viernes 17 de julio de 2009

Reventar de silencio, por José Carlos Garcia Fajardo

El ex presidente de General Motors, forzado a dimitir por la Administración de Obama, ha sido “indemnizado” con casi diez millones de dólares durante los próximos cinco años. Grandes compañías de seguros y bancos, salvados de la quiebra con dinero de los ciudadanos, han acordado restaurar el sistema de bonos para sus ejecutivos. Una de las causas de la catástrofe económica que padecemos. Ejecutivos cesados en sus puestos por cómplices en la crisis, están siendo contratados por otras empresas del sector.

El acuerdo del G20 para terminar con los paraísos fiscales ha quedado en agua de borrajas. Los bancos de la UE, de EEUU, Canadá y Japón reciben escandalosos subsidios por sus Gobiernos para dar liquidez al sistema crediticio.

Pero mantienen cerrada la concesión de créditos a particulares y a pequeños empresarios, mientras destinan esos fondos a liquidar sus deudas en el extranjero. Reciben de los Estados el dinero al 1% y lo venden a sus empleados y a empresas vinculadas al 8% y hasta al 10%. Nadie parece ruborizarse. La vida sigue.

Estos mismos bancos han ejecutado créditos avalados por inmuebles a particulares sin consideración alguna y los están vendiendo a mitad de precio a empleados, amigos y testaferros, a quienes sí facilitan créditos muy ventajosos. Algunos con moratorias de un año para comenzar a pagar las letras. Quizás se descubra aquí otra fuente de blanqueo de dineros ocultos que afloran enmascarados. Bancos como Santander, Bilbao y Cajas poderosas han vendido sus sedes y locales, no se sabe a quién, y se los han alquilado a sí mismos.

Pinchada la colosal “burbuja del ladrillo”, en España hay un millón de viviendas sin vender y más del doble en fase de construcción ralentizada. Los promotores se quejan de que es un escándalo que desciendan los precios hasta un 20%. ¡Ojala bajasen al 50%! ¿No es esa la ley del mercado: se produce lo que se vende y se vende como se puede?

¡Y piden ayuda al Estado! ¿Dónde estaba su preocupación por el Estado cuando se embolsaron miles de millones con la especulación de terrenos protegidos, cuando sobornaron a ediles del litoral para que concedieran permisos de construcción en terrenos protegidos, mientras arruinaban el paisaje e hicieron de la España seca del sur, en proporción, el país con más campos de golf del mundo. ¿El agua? Ya la traerían.

Igual que ha ocurrido con complejos de hasta 80.000 viviendas cerca de Madrid para los que no habían previsto ni traídas de aguas, ni colectores de residuos, ni aparcamientos ni redes eléctricas capaces de soportar esos servicios. Ya se encargarían los ayuntamientos de hacer que funcionasen, aunque fuera desviando el curso de las aguas de riego.

No. El promotor no está en la cárcel.

Los ejemplos podrían multiplicarse porque nos bombardean desde los medios para anestesiarnos, apoyados en que la costumbre amortigua la sensibilidad.

Cualquier lector sabe de qué estoy hablando. Nada de catastrofismo ni de augurios de Casandra. Es una sensación de impotencia, de burla y de desamparo. De vacío sin referencias. Mientras se incrementa la venta de armas, las compras de millones de hectáreas de buenos terrenos en países del Sur por compañías y por países enriquecidos del Norte.

Los políticos se han aumentado sus emolumentos en el Parlamento europeo y en los de otros países. Berlusconi es paradigma de cuanto hablamos, y pagar más de 120 millones de dólares por el fichaje de Cristiano Ronaldo ya no sorprenden a nadie.

Mientras tanto, las familias que acuden a comedores sociales ascienden vertiginosamente. La demanda en bancos de alimentos se dispara un 40%. En España atienden más de un millón de personas, a los que hay que añadir las ayudas de otras instituciones. La rebusca en los contenedores cercanos a grandes superficies hace más negras las noches.

Esto ocurre en la España altanera y en otros muchos países ricos de Europa. Uno se pregunta, con dolor, cómo son posibles tanta injusticia, explotación y desafuero. ¿De qué sirven los G8, G20, denuncias de la FAO, UNICEF, OMS si falta la ética más elemental?

Podríamos acabar con el hambre en el mundo, con el analfabetismo, la falta de cuidados sanitarios, la suicida explosión demográfica mediante la educación, respetar el medio ambiente, salvar los mares y las reservas de agua, reducir la contaminación y atemperar nuestras desorbitadas ansias de tener y de acumular. Nos han encadenado como a Prometeo y como a Sísifo obligado a subir una roca que no existe, como tampoco existen más cadenas que las de nuestra mente y nuestros miedos.

Es posible construir otro mundo más justo y solidario, quizás mediante una explosión de silencio.

José Carlos Garcia Fajardo es Profesor Emérito de la UCM. Director del Centro de Colaboraciones Solidarias
Fuente: Blog Jubilatería, editado por el autor

Vídeo: Europa VII, de La Oreja de Van Gogh

Me gusta, y espero que os guste, la última canción del grupo La Oreja de Van Gogh, Europa VII. La canción y el vídeo es un llamamiento a la conciencia planetaria, a vivir y convivir como una sola humanidad. Me gusta especialmente porque es uno de los grupos de música pop en español con más éxito. Necesitamos urgentemente ese cambio de conciencia glogal.

Nota: El vídeo se ve mejor a pantalla completa.

Si no puedes ver el vídeo pulsa este enlace

EUROPA VII - La Oreja de Van Gogh from Pictura Studio on Vimeo.



