero son ellas quienes la acogen en su seno, quienes la hacen suya, quienes la cuidan, la gestan y fructifican… Se fundirán en uno y ella se dará por entero: sangre de su sangre, carne de su carne. Ella también anunciará el mundo a la criatura. La cantará, la arrullará hasta que, un día con forma ya humana, la dará a la luz. Pero la fiesta habrá de ser siempre en libertad.

Ellas deciden. Son ellas las que acogen el latido y las que lo sostendrán hasta que cobre autonomía. A nosotros nos toca apoyar más que nunca a la compañera, ocupar la cabecera en el brotar del ser a los nueve meses, pero deberemos respetar la sagrada voluntad de la madre.

Será precisa una educación que ponga más énfasis en la enorme responsabilidad que comporta el acto sexual, que en el “todo vale” de un libertinaje tan extendido. Será preciso que nuestra sociedad hedonista y desnortada empiece a inculcar a l@s jóvenes que el placer ha de ir unido al amor y el amor entraña también compromisos y deberes…

Honremos, cantemos a la vida en todas sus formas y colores, en todas sus manifestaciones. Protejamos la vida que surge en el seno de la madre, honremos también el valor de la libertad inalienable. Hagamos los posibles y los imposibles para que no se consuma ningún aborto. Creemos las circunstancias adecuadas para que ninguna mujer se vea abocada a adoptar tan triste decisión; pero respetemos la última palabra de ellas. Que ningún togado, ni purpurado se interponga en tan íntimo dilema.

Tan sagrada como la vida que lleva la madre en su seno es su libertad a salvaguardar. Las gentes, los pueblos, las naciones, las humanidades… sólo pueden crecer y evolucionar en un ambiente de plena y absoluta libertad. La libertad es el aire de las almas que pujan por alcanzar su más alto grado de realización.

Como es al principio es al final. En el alba y al anochecer respetemos siempre voluntades. No procede prolongar el último latido a fuerza de máquinas. Dicen los expertos que la tecnología médica actual permite mantener vivos a los enfermos vegetativos durante decenios. Eluana era sólo una de las 2.000 personas que en Italia están hoy en día en esa lamentable condición. A menudo se alarga la vida a costa de la dignidad. A menudo olvidamos que el alma retorna, más pronto que tarde, con otro vestido corporal, con otra canción de cuna en su oído, pero con un mismo anhelo de seguir creciendo.

No hay, por lo tanto, último latido para el alma, pero la Iglesia se sigue empeñando en que no callen los corazones. Ya puede estar el corazón envuelto en una ruina vegetal, que ese músculo deberá seguir ejercitándose por encima de todo. El Vaticano se niega a comprender que puede ser más cristiano desconectar un sonda que mantenerla conectada sin ninguna esperanza de que el paciente recobre siquiera facultades mentales.

Al atardecer junto al bosque del lago de Bushulo en las afueras de la gran ciudad etíope de Awasa, entre la sinfonía de los abundantes pelícanos, se puede escuchar a menudo el lloriqueo de los bebés recién nacidos abandonados por sus jóvenes madres. Ellas saben que las hermanas franciscanas que regentan un hospital contiguo se pasearán por el bosque y se harán cargo de ese gemido.

En la propia ciudad de Awasa, en Adis Abeba, la mujer que alberga vida en su seno pero que no tiene ni recursos, ni condiciones para alumbrar, sabe que hay una puerta que se les abrirá cuando la criatura que lleva dentro reclame el sol. Sabe que allí podrá dar a luz asistida y en paz, que podrá estar por tres meses con todas sus necesidades y las de la criatura cubiertas. A la entrada del pabellón de las Misioneras de la Caridad, nadie les preguntará por lo que no quieren, mucho menos aún por un dinero que no llevan en su bolsillo.

Hay una Iglesia silenciosa que puja realmente por la vida y su continuidad. Me quedo con esa Iglesia con rostro de mujer que se pasea por las barriadas pobres de tantos lugares del mundo, atenta a la madre desvalida para sostenerla, para ayudarla, para preservar la vida que lleva en su seno; que deambula por los bosques de niñ@s abandonad@s atentas al primer gemido. Me cuesta más acercarme a esa otra Iglesia con rostro de cardenales, más lejana al gemido, más presa de una nostalgia del poder del pasado, una Iglesia que sigue cercenando libertades ajenas y que se otorga facultades que Dios no le ha dado.

La asignatura pendiente de la jerarquía eclesiástica es asumir el valor excelso de la libertad. La vida es sagrada, pero ésta sólo puede desarrollarse en el marco de la suprema libertad.

Nada parece turbar el pulsar de los mares cuyo ritmo dicen que dictan los astros. Las olas nos hablan de la vida, que se pliega y repliega sobre la arena de los días. Viene y va, mas nunca se extingue. La vida humana puja también, impelida por el viento del amor y el deseo, hasta que nace a la luz y se consagra. Confiemos en la continuidad de la vida. Al igual que la ola cogerá otra forma, pero, no nos quepa duda, siempre, siempre retorna, siempre explota…

Fuente: Koldo Aldai
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