30/9/08

La crisis del siglo: El fin de una era del capitalismo financiero, por Ignacio Ramonet

Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado.

El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía: «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo.» Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema.» Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.

Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.

La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó. El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.

Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en estas columnas – desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.

La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.

Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inutil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.

Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuanto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme.» vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf. Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Ignacio Ramonet es director de Le Monde Diplomatique
Fuente: Le Monde Diplomatique, visto en la web de ATTAC-España

28/9/08

Dinero a cambio de basura, por Paul Krugman

Algunos escépticos llaman al plan de rescate de 480.000 millones de euros propuesto por Henry Paulson "dinero a cambio de basura". Otros han bautizado la legislación propuesta Autorización para el Uso de la Fuerza Financiera, en referencia a la Autorización para el Uso de la Fuerza Militar, la infame ley que dio al Gobierno de Bush luz verde para invadir Irak.

Hay algo de razón en estas pullas. Todos coinciden en que debe hacerse algo grande. Pero lo que Paulson solicita para sí mismo -y para su sucesor- es un poder extraordinario para emplear el dinero de los contribuyentes en un plan que, en mi opinión, no tiene ni pies ni cabeza.

Algunos dicen que debemos sencillamente confiar en Paulson porque es un tipo inteligente que sabe lo que hace. Pero eso es sólo verdad a medias: es un tipo inteligente, pero, ¿qué exactamente en la experiencia del pasado año y medio -un periodo durante el cual Paulson ha declarado repetidamente que la crisis financiera estaba "contenida", y después ha ofrecido remedios que no servían- justifica la creencia de que sabe lo que hace? Se lo inventa a medida que avanza, como el resto de nosotros.

Por eso, pensemos por nosotros mismos. Yo veo cuatro fases en la crisis financiera:

1. El estallido de la burbuja de la vivienda provoca un drástico aumento de la morosidad y de las ejecuciones hipotecarias, lo cual a su vez induce una caída de los precios de los activos hipotecarios, activos cuyo valor se deriva en última instancia de los pagos hipotecarios.

2. Estas pérdidas financieras dejan a muchas instituciones financieras muy escasas de capital: muy pocos activos en comparación con su deuda. Este problema es especialmente grave porque todo el mundo contrajo muchas deudas durante los años de la burbuja.

3. Como las instituciones financieras tienen demasiado poco capital en relación con su deuda, no pueden, o no quieren, proporcionar el crédito que la economía necesita.

4. Las instituciones financieras intentan pagar su deuda mediante la venta de activos, incluidos los activos hipotecarios, pero esto hace bajar los precios de los activos y empeora aún más su posición financiera. Este círculo vicioso es lo que algunos denominan la paradoja del desendeudamiento.

El plan de Paulson se basa en la compra por parte del Gobierno federal de activos problemáticos, principalmente activos hipotecarios, por valor de hasta 486.000 millones de euros. ¿Cómo resuelve esto la crisis?

Bien, podría romper el círculo vicioso del desendeudamiento, la cuarta fase de mi esquemática descripción. Pero ni siquiera eso está claro: están sometidos a presión los precios de muchos activos, no sólo los de aquellos que el Tesoro propone comprar. Y aunque el círculo vicioso sea limitado, el sistema financiero seguirá paralizado por la escasez de capital.

O mejor dicho, seguirá paralizado por la escasez de capital a no ser que el Gobierno federal pague por los activos que compra un precio muy superior al real, proporcionando a las empresas financieras -y a sus accionistas y ejecutivos- una gigantesca lluvia de dinero a costa de los contribuyentes. ¿He mencionado que este plan no me convence?

La lógica de la crisis parece exigir que la intervención no se dé en la cuarta fase, sino en la segunda: el sistema financiero necesita más capital. Y si el Gobierno va a proporcionar capital a las empresas financieras, debería obtener aquello que corresponde a quien aporta capital: una parte de la propiedad, de modo que si el plan de rescate funciona, no vayan todos los beneficios a parar a los que provocaron el caos en primer lugar.

Eso es lo que ocurrió con la crisis de las cajas de ahorros: los federales se hicieron con la propiedad de los bancos malos, no sólo de sus activos malos. Y también es lo que ha ocurrido con Fannie y Freddie. (Y por cierto, ese rescate ha hecho lo que se suponía que debía hacer. Los tipos de interés hipotecario han bajado drásticamente desde la absorción estatal).

Pero Paulson insiste en que quiere un plan "limpio". En este contexto, "limpio" significa una ayuda financiera proporcionada por los contribuyentes sin condiciones a cambio: ninguna contrapartida por parte de los que reciben la ayuda. ¿Por qué es eso bueno? Si a eso le sumamos el hecho de que Paulson también exige una autoridad dictatorial, además de inmunidad frente a una revisión "por parte de cualquier tribunal u organismo administrativo", el resultado es una propuesta inaceptable.

Soy consciente de que el Congreso está sometido a una enorme presión para que apruebe el plan de Paulson en los próximos días, con unas cuantas modificaciones que, como mucho, harán que sea un poco menos malo. Básicamente, después de haberse pasado año y medio diciéndonos a todos que la situación estaba controlada, el Gobierno de Bush notifica que el cielo se nos viene encima, y que para salvar el mundo tenemos que hacer exactamente lo que nos dice, ya mismo.

Pero yo insto al Congreso a que se detenga a pensar un minuto, respire hondo, e intente en serio rehacer la estructura del plan, convirtiéndolo en un plan que ataje el problema real. No dejen que los avasallen; si este plan se aprueba en su forma actual o algo remotamente parecido, todos lo lamentaremos enormemente en un futuro no muy lejano.

Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton. Más información en Wikipedia
Fuente: El País

Toda la basura, por Manuel Rivas

Ya tenemos una segunda versión de la historia del señor de la basura. En la primera, la de los hermanos Marx, Zeppo decía: "Papá, ha llegado el hombre de la basura". Y Groucho contestaba: "Dile que hoy no queremos". Era también una época de crisis y está considerada como una de las ocurrencias que más ha hecho reír en la historia humorística de Estados Unidos. Al parecer, esta crisis es distinta y el humor ha cambiado. El hombre de la basura llama a la puerta de la Casa Blanca y el principal inquilino pregunta por el precio. "Así, a ojo, 700.000 millones de dólares y un centavo", tantea el hombre de la basura. Bush responde: "¡Nos la quedamos toda!". La diferencia entre la versión marxista y la actual es que la primera era un diálogo y la presente, un monólogo. El hombre de la basura y el presidente son la misma persona. Un economista respetable, Paul Krugman, resume el proceso con sarcasmo: "Lo impensable se ha vuelto inevitable". Como con el fútbol, la diferencia entre quién sabe y no sabe de economía parece haberse reducido al tamaño de una uña. Entiendo por respetable quien haya estado haciéndose preguntas sobre el coste de la guerra y la verdadera naturaleza de estas cumbres codiciosas. Hay un nervio que une las cadenas de Guantánamo y el tintineo excitado de Wall Street: una época de estado de inmoralidad permanente. El presunto plan salvador, en las antípodas del new deal, no parece otra cosa que llevar este videojuego hasta el final. Lo deduce con precisión otro investigador respetable, Michael Hudson. ¿Qué se pretende? Socializar las pérdidas. Desplazar la carga fiscal hacia el trabajo. Y entrampar a Obama, añado. Mientras tanto, nuestros tanques del pensamiento se ensañan con el optimismo táctico de Zapatero y jalean a McCain, el doble de Bush, que no sabe ni dónde está España. ¡Viva el hombre de la basura!

