26/6/09

Reciprocidad o muerte, por Leonardo Boff

Desde que los seres humanos decidieron vivir juntos, establecieron un contrato social no escrito, en el que formularon normas, prohibiciones y propósitos comunes que les permitieran una convivencia mínimamente pacífica. Después surgieron pensadores que le dieron un estatuto formal, como Locke, Kant y Rousseau.

Todos esos contratos históricos tienen un defecto: suponen individuos desnudos y acósmicos, sin el mínimo vínculo con la naturaleza o la Tierra. Los contratos sociales ignoran y silencian totalmente el contrato natural.

Más todavía: a partir de los padres fundadores de la modernidad, Descartes y Bacon, se implantó la ilusión de que el ser humano está por encima y fuera de la naturaleza, con el propósito de dominarla y poseerla.

Este proyecto continúa llevándose a cabo mediante la guerra de conquista que se sigue con la apropiación de todos los recursos y servicios naturales. Atrás queda siempre un rastro de devastación de la naturaleza, y de deshumanización brutal.

Antes se hacía la guerra para apropiarse de regiones y pueblos. Hoy ya se han conquistado todos los espacios, y lo que se lleva es una guerra total y sin cuartel contra la Tierra, sus bienes y servicios, explotándolos hasta la extenuación. La Tierra no tiene ya descanso, refugio o espacio al que replegarse.

La agresión es mundial, y la reacción de la Tierra-Gaia está siendo también mundial. La respuesta es el conjunto de varias crisis, agrupadas en el devastador calentamiento planetario. Es la venganza de Gaia.

No tenemos otra salida que no sea reintroducir consciente y rápidamente lo que habíamos olvidado: un contrato natural articulado con el contrato social. Se trata de superar nuestro arrogante antropocentrismo y de poner todas las cosas en su lugar, y a nosotros junto a ellas, como parte de un todo.

¿Qué es un contrato natural?: Es el reconocimiento por parte del ser humano de que él está inserto en la naturaleza, de la que recibe todo, y el reconocimiento de que debe comportarse como hijo de la Madre Tierra, devolviéndole cuidado y protección para que ella continúe haciendo lo que siempre hace: darnos vida y medios de vida.

El contrato natural, como todos los contratos, supone reciprocidad. La naturaleza nos da todo lo que necesitamos, y nosotros, en contrapartida, la respetamos, y reconocemos sus derechos de existir y preservamos su integridad y vitalidad.

Al contrato exclusivamente social debemos añadir ahora el contrato natural de reciprocidad y simbiosis. Renunciamos a dominar y a poseer, y nos hermanamos con todas las cosas. No simplemente las utilizamos, sino que, al usarlas cuando lo necesitamos, las contemplamos, admiramos su belleza y organicidad, y cuidamos de ellas.

La naturaleza es nuestro anfitrión generoso, y nosotros somos sus huéspedes agradecidos. No vamos a establecer una tregua en esta guerra sin fin, sino que vamos a establecer una paz perenne con la naturaleza y con la Tierra.

La crisis económica de 1929 ni por un momento se preguntó por la naturaleza y por la Tierra. Su presupuesto ilusorio era que ellas estarían siempre ahí, disponibles y con recursos infinitos. Hoy la situación es distinta. Ya no podemos dar por descontada la Tierra con sus bienes y servicios. Éstos se han evidenciado finitos, y ya hemos sobrepasado su capacidad de reposición en un 40%.

¿Cuándo es traído a debate ese factor, a la búsqueda de soluciones para la crisis actual? Estamos siendo dominados por economistas –en su gran mayoría, verdaderos “idiotas especializados” (Fachidioten), que no ven sino números, mercados y monedas, y olvidan que comen, beben, respiran y pisan suelos contaminados. O sea: que sólo pueden hacer lo que hacen porque están asentados en la naturaleza, que les posibilita hacer todo lo que hacen, especialmente dar razones al egoísmo y a las barbaridades que la actual economía hace, perjudicando a millones y millones de personas, y que van minando la base que la sostiene.

O restablecemos la reciprocidad entre la naturaleza y el ser humano, y rearticulamos el contrato social con el contrato natural, o tenemos que aceptar el riesgo de ser expulsados y eliminados por Gaia. Confío en que aprenderemos a partir del sufrimiento y del uso del poco buen sentido que todavía nos queda.

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor
Fuente: Koinonia

Insólita agua, por Jordi Pigem

Sine aqua non. Sin agua nada fluye y nada vive: solo habría tierra yerma y cielos sin arco iris. La vida emergió del mar y nosotros nacemos de las aguas primordiales del útero. Nuestro cuerpo es agua en un 70%, proporción que llega al 80% en la sangre y al 90% en el cerebro —océano interior sobre cuyas corrientes fluye el pensamiento y navega la imaginación. Nuestras células y nuestra sangre son químicamente hermanas del mar, como lo son las lágrimas. «Somos agua que piensa y que, a veces, llora», escribe Joaquín Araújo. Nuestros ojos también son agua, que refleja lo que ve, y los manantiales de la Tierra son ojos que miran al mundo (Ojos del Guadiana, Ulldeter). La piel del cuerpo que llamamos Tierra es en su mayor parte mar.

El agua fue maestra de Tales, de Lao Zi y del Siddharta de Hermann Hesse. Goethe, Novalis y Hegel también percibieron algo insólito en las aguas. El agua está en el origen del mundo en casi todos los mitos de la creación. En el Enuma Elish babilonio y el Génesis hebreo se crea el firmamento tras dividir las aguas primordiales que constituían el mundo. En la Ilíada Homero llama al Océano «génesis de todo», y un antiguo texto hindú afirma igualmente que las aguas son «fuente de todas las cosas y de toda existencia». Como Afrodita, que surgió del mar, las grandes corrientes culturales crecieron junto a las aguas. Sería imposible concebir la cultura china sin el Río Amarillo y el Yangtsé, o imaginar a la cultura índica sin el Indo y el Ganges, Mesopotamia sin los ríos que la abrazaban, Egipto sin el Nilo o Grecia sin el Egeo.

Leonardo da Vinci inició un Tratado sobre el agua afirmando que ésta es la sangre de la Tierra; de hecho, la sangre es a nuestro sistema circulatorio lo que el agua es al gran sistema circulatorio de la biosfera. Todo fluye, y sobre todo el agua. El agua que hoy se evapora cae como lluvia en otro lugar en unos diez días, en un ciclo que cada tres milenios hace circular por la atmósfera un volumen de agua equivalente al de todos los océanos. El agua circula y tiende a lo circular: la gota quiere ser esférica, el estanque responde a la piedra con ondas concéntricas, los remolinos fluyen en espiral, los meandros, calas, bahías y golfos labran curvas y semicírculos. El agua transporta nutrientes, lubrica las transformaciones químicas y geológicas, se regenera a sí misma al fluir, revitaliza, purifica y nos devuelve a lo primigenio. Simboliza también la abundancia, palabra en cuya raíz está la ola (unda en latín) que colma e inunda. El capital solo es efectivo cuando hay liquidez.

Durante siglos hemos buscado certezas monolíticas y verdades a secas, pero como argumenta Zygmunt Bauman hoy las instituciones, los empleos y hasta el amor son cada vez más líquidos: fluidos y en cambio constante. Y se da la paradoja de que esta sociedad líquida enturbia como nunca las aguas. O las hace retroceder: en los glaciares y en los polos, en el lago Chad y el mar de Aral. «El desierto crece: ¡ay de aquel que cobija desiertos!», hacía decir Nietzsche a Zaratustra. Cuando dejan de manar las fuentes la cultura se estanca y la vida se agota.

Al abrir un grifo, contemplar la lluvia o entrar en el mar participamos en algo cuya comprensión nos desborda. Y es que el agua sigue siendo un gran enigma para la ciencia. El agua es la sustancia más común en la biosfera y en el organismo humano, pero también es la más insólita, con una serie de propiedades únicas («anómalas» según los científicos) sin las cuales la vida sería química y físicamente imposible. Cuando el agua se congela se expande y se vuelve menos densa (alcanza su mayor densidad a 4° C); de no ser así, el hielo en vez de flotar se hundiría y se extendería por el fondo marino, dejándolo sin vida. El hielo asombra por sus propiedades deslizantes y por su viscosidad (podemos hacer bolas de nieve pero no bolas de arena). Y cuando se comprime cristaliza en un mínimo de doce estructuras (del hielo 1 al hielo 12) con propiedades distintas. El agua tiene puntos de fusión y ebullición insólitamente altos, y se calienta y se enfría mucho más lentamente que la mayoría de las sustancias conocidas, líquidas o sólidas. Es altamente corrosiva y lo disuelve casi todo. A nivel molecular está mucho más estructurada que la mayoría de los líquidos, semejante a un cristal. Los copos de nieve tienen (casi siempre) seis ramificaciones más o menos idénticas, pero cada copo tiene un diseño distinto!: cada nevada es un derroche de creatividad geométrica. Otra curiosidad: los geólogos empiezan a creer que en el interior de la Tierra, en las estructuras cristalinas del manto, hay enormes cantidades de agua, suficiente como para llenar todos los océanos treinta veces.

Tan escurridiza es el agua que su molécula no se deja simular con precisión en el ordenador. Tampoco es posible reproducir el agua de mar en el laboratorio. Y contra lo que cabría esperar, dos corrientes que confluyen tienden a no mezclarse y a mantener su propio curso, incluso en el fondo oceánico.

No sería posible predecir el agua a partir de todo lo que sabemos sobre el hidrógeno y el oxígeno. Tal vez decir que el agua es H20 se queda tan corto como decir que el ser humano es básicamente carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Ivan Illich afirmaba que H2O es una creación social moderna y lo contrario del agua propiamente dicha. Una reflexión poética de D.H. Lawrence señala que:

"Water is H2O, hydrogen two parts, oxygen one, but there is a also third thing, that makes it water and nobody knows what that is."

"El agua es H2O, dos partes de hidrógeno, una de oxígeno, pero hay también una tercera cosa que la hace agua y nadie sabe qué es."


Desde que Lawrence escribió estas líneas, estudios en los márgenes de la ciencia han aportado pistas sobre esa «tercera cosa»: desde los trabajos de Viktor Schauberger y Theodor Schwenk hasta los más recientes de Jacques Benveniste (quien publicó en la revista Nature en 1988 un artículo que parecía demostrar la «memoria del agua», fundamento de la homeopatía), Alexander Lauterwasser (que ha documentado cómo el agua responde a las ondas sonoras) y Masaru Emoto (sobre la posible receptividad del agua a los mensajes de su entorno). Algún día, es de esperar, conoceremos mejor el agua —y todo fluirá mejor.