Letra de la canción Europa VII de La Oreja de Van Gogh

Comienza la desconexión se acaba el aire y la energía
No queda nadie en el control la nave flota a la deriva
Y yo con melancólica visión repaso ciencia y religión
Señalo el sol por la ventana allí vivía yo

Un diminuto punto azul se pierde en un millón de chispas
Es mi planeta a un día luz y una lección de perspectiva
Y yo muerta de miedo en un rincón pienso en mi civilización
Susurro en el puente de mando que allí vivía yo

Y entonces rompo a llorar y miles de gotitas violan la gravedad
Me quito la bandera de mi traje espacial y escribo en el reverso
Que soy de la humanidad

Según indica el monitor me va quedando menos tiempo
Para sufrir la colisión que me devuelva al firmamento
Y yo escucho el eco de mi voz grabando esta retransmisión
Para que suene en el futuro y sirva la lección

Y entonces rompo a llorar y miles de gotitas violan la gravedad
Me quito la bandera de mi traje espacial y escribo en el reverso
Yo soy de la humanidad la frágil existencia milagrosa y casual
La vida más pequeña vale mil veces más que la nación más grande
que se invente jamás

viernes 10 de julio de 2009

Bifurcación de la Humanidad, por Leonardo Boff

A principios de abril de este año, los veinte países más ricos del mundo (G-20) se reunieron en Londres para encontrar salidas a la crisis económico-financiera mundial. La decisión de base fue continuar en el mismo camino de antes de la crisis, pero con controles y regulaciones a partir de una mayor presencia del Estado en la economía. Los controles serían para el tiempo necesario para la superación de la crisis, a fin de evitar el colapso global, y las regulaciones serían para restaurar el crecimiento y la prosperidad con la misma lógica que prevalecía antes.

Esta opción implica continuar con la explotación de los recursos naturales que devastan los ecosistemas y hacen aumentar el calentamiento global y el foso social entre ricos y pobres. Si esto prospera, dentro de poco nos enfrentaremos a la crisis de la propia naturaleza, pues las causas no han sido eliminadas. Hay que añadir también el hecho de que los 172 países restantes (en total son 192) no fueron oídos ni consultados. Se pensó en ayudarles, pero con migajas. En efecto, toda África, el continente más vulnerable, sería socorrida con menos fondos de los que el gobierno de Estados Unidos ha usado para salvar a la General Motors.

El impacto perverso de la crisis sobre los países de bajos ingresos se presenta aterrador. Se estima que, mientras dure la crisis, más de 100 millones de personas caerán cada año en extrema pobreza y se perderán cada mes un millón de puestos de trabajo. Esta situación hizo que el Presidente de la ONU, Miguel d’Escoto Brokmann, imbuido de alto sentido humanitario y ético, convocase una reunión de alto nivel que reuniese a los 192 representantes de los pueblos para discutir conjuntamente la crisis y buscar soluciones incluyentes. Acaba de tener lugar, del 24-26 de junio, en los espacios de la ONU. Todos hablaron. Era impactante oír el clamor que venía de las entrañas de la humanidad: los ricos lamentando los billones de pérdidas en sus negocios y los pobres denunciando el aumento de la miseria de su pueblo.

Muchas voces sonaron claras: no bastan los controles y regulaciones que acaban beneficiando a los que provocaron la crisis. Es urgente un nuevo paradigma que redefina la relación con la naturaleza, con sus recursos escasos, el propósito del crecimiento y el tipo de civilización planetaria que queremos. Es importante elaborar una Declaración del Bien Común de la Humanidad y de la Tierra que oriente ética y espiritualmente el sentido de la vida en este pequeño planeta.

Tras un intenso trabajo, previamente llevado a cabo por una comisión de expertos presidida por el premio Nóbel de economía Joseph Stiglitz y con las colaboraciones venidas de cuatro mesas redondas y de la Asamblea General, se concertó un detallado documento que alcanzó el consenso de los 192 representantes. El peligro colectivo facilitó la convergencia colectiva, una rareza en la historia de la ONU.

El documento prevé medidas inmediatas, especialmente para salvar a los más vulnerables, bajo la coordinación de varias instituciones internacionales, articuladas entre sí. Pero lo más importante es la presentación de un programa de reformas sistémicas que prevé un sistema mundial de reservas con derechos especiales de giro, reformas de la gestión del FMI y del Banco Mundial, regulaciones internacionales de los mercados financieros y del comercio de derivados, y principalmente la creación de un Consejo de Coordinación Económica Mundial equivalente al Consejo de Seguridad. De esta manera se espera garantizar un desarrollo estable y sostenible.

Esta cúpula mundial es generadora de esperanza, pues la humanidad comienza a mirarse a sí misma como un todo y con un destino común. Pero todas las soluciones se orientan todavía bajo el signo del desarrollo. El factor principal de la crisis del sistema-Tierra tiene que ser cambiado por «un modo sostenible de vivir». Si no, asistiremos a la bifurcación de la humanidad entre los que disfrutan del desarrollo y los que son víctimas de él. No hemos llegado aún al nuevo paradigma de convivencia Tierra-humanidad, forjador de una nueva esperanza.

El futuro próximo, decía el Presidente de la Asamblea, pasa por la utopía que necesitamos construir para poder seguir viviendo juntos en la misma Casa Común.

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, más información en Wikipedia

La crisis del ego, por Jordi Pigem

¿Hasta dónde alcanza la crisis?

