29/5/08

Demasiado estrés. Medítalo

La ansiedad alcanza ya al 47% de la población, 15 puntos más que en 2001. Y la meditación se instala con fuerza entre directivos desbordados.

Tras un arduo día de trabajo, Laura se sienta en el sofá de casa y se observa durante un buen rato. Medita, como cada día. Laura (prefiere no citar su nombre real) tiene 41 años y dos hijos pequeños. Es una exitosa directora financiera de una multinacional estadounidense en Madrid. Su cargo le genera un alto nivel de estrés que ni el golf ni el tenis que practica con devoción son capaces de rebajar. Se apuntó al yoga y la meditación por recomendación de un amigo médico. Y parece que le funciona.

El caso de Laura no es único. En los últimos años se ha generalizado la práctica del yoga, taichi, chikung y otras modalidades alternativas a los deportes convencionales. Se calcula que hay 500 millones de practicantes de yoga en todo el mundo, desde niños a personas muy mayores.

Sólo en Madrid y Barcelona los centros de yoga y similares superan el centenar. En centros cívicos y gimnasios, las milenarias asanas (posturas yóguicas) o de taichi conviven con el hidrospinning (pedalear en el agua) o el aerobox (basado en el entrenamiento de boxeadores).

¿Qué motivos hay tras tanta cultura alternativa del bienestar? ¿Mantener el cuerpo? ¿Un bálsamo para sobrellevar el ritmo diario? ¿Algo más profundo?

Según la Encuesta de Calidad de Vida en el Trabajo del Ministerio de Trabajo, un 47% de personas afirmaban en 2006 tener niveles altos o muy altos de estrés; en 2001, sólo el 31,8% lo sufría siempre o frecuentemente. Pocos lo combaten con piscinas o el fútbol: aunque muchos pasean cada día como ejercicio físico, el 63% de los españoles entre 15 y 74 años afirma no practicar ningún deporte convencional, según una encuesta sobre hábitos deportivos realizada por la Universidad de Valencia en 2005.

Pero, ¿y si sólo fuera una moda? "Hay una crisis generalizada y la gente está preocupada, lo reconozca o no; es el sálvese quien pueda, lo cual significa tener el último televisor y otras cosas, y sobrevivir, cada cual como puede", dice Magda Catalá, doctora en filosofía, psicoterapeuta y estudiosa del budismo. En su opinión, la mayoría sigue una moda y acude "a un supermercado espiritual en donde escoge supuestas salidas al estrés, la competitividad y la agresividad que flotan por todos lados". Sólo unos pocos, añade, realmente buscan dentro de sí mismos para crecer y evolucionar, "pero no son caminos de simplificación de la vida, sino de compromiso serio y de trabajo intenso que se ha de complementar, a veces, con terapias o retiros de meditación prolongados".

Pero no es fácil dejar el ego en el armario. Los ejercicios orientales no sirven de mucho si se hacen desde fuera de la persona, dice Catalá. "Antes se hacía jogging, ahora taichi o yoga; dentro de un tiempo será una mezcla". "Algunos lo hacen como una píldora tranquilizante; esto es válido y respetable, pero si no hay un compromiso serio, en general ligado a algún cataclismo en la vida que te obligue a cambiar, pocas veces nos dirigimos hacia un camino que es arduo y cuesta arriba".

De igual modo, Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid, cree que las actividades físicas responden, en muchos casos, "al narcisismo de presentación del cuerpo, la estilización de la figura o la obsesión por la salud. Son el contrapeso al estrés y competitividad de la vida cotidiana". La era de la trivialización que vivimos, añade Alonso, nos hace desvalorar las cosas, algo que ha pasado con las imágenes tras el boom de la fotografía digital. Por ello ve normal la generalización de nuevos negocios que trivializan el sentido del yoga y de otras disciplinas y que ha hecho que no tengan un coste de entrada ni de salida, "se han convertido en un producto de consumo más".

Otros especialistas creen que muchos buscan encontrarse mejor. Tsewang Tamdin, médico personal del Dalai Lama, explicó recientemente en Barcelona que en Occidente se lleva un estilo de vida muy estresado "y la mente angustiada provoca más problemas físicos".

El sociólogo Mario Gaviria, premio Nacional de Medio Ambiente 2005, nos da alguna solución: "Se puede vivir con menos dinero sin complicarse la vida, pero la sociedad basada en producir y producir genera insatisfacción por la elevada competitividad". Algunos se atreven a probar el downshifting (una especie de vivir a medio gas, reducir gastos e ingresos para disfrutar la vida). "Es vivir con mayor sabiduría", dice Gaviria. O, como describe Eduardo Crespo, catedrático de Psicología Social de la Universidad Complutense de Madrid, optar por actividades o estilos de vida "que aunque puedan ser menos exitosos, en el sentido tradicional de lograr niveles de consumo altos, mejoremos la calidad de vida y, sobre todo, tengamos tiempo propio, porque administrarlo bien es tan importante como el dinero".

Contra el apego y las adicciones


Algunas personas reingresan en la sociedad convencional tras un largo peregrinaje, pero la mochila que traen, si la llevan, es mucho más ligera. Juan Manzanera, de 50 años de edad, dirige una escuela de meditación en Madrid y ha publicado varios libros. Una crisis existencial le llevó a abandonar los estudios de ingeniero, hacer las maletas y convertirse en monje tibetano en la India y en el Tíbet. Tras 12 años, decidió volver.

Como monje, "noté que me faltaba algo, no resolvía algunos estados emocionales. Me había convertido en una persona distante, aislada, no tenía una serenidad auténtica". Manzanera cree que los orientales no crean meditaciones para resolver ciertos conflictos psicológicos occidentales, "no tienen los mismos problemas". Complementa la meditación con la formación en terapia Gestalt, "porque la meditación da una profundidad a la que no llega la psicología, pero se olvida de una parte a la que la psicología puede acceder".

Todos los métodos de meditación son válidos. Sentado o en movimiento, se trata de dejar fluir los pensamientos sin apegarse a ninguno. Y respirar profundamente. Una sesión puede durar horas o minutos. Manzanera propone meditar en la compasión, en la naturaleza de la mente, en la esencia de las emociones, para relacionarnos de forma más amorosa y bondadosa. "Así podemos vivir una espiritualidad en la vida cotidiana". Requiere mucha constancia y voluntad, "pero quienes meditan quieren encontrar un sentido a sus vidas, sin tener que abandonarlo todo. Es darse cuenta de que todo es pasajero, tener menos apegos y adicciones", añade.

Si se trata de reducir el estrés, Andrés Martín Asuero, ex directivo, biólogo y experto en el tema, propone la conciencia plena, un método que investiga en la Universidad de las Islas Baleares. Lo explica en un libro de reciente publicación: Con rumbo propio (Plataforma Editorial). Un indicador de que la meditación es relevante es la iniciativa para integrarla en un probable posgrado en espiritualidad, meditación y salud, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Universidad Complutense de Madrid, dice el catedrático en Psicología José María Prieto.


Fuente: Extracto de un reportaje publicado por el periódico El País

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Cristóbal Cervantes
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