Naciones Unidas ha declarado el periodo 2005-2015 como Decenio Internacional del Agua para la Vida. Los desafíos globales del agua nos piden un cambio de paradigma en nuestra manera de relacionarnos con ella. Parte de ese cambio de paradigma es reconocer que el agua no sólo sacia la sed de bocas y plantas. El agua es mucho más que un recurso: es parte de lo que somos. «La vida es agua organizada», decía Jacques Costeau. Y cada ser que vive y bebe es una ola que fluye en los inagotables ciclos del agua: tan ignorada, íntima e insólita.

Fuente: Blog Crisis Económica 2010

Generación Cero, por Marc Vidal

Financial Times ha definido la Generación Cero como aquella que se compone de jóvenes de 25 años que aun no han podido trabajar en nada. Sin embargo, para mi la generación cero es aquella que se compone de gente de entre 35 y 45 años, que debe toda una hipoteca a 30 o 40 años y que están a las puertas del embargo y en paro inminente en el mejor de los casos. Son una generación perdida porque tras la pérdida de su vivienda, coche y lo que se tercie, su deuda no desaparece y amenaza con nutrirse durante toda su vida de cualquier nómina raquítica a la que pudiera acceder en el futuro. Toda una generación hipotecada en un patrimonio que no vale lo que cuesta y que los bancos ejecutan como parte del botín.

Por cierto, lo que comentaba el diario económico británico el día que trató el tema de la Generación Cero es para tenerlo en cuenta. Decían que "centenares de miles de trabajadores de la construcción ha perdido su trabajo y la tasa de desempleo se disparó en el primer trimestre al 17,4% de la mano de obra, la más alta de la Unión Europea. En lo que su más reciente señal de recesión y posible deslizamiento hacia la deflación, el índice de precios al consumo de España cayó a cifras récord en 47 años, según el Instituto Nacional de Estadísticas. Las colas de iberoamericanos, norteafricanos, europeos de este y españoles ante los comedores de caridad se alargan mes a mes mientras las constructoras, fábricas de automóviles y PYMES quiebran o recortan sus plantillas

Añadía que "más de un millón de hogares en España no tienen a nadie trabajando para mantenerlo y un tercio de los españoles en edad de trabajar menores de 25 años están desempleados. Muchos no hallaron nunca empleo, lo que ha llevado a los medios a llamarla ‘generación cero’. Las monjas del centro de día San Vicente de Paúl, en el centro de Madrid, han visto casi duplicarse el número de los que pretenden comer gratis en los dos últimos años. La crisis económica no sólo está destruyendo empleo por millones, sino también minando las ideas preconcebidas de los valores de las familias españolas”.

Fuente: Blog del economista Marc Vidal

25/6/09

La actual crisis financiera y económica mundial a la luz del bien común de la tierra y de la humanidad, por Miguel d’Escoto

Palabras de Miguel d’Escoto Brockmann, Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, al iniciarse la Conferencia de Alto Nivel sobre la Crisis Financiera y Económica Mundial y Su Impacto Sobre el Desarrollo. New York 24-26 junio 2009

Muy queridos Presidentes
Primeros Ministros
Cancilleres
Señores Ministros
Excelencias
Señor Secretario General
Hermanas y hermanos todos:


Estamos todos aquí reunidos, los representantes de los Estados y de los gobiernos del mundo porque vivimos un momento singularísimo de la historia humana, en el cual está en juego nuestro futuro común. Somos ciudadanos de diferentes naciones y, al mismo tiempo, somos ciudadanos planetarios, viviendo relaciones múltiples de interdependencia de todos con todos.

Una Arca de Noé que salve a todos

En este momento crítico, debemos todos sumar esfuerzos para evitar que la crisis global, con sus muchos y diferentes rostros, se transforme en una tragedia socioambiental y humanitaria. Los retos de las diferentes crisis están todos interconectados y nos obligan a nosotros, representantes de los pueblos de la Tierra, a proclamar nuestra responsabilidad unos hacia los otros y a que juntos, con gran esperanza, busquemos soluciones incluyentes. Ningún mejor lugar que esta sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas para hacerlo. Esta es por antonomasia la sala de la inclusividad democrática mundial, Sede del G192. Obviamente que cada Estado tiene la opción de definir su nivel de participación, de conformidad con la importancia que le asigne al tema de cada reunión.

No es humano ni responsable construir una Arca de Noé que salve solamente al sistema económico imperante dejando a la gran mayoría de la humanidad a su propia suerte, sufriendo las nefastas consecuencias de un sistema impuesto por una irresponsable, aunque poderosa minoría. Tenemos que tomar colectivamente un conjunto de decisiones que atiendan, lo más posible, a todos, incluyendo la gran comunidad de vida y la Casa Común, la Madre Tierra.

Superar el pasado y construir el futuro

Antes que nada, necesitamos superar un pasado agobiante y forjar un futuro esperanzador. Hay que reconocer que la actual crisis económico-financiera es el último resultado de un modo egoísta e irresponsable de vivir, de producir, de consumir, de establecer relaciones entre nosotros y con la naturaleza que implicó una sistemática agresión a la Tierra y a sus ecosistemas y una profunda disimetría social, una expresión analítica que disimula una perversa injusticia social planetaria. A mi juicio, hemos llegado a la última frontera. El camino hasta ahora recorrido, parece haberse cerrado y, de continuar así, puede llevarnos al mismo destino ya anticipado por los dinosaurios.

Por eso, los controles y las correcciones del modelo vigente, sin duda, necesarios, son a mediano y a largo plazo, insuficientes. Su fuerza interna para hacer frente a la crisis global se muestra extremamente débil. Quedarse en solo controles y correcciones del modelo demostraría una cruel falta de sensibilidad social, de imaginación y de compromiso con la creación de una paz justa y duradera. El egoísmo y la codicia no se pueden remendar. Tienen que ser sustituidos por la solidaridad y eso, obviamente, implica un cambio radical. Si realmente lo que queremos es una paz estable y duradera, debemos estar absolutamente claros que debemos ir más allá de controles y correcciones del modelo existente y crear algo que apunte hacia un nuevo paradigma de convivencia social.

En esta perspectiva, es imperativo buscar lo que la Carta de la Tierra llama un “modo sostenible de vivir”. Esto implica una visión compartida de valores y de principios que propicien una forma distinta de habitar este mundo y que garanticen el buen vivir de las presentes y de las futuras generaciones. Si grande es el peligro que todos enfrentamos ante los diversos problemas convergentes, más grande es aun la oportunidad de salvación que la crisis mundial nos está ayudando u obligando a descubrir. Hemos construido una economía globalizada. Ahora es el momento de crear una política y una ética globalizadas a partir de las muchas experiencias y tradiciones culturales de los diferentes pueblos.

La Madre Tierra y la ética planetaria

Una ética nueva presupone una óptica nueva. Es decir, una visión del mundo diferente origina, también, una ética diferente, una forma nueva de interrelacionarnos.

Hay que incorporar la óptica que nos viene de las así llamadas ciencias de la Tierra según las cuales la Tierra está insertada dentro de un vasto y complejo cosmos en evolución. Ella está viva, es la Madre Tierra, expresión aprobada por esta Asamblea el pasado 22 de abril. La Madre Tierra se auto regula, articulando, con un equilíbrio sutil, lo físico, lo químico y lo biológico de tal forma que se hace siempre propicia a la vida. Ella produjo una comunidad de vida única dentro de la cual emergió la comunidad de la vida humana – la Humanidad - como la parte consciente e inteligente de la misma Tierra.

Esta concepción contemporánea se compagina con la ancestral visión de la Humanidad y de los pueblos originarios para los cuales la Tierra siempre fue y es venerada como Madre, Magna Mater, Inana, Tonantzín, como la llamaban los náhuatl en mi patria Nicaragua, o Pacha Mama, como la llaman los aymaras en Bolivia.

Crece más y más la conciencia de que todos somos hijos e hijas de la Tierra y a ella pertenecemos. Tal como nos ha recordado muchas veces el Presidente Evo Morales, ella puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin ella.

Nuestra misión como humanos es la de ser los guardianes y los cuidadores de la vitalidad y de la integridad de la Madre Tierra. Lamentablemente, a raíz de nuestro excesivo consumo y despilfarro, la Tierra ha ultrapasado ya en 40% su capacidad de reposición de los bienes y servicios que generosamente nos ofrece.

Esta visión de la Tierra viva es testimoniada por los astronautas que desde sus naves espaciales confesaron, admirados, que Tierra y Humanidad constituyen una única realidad. Vivenciaron lo que se llamó el “Overview Effect”, es decir, la percepción de que estamos tan unidos a la Tierra que nosotros mismos somos Tierra: Tierra que siente, que piensa, que ama y que venera.

Esa óptica nos evoca respeto, veneración, sentimiento de responsabilidad y de cuidado por nuestra Casa Común, actitudes extremamente urgentes de cara a la actual degradación generalizada de la naturaleza.

De esta nueva óptica nace una nueva ética. Una nueva forma de interrelacionarnos con todos los que viven en nuestra morada humana y con la naturaleza circundante. Hoy la ética o será planetaria o no será ética.

Puntos axiales de una ética del bien común

La primera afirmación de esta ética planetaria consiste en proclamar y salvaguardar el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Partimos del presupuesto de que la comunidad de pueblos es simultáneamente una comunidad de bienes comunes. Estos no pueden ser apropiados privadamente por nadie y deben servir a la vida de todos, de las presentes y de las futuras generaciones y de la comunidad de los demás seres vivientes.

El Bien Común de la Humanidad y de la Tierra tiene las características de universalidad y de gratuidad. Es decir, tiene que involucrar universalmente a todas las personas, los pueblos y la comunidad de vida. De este Bien Común Mundial nadie y ningún ser pude ser excluido. Además, por su naturaleza, es algo gratuitamente ofrecido a todos y, por eso, no debe ser objeto de compra o venta ni ponerse bajo la lógica de la competencia. Por otra parte, debe ser continuamente construido por todos sin que por ello el Bien Común deje de ser común.

