1/7/07

El Dalai Lama y el cerebro


Es la primera vez que la ciencia toma tan en serio a un líder religioso a la hora de intercambiar conocimientos sobre la naturaleza humana

El 12 de noviembre del 2005 ocurrió un hecho sin precedentes en la historia de la ciencia. Una de las conferencias magistrales en la reunión anual de la Sociedad Nacional de Neurociencia en Washington DC fue dictada por primera vez por un líder religioso y no por un científico.

El Dalai Lama había sido invitado a un panel que buscaría, entre otras cosas, formas de zanjar la disputa ideológica entre ciencia y religión. Esto es particularmente significativo ahora que en EE.UU. hay gran presión de grupos conservadores para reinsertar la historia bíblica de la creación en las escuelas públicas, dando la espalda a décadas de investigación científica.

Por su lado, la ciencia ve a las religiones como pensamiento dogmático y opuesto a su espíritu de búsqueda de la verdad. Sin embargo, el enfoque distinto de ciertas ramas avanzadas del budismo ha logrado ganarse el respeto y el interés de muchos científicos.

Hay ramas del budismo que parecen compartir con la ciencia la aceptación de la verdad a cualquier costo. “Si la ciencia demuestra cosas que contradicen algún principio budista, ese principio debe revisarse”, explica el Dalai Lama, con la autoridad de líder máximo del budismo tibetano.

El budismo centra gran parte de su estudio en la comprensión de la naturaleza del sufrimiento y la difusión de técnicas para llegar a un estado de felicidad. Los procesos que ocurren en la mente en torno a la naturaleza del sufrimiento son explicados con asombroso rigor científico por los budistas.

Es precisamente este conocimiento el que está empezando a ser interesante para la ciencia, y un importante motivo detrás de la invitación del Dalai Lama a la conferencia.

¿Qué dice la ciencia?


En las últimas décadas la ciencia se dedicó a desarrollar sofisticadas drogas para contrarrestar los procesos que llevan al ser humano al sufrimiento. Ahora la tendencia es hacia buscar soluciones naturales al problema, sin el uso de drogas.

Un estudio publicado hace poco enseña que los cerebros de meditadores experimentan cambios permanentes en su estructura cerebral. La visión científica ortodoxa es la de un cerebro “fijo” en el que solo se puede enmendar sus procesos con el uso de químicos, pero hoy ya se acepta que es posible modificar los patrones cerebrales. Las implicaciones de este concepto son muy extensas en el estudio del sufrimiento en el ser humano.

Según David Spiegel, del departamento de Psiquiatría de la Universidad de Stanford, el desarrollo de hábitos compasivos puede de hecho cambiar para bien la estructura cerebral. Hay investigaciones que demuestran que estimular ciertos circuitos en el cerebro puede disminuir el dolor y la depresión.


Meditación y bienestar


El Dalai Lama puntualiza que “la forma de estimular eficientemente los circuitos que nos alejan del sufrimiento es donde el budismo puede informar a la ciencia”. Un punto que ha permitido al Dalai Lama ganarse el respeto de la comunidad científica es su declarada intención de sacar a la meditación del contexto religioso, para que pueda ser útil a cualquier ser humano perteneciente a cualquier religión.

Es muy recientemente que la ciencia ha logrado dejar atrás prejuicios contra áreas consideradas muy subjetivas (o muy religiosas) para dar paso a experimentos de laboratorio que analicen si la meditación produce cambios permanentes en las zonas del cerebro donde se reflejan los niveles de bienestar de la persona.

Los resultados de las primeras investigaciones apuntan a que sí existe una relación comprobable entre meditación y bienestar. En los próximos años, cuando se concluyan más estudios al respecto, es posible que los médicos tomen una postura más terminante a la hora de endosar la práctica de la meditación.

William Mobley, director del Centro de Neurociencia de la Universidad de Stanford, definió al budismo como una práctica con excelentes métodos para autoinstrospección que pueden servir de mucho a la ciencia. “Todo depende de que la ciencia esté dispuesta a escuchar”, concluye.


Fuente: Radio Nacional Panamá

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Cristóbal Cervantes
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