3/7/07

Manifiesto del Foro Espiritual de Estella/Lizarra 2007



Las aguas del Ega y los caminos de la tierra nos han vuelto a reunir en Lizarra/Estella, del 28 de Junio al 1 de Julio. Compartimos ya el mismo horizonte e incluso los caminos se van acercando. Todos somos peregrinos, y donde se encuentran los caminos nos encontramos todos. Nos sentimos hermanas y hermanos unos de otros y de todos los seres. Y esto nos alegra y fortalece.

Creemos que, en nuestra cultura, es urgente redescubrir la espiritualidad. Una espiritualidad que, lejos de repudiar la laicidad, la reivindica. Una espiritualidad respetuosa del misterio, tolerante y amable. No basta el saber, el tener ni el poder. Necesitamos la sabiduría de la vida para admirar y confiar, para ser libres y liberar, para acoger y compartir, para buscar y respetar, para cuidar y curar. Necesitamos una espiritualidad que nos inicie en esa sabiduría de la vida para ser felices y buenos.

Con la misma convicción afirmamos que la espiritualidad está más allá de todas las palabras, códigos y sistemas. Apreciamos y respetamos las creencias y los ritos particulares, ya se trate de religiones tradicionales, ya se trate de nuevos movimientos espirituales, en la medida en que ayuden a ahondar la experiencia espiritual. Pero son mediaciones, y ninguna mediación es absoluta. Lo absoluto es el Espíritu de la relación de todos los seres, el Espíritu que disuelve todas las fronteras, el Espíritu que todo lo anima y lo transforma, y conduce el universo a la gran comunión de lo diverso. Es el Espíritu que deseamos respirar e inspirar.

Miramos el mundo lleno de heridas. Heridas en los corazones, heridas en los cuerpos, heridas en los pueblos. Heridas de refugiados, heridas de inmigrantes, heridas de hambre, heridas de guerra. Continentes y mares plagados de heridas. Pateras y cayucos repletos de heridas. ¡Y tantas heridas, doblemente atroces, infligidas todavía hoy con la religión como pretexto! Queremos tener los ojos bien abiertos hacia dentro y hacia fuera, dejarnos conmover y convertir por los heridos de la Tierra. Sostenemos que nada es inevitable y que todo es curable, si esperamos lo imposible y nos unimos para hacerlo realidad. Aspiramos a un mundo sin heridas, sin estructuras violentas, sin cinismo, ni mentira. Creemos que la espiritualidad puede ser curativa si genera energías de denuncia y de consuelo, de solidaridad y de cuidado. Queremos vivir una espiritualidad sanadora. Nos comprometemos a no herir y a curar.

Nos duelen profundamente las heridas de nuestra madre Tierra. Los gritos de la Tierra y los gritos de los pobres son un mismo clamor, y nos convocan a un mismo compromiso más allá de credos y de increencias. Alzamos la voz para decir que el actual ritmo de explotación y de desarrollo es insostenible e inicuo. Y apostamos por una espiritualidad de la Tierra, en la que todos los seres formamos una gran comunidad de vida, de dolores y de anhelos, de derechos y de deberes.

Nuestra primera y última palabra es de confianza. Confiamos a pesar de todo. La confianza nos impulsa a encontrarnos, a unir nuestras fuerzas y a seguir caminando. La confianza nos anima a orar juntos por la paz, el perdón y la reconciliación, pues orar es una manera de realizar lo que esperamos. La confianza hará que lo imposible se haga realidad. Aún con la tregua rota y el corazón en vilo, queremos decir desde esta tierra: la paz es el deber más sagrado y, a pesar de todo, confiamos en la paz, en la voluntad de paz, en el trabajo común por la paz.

A¡Shalom, Shalam, Shanti, Paz, Pau, Bakea!


Fuente: Portal Dorado

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Cristóbal Cervantes
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