3/10/07

La revolución Azafrán, ¿camino birmano hacia la democracia?


Las protestas de carácter minoritario que se iniciaron en el mes de agosto para protestar por la subida de los precios de los combustibles se han convertido un mes después en una revolución popular contra el autoritario régimen que gobierna Myanmar desde hace medio siglo, después de la adhesión de miles de monjes budistas a las protestas iniciadas por la oposición política a la dictadura militar. El incremento del precio de los combustibles parece haber sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de decenas de miles de birmanos extenuados y empobrecidos por un régimen represor y corrupto que ha cerrado todos los espacios políticos y sociales y ha tratado de mantener al país en el aislamiento durante cuarenta años. Desde que en 1990 la Junta se negara a reconocer la abrumadora victoria en las urnas de la que un año después sería nombrada Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, cualquier intento de protesta o movilización social en contra del régimen ha sido severamente castigado.

Sin embargo, varios factores parecen haber confluido en las protestas que desde el mes de agosto se han acrecentado progresivamente en las calles de Rangún y otras importantes ciudades del país y que podrían llevar a pensar en que las posibilidades de poner fin a la dictadura son, como mínimo, menos remotas que en otras ocasiones. En primer lugar, cabe destacar la presencia pacífica de decenas de miles de personas reclamando mejores condiciones de vida y apertura política en las calles de Rangún y otras importantes ciudades del país. Cabe destacar la importancia del protagonismo adquirido por los monjes, dado el importante papel que juegan en la sociedad, siendo merecedores de un respeto y veneración generalizados, y máxime teniendo en cuenta que nunca hasta ahora el régimen militar se había atrevido a enfrentarse a ellos. En segundo lugar, los esfuerzos diplomáticos internacionales que en los últimos meses parecen haberse intensificado no sólo en la persona del Enviado Especial del Secretario General de la ONU, Ibrahim Gambari, sino también desde organizaciones internacionales como ASEAN y países como Reino Unido y EEUU. La visita de Gambari al país después de varios días de violencia policial en las calles de Rangún y su encuentro con Aung San Suu Kyi son muestra de la atención internacional puesta sobre la junta militar. Finalmente, el apoyo a las protestas pacíficas que algunos de los más emblemáticos grupos armados han ofrecido a los monjes y a la oposición política, que permitiría vislumbrar algunas posibilidades de pacto entre oposición política y armada, tal y como sucediera exitosamente en Nepal recientemente. Cabe añadir que el reciente fin del proceso de consultas para la reforma de la constitución (conocido como Convención Nacional), calificado de farsa por amplios sectores nacionales e internacionales contribuye a aumentar la incertidumbre sobre el futuro político del país.

La censura informativa impuesta después de que las imágenes de la represión hayan ocupado portadas de los más importantes periódicos de todo el mundo, cortando cualquier comunicación con el exterior del país, ha puesto de manifiesto que la capacidad que ha tenido la masiva presencia ciudadana en las calles para atraer la atención de la comunidad internacional no ha resultado indiferente al régimen militar. Por todo ello, debe ser el momento para que esta misma comunidad internacional apoye los esfuerzos del pueblo de Myanmar para acabar con una de las más longevas y represoras dictaduras.


Fuente: Escola de Cultura de Pau

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, no hagas comentarios insultantes o injuriosos, ni difames o acuses de faltas o delitos no probados

Cristóbal Cervantes
espiritualidadypolitica@gmail.com