28/10/08

Reflexiones sobre liberalismo, izquierdas, y derechas, por Mario Kamenetzky

Siguiendo con la idea de que es tiempo de llamar al pan, pan y al vino, vino, o
gritar que el emperador está desnudo, quiero pergeñar una notas sobre la
confusión que se ha creado con el uso de ciertas palabras en el ámbito de la
política y la economía.

Liberal y liberalismo es una de esas palabras. Desde el siglo de la luces,
liberal identificaba a mentalidades progresistas, gente que quería transformar
las vetustas organizaciones políticas, religiosas, sociales, y familiares.
Liberal era antónimo de conservador. Mentalidades conservadoras se aferraban al
status-quo, temían cualquier cambio, pero especialmente aquellos que pudiesen
afectar sus intereses, su manera de vivir, su visión del mundo.

El pensador liberal que mas influencia ejerció en la evolución de los países que
comenzaban a industrializarse fue Adam Smith. En 1776, Adam Smith escribió que
para organizar sociedades equitativas y libres era necesario que los gobiernos de
esas sociedades asegurasen tres cosas: 1) que todos sus miembros tuviesen libre
acceso al mercado, 2) que las poblaciones estuviesen protegidas por sistemas de
seguridad social, y 3) que todos los miembros de la sociedad tuviesen una
educación para la vida.

Naturalmente, el trabajo de Smith está guiado por las estructuras de consciencia
racionales imperantes en su época. En Smith esas estructuras se manifiestan de
manera eficiente; Por lo tanto, su teoría es directiva, o sea provee consejo
basado en la información disponible en su tiempo, y es discursiva, o sea que se
basa mas en argumentos que en intuiciones. Lógicamente necesita una puesta a
punto en base al mayor conocimiento que tenemos ahora de nosotros mismos y de la
naturaleza, siguiendo tanto los cambios que la tecnología moderna ha introducido
en los procesos de producción como las evoluciones ocurridas en las estructuras
de nuestra consciencia. Por ejemplo habría hoy que decir claramente que por
mercados libres entendemos aquellos en que la entrada y salida se ve libre de
presiones y coacciones por parte de los grupos económicos y financieros mas
fuertes dentro de ese mercado, y está protegida contra discriminaciones por
género, color de piel, creencias religiosas, preferencias sexuales, o posición
social. También habría que decir claramente que cualquiera sean los métodos de
seguridad social que adoptemos será necesario sostenerlos por un régimen
impositivo progresivo que grave la acumulación excesiva de ingresos, capital y
tierras. En cambio, ya en 1776, Smith establecía claramente que entendía por
educación para la vida, diciendo que:

"En la filosofía antigua, todo lo que se enseñaba sobre la naturaleza de la
mente humana o de la deidad formaba parte del dominio de la física. Esos sujetos,
cualquiera fuese su supuesta esencia constitucional, formaban parte del gran
sistema del universo, y eran partes que producían muy importantes efectos... En
esa filosofía, se consideraba que las funciones de la vida humana estaban al
servicio de la felicidad y el perfeccionamiento de esa vida. Pero cuando la
moral, así como la filosofía natural, empezó a ser puesta al servicio de la
teología, las funciones de la vida humana comenzaron a ser vistas como servidoras
de la felicidad en una vida mas allá de este mundo. El cielo solo podía ser
ganado por medio de penitencias y mortificaciones, por las austeridades y
humillaciones a que se somete un monje, y no por la conducta liberal, generosa,
briosa y vehemente de un hombre. La casuística y una moralidad ascética
distinguieron a partir de entonces la filosofía moral de las escuelas."

En esta como en algunas otras expresiones, Smith avanza incluso mas allá de la
racionalidad eficiente, para entrar en lo que hoy llamaríamos, la transparencia y
conexión espiritual de las estructuras integrativas y armonizantes que
inevitablemente van a terminar reemplazando a las estructuras puramente
racionales. En su esencia, no son acaso las propuestas liberales de Adam Smith
todavía válidas? No son incluso necesarias para superar la crisis que hoy
enfrentamos? Su actualización no nos ayudaría a crear un poco de orden en la
multiplicidad caótica de propuestas estrechas que responden a intereses
particulares?

Los economistas modernos, mas econometristas que economistas políticos, cuando
mencionan a Adam Smith repiten como disco rayado tres palabras mágicas: "la mano
invisible." Es una mano que deja a los poderosos hacer lo que quieran para
amontonar riqueza y poder, pero no tiene brazo que la soporte para proteger a los
pobres. El pensamiento del filósofo iba mucho mas allá de la forma infantil con
que se usa ahora la expresión. Especialmente si leemos con cuidado La Teoría de
los Sentimientos Morales, el libro compañero de La Riqueza de las Naciones, nos
damos cuenta que para Adam Smith la mano invisible era la voz espiritual que
desde dentro de cada actor en el mercado lo guía moralmente, la consciencia
cósmica dialogando con sus criaturas humanas desde el inconsciente de cada
consciencia. El decía:

"Entre los objetos primordiales que la naturaleza nos aconseja considerar
figuran la prosperidad de nuestra familia, de nuestras relaciones, de nuestros
amigos, de nuestro país, de la humanidad, y del universo en general. La
naturaleza nos enseña, asimismo, que así como la prosperidad de dos es preferible
a la de uno, la de muchos, o de todos, lo es infinitamente más. La naturaleza nos
enseña también a sentirnos uno con todos los otros, por lo tanto, cuando nuestra
prosperidad se opone a la del conjunto, o a una parte considerable de él, esa
prosperidad debería acomodarse por propia elección a lo que la naturaleza señala
como altamente preferible."

Smith coincidía con Rousseau en que la educación debía desarrollar amor de sí
mismo y no amor propio para hacer posible que las vidas se orientasen hacia la
búsqueda de la felicidad, y para que la responsabilidad social no estuviese
ausente de los mercados. Quien se ama profundamente a si mismo, ama, o por lo
menos respeta a sus semejantes y a la naturaleza que lo nutre.

El sistema capitalista, tal como lo imaginó y diseño Smith, estaba basado en
tener operadores de mercado imbuidos de amor de sí mismo. Desdichadamente, las
sociedades capitalistas siguieron el camino contrario. Sus elites fueron educadas
para competir por riqueza, poder, y fama, mientras se mantenía a las masas
ignorantes tanto de las oportunidades que los mercados podían abrir para ellas,
como del significado mismo de la vida y las fuerzas del amor. En esas
condiciones, resultaba muy difícil para las masas desarrollar las habilidades
necesarias para soportar el amor y la vida plenos, solo les quedaba la
posibilidad de aprender a sobrevivir. Las sociedades capitalistas promovieron la
avaricia y la ambición del poder entre los que poseían y manejaban las empresas
productivas, y la sumisión mental y física entre los que proporcionaban la mano
de obra para operar esas empresas. En ambos grupos la vida fue vaciada de
contenido espiritual. Excepciones a un lado, ni empresarios, ni administradores,
ni obreros estaban preparados para percibir con claridad su realidad interna y el
mundo que los rodeaba.

El liberalismo se origina en la lucha contra las aristocracias y monarquías que
dominaban Europa. No es de extrañar que el mismo año que Smith publica su Riqueza
de las Naciones nace del seno de una de esas monarquías una república con un
gobierno representativo. Aun cuando la representación no venía de la totalidad de
la población, una elite de riqueza conseguida por la actividad empresaria, y de
educación obtenida en establecimientos de avanzada reemplazó a la vieja
aristocracia de linaje que vivía a expensas del trabajo de los demás. Para los
miembros liberales de esa elite fue siempre importante que los gobiernos
defendieran la libertad individual y los derechos civiles como que protegieran la
libertad de los mercados y aseguraran la posibilidad de una vida digna a toda la
población. Para los conservadores lo mas importante fue y sigue siendo la
libertad de los mercados y las libertades civiles aunque ambas se limiten a los
poderosos y no den oportunidades ni protejan a los demás.

Entre el tiempo de Adam Smith y la crisis presente la palabra conservador siguió
manteniendo su significado original, no así liberal que se fue convirtiendo en
una expresión con la cual se identificaba a aquellos que bajo el manto de los
principios propuestos por el filosofo escocés se preocupaban mas por el
crecimiento económico y las libertades civiles que por la seguridad y el
bienestar social. Cuando la ideología del socialismo, especialmente del
socialismo democrático, fue tomando fuerza, los partidos que comenzaron a
representar a la clase obrera fueron paulatinamente comprimiendo a los liberales.
Esos partidos empezaron a ocupar los escaños de la izquierda en los recintos
parlamentarios, los conservadores no se movieron de los escaños derechos, y el
liberalismo ocupó las bancadas del centro. Hasta que izquierda, derecha, y centro
fueron mas populares en la jerga política que liberalismo, conservadorismo, y
socialismo. Además de reflejar una situación física, hubo una intención obscura
en esa terminología? Quiso indicar que las fuerzas que se sentaban del lado
izquierdo por asociación de izquierda con siniestra eran malignos y perversos?
Quiso en cambio prestigiar la derecha por su asociación con diestra haciéndola
aparecer como la mas hábil para dirigir sociedades y economías? Y quiso hacer
aparecer el centro como participando de las luces y sombras de sus vecinos a
ambos lados?

La introducción de la perspectiva como una manifestación importante de las
estructuras de conciencia nos permite ver mas claro la diferencia de actitud
política entre quienes siguen metáforas, slogans, y gestos formales, dando
incluso ubicaciones espaciales a diferentes formas de pensamiento, y aquellos
otros que están empezando a mirar el mundo como un todo ambidiestro,
aperspectival, transparente.

Los cerrados recintos legislativos son un buen ejemplo de las limitaciones que
introduce la perspectiva racional. Los dirigentes que se supone ocupan los
estrados pueden abarcar solamente 180 grados de la realidad, y eso con esfuerzo
para hacer intervenir su visión periférica. Como además hay un techo, la realidad
exterior, supuestamente representada en esos 180 grados de visión interna, queda
excluida, es solamente virtual. Está claro quien está a la derecha, quien a la
izquierda, quien ocupa el centro, y se puede ver con facilidad cuando una mano
crece en poder y va reduciendo el ámbito de acción de sus vecinas.

Si los parlamentos se decidieran a descender hasta las arenas de los viejos
teatros griegos o los modernos estadios de fútbol, podrían hacer avanzar mas
rápido las sociedades que representan hacia integración y armonía. Al ser
abiertos, la naturaleza y la realidad agrícola industrial que los rodea no se
pierde, y al estar los dirigentes en el centro de la cancha, su perspectiva se
amplía a 360 grados. Que es entonces izquierda, y que derecha? Donde está el
centro?. Y acaso no se tocan los extremos, como cuando la Rusia de Stalin ayudaba
a armarse a la Alemania de Hitler, o cuando éste se hacia llamar Nacional (d)
Socialista (i)?