¿Cuáles son los bienes fundamentales que constituyen el Bien Común de la Humanidad y de la Tierra? El primero es, sin duda, la propia Tierra. ¿A quién pertenece la Tierra? La Tierra pertenece, no a los poderosos que se apropiaron de sus bienes y servicios, sino al conjunto de los ecosistemas que la componen. Es un don del universo que surgió en nuestra Vía Láctea a partir de un sol ancestral ya desaparecido que originó el sol actual alrededor del cual la Tierra gira como uno de sus planetas. Por el hecho de ser viva y generadora de todos los seres vivientes, tiene dignidad (dignitas Terra). Esta dignidad reclama respeto y veneración y hace que ella sea portadora de derechos: derecho de ser cuidada, protegida y mantenida en condiciones de poder continuar produciendo y reproduciendo vidas.

Tenemos todavía que reconocer que el modo de producción que se globalizó en su voracidad industrialista ha, en gran medida, desvastado la Tierra y, así mismo, dañado también el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Es urgente que busquemos otros caminos más humanos y más favorables a la vida: los caminos de la justicia y de la solidaridad que son los caminos que conducen a la paz y a la felicidad.

En seguida tenemos a la biósfera de la Tierra como un patrimonio común de toda la vida de la cual la Humanidad es su tutora. Pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Tierra, como decía ya en 1972 la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente, “todos los recursos naturales de la Tierra, incluyendo el aire, los suelos, la flora, la fauna y en especial las muestras representativas de los ecosistemas naturales”.

Especialmente el agua, los océanos y los bosques pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Tierra. El agua es un bien natural, común, esencial e insustituible y todos tienen derecho al acceso a ella, independientemente de los costos implicados en su captación, reserva, purificación y distribución que serán asumidos por el poder público y por la sociedad. Por eso, nos preocupa enormemente el afán de privatizarla y transformarla en mercancía con la cual, sin duda, se puede ganar mucho dinero. Agua es vida y la vida es sagrada y no objeto de trueques. Esta Asamblea quiere apoyar los esfuerzos para llegar a un Pacto Internacional del Agua con una gestión colectiva para garantizar a todos este bien tan vital.

Algo semejante hay que decir de los bosques, especialmente los tropicales y subtropicales, en donde se encuentra la mayor biodiversidad y concentración de humedad necesaria a la vitalidad de la Tierra. Son los bosques los que impiden que los cambios climáticos inviabilicen la vida en el planeta, porque son los grandes secuestradores de dióxido de carbono. Sin bosques no hay vida ni biodiversidad. Los océanos son los grandes repositorios de vida, los reguladores de los climas, los equilibradores de la base física y química de la Tierra. Bosques y océanos constituyen una cuestión vital y no sólo ambiental.

Los climas de la Tierra pertenecen al Bien Común de la Humanidad y de la Tierra. La resolución 43/53 del 6 de diciembre de 1988 de esta Asamblea General de la ONU sobre “Protección del Clima Global para las Generaciones Presentes y Futuras,” reconoce los climas como Patrimonio Común de la Humanidad (Common Concern of Humankind) porque “son una condición esencial de la manutención de la vida en la Tierra”. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, más conocido como IPCC, por sus siglas en inglés, considera “los cambios climáticos una preocupación común de la Humanidad que debe ser tratada globalmente con una responsabilidad compartida”.

Pero el gran Bien Común de la Humanidad y de la Tierra es la propia Humanidad como un todo. Tiene un valor intrínseco supremo y representa un fin en sí mismo. Es parte del reino de la vida, altamente compleja, capaz de conciencia, sensibilidad, inteligencia, fantasía creadora, amor y apertura al Todo.

Hay en todas las culturas la clara percepción de que la Humanidad es portadora de una inviolable dignidad. Cometen crimen contra la Humanidad los que hacen guerras y construyen una máquina de muerte que puede eliminar de la faz de la Tierra la vida humana y dañar profundamente la biósfera.

Por eso, mis queridos hermanos y hermanas, ya no debemos esperar. Es imprescindible proceder cuanto antes a la abolición de armas nucleares por completo, no simplemente reducción o no proliferación. Urge establecer la norma de cero tolerancia para armas nucleares, para todos en general sin excepciones. Un encuentro de todos los poseedores de armas nucleares para tomar decisiones sobre ésto es ya algo inaplazable. Estamos viviendo un momento propicio para ésto y no debemos desaprovecharlo. El mundo tampoco puede seguir tolerando la obscenidad de los cada vez mas astronómicos gastos en armamentos mientras se ofrecen irrisorias cantidades para sacar a la mitad de la humanidad de niveles de pobreza inexcusables que, además, constituyen una bomba de tiempo contra todos. La violencia genera violencia y mantener a gente en hambre y niveles infrahumanos de existencia es la peor violencia.

Estrategias para la superación de la crisis

En este momento de la historia bajo la crisis global y a la luz del Bien Común de la Tierra y de la Humanidad, se hace necesario tomar colectivamente medidas de corto y mediano plazo para mantener a la sociedad funcionando, por un lado y para sentar las bases de nuevas formas de vivir sus- tentablemente, por el otro. Cinco ejes fundamentales podrían dar coherencia a las nuevas iniciativas que busquen construir alternativas y también orientar numerosas prácticas que serán discutidas en estos días aquí en la Asamblea General.

Primero: la utilización sostenible y responsable de los escasos recursos naturales. Esto implica superar la lógica de la explotación de la naturaleza y fortalecer la relación de respeto y de sinergia.

Segundo: devolver a la economía su debido lugar en el conjunto de la sociedad, superando la visión reduccionista que la hizo el gran eje estructurador de la convivencia humana. La economía debe ser respetuosa de valores y no fuente de valores; debe ser vista como la actividad destinada a crear, dentro del respeto de las normas sociales y ecológicas, las bases de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres humanos sobre el planeta.

Tercero: generalizar la democracia a todas las relaciones sociales y a todas las instituciones. No solamente aplicarla y profundizarla en el campo político, con una nueva definición del Estado y de los organismos internacionales, sino también ampliarla al área de la economía, de la cultura y de la relación entre hombres y mujeres para que sea un valor universal y verdaderamente una democracia sin fin.

Cuarto: forjar un ethos mínimo desde el intercambio multicultural y desde las tradiciones filosóficas y religiosas de los pueblos, a fin de que puedan participar en la definición del Bien Común de la Humanidad y de la Tierra y en la elaboración de nuevos valores.

Quinto: potenciar una visión espiritual del mundo que haga justicia a las búsquedas humanas por un sentido trascendente de la vida, de la labor creativa de los humanos y de nuestro corto tránsito por este pequeño planeta.

La concretización de estos cinco ejes fundamentales es esencial para lograr el buen vivir personal, social y planetario. Este se alcanza a través de una economía de lo suficiente y decente para toda la comunidad, viviendo en comunión con los demás seres humanos, con la naturaleza y con el Todo del cual somos parte.

Aquí se dan las bases para una biocivilización que tiene como centralidad la vida, la Tierra y la Humanidad, cuyos ciudadanos se sienten hijos e hijas de la alegría y no de la necesidad.

Cuatro principios éticos fundamentales

Todos estos retos no serán adecuadamente respondidos si no cambiamos nuestras mentes y nuestros corazones y no creamos espacio para la emergencia y el desarrollo de otras dimensiones esenciales del ser humano. El uso exclusivo y abusivo de la razón instrumental-analítica en los tiempos modernos nos ha hecho sordos al clamor de la Tierra e insensibles a los gritos de los oprimidos que son las grandes mayorías de la Humanidad. En lo más hondo de nuestra naturaleza humana somos seres de amor, de solidaridad, de compasión y de comunión. Por eso hay que enriquecer la razón analítica con la razón sensible, emocional y cordial, sede de los referidos valores.

El Bien Común de la Humanidad y de la Tierra es una realidad dinámica y en continua construcción. Para mantenerlo vivo y abierto a otros desarrollos cuatro principios éticos resultan importantes.

El primer principio ético es el respeto. Cada ser tiene valor intrínseco. Su utilización para el Bien de la Humanidad no puede ser orientada por una ética meramente utilitarista, como ha predominado en el paradigma socioeconómico vigente, sino dentro de un sentido de mutua pertenencia, de responsabilidad y de conservación de su existencia.

El segundo es el cuidado. El cuidado configura una actitud no agresiva ante la realidad, actitud amorosa que repara los daños pasados y previene los futuros y, a la vez, se extiende a todos los campos de la actividad humana personal y social. Si existiera suficiente cuidado, no habríamos llegado a la actual crisis financiera y económica. El cuidado está ligado intrínsecamente a la manutención de la vida, porque sin cuidado ella se debilita y desaparece.

La expresión oriental del cuidado se llama compasión, tan necesaria en los días de hoy cuando gran parte de la Humanidad y de la misma Tierra se encuentran crucificadas y magulladas en un mar de padecimientos.

En una sociedad de mercado que se rige más por la competencia que por la cooperación, se constata una cruel falta de compasión con todos los que sufren en la sociedad y en la naturaleza.

El tercer principio es la responsabilidad universal. Todos somos ecodependientes e interdependientes. Nuestras acciones pueden ser benéficas o dañinas para la vida y para el Bien Común de la Tierra y de la Humanidad. Las muchas crisis actuales derivan, en gran parte, por la falta de responsabilidad de nuestros proyectos y prácticas colectivas que han provocado el desequilibro global de los mercados y el del sistema-Tierra.

El cuarto principio es la cooperación. Si no hay cooperación entre todos, no vamos a salir enriquecidos de las crisis actuales. La cooperación es tan esencial que fue ella lo que en el pasado permitió a nuestros ancestros antropoides dar el salto de la animalidad a la humanidad. Al buscar sus alimentos, no los comían de forma individual sino que los traían todos para el grupo y de forma cooperativa y solidaria lo compartían entre todos. Lo que fue esencial en el pasado, sigue siendo esencial en el presente.

Por fin, pertenece al Bien Común de la Humanidad la creencia testimoniada por las tradiciones espirituales y afirmada por cosmólogos y astrofísicos contemporáneos, de que por detrás de todo el universo, de cada ser, de cada persona, de cada evento y de nuestra crisis actual, actúa la Energía de Fondo, misteriosa e inefable, llamada también Fuente Alimentadora de todo el Ser. Esta Energía sin nombre – estamos seguros – actuará también en este momento de caos ayudándonos y empoderándonos para vencer al egoísmo y tomar las medidas necesarias para que éste no sea catastrófico, sino creativo y generativo de nuevas órdenes de convivencia, de modelos económicos innovadores y de un sentido más alto de vivir y de convivir.

