29/7/09

El paso imperativo: el aumento de la conciencia, por Ervin Laszlo y Marco Roveda

Fuente: Este texto es un capítulo del nuevo e-libro La Felicidad en el cambio, escrito por Ervin Laszlo y Marco Roveda.

La insostenibilidad en la sociedad, en la economía y en la ecología, la irracionalidad de muchos elementos en el comportamiento humano, la obsolescencia de algunas de las creencias y aspiraciones dominantes son síntomas del malestar que aflige a nuestro planeta, pero no son la causa de la enfermedad.

La causa yace en algo más profundo: se encuentra en el modo en que pensamos.

Albert Einstein dijo que no podemos resolver un problema con la misma mentalidad que lo ha generado. Podemos aplicarlo al mundo contemporáneo: no podemos curar nuestro planeta con el mismo modo de pensar que ha creado su enfermedad.

La mentalidad que predomina actualmente, materialista y egocéntrica, es obsoleta y debe cambiar. Por suerte, la mentalidad que ha dominado el mundo en los últimos cien años no es una característica permanente de la especie humana. Durante gran parte de los miles de años en los que los hombres han poseído otras varias formas de cultura y conciencia, éstos nunca se han sentido «separados» del mundo que los rodeaba. Siempre han vivido con la convicción de que el mundo es uno, y que nosotros formamos parte intrínseca de éste. La radical separación del ser humano que piensa y que siente frente a un mundo que ni piensa ni siente no llegó hasta la edad moderna, principalmente desde Occidente. Y esto nos ha conducido a un aprovechamiento irracional de la naturaleza, como si esta no sintiera, en frente, un ser humano confuso que piensa y siente y por eso se cree separado y superior. Los pensadores más inspirados no han aceptado nunca una visión antropocéntrica tan estrecha, ya fuesen artistas, poetas, místicos o científicos. Giordano Bruno, Leonardo Da Vinci, Goethe, Galileo Galilei, Isaac Newton, Nicolás Copérnico y, en épocas más recientes, Albert Einstein nos han dejado grandes testimonios de su convicción de que el mundo, a pesar de ser misterioso en muchos aspectos, es intrínsecamente único y está lleno de significado.

La conciencia dominante de la humanidad podría dar un nuevo giro en los próximos años; y hay indicios de que este giro ya se ha iniciado. Las nuevas culturas que surgen al margen de la sociedad son portadoras de una mentalidad muy diferente de la materialista y de la que sólo se preocupa de sí misma de forma mezquina, aún dominante. Psicólogos sociales, parapsicólogos experimentales, sociólogos pero también médicos e investigadores del cerebro están descubriendo un tipo diferente de percepción y de conocimiento en las personas, especialmente en los más jóvenes, en los niños: «conciencia integral», «mente abierta», «conciencia no-lo-cal», «mente holotrópica», «mente infinita», o «mente sin límites».

La conciencia ahora emergente confirma lo que habían predicho esos pocos, importantes pensadores, y las culturas espirituales ancestrales. El sabio hindú Sri Aurobindo advirtió la aparición y la difusión de la que él llamó «superconciencia» (el tipo de conciencia que se alcanza en el samadhi, satori, y en similares estados de meditación) como signo distintivo de la próxima fase evolutiva de la conciencia humana. El filósofo suizo Jean Gebser ha definido esta fase como la llegada de la cuarta dimensión de la conciencia integral, que surge después de las anteriores fases de la conciencia: arcaica, mágica, mítica. El místico americano Richard Bucke describe esta fase como «conciencia cósmica», que va más allá de la simple conciencia animal y la actual auto-conciencia humana. Y para el místico Eckhart Tolle, la conciencia forma parte del universo: se trata de la parte esencial.

El científico social Chris Cowan y Don Beck han elaborado a propósito de esto un esquema de colores al que llaman «espiral dinámica». Según esta concepción, la conciencia humana de la fase «estratégica-naranja», materialista, consumista, que tiende al éxito, imagen, estatus, crecimiento irracional,… ha evolucionado a la fase «consensual-verde» del igualitarismo y la orientación hacia los sentimientos, la autenticidad, el acto de compartir, la tutela, la comunidad; y ahora se está volviendo a la fase «ecológica-amarilla» en la que nos concentramos en los sistemas naturales, la auto-organización, las realidades múltiples y el conocimiento. En el futuro, se llegará a la fase «holística-turquesa» de la individualidad colectiva, la espiritualidad cósmica, el cambio de la Tierra.

También las tradiciones espirituales hablan de la llegada de una nueva conciencia. Los antiguos mayas predijeron que la era inminente será la era en la que el éter, el quinto elemento del universo desde siempre desconocido, llegará a ser el que domine. «Los elementos tradicionales, aire, agua, fuego y tierra… han dominado varias épocas del pasado» ha dicho el portavoz y alto dignatario maya Carlos Barrios, «pero habrá un quinto elemento con el que ajustar cuentas en el tiempo del Quinto Sol: el éter». El éter, puntualiza, penetra en todos los espacios y transmite ondas de energía en un amplio aspecto de frecuencias. Una importante tarea de esta era será entonces «aprender a sentir, a apreciar la energía en cada cosa, en todos y cada uno: personas, plantas, animales. Y esto se hace más importante a medida que nos acercamos más al mundo del Quinto Sol, ya que está asociado al elemento «éter», el reino en el que la energía vive y fluye» (fuente: Sacredroad).

De forma incidental, que no accidental, los físicos están descubriendo que el éter, hace un siglo, fue injustamente descartado cuando fallaron los experimentos para medir la fricción que se preveía que éste causaba en la rotación de la Tierra. El puesto del éter no es reemplazado por el espacio vacío, el vacuum. Lo que los físicos llaman el quantum vacuum está muy lejos de ser espacio vacío: según las Teorías de la Gran Unificación es el campo unificado, el regazo de todos los campos y de todas las fuerzas de la naturaleza. Contiene una asombrosa concentración de energía y propaga y transmite información altamente esclarecedora.

En la filosofía sánscrita e hindú, el éter era considerado el más importante de los cinco elementos, aquél sin el cual los otros no pueden subsistir. El éter era conocido como Akasha, el elemento que también conecta todas las cosas -el «campo akashico»- y conserva la memoria de todas las cosas, la «crónica akashica». Actualmente, en forma de campo cósmico de energía e información, el éter recupera el estatus de preeminencia del que disfrutó hasta hace cinco mil años.

Una conciencia que reconoce nuestras conexiones con el éter -una conciencia akashica- es una conciencia de unión y pertenencia, en definitiva, a la unidad que forman las personas y la naturaleza. Es la conciencia transpersonal de la visión de los filósofos, predicha por los mayas, y apoyada hoy por los descubrimientos de la más avanzada frontera científica.

La evolución de esta conciencia y su difusión cada vez entre más personas, puede ser un requisito de base para la curación de nuestro fragmentado y crónicamente insostenible planeta, aunque para nada incurable.

Fuente: Este texto es un capítulo del nuevo e-libro La Felicidad en el cambio, escrito por Ervin Laszlo y Marco Roveda.

El e-libro, de publicación reciente, es de dominio público, libre y gratuito, son sólo 55 páginas que se puede descargar (archivo pdf) en su página web. También puedes leer en su web los interesantes comentarios sobre el libro de los coautores, Michael Gorbachev, Lester R. Brown, Deepak Chopra, Fritjof Capra, Edgar Mitchell, Vandana Shiva, Peter Russell y José Argüelles, entre otros.

Ervin Laszlo

Es fundador y presidente del Club de Budapest, presidente del WorldShift Network, fundador del General Evolution Research Group, co-director del World Wisdom Council, socio de la academia mundial de artes y ciencias, miembro de la International Academy of Philosophy of Science, senador de la International Medici Academy y director del periódico internacional World Futures: The Journal of General Evolution. Licenciado en medicina en la Sorbona, ha sido nombrado Doctor Honoris Causa por las más prestigiosas universidades de los Estados Unidos, Canadá, Finlandia y Hungría. Imparte conferencias magistrales en todo el mundo como PHP en Filosofía, Ciencia de los Sistemas, así como estudios de prospectiva en diversas cátedras entre los Estados Unidos y Europa. El doctor Laszlo recibió en el 2002 el Premio por la Paz del Japón, el Goi Award, y en el 2005 el Premio Internacional Mandir por la Paz en Asís, Italia. Fue candidato al premio Nobel de la Paz en el 2004. Es autor o co-autor de 54 libros, traducidos en al menos veintitrés lenguas, y es coordinador de otros treinta, además de los cuatro volúmenes de la World Encyclopedia of Peace. Vive en la provincia de Pisa, en la querida y singular Toscana.

Marco Roveda

En 1978 se suma a la agricultura biodinámica y en 1981 funda la Fattoria Scaldasole que se convertirá inmediatamente en la primera empresa agroalimentaria del sector bio en Italia. En poco tiempo, más de 60.000 empresas, inspiradas en su éxito, seguirán su ejemplo y empezarán a producir y transformar productos biológicos llevando a Italia del último al primer puesto en la producción de lo biológico en Europa. En 1997 recibió de la CCIA el premio de Emprendedor del Año en la categoría “Calidad de vida”. En el 2000 funda LifeGate que rápidamente se convertirá en el centro de unión de las personas y las empresas que quieren hacer suyos los principios de la ética y de la sostenibilidad. En el 2002 recibe el premio RCS Cenacolo para el Mundo Editorial y la Innovación. En el 2008 la Fundación Schwab y World Economic Forum conceden a Marco Roveda el premio internacional “Social Entrepreneur of the Year”. En el 2004 publica, para Ponte alle Grazie, el libro “Porque lo vamos a conseguir”. En el 2008 es protagonista de la colección “I Sostenibili” de Salerno Editrice con “¿Nos salvará el ecobusiness?”, libro-entrevista-biografía firmado por Enzo Argante. Actualmente vive en la provincia de Como, en la que ha sido la primera sede de la Fattoria Scaldasole y que hoy día alberga el primer parque fotovoltaico «solar tracker» de Italia.