Quizás cuando se llegue a ese desarrollo social integrativo y armonizante, los
escaños estarán ocupados por representantes mas de ONGs que de partidos
políticos. Quizás la juventud y la vejez, las mujeres y los niños tengan sus
propios representantes que traigan sus problemas sin la desvirtuación que
ideologías partidarias pueden introducir. Y tanto las asociaciones de
trabajadores como de empresarios podrán traer sus cuestiones, conflictos y
alternativas directamente a discusión abierta en lugar de ejercer presión sobre
los representantes de partidos políticos como intermediarios en la defensa a
escondidas de sus intereses.

Por su parte los dirigentes podrán tener una visión amplia, casi aperspectival
de toda la sociedad que dirigen, mirando desde el centro de la cancha tanto los
escaños mas altos como los mas bajos. Y si los representantes de las elites
siguen prefiriendo como hasta ahora estar en platea, no importa, porque aunque
los representantes de los pobres tengan que trepar a los escalones mas altos, las
alturas formales no ocultaran las diferencias reales de poder y riqueza. Donde
hay transparencia, es difícil crear sombras. Donde se opera a cielo abierto podrá
llover y tronar, podrá haber períodos de luz plena y otros nubosos, pero los
ocultamientos se hacen muy difíciles.

-------------------------


Nota del editor del blog Espiritualidad y Política:
Mario Kamenetzky, fallecido hace unos meses, fue un ingeniero químico que se dedicó a la sociología y trabajó muchos años en el Banco Mundial para el desarrollo de comunidades con problemas económicos. Conocía a fondo los estudios sobre la conciencia y su evolución hechos por el filósofo Jean Gebser, y los aplicaba en sus trabajos y escritos, como su libro Conciencia. La jugadora invisible.

El editor de este blog tuvo la suerte de tratar a Mario durante bastante tiempo, y el artículo aquí publicado me lo envió personalmente hace unos años. Ahora me ha parecido oportuno recordar sus sabias palabras que suenan plenamente actuales.

27/10/08

Fuera de control, por Marc Vidal

Empieza la semana como terminó. Mal, muy mal. Desde Japón hasta EEUU, pasando por Europa, ha caído una sombra que todo lo oscurece. Con el Nikkei japonés viajando en el tiempo para tocar mínimos de 25 años, y tras la catástrofe generalizada en Asia, con la cancelación en la cotización de la bolsa de Bangkok incluida, el Ibex 35 ha llegado a rozar el 7.700. La crisis financiera internacional se ha vuelto catastrófica en octubre. Afecta a la economía real y ya nadie me llama loco o agorero cuando digo que es imposible predecir la evolución y la duración de esta situación o que lo peor aun está por llegar.

Sin anunciar el fin del mundo si debemos aceptar que la situación es inédita, desconocida para todos, que nada tiene que ver con lo vivido antes y que los sistemas de control y seguridad de la economía global están fallando. Seguir con el discurso de que los mercados se recuperarán automáticamente, que la crisis limpiará y con ella todo será mejor, que la vida volverá a ser igual tarde o temprano, es suicida. Nadie nos puede garantizar que ahora tenemos las herramientas que nos salvarán de nada. Hace dos siglos así lo creyeron, hace ochenta años también. Tras el crack del 29 los economísticos fueron los encargados de diseñar las bases de nuestro sistema financiero actual, las reglas de la economía contemporánea. Lo hicieron para definir elementos de seguridad ante alguna situación como la actual. ¿Quién puede asegurar que esos métodos son infalibles? ¿No lo fueron en otras ocasiones cuando todo parecía controlado? ¿Por qué nadie es capaz de prever correctamente lo que va a pasar en dos semanas? ¿Por qué todas las instituciones públicas y privadas, excepto la LEAP, se han estado equivocando durante estos últimos años de un modo tan evidente? ¿Por qué seguimos o siguen creyendo en ellas? ¿Por qué será que no me sacan de mi intranquilidad las cumbres previstas entre mandatarios en los próximos días? ¿Alguien ha pensado en lo jodido que debe estar todo para que esos dirigentes del mundo hayan decidido escenificar una especie de reunión intergaláctica a fin de salvar el planeta de un agresor sin cara y sin sombra? Perdonen pero me entra la risa, aquella que viene justo antes de que empieces a llorar. La foto que encabeza este post es para reir o llorar. Todos los mandatarios buscando su posición para una foto, perdidos, ridículos e incapaces de saber resolver algo tan simple. Metáforas gráficas.

Fuente: Blog del economista Marc Vidal

Más allá de la próxima crisis, por Santiago Niño Becerra

Fuente: Artículo publicado en La Carta de la Bolsa

Uds. conocen mi posición porque aquí la he expuesto: nuestra economía postglobal se halla en un período de precrisis en el que ‘todo’ irá tendencialmente empeorando hasta que, a mediados del 2010 se produzca el estallido de una crisis sistémica estructuralmente semejante a las de 1929 y 1875, por citar las dos últimas producidas; estos Planes de rescate, por tanto, son parte de una estrategia dilatoria destinada a tranquilizar una población que no entiende muy bien lo que está sucediendo.

Partiendo de que esto es así -es inevitable, se tomen las medidas que se tomen, porque la propia evolución del sistema económico ha llevado a una situación de agotamiento que se manifiesta en forma de crisis- pienso que es conveniente empezar a pensar en qué hacer para ir preparando el escenario económico y social para cuando la crisis finalice.

De entrada, debería diseñarse un abanico de medidas paliativas para el período de máxima virulencia de la crisis (2010 – 2012) a fin de minimizar sus consecuencias ya que la actividad económica se enlentecerá hasta niveles hoy difícilmente imaginables, un conjunto de medidas que deberían plantearse desde la dualidad: ‘de qué se dispone’ – ‘qué se debe/quiere atender’. Es urgente abordar este planteamiento porque a partir de mediados de Otoño la degradación del entorno se acelerará.

Paralelamente, pienso que debería comenzar un proceso de información de la población, tanto en relación al período de crisis en si, como a los de estancamiento posterior (2012 – 2015), recuperación cercana (2015 – 2018) y recuperación remota (2018 – 2020), así como de las consecuencias que esta crisis sistémica va a suponer para el modo de vida, tanto a nivel económico como social.

Los años comprendido entre el 2012 y el 2015 serán difíciles porque, aunque las tensiones habrán finalizado, serán de estancamiento, durante estos años deberá prepararse el decorado para cuando comience la recuperación, preparación que deberá incluir la constatación de que los ya viejos modos de hacer las cosas no volverán: nunca más volverá el dinero a ser barato, ni el crédito a ser fácil, ni el consumo a ir más allá de toda lógica, ni la ingeniería financiera a estar fuera de todo control, ni el gasto a no tener una finalidad, ni, evidentemente, a ser norma el desperdicio de recursos. Esta fase de constatación será esencial porque la mayoría de la población del planeta (la de los países desarrollados) no está acostumbrada a esta forma de vida.

La recuperación de la crisis estará sustentada en la productividad, en la eficiencia, en la óptima administración de unos recursos que, no lo olvidemos, son, y cada vez más lo serán, escasos. La recuperación pondrá de manifiesto que no toda la población activa es necesaria, por lo que parte de la población desempleada, considerada hoy como en una sala de espera entre un empleo y otro, será incluida en el escalón social de ‘no-necesaria’, clasificación que algunos de sus miembros no abandonarán jamás.

Actividades que ayuden, que contribuyan a la mejora de la eficiencia y que durante los años de crisis ya tuvieron un protagonismo destacado, como la logística, la biotecnología, y lo que yo denomino las actividades R: reciclaje, recuperación, reparación, reutilización, pasarán a ser esenciales en el día a día. La idea no será ‘Debemos reciclar para ser ecológicos’, sino ‘Debemos ser ecológicos para ser eficientes’. Es otra forma de ver las cosas.

Partiendo de la base de que nos hallamos en una transición sistémica, la política monetaria adquirirá una dimensión diferente al igual que el resto de políticas económicas tanto del Estado como de la empresa privada; en este sentido, la vuelta del ámbito financiero a su papel de acompañamiento de la economía real será determinante, tanto para la puesta en marcha como para la generalización de un nuevo modelo económico, de un nuevo modo de hacer las cosas.

Con sus correspondientes y profundísimas consecuencias.

Santiago Niño Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.
Fuente: La Carta de la Bolsa

Adam Smith y Karl Marx dialogan sobre el desplome del actual capitalismo financiero, por Antoni Domènech

Karl.- ¿Viste, viejo, que este chico, Joseph Stiglitz, anda diciendo por ahí que el colapso de Wall Street equivale al desplome del muro de Berlín y del socialismo real?

Adam.- No es para estar contentos, ni tú ni yo. Y tú, menos aún que yo, Carlitos.

Karl.- Hombre, a cuenta del suicidio del capitalismo financiero, mi nombre vuelve a estar en boga, mis libros, según informa The Guardian, se agotan. Hasta los más conservadores, como el ministro de finanzas alemán, reconocen que en mi teoría económica hay algo que aún merece la pena tener en cuenta…

Adam.- … no me vengas ahora con mezquinas vanidades académicas post mortem, Carlitos, que en vida jamás te abandonaste a ellas. Yo hablo en un sentido más fundamental, más político. Ninguno de los dos puede estar contento, y, te repito, tú menos todavía que yo.

Karl.- ¿Y eso?

Adam.- El “socialismo real” que se construyó en tu nombre no tenía nada que ver contigo. Pero al menos, tú sí que te llamaste “socialista”. Yo, en cambio, ¡ni siquiera me llamé nunca a mí mismo “liberal”! Eso del “liberalismo” es una cosa del siglo XIX (la palabra, como sabes, la inventaron los españoles en 1812), y van y me lo endosan a mí, un tipo que murió oportunamente en 1793. ¡Es ridículo! ¿Cómo va a afectarme eso?

Karl.- Ya veo por dónde vas. Quieres decir que ni el desplome del muro de Berlín ni el colapso del capitalismo financiero en 2008 tienen mucho que ver ni contigo ni conmigo, pero que, aun así, nos cargan el muerto.

Adam.- Exactamente. Pero en tu caso es peor, Carlitos: porque tú sí te dijiste socialista, y el socialismo real, quieras que no, contaminó al ideario socialista. A mí me importa un higo que fracase el “liberalismo”, cualquier liberalismo. No tendré que explicarte a ti, precisamente, uno de mis discípulos más inteligentes, que ni mi teoría económica ni mi filosofía moral tenían nada que ver con el tipo de ciencia económica, positiva y normativa, que empezó a imponerse en tus últimos años de vida, eso que tú aún alcanzaste a llamar “economía vulgar” y que tanto gustó a los liberales de impronta decimonónica.

Karl.- Desde luego; tú y yo fuimos aún clásicos. Luego vino esa caterva vulgar de neoclásicos, incapaces de distinguir nada.