Conclusión: no tragedia sino crisis

Para terminar, quiero testimoniar mi profunda convicción de que el escenario actual no es de tragedia sino de crisis. La tragedia termina mal con una Tierra desvastada pero que puede continuar sin nosotros.

La crisis purifica, nos hace madurar y encontrar formas de superación satisfactorias para toda la comunidad de vida, del ser humano y de la Tierra. El actual dolor no es el estertor de un moribundo, sino el dolor de un nuevo parto. Hasta ahora hemos explotado exhaustivamente el capital material que es finito, cabe ahora trabajar el capital espiritual que es infinito porque infinita es nuestra capacidad de amar, de convivir hermanablemente y de penetrar en los misterios del universo y del corazón humano.

Como todos venimos del corazón de las grandes estrellas rojas en las cuales se forjaron los elementos que nos constituyen, está claro que nosotros nacimos para brillar y no para sufrir. E iremos nuevamente a brillar –esta es mi firme esperanza - en una civilización planetaria más respetuosa de la Madre Tierra, más incluyente de todos, más solidaria a partir de los más desposeídos, más espiritual y llena de reverencia frente al esplendor del universo y mucho más feliz.

Con estas palabras, se dan por iniciadas las intervenciones en esta importantísima Conferencia sobre la crisis financiera y económica mundial. Al contextualizar la problemática, he querido enfatizar que, para poder aprovechar las oportunidades que la actual crisis nos presenta, tendremos que deponer actitudes egoístas. Estas, en verdad, sólo buscan preservar un sistema que, supuestamente, beneficia a una minoría y claramente tiene nefastas consecuencias para la inmensa mayoría de los habitantes del planeta. Tenemos todos que revestirnos de SOLIDARIDAD y de COOPERACIÓN para poder dar un salto cualitativo hacia un futuro de paz y bienestar.

Permítanme, queridos hermanos y hermanas concluir esta reflexión con las palabras del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI para esta Conferencia: “Invoco para los participantes de la Conferencia, como también para los responsables de la cosa pública y de los destinos del planeta, el Espíritu de Sabiduría y de Solidaridad Humana para que la actual crisis se transforme en oportunidad capaz de ayudarnos a brindar una mayor atención a la dignidad de cada ser humano y promover una distribución más equitativa del poder de decisión y de los recursos, con particular atención a los pobres, cuyo número, desafortunadamente, es cada vez mayor.”

Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento

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Nueva York, 24 de junio. La llamada cumbre mundial sobre la crisis financiera y económica de la Organización de Naciones Unidas (ONU) inaugurada hoy, no sólo ofreció un espacio para un amplio diagnóstico y llamados a la acción urgente para proteger a los más pobres y vulnerables, sino también mostró la crisis de la respuesta de la comunidad internacional, entre otras cosas por la histórica división entre norte y sur.

La Conferencia de alto nivel sobre la crisis financiera y económica y su impacto sobre el desarrollo es tanto un fracaso como un gran logro. Los gobiernos de los países ricos, sobre todo el Grupo de 8 (G-8) y sus aliados, no deseaban que se realizara, mientras el presidente de la asamblea general, el nicaragüense Miguel D’Escoto, y decenas de países del sur, movimientos sociales y ONG insistieron en que se celebrara.

Ésta es una disputa que gira en torno a quién debería determinar la respuesta a la crisis y las reformas –para algunos más bien cambios a fondo– del orden financiero y económico internacional. Para dirigentes de varias ONG como el economista premio Nobel Joseph Stiglitz, se trata de si es el G-8 o el Grupo de 192 (países miembros de la ONU) los que deben formular las reformas globales.

“En este momento crítico todos debemos sumar esfuerzos para evitar que la crisis global… se transforme en una tragedia socioambiental y humana... Ningún mejor lugar que esta sala de la asamblea general de Naciones Unidas para hacerlo. Ésta es por antonomasia la sala de la inclusividad democrática mundial, sede del G-192”, declaró D’Escoto al inaugurar la conferencia de tres días.

“No es humano ni responsable construir un ‘arca de Noé’ que salve solamente al sistema económico imperante y deje a la gran mayoría de la humanidad a su propia suerte, sufriendo las nefastas consecuencias de un sistema impuesto por una irresponsable aunque poderosa minoría. Debemos tomar colectivamente un conjunto de decisiones que atiendan a todos”, afirmó D’Escoto.

Agregó que hay que reconocer que la actual crisis económico-financiera es el último resultado de un modo egoísta e irresponsable de vivir, de producir, de consumir, de establecer relaciones entre nosotros y con la naturaleza, que implicó una sistemática agresión a la tierra y a sus ecosistemas y una profunda disimetría social, una expresión analítica que disimula una perversa injusticia social planetaria.

Por ello, dijo, no se puede sólo hacer correcciones al sistema. “El egoísmo y la codicia no se pueden remendar… si realmente lo que queremos es una paz estable y duradera, debemos estar absolutamente claros de que debemos ir más allá de controles y correcciones del modelo existente y crear algo que apunte hacia un nuevo paradigma de convivencia social”.

El secretario general de la ONU, Ban Ki moon, advirtió que esta crisis ha llevado a que millones más estén sumidos en la pobreza, que se podrían perder más de 50 millones de empleos este año y que mil millones de personas padecen hambre. Insistió en que los países más desarrollados tienen la responsabilidad de ofrecer mayor apoyo a los países pobres para enfrentar la crisis. Si el mundo puede movilizar más de 18 billones de dólares para mantener flotando al sector financiero, puede encontrar más de 18 mil millones para cumplir con sus compromisos en África.

El mensaje de los oradores en representación de los gobiernos que participan en la conferencia hicieron eco de esta retórica. Los del sur subrayaron que los países pobres que sufren las peores consecuencias de esta crisis que se originó en el norte.

La delegación mexicana fue encabezada por el secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero Arroyo, quien habló a nombre del Grupo de Río y se sumó al llamado a una reforma del sistema financiero internacional otorgándole mayor orientación hacia el desarrollo, así como mayor representatividad y legitimidad en sus estructuras, entre otras.

Joseph Stiglitz, quien encabeza la comisión de expertos del presidente de la asamblea general, que aportó diagnósticos y recomendaciones para el documento que aprobará en esta cumbre, declaró que se deben abordar las crisis globales de manera “incluyente… no en el G-20, sino en el G-192”. La globalización, dijo, ha llevado a una integración económica, donde no es posible evitar que lo que ocurre en un país afecte a otro, pero no existen instituciones internacionales capaces ni diseñadas para enfrentar esta nueva realidad”.

Modelos fallidos

En comentarios ante una reunión de expertos y ONG, como parte de la conferencia de la ONU, Stiglitz dijo que no fue sólo la falta de regulación adecuada y de políticas monetarias lo que detonó la crisis, sino de modelos fallidos de política económica.

Para reparar la crisis se requiere, indicó Stiglitz, reformar las desigualdades en el sistema internacional, y eso empieza por otorgar los fondos necesarios de los países ricos a los países pobres que no cuentan con los recursos para enfrentar la crisis, o que tienen limitadas opciones de políticas para hacerlo, ya que están bajo condiciones impuestas por sus acreedores, como el FMI. Criticó que se haya otorgado al FMI una función para enfrentar la crisis, ya que fue una de las instituciones que promovieron las políticas que provocaron la crisis y la hizo global.

Ante el peligro de que las reformas propuestas hasta la fecha impliquen cambios más bien cosméticos, y que los intereses financieros que participaron en crear la crisis hagan todo lo posible por detener los cambios a fondo, Stiglitz sostuvo que “es clave la participación de la sociedad civil… será sólo a través de los esfuerzos de grupos ciudadanos como las cosas van a cambiar”.

El Nobel insistió en que es un excelente momento para promover un cambio, ya que los argumentos de las últimas décadas han quedado descalificados. La liberalización de los mercados financieros facilitó la crisis, recordó, y quienes promovían eso ya no pueden sostenerlo, afirmó. Por otro lado, aquellos que promovían el libre comercio y la idea de un campo de juego igualado también carecen de credibilidad ante el masivo subsidio gubernamental para rescatar empresas financieras e industriales en el primer mundo, lo cual es nada menos que un gigantesco subsidio público al sector privado, destacó.

Los presidentes y ministros más poderosos del mundo y los directores de los bancos internacionales y las instituciones financieras multilaterales están ausentes (aunque enviaron representantes y observadores), ya que se preparan para la Cumbre del Grupo de los 20, el mes entrante. Tal vez el arca de Noé tendrá que ser construida sin todos ellos.

Fuente: Periódico La Jornada de México.

Movimientos afirman que pobres no pueden ser perjudicados por la crisis

Desde hoy (24) y hasta el viernes (26), representantes de Estados y de gobiernos estarán reunidos en Nueva York para discutir sobre la crisis económica y financiera mundial y sus impactos en los distintos países. La intención es que, durante los tres días, los 192 países integrantes de las Naciones Unidas determinen respuestas de emergencia y de largo plazo para atenuar los efectos de la crisis, especialmente en las poblaciones más vulnerables.

La "Conferencia de las Naciones Unidas acerca de la Crisis Económica y Financiera y sus efectos sobre el Desarrollo", cuenta además con la presencia de representantes de redes, movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil. En esta ocasión, las organizaciones que luchan contra la deuda externa ilegítima de los países del Sur presentarán un documento con las principales contribuciones y demandas sobre el asunto en cuestión.

En el documento, las entidades piden a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que apoye el desarrollo de alternativas de superación a la crisis sin perjudicar a los países más pobres. "Las Naciones Unidas debe ser usada como el principal forum para promover el debate mundial y la gobernanza sobre el sistema financiero y monetario internacional y su fortalecimiento, en particular mediante una mayor participación de la sociedad civil, lo cual permitirá cumplir mejor sus responsabilidades en este sentido", afirman.

De acuerdo con el informe, las organizaciones creen que la solución de la crisis no debe comprometer a las naciones más pobres, porque éstas no fueron las responsables de la situación actual, sino las principales víctimas: "Los gobiernos, las instituciones financieras internacionales y los intereses privados responsables de la crisis deberían ofrecer una compensación adecuada por los daños causados, incluyendo también la restitución y la reparación de la acumulación de deudas ecológicas, históricas, sociales y económicas que el Norte debe al Sur", añaden.

Las entidades sugieren además que deben desarrollarse nuevas estrategias de combate de la crisis en las cuales se destaquen soluciones para las deudas externas con decisiones basadas en evaluaciones transparentes e imparciales. "Las Naciones Unidas deben además iniciar el trabajo hasta el desarrollo de una plataforma o código común de financiamiento soberano, democrático y responsable, que incluya no solamente a los Estados miembros, sino también a organizaciones de la sociedad civil", aconsejan.

