11/2/08

Utah, por Espido Freire


Se equivoca el presidente Zapatero, en mi particular opinión, al negarse a adaptar a España las tendencias que Europa está elaborando en política de emigración. La autorregulación social, la capacidad de absorción de emigrantes, ha funcionado durante varios años, pero ha de revisarse ante el nuevo número de solicitantes, o de personas ilegales, y sobre todo, frente a las necesidades de una segunda generación de inmigrantes, que se plantean a diario la integración o la reivindicación de valores propios.

La solución a los conflictos que se palpan en escuelas, en barrios y en centros sociales no radica en la educación y la tolerancia, las dos panaceas tradicionales con las que se ha reaccionado: será necesario legislar al respecto, e imponer unas normas claras que solventen problemas nuevos. Siempre ha evolucionado así la ley, y no hay por qué hacer una excepción en este tema.

Las infortunadas e insensatas palabras de Arias Cañete lo son tanto por su displicencia como por no atinar con la preocupación real del ciudadano. Ninguna persona de bien se negaría a compartir los recursos básicos de educación y salud con los emigrantes: no se teme un desembarco de Normandía, sino una invasión a lo bárbaro. La preocupación tiene que ver con el reparto de la riqueza, las costumbres, con la imposición de una cultura sobre la otra. También sobre los privilegios adquiridos, y se hace más evidente en los lugares y en los ámbitos de trabajo en los que la fricción es real porque la competencia por empleo y la posibilidad de emparejarse entre distintas nacionalidades resulta más frecuente.

Se habla del velo, pero no de la diferencia de consideración de la mujer entre gran parte de las comunidades inmigrantes. De la escolarización, pero no de los horarios de escuela y trabajo paterno. De la seguridad social, pero no de la calidad de vida. Se fija la mirada en lo obvio, en los síntomas. Habrá que hacer algo con las causas, pronto y de manera eficaz, con o sin contrato, y con toda la sensatez.


Fuente: Público. Más información de Espido Freire en Wikipedia

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Cristóbal Cervantes
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