Enlace a todos los artículos (éste incluido) de Ervin Laszlo en el blog Espiritualidad y Política

27/7/09

Gobiernos inconscientes e irresponsables, por Leonardo Boff

Quienes tuvieron la suerte de dar seguimiento a la cumbre de los pueblos (192 pueblos), en la ONU, del 24 al 26 de junio, para encontrar salidas incluyentes a la crisis económico-financiera, vivenciarían una doble perplejidad. La primera, el haber llegado a un sorprendente consenso acerca de medidas económicas y financieras que deberían ser puestas en marcha a corto y a medio plazo, en función del desarrollo/crecimiento. La segunda, el verificar que todo se concentró solamente en el aspecto económico-financiero, sin referencia alguna a los limites de la biosfera y a la devastación de la naturaleza que el tipo de desarrollo vigente implica. Es decir, la economía se volvió un conjunto de teorías y fórmulas que los expertos dominan y aplican a los países, olvidándose de que esa economía es parte de la sociedad y de la política, y que, por lo tanto, está ligada a la vida de las personas. Era como si los políticos y expertos no respiraran, no comieran ni se vistieran, y anduvieran por las nubes en lugar de andar por el suelo. Para ellos, tales cosas importantes son externalidades que no cuentan.

Al oírlos, pensaba yo para mis adentros: cuán inconscientes e irresponsables son estos políticos, representantes de sus pueblos, que no se dan cuenta de que la verdadera crisis no es ésa que discuten, sino la de la insostenibilidad de la biosfera y la incapacidad de la Madre Tierra para reponer los recursos y servicios necesarios para la humanidad y para la comunidad. Bien advirtió el exsecretario de la ONU Kofi Annan: esta insostenibilidad no impide solamente la producción y la reproducción, sino que pone en riesgo la supervivencia de la especie humana.

Todos están siendo rehenes de la locura económica del «desarrollo», entendido como mero crecimiento económico (PIB, producto interior bruto...). Ahora bien, este paradigma de desarrollo -mentirosamente sostenible- del actual modo de acumulación mundial, está llevando a la humanidad y a la Tierra a la ruina. Las personas son lo último que cuenta. Primero vienen siempre los mercados, los bancos, el sistema financiero. Con sólo el 1% de lo que se aplicó para salvar a los bancos de la quiebra (algunos billones de dólares), se podría solucionar el hambre del planeta, afirma la FAO. Y actualmente la misma FAO ha alertado de que existen países con reserva de alimentos para sólo tres meses. Sin una cooperación mundial articulada, habrá hambre y muerte para millones de personas.

Discutir la crisis económico-financiera sin incluir las demás crisis -la del calentamiento global, la alimentaria, la energética y la humanitaria-, es mentir a los pueblos sobre la situación real de la Humanidad. Temo que dentro de unos años, nuestros hijos y nietos, mirando hacia nuestro tiempo, tengan motivos para maldecirnos y despreciarnos por no haber hecho lo que debíamos hacer. Conocíamos los riesgos y preferimos salvar el dinero y garantizar los bonus, cuando deberíamos haber salvado el Titanic que se hundía.

En este sentido Brasil es una pena: si hay un país en el mundo que goza de las mejores oportunidades ecológicas y geopolíticas para ayudar a formular el proyecto del «otro mundo necesario para toda la humanidad», ése sería Brasil.

Es la potencia de las aguas, posee la mayor biodiversidad del planeta, las mayores florestas tropicales, la posibilidad de una matriz energética limpia a base de agua, de viento, de sol, de mareas y de biomasa... pero no ha despertado todavía. En los foros mundiales vive en permanente siesta política, inconsciente, “yaciendo eternamente en una espléndida cuna” (palabras del Himno nacional brasileño). No se ha percatado de sus posibilidades, ni de su responsabilidad respecto a la salvaguarda de la Tierra y de la Vida.

Al contrario, marchando en dirección opuesta a la historia, estamos construyendo fábricas a base de carbón. Hemos deforestado 1.084 km2 de la Amazonia deede agosto de 2008 a mayo de 2009. Y somos el quinto mayor generador de polución del mundo... El factor ecológico no es estratégico para el actual gobierno. Somos ignorantes, atrasados, faltos de sentido de responsabilidad ante a nuestro futuro común.

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, más información en Wikipedia

Ahora sí, otro mundo es posible, por Federico Mayor Zaragoza

La crisis y el liderazgo de Obama son una oportunidad para cambiar el rumbo, para conseguir que primen los valores de la libertad, la igualdad y la solidaridad, pisoteados en la anterior etapa por el culto al mercado

"Tenemos la capacidad de lograr el mundo que deseamos si tenemos el valor de emprender un nuevo comienzo". Barack H. Obama. El Cairo, 4 de junio de 2009

Para pasar de una época de cambios a un cambio de época es imprescindible que se produzca la reacción de la sociedad, que ya no puede permanecer impasible, espectadora, testigo de lo que sucede, sino que tiene que participar, activamente, para que los gobiernos sean auténticamente democráticos, es decir, actúen en virtud de la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y escuchen y respeten todas las opiniones. No me canso de repetir la importancia que tuvo, al término de la Segunda Guerra Mundial, que la Carta de las Naciones Unidas iniciara su preámbulo de este modo: "Nosotros, los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra". Estaba claro que eran los pueblos los que debían construir la paz a través de sus representantes genuinos. Y hacerlo en virtud del supremo compromiso contraído con las generaciones venideras.

Sin embargo, no fueron "los pueblos" sino los Estados, muchos de ellos autoritarios, los que interpretaron la Carta a su modo: la cooperación pronto se mudó en explotación, las ayudas en préstamos, los valores universales en leyes de mercado. Prevaleció el preparar la guerra para asegurar la paz, en lugar de construir la paz. Abandonadas progresivamente por las grandes potencias, las Naciones Unidas vieron cómo su sueño de democracia planetaria se convertía en agrupaciones plutocráticas (G-7, G-8, G-20...) que enarbolaban, en vez de "Nosotros, los pueblos", la enseña de "Nosotros, los poderosos".

Una economía de guerra, azuzada por los grandes productores de material bélico, se fue consolidando hasta alcanzar en el año 2000 inversiones diarias de casi 3.000 millones de dólares cuando la pobreza extrema y las muertes por hambre y enfermedades ya evitables se calculaban entre 60.000 y 70.000 personas cada día. No existió la voluntad política entre las grandes potencias de favorecer el desarrollo endógeno, de garantizar la igual dignidad de todos los seres humanos.

El panorama actual constituye una vergüenza colectiva, que exige un cambio tan radical como apremiante. Ahora sí es posible este cambio porque en los últimos años se ha producido una rápida "maduración" de las capacidades necesarias para que los súbditos se conviertan en ciudadanos del mundo y adquieran una conciencia global y, por tanto, la posibilidad de comparación, base ética fundamental; el incremento de mujeres en el escenario público y en los procesos de toma de decisión, y, por fin, la posibilidad de participación no presencial, a través de las modernas tecnologías de comunicación (Internet, SMS...).

Participación personal e institucional, anticipándonos para prevenir aquello que aparezca como más nocivo para la calidad de vida. La complejidad de los desafíos reclama una interacción permanente de los gobiernos, Parlamentos y concejos con la comunidad científica y académica con el fin de no aplazar decisiones, especialmente en procesos potencialmente irreversibles (biológicos, sociales, medioambientales...).

Ahora sí es posible: la "tensión humana" que produce la presente crisis -económica, medioambiental, alimenticia, energética, democrática, ética...- representa una extraordinaria oportunidad para convertir en acción la sorpresa e indignación sentida por quienes reclamaban inútilmente unos fondos razonables para erradicar el hambre o el sida, y han visto cómo se abrían los aliviaderos de inmensos depósitos para el "rescate" de las mismas instituciones que, con codicia e irresponsabilidad, nos llevaron a la presente situación.

Ahora sí es posible, por el "despertar" democrático de tantos países sometidos en el este de Europa, América Latina, África, Asia. Y tendrá que hacerlo la Unión Europea, que sigue siendo una Comunidad Económica, con mucha inercia de los instalados y la inexplicable tendencia a favorecer fuera de su ámbito políticas que no estima procedentes en casa. Pero, estoy convencido, si de verdad los países que la integran comparten valores esenciales, de que es cosa de poco tiempo.

Las raíces de esta crisis múltiple deben situarse, precisamente, en la inmensa equivocación de sustituir los "principios democráticos universales" de la justicia social, la solidaridad, la igualdad, por el mercado. El resultado ha sido la ampliación de las asimetrías económicas propiciando grandes desgarros sociales y poniendo en evidencia la insoportable levedad de la democracia, parafraseando a Kundera. Democracias sometidas, con ciudadanos perplejos pero obedientes y resignados, tanto por la fuerza del poder económico y militar como mediático. Es preocupante ver cómo, en una parte de la sociedad saciada, la pertenencia partidista es fanática, irreflexiva, indiscutible.

Ahora sí es posible el fortalecimiento democrático para el cambio radical que representa el presidente Obama en el liderazgo mundial: diálogo, colaboración, búsqueda de la paz a través de la justicia y de la igual dignidad de todos los seres humanos. "Juntos", ha proclamado, "podemos". Ahora sí es posible porque ha quedado claro que es indispensable el multilateralismo. Que no se trata de reforzar algunas de las instituciones del Sistema, sino de cambiarlas profundamente.