Además del documento, las organizaciones civiles promoverán, mañana (25), un evento con los presidentes Rafael Correa, de Ecuador, y Evo Morales, de Bolivia. La actividad, que se realizará en forma paralela a la Conferencia, discutirá: la liberalización del comercio como causa de la crisis financiera, el desequilibrio entre la soberanía de los pueblos y los intereses corporativos de los inversionistas y la necesidad de construir una nueva arquitectura financiera que respete los derechos humanos.

A pesar de la importancia de la Conferencia, muchos representantes de los 192 países no confirmaron su presencia. Desde el inicio del mes, entidades organizadas de varias partes del mundo piden a los jefes de Estado y presidentes que participen del Encuentro para sustituir el G20 como forum global de debate sobre las reformas de la arquitectura financiera internacional. En las cartas, las entidades denuncian que las medidas sugeridas hasta ahora apuntan solamente a salvar el sistema en detrimento de los pueblos y países más vulnerables.

El 1° de junio, más de 150 redes y movimientos sociales de América Latina y del Caribe enviaron una carta abierta a los representantes pidiendo la presencia de éstos en la Conferencia. Hasta el momento, no se sabe cuántos presidentes latinoamericanos y caribeños participarán del encuentro. Una situación parecida se produjo en España, donde el grupo Ecologistas en Acción envió una carta al presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, y a la Ministra de Economía, Elena Salgado, pidiendo su participación en la Conferencia, pero no obtuvo respuesta.

Fuente: Adital. Traducción: Daniel Barrantes

24/6/09

Vídeo: Debate la Crisis y el Paro, Santiago Niño Becerra y Luis Ayala

El magnífico programa El Debate de CNN+ presentado por José María Calleja, ha dedicado su último debate a la crisis y el paro, con dos buenos y conocidos economistas. Santiago Niño Becerra, muy citado en este blog, Catedrático de Estructura Económica de la Facultad de Economía IQS, Universidad Ramon Llull, y autor del famoso libro El Crash del 2010, del que publicamos un resumen en nuestro blog. Y por otro lado Luis Ayala, profesor de Economía Aplicada y uno de los autores del último Informe FOESSA de Cáritas.

El debate dura 30 minutos y está dividido en tres vídeos de 10 minutos, si tienes tiempo te los recomiendo, la crisis y el paro es el gran tema actual y los dos econonomistas saben de lo que hablan.

Si no puedes ver los vídeos pulsa este enlace al blog

Primera parte:



Segunda parte:



Tercera parte:

22/6/09

Irán, dividido como nunca antes entre reformistas y conservadores, por Robert Fisk

Alí Jamenei advierte sobre riesgos de "revoluciones de terciopelo"

Teherán, 21 de junio. Ahora que el líder supremo iraní, el ayatola Alí Jamenei, se ha colocado hombro con hombro con su nuevo presidente oficialmente electo, Mahmud Ahmadinejad, la existencia misma de un régimen islámico podría verse abiertamente cuestionada en una nación que está dividida como nunca antes entre reformistas y quienes insisten en mantener la integridad de la revolución de 1979.

Si Jamenei hubiera elegido mantenerse en un justo medio y hacer pequeñas concesiones a los incontables millones que se opusieron a Ahmadinejad en la elección y quienes sienten que no fueron tomados en cuenta, el ayatola aún sería una figura paterna neutral.

Mirhosein Musavi y sus seguidores se habrían negado religiosamente –en el sentido más literal de la palabra– a criticar tanto al líder supremo como a la república islámica durante las manifestaciones de la semana pasada.

Pero al reaccionar como todos los revolucionarios lo hacen aún décadas después de llegar al poder, porque el espectro de una contrarrevolución los persigue hasta la muerte, Jamenei eligió retratar a los opositores políticos de Ahmadinejad como mercenarios potenciales, espías y agentes de los poderes extranjeros. La traición a la república islámica, desde luego, es castigada con la muerte. Pero la alianza política de Jamenei con este extraño y alucinado presidente pudo haber surgido del miedo y la ira, en partes iguales.

Durante el rezo de los viernes en la Universidad de Teherán, el líder supremo mencionó los peligros de una revolución de terciopelo. Está claro que el régimen tiene profunda preocupación ante el derrocamiento de gobiernos en el este europeo y el occidente asiático desde la caída de la Unión Soviética. El poder del pueblo, mismo que le dio el triunfo a la revolución de 1979, es un arma devastadora. Podría decirse que la única, en el arsenal de una oposición política seria y sin armamento.

En lo que siguió al triunfo de Ahmadinejad en las urnas, sus simpatizantes conservadores se han dado a la tarea de repartir panfletos en los cuales se condenan las revoluciones laicas de Europa del Este y su contenido habla mucho de los temores del liderazgo clerical iraní.

Uno de esos pasquines se titula “El sistema al intentar derrocar una república islámica con una ‘revolución de terciopelo’”. En éste se describe la manera en que Polonia, Checoslovaquia, Ucrania y otras naciones ganaron su libertad.

“Las ‘revoluciones de terciopelo’ o ‘coloridas’ son métodos de intercambio de poder en tiempos de descontento social. Las revoluciones coloridas siempre han comenzado durante una elección y los métodos que sigue son:

“1. Existe una completa desesperación en la gente cuando tiene la certeza de que perderá la votación.

2. Se elige un color particular, con el único fin de que los medios occidentales identifiquen (para su público o lectores) a los opositores. Musavi usó el verde como color de campaña y sus partidarios aún utilizan este color en sus brazaletes, mascadas y pañoletas.

“3. Se anuncia que con anticipación se arregló la elección y este mensaje se repite sin cesar, lo cual permite que los medios occidentales, sobre todo los estadunidenses, exageren los hechos.

“4. Se escriben cartas a funcionarios del gobierno para denunciar un fraude electoral. Es interesante notar que en estos proyectos ‘coloridos’, por ejemplo en Georgia, Ucrania y Kirguistán, los movimientos apoyados por occidente han advertido del fraude antes de las elecciones en cartas escritas a los gobiernos involucrados. En el Irán islámico estas cartas fueron dirigidas al líder supremo.”

Otro volante cita un estudio –evidentemente hecho por asesores de Jamenei, y muy poco riguroso– que vaticinó que el fraude electoral se denunciaría el mismo día de la elección, que la oposición anunciaría su victoria horas antes de que concluyera el recuento y se difundiera su derrota.

Por ello los resultados electorales tendrán ya desde el principio un contexto de fraude, según el documento.

“En las etapas finales del proceso, los opositores se reúnen frente a las oficinas gubernamentales; llevan banderas coloridas en protesta por el fraude en el conteo. Esta fase de la manifestación –continúa el panfleto– está a cargo de los medios extranjeros, que se alían con el movimiento opositor con el fin de sacar buenas fotografías y engañar a la opinión pública internacional.”

Todo esto demuestra que existe una singular y obsesiva preocupación entre los discípulos del líder supremo ante la popularidad que ha cobrado la campaña poselectoral de Musavi. La suspensión de todas las comunicaciones móviles y satelitales –lo que en una sociedad tan desarrollada como Irán debe haber costado millones de dólares– no impidió que se convocara a marchas que siempre se celebraron a la misma hora y en el mismo lugar.

Lo que ahora vemos es un régimen que está mucho más preocupado de lo que sugirió el líder supremo cuando el viernes amenazó tan descaradamente a la oposición. Tras haber rechazado cualquier diálogo político con Musavi y sus correligionarios –unos cuantos recuentos de votos en algunos distritos no tendrán efecto en los resultados–, lo que tenemos es un régimen iraní encabezado por un líder supremo que está asustado y un presidente que habla como un niño. Esta autoridad está ahora a cargo de controlar las batallas en las calles de Irán.

Se trata de un conflicto que necesitará un milagro para resolverse. Uno de esos milagros con los que Jamenei y Ahmadinejad creen que se podrá evitar la violencia.

Fuente: La Jornada de México. © The Independent. Traducción: Gabriela Fonseca

Generación 'ni-ni': ni estudia ni trabaja

Fuente: Reportaje de José Luis Barbería en el periódico El País

Los jóvenes se enfrentan hoy al riesgo de un nivel de vida peor que el de sus padres. El 54% no tiene proyectos ni ilusión

Tan preparados y satisfechos con sus vidas, y tan vulnerables y perdidos, nuestros jóvenes se sienten presa fácil de la devastación laboral, pero no aciertan a vislumbrar una salida airosa, ni a combatir este estado de cosas. El dato asomaba hace poco, sin estrépito, entre los resultados de la última encuesta de Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. ¿Ha surgido una generación apática, desvitalizada, indolente, mecida en el confort familiar? Los sociólogos detectan la aparición de un modelo de actitud adolescente y juvenil: la de los ni-ni, caracterizada por el simultáneo rechazo a estudiar y a trabajar. "Ese comportamiento emergente es sintomático, ya que hasta ahora se sobrentendía que si no querías estudiar te ponías a trabajar. Me pregunto qué proyecto de futuro puede haber detrás de esta postura", señala Elena Rodríguez, socióloga del Instituto de la Juventud (INJUVE).

La crisis ha venido a acentuar la incertidumbre en el seno de una generación que creció en un ámbito familiar de mejora continuada del nivel de vida y que ha sido confrontada al deterioro de las condiciones laborales: precariedad, infraempleo, mileurismo, no valoración de la formación. Las ventajas de ser joven en una sociedad más rica y tecnológica, más democrática y tolerante, contrastan con las dificultades crecientes para emanciparse y desarrollar un proyecto vital de futuro. Y es que nunca como hasta ahora, en siglos, se había hecho tan patente el riesgo de que la calidad de vida de los hijos de clase media sea inferior a la de los padres.

Ese temor ha empezado a extenderse, precisamente, entre la generación que de forma más abrumadora, siempre por encima del 80%, declara sentirse satisfecha con su vida. El virus del desánimo está minando la naturaleza vitalista y combativa de la gente joven aunque encontremos pruebas fehacientes individuales y colectivas de su consustancial espíritu de superación.