Fuente: El País
Manuel Rivas es escritor, poeta, ensayista y periodista. Más información en Wikipedia

De cómo la crisis desmonta la falacia neoliberal, por Xavier Caño Tamayo


La actual crisis financiera y la intervención estatal para amortiguarla ponen en tela de juicio el dogma de que el mercado es el que regula la economía. Si nada ganábamos cuando se forraban, por qué hemos de perder cuando se la pegan.

En el verano de 2007 estalló la crisis. El banco francés BNP suspendió fondos de inversión por impagos del sector estadounidense de hipotecas basura. El Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal (Fed) inyectaron millones de euros y dólares en bancos. Compras públicas de entidades para su rescate y de activos contaminados, inyecciones millonarias… El Gobierno estadounidense nacionaliza Fannie Mae y Freddie Mac, firmas que avalan casi la mitad de créditos hipotecarios estadounidenses, cuando sufren enormes pérdidas por impagos.

El catedrático de economía Juan Torres lo resume así: “La deuda creada con el boom inmobiliario estadounidense, y en general en los demás países, es excesiva e insostenible. Esa deuda se basa en papeles financieros de escaso valor, opacos, arriesgados y volátiles, como hipotecas de millones de personas que dejan de pagar. (…) Pero el pastel se descubre cuando los bancos no pueden disimular más tiempo sus inversiones en paquetes de hipotecas basura sin valor y en fondos inmobiliarios sin mercado”.

¿Por qué se extiende la crisis a otros sectores? Torres nos lo cuenta: “Al dedicar muchos recursos a especulación inmobiliaria, en productos financieros opacos y peligrosos, los bancos han incentivado la actividad económica que menos riqueza y empleo crea. Y cuando la burbuja, que ellos mismos han creado con la complicidad de los bancos centrales, estalla, comprueban que sus balances hacen aguas, no tienen liquidez y se han evaporado sus depósitos. Y cierran el grifo a empresarios y consumidores. Así ahogan la actividad económica y provocan desempleo masivo, subidas de precios desorbitadas por la especulación y crisis sin parangón. Los bancos y entidades financieras son culpables de lo que pasa”.

De mala suerte o desastre impredecible, por tanto, nada de nada. Joseph Stglitz, Nobel de Economía, lo juzga lúcidamente: “Esta crisis es fruto de la falta de honestidad de las instituciones financieras y de la incompetencia de los políticos”.

Y ahora, Wall Street recibirá mucho dinero público para comprar activos envenenados por las hipotecas basura, que fulminan balances de bancos y paralizan la economía real estadounidense, y así sacarlos de los balances de entidades financieras: 700.000 millones de dólares; el PIB de Suecia son 500.000 millones.

El coste de esta crisis para los estadounidenses superará el billón de dólares. En abril, el Fondo Monetario Internacional calculaba pérdidas de 945.000 millones de dólares, equivalente al producto interior bruto de México. Ahora rectifica: serán 1,3 billones de dólares elevando la deuda pública estadounidense a 11,3 billones de dólares para salir al rescate. Los congresistas estadounidenses han entendido el plan de rescate del sistema financiero: “Les das buen dinero y a cambio te dan lo peor”.

El ex presidente del gobierno español, Felipe González, ha reconocido que “no es cierto lo que creíamos de que el mercado regula la economía”. Y los eurodiputados del Parlamento europeo diagnostican que el mercado ha fracasado, porque no ha habido vigilancia ni transparencia. Eurodiputados de todos los colores declaran que “los tiempos de la desregulación absoluta han pasado. Los mercados no se autorregulan (…). Necesitamos regular los mercados. Debemos establecer reglas y necesitamos un árbitro (…). En los mercados hay ladrones y por eso se necesita policía”.

El primer ministro británico, Gordon Brown, el jefe del gobierno español, Rodríguez Zapatero, y el presidente brasileño Lula da Silva, reunidos en Nueva York, piden crear un organismo internacional que supervise y controle el sistema financiero.

Bienvenidos a la razón y a la lucidez. Ahora hay que imponer transparencia financiera y regular el mundo financiero y someterlo al control de la democracia.
Es indecente profesar fe en el mercado con vacas gordas y suplicar la intervención gubernamental (¡tan antineoliberal!) con vacas flacas… para que el dinero público pague las deudas.

Una campesina ilustra en una caricatura de un humorista español: Si nada ganábamos cuando se forraban, porque hemos de perder cuando se la pegan.

Xavier Caño Tamayo es periodista y escritor
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias
Viñeta de El Roto en El País

27/9/08

La crisis (1), por Manuel Castells

Vivimos la crisis más profunda de la economía mundial desde 1929. Es una crisis financiera relacionada con una crisis del mercado inmobiliario.

Tiene su epicentro en EE. UU. pero se difunde mundialmente mediante la interdependencia de los mercados financieros globales. Sus raíces están en la desregulación de las instituciones financieras que fue acelerándose desde 1987. Surgió un nuevo sistema financiero que aprovechó las tecnologías de información y comunicación y la liberalización económica para innovar sus productos y generar una expansión sin precedentes de los mercados de capital. Se afanó en transformar cualquier valor, actual o potencial, en activos financieros, rentabilizando tanto el tiempo (mercados de futuros) como la incertidumbre (mercados de opciones) y procediendo a la titularización financiera (securitization) de cualquier tipo de bienes y servicios, activos y pasivos financieros y de las propias transacciones financieras.

Así, uno de los mecanismos más perniciosos en la crisis actual es la compraventa de valores a corto plazo, una práctica especulativa en la que se opera sin cobertura alguna de capital (naked short shelling). Un ejemplo de desregulación financiera son los fondos de cobertura (hedge funds) que escapan a cualquier control y administran inversiones de grandes capitales en operaciones de alto riesgo. Son sobre todo compañías de seguros y fondos de pensiones quienes invierten en estos fondos frecuentemente localizados en paraísos fiscales. Pero el cambio más profundo es la generalización de los derivados financieros, productos sintéticos que integran distintos tipos de activos de distintos orígenes y se mezclan en un producto nuevo cuya cotización depende de múltiples factores distribuidos globalmente. La complejidad de estos productos hace imposible su identificación, por lo cual desaparece la transparencia financiera, base de una contabilidad rigurosa capaz de informar a los inversores.

En algunos productos se mezclan valores sólidos con lo que en la jerga bancaria española se llaman chicharros o valores basura. En último término, el ahorro mundial (el suyo también) está en manos de gestores financieros apenas regulados que operan en la oscuridad contable mediante mecanismos cada vez más desligados de la economía y de la auditoría. Cierto que en una época de alto crecimiento de la productividad hace una década el dinamismo de los mercados financieros permitió una expansión económica global que creó empleo y demanda, incorporando a la economía mundial a grandes economías emergentes y ampliando la base del capitalismo.

Así, entre 1950 y 1980 por cada dólar generado por el crecimiento económico en la OCDE, se crearon 1,5 dólares de crédito. En el 2007 la proporción era de de 1 a 4,5. Pero el precio pagado por ese aumento de liquidez para empresas y hogares ha sido el endeudamiento masivo y la inseguridad financiera. La titularización financiera representó el 70% del aumento de los mercados de deuda entre el 2000 y el 2007.

Era un ejercicio de alto riesgo. Y se rompió por el punto más débil: la burbuja inmobiliaria.

Cuando la gente tiene algo de dinero (o lo puede conseguir fácilmente) piensa primero en comprar una casa.