Adam.- Por ejemplo, entre actividades productivas e improductivas, entre actividades que generan valor y riqueza tangible y actividades económicas que se limitan a recoger rentas no ganadas (rentas derivadas de la propiedad de bienes raíces, rentas derivadas de los patrimonios financieros, rentas resultantes de operar en mercados no-libres, monopólicos u oligopólicos). Nunca ha dejado de impresionarme la agudeza con que elaboraste críticamente algunas de estas distinciones mías, por ejemplo, en las Teorías de la plusvalía.

Karl.- Es evidente. Tú hablaste repetidas veces de la necesidad imperiosa de intervenir públicamente en favor de la actividad económica productiva. Eso es lo que para ti significaba “mercado libre”; nada que ver con el imperativo de parálisis pública de los liberales y de los economistas vulgares, incapaces de distinguir entre actividad económica generadora de riqueza y actividad parasitaria buscadora de rentas.

Adam.- En mi mercado libre los beneficios de las empresas de verdad competitivas y productivas y los salarios de los trabajadores de esas empresas ni siquiera tendrían que tributar. En cambio, para mantener un mercado libre en mi sentido, los gobiernos tendrían que matar a impuestos a las ganancias inmobiliarias, a las ganancias financieras y a todas las rentas monopólicas…

Karl.- … es decir, a todo lo que, después de darme a mí por perro muerto, y en tu nombre, Adam, ¡en tu nombre!, se ha hecho que dejara prácticamente de pagar impuestos en los últimos 25 años. ¡Hay que joderse!

Adam.- ¡Hay que joderse, Carlitos! Porque lo que yo dije es que una economía verdaderamente libre, al tiempo que estimulaba la producción de riqueza tangible, podía generar, gracias entre otras cosas a un tratamiento fiscalmente agresivo del parasitismo rentista y de su pseudoriqueza intangible, amplios caudales públicos que podrían ser destinados a servicios sociales, a la promoción del arte y de la ciencia básica –que es, como el arte, incompatible con el lucro privado—, a establecer una renta básica universal e incondicional de ciudadanía, como quería mi coetáneo Tom Paine, etc. Ya ves, Carlitos, yo, que no pasé de ser un modesto republicano whig de mi tiempo, ahora, si no me falsificaran cuatro profesorcillos más perezosos aún que ignorantes, y si se me leyera con conocimiento histórico de causa, hasta podría pasar por un peligrosísimo socialista de los tuyos. Y te diré, si ha de quedar entre nosotros, que, visto lo visto, la vuestra me resulta una compañía bastante grata…

Karl.- En realidad, toda tu ciencia, como la de tantos republicanos atlánticos de tu generación, estaba puesta al servicio del principio enunciado por el gran florentino malfamado, a saber: que no puede florecer la libertad republicana en ningún pueblo que consienta la aparición de magnates y gentilhuomini, capaces de desafiar a la república. Y si lo ves así, la falsificación en tu caso es aún peor que en el mío: el “socialismo real” abusó aberrantemente de la palabra “socialismo”, dando pie a la refocilación general de todos mis enemigos; ¡pero es que tú ni siquiera llegaste a enterarte de qué era eso del “liberalismo”!

Adam.- Quien no se consuela es porque no quiere, Carlitos. Lo cierto es que lo que ha pasado en los 30 últimos años en el mundo va en contra de todo lo que tú y yo, como economistas y como filósofos morales, queríamos. Mira a estos pobres españoles, inventores del término “liberalismo”. A ti y a mí nos importaba, sobre todo, la distribución funcional del producto social (eso que ahora tratan de medir con el PIB): pues bien, la proporción de la masa salarial en relación al PIB no ha dejado de bajar en España, y ha seguido bajando incluso después de que volviera a asumir el gobierno en 2004 un partido sedicentemente marxista hasta hace muy poco…

Karl.- Sí, sí, un horror. Pero el caso es que cuando estos chicos, supuestamente, me dejaron a mí por ti, y pasaron a llamarse “social-liberales” a comienzos de los 80, lo que hicieron fue una cosa que te habría puesto a ti también los pelos de punta. Fíjate que no sólo retrocedió la proporción de la masa salarial en relación con el PIB, sino que, en la España del pelotazo y el enrichisez-vous de Felipe González, lo mismo que en la Argentina de “la pizza y el champán” de Menem y en casi todo el mundo, los beneficios empresariales propiamente dichos empezaron a retroceder también en relación con la parte que en el PIB desempeñaban las rentas inmobiliarias, las rentas financieras y las rentas monopólicas…

Adam.- ¡Cómo nos han jodido, Carlitos!

Karl.- No desesperes, Adam. La historia es caprichosa, y ¿quién sabe?, a lo mejor, ahora, hasta empiezan a tomarnos en serio. Fíjate que le acaban de dar el Premio Nobel a un chico bastante espabilado que desde hace años estudia la competición monopólica y rescata a Chamberlain y a Keynes, esos muchachos que al menos se esforzaron por entendernos, a ti y a mí, en los años 30 del siglo XX y que querían proceder a la “eutanasia del rentista”…

Adam.- Yo fui un republicano whig bastante escéptico, Carlitos. No viví el movimiento obrero del XIX y del XX y la epopeya de su lucha por la democracia. No puedo entregarme tan fácilmente al Principio Esperanza de aquel famoso discípulo tuyo, ahora, por cierto, casi olvidado.


Antoni Domènech es catedrático de Filosofía Moral en la Facultad de Ciencias Económicas de la UB y editor de la revista política internacional SinPermiso.
Fuente: SinPermiso

26/10/08

Los siete pecados capitalistas, por Ignacio Escolar

1- La lujuria especuladora

Un barco petrolero tarda más de cuatro semanas desde que sale del Golfo Pérsico hasta que llega a Estados Unidos. En ese tiempo, puede que la carga se haya devaluado tanto que el dueño del barco se arruine con el trayecto, que haya pagado por el crudo un precio mayor en el puerto de origen de lo que cobrará cuando llegue a la refinería. Para evitar este riesgo -en el petróleo y en otros mercados de materias primas-, se inventaron los contratos de futuros: una fórmula que consiste en pactar de antemano el precio de venta del pedido para una fecha determinada. Cuando se cierra el contrato, ni el comprador ha pagado ni el vendedor ha entregado la mercancía; pero el compromiso es igual de firme.

En aquel momento parecía una buena idea. El problema vino después, cuando los especuladores se aprovecharon de este mercado ideal para los trileros, pues se puede vender y comprar lo que aún no se tiene. Si apuestas con cientos de millones de dólares en el mercado de futuros a que el petróleo subirá, en efecto, el petróleo sube y tú ganas; en economía las profecías tienden a cumplirse si hay dinero suficiente. Los mismos inversores que primero crearon la burbuja punto com y después la burbuja del ladrillo, consiguieron elevar el precio del barril de crudo de 40 hasta 140 dólares en solo cuatro años. Impunemente.

2- La pereza de los reguladores


Por suerte, la burbuja del petróleo explotó a mediados de este verano. ¿La razón? Un pequeño cambio en la regulación de la SEC (el organismo que controla la bolsa estadounidense) obligó el 14 de julio a los especuladores que estaban jugando a la baja contra la cotización de los bancos a que respaldasen sus apuestas con acciones, por lo que tuvieron que sacar su dinero del mercado de futuros del petróleo para no perderlo en banca. Desde esa medida, que no buscaba atajar la burbuja petrolífera sino proteger a los bancos de los caníbales, el precio del crudo no ha dejado de bajar. El 14 de julio, cada barril costaba 144 dólares. El viernes rozó los 60 y sigue cayendo, pese a que la OPEP ha recortado su producción un 5%. Si basta con un pequeño cambio regulativo, tan sencillo que ni siquiera se vota en ningún Congreso, para evitar comportamientos tan dañinos para la economía mundial como la burbuja del petróleo, ¿por qué tanta pereza a la hora de evitar la especulación?

Han tenido que temblar las catedrales de Wall Street para que la mayoría de los organismos reguladores, también la CNMV española, se atreviesen a prohibir determinadas prácticas especulativas. De momento, estas restricciones son temporales, aunque en el debate mundial sobre el nuevo capitalismo muchos piden que sean permanentes. Para ello hace falta un paso previo, tal vez el único que se dé en la cacareada cumbre del 15 de noviembre: la puesta en marcha de un organismo supranacional para vigilar la economía globalizada. Alguien con algo más de prestigio internacional que el FMI.

3- La envidia del paraíso fiscal

Una cadena es tan débil como su eslabón más débil. En un mundo donde las fronteras existen para las personas pero no para el dinero, de poco vale que el G20 se comprometa a asumir nuevas normas si no aísla a un G40 del que apenas se habla: los 40 países ladrones, los 40 paraísos fiscales. Según la OCDE, en estas cuevas piratas se esconden de los impuestos entre 5 y 7 billones de dólares, una cifra que equivale al 13% del PIB mundial. La mitad de las multinacionales que cotizan en el español Ibex 35 tienen empresas en estos paraísos fiscales, con lo que eluden pagar impuestos a ese mismo erario público al que ahora piden ayuda. En los últimos 20 años, el dinero que guardan estos países se ha multiplicado por seis. Curiosamente, la distancia entre los sueldos de los altos directivos y los trabajadores ha crecido en ese tiempo en una proporción similar.

4- La codicia de los directivos

En 1980, un alto ejecutivo estadounidense ganaba de media 42 veces más que un trabajador. Hoy gana 364 veces más: en solo un día lo que los demás en todo el año. El problema no es solo la desigualdad social, que también. Lo más preocupante es que se premie a los ladrones y a los inútiles. En palabras de la canciller alemana, Angela Merkel, “comprendo que gane mucho quien hace mucho por su empresa y sus empleados; pero ¿por qué se debe ahogar en dinero a los incompetentes?”. Es lo que a veces pasa cuando la retribución del primer ejecutivo está supeditada al corto plazo de la bolsa y no al largo plazo de la empresa. En muchas ocasiones (Enron es el ejemplo más sonado pero no el único), los fuegos artificiales que tanto gustan a los inversores bursátiles van contra los intereses de la propia compañía. A la larga, la cotización bursátil también se hunde. Pero suele ser después de que el alto directivo haya vendido sus stock options.

5- La gula de los inversores


Lo que es bueno para el directivo no es bueno para su empresa. Lo que es bueno para el especulador del petróleo no es bueno para la economía mundial. Lo que es bueno para el vendedor de hipotecas subprime no es bueno para el banco que presta el dinero. En todos los fallos del capitalismo que ahora han aflorado hay un elemento común: una distorsión perversa en el sistema de recompensas donde no se premia al que genera riqueza sino al que la destruye.