He aquí una muestra de resistencia a la adversidad extrema, junto a la prueba de cómo el discurso consumista ha resultado una trampa para tantos jóvenes audaces que creyeron en el maná crediticio y el crecimiento económico sin fin. "No podemos hacer frente a las hipotecas", resume Luis Doña, de 26 años, padre de una niña de 15 meses, presidente de la Asociación de Defensa de los Hipotecados, que pretende renegociar la deuda contraída con los bancos y recabar la ayuda de la Administración. Llevados por el entusiasmo de haber encontrado un empleo estable, como comercial de una multinacional, él y su compañera adquirieron hace cuatro años un crédito hipotecario de 180.000 euros a pagar en 30 años para comprar un piso. "Teníamos que abonar 800 euros al mes, pero es que ya estábamos pagando 600 de alquiler. Hace un año, de buenas a primeras, nos quedamos los dos sin trabajo y ya se nos ha agotado el paro. Hemos conseguido que el banco nos cobre únicamente los intereses de la deuda, pero es que son 560 euros al mes y no los tenemos, porque no nos sale nada. ¿Desmoralizados? Lo que estamos es desesperados y eso que nuestro caso no es tan dramático como el de otras familias que han sido desahuciadas, han tenido que refugiarse en casa de su madre o su suegra".

Eduardo Bericat, catedrático de Sociología de la Universidad de Sevilla, cree que la falta de ilusión hay que interpretarla, no tanto por los efectos de la crisis, como por el cambio cultural producido con anterioridad. "El modelo de vocación profesional que implicaba un proyecto vital de futuro y un destino final conocido, con sus esfuerzos y contraprestaciones, ha desaparecido. Ahora, la incertidumbre se impone en el trabajo y en la pareja y no está claro que la dedicación, el compromiso, el estudio o el título, vayan a tener su correspondiente compensación laboral y social", afirma. Si la pregunta clásica de nuestros padres y abuelos: "¿Y tú, que vas a ser?" pierde fundamento, se entiende mejor que los esfuerzos juveniles respondan, más que a la ilusión por un proyecto propio, al riesgo de quedar descartado. "Si no estudio, si no hago ese master...". Según el informe Eurydice, de la Unión Europea, sólo el 40% de los universitarios españoles tiene un trabajo acorde con sus estudios.

A los jóvenes no les resulta emocionalmente rentable comprometerse en un proyecto de vida definido porque piensan que estaría sometido a vaivenes continuos y que difícilmente llegaría a buen puerto. "Aplican la estrategia de flexibilizar los deseos y de restar compromisos; nada de esfuerzos exorbitantes cuando el beneficio no es seguro. Como el riesgo de frustración es grande, prefieren no descartar nada y definirse poco", explica Eduardo Bericat. A eso, hay que sumar un acusado pragmatismo -nuestros chicos son poco idealistas-, y lo que los expertos llaman el "presentismo", la reforzada predisposición a aprovechar el momento, "aquí y ahora", en cualquier ámbito de la vida cotidiana. De acuerdo con los estudiosos, esa actitud responde tanto a la sensación subjetiva de falta de perspectivas, como al hecho de que el alargamiento de la etapa juvenil invita a no desperdiciar "los mejores años de la vida" y a combinar el disfrute hedonista con la inversión en formación.

A falta de datos sobre el alcance del "síndrome ni-ni", el catedrático de Sociología de Sevilla explica que el pacto implícito entre el Estado, la familia y los jóvenes, pacto que compromete al primero a sufragar la educación y a la segunda a cargar con la manutención, alojamiento y ocio, hace creer a algunos jóvenes que en las actuales circunstancias pueden retrasar la toma de la responsabilidad. "Desarrollan una actitud nihilista porque no se les exige estar motivados, ni asumir responsabilidades y hay redes y paraguas sociales. En las convocatorias para cubrir plazas de becarios, me encuentro con aspirantes de treinta y tantos y hasta de cuarenta años, y lo curioso es que esos becarios se comportan como becarios. Es la profecía autocumplida. Si les llamas becarios y les pagas como tales terminarán convirtiéndose en becarios. Lo que me preocupa es la infantilización de la juventud", subraya.

"Los jóvenes de ahora no son capaces de arriesgar, son conservadores", constata Elena Rodríguez. ¿La tardía emancipación juvenil española (bastante por encima de los 30 años de media) es, sobre todo, fruto de la inestabilidad y precariedad del mercado laboral o consecuencia de ese supuesto conservadurismo? Aunque la diversidad y pluralidad de la juventud aconseja huir de las visiones unívocas, no se puede perder de vista que ellos no han tenido que vencer los obstáculos de las generaciones precedentes. "Miramos con descrédito la vida que nos ofrece la sociedad. Nuestros padres trabajaron mucho y se hipotecaron de por vida, pero tampoco les hemos visto muy felices. No es eso lo que queremos. La gente tiene pocas prisas para hacerse mayor", explica Letizia Tierra, voluntaria de una ONG. Por lo general, las personas que trabajan en asociaciones de ayuda juvenil tienden a repartir sus juicios con la medida de la botella medio llena, medio vacía.

"En el CIMO (Centro de Iniciativas de la Juventud) vemos apatía y falta de ilusión generalizada. Muchos de los 200.000 nuevos titulados universitarios anuales afrontan con pesimismo la búsqueda de empleo. Saben que hay un elevado porcentaje de puestos de cajeros, reponedores, almacenistas, dependientes, etcétera ocupados por diplomados o licenciados", afirma Yolanda Rivero, directora de esa asociación que atiende a diario a más de 600 jóvenes. Con todo, descubre también a muchos jóvenes capaces de adaptarse y de asumir retos y riesgos. "La generación JASP (jóvenes sobradamente preparados) tiene la ventaja de su mayor formación. A la vista del panorama, continúan formándose, viajan, trabajan, de camarero, si es preciso, para pagarse un master y aprovechan sus oportunidades, aunque, eso sí, en casa de papá y mamá hasta los 35 años, por lo menos".

El catedrático de Psicología Social Federico Javaloy, autor del estudio-encuesta de 2007, Bienestar y felicidad de la juventud española, cree probado que nuestros jóvenes no son apáticos y desilusionados, aunque lo estén, por contagio ambiental. "Lo que pasa es que rechazan el menú laboral que les ofrecemos. El fallo es nuestro, de nuestra educación y nuestros medios de comunicación", sostiene. Aunque las ONG encauzan en España las inquietudes que los partidos políticos son incapaces de acoger, tampoco puede decirse que la participación juvenil en ese campo sea extraordinaria. "Algo menos del 10% de los jóvenes participa en algún tipo de asociación, deportivas, en su mayoría, pero el porcentaje que lo hace en las ONG no llegará, seguramente, al 1%", indica el catedrático de Sociología de la UNED, José Félix Tezanos. Autor del estudio Juventud y exclusión social, Tezanos detecta entre los jóvenes una atmósfera depresiva, un proceso de disociación individualista, condensado en la expresión "sólo soy parte de mí mismo" y el debilitamiento de la familia. "Se está produciendo una gran quiebra cultural. Los componentes identitarios de los jóvenes no son ya las ideas, el trabajo, la clase social, la religión o la familia, sino los gustos y aficiones y la pertenencia a la misma generación y al mismo género; es decir: elementos microespaciales, laxos y efímeros", subraya.

El sociólogo de la UNED se pregunta hasta cuándo aguantará el colchón familiar español y qué pasará cuando se jubilen los padres que tienen a sus hijos viviendo en casa. A su juicio, el previsible declive de la clase media, la falta de trabajos cualificados -"el bedel de mi facultad es ingeniero", indica-, el becarismo rampante, la baja natalidad y el desfase en gasto social respecto a Europa están creando una atmósfera inflamable que abre la posibilidad de estallidos similares a los de Grecia o Francia. "Podemos asistir al primer proceso masivo de descenso social desde los tiempos de la Revolución francesa", augura.

Más apocalíptico se manifiesta Alain Touraine en el prólogo del libro de José Félix Tezanos. "Nuestra sociedad no tiene mucha confianza en el porvenir puesto que excluye a aquellos que representan el futuro" (...) "Se piensa que los jóvenes van a vivir peor que sus padres", escribe el intelectual francés. Y añade: "Avanzamos hacia una sociedad de extranjeros a nuestra propia sociedad" (...) "Si hay una tendencia fuerte, es que tendremos un mundo de esclavos libres, por un lado, y a un mundo de tecnócratas, por otro" (...) "Los jóvenes tienen que trabajar de manera tan competitiva, que se acaban rompiendo (...) No están sólo desorientados, es que, en realidad, no hay pistas, no hay camino, no hay derecha, izquierda, adelante, detrás".

Nadie parece saber, en efecto, con qué se sustituirá la vieja ecuación de la formación-trabajo-estatus estable, si, como pregonan estos sociólogos, la educación en la cultura del esfuerzo toca a su fin y gran parte de los empleos apenas darán para malvivir. Aunque estamos ante una generación pragmática que no ha soñado con cambiar el mundo, muchos estudiosos creen que la juventud no permitirá, sin lucha, la desaparición de la clase media. "El mundo que alumbró la Ilustración, la Revolución francesa y la Revolución industrial está agotado. La superproducción y la superabundancia material en estructuras de gran desigualad social carecen de sentido, hay que repensar muchas cosas, construir otra sociedad", afirma Eduardo Bericat.

Las dinámicas encaminadas a establecer nuevas formas de relaciones personales, la búsqueda de una mayor solidaridad y espiritualidad, más allá de los partidos y religiones convencionales, los intentos de combatir la crisis y de conciliar trabajo y familia, el ecologismo y hasta el nihilismo denotan, a su juicio, que algo se mueve en las entretelas de esa generación. "Son alternativas que, aisladamente, pueden resultar peregrinas, pero que, en conjunto, marcan la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad", dice el profesor. ¿Será posible que esta juventud supuestamente acomodaticia y refractaria a la utopía sea la llamada a abrir nuevos caminos?

Fuente: Reportaje de José Luis Barbería en el periódico El País

Trabajar gratis, por Emilio Iglesias Delgado

Karl Marx debe estar retorciéndose de risa en su tumba: primero los trabajadores de la Seat catalana aceptaron bajarse el sueldo para poder seguir sufriendo la incertidumbre de su seguro despido en los próximos años a pesar de haber recibido ayudas estatales inmensas y estériles y ahora, los trabajadores de la British Airways -obligados primero a tomar vacaciones sin sueldo- han recibido la sugerencia de que sería bueno para ellos el trabajar y no cobrar durante un mes. Y para dar ejemplo, el directivo que firma la petición, dice que él va a ser el primero que renunciará a sus 70.000 euros mensuales (sí, mensuales).

