30/12/08

Feliz Navidad 2008, por Frei Betto

Feliz Navidad a los desgraciados cautivos del desprecio al prójimo, de la irremediable pereza de amar, del excesivo apego a su propio ego. Y a los sembradores de buenas nuevas, a los glotones de premisas estéticas, a los fervorosos discípulos de la ética.

Feliz Navidad al Brasil de los desheredados, a las mujeres náufragas en lágrimas, a los esclavos del infortunio condenados a muerte precoz. Y a los premiados por la lotería biológica, a los desmontadores de ilusiones, a los inconsolables peregrinos de la vicisitud.

Feliz Navidad a los huérfanos del mercado financiero, pilotos de vuelos sin alas y sin suelo, fieles devotos de la omnipotencia del mercado, encerrados ahora en el inmisericorde desamparo de sus fortunas arruinadas. Y también a los labradores de la insensatez reflejada en el lenguaje transmutado en arte.

Feliz Navidad a las crisálidas temerosas de abandonar su capullo, al dejar de vagar por insignificancias cultivadoras de odios, a los exilados en la irracionalidad del disparate consensuado. Y a los que apagaron la sed en la saciedad del infinito, en el silencio inefable, en las pasiones condensadas en solícita amorosidad.

Feliz Navidad a quien escapa de los indomables presupuestos de la lógica consumista, respira hondo en celebraciones magnetizadas de deidad, libre de la incomodidad del intercambio compulsivo de regalos preñados de ausencias. Y a los anfitriones de anuncios del infinito abanico de posibilidades de la vida.

Feliz Navidad a quien no planta cuervos en las ventanas del alma, no empapa el corazón de cicuta, y colecciona en su espíritu acuarelas del arcoiris. Y a todos los que trajinan por los caminos interiores y no temen las curvas abisales de la oración.

Feliz Navidad a los devotos del silencio, acostados en lechos de hortensias para bordar, con los hilos delicados de los sentimientos, alfombras de ternura. Y a quien arranca de las cuerdas del dolor melódicas esperanzas.

Feliz Navidad a los que cargan a cuestas aljabas llenas de relámpagos, aspiran el perfume de la rosa de los vientos y llevan en el pecho la nostalgia del futuro. También a quien se sumerge todas las mañanas en las fuentes de la verdad y, en el laberinto de la vida, identifica la puerta que los sentidos no ven y la razón no alcanza.

Feliz Navidad a los bailarines acompasados por sus propios sueños, orfebres sabios de las artimañas del deseo. Y a quien ignora el alfabeto de la venganza y jamás pisa en la trampa del desamor.

Feliz Navidad a quien despierta cada mañana a la criatura adormecida dentro de sí y, hecho niñito, sale por las esquinas a romper convencionalismos que sólo obligan a quien carece de convicciones. Y a los artífices de la alegría que, al calor de la deuda, dan marcha a la manivela de la fe.

Feliz Navidad a quien recoge fragmentos de penas por las calles para arrojarlos en el basurero del olvido y se refugia en el retiro de la sobriedad. Y a quien se encierra en habitaciones secretas para reaprender a amarse y, ante el espejo, se descubre hermoso ante la cara de los demás.

Feliz Navidad a todos los que saltan a la cuerda con la línea del horizonte y se ríen abiertamente de quienes pregonan el fin de la historia. Y a los que suprimen la letra r del verbo armar.

Feliz Navidad a los poetas sin poemas, a los músicos sin melodías, a los pintores sin colores, a los escritores sin palabras. Y a quien nunca encontró a la persona a quien declarar todo el amor que lo fecunda con inefable gravidez.

Feliz Navidad a los ebrios de trascendencia y a los hijos de la misericordia recubiertos de compasión. Y a quien no se deja seducir por el aroma de las alturas ni escala las cimas en que los buitres empollan huevos.

Feliz Navidad a quien, en el lecho nupcial, lleva a cabo una liturgia eucarística sin tabúes, transustancia el cuerpo en la copa, se inunda del vino embriagador de la pérdida de sí en el otro. Y a quien corrige el equívoco del poeta y sabe que el amor no es eterno porque dura sino que dura porque es tierno.

Feliz Navidad a los que reparten a Dios en obleas de pan, bordan toallas de complicidades, secan lágrimas en el consuelo de la fe, crían caballitos de mar en acuarios de misterio.

Feliz Navidad a quien se embadurna de chocolate en la orgía pascual de la lucidez crítica y no se priva de pronunciarse donde la mentira cose bocas y enjaula conciencias. Y a quien vuela embriagado por el eco de profundas nostalgias y descifra enigmas sin revelar confidencias; y, desnudo, abraza epifanías bajo cascadas de magnolias.

Feliz Navidad a todos los que prestan oídos a la sinfonía cósmica y, en los salones de la Vía Láctea, bailan con los astros al ritmo de incertidumbres siderales. Dios quiera que renazcan con el Niño que se acurruca en los corazones diseñados en forma de pesebres.

Frei Betto es escritor brasileño y asesor de movimientos sociales, autor de más de 50 libros
Fuente: Adital. Traducción de J.L.Burguet

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Cristóbal Cervantes
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