El capitalismo ha funcionado sobre una premisa que suele ser cierta: del egoísmo individual se obtiene un progreso colectivo. La ambición de los empresarios también es buena para los trabajadores, pues todos ganan aunque sea en menor medida. Sin embargo, el castillo de naipes se hunde cuando se premia al pirómano, cuando la recompensa del que da préstamos hipotecarios a gente sin trabajo no está supeditada a que esas hipotecas se paguen sino a vender todas las posibles -su comisión iba en ello-. Lo mismo sucedía en el siguiente nivel, donde el que respaldaba estas hipotecas subprime tenía como negocio agruparlas con otras miles y venderlas en el mercado. Que se cobrasen o no tampoco era su problema. Tampoco era problema de las agencias de calificación, que estuvieron garantizando la salud del sistema hasta dos minutos antes del hundimiento; por algo cobraban de los mismos bancos a los que avalaban. No era problema de nadie y ha acabado siendo problema de todos.

Aunque las subprime es el pastel más famoso, no es el único tóxico que ha engullido el mercado en estos últimos años de dinero fácil y hambre financiera voraz. El capital se empachó porque no sabía qué comía: el mercado de derivados consistía en vender paté de cerdo como si fuese foie gras de oca; cuestión de una bonita etiqueta. Funcionó bastante bien hasta que a alguien se le ocurrió mirar qué había dentro de la lata.

6- La ira del planeta


Dice José María Aznar
, y no es el único inconsciente, que ahora que los bancos van mal no hay dinero para salvar el planeta. La realidad es la contraria, pues detrás de uno de los fenómenos más preocupantes de la economía están precisamente los desastres generados por el cambio climático en la agricultura mundial. La crisis alimentaria es un problema económico en su realidad más cruda, pues aquí no se pierden ahorros sino vidas humanas. La lucha contra la contaminación es, en realidad, el mejor ejemplo de los males del capitalismo: solo se soluciona con regulación estatal, hace falta coordinación internacional, sus beneficios son indudables y, en resumen, nunca lo abordarán aquellos que solo piensan a corto plazo, aunque sea la inversión más rentable, con diferencia. ¿Hay acaso alguna mejor que salvar el planeta?

7- La soberbia del PIB


¿Un país más rico es un país mejor? No siempre. Según los datos del PIB, México está a punto de superar a España. ¿Es un país como México, donde hay familias que pierden su casa porque no pueden pagar las letras de una licuadora, un país mejor que España? México también es el país desarrollado donde mayor es la brecha entre ricos y pobres, según el último informe de la OCDE que se presentó hace unos días. Por desgracia, la desigualdad, la educación o la sanidad no cuentan con indicadores tan precisos como la inflación, el paro o el PIB. Los datos económicos son difíciles de esconder. Sin embargo, los indicadores de desarrollo humano no son homogéneos ni sistemáticos, los políticos pueden apostar a que, con una buena campaña publicitaria, hasta la sanidad pública más deteriorada pasará por buena.

Una vez más, es un problema de recompensas. Lo que es bueno para el PIB no siempre es bueno para la sociedad, de poco sirve que aumente la riqueza si solo se benefician de ello los que ya son ricos, los mismos que nunca lo pasarán verdaderamente mal por mucho que se agrave la situación económica. En España, por ejemplo, la crisis va por barrios. Esta semana abrirá en la milla de oro de Madrid la exclusiva joyería neoyorquina Tiffany’s. Los hay que siempre desayunarán con diamantes.

Ignacio Escolar es director del periódico Público
Fuente: Público, blog de Ignacio Escolar

25/10/08

Pido disculpas, por Frei Betto

Estoy gravemente enfermo. Me gustaría manifestar públicamente mis excusas a todos los que confiaron ciegamente en mí. Creyeron en mi presunto poder de multiplicar fortunas. Depositaron en mis manos el fruto de años de trabajo, de economías familiares, el capital de sus emprendimientos.

Pido disculpas a quien mira a sus economías evaporase por las chimeneas virtuales de las bolsas de valores, así como a aquellos que se encuentran asfixiados por la imposibilidad de pagar, los intereses altos, la escasez de crédito, la proximidad de la recesión.

Sé que en las últimas décadas extrapolé mis propios límites. Me convertí en el rey Midas, creé alrededor mío una legión de devotos, como si yo tuviese poderes divinos. Mis apóstoles –los economistas neoliberales– salieron por el mundo a pregonar que la salud financiera de los países estaría tanto mejor cuanto más ellos se arrodillasen a mis pies.

Hice que gobiernos y opinión pública crean que mi éxito sería proporcional a mi libertad. Me desaté de las amarras de la producción y del Estado, de las leyes y de la moralidad. Reduje todos los valores al casino global de las bolsas, transformé el crédito en producto de consumo, convencí a una parte significativa de la humanidad de que yo sería capaz de operar el milagro de hacer brotar dinero del propio dinero, sin el lastre de bienes y servicios.

Abracé la fe de que, frente a las turbulencias, yo sería capaz de auto-regularme, como ocurría con la naturaleza antes de que su equilibrio sea afectado por la acción predatoria de la llamada civilización. Me volví omnipotente, me supuse omnisciente, me impuse al planeta como omnipresente. Me globalicé.

Llegué a no dormir nunca. Si la Bolsa de Tokio callaba por la noche, allá estaba yo eufórico en la de São Paulo; si la de Nueva York cerraba a la baja, yo me recompensaba con el alza de Londres. Mi pregón en Wall Street hizo de su apertura una liturgia televisada para todo el orbe terrestre. Me transformé en la cornucopia de cuya boca muchos creían que habría siempre de chorrear riqueza fácil, inmediata, abundante.

Pido disculpas por haber engañado a tantos en tan poco tiempo; en especial a los economistas que mucho se esforzaron para intentar inmunizarme de las influencias del Estado. Sé que, ahora, sus teorías se derriten como sus acciones, y el estado de depresión en que viven se compara al de los bancos y de las grandes empresas.

Pido disculpas por inducir multitudes a acoger, como santificadas, las palabras de mi sumo pontífice Alan Greenspan, que ocupó la sede financiera durante diecinueve años. Admito haber incurrido en el pecado mortal de mantener los intereses bajos, inferiores al índice de la inflación, por largo periodo. Así, se estimuló a millones de usamericanos a la búsqueda de realizar el sueño de la casa propia. Obtuvieron créditos, compraron inmuebles y, debido al aumento de la demanda, elevé los precios y presioné la inflación. Para contenerla, el gobierno subió los intereses... y el no pago se multiplicó como una peste, minando la supuesta solidez del sistema bancario.

Sufrí un colapso. Los paradigmas que me sustentaban fueron engullidos por el imprevisible agujero negro de la falta de crédito. La fuente se secó. Con las sandalias de la humildad en los pies, ruego al Estado que me proteja de un deceso vergonzoso. No puedo soportar la idea de que yo, y no una revolución de izquierda, sea el único responsable por la progresiva estatización del sistema financiero. No puedo imaginarme tutelado por los gobiernos, como en los países socialistas. Justo ahora que los bancos centrales, una institución pública, ganaban autonomía en relación a los gobiernos que los crearon y tomaban asiento en la cena de mis cardenales, ¿que es lo que veo? Se desmorona toda la cantaleta de que fuera de mí no hay salvación.

Pido disculpas anticipadas por la quiebra que se desencadenará en este mundo globalizado. ¡Adiós al crédito consignado! Los intereses subirán en la proporción de la inseguridad generalizada. Cerrados los grifos del crédito, el consumidor se armará de cautela y las empresas padecerán la sed de capital; obligadas a reducir la producción, harán lo mismo con el número de trabajadores. Países exportadores, como Brasil, tendrán menos clientes del otro lado de la barra; por lo tanto, traerán menos dinero hacia sus arcas internas y necesitarán repensar sus políticas económicas.

Pido disculpas a los contribuyentes de los países ricos que ven como sus impuestos sirven de boya de salvación de bancos y financieras, fortuna que debería ser invertida en derechos sociales, preservación ambiental y cultura.

Yo, el mercado, pido disculpas por haber cometido tantos pecados y, ahora, transferir a ustedes el peso de la penitencia. Sé que soy cínico, perverso, ganancioso. Sólo me resta suplicar que el Estado tenga piedad de mí.

No oso pedir perdón a Dios, cuyo lugar pretendí ocupar. Supongo que, a esta hora, Él me mira allá desde la cima con aquella misma sonrisa irónica con que presenció la caída de la Torre de Babel.

Frei Betto es escritor y asesor de movimientos sociales, autor de más de 50 libros
Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento

Otro mundo es posible porque es necesario, por Xavier Caño Tamayo

El crecimiento no es un simple aumento del producto interior bruto. Que la crisis sirva para reinventar la economía con modelos más justos y sostenibles.

La crisis se extiende como mancha de petróleo. Los gobernantes rescatan el sistema financiero, pero “rescatar a los bancos es sólo el principio: la economía real, no financiera, tiene también una desesperada necesidad de ayuda y para proporcionar esa ayuda vamos a tener que dejar de lado algunos prejuicios”. Lo afirma el último Nobel de economía, Paul Krugman, y ese ‘dejar de lado ciertos prejuicios’, incluye desmantelar el nefasto neoliberalismo responsable, ese engaño colectivo de ‘todo es mercado’ y ‘el mercado se auto corrige’. ¡Ya hemos visto cómo!

Un diagnóstico de la crisis lo remata otro Nobel de economía, Joseph Stiglitz: “Unos precios de alimentos por las nubes y un sistema financiero en ruinas son la consecuencia de una mala política”. Y añade que “no hay que elegir entre crecimiento y desigualdad”, pues “el crecimiento ha de lograr que se beneficie la mayoría de los ciudadanos”. Pero, además, Stiglitz explica que “un crecimiento basado en la degradación del medio ambiente, en empachos de consumo financiados por la deuda, o en explotación de recursos naturales escasos, sin que haya reinversión de beneficios, no se aguanta”, porque “el crecimiento no es un simple aumento del producto interior bruto”.

Por su parte, Krugman, arremete sin ninguna duda contra dos pilares del neoliberalismo: la rebaja de impuestos y evitar el déficit de las cuentas del Estado.
“Es necesario suprimir los bajos impuestos establecidos por Bush porque son inútiles –asegura-. No hay un solo argumento racional para rebajar impuestos. Hay margen para aumentar las cargas fiscales sobre los más ricos, no para penalizarlos, sino para hacerles pagar su parte del financiamiento de las políticas públicas que el resto de la población necesita”.

Razones de Krugman apoyadas en datos, cuando nos explica que las rebajas de impuestos en Estados Unidos (que luego copiaron en parte en la Unión Europea) fueron elevadas por Bush a categoría de dogma para beneficiar a los más ricos, pero dejaron al Estado con menos dinero para políticas sociales para la mayoría. Según Krugman, “el 40% de las reducciones de impuestos de Bush sólo han beneficiado a las personas que ganan más de 300.000 dólares anuales, lo que representa una redistribución en beneficio de quienes están en mejores condiciones de pagar impuestos”.