Algo no cuadra; si el sueldo medio mensual de un trabajador inglés es de 3.000 euros, es decir, el directivo cobra 23 veces más que un trabajador y, por tanto, debería dejar de cobrar unos dos años para hacer un similar esfuerzo monetario. Pero sin rubor pide trabajo gratis, todo por el amor a esa compañía que le atiborra de dinero mes a mes y de la que no quiere salir al paro real, porque trabajar gratis es aún peor que el paro, en mi opinión.

Y mientras tanto Marx enterrado en el más lejano de los cementerios emite su eterna profecía de que, tarde o temprano, aquí se va a liar una lucha de clases que no la van a arreglar ni las pelotas de goma de la policía.

Mientras, exigimos a los jóvenes una cultura de esfuerzo para que acaben trabajando sin cobrar y no cuestionamos cómo es posible que los ricos sean cada vez más ricos y las diferencias entre la clase alta y media sea de 23 veces el sueldo. Y me olvido de los pobres, porque aquí es lo normal, ¿no?.

Fuente: Diario El País
Viñeta El Roto

21/6/09

Fenece el orden financiero anglosajón añejo de 300 años, por Alfredo Jalife-Rahme

LEAP/Europe 2020, en su boletín GEAB, número 36 (16/6/09), vaticina el choque acumulado de tres olas malditas (sic) cuando la capacidad de Estados Unidos (EU) y Gran Bretaña (GB) para financiar sus déficit públicos se tornaron incontrolables, lo que abre la vía al doble fenómeno de un cese de pagos (¡supersic!) de EU y GB de aquí al fin del verano de 2009: primera ola del desempleo masivo; segunda ola del despliegue de las quiebras en serie (empresas, bancos, bienes raíces, estados, municipios); tercera ola de la crisis terminal de los bonos del Tesoro de EU, del dólar y de la libra esterlina con el regreso de la inflación.

Este verano convergerán tres olas malditos (olas oceánicas muy altas y súbitas, particularmente destructivas, aunque muy raras, que pueden alcanzar 30 metros con presiones fenomenales) que provocarán trastornos históricos.

Todas las regiones sin excepción sufrirán un deterioro significativo, aunque no en el mismo momento ni en la misma forma y grado. Tales olas malditas del sangriento verano alcanzarán el tejido socioeconómico que agravará la crisis.

El centro de pensamiento europeo no se traga los engaños de la recuperación veraniega, ni siquiera al año siguiente, y se mofa de la recuperación sin empleos (jobless recovery) o de la recuperación sin recuperación (recoveryless recovery), lemas vacíos destinados a seducir a los consumistas ingenuos de EU y GB, alentados por las supercherías eufóricas de los multimedia anglosajones.

Cita tanto al National Bureau of Economic Research, el cual exhibe que las recesiones de EU ostentan, desde 1900, una duración promedio de 14.43 meses, como a Harver Analytics, que sentencia que la recesión global ha empeorado, mientras el comercio global sencillamente se está colapsando.

En el escenario lúgubre de LEAP/EUROPE 2020, las tres olas serán simultáneas, asincrónicas y no-paralelas y su impacto en el sistema mundial será generador de dislocaciones. Nunca como ahora el sistema internacional se había visto tan débil y desprovisto cuando la reforma del FMI y las instituciones de gobernación mundial anunciada en el G-20 de Londres ha quedado en letra muerta.

A escala regional cada entidad política se organiza a su manera, como es el caso de la desaparición política de GB ahogada por su crisis financiera, económica y política, que ha aprovechado la Unión Europea para colocar a la City bajo su tutela cuando el verano 2009 corre el riesgo de poner fin a 300 años de historia de una City omnipotente en el corazón del poder británico.

Considera que el G-8 se parece más a un club moribundo del que el mundo se pregunta su utilidad, cuando sus actores adoptan decisiones individuales, mientras el liderazgo de EU es la sombra de sí mismo al intentar desesperadamente conservar los compradores de sus bonos del Tesoro y el sistema monetario mundial se encuentra en plena desintegración con rusos y chinos quienes principalmente aceleran su juego para posicionarse en la era del posdólar.

Todavía los grandes bancos siguen siendo insolventes, pese a las masivas infusiones de fondos públicos y LEAP/Europe 2020 se atreve a pronosticar que de aquí a cuatro meses máximo (sic) esos bancos estarán a punto de desplomarse nuevamente, cuando los dirigentes políticos del planeta, intoxicados por los financieros, descubrirán que todos los problemas del año pasado van a resurgir multiplicados, ya que no fueron tratados, sino ocultados bajo inmensas cantidades de dinero público.

Para cientos de millones de habitantes del planeta, el verano 2009 será una transición terrible (sic) hacia un empobrecimiento duradero debido a la pérdida de empleo sin perspectiva de encontrar uno nuevo antes de dos, tres o cuatro años, debido a la evaporación de sus economías colocadas directamente en la bolsa, en fondos de pensiones o en instrumentos bancarios cotizados en dólares o en libras esterlinas.

George Monbiot, colaborador del periódico británico The Guardian (8/6/09), demuestra que durante 300 años GB ha deslocalizado la mutilación (sic), la cual alcanzó finalmente a su matriz primigenia: el opio, la hambruna y los bancos jugaron su parte en el saqueo del globo por GB. Ahora se acabó, y cuesta trabajo aceptarlo.

Monbiot razona que la etiología del desplome del modelo anglosajón se debe a que (su) sistema económico ya no puede extraer la riqueza de otras naciones. En los pasados 300 años, las revoluciones y reformas experimentadas por casi todos los otros países desarrollados han sido evitados en GB, subsidiada por las remesas foráneas.

Aduce que después de la descolonización, el saqueo (por GB) de otras naciones fue sostenido por los bancos. Ahora, por primera vez en tres siglos, sus bancos han cesado de ser funcionales, y debemos finalmente confrontar nuestros problemas.

El saqueo de India es proverbial dentro de la depredación global británica lo que permitió al Estado británico equilibrar su déficit de recursos.

GB deslocalizó la hambruna y los levantamientos sociales. La hambruna del género humano, en particular de India y China, permitió la prosperidad y la supremacía financiera de la City que pudo así coexistir con su relativo declive industrial.

Monbiot recuerda el macabro origen de JP Morgan-Chase, fincado en un fraude de escala masiva del banco Rothschild (¡pues sí!): “Jardine Matheson, uno de los más grandes cárteles del narcotráfico de la historia (¡supersic!), que dominó el mercado chino de opio, formó luego el mayor banco de inversiones Jardine Fleming que fue adquirido por JP Morgan Chase en el 2000”. Nada nuevo que no se sepa porque JP Morgan-Chase y Rothschild recorrieron la misma ruta trágica de los hombres perversos de HSBC y Citigroup-Banamex, si aplicamos la metáfora del filósofo francés René Girard.

Maldición gitana: los bancos privados anglosajones rescatados por el erario en EU han cesado de otorgar préstamos (CNNMoney, 15/6/09). ¿Cuál es, entonces, su utilidad?

En un luminoso ensayo, John Lanchester (Se acabó, London Review of Books, 28/5/09) despedaza contablemente lo que queda del sistema financiero anglosajón, tan proclive a la magia esotérica. Argumenta que los gobiernos de EU y GB no se atreven a nacionalizar (nota: en forma oficial, ya que esto ocurrió en forma oficiosa) sus principales instituciones financieras, porque significaría que el modelo anglosajón de capitalismo ha fracasado cuando el nivel de la intervención estatal en EU y GB en este momento es comparable al de los tiempos de guerra.

El sistema financiero anglosajón está herido de muerte. ¿Quién tomará su lugar?

Fuente: Periódico La Jornada de México

Más información en LEAP/Europe 2020, en su boletín GEAB, número 36 (16/6/09)

Mirando hacia el futuro, por Luis Pernía

¿Qué significa a estas alturas presentar un libro con semejante título? ¿Anecdotario o reto? Creo que lo segundo. Un reto hacia el futuro. Un futuro que yo entiendo imbricado en la virtud teologal de la esperanza.

Para entenderlo acudo al viejo método con el que hemos intentado entender la vida: ver, juzgar y actuar. Y de repente, en el ver, en el puro ver, se escucha la pregunta que el 27 de enero de 2009 se hacían más de 100.000 voluntades de 160 países en la inauguración del Foro Social Mundial en Belem, en el estado brasileiro de Pará: «¿cómo construir una sociedad en la cual todos podamos vivir juntos, naturaleza incluida, en este pequeño y ya viejo planeta?». Porque lo que evidencia, lo que se palpa con la mano es un profunda crisis de carácter económico pero que arrastra otras muchas formas: crisis de valores, crisis social, crisis espiritual, etc. Pero es la crisis financiera la que reluce desde el corazón del imperio con 15 trillones dólares evaporados en pocos días llevándose consigo inmensas corporaciones, granes bancos y dejando despidos en masa, hambre, desesperación y dolor. Una crisis que ha puesto en evidencia un sistema económico que se había endiosado y que ha fracasado contra la propia humanidad y el planeta. ¿Cómo es posible que cada 4 minutos pierda la vista un persona como carencia de la vitamina A? ¿Cómo es posible que cada 5 segundo un niño de menos de 5 años muera de hambre?

La cuestión es demasiado grave para dejarla únicamente en manos de los economistas. Es una cuestión demasiado seria para que nos den mas de los mismo. En lo que afecta a todos, todos tenemos derecho a manifestarnos y ayudar a decidir. “Está en nuestras manos” dice Francisco Puche Vergara.

Hay que buscar alternativas. Hay encontrar caminos con características de racionalidad, cooperación y compasión hacia las víctimas y con toda la humanidad. El cataclismo económico-financiero, fruto de avidez y de mentiras, esconde un vía crucis de sufrimiento para millones de personas que perdieron sus economías, sus casas y sus puestos de trabajo. ¿Quién habla de ellos? Los verdaderos culpables se reúnen más para salvaguardar o corregir el sistema que les garantiza hegemonía sobre los demás actores.

En los medios intelectuales crece la convicción de que el paradigma de la modernidad occidental, hoy globalizado, ha entrado en crisis por agotamiento propio y por efecto de la implosión. “Es semejante a un árbol que ha llegado a su clímax y entonces cae fatalmente por haber agotado su energía vital. Así, digamos su nombre, el capitalismo ha alcanzado su fin en un doble sentido: fin como realización de sus virtualidades y fin como término final y muerte” L. Boff).