Lo que ha entrado en crisis no es solo el neoliberalismo, ni siquiera el capitalismo. Podríamos decir que ha entrado en crisis el economicismo, la visión del mundo que considera la economía como el elemento clave de la sociedad y el bienestar material como clave de la autorrealización humana. El economicismo es común al capitalismo y el marxismo, y durante mucho tiempo a la mayoría de nosotros nos pareció de sentido común —pero hubiera sido considerado un disparate o una aberración por la mayoría de las culturas que nos han precedido, que generalmente veían la clave de su universo en elementos más intangibles, culturales, religiosos o éticos.

En el fondo, sin embargo, no sólo ha entrado en crisis el economicismo, porque la crisis actual es sistémica y no sólo económica. Tiene una clara dimensión ecológica (pérdida de biodiversidad, destrucción de ecosistemas, caos climático), pero también hay crisis desde hace tiempo en la vida cultural, social y personal. La sociedad, los valores, los empleos y hasta las relaciones de pareja se han ido volviendo cada vez menos sólidos y más líquidos, en la acertada expresión del sociólogo Zygmunt Bauman. Disminuyen las certezas y crece la incertidumbre en múltiples ámbitos, incluso en las teorías científicas que en vez de volverse cada vez más simples y generales se vuelven más parciales y complicadas.

Vivimos una crisis sistémica, que habíamos conseguido ignorar porque el crecimiento de la economía nos hechizaba con sus cifras sonrientes y porque los goces o promesas del consumo sobornaban nuestra conciencia. Pero el espejismo del crecimiento económico ilimitado se desvanece y de repente nos damos cuenta de que no podemos seguir ignorando la crisis ecológica, la crisis de valores, la crisis cultural. Tenemos cantidades ingentes de información, centenares de teorías y muchas respuestas, pero la mayoría sirven de muy poco ante las nuevas preguntas. Lo que ha entrado en crisis es toda la visión moderna del mundo, que de repente se nos aparece obsoleta y pide urgentemente ser reemplazada por una visión transmoderna, más fluida, holística y participativa.

Una visión del mundo no es una simple manera de ver las cosas. Determina nuestros valores, dicta los criterios para nuestras acciones, impregna nuestra experiencia de lo que somos y hacemos. En el fondo podríamos decir que lo que finalmente ha entrado en crisis es el ego moderno, toda una forma de estar en el mundo basada en un complejo de creencias que inconscientemente compartíamos. Por ejemplo, que el ser humano es radicalmente diferente y superior al resto del universo. O que cada ser humano es también radicalmente diferente de los demás, contra los que ha de competir para prosperar. O que el universo es básicamente inerte y se rige por leyes puramente mecánicas y cuantificables. El ego moderno se siente como un fragmento aislado en un universo hostil, y de su miedo interior nace su necesidad de certeza y seguridad, de objetivar y cuantificar, de clasificar y codificar, de competir y consumir.

Pero el ego moderno no puede ser sustituido por un ego transmoderno, porque no hay tal cosa. La crisis nos invita (o nos acabará obligando) a ir más allá del ego y a descubrir que nuestra identidad es en el fondo relacional, que no estamos aislados sino que cada persona y cada ser es una ola en un océano de relaciones en el que todos participamos y en el que también fluyen la sociedad, la naturaleza y el cosmos.

Por ello la crisis no solo es una oportunidad para avanzar hacia economías y sociedades que sean más justas, sostenibles y plenamente humanas. También es una alarma que ha saltado porque ya es hora de despertar. Porque la economía global era como un gigante sonámbulo, que avanzaba a grandes zancadas sin saber a dónde iba, sin saber lo que estrujaba bajo sus pies, inmerso en las ensoñaciones de una visión del mundo caduca. Por ello la crisis es como una vigorizante ducha fría. Una oportunidad para despertar.

Fuente: Blog amigo Crisis económica 2010

Jordi Pigem es Filósofo de la ciencia y escritor

Jordi Pigem (Barcelona, 1964) es Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Del 1998 al 2003 fue profesor y coordinador del Área de Filosofía del Masters in Holistic Science del Schumacher College en Dartington (Universidad de Plymouth, Inglaterra). Ha sido profesor invitado en la Universidad de Barcelona y ponente en diversas universidades, incluídas las de Columbia y Oxford. En 1999 obtuvo el Premio de Filosofía del Institut d'Estudis Catalans. Fue coordinador de la revista de ecología Integral y editor del volumen Nueva Conciencia (Integral Ed., 1991). Es autor de La odisea de Occidente (Kairós, 1994) y El pensament de Raimon Panikkar (Institut d'Estudis Catalans, 2007), y colabora habitualmente en publicaciones periódicas en catalán, castellano e inglés.

Los últimos tiranos, por Koldo Aldai

Son nuestras gargantas. Caminan anchas avenidas en lejanas geografías. Su clamor surge de nuestra misma alma colectiva. Son nuestras gargantas, pronunciándose en diferentes idiomas, reivindicando el mismo aire abierto, la misma libertad.

Son nuestras gargantas, poderosas, insobornables, de ayer y de siempre avanzando ahora por las calles de Teherán, de Lhasa, de Urumqi (Xinjiang), de Rangún…

¿Quién callará todas las gargantas, quién detendrá el viento y sus hondas, quién peinará los tejados de parabólicas, quien pondrá muros a la geografía inmensa de Internet…? Nadie, ningún tirano es tan poderoso como para parar la historia. Absolutamente nadie tiene derecho a arrebatarnos la libertad. Nos pertenece desde el mismo instante que vemos la luz de este mundo. Dios nos la ha dado como nuestro más preciado bien y nadie, salvo daño grave a la comunidad, puede privarnos de ella.

