26/9/07

Birmania: la hora de la solidaridad



Firmantes: Marie Arena, ministra-presidenta de la comunidad francófona de Bélgica; Aichatou Mindaoudou, ministra de Asuntos Exteriores de Níger; Zita Gurmai, eurodiputada húngara; Marina Sereni, diputada italiana; Helle Thorning-Schmidt, líder del Partido Socialdemócrata de Dinamarca; Mona Sahlin, líder del Partido Democrático Social sueco; Belarbi Aicha, miembro de la Unión Socialista de Fuerzas Populares de Marruecos; Elena Valenciano, diputada europea y secretaria internacional del PSOE; Ségolène Royal, (ex candidata a la presidencia de Francia por el Partido Socialista)

Hoy escuchamos al pueblo birmano expresar su deseo de democracia y justicia. Se opone a una Junta Militar que niega desde hace 17 años la victoria del Partido Demócrata de Aung San Suu Kyi, premio Nobel de la Paz en 1991. Esta oposición no violenta, formada por manifestaciones diarias y crecientes hasta llegar a ser excepcionales, contrasta con la crueldad de la junta.
Somos testigos del renacimiento fulgurante de un movimiento democrático birmano muy importante. Unas manifestaciones de gran envergadura que llegan a la mayor parte de las ciudades importantes de Birmania desde hace más de una semana. El lunes, 100.000 birmanos, monjes y ciudadanos, desfilaron por las calles de Rangún. Jamás, en estos dos últimos decenios, tantos ciudadanos habían osado desafiar a la Junta Militar.

La situación es crítica. El poder establecido podría reprimir el movimiento con violencia para recuperar su autoridad. La junta tiene de hecho un grave pasado de represión: el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha declarado estar "gravemente preocupado por las violaciones sistemáticas de derechos humanos que continúa sufriendo el pueblo de Myanmar". La Cruz Roja internacional cuenta 1.550 prisioneros políticos en Birmania. Las organizaciones sindicales mundiales estiman que 800.000 birmanos están sometidos a trabajos forzados. Para la Organización Internacional del Trabajo, "la impunidad con la que los funcionarios del Gobierno y en particular los militares tratan a la población civil como a una inmensa fuerte de trabajadores forzados es un elemento de un sistema político basado en la utilización de la fuerza".

En la hora en que los birmanos necesitan solidaridad, no podemos permanecer callados. En tanto que mujeres líderes políticas, queremos en primer lugar dirigir un mensaje de apoyo a Aung San Suu Kyi: única premio Nobel de la Paz privada de libertad de circulación. Su llamamiento resuena en nosotras y queremos amplificarlo: "Utilizad vuestra libertad para promover la nuestra", clama constantemente. Esta mujer representa la aspiración de un pueblo por la paz y la libertad. Aquellas y aquellos que, en nuestro país, han puesto toda su energía por conquistar la paz y recuperar la libertad, saben cuánta importancia tiene un mensaje de apoyo internacional. Subrayamos el coraje de los birmanos que aspiran a la libertad. Han elegido la no violencia para asegurar una transición hacia la democracia.

En nuestros países y sobre la base de nuestras responsabilidades, reclamamos al Consejo de Seguridad y a la Asamblea General de Naciones Unidad, a la Asociación de Naciones del Sureste Asiático, a la Unión Europea y también a los grandes poderes de esta región del mundo que garanticen al pueblo birmano el respeto a sus derechos fundamentales así como una transición rápida hacia la democracia, única garante de estabilidad regional.

Birmania se ha convertido en un símbolo universal de la dictadura y la opresión. Pero también un símbolo universal de la no violencia y del coraje de los pueblos, como el Chile del general Pinochet ayer o la Suráfrica de los más oscuros años del apartheid. Romper el cerrojo birmano demostraría la determinación de la comunidad internacional a apoyar la democratización de Asia.


Fuente: El País (26/09/07)

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Cristóbal Cervantes
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