Lógicamente si seguimos las discusiones internas de los grupos organizados por la ONU —con nombres notables como Stiglizt, premio Nóbel de economía y otros— para pensar alternativas a la crisis, nos damos cuenta de la perplejidad general. La tendencia es a reanimar a un moribundo con el neo-keynesianismo, forma suave del neoliberalismo, con una presencia más orgánica del Estado en la economía.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

1. Necesitamos un nuevo marco teórico que de lugar a la compasión y ponga en tela de juicio el mito de la razón. Necesitamos cultivar el afecto y la ternura. Cada época histórica necesita un mito que congregue personas, galvanice fuerzas e imprima un nuevo rumbo a la historia. El mito fundador de la modernidad reside en la razón, desde los griegos el eje estructurador de la sociedad. La razón crea la ciencia, la transforma en técnica de intervención en la naturaleza y se propone dominar todas sus fuerzas. Para esto, según Francis Bacon, el fundador del método científico, se debe torturar a la naturaleza hasta que entregue todos sus secretos. Después de más de trescientos años de exaltación de la razón, asistimos a la locura de la razón, pues solo una razón enloquecida organiza una sociedad en la cual el 20% de la población posee el 80% de toda la riqueza de la Tierra. Las tres personas más ricas del mundo poseen activos superiores a toda la riqueza de los 40 países más pobres donde viven 600 millones de personas; 257 individuos acumulan ellos solos más riqueza que 2.800 millones de personas, equivalente al 45% de la humanidad. La demencia de la razón productivista y consumista ha generado el calentamiento global que traerá desequilibrios ya visibles y diezmará millares de especies, incluida la humana. La dictadura de la razón ha creado la sociedad del mercado con su cultura típica, un cierto modo de vivir, de producir, de consumir, de hacer ciencia, de educar, de enseñar y de moldear las subjetividades colectivas. Éstas deben afinarse a su dinámica y valores, procurando siempre maximizar las ganancias, mediante la mercantilización de todo. Ahora, esta cultura, llamada moderna, capitalista, burguesa, occidental y, hoy, globalizada, ha entrado en crisis. Se manifiesta a través de las distintas crisis actuales, que son todas expresión de una única crisis, la de los fundamentos. No se trata de abdicar de la razón, sino de combatir su arrogancia y criticar su estrechez de miras. Lo que más necesita la razón en este momento es ser urgentemente completada con la razón sensible (M. Maffesoli), con la inteligencia emocional (D. Goleman), con la razón cordial (A. Cortina), con la educación de los sentidos (J. F. Duarte Jr.), con la ciencia con conciencia (E. Morin), con la inteligencia espiritual (D. Zohar), con el cuidado como propone Leonardo Boff desde hace tiempo. Es el sentir profundo (pathos) que nos hace escuchar el grito de la Tierra y el clamor desgarrador de millones de hambrientos. No es la razón fría sino la razón sensible la que mueve a las personas para bajarlos de la cruz y hacerlos vivir. Por eso es urgente someter el modelo de ciencia dominante a la crítica, impugnar radicalmente las aplicaciones que se hacen de ella más en función del lucro que de la vida, desenmascarar el modelo de desarrollo actual que es insostenible por ser altamente depredador e injusto. Podemos y merecemos un destino mejor. Hace decenas de años muchos filósofos y pensadores vienen afirmando que la excesiva utilización de la razón en función del lucro y de la mercantilización de todo, a costa del saqueo de la Tierra, nos ha llevado a la crisis actual. Para recuperar la salud de la razón necesitamos enriquecerla con la razón sensible, estética y cordial, en la cual se fundamenta la ética, y con una visión solidaria de la vida. Es lo que más se adecúa a las nuevas demandas del encuentro de culturas, de la interculturalidad y de unificación de la historia humana

2. Carta de ciudadanía a la naturaleza. A través de una retirada sostenible. Mientras en muchos ámbitos ecológicos se intenta la vía del ecosocialismo muy presente en el FSM de Belém, una opción prometedora, pero que todavía no ha dado, a mi modo de ver, el giro completo que implica una nueva concepción de la Tierra como Gaia y la superación del antropocentrismo, confiriendo también ciudadanía a la naturaleza. Mas quiere, con razón, un desarrollo ecológicamente respetuoso de la naturaleza, pero todavía en el marco del desarrollo. Necesitamos quizá antes una retirada sostenible que un desarrollo sostenible. Sería el comienzo de la realización del ecosocialismo. Es decir, con los recursos técnicos, financieros y con la infraestructura material creada por la globalización, tendríamos posibilidades de socializar un modo de vida sostenible para todos. La Tierra, puesta en descanso sabático, podría autorregenerarse y sostenernos a todos. Viviríamos más con menos. Pero, como somos culturalmente bárbaros y éticamente sin piedad, no estamos tomando esta decisión política. Preferimos tolerar que mueran millones antes que cambiar de rumbo. Y así continuamos consumiendo sin conciencia sabiendo de que luego, por delante, nos espera un abismo. Pero ahí queda esa opción del ecosocialismo comenzando por una retirada sostenible donde se incluyen las propuestas del decrecimiento, el consumir menos para que otros puedan comer y el cultivo de la solidaridad intergeneracional.

3. Y en un plano vital: la sencillez. Lo que se opone a nuestra cultura de excesos y complicaciones es la vivencia de la sencillez, la más humana de todas las virtudes, presente en todas las demás.

La sencillez exige una actitud de anti-cultura pues vivimos enredados entre todo tipo de productos y de propagandas. La sencillez nos llama a vivir según nuestras necesidades básicas. Si todos persiguiesen este precepto, la Tierra sería suficiente para todos. Bien decía Gandhi: «tenemos que aprender a vivir más simplemente para que los otros simplemente puedan vivir».

La sencillez siempre ha sido creadora de excelencia espiritual y de libertad interior. Henry David Thoreau (+1862) que vivió dos años en una cabaña en el bosque en su famoso libro-testimonio: Walden, la vida en los bosques repite: «sencillez, sencillez, sencillez». Francisco de Asís (+ 1226) hablaba de la “minoridad” como fuente de la paz y el bien. La simplicidad siempre fue el distintivo de todos los sabios y santos. De hecho, extremadamente sencillos fueron Buda, Jesús, María de Nazaret, Francisco de Asís, Carlos de Foucaul, Gandhi y Chico Mendes entre otros.
La vida en la Tierra que fue un evento maravilloso que ocurrió en este minúsculo planeta del sistema solar hace 3.800 millones de años, parece tocar ya sus límites. Si queremos seguir viviendo sobre ella, necesitamos seguir el evangelio de la eco-sencillez, bien resumida en las tres erres propuestas por la Carta de la Tierra: «reducir, reutilizar y reciclar» todo lo que usamos o consumimos. Se trata de hacer una opción por la sencillez voluntaria, que es un verdadero camino espiritual. Esta eco-sencillez vive de fe, de esperanza y de amor. La fe nos hace entender que nuestro trabajo, por sencillo que sea, es incorporado al trabajo del Creador, que en cada momento activa las energías.

4. Responder hoy a la pregunta de quienes son los últimos, los perdedores. Traducir hoy aquel vehemente deseo de los años sesenta y setenta de ser uno más en el mundo obrero. No solo era “estar con”, sino “ser uno de ellos”, “formar parte de ellos”. Había que vivir su misma condición desde el interior, en la propia carne el cansancio, la explotación, los desprecios que sufrían los trabajadores. Vivir como y para personas cuya vida estaba marcada por el trabajo. Se pasa de una espiritualidad del trabajo a una teología del trabajo.

Y siempre pensamos que el trabajo no estaba ligado a la “caída” del hombre, ni por tanto a un castigo (cf. Génesis,3), sino al desarrollo de la creación. “El hombre es la imagen de Dios. Y este hombre que, con su trabajo paciente, hará surgir nuevos objetos de entre sus manos, comprenderá que Dios es el primer Obrero” (del curso de J. Gray. en el Seminario de Lisieux, en 1946). Esta teología ayudó a tomar conciencia rápidamente no solo de la alineación, sino de la explotación sufrida por los trabajadores a causa de las condiciones en las que se realiza el trabajo en el sistema capitalista. Esta visión positiva de la teología del trabajo, nos llevaba al corazón mismo de la vida obrera, y a sentir hasta qué punto el sistema capitalista es contrario al “designio de Dios”. Circunstancia que nos preparó para integrar bastante rápidamente el análisis marxista de la experiencia capitalista.

Hoy este esquema lo podríamos traducir en relación a las personas inmigrantes, los otros, que serían hoy el lugar teológico donde vivir la fe en Jesús de Nazaret. Contextuado el proyecto migratorio en los ámbitos del terrorismo y de la droga, pagando con su vida el peaje de la exclusión laboral donde cubren las inconfesables cifras de la economía sumergida, papeles mojados como dice Chambao porque los arrojó la marea ya muertos a nuestras costas, en fin pedimos inmigrantes y nos llegaron personas.

Llegado a este punto, caigo en la cuenta de que el meollo de esta fe no es la afirmación conceptual de Dios sino la afirmación vital de mis hermanos. Y considero esto tan importante que constituye lo que llamo espiritualidad laica, “secular, terreno en el que cabemos y podemos encontrarnos todos, no solo de cualquier religión, sino todos, creyentes o no creyentes”. Una da las asignaturas pendientes de la transición a la democracia en nuestro país es la llamada transición religiosa, es decir, la normalización de lo religioso en el seno de una sociedad secularizada, es la llamada cuestión de la laicidad. Los cristianos nos sentimos especialmente interpelados por esta cuestión porque deseamos vivir nuestra experiencia religiosa dando testimonio de Jesús en medio de nuestra sociedad, sin privilegios de ninguna clase ni imposiciones morales a nadie.

“Ser humano es luchar por la plenitud de la vida” (Frei Betto)

“Somos de la misma sustancia de la que están hechos los sueños” (Sakespeare) Pero
“Todavía persiste en nosotros
un pedazo del paraíso perdido
Podemos esperar que la llama nunca se apague
porque la brasa
todavía se mantiene viva bajo las ceniza” (B. Bresch)


Fuente: Blog del economista Juan Torres, Ganas de escribir

Luis Pernía es socio fundador de la Asociación Andaluza por la Solidaridad y la Paz (ASPA)

Más información sobre Luis Pernía en estas dos entrevistas:
Luis Pernía Ibáñez, cura obrero, enfermero y comprometido social: Un nómada solidario, Diario Sur 22/06/08
LUIS PERNÍA SOLIDARIDAD Y PAZ "Junto a la Costa del Sol hay una "costa de la sombra", El País, 26/01/99