Sobre el déficit, el Nobel 2008 es claro: “Las preocupaciones sobre el déficit presupuestario deben ser dejadas en suspenso”, porque “ahora mismo, un mayor gasto estatal es justo lo que el doctor receta”.

Stiglitz remata la faena al reconocer que “la izquierda comprende que el Gobierno tiene una función vital en las infraestructuras y la educación, en el desarrollo tecnológico, e incluso como empresario”, con lo que otro premio Nobel se carga otro dogma neoliberal, la impotencia de lo público, y recuerda que gracias al Estado se ha extendido Internet y ha habido avances biotecnológicos que cambiarán el mundo; del mismo modo que a finales del siglo XIX y principios del XX, el gobierno financió con dinero público las universidades para investigar y sentar las bases de grandes cambios en la agricultura estadounidense.

La sorpresa, sin embargo, la ha proporcionado estos días turbulentos el presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien ha proclamado en el sur de Francia el regreso de la acción política a la economía, porque "la ideología de la dictadura del mercado y de la impotencia pública ha muerto con la crisis financiera”, asegurando que “hace falta reinventar el mundo”.

Bien venido sea Sarzozy al mundo de quienes se oponen a la dictadura neoliberal, al totalitarismo del ‘consenso de Washington’. Bien venido al movimiento de quienes creen que otro mundo es posible, porque es necesario.

Y para una felicidad completa, deberían cumplirse los deseos contenidos en los interrogantes y cuestionamientos que plantea otro Nobel (éste de Literatura), José Saramago sobre paraísos fiscales, ingenierías financieras delictivas, inversiones opacas y lavado de dinero negro.

“¿Tendrán los ciudadanos comunes la satisfacción de ver juzgar y condenar a los responsables directos del terremoto que sacude nuestros hogares, la vida de nuestras familias, y nuestro trabajo?”, nos pregunta.

Que así sea.

Xavier Caño Tamayo es periodista y escritor
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

Declaración sobre la propuesta de una “Cumbre Global” para reformar el sistema financiero internacional

Antecedentes

En los últimos meses se ha visto una de las crisis financieras más significativas de la historia de Norte América y Europa. La respuesta fue igual de histórica. Para evitar recesiones regionales y globales y restablecer la estabilidad y la confianza en el mercado, los gobiernos del Norte están llevando a cabo un programa masivo sin precedentes de intervención gubernamental y nacionalización de bancos, inyección generalizada de subsidios a instituciones en crisis y la re-regulación de sus sectores financieros.

Esta respuesta contrasta directamente con las austeras políticas neoliberales que se le vienen imponiendo a los países en desarrollo por parte del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los países desarrollados durante los últimos treinta años. Los gobiernos fueron forzados a liberalizar las barreras comerciales, desregular los mercados financieros y laborales, privatizar las industrias nacionales, abolir los subsidios y reducir el gasto social y económico. El estado vio drásticamente reducido su rol.

Este doble estándar no solamente es inaceptable, sino que también es una señal de la desaparición del fundamentalismo del libre mercado. El sistema financiero internacional, su arquitectura e instituciones han sido sobrepasados totalmente por la magnitud de la actual crisis financiera y económica. El sistema financiero, su arquitectura e instituciones deben ser completamente replanteados.

Una verdadera respuesta global a una crisis global


En las últimas semanas, dirigentes mundiales han reconocido las deficiencias del sistema actual y manifestado la necesidad de reunirse para abordar un conjunto más amplio de propuestas para reformar el sistema financiero mundial y sus instituciones. El G20 se va a reunir en Washington DC el 15 de Noviembre para comenzar las discusiones. Es, por supuesto, imprescindible llegar a un acuerdo sobre medidas inmediatas para hacer frente a la crisis, y hacemos hincapié en que debe darse prioridad a los impactos sobre los empleados y trabajadores comunes, a los hogares de bajos ingresos, jubilados y otros sectores muy vulnerables. Pero nos preocupa profundamente que las reuniones propuestas se lleven a cabo de una forma apresurada y no incluyente, y que por lo tanto no aborden la amplia gama de cambios necesarios ni asignen equitativamente la carga de los mismos.

Aunque la crisis se originó en países del Norte, los impactos serán probablemente mayores en los países en desarrollo. Por lo tanto, es fundamental que todos los países tengan voz en el proceso de cambio de la arquitectura financiera internacional. Soluciones no equitativas ni sustentables para transformar el actual sistema serían el resultado de una conferencia preparada con urgencia y que excluye a muchos países y a la sociedad civil. Esos esfuerzos pueden socavar de hecho aun más la confianza pública y limitar a los países que ya están optando por soluciones regionales por sobre un sistema financiero internacional más fuerte, más coherente y más justo.

Nuestras demandas –tiempo para repensar a fondo

Nosotras, las organizaciones de la sociedad civil abajo firmantes, apoyamos una transformación imprescindible y de largo alcance del sistema económico y financiero internacional. Para servir a este fin, apoyamos una conferencia internacional convocada por las Naciones Unidas para examinar la arquitectura financiera y monetaria, sus instituciones y su gobierno, pero solamente si la reunión se compromete en un proceso que:

1. Es incluyente y da participación a todos los gobiernos del mundo;
2. Incluye a representantes de la sociedad civil, a grupos ciudadanos, movimientos sociales y otras partes interesadas;
3. Tiene un calendario claro y un proceso de consultas regionales, en particular con quienes son más afectados por la crisis;
4. Es amplio en su alcance, encarando toda la gama de temas e instituciones;
5. Es transparente, con propuestas y proyectos de documentos puestos a disposición del público y discutidos antes de la reunión.

Debe hacerse pleno uso del nuevo grupo de trabajo de las Naciones Unidas sobre el sistema de financiación mundial, la próxima reunión sobre Financiación para el Desarrollo y otras instancias de la ONU para preparar esa reunión mundial.

No existen atajos fáciles en la búsqueda de soluciones en la transición del sistema actual –que ha fomentado la inestabilidad y la inequidad- hacia otro justo, sostenible y responsable que genere beneficios para la mayoría de los pueblos del mundo.

Puedes apoyar la Declaración firmando en la web de la campaña
Para ver las personas y organizaciones que ya han firmado, pulsa aquí

23/10/08

Instituciones degeneradas, por José Carlos Garcia Fajardo

Los bancos ya saben que no hay poder político capaz de resistir la amenaza de la estabilidad económica. Por eso se frotan las manos, se reparten bonos y stocks options y sanean sus cuentas de resultados, a costa del Erario público. Altos directivos de Lehmann han tenido el cuajo de celebrar en estos días fiestas millonarias. Igual que los de Fortis, después de la catástrofe, se reunieron en el mejor hotel de Mónaco para un increíble festejo. ¿A qué juegan? Saben que tienen la sartén por el mango, y el mango también. Así ha sido siempre en la historia del capitalismo más salvaje. Bajo el indudable progreso técnico ocultaban la miseria, la explotación y el hambre de millones de personas para deslumbrar, como el Príncipe de Potenkín, a la zarina Catalina.

Cuando los financieros hablaban de quiebra del sistema se estaban refiriendo a sus propios balances, y cuando hablaban de confianza en realidad querían decir dinero, escribe Ignacio Camacho. Billones de euros públicos para sanear sus activos, cuadrar sus resultados y continuar como si nada hubiera pasado. Tantas vueltas para eso: las ideologías, el motín de los mercados, el fin de la Historia... todo se reducía a una factura. La cuenta de los platos rotos durante los años felices de la especulación, de la orgía de las hipotecas insolventes y los fondos de riesgo. La mano invisible del mercado era una mano extendida para recibir el importe de los desperfectos que ella misma había causado en sus días de euforia.

Y el Premio Nóbel, José Saramago, denuncia el “crimen financiero contra la humanidad” porque, si nos callamos, nos vomitarán nuestros hijos con merecidos reproches, porque habiendo podido tanto nos atrevimos a tan poco. Y desde el caos de un planeta saqueado y de muchedumbres hambrientas, debido a la explosión demográfica, nos preguntarán atónitos cómo no nos alzamos contra este sistema injusto y tiránico de unos financieros sin entrañas que dejaron exangüe a la economía mientras construían fraudulentas ingenierías financieras.

Llegaron tan lejos que los poderes públicos, las administraciones supraestatales y las instituciones de control como el FMI, el BM y los bancos centrales consintieron que el poder real fuera detentado por las oligarquías transnacionales que actuaron como meros ejecutores de las decisiones de los sanedrines.

Los perdedores, escribe el Premio Nóbel, “somos nosotros, que presenciamos, impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más dinero y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales… mientras que, los banqueros, los políticos, las aseguradoras, los grandes especuladores que, con la complicidad de los medios de comunicación social, respondieron en los últimos 30 años, cuando tímidamente protestábamos, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría”.

¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas? se pregunta Saramago. ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, de dinero del narcotráfico?

Lo que está pasando, afirma con contundencia, es un crimen contra la humanidad que no son sólo los genocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas.

Crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos y de la UE, con la complicidad de sus gobiernos, han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo.

Ahora sí que ‘un fantasma recorre el mundo’ y no sólo Europa, pero los responsables de esta hecatombe están dispuestos a “reinventar el capitalismo” con los mismos mimbres e idéntica codicia. No piensan en los seres humanos, en las sociedades, en el medio ambiente. Prescinden de las instituciones elegidas democráticamente y convocan a una conferencia en EEUU, claro, a los miembros del G8 y del G5 basados tan sólo en criterios económicos y no sociales. Saltan por instituciones, como la ONU y los gobiernos legítimamente representados en ella, y pretenden reedificar idénticos casinos financieros, una vez que los banqueros, recuperados de sus pérdidas, se disponen a seguir dictando el orden en un mundo cada vez más degenerado.


José Carlos Garcia Fajardo es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), y edita el blog Jubilatería
Fuente: Blog Jubilatería

22/10/08

Vídeo: Leopoldo Abadía explica la crisis "ninja" a Buenafuente

El economista Leopoldo Abadía, expone de manera didáctica y divertida la crisis "ninja" a Buenafuente en su programa de televisión:

21/10/08

La crisis y América Latina, por Germán Ojeda


No hay mal que por bien no venga. Las consecuencias del colapso del sistema financiero internacional se van a sentir con fuerza en la economía real de los países latinoamericanos en forma de caídas de la actividad, de la inversión y el empleo, pero también se van a llevar por delante las políticas neoliberales impuestas a la fuerza por las grandes instituciones financieras controladas por Washington –El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial– que arruinaron estos países en beneficio de las multinacionales.