Ahora sí, en 10 ó 12 años es posible que tenga lugar el cambio de época tan anhelado, desde una cultura de fuerza e imposición a una cultura de diálogo, conciliación, alianza y paz. Ha llegado el momento de la gran transición desde la fuerza a la palabra.

Hasta hace bien poco se han seguido invirtiendo inmensas cantidades en armamento propio de confrontaciones convencionales. La Administración de Bush ha llevado el gasto militar hasta límites inverosímiles. Pero ahora, por fortuna, el presidente Obama ha decidido liderar el desarme ofreciendo un plan concreto para reducir arsenales, cambiar de enfoque y frenar la proliferación de ojivas nucleares. "Hemos de optar", ha dicho Obama, "entre inversiones destinadas a mantener la seguridad del pueblo americano y otras elegidas para enriquecer a una compañía fabricante o a un gran contratista".

Ahora sí es posible que, junto al fortalecimiento del sistema multilateral y la eliminación inmediata de los paraísos fiscales, puedan sustituirse parcialmente las inversiones en armamentos por inversiones en desarrollo global sostenible: energías renovables, producción de alimentos (agricultura, acuicultura y biotecnología), obtención y conducción de agua, salud, transportes, vivienda... Sólo así aumentará el número de "clientes" en todo el mundo, y se evitarán los caldos de cultivo que crean flujos migratorios de personas desesperadas y violencia.

Ahora sí es posible. Por el sentimiento íntimo de que, de una vez, debe cambiar la mano alzada por la mano tendida. Las palabras clave son involucrarse y compartir. Tengo la seguridad de que, en los momentos actuales, una gran mayoría de ciudadanos con empleo contribuirían a un Fondo Voluntario de Solidaridad Social. Lo que no podemos hacer es pensar siempre que los problemas -que hemos consentido en buena parte con nuestro silencio y abstención- sean solucionados por quienes no supieron atajar oportunamente sistemas basados en la desregulación y la especulación.

"Todos los seres humanos iguales en dignidad": ésta es la clave -tan lúcidamente establecida en la Constitución de la UNESCO y la Declaración Universal de los Derechos Humanos- para entrar en la nueva era. Todos los seres humanos capaces de crear, de imaginar, de inventar, de emprender este nuevo comienzo siendo conscientes de que disponemos de las capacidades y voluntad requeridas. Y entonces, frente a los que sigan anclados en el pasado y en sus privilegios, frente a los escépticos y pusilánimes, se iniciará el cambio que anhelamos, este otro mundo de nuestros sueños. Con serenidad, porque sabemos que podemos. Como tan bellamente lo expresó Álvaro Cunqueiro: "El ave canta aunque la rama cruja porque conoce la fuerza de sus alas".

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz
Fuente: Diario El País

Coherencia democrática frente a populismos sin futuro, por José Carlos Garcia Fajardo

África y Latinoamérica necesitan instituciones sólidas y estables que terminen con gobiernos populistas y favorezcan el nacimiento de auténticas democracias participativas.

En un discurso dirigido al mundo musulmán, desde la universidad de El Cairo, el presidente Obama dijo: “Dios no cambiará vuestra situación ni mejorará vuestra suerte hasta que no os cambiéis vosotros mismos, mejoréis y os alcéis en vuestro camino”.

Esa fue también la esencia de sus palabras a los pueblos de África desde la universidad de Ghana el 11 de julio. Habló como Presidente y como mestizo descendiente de un africano de Kenia y de una mujer blanca en Hawai, educado en Indonesia en escuelas musulmanas y católicas, para culminar en la universidad de Harvard.

Se eligió Ghana porque fue el primer país de África subsahariana en alcanzar su independencia, en 1957. A pesar de muchas vicisitudes, mantiene un régimen democrático y al discurso de Obama asistieran 4 presidentes que se sucedieron regularmente. Para colmo, desde este año, forma parte del grupo de países exportadores de petróleo. El país de Kwame N'Krumah, precursor del panafricanismo y del orgullo nacionalista africano que representó a Ghana en la Conferencia de Bandung junto a Tito, Nasser, Nehru y Sukarno. N'Krumah defendió el anticolonialismo y realizó transformaciones internas apoyándose en la industrialización básica, la revolución agraria y la educación socialista.

“Estáis mal gobernados”, les dijo Obama. “El tribalismo, el nepotismo, la corrupción son los enemigos del progreso; es preciso acabar con ellos”.

No vaciló en condenar el colonialismo que impuso al continente fronteras artificiales y una explotación sistemática, sino también por lo que hizo a los africanos en su vida cotidiana.

Les urgió a que dejaran ya de pensar que el colonialismo de ayer y el Occidente de hoy son los responsables de los males actuales y de las dificultades que encuentran. “Necesitáis instituciones sólidas y estables”, prosiguió, “con un buen gobierno capaz de garantizar las elecciones y con poderes que gobiernen por el consentimiento y no por la coerción”.

Denunció el enriquecimiento ilícito y los sobornos pero también fustigó a quienes dan golpes de Estado o modifican las Constituciones para perpetuarse en el poder porque esa es la negación del progreso. África, enfatizó, no tiene necesidad de hombres fuertes sino de fuertes instituciones.

Y les mostró el ejemplo de Sudáfrica, de Singapur, de Corea del sur y de otros países que han logrado un progreso espectacular: se han dado buenas infraestructuras, han invertido en educación y en salud para transformar la sociedad.

Al igual que en El Cairo, se dirigió a los jóvenes que constituyen el 50% de cada país del continente: “El siglo XXI será lo que vosotros seáis capaces de hacer”.

Estos mensajes tienen vigencia en otros muchos países del mundo. En Latinoamérica, en donde la pobreza es fruto de la desigualdad social, de la explotación por minorías que siguen detentando el poder y en donde renace el cáncer de los golpes de Estado apoyados por oscuros poderes que insisten en mantener su prepotencia.

¿Qué otra cosa sucede en la falta de entendimiento con repúblicas emergentes ahogadas en la pobreza, en los monocultivos y en la explotación de su riqueza humana al tiempo que de sus recursos naturales?

Bien están los discursos, pero la realidad es que los desvaríos de Chavez o la contumacia del desahuciado sistema cubano, vuelven a encontrar comprensión en los pueblos empobrecidos mientras que los resortes del poder económico y financiero se mantienen con la ciega codicia que alimenta las revoluciones y los actos violentos frutos de la desesperación.

¿Acaso el golpe de Honduras hubiera podido llevarse a cabo sin el apoyo del presidente Uribe de Colombia y de los firmes intereses de Estados Unidos? Las cinco bases militares norteamericanas que van a construirse en territorio colombiano, so pretexto de luchar contra el narcotráfico, significan el mantenimiento del poder de los lobbies norteamericanos con independencia del presidente con carisma que los gobierna.

En muchos países, formalmente democráticos, modifican las constituciones para perpetuarse en el poder fomentando un populismo sin futuro.

Causa rubor contemplar los esfuerzos de Obama para que la asistencia sanitaria llegue a casi 50 millones de norteamericanos desprovistos de ella pero que se estrella contra la oposición de los estamentos más conservadores e intransigentes del país. Pero en el mundo de la revolución de las comunicaciones, las palabras llegan a todas partes con el peligro de que instrumentos desafinados se hagan con la partitura que deberían interpretar los auténticos representantes del pueblo.

José Carlos Garcia Fajardo es Profesor Emérito de la UCM. Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
Fuente: CCS

20/7/09

"Hay instituciones que están muertas, pero no lo saben. Me recuerda a El sexto sentido"

Entrevista a Mario Conde

El interés por lo trascendente le viene de lejos, pero fue en la cárcel donde el ex presidente de Banesto, el hombre más envidiado y emulado de los 80, dio rienda suelta a su debilidad por las cuestiones esotéricas. Hoy, recién publicado su libro Cosas del camino, se atreve a profetizar en Magazine la 'nueva conciencia' que vendrá tras la crisis.

Tiene algo de personaje de El Greco peinado hacia atrás, con esa elegancia que aportan la delgadez, algunas arrugas y un cierto aire de melancolía que no tenía el amo del universo de hace 20 años. Pero no, no va en chándal (como se ha leído por ahí), ni vestido con una túnica blanca, ni entona cánticos exóticos, ni, como él mismo remata, ha perdido la cabeza. «Hombre», apostilla con leve sonrisa, «no sería raro que alguien pudiera pensarlo. Pero eso es que no me conoce, porque yo siempre he estado interesado por estos temas, desde que tenía 17 años».

Con «estos temas», Mario Conde se refiere a la espiritualidad, y la espiritualidad, claro, va por dentro. Por fuera, Mario Conde nos recibe con su porte intachable de siempre: zapatos castellanos, corbata de seda y un impoluto traje gris cruzado.

Romper con el tópico es complicado. De entrada, resulta difícil creer en el nuevo Mario Conde que se ha dejado entrever en sus últimas entrevistas televisivas: un estudioso del mundo espiritual, sin aparente rencor después de la lluvia caída, que ha pasado los años de prisión meditando y estudiando el Tao y la Biblia. Porque recordemos de quién estamos hablando. De Mario Conde, el adalid del éxito, el hombre más envidiado, odiado, admirado y emulado durante los años 80… Si Tom Wolfe le hubiera conocido, seguro que le habría inspirado una nueva versión de La hoguera de las vanidades, tan larga, que ahora tendría una segunda parte de la novela aún más interesante que la primera.

