Allí también nuestras gargantas, nuestros labios, nuestros corazones. Allí también nuestros pulmones que se asfixian con los mismos y endiablados gases. Allí también nuestro alma vibrante rodando por las mismas y decisivas avenidas. Caminamos por sus gloriosas calles, clamamos por sus cansadas bocas. Su empeño es el nuestro. Una importante porción de la humanidad se está liberando de un yugo antiguo. Celebramos sus conquistas como si fueran las nuestras propias. Todo combate noble, pacífico por la libertad es nuestro combate, cualquiera que sea su idioma, su dimensión, su latitud.Celebramos el avance de las fuerzas de la libertad en Túnez, Marruecos, Yemen, Jordania, Arabia Saudí… y muy especialmente en Egipto. Los analistas comparan ya la trascendencia de todo este colosal empuje liberador con aquél que logró la caída del muro de Berlín y el fin de las dictaduras de los países del Este. “La historia late con fuerza en el Norte de África”, afirma quien ha seguido minuciosamente todo este itinerario árabe hacia la libertad, el excelente periodista, Javier Valenzuela.
Internet y televisiones como Al Jazeera nos posibilitan también a nosotros latir con los/as protagonistas de las conquistas, seguir al segundo ese titánico pulso entre las fuerzas del progreso y la perversa reacción instaurada.