Las nuevas tecnologías y el desarrollo de los medios de transporte han ensanchado la libertad hasta límites antes insospechados, sin embargo aún hay centenares de millones de conciudadanos planetarios a quienes se niega su disfrute. Los dictadores limitan sus movimientos, sus palabras, sus iniciativas…, ni siquiera son libres con el mouse y el teclado en su manos. El mundo virtual de la pantalla con sus posibilidades infinitas queda también acotado.

Cierto que a veces es más fácil conquistarla que administrarla; cierto que a veces la utilizamos en nuestro propio beneficio en detrimento del bien del otro; cierto que a menudo la malgastamos y nos pierde, que no nos hacemos dignos de su disfrute; pero necesitamos ejercitarnos con ella, caer una y mil veces, hasta empezar a hacer adecuado y elevado uso de la libertad.

Se acabó la farsa. No hay revolución, no hay religión que se precien, que puedan justificar la conculcación de nuestro primero y más elemental derecho. Los derechos humanos priman sobre la cultura y las tradiciones de los pueblos, por supuesto sobre los burdos fines de los déspotas. Basta ya de disfrazar espurios intereses con una sacrosanta ideología o fe. Basta ya de tiranos sobre la tierra en los albores del siglo XXI. Su reino de terror es ya de otro mundo. Basta ya de calles ensangrentadas en Irán, en Tíbet, en China, en Birmania… No son sus avenidas, no son sus países, no es su aire… Dejen de perseguir a los/as ciudadanos/as más valientes.

Sus gases represores, su vergüenza traspasa las fronteras. El futuro juega en su contra. Sepan los tiranos de la tierra que Dios nos ha creado libres y que por lo tanto sus días se acaban. Sus tiranías no son sostenibles. Absolutamente ningún país puede construir futuro sin libertad.

Un solo mundo, un solo clamor. Todos caminamos por la calles de Moscú, de la Habana, de Bejín… La libertad que se priva a un hermano, es una libertad que se nos priva a cada uno/a de nosotros/as. Evocamos juntos su nombre sagrado, honramos a quienes aún han de jugarse la vida por ella. Nunca ya nadie más ose tocarla.

Tiemblen los tiranos. Abandonen ya la pista. No dancen más allá de su hora. Suena su último vals.


Fuente: Koldo Aldai
www.foroespiritual.org
www.fundacionananta.org
www.portaldorado.com

domingo 5 de julio de 2009

Ética para la nueva era, por Leonardo Boff

Ninguna sociedad tanto en el pasado como en el presente, vive sin una ética. Como seres sociales, necesitamos elaborar ciertos consensos, cohibir ciertas acciones y crear proyectos colectivos que dan sentido y rumbo a la historia. Hoy, debido a la globalización, se constata el encuentro de muchos proyectos éticos, no todos compatibles entre sí. De cara a la nueva era de la humanidad, ahora mundializada, se siente la urgencia de una base ética mínima que pueda conseguir la aceptación de todos y hacer así viable la convivencia entre los pueblos. Veamos sucintamente cómo se han formulado las éticas en la historia.

Una fuente permanente de ética son las religiones. Éstas animan valores, dictan comportamientos y dan significado a la vida de gran parte de la humanidad, que, a pesar del proceso de secularización, se rige por una cosmovisión religiosa. Como las religiones son muchas y diferentes, las normas éticas también varían. Difícilmente se podría fundar un consenso ético basado solamente en el factor religioso. ¿Qué religión tomar como referencia? La ética fundada en la religión tiene, sin embargo, un valor inestimable por referirla a un último fundamento que es el Absoluto.

La segunda fuente es la razón. Fue mérito de los filósofos griegos el construir una arquitectura ética fundada en algo universal, precisamente la razón, presente en todos los seres humanos. A las normas que rigen la vida personal las llamaron ética y a las que presiden la vida social las llamaron política. Por eso, para ellos, la política es siempre ética. No existe, como entre nosotros, política sin ética.

Esta ética racional es irrenunciable, pero no cubre toda la vida humana, pues existen otras dimensiones que están más acá de la razón, como la vida afectiva, o más allá, como la estética y la experiencia espiritual.

La tercera fuente es el deseo. Somos, por esencia, seres de deseo. El deseo posee una estructura infinita. No conoce límites y es indefinido por ser naturalmente difuso. Cabe al ser humano darle forma. En la manera de realizar, limitar y dirigir el deseo, surgen normas y valores. La ética del deseo casa perfectamente con la cultura moderna que surgió del deseo de conquistar el mundo. Adquirió una forma particular en el capitalismo con su afán de realizar todos los deseos. Y lo hace excitando de forma exacerbada todos los deseos. La realización de deseos se relaciona con la felicidad, pero actualmente, sin freno ni control, puede poner en peligro la especie y destruir el planeta. Necesitamos incorporarla en algo más fundamental.

La cuarta fuente es el cuidado, fundado en la razón sensible y en su expresión racional, la responsabilidad. El cuidado está ligado esencialmente a la vida, pues ésta, sin cuidado, no se mantiene. De ahí que haya una tradición filosófica que viene de la antigüedad, de la fábula-mito 220 de Higinio, que define al ser humano como un ser esencialmente de cuidado. La ética del cuidado protege, potencia, preserva, cura y previene. Por su naturaleza no es agresiva y cuando interviene en la realidad lo hace tomando en consideración las consecuencias benéficas o maléficas de la intervención. Es decir, se responsabiliza de todas las acciones humanas. Cuidado y responsabilidad andan siempre juntos.

