3/10/07

“Altas verjas, mayores esperanzas”, por Koldo Aldai



Breve crónica del Encuentro “Espiritualidades - éticas y lucha por la justicia global”
Ceuta, 28-30 septiembre 2007


El balanceo del barco rumbo a Algeciras ayuda a recolocar los recuerdos de un intenso encuentro que ha logrado concitar a alrededor de 350 almas en la ciudad de Ceuta, a orillas del Mediterráneo más occidental. La mente va poniendo orden en el desconcierto: quedan los muros y alambradas, queda la panorámica lacerante de tantos kilómetros de vallas y espinos, pero sobre todo queda el dique humano ante el abuso, el panorama más alentador y emancipador de los corazones y voluntades tomados de las manos, queda la seguridad de un nuevo orden mundial en marcha.



Queda el recuerdo de una frontera cruel entre el Norte y El Sur, queda el calor solidario de tantos hermanos que no creen en las fronteras.

Queda el eco de “Habrá un día en que todos…” entonado con la fuerza de todos los presentes, a la vera de la valla de seis metros de altura que divide humanidades.

Queda el recuerdo de los fuertes aplausos que se granjearon los hermanos de Bangladesh que salieron de su agujero en la montaña y se plantaron ante el aforo, frente las propias autoridades que les perseguían y en un español aprendido en fugaces contactos, entre lágrimas de emoción pedían apoyo para no ser repatriados, confesaban que urgían saltar a la península, trabajar y enviar dólares a su país tan castigado.

Queda la memoria de las mujeres de Dignum de Ceuta, que atraviesan los muros más colosales del recelo y prejuicio y llevan la tabla de multiplicar y el abecedario a las mujeres marroquíes, y abrigo, sopa y futuro a las niños de la calle; recuerdo también de la gente de Elín de la misma ciudad que llevan más de ocho años acogiendo sin preguntar nombre, ni pedir papeles.

Queda la voz valiente de la mujer senegalesa, Yaye Bayem Diouf, presidenta de las madres y viudas de los cayucos, cuyo hijo se llevó las aguas cuando su frágil embarcación navegaba hacia las lejanas costas de la “prosperidad”. Queda su coraje que ahogó la angustia, su fuerza que venció el desespero y que le empujó a organizar la asociación “Retorno, trabajo y unidad” para que ya ninguna madre contribuya con su escaso dinero a financiar la travesía de la muerte.

Quedan las palabras proféticas de Montse Castelá recordándonos que nuestros anhelos y esfuerzos a favor del “otro mundo posible” no pueden cargar ni con un gramo de rencor, ni odio.

Quedan el compartir de la Asociación feminista de mujeres interreligiosas “Sophia” de Valencia, su “aquí estamos” que muy lejos de manifestarse en escozor o residual resentimiento, estalló en toda su belleza, creatividad y candor.

Queda la enorme capacitación, el dato irrefutable, la prueba contundente, al mismo tiempo que cargada de humor e ironía de Arcadi Oliveres; el conocimiento profundo de la psicología del desarraigo, de los traumas de los desposeídos de Amina Bragas; el argumento maduro y documentado de Francois Houtart, su firmeza longeva, su entrega de ochenta y tres años de combate por la justicia; el Islam cercano y femenino de Yaratullah Monturiol; las tesis provocadoras pero inteligentes de José Antonio Marina; la invitación de Lucía Ramón a “vivificarnos mutuamente” a formar “un mar de fuegitos”, “fuegos que llenen el aire de chispas, fuegos que no puede hacer temblar el mayor viento”, queda su tierna alerta a que nadie se apropie de forma exclusiva de la verdad.



Queda la imagen del ex ministro de Educación de Malí, Diadié Yacuba Danioko, su testimonio excepcional de “cerebro” no fugado, de político africano con vocación de servicio, de hombre volcado en una educación liberadora para las nuevas generaciones, de activista fuertemente comprometido con el futuro de su país y continente.

Queda la lección magistral de Chico Whitaker con sus propuestas de nuevas formas de organización social y el privilegiado compartir de la experiencia del Foro Social Mundial del que es cofundador. Quedan sus canas de bregado militante, su entrega veterana, apasionada y al mismo tiempo inteligente a la causa del otro “mundo posible”.

Queda la paz de la música de Oremus, sosiego para el alma tras intensos debates y exposiciones, recital para el recogimiento que fue equilibrado al día siguiente con la marcha de Javier Ruibal.

Queda el gusto en la boca de los pastelitos hindúes, el dulzor en el alma al constatar que no sólo hay otro mundo en marcha, sino que lo lograremos levantar sin pelear contra nadie, manifestando lo que emerge en toda su creatividad, fraternidad y belleza.

Queda la estampa de los corazones unidos, la memoria del ímpetu grupal alcanzado a lo largo de dos intensos días de reflexión y convivencia, su contribución al empuje más planetario capaz dar un “giro providencial” a la historia.

En medio de los mil y un cuarteles, el instituto de las “Siete Colinas” se levantó como bastión de la esperanza. El rigor de los ponentes evitó el peligro de deriva mitinera, y así logramos juntos avanzar en el esbozo de una ética común, basada en la tolerancia y el respeto.

Hubo quien cargó a las espaldas del Gobierno español los muertos del cayuco, hubo quienes también las cargamos a nuestras propias espaldas. Frases como estás allí pronunciadas lo testimonian: “Cuando alguien mueve su casa, la casa de otro se mueve”, “Un feliz estremecimiento cuestionó nuestro bienestar”, “¿Vienen a quitarnos las viviendas de protección oficial o vienen a quitarnos las máscaras? Vienen a derribar el mito del desarrollo. Vienen a poner al descubierto nuestros arraigados egoísmos”.

El mundo cambia. Los loas a generales de triste recuerdo enmudecerán pronto en las calles de esa ciudad… Las murallas tampoco lo son por siempre y así quedó sentenciado en el encuentro. Ceuta, amargura y esperanza a partes, gracias a Dios, no iguales. Pasado y futuro, norte y sur… intentando armonizarse, la memoria de Millán Astray y de Gandhi paseándose por las mismas avenidas. La impronta en las calles Ceuta, en las avenidas de nuestra memoria colectiva del “novio de la muerte” y los defensores a ultranza del despojo y la marginación, no podrá con la del “mequetrefe en pañales” (Winston Churchill) que, con la misma pasión, pero enfocada al bien colectivo, logró cambiar el curso de la humanidad.

Queda por supuesto el recuerdo de un estupendo equipo, Esteban Velázquez a la cabeza, que lo dio todo por la organización y la buena marcha del encuentro.



Gracias de corazón a la ciudad, instituciones y colectivos que tan calurosa acogida nos brindaron. Gracias sinceras a la Asociación “Persona y Justicia” (http://personayjusticia.wordpress.com) por todo el esfuerzo realizado. Juntos seguimos trabajando por un nuevo cielo, por una nueva tierra de justicia y fraternidad. Juntos seguiremos apelando a ese Espíritu al que convocó con dulce fuerza Lucía Ramón: “Ven espíritu de los olvidados. Ven espíritu de los que mueren en campamentos sin esperanza. Ven espíritu de los emigrantes que se ahogan en el mar intentando alcanzar la tierra prometida… Ven Espíritu del Agua, del Aire de la Tierra.., ven…”


Fuente: Autor

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