Y como las financieras hacen tanto más dinero cuanto más dinero venden relajaron los controles de sus hipotecas aprovechando su libertad. Así surgieron las hipotecas basura (subprime)que se hicieron impagables para cientos de miles de familias que arriesgaron más de lo que podían. Como el mercado inmobiliario se hundió, el valor de las casas que los bancos usaban como garantía de préstamos no pudo compensar las pérdidas, poniendo en peligro las instituciones detentoras de hipotecas. En EE. UU., Fannie Mae y Freddie Mac, los bancos hipotecarios con garantía federal, no pudieron absorber la deuda con sus propios fondos y tuvieron que ser nacionalizados. Además esos activos inmobiliarios devaluados servían de garantía para los valores de fondos de inversión que vieron rebajada su cotización. Los inversores, con razón temerosos de la seguridad de su dinero, lo desviaron hacia bonos del Tesoro garantizados a plazo fijo o al oro y otros activos típicos de tiempos inciertos. Lo cual sustrajo una enorme masa de capital a los bancos de inversión que ya estaban inmersos en una vorágine de inversiones no garantizadas mediante fondos que ni ellos mismos sabían de dónde salían o dónde estaban.

Y es que el conjunto del sistema estaba basado en el principio de hacer girar la inversión cada vez más deprisa, expandiendo el mercado a base de inyectar dinero y recogiendo los frutos de esa expansión a través de la transformación inmediata de beneficios y ahorros en activos financieros. A partir del momento en que se genera incertidumbre se quiebra la base del sistema financiero. Y cuanto más alto volaba un banco más dura fue la caída, por la dimensión de su descubierto. Así han ido cayendo los cinco grandes bancos de inversión del mundo (todos estadounidenses) y aunque algunos, como Goldman Sachs, han sido rescatados por el Gobierno y los inversores, sólo sobreviven como bancos de depósito. Se acabó pues, aunque el proceso aún está en curso, la gran banca de inversión que había caracterizado la globalización financiera de nuestro tiempo. La falta de regulación permitió también a las aseguradoras, empezando por el gigante mundial AIG, especular con los fondos de sus asegurados, llegando al borde de la bancarrota cuando su capital propio sólo cubrió una pequeña parte de sus obligaciones. Si ni siquiera se puede estar seguro de los que aseguran, la desconfianza se generaliza. Por eso el Gobierno estadounidense refinanció AIG porque su caída hubiera tenido consecuencias trágicas.

Pero la tragedia sigue acechando. Porque si la incertidumbre continúa, nadie invierte y nadie presta. Y sin dinero, las empresas reducen actividad, aumenta el paro, cae la demanda y la espiral recesiva se convierte en torbellino destructor de economía y vidas. De eso hablan en Washington, mientras algunos intentan irse de rositas de lo que provocaron y otros medran con los despojos. Continuará.

Fuente: Periódico La Vanguardia

Manuel Castells en Wikipedia

26/9/08

El libre mercado no ha muerto, por Naomi Klein


Sea cual sea el significado de los acontecimientos de la semana pasada, nadie debería creer las exageradas afirmaciones de que la crisis de los mercados señala la muerte del libre mercado. La ideología del libre mercado siempre ha servido a los intereses del capital, y su presencia crece y disminuye dependiendo de la utilidad para dichos intereses.

En épocas de auge, resulta provechoso predicar el laissez faire porque un Estado poco presente permite el crecimiento de las burbujas especulativas. Cuando esas burbujas estallan, la ideología se convierte en una traba y entra en estado de hibernación mientras el “gran gobierno” corre a prestar auxilio.

Ahora bien, que nadie se llame a engaño: la ideología volverá a rugir en cuanto haya concluido el rescate. Las deudas astronómicas que están acumulando los ciudadanos para sacar de apuros a los especuladores se convertirán entonces en parte de una crisis presupuestaria global que servirá de justificación para grandes recortes de los programas sociales. Se nos dirá también que nuestras esperanzas de un futuro verde son, por desgracia, demasiado costosas.

Lo que no sabemos es cómo responderá la opinión pública. No debe olvidarse que, en Estados Unidos, todos los menores de 40 años han crecido con la cantinela de que el Gobierno no puede intervenir para mejorar nuestra vida, que el Estado es el problema, no la solución, que el laissez faire es la única opción. Ahora, vemos de repente un Gobierno extremadamente activista e intervencionista dispuesto, al parecer, a hacer cuanto haga falta para salvar a los inversores de sí mismos.

Este espectáculo plantea de forma inexorable una pregunta: si el Estado puede intervenir para salvar las corporaciones que aceptaron riesgos temerarios en los mercados inmobiliarios, ¿por qué no puede hacerlo para impedir las ejecuciones hipotecarias de millones de estadounidenses?

Y, también, si es posible que puedan aparecer como por ensalmo 85.000 millones de dólares para comprar la aseguradora gigante AIG, ¿por qué una asistencia sanitaria pública (que debería proteger a los estadounidenses de las prácticas depredadoras de las aseguradoras médicas) es al parecer un sueño inalcanzable? Y, si cada vez más corporaciones necesitan fondos de los contribuyentes para mantenerse a flote, ¿por qué los contribuyentes no pueden plantear demandas a cambio, como topes a los sueldos de los ejecutivos o una garantía contra nuevas destrucciones de empleos?

Ahora que está claro que los gobiernos pueden intervenir en tiempos de crisis, les será mucho más difícil alegar impotencia en el futuro. Otro cambio potencial tiene que ver con las esperanzas del mercado acerca de futuras privatizaciones.

Durante años, los bancos de inversión globales han estado presionando a los políticos para conseguir dos nuevos mercados: el resultante de la privatización de las pensiones públicas y el resultante de una nueva ola de privatizaciones o casi privatizaciones de carreteras, puentes y sistemas de tratamiento de agua.

Estos dos sueños se han hecho mucho más difíciles de vender: los estadounidenses ya no están en disposición de confiar sus activos individuales y colectivos a los agentes temerarios de Wall Street, sobre todo porque parece más que probable que los contribuyentes tengan que pagar para volver a comprar sus activos cuando estalle la siguiente burbuja.

Dado el descarrilamiento de las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio, esta crisis también podría ser el catalizador de un enfoque radicalmente alternativo a la regulación de los mercados y los sistemas financieros mundiales. Estamos presenciando ya un movimiento hacia la “soberanía alimentaria”, en lugar de dejar el acceso a los alimentos a los caprichos de las grandes compañías. Quizá haya llegado la hora de ideas como el impuesto a los flujos de capitales, que frenaría la inversión especulativa, así como otros controles globales sobre los capitales.

Y ahora que la nacionalización ya no es una palabrota, las compañías del sector del petróleo y el gas deberían andarse con cuidado: alguien tiene que pagar el cambio a un futuro más verde, y tiene mucho más sentido que el grueso de los fondos proceda del más que rentable sector responsable de nuestra crisis climática. Mucho más sentido, desde luego, que crear otra peligrosa burbuja con el comercio de los derechos de emisión.

Con todo, la crisis que estamos presenciando pide cambios aún más profundos. La razón por la que se permitió la proliferación de los préstamos basura no es que los reguladores no comprendieran el riesgo, sino que tenemos un sistema económico que mide nuestra salud colectiva sobre la base exclusiva del crecimiento del PIB.

Mientras los préstamos basura estuvieron impulsando el crecimiento económico, nuestros gobiernos los apoyaron de modo activo. Por ello, lo que de verdad pone ahora en entredicho la crisis es el compromiso irreflexivo con el crecimiento a cualquier precio. Esta crisis debería llevarnos a que nuestras sociedades midan de un modo radicalmente diferente la salud y el progreso.

