9/3/09

La solución, mañana, por Santiago Niño Becerra

Día a día se está instalando entre la población la sensación de que las cosas van a peor, sin embargo, y a pesar de que los datos indican que la velocidad de degradación va en aumento y que el ritmo de empeoramiento se va acelerando, una gran parte de esa población aún piensa que el milagro es posible, porque se desea que así sea, claro, pero, también, porque aún no pueden imaginar que las cosas no vayan a tener solución como siempre se ha pensado que la solución tiene que ser: volver a ‘lo de antes’.

Parece una mente dividida: se percibe que todo va a empeorar (vean la tendencia -concepto archifundamental, ya saben- de la confianza del consumidor en la OCDE: http://www.oecd.org/document/4/0,3343,en_2649_33715_42061060_1_1_1_1,00.html) pero esa misma gente espera la fórmula mágica salvadora. ¿Absurdo e ilógico?, pienso que no: es propio de humanos, desgraciadamente mal informados.

Datos. USA tiene muchísimos defectos, muchísimos, pero entre las virtudes que tiene destaca una: la enorme cantidad de estudios e investigaciones que realizan diferentes organismos e instituciones públicas y privadas. Hace años, como 15, la Universidad británica de Cambridge realizó un estudio en relación al desempleo REAL de las economías más avanzadas, es decir, el desempleo registrado, más el subempleo y más el paro encubierto; pues bien, el estudio demostraba que el cacareado menor nivel de desempleo del factor trabajo en USA respecto a Europa era una pura falacia: el desempleo real en USA era entre 4,0 y 4,5 puntos superior al oficial, lo que aproximaba casi hasta la coincidencia las cifras de paro en Europa y USA.

Hace unos días fueron publicadas por el United Status Department of Labor las cifras del desempleo oficial en USA (un informe general sobre el tema lo tienen aquí: http://www.bls.gov/news.release/empsit.nr0.htm); pero lo más gordo no es eso: que la tasa de desempleo haya alcanzado el 8,1% de la población activa, sino que el desempleo superreal ascienda al 14,8% incluyendo, a lo anteriormente dicho, las personas que ya se han cansado de buscar un empleo que no encuentran, las que se les ha contratado a tiempo parcial cuando lo que deseaban era un contrato a tiempo completo, y las que se les ha forzado a pasar de una situación full time a una part time. ¡¡¡¡14,8%!!!!, y a esto añadan un crecimiento de la productividad del -0,4% en tasa interanual en Febrero.

Y claro: uno se hace preguntas. Si en USA, a día de la fecha, la tasa real de desempleo del factor trabajo supera en 6,7 puntos porcentuales a la oficial, ¿en cuanto la superará en el Reino de España teniendo en cuenta los niveles de subempleo que existen aquí?, porque claro, la estructura del PIB española es más intensiva en factor trabajo que la de USA, además, la tasa de actividad española es más reducida que la estadounidense. En cualquier caso, tiremos por lo bajo: ¿ponemos siete puntitos?.

De ser esto así resultaría que la tasa de desempleo real en España se halla, ya, en el 20,9%. Redondeemos por si nos hemos equivocado: 20%: una persona integrante de la población activa de cada cinco; y eso teniendo en cuenta que la crisis sistémica aún no ha comenzado.

No ha comenzado, pero el FMI ya está diciendo que los Estados han de replantearse todo el montaje que hasta ahora han hecho de cara a la precrisis que estamos viviendo (el Fondo no utiliza este concepto): http://www.imf.org/external/pubs/ft/survey/so/2009/POL030609A.htm, el título del estudio lo deja claro: “IMF Urges Rethink Of How To Manage Global Systemic Risk”. Repensar, ¿qué?. Es volver a lo que decíamos antes: el milagro. Los Estados tienen que gastar más, estimular más, y durante más tiempo (ya se está insinuando que nada de recuperación hasta el 2011: ¡qué va!, pero hay que creerlo). OK, y, ¿con qué se pagará ese mayor gasto, ese superior estímulo?.

La deuda pública, la deuda pública… La deuda pública tiene un problema fundamental que hasta ahora muy poco se ha debatido: alguien tiene que comprarla. Hasta ahora, aún a precios más elevados (el reino sabe de eso), la deuda pública siempre se ha colocado en alguna parte, siempre algún fondo de algún lugar ha adquirido esa deuda emitida por un Estado, OK, genial, pero, ¿por qué ha de continuar siendo eso así?.

Todos los planes que los Estados están diseñando para poner en ejecución o para dejarlos en la nevera esperando el momento de hacerlo mentan a la deuda pública: ‘si tal o cual sucede y pasa esto o aquello, se emite deuda y ya está’. ¿Va a continuar eso siendo así?; pienso que no, entre otras razones porque quienes tienen pasta, es decir, recursos, posiblemente van a hallar usos más provechosos a sus recursos que comprar deuda a unos Estados en declive; y entonces, ¿qué va a suceder con esas emisiones?.

Prepárense para grandes cambios, y piensen en lo peor: va a pasar. (‘Luego, la solución no será mañana’; pues no, más bien no)

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

Fuente: La Carta de la Bolsa

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2 comentarios:

  1. Desgraciadamente tengo que decir que tiene razón. Además, añadiría, si se me permite, que la falta de "credibilidad o rentabilidad" de la Deuda Pública española podría tener implicaciones en derechos consolidades, entre las que destacaría especialmente la de la disminución de la Protección Social, me refiero a la congelación e incluso reducción de las pensiones (contributivas y no contributivas) -que corren a cargo de los Presupuestos de la Seguridad social- y el "endurecimiento" de las Rentas Activas de Inserción -a cargo de los PGE- y de las Rentas Mínimas de Inserción -a cargo de los Presupuestos de la CC.AA.-. Como dijo en cierta ocasión el prof. Abadía cuando le preguntaron ¿qué piensa de que ZP diga que nunca dejará en la cuneta a los parados? y contestó con la siguiente pregunta ¿qué va a hacer ZP?, ¿vá a prohibir las cunetas?.

    Saludos. Niet.

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  2. Gracias por el comentario, estamos en el centro de un montón de polvorines a punto de explotar, todavía no somos conscientes de lo que se nos puede venir encima,

    atentos,

    saludos de Cristóbal

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Cristóbal Cervantes
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