2/10/07

Budismo y compromiso político



Respuesta dada por Lama Shenpen a una pregunta de un estudiante sobre la actitud budista ante los acontecimientos de Birmania.

En los últimos días he recibido varios mensajes electrónicos sobre la situación en Birmania (Myanmar) y varias oportunidades para firmar peticiones. Espero que muchos de vosotros también hayáis recibido lo mismo. Si no es así y queréis firmar una petición budista, poneos en contacto con shrimala@ahs.org.uk para pedirle los detalles. También he recibido un mensaje electrónico del Sakyong (hijo de Trungpa Rimpoché) en el que nos invita a unirnos a él y a su sanga en las plegarias por el pueblo de Myanmar en este momento tan peligroso.

Del mismo modo que tenemos que pensar en lo que podemos hacer para mostrar nuestro apoyo al pueblo de Birmania (Myanmar), tenemos que pensar en la situación del Tíbet. Si queréis detalles sobre cómo hacer constar vuestra protesta y saber qué peticiones budistas hay actualmente, Gail Stuart es nuestro representante en la Red de Organizaciones Budistas del Reino Unido (Network of Buddhist Organisations, NBO) y puede informaros de las últimas noticias sobre esa cuestión (gails@ahs.org.uk).

Aquí, en la Ermita,[1] hace unos años que dedicamos el mérito todos los días para Aung Suu Kyi. Una de las razones es que Aung Suu Kyi y yo fuimos amigas cuando ambas estábamos en Oxford. Su marido, el difunto Michael Aris, enseñaba tibetano en la Universidad. Siempre me impresionaron ella y su dedicación a su país, y fue increíble cuando esta pequeña y hermosa mujer, que era más bien retraída, una sencilla ama de casa del norte de Oxford, se convirtió de pronto en la dirigente de la oposición en Birmania. Hizo enormes sacrificios por su país y aun así, hace poco, la oí decir en un programa de radio que se sentía afortunada en comparación con sus compañeros en la lucha por la libertad. Dijo algo así como: «Por lo menos, yo siempre supe que mi familia estaba a salvo en Gran Bretaña, aunque no pudiera estar con ellos. Mis amigos, en cambio, tenían que afrontar la perspectiva de que sus familias sufrían severos castigos por cualquier acción que emprendían contra el régimen, incluso hasta el punto de ser asesinados y torturados.»

Me pareció profundamente aleccionador. Sea lo que sea lo que va mal en este país, no tenemos que enfrentarnos a ese tipo de dilema moral, ¿verdad? Nos quejamos del materialismo y de la ausencia de valores en este país, pero la mayoría de nosotros no vivimos una situación de este tipo, ¿verdad? Creo que tendemos a dar por supuesto excesivamente nuestra democracia.

Hace poco, cuando estaba en Seattle visitando a Khenpo Rimpoché, Pönlop Rimpoché dijo que se preguntaba cuál era el resultado kármico de no votar en una democracia. Se preguntaba cuál era el resultado kármico de no haber hecho como mínimo un voto de protesta contra la guerra de Irak. Éramos libres de hacerlo, pero si no lo hicimos, cuando nuestro gobierno atacó Irak en nuestro nombre, somos en cierta medida responsables. El acto de voluntad de no asumir la debida responsabilidad de las cosas genera karma. No podemos escapar de ese karma con pretextos. ¿Cuál fue el acto de la voluntad que hizo que no votásemos? ¿Fue ignorancia? ¿Fue hacer caso omiso, deliberadamente, de nuestras responsabilidades?

La gravedad de un acto kármico depende en parte del motivo, en parte de la acción y en parte del efecto de esa acción.

Es importante que, como budistas, no creamos que hacer caso omiso de lo que sucede es de algún modo una expresión de nuestro compromiso con la paz. Si hace falta una respuesta activa, entonces, como budistas, tenemos que estar dispuestos a responder con valentía y determinación. El no esfuerzo no significa inacción y pasividad, apatía o indiferencia. Significa responder desde nuestro corazón sin implicar al ego.

Lama Shenpen Hookham

[1] N. de la T.: La Ermita del Corazón Despierto (Hermitage of the Awakened Heart), en el norte de Gales, es el lugar de residencia de Lama Shenpen Hookham y de parte de su sanga.


Fuente: Tiburcio Samsa. La traducción es de Berna Wang.

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Cristóbal Cervantes
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