No obstante, nada de esto sucederá sin una intensa presión pública sobre los políticos en este momento decisivo. Y no una presión educada, sino una vuelta a las calles y al tipo de acción directa que desembocó en el new deal durante la década de 1930. Sin semejante presión, se producirán cambios superficiales y un regreso lo más rápido posible al aquí no ha pasado nada.

Naomi Klein es columnista de ´The Nation´ y ´The Guardian´. Su último libro es ´La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre´
Fuente: Periódico La Vanguardia

"Inexplicabilidad", por José García-Montalvo

Ayer por la noche, un vez finalizado el programa, Juan García (el director del espacio de economía La Plaza de Onda Cero) comentaba con cierta perplejidad la rapidez con la que la economía española se ha parado y la velocidad a la que el sistema financiero estadounidense se ha venido abajo. Según Juan era difícil de explicar. Ésta es una opinión muy compartida. Pero me pregunto que se podía esperar cuando un sector como el inmobiliario (que según las tablas input-output españolas represente directa e indirectamente el 30% de la actividad económica) se para de golpe como consecuencia de la desaparición del mayor incentivo a comprar vivienda de los últimos años (la expectativas de revalorización).

Y aquí se puede enlazar con la rápida caída del sistema financiero en Estados Unidos. La clave es el excesivo apalancamiento. En el fondo del problema está el valor de las viviendas que soportan las hipotecas que fueron empaquetas y titulizadas. El valor de los títulos depende de la probabilidad de impago de las hipotecas que, al final, depende del precio de la vivienda (dos motivos: el propietario simplemente devuelve las llaves cuando su capital neto se convierte en negativo, dejando el título sin la secuencia de rentas esperadas, y las casas embargadas se pueden vender por menos). Hagamos un cálculo sencillo: una apuesta efectuada con un 95% de deuda (nivel de apalancamiento alto pero habitual en algunas entidades y fondos) sobre un bien cuyo precio cae un 16% en un año (caída del precio de la vivienda en el último año según el índice Case-Shiller) genera un rentabilidad negativa del 320% ¿Cuánto tiempo tardaría una apuesta fuerte de este estilo en "comerse" el capital de un banco de inversión? ¿Cuánto valor pueden perder unos activos titulizados cuyo precio se ha calculado bajo el supuesto (para calcular el precio de cualquier activo o derivado siempre es necesario hacer supuestos) de que el subyacente no podía perder valor (cuando no se hacía el supuesto de crecimiento sostenido del precio)? Esta cota inferior en el precio del subyacente implica una valoración muy optimista de los títulos.

Volviendo a España. Con la certidumbre de la caída de precios de la vivienda, ¿quién puede extrañarse de que unos individuos que tienen que comprar apalancándose al 90-95% dejen de comprar?¿No era totalmente lógico esperar un parón espectacular en la compra de viviendas y sus consecuencias sobre el resto de la economía?

José García-Montalvo es profesor de Economía en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y profesor del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE)
Fuente: Blog de José García-Montalvo

La crisis será en L, no en V, por Arsenio Escolar

A medida que van pasando las semanas y conociéndose uno detrás de otro toda una ristra de malos datos económicos, distintos altos cargos de la zona económica del Gobierno van mostrándose en privado más pesimistas.

Antes de verano, aún hablaban de que la crisis sería en V: caída fuerte de la actividad económica y rebote rápido igual de fuerte. Ahora, quizás también influenciados por la crisis mundial de los mercados financieros, ya prácticamente todos hablan de que la crisis será en L: desplome de la actividad económica y, una vez tocado el suelo, ningún rebote, sólo una larga meseta de imprevisible duración.

Hace pocas horas, un alto cargo del Ejecutivo que dispone de muchos datos y de un potente servicio de estudios me decía incluso que, del tramo descendente de la L, aún no hemos recorrido ni la mitad, aún nos queda mucho para el suelo.

¿Y hay que decírselo así de crudamente al enfermo? Los médicos están divididos, pero van ganando de momento los que son partidarios de no decírselo, o de decírselo muy poco a poco. Creen que el estado del enfermo se agravaría aún más y más deprisa si supiera de repente lo mal que está.

Arsenio Escolar es director del diario 20 minutos
Fuente: Blog de Arsernio Escolar

23/9/08

“El origen de la crisis en EEUU y en España es el mismo: apostar a que el precio de la vivienda nunca baja”


“El origen de la crisis en EEUU y en España es el mismo: apostar a que el precio de la vivienda nunca baja”, sostiene José García Montalvo, profesor de Economía en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y profesor del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE). El Confidencial se puso en contacto con él a propósito de los acontecimientos financieros acaecidos en EEUU, que sigue a diario en su blog. En esta entrevista, compara la crisis estadounidense con la española. “Aquí es peor”, asegura.

P.- ¿Considera que sirven para algo las medidas adoptadas por las autoridades para atajar la crisis?

R.- Todo esto es consecuencia de un proceso que no se cerró bien y que ha ahora está dando coletazos. Lo único que se está haciendo es ganar tiempo, pero no dejan de ser parches, porque no se está dando soluciones al problema fundamental. La semana pasada sucedieron tres cosas que modifican sustancialmente las reglas del juego: primero, se han prohibido las ventas a corto. Habría que preguntarse por qué no hubo límites cuando la tendencia era hacia arriba. Segundo, la garantía federal de todos los fondos monetarios. Y tercero, el Secretario del Tesoro tiene autoridad para comprar los activos tóxicos de los bancos. En este punto surge la duda de si no es mejor regular antes que tener que limpiar luego los desastres. Porque ahora nos encontramos ante un riesgo sistémico. Realmente, las medidas adoptadas estos días, tales como prohibir las ventas a corto, o detener los mercados varios días (como en Rusia) son muy extraordinarias.

P.- ¿Cuál es el problema fundamental al que se refiere?


R.- El problema fundamental es que todos apostaron a que el precio de la vivienda no bajaría. Y todas esas apuestas han salido mal. Ése es el origen de todos los problemas. Pero no se está actuando sobre este problema, sino sobre sus consecuencias financieras.

P.- O sea, ¿el origen de la crisis es el mismo en EEUU que en nuestro país?

R.- Sí, pero aquí es peor. En Estados Unidos, el precio agregado nunca había bajado. Pero aquí sí que había sucedido. No creo que pueda hablarse de desconocimiento.

P.- Aunque con distinto timing ¿la burbuja inmobiliaria española puede pasar por las mismas fases que la estadounidense?

R.- Sí. Hay un efecto espejo con EEUU. De hecho,vamos un año o un año y medio por detrás. Habrá que ver si el sistema financiero español es tan sólido como dicen. Por ejemplo, los APIS de Barcelona ya están registrando caídas de precios de la vivienda del 7%. Los datos ya existentes y los que están por venir van a dejar en evidencia que ese supuesto básico de que los precios de la vivienda nunca bajan no se cumple. Muchos de esos activos van a perder valor y las agencias calificadoras empezarán a degradar entidades financieras (de hecho este proceso ya ha comenzado). Si el subyacente vale menos, el título es más arriesgado. Al final, subprime sólo quiere decir que el señor que ha contratado una hipoteca tiene una probabilidad significativa de no devolver el préstamo. ¿Cuántos de estos señores va a haber en la economía española? Pues bastantes. Especialmente si el desempleo sigue creciendo. Ya está cerrada incluso la refinanciación.