En efecto, esas instituciones financieras, creadas a partir de la Segunda Guerra Mundial para fomentar el desarrollo económico de los países del llamado Tercer Mundo, lo que hicieron en realidad fue fomentar la dependencia, imponiendo, a cambio de préstamos leoninos, un programa de privatizaciones y ajustes estructurales –mientras EEUU se endeudaba sin límites– que consistió básicamente en adelgazar hasta la anorexia a los Estados para darle a los mercados el control de las economías nacionales, un programa que en pleno auge de esa dictadura financiera se atrevieron a llamar Consenso de Washington.

Mediante el chantaje económico, la corrupción institucional y, cuando fue necesario, la represión de los gobiernos títeres apoyados por EEUU, todo fue mercadeado –la salud, las pensiones, el agua, las comunicaciones y los recursos energéticos–, todo fue puesto en almoneda en beneficio del capital transnacional mientras cada país se quedaba sin nada, sin empresas, sin servicios públicos y sin sectores estratégicos, provocando fracturas sociales sin precedentes que explican la llegada al poder de nuevos líderes en los últimos años.

Con el neoliberalismo ahora moribundo, sin embargo, la ruptura histórica latinoamericana con ese régimen de saqueo no va a ser igual en todos los países, lo que viene determinado por la vinculación de los distintos gobiernos a Washington. Así, países como México o Chile, atados a las privatizaciones, a las instituciones financieras internacionales y a tratados de libre comercio con EEUU tienen limitado su margen de maniobra, un margen que en el caso de Chile está creando ya graves problemas a cerca de 8 millones de chilenos con los fondos privados de pensiones afectados por las quiebras bancarias, mientras en México la crisis se traducirá en la brusca caída de las remesas enviadas por los emigrantes y en la bajada de los ingresos petroleros, lo que, para un país que vive principalmente de esas dos partidas, tendrá importantes efectos socioeconómicos.

En una situación muy distinta se encuentran países como Cuba, Venezuela o Brasil. Cuba puede verse beneficiada por la apertura de relaciones con el vecino del norte tras la victoria de Obama; en el caso de Venezuela, la situación es favorable porque, desde la llegada de Chávez, el país se ha ido desenganchando de las instituciones financieras norteamericanas; y Brasil dispone de más de 200.000 millones de dólares de reservas, tiene un fuerte mercado interno y va a seguir promoviendo una intensa política de infraestructuras, petrolera y alimentaria, al servicio del desarrollo nacional.

El Brasil de Lula se va a convertir en el eje de la nueva América Latina, aunque, sin duda, a costa de tensiones con sus vecinos, unas tensiones con Argentina por razones económicas y que serán políticas con Venezuela por los ritmos y la intensidad del proceso de integración que Chávez intenta empujar a marchas forzadas apoyándose en el Mercosur, el ALBA y el Banco del Sur, a la vez que promueve el llamado socialismo del siglo XXI.

Sin embargo, las lecciones históricas de una América Latina desunida durante la anterior crisis de 1929 o sometida al neoliberalismo deben ser aprendidas de una vez por todas. Del desastre del 29 algunos países hermanos pudieron recuperarse con políticas nacionalizadoras de los recursos estratégicos –por ejemplo, Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo en México– y de sustitución de importaciones para desarrollar el mercado interno, políticas que después se llevó por delante el neoliberalismo impuesto por Washington.

Ahora hay gobiernos –en Bolivia, Venezuela, Ecuador– que, apoyados por las grandes mayorías, defienden activamente esa integración, que ya no van a poder ser tumbados por las intrigas norteamericanas, que van a pasar de ser descalificados como populistas a ser populares, gobiernos que están comprometidos en sacar adelante un nuevo andamiaje institucional para defender la riqueza de sus recursos y el progreso de sus gentes.

Es la hora de la integración en América Latina, es la hora de la definitiva independencia, es la hora de la construcción de una economía social que anteponga lo público a lo privado y los intereses generales a los de los capitales, para que nunca más vuelva a pasar lo que pasó, por ejemplo, en Chile o Argentina con la implantación a sangre y fuego de las dictaduras neoliberales, lo que pasó en México con el desastre financiero de 1994, lo que pasa en Colombia con la guerra “incivil”, lo que, en una palabra, ha venido pasando en los años negros del neoliberalismo.

Porque, después de la implosión del capitalismo financiero y del macro rescate internacional, las grandes potencias pueden repetir a gran escala, si nadie lo remedia, la experiencia mexicana de recuperar el sistema en quiebra con el dinero de los contribuyentes drenando en beneficio privado los recursos públicos, pueden volver a las andadas de la globalización financiera maquillada, pueden pasar del neoliberalismo al neocapitalismo.

América Latina no puede perder esta gran oportunidad histórica de construir para el bienestar y el progreso de sus pueblos la Patria Grande con la que soñaron sus libertadores.

Germán Ojeda es profesor titular de Historia Económica de España y América de la Universidad de Oviedo
Fuente: Periódico Público. Ilustración de Mikel Jaso

20/10/08

Meditación, por Andrés Ibáñez

Fuente: Artículo publicado en el periódico ABC

La aparición en español del libro de David Lynch Catching the Big Fish, aquí traducido como Atrapa el pez dorado (Mondadori), está provocando en la prensa y los otros medios de comunicación una nueva ronda de risitas paternalistas sobre el tema de la meditación. La última, en estas mismas páginas, a cargo de mi admirado y sabio compañero de fatigas Fernando Castro Flórez, que comienza su comentario afirmando (ya que no admitiendo) que no sabe nada del tema.

Todavía se considera elegante y de buen tono reírse mucho de los que practican la meditación, y decir con tono de falsa modestia «yo eso del océano de la conciencia, no sé muy bien lo que es». Como ahora ya hay muchas personas «importantes» que practican el yoga y el taichi, por ejemplo, reírse de los que hacen yoga o taichi ya no resulta tan cool como antes y empieza a resultar, incluso, un poco paleto. La meditación está un poco por detrás en este curioso desfile de «patrañas» o «tomaduras de pelo» que poco a poco se convierten en cosas «interesantes» para más tarde, y una vez probadas, entrar en la categoría del «descubrimiento» y convertirse, por fin, en actividades admitidas y normales. Pero reírse de los que hacen meditación todavía se considera propio de intelectos lúcidos que no se dejan engañar por las «patrañas».

Vértigo de vivir. ¿Por qué deberíamos interesarnos por la meditación? Por una razón muy sencilla. Porque la meditación es lo siguiente. Debemos avanzar del terreno conocido al desconocido, movernos de lo que sabemos a lo que no sabemos. Así es como funciona el ser humano. Así ha sido siempre. ¿Por qué íbamos a detenernos ahora? Los que critican la meditación (aunque no la critican, realmente, puesto que no saben lo que es) suelen ser los mismos heraldos fúnebres que hablan de la crisis de valores y de la confusión que nos rodea, de la devaluación de la cultura y del vértigo de vivir en una sociedad a la deriva. Es evidente que estamos viviendo el fin de una época. Todos lo sabemos, todos lo sentimos. Podemos aferrarnos al pasado, que no es otra cosa que las humeantes cenizas del espantoso siglo XX (y en verdad no hubo siglo más espantoso), o bien acercarnos a lo nuevo.

Pero ¿qué es lo nuevo? ¿Qué es lo que viene a continuación? ¿Qué es lo siguiente? No es una sola cosa ni tiene un solo sentido. Con la llegada de la edad moderna, por ejemplo, en el llamado «renacimiento», se produjo la aparición de una mentalidad «nueva» (el individualismo) junto con un «renacer» de ideas y temas muy antiguos (la magia). Sin embargo, esta magia renacentista no era en modo alguno muestra de una mentalidad «reaccionaria», como cualquier lector de Amelia F. Yates sabe muy bien, y fue de la práctica de esta magia renacentista de donde surgió, precisamente, la ciencia moderna. En la música, por poner otro ejemplo, los nuevos estilos trajeron consigo una aparente y brutal simplificación del discurso sonoro: la maravillosa sutileza de la polifonía a cuatro, ocho, dieciséis voces, se veía sustituida de pronto por una voz cantante y una guitarra. Sin embargo, lo que esa voz y su guitarra, o tiorba, o laúd, traían consigo, nadie lo podía imaginar: era la tonalidad moderna.

En escorzo. Siempre vemos las cosas desde la ventana a la que estamos asomados, olvidando que desde una ventana sólo se puede ver una fachada del edificio, y además en escorzo. Rechazamos lo nuevo, decimos, no porque sea nuevo, sino porque es mentira, porque es estúpido, porque es de tontos. Pero las cosas nuevas siempre parecen estúpidas, siempre parecen de tontos. En cierto modo lo son, como todas las cosas nuevas, como todas las cosas jóvenes. Son las cosas antiguas las que parecen solemnes y serias, maravillosamente fundamentadas, majestuosas y ordenadas. Solemnes y serias, fundamentadas y majestuosas y ordenadas -y muertas. ¿Acaso el género de la novela no fue considerado en su inicio cosa de tontos? ¿Acaso las ideas de Darwin no sonaron totalmente ridículas a los primeros que las escucharon? Pero es imposible sujetar el paso de la historia, quemar todos los libros del pasado o levantar una gran muralla para impedir el paso de las nuevas ideas.

La religión ya ha cumplido su ciclo. La cultura del humanismo llega a su fin. ¿Y nosotros? ¿Cómo creceremos? ¿Cómo podremos aprender a conocernos mejor? ¿Cómo podremos ahondar aún más en el misterio de nuestra naturaleza? Antes tuvimos otros modos, otras armas. La meditación es la siguiente.

Andrés Ibáñez es escritor, más información en Wikipedia
Fuente: Periódico ABC

19/10/08

La crisis (y 3), por Manuel Castells

Nota: Este artículo es continuación de La crisis (1) y La crisis (2)

Se abre una época en la que habrá que invertir más en la vida que en la bolsa


La intervención de los gobiernos europeos en el sistema financiero ha ido más lejos que el plan de rescate en Estados Unidos. En lugar de absorber activos devaluados, han capitalizado los bancos. En algunos casos como el español garantizando una línea de crédito, y en otros, como el británico, procediendo a su nacionalización parcial. Estados Unidos también ha optado finalmente por financiar a los grandes bancos para que sigan prestando y se evite la parálisis económica. Los mercados han reaccionado positivamente, pero no están estabilizados ni mucho menos, pues la economía productiva está acusando la contracción de la demanda, el paro aumenta y las acciones de empresas inmobiliarias, tecnológicas o del automóvil siguen cayendo.

Parte de los activos que compran los gobiernos han perdido valor y la nacionalización total o parcial de un banco significa enjugar las pérdidas con el dinero de los contribuyentes, que es limitado. Por tanto, se recurre a emitir bonos, incrementando la deuda a niveles probablemente insostenibles. La esperanza, siguiendo el ejemplo sueco de 1990, es revalorizar los activos financieros y con su venta futura recuperar parte del dinero. La cuestión que se plantea es la transparencia de la operación. Nadie sabe quién tiene qué dada la interpenetración de inversiones en el mercado global. Y tambien falta transparencia en la intervención de los gobiernos con nuestro dinero. En EE. UU. tuvieron que crear un comité de seguimiento para lograr el acuerdo del Congreso. En Europa, hay una pasividad asombrosa de la ciudadanía, que deja hacer sin entender qué pasa.