P.Cuando usted estaba en la cárcel, su mujer le dijo que no iba a haber quién le sacara de allí, que estaba haciendo exactamente lo que llevaba años deseando: estudiar, leer, meditar…

R.Sí, efectivamente. En una visita que Lourdes me hizo con mi hija Alejandra, ésta me dijo que me veía feliz, cuando, claro, lo lógico, si vas a ver a tu padre a la cárcel, es que esté derrotado, deprimido… Pero tenía razón. Estaba haciendo lo que yo, a los 17 años, cuando Lourdes y yo nos conocimos, quería hacer. Levantarme de madrugada, disfrutar del silencio de esas horas, estudiar, profundizar en temas relacionados con la espiritualidad, la trascendencia y meditar, que es algo que me ayudó entonces y que sigue siendo muy importante en mi vida, porque al fin y al cabo, lo que consigue es ponerte en contacto contigo mismo, con tu esencia y eso sólo se logra así, con el silencio. Eso es lo que siempre me ha interesado y había tenido que dejar un poco de lado durante años, porque con Banesto había tenido menos tiempo para dedicarme a ello. Mario Conde ha abandonado su mirada de Mario Conde, la que imaginamos que pone cuando habla de su pasado financiero. Relaja la mandíbula, baja la voz, entrelaza los dedos…. Cuenta que, al principio, a los 17 años, pensó que la respuesta estaba en el catolicismo. Después, según confiesa, hacia el 68 –claro–, pasó por una etapa existencialista, pero Sartre tampoco le convenció e inició el largo recorrido, la investigación propia, sincrética, apartada de la ortodoxia de las religiones establecidas....

P. Usted ha dicho que las creencias son «analgésicos para el alma». ¿Vivimos en una sociedad de la analgesia, donde no se busca la cura sino la anestesia?

R. Sí, efectivamente, estoy convencido de que las creencias religiosas son analgésicos espirituales, pero no curan. Hay un momento en la historia de la farmacopea (no así en China) en la que se abandona al hombre y en vez de intentar curarle, se pasa a intentar apaciguar el dolor y se empieza a volcar todo el esfuerzo en crear analgésicos. Y eso se traslada, especialmente en la edad moderna, al tratamiento del espíritu. Es la necesidad de atenuar esa angustia de no saber quién soy, de dónde vengo y adónde voy. Y esta sociedad se preocupa de apagar el dolor físico, sin curar, se apoya en las creencias que aportan las religiones para amortiguar el dolor espiritual, pero también de una manera superficial, sin profundizar.

P. ¿Qué es para usted la espiritualidad?

R. La espiritualidad es un sentido de trascendencia. Hay un fenómeno no tangible, que tiene que ver con lo que uno siente, por ejemplo, al ver determinados fenómenos de la naturaleza. A partir de esa emoción sutil, te empiezas a plantear que hay una dimensión con algo que podemos llamar El Todo. Y empiezas a pensar que, quizá, cabe la noción de una materia más sutil que a lo mejor no es aprehensible por los sentidos. Esto, en la Edad Media, sería motivo de herejía, pero ahora sabemos que hay una materia que nos rodea, que son las ondas. De ahí se asciende a lo que podíamos llamar el concepto «alma».

P. Pues ya puestos, ¿qué es el alma?

R. El alma es eso que nos individualiza mientras estamos por aquí.

P. Pero a eso hay quien le llama personalidad.

R. En este mundo del espíritu, hay que acostumbrase a que la terminología no tiene la misma precisión que la ciencia. Sí, hay quien le llama personalidad, pero la personalidad se compone con elementos intrascendentes, como tu nombre, de dónde eres o quiénes son tus padres. Por encima de esos factores tenemos un alto reconocimiento interior y eso coincide, precisamente, con la capacidad de emocionarse ante determinadas cosas.

P. En su libro Cosas del camino, usted se refiere a esa corriente que relaciona cosas tan dispares como la física cuántica y lo espiritual, Dios, el alma…

R. Los buscadores científicos del alma dicen que la física cuántica no consigue demostrar que el alma existe, pero es que tampoco encuentran la materia esa de la que hablan. Han descompuesto el átomo, han llegado a los quarks y, al final, lo que encuentran es un vacío… Ese vacío no es vacío, ese vacío está lleno de sustancia sutil. Tan sutil, tan sutil, que nosotros, que somos unos groseros, le llamamos alma. ¿Que quieren llamarle energía? Pues energía. ¿Que quieren llamarle lo que sea? Pues nos ponemos de acuerdo, y le llamamos «tunfun», pero está claro qué es.

P. ¿A qué achaca usted el auge de corrientes espirituales fuera de las religiones «oficiales»?

R. A que, por una parte, cuando confundes lo religioso con lo espiritual y lo religioso con una forma de poder, más pronto o más tarde aquello no funciona. Y, en segundo lugar, Occidente, el Occidente mayoritariamente católico, ha fracasado en la gestión del Misterio. No es tanto que la gente se separe de la creencia en el Misterio, es más bien que no se cree que ese intermediario tenga que ser el que lo gestione y quiere hacerlo él mismo, directamente.

P. ¿Y es ahí es donde se explica ese triunfo de algunas filosofías orientales?

R. Efectivamente, en Occidente se está produciendo una cosa interesante que es el orientalismo. Llevamos demasiado tiempo viviendo en una cultura de la frivolidad, y lo espiritual no cabía. Hay una serie de gente que está convirtiéndose, entre muchas comillas, a la espiritualidad oriental, porque está cansada de pelear con los curas y las iglesias. En muchos casos es un acercamiento anecdótico, epidérmico, pero bueno…

P. ¿Hay cierto esnobismo?

R. Algo de eso hay. Técnicas como la meditación están teniendo más aceptación porque no nos suenan a nada de lo que nos han inculcado, ni a esa lucha con los curas… A lo mejor, queda menos elegante decir que estás sentado en el banco de una iglesia de pueblo, rezando, que decir que estás asistiendo a un curso de meditación.

P. Algunos conectan la crisis económica actual con la digamos «cultura de la frivolidad» que ha vivido Occidente durante las últimas décadas…

R. Yo ya lo dije hace tiempo, que estamos en una crisis que no es sólo económica, que es algo mucho más profundo. Concretamente, hablé de ello en el Vaticano en 1992 y en la Universidad Complutense de Madrid. Yo creo que es una crisis de sistema. Sí, muchos hablan de una «crisis sistémica», pero dan a entender que es únicamente del sistema financiero. Pero los sistemas financieros los gestionan personas. Unos señores que son presidentes, que son consejeros delegados, que son directores generales de los bancos, de los que controlan los bancos…

P. Cuando habla de «sistema», ¿a qué se refiere exactamente?

R. Un sistema es algo muy sencillo. Es la manera que tiene el hombre de relacionarse con el hombre y con las cosas. La gente percibe actualmente que, en el capitalismo en su versión más salvaje, el modo de relacionarse el hombre con el hombre, y el hombre con las cosas, no sirve. Y se pueden poner muchos parches, se pueden aplicar miles de trillones de dólares, pero ahí no está la solución… Hay un refrán: «Que tus bienes reparen tus males», pero los bienes del dinero no pueden reparar estos males, porque la cuestión es que no son males del dinero. Se trata de una crisis mucho más profunda, es una crisis de valores.

P. De valores, pero hay que advertir que no estamos hablando de los bursátiles…

R. Sí, sí, claro. Pero lo que puede parecer una broma no lo es tanto. Hace unos meses di una conferencia en Galicia hablando de todo esto, comentando que estábamos asistiendo a una crisis de valores, etcétera. Al final, en el turno de preguntas, un señor bastante mayor pidió la palabra y me dijo: «Don Mario, ya que usted habla de la crisis de valores, ¿nos puede decir en qué valores tenemos que invertir para ganar dinero?». Hubo una carcajada general, claro. A aquel hombre no le cabía en la cabeza que se pudiera hablar de otros valores. No he visto nunca una manera más gráfica de explicar que estamos ante una crisis de valores.

P. ¿Usted es de los que creen que esta crisis es positiva, que va a traer algo bueno?

R. Sí. Yo tengo mucha ilusión con lo que viene después de esta crisis. Me gusta vivir esta etapa de cambio. Cuando tenía pocos años, pensaba: «Al descubrimiento del cosmos no voy a llegar, América y todo eso ya está descubierto… ¡Pues vaya aburrimiento!». Pero ahora vamos a descubrir algo realmente nuevo: un nuevo proceso en las relaciones humanas, y eso me hace estar muy contento.

P. Habla de una transformación total, y las transformaciones suelen ser dolorosas.

R. Por supuesto, hay cosas inevitables. Yo creo que, lamentablemente, habrá rebrotes racistas. Sí, habrá momentos duros, pero todo eso pasará y lo que está por venir es muy positivo. Las estructuras básicas van a cambiar. Yo veo un nuevo sistema financiero, veo una sociedad que se va a fijar más en la estructura social de la convivencia y no en la acumulación por la acumulación.

P. Quizá ahora sea el momento de retomar esa idea que tuvo en 1993 de hacer una Fundación del Hombre…

R. Pues es algo que me vuelve a rondar la cabeza. Sí, estando en Banesto, en 1993, estaba muy enfadado con el hombre, con el producto humano que estábamos construyendo. Quería montar una Fundación del Hombre para decir: «Reflexionemos sobre lo que estamos haciendo, hacia dónde vamos», desde una dimensión espiritual. Eso ha sido algo que, como ya digo, me ha preocupado siempre, lo que pasa es que pocas veces trascendía a los medios de comunicación. Pero durante mi etapa en Banesto también organicé un Encuentro de las tres religiones, por ejemplo.

P. Una de las personas con las que contactó para crear esa Fundación del Hombre fue el marqués de Nothfort, uno de los nombres más relevantes de la masonería británica. Siempre se ha hablado de su relación con esa institución. ¿Pertenece usted a ella?