P.- Siguiendo el paralelismo, en España ha habido burbuja de crédito y de precios. Pero en EEUU la burbuja de construcción de viviendas no ha tenido la dimensión de la española


R.- Es verdad. El stock [número de viviendas sin vender] en EEUU cubriría once meses y medio al ritmo actual de ventas. En España, a final de 2008 habrá viviendas nuevas en el mercado sin vender para más de 4 años (al ritmo actual de ventas). De hecho, es el mejor indicador para valorar la dimensión de la crisis en España.

P.- ¿Qué otras diferencias hay entre ambos mercados?


R.- En EEUU, hay mucho cliente subprime que ha firmado una hipoteca sabiendo que seguramente no podría pagar. Era como pagar un alquiler y esperar a ver si los precios de la vivienda subían. Pero allí, a diferencia de aquí, lo resuelven devolviendo las llaves.

P.- ¿Quiénes son los culpables de la crisis?


R.- Hay mucha culpa compartida. En este juego ha habido muchos jugadores. En España, quien más quien menos ha querido jugar a ser 'El Pocero'. Pero ha habido responsabilidades privadas y públicas. Se ha jugado con las expectativas y también ha habido un problema de incentivos clásico a la hora de empaquetar y colocar hipotecas. En el caso de las calificadoras, ha habido incentivos perversos, porque las entidades han pagado para obtener la máxima calificación, en lo que se conoce como rating shopping.

P.- ¿También se podría hablar de 'tasing' shopping?


R.- También. En España, las tasaciones en muchas ocasiones se han ajustado a las necesidades del comprador. Además, las hipotecas concedidas por más del 100% del valor real de tasación se pueden interpretar como que un mismo acto hipotecario se ha dado un préstamo por el 80% y otro adicional por la diferencia. Por tanto, en España se han concedido gran cantidad de hipotecas que llevan implícito un home equity loan.

P.- ¿Cuál es la perspectiva para los bancos y, especialmente, las cajas de ahorros españolas? Ya se está hablando abiertamente de la posibilidad de que las cajas comiencen un proceso de fusiones.


R.- En un cálculo simple (sin considerar las nuevas provisiones específicas a medida que aumenta la morosidad) las garantías de las provisiones genéricas se acabarían rápido: tan pronto como se alcance el 3,5% ó el 4% de morosidad. Y los banqueros ya están aceptando sin recato índices de morosidad cercanos al 3%. Las fusiones difícilmente serán la solución pues el riesgo es difícilmente diversificable. Si miramos a EEUU, Bank of America compró Countrywide, cargado de subprime. Y Merrill Lynch estaba asfixiado por títulos tóxicos. Bank of America se hizo con Merrill la semana pasada. ¿Dónde está la diversificación? Simplemente ser más grande tiene ventajas (mayor probabilidad de que el gobierno acuda al salvamento) pero lasf usiones no tienen mucho sentido como fuente de diversificación de riesgo. Con las cajas pasa lo mismo: ganar tamaño puede suponer la capacidad para ser salvadas. El tamaño en este caso importa.

P.- ¿En este proceso de socialización de las pérdidas, ¿quién va a pagar la fiesta?


R.- Los contribuyentes. Por otra parte, los accionistas de las empresas rescatadas tampoco deben de estar muy contentos.

P.- IndyMac ha sido estatalizado por la Administración norteamericana y al poco tiempo ha quebrado. ¿Es previsible que las hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac o la aseguradora AIG quiebren después de ser nacionalizadas?

R.- No es descartable. Ha habido un descontrol absoluto. En el caso de Fannie y Freddie hay agravantes. Antes de ser nacionalizadas, absorbieron gran parte de las hipotecas tóxicas de otras entidades. Además, han estado haciendo contabilidad creativa a pesar de ser empresas esponsorizadas por el Gobierno Federal.

P.- A nivel ideológico, hay a quien le sorprende que estas medidas las tome precisamente EEUU, precisamente la Administración Bush


R.- En EEUU hay dos niveles ideológicos. El estadounidense es un tipo muy práctico y muy liberal. Cuando hay que actuar, actúa. No es la primera vez: ya se salvó a Chrysler en el 79, actuó en la crisis de las cajas de ahorros e intervino con LTCM. Está interviniendo constantemente.

P.- Bank of China ha anunciado que comprará el 20% de Edmond de Rothschild, Nomura se ha hecho con los activos asiáticos de Lehman Brothers, capital árabe es accionista de Citigroup ¿Cuál es la trascendencia geopolítica de lo que está pasando?

R.- Se está dando algo que yo llamaría justicia poética: los que han creado el problema se están tragando parte de aire de la burbuja a medida que escapa.

P.- ¿Es posible que las entidades nacionalizadas puedan ser privatizadas cuando se recuperen? ¿Eso no supondría una nueva privatización de las ganancias?

R.- En principio, la idea es precisamente volver a vender los activos adquiridos ahora una vez pasen los problemas y, si es posible, que cueste lo menos posible al contribuyente. La cuestión importante es saber a qué precio se comprarán los activos tóxicos de las entidades financieras. Habrá presiones para que el Gobierno Federal pague más de su valor real que, por cierto, es muy difícil de determinar. Durante la Gran Depresión, el Congreso de EE.UU. puso en marcha la HOLC (Home Owners Loan Corporation), que tenía por objeto comprar hipotecas de ciudadanos que tenían problemas para pagarlas. La HOLC se financiaba en los mercados de capitales y a través del Tesoro y cerró sus operaciones en 1951 con un pequeño beneficio, a pesar del enorme riesgo de la operación. Nótese la diferencia entre la HOLC y la operación del viernes pasado: en la Gran Depresión, el objetivo era ayudar a reestructurar las hipotecas de las familias que tenían problemas para pagar. La semana pasada, las medidas fueron dirigidas a salvar a los bancos que, en buena medida, son los causantes últimos del desbarajuste actual.


Fuente: Entrevista de Fátima Martín publicada en Cotizalia de El Confidencial

22/9/08

Gigantes financieros: irán cayendo uno detrás de otro, por Juan Torres

“Esta crisis es el fruto de la falta de honestidad de las instituciones financieras y de la incompetencia de los políticos” (Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía)

Es muy difícil que los ciudadanos normales, los que contamos como mucho en unos cuantos cientos de euros, nos demos cuenta del alcance real que está teniendo la crisis financiera y el desastre gigantesco que se está produciendo en los mercados.

Entre otras cosas, porque se están encargando de ocultarlo y, sobre todo, de disimular sus verdaderas causas.

Hemos perdido ya la cuenta de los grandes bancos, fondos de inversión o aseguradoras que han quebrado y de la cifra de los rescates que están pagando los bancos centrales y gobiernos para tratar de salvar a otros muchos.

Solo en esta semana son cientos de miles de dólares los que se han volatilizado, los que las autoridades han tenido que poner a disposición de los mercados (quiero decir, de los grandes banqueros y financieros que son, en realidad los que tienen cabeza, sentimientos y, sobre todo, bolsillo y no los mercados, como se nos dice) para inyectar la liquidez que parece haber desaparecido por completo.

Los ciudadanos se preguntan qué está pasando y qué es lo que va a pasar pero los medios de comunicación (la mayoría participados de modo determinante por los propios bancos) y los responsables gubernamentales apenas si se limitan a balbucear vaguedades y justificaciones abstractas que nada aclaran.

En realidad, lo que ha pasado es bastante simple.

Nuestro sistema económico se ha ido consolidando como un sistema financiarizado porque la compra y venta de activos financieros, de papel, se ha convertido en la forma más fácil y rápida de obtener beneficios. Aunque también la más arriesgada y peligrosa.

