23/3/09

Cumbre del G-20: la última oportunidad del G-7 y la primera del BRIC, por Alfredo Jalife-Rahme


En vísperas de la trascendental cumbre del G-20 del próximo 2 de abril en Londres, que constituye la última oportunidad para instalar un nuevo orden mundial de corte multipolar, el G-7 llega sumamente averiado, mientras el BRIC (Brasil, Rusia, India, China) ha exhibido sus grandes vulnerabilidades financieras.

Desde el punto de vista geoeconómico, la cumbre del G-20 constituye en realidad una cumbre del G-11: la suma del G-7, en plena decadencia, y del cuatripartita BRIC, en pleno ascenso, a quienes les corresponderá definir el nuevo orden mundial más geofinanciero que geoeconómico.

El orden geoeconómico y sus tendencias tanto en el corto como en el mediano plazo han sido definidos, con la obvia salvedad de una tercera guerra mundial: ascenso irreversible del BRIC que, junto a las potencias petroleras del Golfo Pérsico (en el que descuella en forma impresionante el doble ascenso geopolítico y geoeconómico de Irán como nueva potencia regional), y declive del G-7, que ha penetrado los infiernos e inviernos del crecimiento negativo.

En el orden geopolítico global también los hechos señalan un empate técnico entre las dos superpotencias nucleares, Estados Unidos y Rusia.

El verdadero desorden mundial se centra en el tsunami financiero que creó la dupla anglosajona, y cuyo símbolo inequívoco de poder lo constituye el dolarcentrismo, con la paradoja trágica de contar con un dólar sin valor económico intrínseco, pero todavía muy funcional debido a la ominosa ausencia de divisas competitivas.

El nuevo orden mundial ya asentó sus reales multipolares en los ámbitos geoestratégico y geoeconómico, pero falta por definir el destino de las geofinanzas.

¿Qué tanto estarán dispuestos Estados Unidos y Gran Bretaña a ceder su hegemonía financiera, al riesgo de llevar al mundo a una hecatombe sin paralelo?

Las finanzas especulativas anglosajonas –con todo su sistema bancario, contable, de seguros, de regulación y de calificadoras– se convirtieron en un cáncer intratable cuya metástasis empieza a carcomer a la socioeconomía y a la sicopolítica del mundo.

En la pasada cumbre del G-20 en Washington, que resultó estéril en el ocaso del aciago bushismo (lo cual hizo perder un tiempo precioso), afloraron tres posturas: 1) la exigencia de Rusia, Alemania y Francia para finiquitar la hegemonía del dólar a favor de una multipolaridad de divisas relativamente fuertes (euro, yen, yuan y rublo); 2) el unilateralismo anglosajón, apuntalado por Japón (que, en realidad, siempre ha pertenecido a la esfera de influencia del dólar, desde la Segunda Guerra Mundial), pese al tsunami financiero que provocó pretende mantener las prerrogativas unipolares del dolarcentrismo caduco, y 3) la equidistancia china, entre las posturas uno y tres, cuya desgracia consiste en poseer la mayor reserva de divisas, pero en dólares inservibles, que, insistimos, todavía son insustituibles.

Si la globalización financiera anglosajona reflejó la unipolaridad geopolítica de Estados Unidos a partir de 1991 (fecha de la disolución de la URSS), ergo, por necesidad imperativa el nuevo orden multipolar tanto geoestratégico como geoeconómico desemboca ineluctablemente en la desglobalización, con mayor ahínco en la regionalización con sus respectivas esferas de influencia que subsumen lo que hemos planteado como el nuevo orden hexapolar configurado por Estados Unidos, la Unión Europea y el BRIC. Con todo nuestro debido respeto, pero Japón, pese a representar todavía la segunda superpotencia económica, paradójicamente, a diferencia de los citados, no cuenta con una esfera de influencia regional, ya ni siquiera en el noreste ni el sureste de Asia. Japón no es un líder mundial, sino que pertenece a la zona de influencia de la anglosfera, que lideran Estados Unidos y Gran Bretaña.

En el ámbito geofinanciero se afinan las posturas previas a la cumbre del G-20 en Londres, entre las que cabe destacar la guerra a los paraísos fiscales que han declarado Alemania, Francia e Italia. Los paraísos fiscales, donde se manejan opacamente los derivados, representan una de los principales causales del tsunami financiero anglosajón y donde también se practican la evasión fiscal y el lavado de dinero de los bancos gracias a la contabilidad invisible y a la desregulación, es decir, la ausencia de supervisión gubernamental y ciudadana.

Al respecto el portal alemán Der Spiegel (23/2/09) afirma que Europa desea una mayor seguridad financiera, que pasa por la abolición de la piratería que practica la banca anglosajona en sus paraísos fiscales.

Entre las medidas que adoptaron los líderes de Francia, Alemania, Italia, España, Holanda y Gran Bretaña en la cumbre de Berlín del pasado 22 de febrero se sugirió la recapitalización del Fondo Monetario Internacional (FMI), es decir, su duplicación de capital hasta 500 mil millones de dólares (Obama levantó la puja para triplicar el capital del FMI). Falta ver qué tanto el BRIC, donde el FMI goza de pésima reputación, estará dispuesto a avalar tales propuestas, que pretenden resucitar subrepticiamente al cadavérico viejo orden mundial de los depredadores FMI y Banco Mundial.

La postura de Francia, Alemania e Italia no es nueva, y recordamos que durante una cumbre del G-7 celebrada en Francia, el entonces presidente gaullista Jacques Chirac había catalogado a los hedge funds (fondos de cobertura de riesgo) como un sida financiero y había exigido la erradicación de los paraísos fiscales, a lo que siempre se opuso Gran Bretaña.

Der Spiegel asevera que los comentaristas no creen la abolición de los paraísos fiscales hasta no verla implementada.

Es evidente que a la demencial desregulación que imperó en los mercados de la globalización financiera anglosajona proseguirá una mayor regulación que los grandes de Europa continental (Alemania, Francia e Italia) desean sea mucho mayor a lo que quizá llegue a conceder la dupla anglosajona de Estados Unidos y Gran Bretaña. No faltarán comentaristas a los dos lados del Atlántico que aduzcan que la administración Obama, de corte eminentemente rooseveltiano, se acerque más a la postura de Europa continental y se aleje de la clásica piratería financiera de Gran Bretaña, que ha llevado al planeta al borde del colapso financiero. Tales comentaristas se basan en la gélida recepción que Obama procuró al primer ministro británico Gordon Brown en su reciente visita a Estados Unidos, llegando hasta vaticinar el fin de la relación especial entre Washington y Londres.

No creer hasta ver. La cumbre del G-20 marcará los verdaderos posicionamientos de los actores y probablemente la salvación financiera del planeta radicará en gran medida en la trascendental postura que adopte Obama: en tanto cuanto se aleje de la desregulación británica y se acerque a la regulación de Europa continental, al unísono del BRIC.

Fuente: Diario La Jornada
Viñeta: El Roto

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