R. Efectivamente, el marqués de Nothfort era el gran maestre de Inglaterra, pero yo ya hace más de 20 años que no tengo ningún contacto con la masonería. En España ha sufrido muchos ataques. Por una parte, desde fuera, con el franquismo, que tenía una especie de obsesión con la conspiración judeomasónica. Y, por otra, desde dentro, porque había mucha gente que estaba metida en ella movida por cualquier cosa menos por una cuestión espiritual. Lo veían como una hermandad de socorros mutuos o como una vía para llegar al poder… Y eso mismo ha provocado su muerte. Se están haciendo, según me consta, esfuerzos muy notables por regenerarla en nuestro país, para devolverle su verdadero sentido, pero no estoy seguro de que se consiga.

P. Volviendo al día después de la crisis, ¿ve usted ya algún atisbo de esa «nueva sociedad» en la que tanto confía?

R. Sí, se está conformando una masa crítica de conciencia. Me refiero a eso que, si aludimos a Jung [Carl Gustav, psiquiatra suizo fundador de la psicología analítica], también podríamos decir que es un «inconsciente colectivo», aunque yo lo llamaría «consciente colectivo». Está empezando a surgir esa masa crítica, que es muy importante, porque ese pensamiento colectivo en una dirección concreta hace que el resto sintonice con esas ondas de pensamiento. No es algo nuevo. Un monasterio cisterciense, por ejemplo, es un lugar donde se crea una masa crítica de pensamiento, donde los monjes rezan, piensan y crean esa corriente que beneficia a toda la Humanidad.

P. Donde parece que no acaba de llegar esa masa crítica es a algunas grandes instituciones…

R. Sí, a mi todo esto me recuerda a la película El sexto sentido. Hay instituciones que están muertas, pero ellas no lo saben. Es como en la Revolución Francesa, cuando llevaban a los nobles para guillotinarlos y ellos saludaban a la muchedumbre, pensando que en vez de abuchearlos, los estaban aclamando.

P. Alguno podría pensar que dice esto (si obviara que ya lo decía en los 90) porque está resentido con todo «aquello»...

R. Si yo mintiera al decir que salí de allí sin odio y sin rencor sería un imbécil, entre otras razones, porque esas cosas se notan... Realmente, me permito ver el sistema financiero sin ningún tipo de rencor y decir claramente, porque lo sé: «Es que esto no es». Y, además, lo digo desde el que ya no tiene ninguna aspiración, de ningún tipo. A estas alturas: ¿a qué voy a aspirar? Pero sé que puedo ser muy útil y por eso tengo que decirlo aquí o en mi blog, donde ya hay una serie de gente que se da cuenta de todo esto.

Fuente: Entrevista de Silvia Grijalba en el Magazine del periódico El Mundo. Foto de Chema Conesa

Vídeo: Introducción de Joaquín Tamames en el Encuentro de Management y Espiritualidad

Introducción de Joaquín Tamames en el Encuentro de Management y Espiritualidad, organizado por Eutopia, Fundación Ananta, Fundación Augere y Brama Kumaris.

Una Nueva Aspiración, por Andrew Cohen

En la nueva aspiración, la razón por la que somos conducidos a ser uno con el proceso de la vida no es meramente para experimentar alguna forma de unión mística con todo lo demás. Nos esforzamos en ser uno por la mayor de las razones que puede haber- para que podemos tomar absoluta responsabilidad por lo que está sucediendo. Y la razón por la que esta aspiración es tan significativa es que, si tenemos éxito, el mismo proceso por el que nos esforzamos a tomar responsabilidad comienza literalmente a despertar a través nuestra. Este potencial se vuelve incluso más fuerte e importante cuando el profundo despertar de y hacia el proceso evolutivo sucede en y a través de varias personas al mismo tiempo. Cuando esto ocurre, el yo, la cultura y el cosmos evoluciona ante nuestros propios ojos. Lo que significa que el mundo que habitamos y co-creamos se transforma según nos transformamos nosotros. El viejo modelo de la iluminación es uno en el que el individuo se transforma, pero el mundo sigue siendo el mismo. En el nuevo modelo, la meta no es ya la mera transformación del individuo; es la evolución del yo, la cultura y el cosmos a través del individuo.

Fuente: Traducción de la enseñanza semanal de AndrewCohen.org realizada por Pablo Nebreda, editor del blog Ondas en la Superficie del Ser
Andrew Cohen es director de la revista EnlightenNext

17/7/09

Reventar de silencio, por José Carlos Garcia Fajardo

El ex presidente de General Motors, forzado a dimitir por la Administración de Obama, ha sido “indemnizado” con casi diez millones de dólares durante los próximos cinco años. Grandes compañías de seguros y bancos, salvados de la quiebra con dinero de los ciudadanos, han acordado restaurar el sistema de bonos para sus ejecutivos. Una de las causas de la catástrofe económica que padecemos. Ejecutivos cesados en sus puestos por cómplices en la crisis, están siendo contratados por otras empresas del sector.

El acuerdo del G20 para terminar con los paraísos fiscales ha quedado en agua de borrajas. Los bancos de la UE, de EEUU, Canadá y Japón reciben escandalosos subsidios por sus Gobiernos para dar liquidez al sistema crediticio.

Pero mantienen cerrada la concesión de créditos a particulares y a pequeños empresarios, mientras destinan esos fondos a liquidar sus deudas en el extranjero. Reciben de los Estados el dinero al 1% y lo venden a sus empleados y a empresas vinculadas al 8% y hasta al 10%. Nadie parece ruborizarse. La vida sigue.

Estos mismos bancos han ejecutado créditos avalados por inmuebles a particulares sin consideración alguna y los están vendiendo a mitad de precio a empleados, amigos y testaferros, a quienes sí facilitan créditos muy ventajosos. Algunos con moratorias de un año para comenzar a pagar las letras. Quizás se descubra aquí otra fuente de blanqueo de dineros ocultos que afloran enmascarados. Bancos como Santander, Bilbao y Cajas poderosas han vendido sus sedes y locales, no se sabe a quién, y se los han alquilado a sí mismos.

Pinchada la colosal “burbuja del ladrillo”, en España hay un millón de viviendas sin vender y más del doble en fase de construcción ralentizada. Los promotores se quejan de que es un escándalo que desciendan los precios hasta un 20%. ¡Ojala bajasen al 50%! ¿No es esa la ley del mercado: se produce lo que se vende y se vende como se puede?

¡Y piden ayuda al Estado! ¿Dónde estaba su preocupación por el Estado cuando se embolsaron miles de millones con la especulación de terrenos protegidos, cuando sobornaron a ediles del litoral para que concedieran permisos de construcción en terrenos protegidos, mientras arruinaban el paisaje e hicieron de la España seca del sur, en proporción, el país con más campos de golf del mundo. ¿El agua? Ya la traerían.

Igual que ha ocurrido con complejos de hasta 80.000 viviendas cerca de Madrid para los que no habían previsto ni traídas de aguas, ni colectores de residuos, ni aparcamientos ni redes eléctricas capaces de soportar esos servicios. Ya se encargarían los ayuntamientos de hacer que funcionasen, aunque fuera desviando el curso de las aguas de riego.

No. El promotor no está en la cárcel.

Los ejemplos podrían multiplicarse porque nos bombardean desde los medios para anestesiarnos, apoyados en que la costumbre amortigua la sensibilidad.

Cualquier lector sabe de qué estoy hablando. Nada de catastrofismo ni de augurios de Casandra. Es una sensación de impotencia, de burla y de desamparo. De vacío sin referencias. Mientras se incrementa la venta de armas, las compras de millones de hectáreas de buenos terrenos en países del Sur por compañías y por países enriquecidos del Norte.

Los políticos se han aumentado sus emolumentos en el Parlamento europeo y en los de otros países. Berlusconi es paradigma de cuanto hablamos, y pagar más de 120 millones de dólares por el fichaje de Cristiano Ronaldo ya no sorprenden a nadie.

Mientras tanto, las familias que acuden a comedores sociales ascienden vertiginosamente. La demanda en bancos de alimentos se dispara un 40%. En España atienden más de un millón de personas, a los que hay que añadir las ayudas de otras instituciones. La rebusca en los contenedores cercanos a grandes superficies hace más negras las noches.

Esto ocurre en la España altanera y en otros muchos países ricos de Europa. Uno se pregunta, con dolor, cómo son posibles tanta injusticia, explotación y desafuero. ¿De qué sirven los G8, G20, denuncias de la FAO, UNICEF, OMS si falta la ética más elemental?

Podríamos acabar con el hambre en el mundo, con el analfabetismo, la falta de cuidados sanitarios, la suicida explosión demográfica mediante la educación, respetar el medio ambiente, salvar los mares y las reservas de agua, reducir la contaminación y atemperar nuestras desorbitadas ansias de tener y de acumular. Nos han encadenado como a Prometeo y como a Sísifo obligado a subir una roca que no existe, como tampoco existen más cadenas que las de nuestra mente y nuestros miedos.

Es posible construir otro mundo más justo y solidario, quizás mediante una explosión de silencio.

José Carlos Garcia Fajardo es Profesor Emérito de la UCM. Director del Centro de Colaboraciones Solidarias
Fuente: Blog Jubilatería, editado por el autor

Vídeo: Europa VII, de La Oreja de Van Gogh

Me gusta, y espero que os guste, la última canción del grupo La Oreja de Van Gogh, Europa VII. La canción y el vídeo es un llamamiento a la conciencia planetaria, a vivir y convivir como una sola humanidad. Me gusta especialmente porque es uno de los grupos de música pop en español con más éxito. Necesitamos urgentemente ese cambio de conciencia glogal.

Nota: El vídeo se ve mejor a pantalla completa.

Si no puedes ver el vídeo pulsa este enlace

EUROPA VII - La Oreja de Van Gogh from Pictura Studio on Vimeo.