Lo que ocurre es que para que eso haya sido posible ha resultado necesario expandir la generación de deuda hasta límites gigantescos.

Hasta hace unos decenios la deuda la generaban los bancos con el fin de crear más dinero con el que podían financiar nuevas actividades económicas productivas.

Hay que saber algo muy sencillo. Cuando Pedro le presta a Solbes 100 euros en metálico, la cantidad de dinero existente en la economía permanece inalterada. Pero cuando Pedro deposita su billete de 100 euros en el Botine' s Bank y luego éste presta a Solbes 80 euros, resulta que la cantidad de dinero existente en la economía aumenta en 80 euros. Es verdad que no varia la cantidad de dinero en metálico (100€), pero sí el llamado "dinero bancario" que Botine's Bank acaba de crear (80€).

Es fácil entender el atractivo que tiene este aparentemente mágico negocio bancario: solo recogiendo en un lado, depositando una parte y prestando a otro se obtiene un sabroso beneficio y además se crea dinero que no es un mero papel sino, sobre todo, un instrumento de poder y decisión.

Cuanta más deuda se crea, más beneficio y cuanto más beneficio, más deuda se demanda.
Pero si esto se hacía tradicionalmente para financiar la actividad económica, lo que ahora sucede es que el dinero bancario se utiliza para realizar operaciones financieras que nada tienen que ver con las productivas que crean riqueza y empleo.

Y la crisis actual se ha producido porque hemos llegado al paroxismo. Por un lado, la deuda creada alrededor del boom inmobiliario de Estados Unidos y en general en los demás países es ingente, excesiva e insostenible. Por otro, esa deuda está basada cada vez más en papeles de muy poco valor, muy opacos, tremendamente arriesgados, volátiles, y muchos de ellos literalmente sin valor, como las hipotecas de millones de personas que han dejado de pagarlas.

Como la multiplicación de todas esas operaciones en papeles tan arriesgados llevaba consigo un peligro muy grande, y como se trataba de inversiones que se hacían con cargo a los depósitos o ahorros de particulares y empresas, los bancos trataron de disimular el pantanal de riesgo en el que se estaban metiendo. Y lo hicieron con la complicidad de dos instituciones que se han mostrado como auténticas corresponsables de la crisis: las agencias de rating que alteraban la calificación real de esos valores para hacer creer que no tenían problema, y los bancos centrales, que dejaron hacer libremente sin intervenir, o incluso facilitando todo ello, como en el caso de Estados Unidos.

Pero el pastel estaba llamado a ser descubierto y se descubrió cuando uno detrás de otro los bancos no pudieron disimular por más tiempo sus inversiones en subprime, en paquetes de hipotecas sin valor, en fondos inmobiliarios que ya no tenían mercado, en burbujas que habían estallado o estaban a punto de hacerlo...

Comenzaron a quebrar o a hundirse uno detrás de otro y en esas estamos.

La procesión ha comenzado pero que nadie crea ni por asomo que se atisba su final. De hecho, en España ni siquiera ha comenzado, y es seguro que comenzarán a caer también.

Es seguro que van a seguir cayendo uno detrás de otro mientras que no se corte de raíz este proceso infernal de derivación financiera, de especulación desmedida, de descontrol de los capitales, de inversiones en burbujas...

Y es seguro que van a seguir cayendo mientras que los bancos centrales sigan haciendo lo que están haciendo: echar leña al fuego inyectando cada vez más dinero que no sirve sino para que las grandes financieras sigan haciendo lo único que saben hacer y que es lo que ha provocado la crisis.

Se ha llegado a una situación tan extrema que ya no cabe más solución que hacer mesa limpia, gobernar al dinero, domeñar a las finanzas, someter a los banqueros al poder de la democracia ciudadana, obligar a que la financiación esté al servicio de las empresas y los consumidores, prohibir el delito financiero continuado en paraísos y evasiones fiscales, imponer la transparencia y obligar a los ricos respeten también principios elementales de moralidad y equidad.

Pero los que están en el poder no dicen ni quieren hacer nada. Ni son conscientes de lo que han liado ni tienen la más mínima idea de por dónde empezar a cortar ni, por supuesto, tienen la valentía suficiente para decirle a los banqueros y financieros que han provocado todo esto que hasta aquí hemos llegado y que tienen que hacer frente al desaguisado.

Tendremos que decirlo los ciudadanos.


Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga (España). Mantiene una página web (Ganas de Escribir: www.juantorreslopez.com) y coordina la página web dedicada a información económica www.altereconomia.org.

Fuente: Ganas de escribir (www.juantorreslopez.com), artículo publicado en Sistema Digital

La semana en la que el capitalismo tampoco cambiará, por Ignacio Escolar

En estos días extraños en los que la patronal pide un paréntesis en el libre mercado, George Bush nacionaliza las pérdidas de la banca y el Gobierno comunista chino puja por comprar el único gran banco de inversión que aún no ha quebrado, ¿alguien sabe en qué cueva se esconde el Fondo Monetario Internacional (FMI)? En Corea del Sur se acuerdan mucho de él. Hace una década, durante la crisis de los tigres asiáticos, a finales de los 90, el FMI puso una condición innegociable para rescatar al país del terremoto financiero: que el gobierno no ayudase a los bancos y demás empresas al borde de la bancarrota. Decían los apóstoles del FMI que era mejor para la economía que esas compañías quebrasen porque así el ‘ajuste’ –ese eufemismo– sería mucho más rápido. Medicina neoliberal: la mejor manera de sanar al enfermo es matarlo para que su hijo ocupe pronto su lugar en la fábrica.

Ahora que el enfermo es Estados Unidos la receta es muy distinta. No es país para corralitos. “Está muy bien decir ‘dejen que el sistema financiero siga, que consiga su equilibrio’ (…) pero cuando se enfrentan ataques especulativos, los precios se pulverizan y parece que las grandes corporaciones van a colapsar, es natural que el gobierno intervenga y diga ‘no podemos dejar que esto suceda”, argumenta ahora Raghuram Rajan, ex economista jefe del FMI. Y así, como lo más natural del mundo, el país donde supuestamente mejor funciona el mercado descubre que la mano incorrupta y milagrosa de Adam Smith, de tan invisible, ni está ni se la espera. “La intervención del Gobierno era esencial, dado el precario estado de los mercados”, explica George Bush, presidente de los Estados Socialistas de América.

Entre los 700.000 millones de dólares de este último empujón y lo que ya llevan gastado en los demás ‘rescates’, la factura ya ronda los dos billones de dólares; cerca del 15% del PIB anual estadounidense. Es probable que esta losa –un nuevo éxito para los libros de historia de la era neocon de Bush– agudice aún más otro proceso que ya está en marcha: la decadencia del imperio americano, el fin de la hegemonía unilateral de la que disfruta EEUU desde la caída del muro de Berlín. ¿Será también el fin del capitalismo tal y como lo conocemos? ¿Aprenderá el mundo de sus errores? ¿Nacerá de estas cenizas un nuevo modelo económico donde el libre mercado sea un método y no un fin? Por desgracia, la respuesta es no.

Hay una viñeta de Tintín que describe muy bien qué ha sucedido en los mercados financieros durante los últimos años. Es uno de los gags de “Aterrizaje en la Luna”. Tintín avisa a la tripulación, que flota ingrávida, de que en pocos segundos el cohete entrará dentro del campo de gravedad de la Tierra. “Sujetaos a algo”, grita Tintín. Y los inefables detectives Hernández y Fernández obedecen. Hernández se agarra a Fernández. Fernández se aferra a Hernández. Y, cuando la gravedad regresa, ambos se van al suelo.

