20/5/08

El precio de la estabilidad birmana o la responsabilidad de proteger

Nuevo escrito de Concha Pinós, Directora de Birmania por la Paz, que está ahora en la frontera de Birmania.

Demasiado silenciada está ya la diplomacia asiática, demasiado los cuarteles de los gobiernos occidentales en manos de Naciones Unidas, que se encarga de negociar con la Junta cómo ayudar a las víctimas del Ciclón. Han sido enviadas miles de toneladas de alimentos desde todo el mundo bajo la promesa de que entrarían, pero esta promesa ha fallado: no ha sido posible la intervención humanitaria con garantías.

El primer ministro japonés Yasuo Fukuda no se ha amedrentado al calificar el Ciclón Nargis como el mayor en proporciones de lo que se reconoce. “He presionado a todos los gobiernos occidentales, para que exijan a la Junta que abra el país a expertos y equipos internacionales”, dice Fukuda.

“Cuando un gobierno te dice: no vengas, no vamos”, esto es cierto, pero cuando te pide que le ayudes y luego no te deja entrar ¿qué está queriendo decirnos? Debemos pensar seriamente en ello. ¿Cuál es el protocolo que debe de garantizar un país que recibe ayuda humanitaria? El dice que “precisamente por eso la ONU…. Debería ser más eficaz dentro de Birmania”.

Pero las Naciones Unidas que tienen real y formalmente la obligación de “proteger” a los civiles de los crímenes y los abusos de derechos humanos de sus propios gobiernos, no están haciendo lo que deberían efectivamente para presionar a la Junta: es necesario que los expertos entren para poder ayudar a los 2.6 millones de personas que están severamente afectadas por el ciclón.

La diplomacia y la “pulcritud política” de Fukuda le ha llevado a llamar al primer ministro Tailandés Savak Sundaravej y otros líderes regionales para que tengan una actuación más clara y más activa. Se han prometido solamente 160 visas de entrada a trabajadores del sureste asiático. Pero la realidad es que ni siquiera eso se ha cumplido. La comunidad internacional está reclamando una intervención efectiva para gestionar la crisis.

No es por una falta de compasión que los políticos y diplomáticos no actúan, si no por falta de habilidad y de eficacia en esta crisis. Un desastre como este en China o en Europa sería totalmente diferente.

Ni siquiera a nivel mediático la cobertura del sufrimiento birmano ha tenido el espacio que ha tenido el terremoto en China, o un ciclón en Estados Unidos. Los líderes asiáticos han tratado el tema como desastre humanitario en sus carpetas diplomáticas, y no quieren tampoco que se vean demasiadas imágenes que pudieran influir en la opinión pública de sus países.

La “real politik”, tanto en occidente como en Asia, se ha roto. Ha abrazado los viejos patrones de las potencias asiáticas: China e India, que se disputan su influencia política en Birmania.

Fukuda afirma: “los países asiáticos se están moviendo hacia la democracia… y adquiriendo bienestar económico y desarrollo también. Si quieren acoger un modelo de desarrollo democrático y económico como occidente, deben también permitir que los derechos humanos, la democracia y la paz sean posibles. Pero hay muchos países que no responden positivamente al esquema democrático, y están abrazados aún a un sistema antiguo pretendiendo saltar a un nuevo”.

Bajo la excusa de garantizar la estabilidad interna- la Junta militar birmana ha abusado de sus ciudadanos- violando los derechos humanos y no respetando la Carta de Naciones Unidas.

La Carta promete que las Naciones Unidas deben de proveer “seguridad humana”, garantizando que los civiles estén protegidos del “estado de terror y miedo”. Este fue ya el dilema de Annan en la crisis de Kosovo.

Este cruel dilema que nos plantea la dura dictadura birmana bloqueando la ayuda es la lección. No hay ningún derecho fundamental mayor que el derecho a ser alimentado, pero este régimen paranoico presume que detrás de la ayuda humanitaria habrá algo más que se distribuya, prefiere ver las filas de birmanos hambrientos o muertos, antes que desmontar su “estado de miedo”.

Lo que no contempla la ONU es el trabajo de la resistencia birmana, que no está dentro de la inercia diplomática, sino que práctica la “realidad del día a día”, y que están haciendo todo lo posible por “gobernar y proteger a su gente”. No se ha hecho ninguna reflexión seria desde Kosovo e Irak que pudiera plantear que hacer en situaciones como estas. Es necesario intervenir cuando hay privación del alimento, muerte y desesperación.

La posibilidad de que el Asean esté a favor de ayudar al pueblo birmano es mínima, tiene demasiados intereses en la zona. Va a optar por “formar parte del club del negocio de la reconstrucción”. Pero la “política real”, es que se está cometiendo una tremenda injusticia en el Sudeste Asiático, y la aceptación de esta tremenda injusticia, esta condena a la extrema miseria es el precio que tiene que pagar el pueblo birmano “por mantener la estabilidad de la zona”. La Junta está cometiendo crímenes de guerra en nombre de la soberanía nacional.

Por eso desde la plataforma de Birmania, pedimos a nuestros gobiernos y especialmente a nuestro presidente del gobierno:

- Que velen porque la ayuda enviada mediante el Programa Mundial de Alimentos, u otras agencias internacionales, no se quede parada en Bangkok y llegue a los más necesitados. Nos referimos al millón y medio de euros, y los aviones de ayuda humanitaria que el gobierno español ha donado, entre otros.

- Que si la situación de bloqueo persiste, sea considerado seriamente la posibilidad de desviar esas dotaciones a otros actores que están trabajando activamente por proteger al pueblo birmano.

- Que en futuras ocasiones se tenga en cuenta las peticiones del pueblo birmano, con respecto a quién enviar la ayuda: organizaciones birmanas en el exilio, resistencia dentro del país, movimiento pro-democrático, etc.…

Tenemos informes de que mucha ayuda donada por países asiáticos ha sido vendida a empresarios o dada al ejército, en lugar de ayudar a las víctimas. Es inaceptable que cualquier gobierno, incluyendo el de España, que la ayuda dada a la ONU, pase a manos del Asean, para que la Junta la distribuya como quiera. Y que no vaya a los más necesitados.

Birmania por la Paz, desde la red de BURMA CAMPAIGN está pidiendo el envió de ayuda unilateralmente por los gobiernos que tienen capacidad de hacerlo. Inglaterra, USA, Francia… todos ellos tienen barcos en la zona, equipados, capaces de asistir a las víctimas del ciclón.

Nuestra responsabilidad como ciudadanos de un país libre y democrático es usar nuestras libertades para proteger y garantizar la de otros. Por eso pedimos responsabilidad, eficacia y más trabajo para solucionar las causas raíz que han llevado a Birmania a una situación semejante y sobre todo mayor coordinación con la fuerzas de paz y democracia de la zona, que son los que realmente re-construirán la paz Birmana.

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Cristóbal Cervantes
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