Letra de la canción Europa VII de La Oreja de Van Gogh

Comienza la desconexión se acaba el aire y la energía
No queda nadie en el control la nave flota a la deriva
Y yo con melancólica visión repaso ciencia y religión
Señalo el sol por la ventana allí vivía yo

Un diminuto punto azul se pierde en un millón de chispas
Es mi planeta a un día luz y una lección de perspectiva
Y yo muerta de miedo en un rincón pienso en mi civilización
Susurro en el puente de mando que allí vivía yo

Y entonces rompo a llorar y miles de gotitas violan la gravedad
Me quito la bandera de mi traje espacial y escribo en el reverso
Que soy de la humanidad

Según indica el monitor me va quedando menos tiempo
Para sufrir la colisión que me devuelva al firmamento
Y yo escucho el eco de mi voz grabando esta retransmisión
Para que suene en el futuro y sirva la lección

Y entonces rompo a llorar y miles de gotitas violan la gravedad
Me quito la bandera de mi traje espacial y escribo en el reverso
Yo soy de la humanidad la frágil existencia milagrosa y casual
La vida más pequeña vale mil veces más que la nación más grande
que se invente jamás

10/7/09

Bifurcación de la Humanidad, por Leonardo Boff

A principios de abril de este año, los veinte países más ricos del mundo (G-20) se reunieron en Londres para encontrar salidas a la crisis económico-financiera mundial. La decisión de base fue continuar en el mismo camino de antes de la crisis, pero con controles y regulaciones a partir de una mayor presencia del Estado en la economía. Los controles serían para el tiempo necesario para la superación de la crisis, a fin de evitar el colapso global, y las regulaciones serían para restaurar el crecimiento y la prosperidad con la misma lógica que prevalecía antes.

Esta opción implica continuar con la explotación de los recursos naturales que devastan los ecosistemas y hacen aumentar el calentamiento global y el foso social entre ricos y pobres. Si esto prospera, dentro de poco nos enfrentaremos a la crisis de la propia naturaleza, pues las causas no han sido eliminadas. Hay que añadir también el hecho de que los 172 países restantes (en total son 192) no fueron oídos ni consultados. Se pensó en ayudarles, pero con migajas. En efecto, toda África, el continente más vulnerable, sería socorrida con menos fondos de los que el gobierno de Estados Unidos ha usado para salvar a la General Motors.

El impacto perverso de la crisis sobre los países de bajos ingresos se presenta aterrador. Se estima que, mientras dure la crisis, más de 100 millones de personas caerán cada año en extrema pobreza y se perderán cada mes un millón de puestos de trabajo. Esta situación hizo que el Presidente de la ONU, Miguel d’Escoto Brokmann, imbuido de alto sentido humanitario y ético, convocase una reunión de alto nivel que reuniese a los 192 representantes de los pueblos para discutir conjuntamente la crisis y buscar soluciones incluyentes. Acaba de tener lugar, del 24-26 de junio, en los espacios de la ONU. Todos hablaron. Era impactante oír el clamor que venía de las entrañas de la humanidad: los ricos lamentando los billones de pérdidas en sus negocios y los pobres denunciando el aumento de la miseria de su pueblo.

Muchas voces sonaron claras: no bastan los controles y regulaciones que acaban beneficiando a los que provocaron la crisis. Es urgente un nuevo paradigma que redefina la relación con la naturaleza, con sus recursos escasos, el propósito del crecimiento y el tipo de civilización planetaria que queremos. Es importante elaborar una Declaración del Bien Común de la Humanidad y de la Tierra que oriente ética y espiritualmente el sentido de la vida en este pequeño planeta.

Tras un intenso trabajo, previamente llevado a cabo por una comisión de expertos presidida por el premio Nóbel de economía Joseph Stiglitz y con las colaboraciones venidas de cuatro mesas redondas y de la Asamblea General, se concertó un detallado documento que alcanzó el consenso de los 192 representantes. El peligro colectivo facilitó la convergencia colectiva, una rareza en la historia de la ONU.

El documento prevé medidas inmediatas, especialmente para salvar a los más vulnerables, bajo la coordinación de varias instituciones internacionales, articuladas entre sí. Pero lo más importante es la presentación de un programa de reformas sistémicas que prevé un sistema mundial de reservas con derechos especiales de giro, reformas de la gestión del FMI y del Banco Mundial, regulaciones internacionales de los mercados financieros y del comercio de derivados, y principalmente la creación de un Consejo de Coordinación Económica Mundial equivalente al Consejo de Seguridad. De esta manera se espera garantizar un desarrollo estable y sostenible.

Esta cúpula mundial es generadora de esperanza, pues la humanidad comienza a mirarse a sí misma como un todo y con un destino común. Pero todas las soluciones se orientan todavía bajo el signo del desarrollo. El factor principal de la crisis del sistema-Tierra tiene que ser cambiado por «un modo sostenible de vivir». Si no, asistiremos a la bifurcación de la humanidad entre los que disfrutan del desarrollo y los que son víctimas de él. No hemos llegado aún al nuevo paradigma de convivencia Tierra-humanidad, forjador de una nueva esperanza.

El futuro próximo, decía el Presidente de la Asamblea, pasa por la utopía que necesitamos construir para poder seguir viviendo juntos en la misma Casa Común.

Fuente: Koinonia
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor, más información en Wikipedia

La crisis del ego, por Jordi Pigem

¿Hasta dónde alcanza la crisis?

Lo que ha entrado en crisis no es solo el neoliberalismo, ni siquiera el capitalismo. Podríamos decir que ha entrado en crisis el economicismo, la visión del mundo que considera la economía como el elemento clave de la sociedad y el bienestar material como clave de la autorrealización humana. El economicismo es común al capitalismo y el marxismo, y durante mucho tiempo a la mayoría de nosotros nos pareció de sentido común —pero hubiera sido considerado un disparate o una aberración por la mayoría de las culturas que nos han precedido, que generalmente veían la clave de su universo en elementos más intangibles, culturales, religiosos o éticos.

En el fondo, sin embargo, no sólo ha entrado en crisis el economicismo, porque la crisis actual es sistémica y no sólo económica. Tiene una clara dimensión ecológica (pérdida de biodiversidad, destrucción de ecosistemas, caos climático), pero también hay crisis desde hace tiempo en la vida cultural, social y personal. La sociedad, los valores, los empleos y hasta las relaciones de pareja se han ido volviendo cada vez menos sólidos y más líquidos, en la acertada expresión del sociólogo Zygmunt Bauman. Disminuyen las certezas y crece la incertidumbre en múltiples ámbitos, incluso en las teorías científicas que en vez de volverse cada vez más simples y generales se vuelven más parciales y complicadas.

Vivimos una crisis sistémica, que habíamos conseguido ignorar porque el crecimiento de la economía nos hechizaba con sus cifras sonrientes y porque los goces o promesas del consumo sobornaban nuestra conciencia. Pero el espejismo del crecimiento económico ilimitado se desvanece y de repente nos damos cuenta de que no podemos seguir ignorando la crisis ecológica, la crisis de valores, la crisis cultural. Tenemos cantidades ingentes de información, centenares de teorías y muchas respuestas, pero la mayoría sirven de muy poco ante las nuevas preguntas. Lo que ha entrado en crisis es toda la visión moderna del mundo, que de repente se nos aparece obsoleta y pide urgentemente ser reemplazada por una visión transmoderna, más fluida, holística y participativa.

Una visión del mundo no es una simple manera de ver las cosas. Determina nuestros valores, dicta los criterios para nuestras acciones, impregna nuestra experiencia de lo que somos y hacemos. En el fondo podríamos decir que lo que finalmente ha entrado en crisis es el ego moderno, toda una forma de estar en el mundo basada en un complejo de creencias que inconscientemente compartíamos. Por ejemplo, que el ser humano es radicalmente diferente y superior al resto del universo. O que cada ser humano es también radicalmente diferente de los demás, contra los que ha de competir para prosperar. O que el universo es básicamente inerte y se rige por leyes puramente mecánicas y cuantificables. El ego moderno se siente como un fragmento aislado en un universo hostil, y de su miedo interior nace su necesidad de certeza y seguridad, de objetivar y cuantificar, de clasificar y codificar, de competir y consumir.

Pero el ego moderno no puede ser sustituido por un ego transmoderno, porque no hay tal cosa. La crisis nos invita (o nos acabará obligando) a ir más allá del ego y a descubrir que nuestra identidad es en el fondo relacional, que no estamos aislados sino que cada persona y cada ser es una ola en un océano de relaciones en el que todos participamos y en el que también fluyen la sociedad, la naturaleza y el cosmos.

Por ello la crisis no solo es una oportunidad para avanzar hacia economías y sociedades que sean más justas, sostenibles y plenamente humanas. También es una alarma que ha saltado porque ya es hora de despertar. Porque la economía global era como un gigante sonámbulo, que avanzaba a grandes zancadas sin saber a dónde iba, sin saber lo que estrujaba bajo sus pies, inmerso en las ensoñaciones de una visión del mundo caduca. Por ello la crisis es como una vigorizante ducha fría. Una oportunidad para despertar.

Fuente: Blog amigo Crisis económica 2010

Jordi Pigem es Filósofo de la ciencia y escritor

Jordi Pigem (Barcelona, 1964) es Doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Del 1998 al 2003 fue profesor y coordinador del Área de Filosofía del Masters in Holistic Science del Schumacher College en Dartington (Universidad de Plymouth, Inglaterra). Ha sido profesor invitado en la Universidad de Barcelona y ponente en diversas universidades, incluídas las de Columbia y Oxford. En 1999 obtuvo el Premio de Filosofía del Institut d'Estudis Catalans. Fue coordinador de la revista de ecología Integral y editor del volumen Nueva Conciencia (Integral Ed., 1991). Es autor de La odisea de Occidente (Kairós, 1994) y El pensament de Raimon Panikkar (Institut d'Estudis Catalans, 2007), y colabora habitualmente en publicaciones periódicas en catalán, castellano e inglés.