Esta ética es imperativa hoy. El planeta, la naturaleza, la humanidad, los pueblos, el mundo de la vida (Lebenswelt) están reclamando cuidado y responsabilidad. Si no trasformamos estas actitudes en valores normativos difícilmente evitaremos catástrofes en todos los niveles. Los problemas del calentamiento global y el conjunto de las distintas crisis sólo serán resueltos en el espíritu de una ética del cuidado y la responsabilidad colectiva. La ética de la nueva era.

La ética del cuidado no invalida las demás éticas, sino que las obliga a servir a la causa principal que es salvaguardar la vida y preservar la Casa Común para que siga siendo habitable.

Fuente: Koinonia
Más información sobre Leonardo Boff en Wikipedia

El poder de internet, por Manuel Castells

Los jóvenes que luchan en Irán, en internet y en la calle, ya no volverán a pensar y sentir como antes

La revuelta popular iraní contra el fraude electoral ha mostrado claramente el poder de internet. Y ala vez sus límites. El poder, en Irán como en el resto del mundo, depende en gran medida del control de la información y la comunicación. Así, apenas habían cerrado los colegios electorales, con una participación del 85%, la televisión anunció el triunfo aplastante de Ahmadineyad. Algo poco creíble, porque según el propio Gobierno, tras proceder a un recuento parcial, en unas 50 ciudades se encontraron más votos que votantes. Concluyeron que no afectaba el resultado final. Tal vez. Puede ser que Ahmadineyad ganara porque su popularidad es alta entre los sectores pobres y rurales. Pero no por ese margen. Se les fue la mano para asegurar la victoria. Con la comunicación controlada y un Consejo de Guardianes conservador todo quedaba bien atado. No tan deprisa. La gente, sobre todo los jóvenes en las ciudades, salió a la calle a reclamar nuevas elecciones. La represión de las manifestaciones hubiera podido deshacer el movimiento de protesta rápidamente si los manifestantes se hubieran sentido solos y si la población hubiera asumido la ley del silencio impuesta por los medios de comunicación.

Pero, como en tantos otros movimientos en estos últimos años, ahí estaban los móviles y ahí estaba internet. También había una policía de la comunicación altamente sofisticada que, como en otros países, ha aprendido que hay que cortar como sea la auto-comunicación de masas, para así desinformar y aislar al movimiento.

Al principio los móviles jugaron un papel importante, tanto en la coordinación de la protesta como en el acceso a la red. Pero cuando sintió la fuerza de la indignación el Gobierno desactivó las redes de los operadores de móviles, y los móviles se convirtieron sobre todo en cámaras de grabación para registrar las imágenes de la revuelta y la represión, como en el asesinato de Neda.

Internet fue distinto. Ningún país se puede permitir desconectar la red por completo porque hay centros neurálgicos de actividad que dependen del acceso a internet. Lo que el Gobierno iraní intentó fue controlar los servidores y bloquear todos los que pudo. Sin embargo, como internet es global, la comunidad internauta acudió al rescate, proporcionando servidores alternativos, abriendo acceso a servidores proxy cuyas direcciones informáticas no podían ser personalizadas y, además, lanzando ataques contra los servidores del Gobierno por medio del desvío de sus direcciones hacia sitios con tráfico intenso capaz de saturar a dichos servidores. Es decir, batalla informática en toda regla, desde Irán y desde fuera de Irán. Aquí fue decisivo el alto grado de participación de los jóvenes iraníes en la blogosfera y en las redes sociales de internet. En mi visita a Irán hace tres años pude contrastar con investigadores que había 500.000 blogs activos (ahora hay más de 700.000), un 40% publicados por mujeres.

Y hay millones de jóvenes (que representan el 70% de la población) que participan activamente en Facebook, YouTube, Twitter y demás redes de comunicación que escapan a cualquier control centralizado. La prensa internacional ha destacado el papel de Twitter,pero en realidad algunos analistas han mostrado que su uso fue más limitado de lo que se ha dicho y altamente concentrado en el exterior. Incluyendo un sospechoso elevado número de mensajes procedentes de Israel.

Pero en su conjunto, internet fue el canal de comunicación mediante el cual los jóvenes iraníes se mantuvieron informados y coordinados y la única ventana al mundo que tuvieron y que el mundo tuvo sobre Irán. Las redes sociales en internet pasaron a ser la principal fuente de información sobre lo que ocurría en un país decisivo por su relevancia geopolítica. Algo que, significativamente, puso muy nerviosos a los medios de comunicación.

Porque para ellos el perder el monopolio de la información es perder el negocio, a menos que vayan acostumbrándose a cooperar fructíferamente con el llamado periodismo ciudadano,en el que la gente produce y distribuye su propia información. Hay buenas prácticas profesionales en ese sentido. Por ejemplo la BBC recibe una enorme masa de información espontánea y gratuita, pero luego la filtra mediante un nutrido departamento de verificación de la información antes de difundirla. Ahora bien, la idea, expresada en medios internacionales durante la crisis de Irán, de que sólo los profesionales de los medios son fiables por su ausencia de sesgo es cuando menos sorprendente, ya que consta que algunos de ellos han informado sobre las crisis de Oriente Medio integrados en las unidades del ejército israelí o estadounidense. En cualquier caso tendrán que habituarse a que en situaciones de crisis las personas pasan a ser protagonistas no sólo de la acción sino también de la información. Y los gobiernos tendrán que habérselas con ciudadanos que tienen la capacidad autónoma de comunicación y de información porque están enredados localmente y globalmente.

