1/1/10

Año 2010 - El desafío nos pertenece, por Ángeles Román

Un nuevo año, un nuevo giro de la tierra alrededor del sol. Para una gran parte de nuestra civilización comienza el transcurrir del año 2.010, no importa cuantos viajes realizó la tierra rodeando a su estrella o nuestro sistema solar a través de la vía láctea.

Comienza para muchos con nuevos deseos, propósitos, esperanzas, pero, considerando los pronósticos de los profesionales en el tema de la crisis sistémica y los fracasos de las cumbres mundiales, nos pertenece a todos un gran desafío, el confrontar con grandeza al sistema de dominio, cuya acumulación de bienes en manos de unos pocos es un crimen hacia el género humano y hacia nuestro mundo natural.

Sabemos de Imperios caídos en el espesor de la historia, sabemos de civilizaciones hedonistas, del significado de sus cenizas, no importa las formas del derrumbe, el signo siempre fue el abuso del poder, la opresión, el exceso de riqueza en manos de unos pocos, siempre fue la crisis espiritual la causa que engloba a todas las crisis.

Este desafío lo debemos continuar (pues ya lo han iniciado muchos seres independientes comprometidos con el cambio y miles de organizaciones civiles con distintas orientaciones) pero quizás de una manera mas organizada entre todos, fluida y prioritaria para que el despertar sea global, y también debemos buscar un común denominador cuya acción nos una a todos los que estamos fuera del poder neoliberal.

El ver la realidad con claridad, debe ser el disparador para acelerar los cambios.

Los ciudadanos del mundo padecen las consecuencias del sistema o adormecen en un conformismo ciego, inducidos al consumo en gran parte innecesario y a entretenimientos que conducen al aislamiento.

El poder anónimo está en las manos de pocas personas y corporaciones que digitan las tendencias sociales en favor de sus negocios, se sirven de los políticos, manejan la publicidad y la información unidireccional vertiginosa, hasta el miedo es inducido para fomentar el repliegue y el individualismo (cada cual cuida su pequeño espacio y no se compromete), inclusive se fomentan algunas teorías en libros y cursos de autoayuda que mal interpretadas conducen a un exacerbado desapego y desidia.

El cambio tiene que surgir de nosotros, los pequeños, pues despiertos y unidos, seremos grandes por el hecho de ser millones, crear los cambios implica una sana rebeldía contra el sistema, pues podemos inclinar las tendencias destructivas.

En la antigua Grecia el trabajo estaba en las manos de los esclavos y el ocio creativo correspondía a los hombres libres (artes serviles y artes liberales).

El trabajo es aproximación hacia las cosas, a la realidad física, el ocio implicaría llegar a las proximidades de sí mismo. Si el hombre se funde con las cosas y no logra insertar la actividad laboral en un sistema de fines espirituales, se debilita en su ser mas profundo.

Pasaron los siglos, de un modo u otro todos somos esclavos del sistema neoliberal, todos de alguna manera trabajamos para este sistema, el quiebre es tan extremo que ni siquiera existe el trabajo para millones de personas, son arrojadas a las calles, a refugios o a los modos de vida mas perversos para poder subsistir.

También en Grecia, el dedicarse a los negocios, significaba, negar el ocio creativo, (negocio, negación del ocio).

Hoy para los amos del sistema, los negocios son el fundamento del poder, y la acumulación de dinero es su común denominador.

El dinero es un bien en sí mismo, ya sea en función particular o en función del bienestar comunitario, la finalidad del dinero está dada por cada individuo.

Su acumulación en manos del poder con la exclusiva finalidad material, conduce a que esta misma materia termina por imponer su norma, que es indiferente a la actividad del espíritu, así deshumanizados, son insensibles al daño, al dolor, a la injusticia y al sometimiento que generan a través del dinero y por el dinero.

Nuestro común denominador debe surgir de ese ocio creativo del cual nos hemos apartado, pues hasta nuestros tiempos de descanso son en función del trabajo.

El ocio como interiorización, reflexión, el ocio hacia un despertar, mirando la realidad tal cual es, sin resentimiento, sin temor, pues ambos generan ira, y la ira, violencia.

Con un compromiso participativo que tienda hacia una conciencia global, entonces ese ocio creativo se convierte en un obrar creativo.

El obrar creativo es nuestro común denominador y es un comienzo de grandeza si entendemos lo que significa obrar creativamente.

En la comunidad autóctona del norte de Argentina, se da una definición del hombre: “hombre es tierra que anda”, aquí no hay separación, hay un principio unitario de origen, el “anda” es la elección del hacia donde y desde donde, pues es la metáfora de la libertad y del movimiento (lo contrario a la esclavitud del sistema actual), se puede andar siendo discapacitado físico por miles de mundos, y alguien que vive viajando puede estar sedentario en dos o tres ideas fijas.

Andar significa a qué se le da prioridad, con quién se trama la vida, de que modo se construye el andar, a qué se le dedica el pensamiento.

Tierra que anda es abrazar un obrar creativo, nuestro común denominador, la tendencia que nos une, es el primer paso de un desafío de grandeza para este 2.010 que se inicia.


Ángeles Román es Profesora de Filosofía y Poeta.

Fuente: Autora, amiga del blog

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Cristóbal Cervantes
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