Los últimos tiranos, por Koldo Aldai

Son nuestras gargantas. Caminan anchas avenidas en lejanas geografías. Su clamor surge de nuestra misma alma colectiva. Son nuestras gargantas, pronunciándose en diferentes idiomas, reivindicando el mismo aire abierto, la misma libertad.

Son nuestras gargantas, poderosas, insobornables, de ayer y de siempre avanzando ahora por las calles de Teherán, de Lhasa, de Urumqi (Xinjiang), de Rangún…

¿Quién callará todas las gargantas, quién detendrá el viento y sus hondas, quién peinará los tejados de parabólicas, quien pondrá muros a la geografía inmensa de Internet…? Nadie, ningún tirano es tan poderoso como para parar la historia. Absolutamente nadie tiene derecho a arrebatarnos la libertad. Nos pertenece desde el mismo instante que vemos la luz de este mundo. Dios nos la ha dado como nuestro más preciado bien y nadie, salvo daño grave a la comunidad, puede privarnos de ella.

Las nuevas tecnologías y el desarrollo de los medios de transporte han ensanchado la libertad hasta límites antes insospechados, sin embargo aún hay centenares de millones de conciudadanos planetarios a quienes se niega su disfrute. Los dictadores limitan sus movimientos, sus palabras, sus iniciativas…, ni siquiera son libres con el mouse y el teclado en su manos. El mundo virtual de la pantalla con sus posibilidades infinitas queda también acotado.

Cierto que a veces es más fácil conquistarla que administrarla; cierto que a veces la utilizamos en nuestro propio beneficio en detrimento del bien del otro; cierto que a menudo la malgastamos y nos pierde, que no nos hacemos dignos de su disfrute; pero necesitamos ejercitarnos con ella, caer una y mil veces, hasta empezar a hacer adecuado y elevado uso de la libertad.

Se acabó la farsa. No hay revolución, no hay religión que se precien, que puedan justificar la conculcación de nuestro primero y más elemental derecho. Los derechos humanos priman sobre la cultura y las tradiciones de los pueblos, por supuesto sobre los burdos fines de los déspotas. Basta ya de disfrazar espurios intereses con una sacrosanta ideología o fe. Basta ya de tiranos sobre la tierra en los albores del siglo XXI. Su reino de terror es ya de otro mundo. Basta ya de calles ensangrentadas en Irán, en Tíbet, en China, en Birmania… No son sus avenidas, no son sus países, no es su aire… Dejen de perseguir a los/as ciudadanos/as más valientes.

Sus gases represores, su vergüenza traspasa las fronteras. El futuro juega en su contra. Sepan los tiranos de la tierra que Dios nos ha creado libres y que por lo tanto sus días se acaban. Sus tiranías no son sostenibles. Absolutamente ningún país puede construir futuro sin libertad.

Un solo mundo, un solo clamor. Todos caminamos por la calles de Moscú, de la Habana, de Bejín… La libertad que se priva a un hermano, es una libertad que se nos priva a cada uno/a de nosotros/as. Evocamos juntos su nombre sagrado, honramos a quienes aún han de jugarse la vida por ella. Nunca ya nadie más ose tocarla.

Tiemblen los tiranos. Abandonen ya la pista. No dancen más allá de su hora. Suena su último vals.


Fuente: Koldo Aldai
www.foroespiritual.org
www.fundacionananta.org
www.portaldorado.com

5/7/09

Ética para la nueva era, por Leonardo Boff

Ninguna sociedad tanto en el pasado como en el presente, vive sin una ética. Como seres sociales, necesitamos elaborar ciertos consensos, cohibir ciertas acciones y crear proyectos colectivos que dan sentido y rumbo a la historia. Hoy, debido a la globalización, se constata el encuentro de muchos proyectos éticos, no todos compatibles entre sí. De cara a la nueva era de la humanidad, ahora mundializada, se siente la urgencia de una base ética mínima que pueda conseguir la aceptación de todos y hacer así viable la convivencia entre los pueblos. Veamos sucintamente cómo se han formulado las éticas en la historia.

Una fuente permanente de ética son las religiones. Éstas animan valores, dictan comportamientos y dan significado a la vida de gran parte de la humanidad, que, a pesar del proceso de secularización, se rige por una cosmovisión religiosa. Como las religiones son muchas y diferentes, las normas éticas también varían. Difícilmente se podría fundar un consenso ético basado solamente en el factor religioso. ¿Qué religión tomar como referencia? La ética fundada en la religión tiene, sin embargo, un valor inestimable por referirla a un último fundamento que es el Absoluto.

La segunda fuente es la razón. Fue mérito de los filósofos griegos el construir una arquitectura ética fundada en algo universal, precisamente la razón, presente en todos los seres humanos. A las normas que rigen la vida personal las llamaron ética y a las que presiden la vida social las llamaron política. Por eso, para ellos, la política es siempre ética. No existe, como entre nosotros, política sin ética.

Esta ética racional es irrenunciable, pero no cubre toda la vida humana, pues existen otras dimensiones que están más acá de la razón, como la vida afectiva, o más allá, como la estética y la experiencia espiritual.

La tercera fuente es el deseo. Somos, por esencia, seres de deseo. El deseo posee una estructura infinita. No conoce límites y es indefinido por ser naturalmente difuso. Cabe al ser humano darle forma. En la manera de realizar, limitar y dirigir el deseo, surgen normas y valores. La ética del deseo casa perfectamente con la cultura moderna que surgió del deseo de conquistar el mundo. Adquirió una forma particular en el capitalismo con su afán de realizar todos los deseos. Y lo hace excitando de forma exacerbada todos los deseos. La realización de deseos se relaciona con la felicidad, pero actualmente, sin freno ni control, puede poner en peligro la especie y destruir el planeta. Necesitamos incorporarla en algo más fundamental.

La cuarta fuente es el cuidado, fundado en la razón sensible y en su expresión racional, la responsabilidad. El cuidado está ligado esencialmente a la vida, pues ésta, sin cuidado, no se mantiene. De ahí que haya una tradición filosófica que viene de la antigüedad, de la fábula-mito 220 de Higinio, que define al ser humano como un ser esencialmente de cuidado. La ética del cuidado protege, potencia, preserva, cura y previene. Por su naturaleza no es agresiva y cuando interviene en la realidad lo hace tomando en consideración las consecuencias benéficas o maléficas de la intervención. Es decir, se responsabiliza de todas las acciones humanas. Cuidado y responsabilidad andan siempre juntos.

Esta ética es imperativa hoy. El planeta, la naturaleza, la humanidad, los pueblos, el mundo de la vida (Lebenswelt) están reclamando cuidado y responsabilidad. Si no trasformamos estas actitudes en valores normativos difícilmente evitaremos catástrofes en todos los niveles. Los problemas del calentamiento global y el conjunto de las distintas crisis sólo serán resueltos en el espíritu de una ética del cuidado y la responsabilidad colectiva. La ética de la nueva era.

La ética del cuidado no invalida las demás éticas, sino que las obliga a servir a la causa principal que es salvaguardar la vida y preservar la Casa Común para que siga siendo habitable.

Fuente: Koinonia
Más información sobre Leonardo Boff en Wikipedia

El poder de internet, por Manuel Castells

Los jóvenes que luchan en Irán, en internet y en la calle, ya no volverán a pensar y sentir como antes

La revuelta popular iraní contra el fraude electoral ha mostrado claramente el poder de internet. Y ala vez sus límites. El poder, en Irán como en el resto del mundo, depende en gran medida del control de la información y la comunicación. Así, apenas habían cerrado los colegios electorales, con una participación del 85%, la televisión anunció el triunfo aplastante de Ahmadineyad. Algo poco creíble, porque según el propio Gobierno, tras proceder a un recuento parcial, en unas 50 ciudades se encontraron más votos que votantes. Concluyeron que no afectaba el resultado final. Tal vez. Puede ser que Ahmadineyad ganara porque su popularidad es alta entre los sectores pobres y rurales. Pero no por ese margen. Se les fue la mano para asegurar la victoria. Con la comunicación controlada y un Consejo de Guardianes conservador todo quedaba bien atado. No tan deprisa. La gente, sobre todo los jóvenes en las ciudades, salió a la calle a reclamar nuevas elecciones. La represión de las manifestaciones hubiera podido deshacer el movimiento de protesta rápidamente si los manifestantes se hubieran sentido solos y si la población hubiera asumido la ley del silencio impuesta por los medios de comunicación.

Pero, como en tantos otros movimientos en estos últimos años, ahí estaban los móviles y ahí estaba internet. También había una policía de la comunicación altamente sofisticada que, como en otros países, ha aprendido que hay que cortar como sea la auto-comunicación de masas, para así desinformar y aislar al movimiento.

Al principio los móviles jugaron un papel importante, tanto en la coordinación de la protesta como en el acceso a la red. Pero cuando sintió la fuerza de la indignación el Gobierno desactivó las redes de los operadores de móviles, y los móviles se convirtieron sobre todo en cámaras de grabación para registrar las imágenes de la revuelta y la represión, como en el asesinato de Neda.