La explosión de la burbuja inmobiliaria ha recordado al mercado la manzana de Newton: que lo que sube tiene que bajar. “Hemos llevado al capitalismo a su perfección, hemos acabado con el riesgo”, presumía hace unos años un bróker de la City londinense. El invento, sobre el papel, parecía bueno. El riesgo también se puede vender, y sobre eso se desarrolló el capitalismo abstracto sobre el que se levantaba el castillo de naipes que ahora se ha desmoronado. Doy hipotecas a los que no las pueden pagar, al tiempo que emito un bono (con una rentabilidad menor que el tipo de interés que cobro al hipotecado) que me permita recuperar el dinero lo antes posible y así volverlo a prestar otra vez. Esos bonos de cobro dudoso, los de las hipotecas de los pobres, quedan en teoría compensados por otros más seguros, los de las hipotecas de la clase media. Se mezcla el chóped con el jamón y así el riesgo desaparece; la banca siempre gana y los pisos nunca bajan de precio. Con esa misma fórmula, repetida mil veces, el riesgo se coló en la máquina y ascendió más y más hasta el corazón de las finanzas. Por el camino, una serie de vigilantes privados a sueldo del vigilado (que alguien pruebe ese mismo método en las cárceles, a ver qué tal) certifican que el enfermo goza de buena salud. Todo va bien mientras gira el carrusel. Todo va bien hasta que vuelve la ley de la gravedad –los hipotecados dejan de pagar, primero los pobres pero después también la clase media– y la banca se estrella contra el suelo mientras se pregunta qué paso, si no había riesgo posible. Si AIG Hernández sujetaba a Lehman Brothers Fernández. Y viceversa.

En realidad, ni siquiera es un invento nuevo. Ya pasó otra vez hace poco más de 20 años, en el crash de 1987. En aquella ocasión, los bonos basura –que era como se llamaba a esos bonos de alto riesgo- fueron también una de las causas que llevaron a Wall Street a su lunes negro, el 19 de octubre de 1987: la mayor caída de la bolsa desde 1929. En aquel momento, igual que ahora, se habló de nuevos controles más estrictos para evitar los excesos del capitalismo abstracto. Entonces, igual que ahora, se decía que el mercado había aprendido la lección, que el crash serviría de vacuna para la siguiente fiebre. Es obvio decir que de poco valió.

El capitalismo no es malo, lo han dibujado así. Es el peor sistema económico posible, a excepción de todos los demás. Sí, el mercado libre es la fuerza más poderosa de la galaxia, la búsqueda egoísta de la rentabilidad mueve el mundo, para lo bueno y para lo malo. Pero su voracidad es tan grande que siempre encuentra el camino para sortear –o desmantelar, a través de esa subespecie del poder económico llamada poder político– las regulaciones con las que sus víctimas intentan defenderse de sus excesos. Cada dos o tres décadas, más o menos, el mercado se olvida de que también es mortal, el cielo financiero se desploma sobre nuestras cabezas y hay que ceder al chantaje y pagar con los impuestos los errores de los bancos porque la alternativa es aún peor. Cada dos o tres décadas, la intervención del Estado demuestra ser la única vacuna para salvar al capitalismo de su avaricia caníbal. Cada dos o tres décadas, el libre mercado recuerda, por las malas, que hasta los deportes más agresivos necesitan un árbitro. Y entonces todo cambia para que todo siga igual.

Ignacio Escolar es director del periódico Público
Fuente: Público y blog Escolar.net

20/9/08

Joseph Stiglitz: "Esto es sólo el principio de la crisis"


El paquete de intervención a gran escala en los mercados anunciado por el Gobierno de EEUU está desatinado, pues no responde directamente a la crisis inmobiliaria, la raíz del problema, según el Nobel de economía Joseph Stiglitz, para quien "esto sólo es el principio de la crisis".

Los mercados han recibido con exuberancia el anuncio de una intervención de cientos de miles de millones de dólares, pero Stiglitz dijo en una entrevista que el ciudadano común debería estar muy preocupado, pues el país, a su juicio, está al borde de la recesión.

En lugar de comprar la deuda "tóxica" de los bancos, que nadie quiere, el Gobierno debería conseguir la renegociación de las hipotecas de las personas que están con el agua al cuello, dijo. Stiglitz cree que la crisis es una consecuencia de la "mala gestión" de la administración republicana y de la Reserva Federal, que no supervisó debidamente el sistema financiero y emborrachó a Wall Street con liquidez antes de la crisis.

También la vincula con Irak, que es "La guerra de los tres billones de dólares", según reza el título de su último libro, en el que da una estimativa "conservadora", según él, del costo del conflicto para Estados Unidos.

Stiglitz, quien recibió el Nobel en 2001 y ahora es profesor en la Universidad de Columbia, habla desde el bando demócrata y con conocimiento de los entresijos del Gobierno, pues fue el principal consejero económico de Bill Clinton cuando era presidente.

Actualmente asesora a Barack Obama, el candidato presidencial demócrata, pero en la entrevista dijo hablar en nombre propio.

¿Qué opina del programa de intervención en los mercados financieros anunciado por el Gobierno de EEUU?

Creo que ni es suficiente, ni se ha hecho de forma correcta, ni aborda el problema fundamental, que es la gran cantidad de ejecuciones de hipotecas. El sistema se está desangrando por el peso de la deuda y parte de esa deuda se debe a la guerra en Irak.

¿Usted ve un vínculo directo entre ese conflicto y la crisis financiera?

La guerra ha contribuido al debilitamiento de la economía. En el 2008-2009 está previsto que tengamos el mayor déficit presupuestario de nuestra historia.La guerra también ha contribuido al alto precio del petróleo. Hemos drenado nuestra economía para comprar petróleo. Eso fue el motivo de la amplia liquidez (suministrada por la Reserva Federal antes de la crisis): aminorar los efectos de un gasto tan alto en Irak, pero por supuesto, con eso se creaba un problema en el futuro.

Es sorprendente que la economía estadounidense siga creciendo, aunque lentamente, pese a la crisis financiera. ¿Cómo ve usted sus perspectivas?

El desempleo ha subido, al 6,1 por ciento, y probablemente se eleve sustancialmente más. Esa es una de las razones por las que esto es sólo el principio de la crisis.Nos dirigimos lentamente hacia un descarrilamiento económico que exacerbará los problemas financieros. A medida que los ingresos caigan, los precios de la vivienda bajarán más y habrá más desahucios, así que estamos dentro de una espiral y nadie hace nada para pararla.Hay una probabilidad significativa de una recesión en los próximos trimestres.

¿Cómo evalúa la situación actual de los mercados?

La situación es mucho peor de lo que usted imagina, como demuestra que el mercado monetario casi se colapsara el jueves. Incluso gigantes industriales pueden afrontar problemas de liquidez ahora. Los problemas son muy graves. Es lógico que tras ocho años de mala gestión económica (el mandato de George W. Bush) haya esta falta de confianza.

¿Qué debería hacer el Gobierno para frenar la crisis?

Podemos fomentar la renegociación de las hipotecas para que menos personas tengan que declarar la bancarrota. No le ayuda a nadie que la gente se vean obligadas a salir de sus casas.

¿Cree que una regulación deficiente ha jugado un papel en la crisis?