Con todo eso, Ahmadineyad y su patrón Jamenei se ríen del mundo y se prometen un largo reinado de intransigencia y teocracia en una sociedad que se ha transformado en altamente educada, moderna y con un protagonismo creciente de las mujeres, como pude constatar en mi vivencia directa en ese extraordinario país. Algo en lo que coincido con mi amigo Tomás Alcoverro, el más lúcido de los corresponsales en Oriente Medio. De modo que queda ahora claro que no se puede controlar internet ni con todos los medios del Estado, y menos en una situación de crisis. Pero también que el cambio social y político depende de otros muchos factores. Aun así, el poder de la comunicación es el de su efecto sobre las mentes, el hacer sentirse relacionado con el mundo. Y en ese sentido, los jóvenes que lucharon y luchan en Irán, en internet y en la calle, ya no volverán a pensar y sentir como antes. Y si la gente piensa distinto no hay policía que aguante en el largo plazo. Y si no, que se lo cuenten al sha.

Fuente: La Vanguardia
Más información sobre Manuel Castells en Wikipedia

jueves 2 de julio de 2009

"Seguimos profesando la religión del despilfarro"

Entrevista a Joaquim Sempere, experto en conflictos socioecológicos

Tengo 67 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy doctor en filosofía y profesor de sociología, investigador de las necesidades humanas y de su impacto medioambiental. Estoy casado y tengo tres hijos treintañeros. Soy socialista de izquierdas. Soy ateo. Amo caminar por el monte

Acuse.

Seguimos profesando la religión del despilfarro.

Argumente.

Compramos bienes que han sido fabricados para durar pocos años, cuando podrían fabricarse para funcionar durante muchísimos años más.

¿Qué productos?

Coches, electrodomésticos... Los hacen para que fallen a los pocos años, calculan su obsolescencia. Pero nos incitan a quererlos ¡y los queremos sin cuestionarnos nada! Y la industria nos inunda de modas pasajeras, productos nuevos sustitutos de otros...

Los necesitamos.

Las necesidades las determina tu red social: lo que hoy consideramos imprescindible ¡no lo necesitábamos años atrás!

¿Se refiere a mi móvil?

Y ordenador, televisor, microondas, lavaplatos, aspirador... ¡tantos objetos sin los que habíamos vivido siempre!

¿Dónde trazo la frontera entre necesario y superfluo?

Las únicas necesidades básicas universales son comer, beber y dormir, además del afecto y el reconocimiento.

¿Me propone volver a las cavernas?

No, pero sí que seamos conscientes del abusivo consumo energético actual. ¿Es sostenible en el tiempo?

¿Lo es?

Lo sería si aprovechásemos la energía con más eficiencia, y si obtuviésemos energía de otras fuentes. De lo contrario...

¿Qué?

Hoy extraemos el 80% de nuestra energía de los combustibles fósiles - petróleo, carbón, gas-¡a sabiendas de que tienen fecha de caducidad!

¿Cuándo se nos acabarán?

Declinarán irreversiblemente dentro de unos 20 años, según la mayoría de cálculos.

Y luego, ¿qué?

Perderemos nuestro actual confort, a menos que empecemos a actuar ahora mismo.

¿En qué sentido?

Invirtiendo dinero en energías renovables: eólica, solar fotovoltaica, solar térmica...

Y nuclear, señor Sempere.

¡No! Es una herencia ruinosa para nuestros hijos y nietos: cada euro invertido hoy en energía eólica produce lo mismo - y sin residuos ni riesgos, e indefinidamente-que cada euro invertido en energía nuclear.

Pero los molinos eólicos devoran mucho espacio natural, bellos paisajes...

Es su única desventaja, pero si queremos mantener nuestro confort...

¿Y si sigue creciendo la población, qué?

Es un problema. Habrá que generar más energía… o consumir un poquito menos cada uno. Los recursos del planeta están al límite: lo sensato, pues, es ser más austeros.

¿Cómo hacemos eso en la práctica?

¡Hay todavía muchas medidas que adoptar para sacarle más partido a la energía!

Dígame y voy tomando nota.

Fabricar un tipo universal de cargador de móviles. Imponer un mejor aislamiento térmico de nuestras viviendas (¡ahorraremos millones en calefacción!). Fabricar sin obsolescencia. Reciclar metales en la industria metalúrgica. Reutilizar botellas de vidrio. Depurar aguas. Calentar el agua con energía solar. Prohibir la bombilla incandescente, sustituyéndola por la de bajo consumo (da la misma luz consumiendo cinco veces menos)... ¡Preservemos nuestro confort, pero con menos consumo de recursos!

¿Alguna otra idea ahorradora?

Fomentar el transporte público y también un eficaz sistema de alquiler de coches.

¿Algo así como un bicing de coches?

Sí. Haga números: ¡tener un coche en propiedad es un despilfarro! Dos, no le cuento.

¿Desde cuándo nos atrapa la tentación del despilfarro?

Está en la naturaleza humana, pero la agrava el mimetismo social: lo que desde siempre hacían unas minorías dominantes (para distinguirse) ¡acabaron haciéndolo las masas en la segunda mitad del siglo XX!

Y se disparó el consumo de recursos.

En los últimos 200 años, la población mundial se ha multiplicado por siete, ¡y la producción de bienes se ha multiplicado por sesenta! Por eso debemos cambiar la economía cowboy por la economía nave Tierra.

¿Qué dos economías son esas?