Cuando alguien pregunta se le amenaza con males mayores si no se salvan los bancos. Porque en último término, ¿por qué tendríamos que seguir confiando en aquellas instituciones financieras que no han cumplido su función de asegurar nuestros ahorros y proporcionar capital a las empresas porque dieron prioridad a sus propias ganancias? Si hay que nacionalizar bancos, ¿por qué no hacerlos funcionar de forma distinta en lugar de reflotarlos para que vuelvan a las andadas?

Este es el problema de fondo. El tipo de capitalismo en el que vivíamos desde hacía tres décadas, construido en torno a un mercado financiero global desregulado, ha entrado en crisis irreversible Y la construcción de un sistema que lo sustituya es incierta porque no se había pensado en serio, pese a las advertencias de expertos como George Soros o Warren Buffet, que calificó los nuevos instrumentos de titularización de “armas financieras de destrucción masiva”. Todos concuerdan en dos cosas: las medidas actuales son paños calientes mientras se reforma en profundidad el sistema financiero, y es necesaria una regulación global de las prácticas financieras. Fácil de decir, muy difícil de hacer. Porque los flujos financieros son globales, operan electrónicamente y no reconocen fronteras. Y no hay autoridad financiera internacional con competencia para regular, ni el FMI.

No hay jurisdicción sobre los paraísos fiscales, los bancos centrales se limitan a su país y la contabilidad se ha hecho tan opaca que nadie sabe identificar el origen y destino de algunos de los flujos más importantes. Tomemos el caso de los seguros sobre créditos impagados -credit default swaps (CDS)-, la mayor innovación financiera de la última década. Para escapar a la obligación de tener reservas suficientes para los préstamos que hacían, las instituciones financieras crearon un seguro para cubrir los impagados. La idea genial fue titularizar los seguros mismos pagando intereses sobre dichos seguros. Los préstamos se clasificaron en función de su nivel de riesgo y se vendieron trozos de seguros a otras instituciones financieras, remunerando según riesgo.

Así los bancos pudieron prestar por un montante muy superior a su cobertura y el riesgo de los impagados se distribuyó entre los compradores de los CDS. Cuando algún préstamo fallaba, los poseedores de los CDS correspondientes pagaban en función de su cuota y todos contentos. Así se hicieron préstamos cada vez más arriesgados en todos los confines del planeta y con garantías colaterales de todo tipo, incluidas hipotecas o trozos de hipotecas, que también se aseguraban creando nuevos mercados. De 1995 al 2008 el mercado de CDS aumentó de 10.000 millones de dólares a 62 billones. El asegurador de última instancia en EE. UU. era AIG, la aseguradora mayor del mundo, que tenía 440.000 millones en CDS. Por eso fue rápidamente intervenida por el Gobierno, pues de quebrar se habrían difundido quiebras en cadena por instituciones financieras de todo el mundo. Pues bien, si ese mecanismo se suprime, como ya parece decidido en EE. UU., los bancos tendrán que adecuar sus préstamos a sus reservas y por tanto se reducirá extraordinariamente el volumen de préstamos. Este es el quid de la cuestión.

La expansión del capitalismo global se ha basado en mecanismos de multiplicación de capital virtual como este. Obligar al rigor financiero quiere decir que sin dinero fácil ni las empresas pueden invertir ni la gente puede comprar como antes.

Los chinos y los árabes tampoco, porque sus inversiones financieras están en el mismo saco y porque sus exportaciones dependen del consumo occidental. Así que lo que se plantea es un cambio de modelo de vida: menos consumo (porque no habrá crédito para comprar), más trabajo y más productividad (para generar más capital y más salario dentro de la empresa), más control del mercado por el Estado y limitar la circulación global de capital porque los intercambios financieros tendrán que ajustarse a las prácticas reguladoras de cada país. No hay marcha atrás en la globalización, pero emerge una globalización segmentada por regiones mundiales y con sistemas de control en sus intercambios. Como es un cambio estructural se hará entre contradicciones y conflictos, cada uno yendo a la suya, en un clima de ansiedad, de denuncia de los aprendices de brujo de las finanzas y condena de los ideólogos fundamentalistas del mercado. Entramos en una nueva época en la que habrá que invertir en la vida más que en la bolsa.

Fuente: Periódico La Vanguardia
Manuel Castells en Wikipedia

Apuntes, por José García-Montalvo

Algunas frases que me han llamado la atención en los últimos días:

- Nancy Koehn: "La ideología es un lujo en tiempos de crisis" (referida a las intervención continuada del gobierno federal norteamericano)

- Anónimo: "Cuando uno cae desde 80 pisos de altura, durante 79 puede creer que vuela. Luego, se estrella" (referido a todos los que participaron en la burbuja inmobiliaria)

- Emilio Botín: "Las subprime activaron la crisis pero no la causaron". Efectivamente, el sistema financiero habría reventado por cualquier otro sitio. Los incentivos perversos dominaban todo el sistema. Curioso: casi al mismo tiempo Zapatero seguía repitiendo su mantra de siempre: todos los problemas se crearon en Estados Unidos, y Europa los resolverá. Ahí queda eso...

Por último: Al comparar la crisis actual con la Gran Depresión se habla de la evolución similar de las bolsas, el pánico bancario, etc. pero se habla poco de la respuesta del gobierno (al margen de decir que entonces actuó tarde y ahora se traga su ideología y ha actuado con rapidez).

Resulta que el Plan propuesto por la Casa Blanca se parece mucho a las inversiones de la Reconstruction Finance Corporation, una agencia creada en 1932 que hizo préstamos a bancos con dificultades, y compró acciones (¿os suena?) en 6.000 bancos con un coste de 200.000 millones de dólares de los de ahora. La gran diferencia es que durante la Gran Depresión también se creo la HOLC. La Home Owners' Loans Corporation se puso en marcha en junio de 1933 y tenía como objetivo evitar embargos de viviendas familiares. La HOLC compraba los viejos préstamos hipotecarios a los bancos a cambio de bonos del tesoro y los reorganizaba emitiendo nuevos prestamos. Los préstamos totales ascendieron a 750.000 millones de dólares de los de ahora. La comparación es interesante: en la Gran Depresión la gran mayoría de la ayuda fue a los ciudadanos; en la crisis de 2008 los 700.000 millones van solo a los bancos. Los ciudadanos han dejado de interesar. O quizás vendrán en una segunda fase.

José García-Montalvo es profesor de Economía en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y profesor del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE)
Fuente: Blog de José García-Montalvo

18/10/08

Crisis económica y justicia social, por José Carlos Garcia Fajardo

La sociedad civil denuncia que las personas más vulnerables paguen por los errores y la avaricia de los responsables de esta crisis.

Si hasta en las prisiones se acepta el axioma de que “el que la hace, y lo pillan, la paga”, ¿por qué se van a ir de rositas los responsables de la actual crisis financiera, y de la más fuerte de la economía real que se avecina?

Causa rubor ver a presuntos delincuentes de guante blanco listos para aprovecharse de los ingentes fondos para inyectar liquidez en los bancos. Vamos, que encargamos a los zorros la vigilancia de los gallineros y a los pederastas la de los orfelinatos. Por duro que suene la realidad es todavía más cruda.

Richard Fuld, responsable de Lehman Brothers, amasó 500 millones de dólares entre 1993 y 2007. Sólo el año pasado ganó 45 millones más.

Henry Paulson, del Tesoro de Estados Unidos, consiguió 700 millones de dólares en Goldman Sachs. Él fue quien coordinó la reunión en la que se habló del rescate financiero con dinero de la Reserva Federal.

Keneth Lewis, de Bank of America, recibió 20 millones de dólares en 2007, y tiene acciones allí por un valor de 112 millones.

James Diamond, de JP Morgan, recibió un bono navideño de 14 millones de dólares en 2007, y tiene activos en ese banco por un valor de 190 millones.

Lloyd Blankfein, de Goldman Sachs, recibió 28 millones de dólares en 2007 y ha amasado una fortuna de más de 400 millones de dólares en su empresa.

Esto resulta “obs-ceno”, algo que no se puede presentar en la escena mundial, porque debería de ser materia de los fiscales, embargados sus bienes como cautela y ellos puestos a buen recaudo hasta que contasen todo lo que saben. Me temo que pronto los veremos en puestos de responsabilidad con repercusión mundial, sobre todo contra los más pobres.

Mientras todos se ocupan de salvar a los banqueros y a los ricos, la crisis deja en la cuneta la solidaridad. Los recortes en cooperación amenazan la alimentación, la asistencia médica o la educación de millones de personas. Las cifras del hambre vuelven a dispararse en contra de todos los compromisos, escribe Oriol Güell.

La misma crisis que ha secado al sistema financiero internacional amenaza con sumir en la miseria a cientos de millones de personas en todo el mundo, que podrían quedarse sin comida y atención médica o ver como se desvanecen las herramientas que les impusieron para que se pudieran enganchar al desarrollo económico.

“Los efectos de esta recesión se extenderán a todo el planeta”, alerta la ONG Save The Children. “La situación podría derivar en una auténtica catástrofe si, como es previsible, gobiernos y particulares recortan sus ayudas”.

La crisis amenaza con reducir los 76.000 millones de euros que el mundo ha destinado este año en ayuda al desarrollo, según un portavoz de Naciones Unidas. Una cantidad de dinero que no llega ni a una décima parte de lo que los Gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea han movilizado en menos de tres semanas para salvar las instituciones financieras.

La crisis aumentará los gastos y reducirá los ingresos de los países desarrollados, que restarán a sus contribuciones para los 923 millones de personas desnutridas en el mundo, para reducir la cifra de 58 millones de mujeres que este año habrán dado a luz sin asistencia médica o para escolarizar a los 77 millones de niños de África y Asia que ni siquiera han recibido educación primaria.

La directora general de la OMS advierte de que estos gigantescos desequilibrios en materia de salud hacen del mundo un “lugar inseguro e inestable”, para que luego nos preguntemos por las raíces de los movimientos revolucionarios: hambre, enfermedad, ignorancia y desesperación.

El secretario general de la ONU denuncia qulos Gobiernos se han mostrado incapaces de cumplir los compromisos que asumieron en 2000 para erradicar la pobreza y el hambre en 2015.

Un responsable del Programa Mundial de Alimentos destaca que “con el plan de rescate del sistema financiero aprobado por Estados Unidos, el PMA podría trabajar durante más de 100 años. Si los gobiernos tienen recursos para rescatar a sus bancos, seguro que también deben tenerlos para dar de comer a los hambrientos”.