No hay duda. El problema no es sólo la falta de regulación, sino la falta de aplicación de las normas.Hemos aprendido que no se puede dejar a los bancos de inversión regularse a sí mismos. No se puede dejar a la Reserva Federal, que está aliada estrechamente con los banqueros, a cargo de toda la regulación del sistema financiero. Se suponía que la Reserva se llevaba el ponche cuando la fiesta se vuelve escandalosa, pero en su lugar echó más alcohol.

Fuente: Periódico Público
Más información sobre Joseph Stiglitz en Wikipedia

19/9/08

Crisis financiera mundial: ¡Actúa ahora!. El pueblo contra Wall Street


El lunes, Lehman Brothers —uno de los mayores bancos de inversión del mundo— quebró con deudas por 613 mil millones de dólares; y otras instituciones y mercados se están yendo a pique. Se está diciendo que éste es el peor momento desde la Crisis de 1929. La crisis financiera global está en su punto crítico y los ciudadanos de todo el mundo debemos alzar la voz reclamando medidas por el interés público. Nuestros trabajos, ahorros, pensiones y servicios públicos corren peligro por culpa de la locura de los financieros; se corre el riesgo de que la crisis, cada vez más grave, desencadene una recesión mundial y perjudique sobre todo a quienes menos tienen y acalle el resto de los problemas que nos preocupan.

Se están jugando billones del dinero público para evitar la debacle financiera mundial, pero todavía nadie abordó las causas básicas. Por eso lanzamos esta campaña urgente por normas que frenen las prácticas arriesgadas de los financieros, prácticas que han cargado al mundo con niveles insostenibles de deuda y riesgo. Un ex primer ministro ha prometido entregar nuestro pedido a los líderes europeos la semana que viene, lo acercaremos al presidente y Congreso estadounidenses también, pero necesitamos alzar masivamente la voz para lograr que se movilicen. Te pedimos entonces que visites el siguiente enlace ahora y firmes la petición, y nos ayudes luego reenviándola a tus amigos y familiares:

http://www.avaaz.org/es/global_finance_action

Los mercados financieros mundiales a veces parecen indomables, pero las reglas que los rigen están plagadas de fallas y lagunas jurídicas; si aprovechamos el momento y actuamos en conjunto, podemos corregirlas. Ante la desregulación e impulsados por la codicia, los financieros acumularon enormes deudas y riesgos sin la supervisión adecuada. Buscaban rentabilidad a corto plazo por evasión de impuestos y una laberíntica complejidad financiera. Sin la imposición de normas decentes, creyeron que podían hacer reglas propias y hubo ganancias a raudales para una minoría adinerada; luego el juego se les vino abajo y el resto de nosotros tenemos que pagar el precio del fracaso de sus jueguitos peligrosos. Incluso los defensores del libre mercado ahora piden mejor normativa.

Hemos encontrado aliados poderosos que se incorporan a esta causa, como el ex primer ministro danés Poul Rasmussen, quien se ha comprometido a llevar nuestra campaña a otros políticos europeos el próximo martes en una votación clave de propuestas para la reforma financiera global ”Si actuamos sobre este tema, los miembros de Avaaz pueden mostrar a los líderes europeos y del mundo la fuerza del apoyo público para lograr más transparencia y mejor normativa. La reforma de nuestros mercados financieros es un paso vital hacia una globalización más justa, y tu voz puede ayudarnos a hacerlo realidad".

La semana pasada Estados Unidos nacionalizó efectivamente a los mayores proveedores de créditos hipotecarios, Fannie Mae y Freddie Mac; anoche hizo lo mismo con la mayor compañía de seguros del mundo, AIG. Pero la crisis continúa. Los ajustes son inevitables, pero si no abordamos las causas básicas de la crisis financiera global, la recesión será profunda y prolongada, y los desastres futuros todavía mayores. Durante demasiado tiempo hemos dejado las finanzas globales a su buena suerte, porque parecían demasiado complicadas para que las entendiera el común de los mortales; pero resulta que al final de cuentas hacía falta el escrutinio público y el sentido común.

Estos mercados afectan la vida y el corazón de todos nosotros, desde el obrero de la fábrica hasta el alto ejecutivo, desde la mujer que está dando a luz en un hospital hasta el jubilado que enfrenta una vejez sin un céntimo. La sociedad no se termina donde comienza el mercado y con líderes que parecen paralizados, nuestras voces se necesitan con urgencia para que marquemos un rumbo que nos aleje de esta crisis. Por eso firma hoy esta campaña de emergencia en el siguiente enlace y reenvía el mensaje a los familiares y amigos que también puedan verse afectados:

http://www.avaaz.org/es/global_finance_action

Nota: Avaaz se reunió ayer con Poul Rasmussen y otros progresistas estadounidenses y europeos para coordinar nuestra iniciativa. Entre las propuestas clave se encuentran los “requisitos de capital” (conservar fondos suficientes para respaldar préstamos o deudas) y la “transparencia” (contar a quienes regulan, a los inversores y al público en general cuánto posees y cuánto debes). Para más información, mira esta entrevista (en inglés): http://www.euractiv.com/en/financial-services/interview-real-step-regulate-hedge-funds/article-175450


Fuente: Avaaz

Un momento histórico en Bolivia, por Xavier Caño Tamayo

Una poderosa minoría busca desestabilizar Bolivia, cuyo Gobierno ha dedicado los 340 millones de dólares de ingresos fiscales de los hidrocarburos a proyectos sociales para la población más desfavorecida.

Las provincias de la Media Luna, las más ricas de Bolivia, se han rebelado contra el gobierno de Evo Morales. Se han declarado autónomas unilateralmente, han tomado edificios públicos, han bloqueado carreteras y han protagonizado actos de vandalismo y atentados. Han muerto treinta personas.

Pero todo se inició a finales de 2007. Entonces el pretexto fue qué ciudad debía ser capital, La Paz o Sucre. Y enfrentaron a pobres contra pobres.

Ahora han sido las provincias Santa Cruz, Pando, Tarija, Cochabamba y Beni, provincias en manos de una minoría blanca que concentra la mayor parte de riqueza. Bolivia está formada por el altiplano andino de mayoría indígena pobre (más del 62% de habitantes) y una tierra baja al Este, donde vive la minoría blanca y la población mestiza.

Si esta minoría ya tiene la mayor parte de riqueza del país, ¿qué quiere ahora? Como el gangster Johnny Rocco en la película ‘Cayo Largo’, quiere más. Quedarse con la mayor parte de beneficios del gas y petróleo que el gobierno del presidente Morales ha recuperado para Bolivia; impedir la reforma agraria que devolvería tierras a millones de indígenas, porque las quieren ellos para cultivar soja, exportarla y ganar aún más.

Se han rebelado contra el gobierno que aumentó 340 millones de dólares los ingresos fiscales por hidrocarburos y los ha dedicado a salud reproductiva, cobertura de salud para niños y mayores de 60 años, clínicas rurales, dos millones de hectáreas repartidas entre campesinos pobres… Se han rebelado contra un gobierno que intenta ser justo con ese 62% de indígenas apartado del bienestar y la justicia durante medio milenio.

Los rebeldes dicen sentirse discriminados por este gobierno por ser blancos. ¡Qué cinismo! Quien dio un puñetazo en la nariz acusa al golpeado de agredir su puño con la nariz. Pero, además de ocupar edificios oficiales, cortar carreteras y protagonizar algaradas con muertes, los blancos rebeldes difundían rumores de inexistentes grupos indígenas que “toman lo que es nuestro” y asesinan a personas blancas. Porque esa minoría rebelde y rica además es racista, como se deduce de lo que medios informativos afines publican sin rubor.

Como ha escrito el profesor de la Universidad Autónoma de México, