17/6/11

Ser el propio cambio, por Koldo Aldai

Reproducimos este artículo de nuestro amigo Koldo Aldai (www.artegoxo.org) cuya opinión compartimos:

Mal que nos pueda o no pesar, los políticos que vuelan en helicóptero para acudir a sus sesiones de trabajo, evitando la protesta en la calle, han sido elegidos por el pueblo. ¿Procede combatir esta democracia por insuficiente e imperfecta que se manifieste? ¿No habrá, si es caso, que gestar otra? Donde comienza el acorralamiento y el zarandeo se difumina también la nobleza de un empeño.

“No es esto compañeros (Companys, no és aixó…), no es esto por lo que murieron tantas flores, por lo que lloramos tantos anhelos. Quizás debamos ser valientes de nuevo y decir no, amigos, no es esto.” Debemos a Lluís Llach el recuerdo del perfume y la pureza del empeño original. Marcaje, no a los parlamentarios, sino a nuestras propias inseguridades, a nuestros miedos…, marcaje, si es caso, a nuestra conciencia adormecida, a nuestra falta de valor para construir, allí donde nos encontremos, un ser, un mundo nuevo.

La algarada callejera presenta cierta ficción de cambio. “Como es arriba es abajo”, la conciencia de los políticos es el reflejo de la conciencia de la ciudadanía. Conviene pues tratarnos a nosotros/as mismos/as con respeto. Es en la transformación de esa conciencia ciudadana acomodaticia donde se juega una más perenne revolución. Si queremos otra clase política, sobra acorralar, asediar la que ahora domina; quizás debamos, más bien, acorralar nuestro sentimiento de insuficiencia, quizás prime operar en el seno de esa conciencia colectiva conservadora para que ella poco a poco mute, para que se vaya impregnando de liberadores valores, de nuevas y emancipadoras metas.


Las más genuinas y exigentes revoluciones no nos permiten echar balones lejos. Nos invitan a integrar fuera y dentro. Nos sugieren asumir nuestra cuota de responsabilidad en el estado actual de cosas, a reparar en el gran poder a nuestro alcance para transformar el paradigma imperante; para reconstruir en sus más diferentes ámbitos, un nueva realidad inspirada en los principios elevados de la cooperación, el compartir, la fraternidad…

No triunfaremos a la contra. Si no nos entusiasma la paleta de opciones políticas, habrá que idear otro color; si no nos gusta lo que los bancos hacen con nuestro dinero, tendremos que crear entidades nuevas para proyectos nobles y alternativos; si no deseamos esta macro sanidad despersonalizada tendremos que caminar la tierra y descubrir la magia sanadora de las plantas, del agua, del aire, del barro... Si no nos convence esta civilización de asfalto, de ruido, de ignorancia de unos para con otros, deberemos aguzar el oído y saber dónde cantan los pájaros, cómo se reconstruyen los muros, cómo se hace “compost”, cómo se hace comunidad, cómo se unen nuestros cantos a esos otros cantos…

Podríamos seguir los ejemplos. Lo que está en cuestión es, por lo tanto, dónde invertimos nuestra energía: ¿en tumbar o en construir; en confrontar unas estructuras, unas organizaciones grandes, dominantes, piramidales o en gestar otras reducidas, comunitarias, autogestionadas…? ¿Dónde invertimos nuestro esfuerzo y dinero, en batallar contra un sistema materialista, no sostenible, depredador del humano y del entorno o en la creación de espacios de convivencia y trabajo alternativos, respetuosos del humano y su entorno?

Perderemos a la contra hasta reparar en el error. Trabajemos siempre a favor y conscientes de las Fuerzas que nos asisten. Trabajamos con la fuerza del viento, de las mareas, del sol, de la vida…; con la fuerza, la luz y el amor superiores, sea cual sea nuestro credo. Perderemos con nuestros resentimientos, con nuestras rabias no dominadas. La revolución somos nosotros y nuestro ingente potencial creador. Perderemos si esa fuerza que necesitamos para sembrar, curar, construir…, la invertimos en acosar.

No, no es esto compañeros. No hay triunfo en el empujón, en el griterío descontrolado, en los sprays rojos…, tampoco en el acorralamiento. No hay triunfo a la vera de ningún palacio donde se celebran investiduras. El triunfo reposa en nuestro propia investidura como hombres y mujeres libres y autoempoderados, capaces de cocrear un mundo más solidario, más bello y armonioso. El triunfo está en no otorgar a terceros el poder que reposa en nosotros, en investirnos como protagonistas de las transformaciones necesarias, como dueños de nuestros propios destinos.

Hemos acampado a la vera de la utopía, pero también a la vera de algunas impotencias e impaciencias. Habremos aún de madurar hasta lograr ”ser nosotros mismos el cambio que queremos para el mundo” (Ghandi). Podemos remontar en la buena dirección. Alguna prisa e irritación han empujado, calle abajo, hacia las sesiones solemnes de las Cortes, y los Parlamentos, sin embargo, ojalá nunca olvidemos nuestra cita, nuestra acampada allí arriba, a la Puerta de nuestro propio Sol, en los prados de altura.

Enlace a todos los artículos en el blog Espiritualidad y Política sobre Democracia real ya y el 15M

Enlace a todos los artículos de Koldo Aldai en el blog

3 comentarios:

  1. Hay que empujar hacia las soluciones, quedarse quieto es arriegarse a ser aplastado por las circunstancias. La anomia, la indignación no marcan la salida, ajustan cuentas pero debilitan..Solo con unión, con coordinacion saldremos de esta, los primeros que deben predicar con el ejemplo de unión, de coordinación son los politicos y los medios de comunicación.. "Las situaciones de precariedad económica y/o la falta de respuestas político-económicas a la altura de las expectativas desembocan en estados de:crisis (individual y/o colectiva) que se manifiestan no sólo en la pérdida de puestos de trabajo y desajustes intra e inter-sectoriales sino, a menudo, en vulnerabilidad personal, debilitamiento de los vínculos sociales y afectivos, incertidumbre, indignación, desilusión, desengaño, cuestionamiento de la identidad social, sufrimiento e, incluso, anomia pasajera o crónica" Sennet (la corrosión del caracter, 2000)

    ResponderEliminar
  2. La clave de la transición o transformación del franquismo, una transformación que ya había sido preparada por el propio Franco, tenía nombre: la monarquía juancarlista. La monarquía recuperada por Franco fue el modelo de Estado indiscutible e indiscutido que se impuso y se aceptó por el PCE, por el PSOE y por la mayoría de los nacionalismos democrático-burgueses periféricos (PNV, CiU, etc.) Hubo contactos, y muchos, para negociar y delimitar qué y cómo habría de ser la monarquía y sus reglas.

    Así se aclaró qué cambiar exactamente para poder mantener intactos los mismos poderes reales y, al mismo tiempo, ampliar la base social de la dictadura y ampliar sus posibilidades de gestión, mediante la incorporación a la misma de los partidos de la oposición que aceptaban ya la salida monárquica. Se trataba de abrir las puertas del club de los poderosos a los nuevos gestores.

    No hay maniobra fiable por arriba sin apoyo social por abajo.
    Visto en : http://ulpilex.es/Vitruvius/

    ResponderEliminar
  3. Hola, me encanta este artículo, estoy muy de acuerdo en todo lo que expresa. Hay una frase que dijo Einstein y que nos podríamos pintar en la frente todos aquellos que estamos indignados, quizás dejando de estarlo: "En tiempos de crisis la imaginación es más importante que el intelecto". Y lo dijo alguien que tenía un intelecto portentoso. También en mayo del 68 se habló de este factor. El lema de aquella pequeña (o gran) revolución fue "la imaginación al poder". No me resisto a citar a uno de mis cantantes favoritos, Gato Pérez, que cantaba en el Cha-cha-chá de la locura: "Estamos rodeados de gente fatalista que hace poco caso de la imaginación" [...] "y esa no es manera de avanzar".
    Por esto me llama el artículo de Koldo, quien ante tanta crispación, resentimiento y fatalismo, nos da la solución a este enredo al que llamamos crisis: ¡Imaginación!
    No podemos solamente protestar ante los bancos para cambien, no podemos solamente protestar ante los políticos para que cambien, esta es una postura de quien pide, y ellos no están en disposición de dar, no saben qué dar!
    Yo también pienso que tenemos que buscar nuevas soluciones, basadas en nuevos valores que se van imponiendo porque siempre han estado ahí (la ecología, la justicia social, el trabajo, la igualdad, el amor, una vida sana en definitiva). Si los banqueros no nos sirven, no les vamos a hacer cambiar. ¿Quien nos impide crear un banco entre todos y que, en vez de pedir hipotecas, juntemos dinero entre todos en consorcios? Esto no es utópico, en Brasil, la Caixa Federal (pública) los organiza y así los brasileños compran sus casas en 8 años y sin sufrir.
    Quién nos impide empezar a usar la democracia participativa en nuestro trabajo, en nuestro barrio, en nuestra casa? Ya está la actitud, las herramientas están llegando.
    La resistencia por parte de los que mandan es lo único que tenemos que vencer. Y si nos lo quieren impedir, ahí sí, tenemos que pararles y decir: Sabemos adonde ir!

    ResponderEliminar

Por favor, no hagas comentarios insultantes o injuriosos, ni difames o acuses de faltas o delitos no probados

Cristóbal Cervantes
espiritualidadypolitica@gmail.com