La primera consiste en ocupar nuevas tierras a caballo, dejando atrás las que agotaste. La segunda, vivir como los astronautas en vuelo espacial: ¡reciclan incluso la orina, y con poco agua subsisten sin problemas!

Veo muy difícil cambiar de paradigma...

Tiene usted razón: somos cortoplacistas y sólo reaccionaremos a las malas, a la fuerza, ¡cuándo ya no nos quede más remedio!

Y lo que ahora más preocupa, a corto plazo, es el paro.

Que es consecuencia de tantos excesos acumulados por este sistema de crecimiento desmedido, expansivo. Un sistema económico basado en la avidez de ganancias más que en el bienestar de las personas. Y aquí me gustaría decirles algo a los sindicatos...

Dígalo.

Más que el consumo privado, ¡defended el Estado del bienestar! Es nuestra garantía de futuro. O nos quedaremos a la intemperie. Propongo un socialismo de mercado: ¡sin regulación no hay libertad viable!

¿Algo más, para completar su modelo?

Menos consumo y más inversiones en energías renovables. ¿Y por qué un banco tiene que ser negocio? Nacionalicemos la banca.

............

Mejor con menos

Estudioso de las necesidades humanas, Sempere contiene las suyas: luce un reloj con mucho tiempo encima y no gastaría en ropa nueva si su mujer no le presionase. Se hizo una casa con arquitectura bioclimática en la que todo se enciende y calienta con energía solar. Habla con voz queda, como si no quisiera desgastar el aire. Militó hace años en el PSUC "por compromiso ético" y lo dejó "falto de vocación de político profesional". Hoy escribe libros como Mejor con menos (Crítica), con datos y esta idea: si en 1941 la socioeconomía estadounidense fue capaz de reconvertirse en pocas semanas al servicio de la guerra, ¿no podremos hacerlo en favor de la austeridad y de la sostenibilidad del bienestar?


Fuente: Entrevista de Víctor-M. Amela en La Contra de La Vanguardia

Trichet, Mafo y los demás, ¿hasta cuándo?, por Juan Torres

Un estudio de Consultores de Gobierno Corporativo (CGC) señalaba que a finales de 2006 diez familias y una veintena de empresarios (la mayoría de las cuales se enriquecieron o consolidaron su riqueza durante el franquismo) tenían en esa fecha bajo su control a 19 de las 35 mayores empresas cotizadas en España y eran propietarios del 20,14% de su capital. Según el profesor Iago Santos, una pequeña elite que representa el 0,0035% de la población española controla recursos que equivalen al 80,5% del PIB. Un control que no solo le permite tener las retribuciones más altas de Europa como miembros de los consejos de administración sino también, y sobre todo, influir muy directa y decisivamente en las decisiones gubernamentales que les afectan.

Esas personas y grupos tienen muy claro lo que desean y por lo que deben luchar en cada momento y mucho más ahora que hay que hacer frente a una crisis que en gran medida han provocado ellos mismos.

Ahora tratan de presionar al máximo para lograr tres grandes objetivos. El primero, establecer reformas en la legislación laboral que les den más libertad, que les permitan reducir costes y que debiliten aún más a los trabajadores a la hora de defender sus derechos laborales. El segundo, avanzar, o incluso llegar a establecer si tienen fuerza suficiente, un sistema de capitalización privado que sustituya al actual modelo de reparto de las pensiones públicas. Y, finalmente, disminuir genéricamente la capacidad de maniobra de los gobiernos para seguir desplazando el poder de decisión sobre cuestiones económicas hacia espacios e instituciones no representativas en las que lógicamente pueden influir más cómoda y eficazmente.

Para defender esa estrategia tienen medios de comunicación, periodistas, organizaciones sociales y empresariales, profesores, economistas y políticos que constantemente se encargan de propagar las ideas que les interesa poner en práctica y entre los que ocupan una posición privilegiada los directivos de los bancos centrales con sus gobernadores al frente.

El papel de estos últimos es fundamental porque, gracias precisamente a ese poder mediático, tienen fama de autoridades objetivas e independientes, lo que les permite defender esas mismas propuestas ante la población como si fueran sabios y neutrales portadores de las ideas objetivas y científicas que sin duda conviene aplicar al conjunto de la sociedad.

Lo hemos visto claramente en los últimos meses y lo seguiremos viendo de forma cada vez más evidente en el futuro próximo: el gobernador del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, y el de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez, reclaman constantemente esas tres medidas centrándose en los últimos días de forma coincidente en la reforma laboral.

Frente a la prepotencia con la que se dirigen a los ciudadanos, es necesario que éstos sepan que las propuestas que hacen los gobernadores son el resultado de sus posiciones ideológicas y no de verdades científicas que puedan considerarse, como ellos las presentan, inexorables o indiscutibles.

Deben saber asimismo que las instituciones a las que representan no son precisamente el templo del saber objetivo, como quieren hacer creer, y que los informes que elaboran no son tampoco el mejor ejemplo de independencia, libertad de pensamiento y pluralidad.

Los bancos centrales, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, se han consolidado como instrumentos al servicio de los grandes poderes económicos y financieros en donde se coopta a sus profesionales con criterios ideológicos y en donde se ha marginado y se margina hasta la extenuación a quienes no suscriben los postulados liberales. Y es necesario que sepan, además, que esa ideología liberal de la que parten sus proposiciones es especialmente irrealista y errónea.

La mejor y más definitiva prueba de ello es comprobar hasta qué punto se han venido equivocando y se equivocan en sus análisis y predicciones y en qué medida tan evidente han adoptado medidas que han provocado los problema financieros que padecemos en lugar de resolverlos.

El Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales deberían haber tomado medidas para evitar la insolvencia generalizada a la que dado lugar el irresponsable comportamiento de los bancos y no lo hicieron. Deberían haber previsto la crisis que iba a provocar la ingente acumulación de riesgo y no lo hicieron, actuaron tarde y el sistema financiero ha paralizado la economía real sin que hayan sido capaces de evitarlo.

Deberían haber adoptado medidas en España para que el dinero de los bancos no se dedicara a financiar una burbuja inmobiliaria y miraron a otro lado. Y ahora, en lugar, de hacer frente con decisión a las reformas financieras que pudieran impedir en el futuro que los banqueros vuelvan a llevar a la ruina a la economía, se dedican a proponer reformas laborales o del sistema de pensiones que, en realidad, solo podrían conseguir que los grupos privilegiados disfruten de mayores beneficios.

Los ciudadanos tienen que saber que las propuestas ideologizadas del gobernador del Banco de España no le convienen a la inmensa mayoría de la población y que, además, no inciden en los verdaderos problemas de la economía española. Los problemas del mercado de trabajo español, que crea mucho empleo en épocas de crecimiento pero tan precario que enseguida lo destruye cuando se ralentiza el crecimiento, no se resuelven disminuyendo los salarios, eliminando derechos laborales o aumentando el poder de negociación de las empresas. Así, como proponen los grupos oligárquicos de los que actúa como vocero el gobernador, lo que se logra es consolidar un modelo de competitividad basada en la mano de obra barata que está condenado al fracaso, no solo porque nos empobrece cada vez más sino porque siempre habrá otro países que pueda situarse por debajo de nuestros niveles salariales.

¿Por qué no dice el gobernador que nuestra productividad lleva estancada quince años y de que para salir de esa situación lo que se necesita es un capital humano más preparado, más capital social y mejores infraestructuras que requieren más gasto público, como nos demuestra la experiencia de los países más avanzados que el nuestro? ¿No le resulta significativo al gobernador que el país que más empleo destruye sea justamente el único de la OCDE en donde bajaron los salarios reales de 1995 a 2005? ¿Por qué no habla Ordóñez de que las exportaciones de alta tecnología española solo representaban en 2006 el 4,96% del total, frente al 16,65% de la UE-27 y que para darle la vuelta ese problema habría que multiplicar el gasto en educación y en I+D+i?

¿Y cómo es que el gobernador no cae en la cuenta de que los países europeos más competitivos tienen una flexibilidad que no es precisamente la que aquí se propone y mucha más protección social? Como mira a otro lado no puede preocuparse, qué casualidad, de que nuestra tasa de abandono escolar sea caso tres veces más alta que la de la U-27, lo que sí constituye un lastre decisivo para nuestro mercado laboral, o de que nuestro porcentaje de gasto en protección social, cuya suficiencia sería fundamental para reformar sin pérdida de bienestar el mercado de trabajo, esté a seis puntos de dicha media?

Los ciudadanos deben saber todo esto para ser conscientes de los intereses a los que sirven los gobernadores y directivos de los bancos centrales. Deben saber que no son autoridades objetivas e independientes sino que en la práctica actúan como empleados de los grandes banqueros y empresarios y por eso es habitual, como ocurre en España, que después de hacerles la tarea terminen en sus consejos de administración o como dirigentes de la patronal bancaria.

Fuente: Fundación Sistema. Viñeta: El Roto en El País

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga (España). Mantiene una página web (Ganas de Escribir) y coordina la página web dedicada a información económica www.altereconomia.org.

¿Septagenarios en la oficina?, por Emilio Iglesias Delgado

Nuestra vejez será un infierno, porque las bases de nuestro futuro las están poniendo las Cajas de Ahorro, más bien la Fundación que las representa y tras la cual se parapetan: la FUNCAS ¿Pueden dar lecciones de buena gestión económica las cajas de ahorros? No lo sé, pero a la vista de la situación de bancarrota de algunas, quizás deberíamos desconfiar de los sabios consejos de la FUNCAS sobre cómo ellos han pensado, siempre por nuestro bien, cómo debe ser nuestra jubilación. Estos señores que representan a unas entidades que han dilapidado sus recursos dando hipotecas trileras, jugando con el negocio como si fuera de otro, ahora se ponen la túnica de adivino y consultan su bola ofreciendo su indiscutible dictamen: esto lo tiene que pagar otro. Y ese otro es usted y yo, que vamos a tener que trabajar hasta los 70 años para pagar los platos rotos de la crisis que los bancos y cajas potenciaron dando dinero a gente que sabían que no iba a pagar los créditos. Para estos paladines del buen hacer económico, que vivamos más es un problema para su futuro. Lo ideal para su negocio, entiendo, sería que muriésemos el mismo día que cumplamos 65 años. Pero nuestra patética manía de vivir hará que pasemos años en el paro en nuestra vejez, porque dudo que en mi empresa me quieran con 70 años utilizando un ordenador que no entenderé, con artrosis en los dedos tecleando de pena, tropezando con los cables y balbuceando incongruencias cuando mi jefe de 30 años me pregunte por ese informe que seré incapaz de recordar dónde lo dejé. Ellos que representan a esas entidades que han recibido dinero del estado a expuertas para salvarse de la quema. Ese dinero era el nuestro señores, el de nuestra vejez. Díganle adios y díganle hola al nuevo capitalismo: septagenarios en la oficina.

Fuente: Autor. Carta a El País

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