John Holmes, de Naciones Unidas, afirma que “lo peor de la situación actual es que no sabemos lo que puede ocurrir ya que la crisis se está mostrando cada día más profunda y extensa. Si los gobiernos gastan tanto dinero en los rescates financieros y la economía y sus ingresos van a menos, necesitarán recortar los gastos por algún lado. La tentación es hacerlo por la ayuda internacional”, afirmó estos días en Madrid.

Desde el PNUD, P. Conceiçao denuncia que “esta crisis, la han causado los excesos de los más ricos y sería desolador e imperdonable que acaben muriendo de hambre y enfermedades fácilmente curables millones de personas que ni siquiera han tenido la oportunidad de disfrutar de la bonanza económica de los últimos años”.

El clamor es unánime: Las sociedades y Gobiernos desarrollados, tras años de vivir en la opulencia, no pueden dejar a millones de personas sin las ayudas esenciales. Es necesario mantenerse fiel a los principios de justicia universal y de solidaridad.

José Carlos Garcia Fajardo es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Y Director del CCS
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

El agujero islandés, por Marc Vidal

Hay quien dice que tampoco tiene demasiada importancia que un país Europeo quiebre, que otro de la nueva Europa esté a punto de hacer fallida o que el planeta Urano deje de dar vueltas alrededor del Sol. Hay gente para todo. Que los mercados ya están descontando la recesión es una posibilidad que dice ver mucha gente, sin embargo, ni unos ni los otros saben que las bolsas ya están entrando en el cálculo de futuros sobre una parada técnica de la economía global. Fíjense, un equipo del Fondo Monetario Internacional ha salido cagando leches hacia Ucrania, cuyo banco central dijo hace pocos días que el país podría entrar en cierre de caja. A la vez, otro se ha instalado en el mejor hotel de Reikiavik para tomarse tiempo en una situación inédita como la brecha financiera de un estado moderno y próspero como Islandia. Nadie habla demasiado de esto, no debe interesar, pero aquí si nos interesa interpretar que hay detrás de dos "quiebras sin importantcia"

Probablemente los medios ni siquiera entienden el valor de este hecho. Aunque la crisis islandesa es absolutamente excepcional, poco o nada tiene que ver con las que parten de los CDOs o de alguna burbuja del tipo que sea, si que es una evidencia de la rotura del sistema. Representa el modelo de la codicia y la envidia puesto sobre el patíbulo. Julio Verne creía que el centro del planeta era accesible por un geyser islandés, y teniendo en cuenta su capacidad para visionar el futuro, talvez hablaba de que por Islandia se podrá llegar al centro del asunto. La economía del Atlántico Norte, con unos 300.000 habitantes, es altamente desarrollada y años de rápido crecimiento le han brindado una prosperidad sin precedentes, pero en los últimos años, los bancos de Islandia se embarcaron en una campaña de expansión desenfrenada, acumulando operaciones internacionales asumiendo enormes deudas. Cuando se congeló el mercado crediticio global, los bancos se descubrieron imposibilitados de cumplir sus obligaciones. El vídeo que he puesto a continuación explica como esto es posible. Que lo disfruten.



Fuente: Blog de Marc Vidal

¡Cerremos la Economía de Casino!. Propuestas de Attac para superar la crisis


Ha llegado el momento ¡Clausuremos el casino financiero! Comunicado de ATTAC sobre la crisis financiera y las alternativas democráticas



El Capitalismo Financiero se está cayendo a pedazos y estamos ante una crisis muy grave, con enormes consecuencias para el mundo. La fuerza de esta crisis es tan enorme que ha cogido por sorpresa a los responsables políticos, banqueros, intermediarios y economistas que, deslumbrados por los beneficios, no han querido ver el monstruo que estaban creando.

Esta complacencia y su obsesión por la ganancia inmediata les ha hecho estar tan poco preparados para hacer frente a la crisis que, día tras día, están abrumados por cada nueva quiebra de un banco y por los desplomes masivos de las Bolsas de Valores. Nuestros dirigentes están mostrando una escandalosa incompetencia para resolver la crisis porque se siguen aferrando al marco neoliberal, marco que ha demostrado ser tan devastador como inhumano. A diferencia de ellos, en ATTAC nos hemos estado preparando para esta situación durante 10 años y sobre la base de nuestros conocimientos sabemos que necesitamos acciones sistémicas para hacer frente a una crisis sistémica.

En estos momentos no se necesita una ligera regulación, como quieren algunos políticos hacernos pensar. Estamos siendo testigos de la mayor crisis financiera en la historia, lo que puede llevarnos a una gran depresión como la del período de entreguerras en la década de 1930, con un desempleo masivo y el aumento de las tensiones entre los Estados-nación por el control de las materias primas y los bienes de primera necesidad. En esta situación de emergencia, ATTAC, que reúne a académicos, economistas, sociólogos, periodistas, profesionales, trabajadores y activistas de toda Europa, propone las siguientes acciones para mitigar los efectos de la crisis y salir fortalecida de ella.

1. Cooperación internacional: Esta crisis es una crisis global, por lo tanto, ningún Estado, ni siquiera los EE.UU., puede resolverla por sí solo. Los dirigentes del mundo deben sentarse juntos y diseñar una nueva arquitectura financiera y económica sobre la base de políticas democráticas que controlen los mercados financieros. La política tiene que estar de nuevo por encima de la economía y no al revés.

2. Mitigar los efectos de la crisis de acuerdo con el principio "el especulador paga":
Cuando los mercados financieros estaban en auge, los especuladores hicieron enormes beneficios. Ahora que los mercados se han estrellado, los encargados de formular políticas quieren repartir las pérdidas entre todos los contribuyentes con la esperanza de mantener el sistema vivo. Esto es inaceptable. En lugar de ello, nos proponemos crear en cada país un fondo de crisis alimentado por una única imposición extra sobre todos los ingresos de capital por encima de 50.000 euros y un 1% de impuesto extra sobre todos los beneficios de las empresas del sector financiero.

3. Control democrático sobre el Banco Central Europeo:
Desde su creación, el Banco Central Europeo (BCE) sólo se ha preocupado de la inflación, siguiendo el dogma neoliberal que ha demostrado ser tan dañino. Es hora de cambiar las políticas monetarias del BCE a favor de un crecimiento sostenible, del empleo y de la redistribución de la renta, bajo la estricta supervisión del Parlamento Europeo, nuestros representantes democráticos en Europa. El BCE debería establecer de inmediato los controles de capital en el continente con el fin de estabilizar todo el sistema económico y ayudar a establecer un ordenamiento impositivo común que evite el dumping fiscal, la evasión tributaria y la competencia existente entre los diferentes países en relación a los seguros de depósitos.

4. Fiscalidad para evitar la especulación:
Necesitamos urgentemente impuestos sobre todo tipo de transferencias financieras a fin de terminar con la especulación, de ralentizar la velocidad de circulación de los capitales en los mercados financieros y de poner fin al cortoplacismo. Esto incluye un marco multilateral de impuestos sobre todas las transacciones monetarias para desalentar las operaciones especulativas a corto plazo a través de las fronteras. El capital debe utilizarse para la financiación del comercio equitativo y sostenible, la inversión productiva y el consumo responsable y no para jugar en el "Gran Casino Mundial" que son los mercados financieros hoy en día. La implantación de esta tasa global sobre los movimientos de capital entre naciones (tasa Tobin) puede financiar la puesta en marcha de un New Deal ecológico a nivel mundial que dirija sus objetivos hacia el mantenimiento y la recuperación de los perecederos bienes naturales, cuya pérdida irreparable está ocasionando hambre y miseria por todo el planeta.

5. Cerrar los paraísos fiscales y centros off-shore:
¿Quién necesita centros de banca extraterritorial (OFCs) y paraísos fiscales? Sólo los individuos ricos y los inversionistas institucionales que quieren ocultar sus enormes ganancias y capitales de las autoridades fiscales, la mafia, los terroristas, los comerciantes de armas, los que negocian con seres humanos y otras fuerzas criminales que quieren blanquear dinero. No hay ningún argumento económico razonable en favor del mantenimiento de la situación de esos territorios privilegiados. Por lo tanto, su función delictiva debe ser completamente cerrada.

6. Creación de bancos públicos:
Después de la Segunda Guerra Mundial, en Europa, la orientación de la banca pública sin fines de lucro hizo un buen trabajo. Durante las dos últimas décadas, estos bancos se han ido cada vez más fusionando y transformando en bancos comerciales e intermediarios de inversión con ánimo de lucro, cuyas acciones se negocian en los mercados de valores. Esta tendencia debe invertirse, y los bancos públicos sin ánimo de lucro deben ser fortalecidos y quedar exentos de la actual legislación europea en materia de competencia. El Tesoro Público debería poseer, al menos, algunos de los principales bancos para proporcionar financiación estable para un desarrollo sostenible y justo.

7. Paralización del proceso de ratificación del Tratado de Lisboa
y reformulación de un nuevo marco constitucional para Europa, lejos del neoliberalismo y pensado para los ciudadanos, siguiendo los procesos democráticos establecidos por el sentido común. Elecciones a un Parlamento Constituyente, redacción de la Carta Magna, discusión y aprobación por los distintos Parlamentos Nacionales y referéndum europeo.

Desde ATTAC hemos alertado durante los últimos diez años acerca de los peligros asociados al capitalismo financiero. Desde nuestra creación en 1998, justo después de la crisis financiera en Asia oriental, hemos tratado de explicar, sin cesar, a la sociedad en general y a nuestros políticos en particular que los mercados libres no son autorregulables y que las burbujas financieras, repetidas a lo largo de la Historia desde el siglo XVII, son extremadamente peligrosas para la sostenibilidad de nuestras economías debido a que los especuladores financieros sólo se mueven por los beneficios a corto plazo y no por proyectos a largo plazo que son los que crean puestos de trabajo y aumentan la riqueza material e intelectual del conjunto de la sociedad.

Durante todos estos años hemos denunciado el poder de los mercados financieros sobre la economía real y cómo este enfoque neo-liberal nos llevaba irremediablemente hacia la catástrofe. Previendo el peligro, hemos insistido constantemente en la necesidad de más regulación y más control democrático de la actividad financiera, pero nadie de la élite dirigente ha estado dispuesto a escucharnos. Los responsables de la política y los economistas “ortodoxos” nos retrataron como alarmistas. Creían que no éramos capaces de aceptar las virtudes de la recién descubierta forma de capitalismo “perfecto” que se ha ido desarrollando en los últimos 30 años. Nos tomaron a todos por idiotas.

Ahora, sin embargo, comprobamos que nosotros teníamos razón y que ellos estaban equivocados.

Attac Austria, Attac Dinamarca, Attac Finlandia, Attac Flandes, Attac Francia, Attac
Alemania, Attac Hungría, Attac Italia, Attac Marruecos, Attac Noruega, Attac
Polonia, Attac España, Attac Suecia, Attac Suiza.


Fuente: ATTAC-España