Internet fue distinto. Ningún país se puede permitir desconectar la red por completo porque hay centros neurálgicos de actividad que dependen del acceso a internet. Lo que el Gobierno iraní intentó fue controlar los servidores y bloquear todos los que pudo. Sin embargo, como internet es global, la comunidad internauta acudió al rescate, proporcionando servidores alternativos, abriendo acceso a servidores proxy cuyas direcciones informáticas no podían ser personalizadas y, además, lanzando ataques contra los servidores del Gobierno por medio del desvío de sus direcciones hacia sitios con tráfico intenso capaz de saturar a dichos servidores. Es decir, batalla informática en toda regla, desde Irán y desde fuera de Irán. Aquí fue decisivo el alto grado de participación de los jóvenes iraníes en la blogosfera y en las redes sociales de internet. En mi visita a Irán hace tres años pude contrastar con investigadores que había 500.000 blogs activos (ahora hay más de 700.000), un 40% publicados por mujeres.

Y hay millones de jóvenes (que representan el 70% de la población) que participan activamente en Facebook, YouTube, Twitter y demás redes de comunicación que escapan a cualquier control centralizado. La prensa internacional ha destacado el papel de Twitter,pero en realidad algunos analistas han mostrado que su uso fue más limitado de lo que se ha dicho y altamente concentrado en el exterior. Incluyendo un sospechoso elevado número de mensajes procedentes de Israel.

Pero en su conjunto, internet fue el canal de comunicación mediante el cual los jóvenes iraníes se mantuvieron informados y coordinados y la única ventana al mundo que tuvieron y que el mundo tuvo sobre Irán. Las redes sociales en internet pasaron a ser la principal fuente de información sobre lo que ocurría en un país decisivo por su relevancia geopolítica. Algo que, significativamente, puso muy nerviosos a los medios de comunicación.

Porque para ellos el perder el monopolio de la información es perder el negocio, a menos que vayan acostumbrándose a cooperar fructíferamente con el llamado periodismo ciudadano,en el que la gente produce y distribuye su propia información. Hay buenas prácticas profesionales en ese sentido. Por ejemplo la BBC recibe una enorme masa de información espontánea y gratuita, pero luego la filtra mediante un nutrido departamento de verificación de la información antes de difundirla. Ahora bien, la idea, expresada en medios internacionales durante la crisis de Irán, de que sólo los profesionales de los medios son fiables por su ausencia de sesgo es cuando menos sorprendente, ya que consta que algunos de ellos han informado sobre las crisis de Oriente Medio integrados en las unidades del ejército israelí o estadounidense. En cualquier caso tendrán que habituarse a que en situaciones de crisis las personas pasan a ser protagonistas no sólo de la acción sino también de la información. Y los gobiernos tendrán que habérselas con ciudadanos que tienen la capacidad autónoma de comunicación y de información porque están enredados localmente y globalmente.

Con todo eso, Ahmadineyad y su patrón Jamenei se ríen del mundo y se prometen un largo reinado de intransigencia y teocracia en una sociedad que se ha transformado en altamente educada, moderna y con un protagonismo creciente de las mujeres, como pude constatar en mi vivencia directa en ese extraordinario país. Algo en lo que coincido con mi amigo Tomás Alcoverro, el más lúcido de los corresponsales en Oriente Medio. De modo que queda ahora claro que no se puede controlar internet ni con todos los medios del Estado, y menos en una situación de crisis. Pero también que el cambio social y político depende de otros muchos factores. Aun así, el poder de la comunicación es el de su efecto sobre las mentes, el hacer sentirse relacionado con el mundo. Y en ese sentido, los jóvenes que lucharon y luchan en Irán, en internet y en la calle, ya no volverán a pensar y sentir como antes. Y si la gente piensa distinto no hay policía que aguante en el largo plazo. Y si no, que se lo cuenten al sha.

Fuente: La Vanguardia
Más información sobre Manuel Castells en Wikipedia

2/7/09

"Seguimos profesando la religión del despilfarro"

Entrevista a Joaquim Sempere, experto en conflictos socioecológicos

Tengo 67 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy doctor en filosofía y profesor de sociología, investigador de las necesidades humanas y de su impacto medioambiental. Estoy casado y tengo tres hijos treintañeros. Soy socialista de izquierdas. Soy ateo. Amo caminar por el monte

Acuse.

Seguimos profesando la religión del despilfarro.

Argumente.

Compramos bienes que han sido fabricados para durar pocos años, cuando podrían fabricarse para funcionar durante muchísimos años más.

¿Qué productos?

Coches, electrodomésticos... Los hacen para que fallen a los pocos años, calculan su obsolescencia. Pero nos incitan a quererlos ¡y los queremos sin cuestionarnos nada! Y la industria nos inunda de modas pasajeras, productos nuevos sustitutos de otros...

Los necesitamos.

Las necesidades las determina tu red social: lo que hoy consideramos imprescindible ¡no lo necesitábamos años atrás!

¿Se refiere a mi móvil?

Y ordenador, televisor, microondas, lavaplatos, aspirador... ¡tantos objetos sin los que habíamos vivido siempre!

¿Dónde trazo la frontera entre necesario y superfluo?

Las únicas necesidades básicas universales son comer, beber y dormir, además del afecto y el reconocimiento.

¿Me propone volver a las cavernas?

No, pero sí que seamos conscientes del abusivo consumo energético actual. ¿Es sostenible en el tiempo?

¿Lo es?

Lo sería si aprovechásemos la energía con más eficiencia, y si obtuviésemos energía de otras fuentes. De lo contrario...

¿Qué?

Hoy extraemos el 80% de nuestra energía de los combustibles fósiles - petróleo, carbón, gas-¡a sabiendas de que tienen fecha de caducidad!

¿Cuándo se nos acabarán?

Declinarán irreversiblemente dentro de unos 20 años, según la mayoría de cálculos.

Y luego, ¿qué?

Perderemos nuestro actual confort, a menos que empecemos a actuar ahora mismo.

¿En qué sentido?

Invirtiendo dinero en energías renovables: eólica, solar fotovoltaica, solar térmica...

Y nuclear, señor Sempere.

¡No! Es una herencia ruinosa para nuestros hijos y nietos: cada euro invertido hoy en energía eólica produce lo mismo - y sin residuos ni riesgos, e indefinidamente-que cada euro invertido en energía nuclear.

Pero los molinos eólicos devoran mucho espacio natural, bellos paisajes...

Es su única desventaja, pero si queremos mantener nuestro confort...

¿Y si sigue creciendo la población, qué?

Es un problema. Habrá que generar más energía… o consumir un poquito menos cada uno. Los recursos del planeta están al límite: lo sensato, pues, es ser más austeros.

¿Cómo hacemos eso en la práctica?

¡Hay todavía muchas medidas que adoptar para sacarle más partido a la energía!

Dígame y voy tomando nota.

Fabricar un tipo universal de cargador de móviles. Imponer un mejor aislamiento térmico de nuestras viviendas (¡ahorraremos millones en calefacción!). Fabricar sin obsolescencia. Reciclar metales en la industria metalúrgica. Reutilizar botellas de vidrio. Depurar aguas. Calentar el agua con energía solar. Prohibir la bombilla incandescente, sustituyéndola por la de bajo consumo (da la misma luz consumiendo cinco veces menos)... ¡Preservemos nuestro confort, pero con menos consumo de recursos!

¿Alguna otra idea ahorradora?

Fomentar el transporte público y también un eficaz sistema de alquiler de coches.

¿Algo así como un bicing de coches?

Sí. Haga números: ¡tener un coche en propiedad es un despilfarro! Dos, no le cuento.

¿Desde cuándo nos atrapa la tentación del despilfarro?

Está en la naturaleza humana, pero la agrava el mimetismo social: lo que desde siempre hacían unas minorías dominantes (para distinguirse) ¡acabaron haciéndolo las masas en la segunda mitad del siglo XX!

Y se disparó el consumo de recursos.

En los últimos 200 años, la población mundial se ha multiplicado por siete, ¡y la producción de bienes se ha multiplicado por sesenta! Por eso debemos cambiar la economía cowboy por la economía nave Tierra.

¿Qué dos economías son esas?

La primera consiste en ocupar nuevas tierras a caballo, dejando atrás las que agotaste. La segunda, vivir como los astronautas en vuelo espacial: ¡reciclan incluso la orina, y con poco agua subsisten sin problemas!

Veo muy difícil cambiar de paradigma...

Tiene usted razón: somos cortoplacistas y sólo reaccionaremos a las malas, a la fuerza, ¡cuándo ya no nos quede más remedio!

Y lo que ahora más preocupa, a corto plazo, es el paro.

Que es consecuencia de tantos excesos acumulados por este sistema de crecimiento desmedido, expansivo. Un sistema económico basado en la avidez de ganancias más que en el bienestar de las personas. Y aquí me gustaría decirles algo a los sindicatos...

Dígalo.

Más que el consumo privado, ¡defended el Estado del bienestar! Es nuestra garantía de futuro. O nos quedaremos a la intemperie. Propongo un socialismo de mercado: ¡sin regulación no hay libertad viable!

¿Algo más, para completar su modelo?

Menos consumo y más inversiones en energías renovables. ¿Y por qué un banco tiene que ser negocio? Nacionalicemos la banca.

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Mejor con menos

Estudioso de las necesidades humanas, Sempere contiene las suyas: luce un reloj con mucho tiempo encima y no gastaría en ropa nueva si su mujer no le presionase. Se hizo una casa con arquitectura bioclimática en la que todo se enciende y calienta con energía solar. Habla con voz queda, como si no quisiera desgastar el aire. Militó hace años en el PSUC "por compromiso ético" y lo dejó "falto de vocación de político profesional". Hoy escribe libros como Mejor con menos (Crítica), con datos y esta idea: si en 1941 la socioeconomía estadounidense fue capaz de reconvertirse en pocas semanas al servicio de la guerra, ¿no podremos hacerlo en favor de la austeridad y de la sostenibilidad del bienestar?


Fuente: Entrevista de Víctor-M. Amela en La Contra de La Vanguardia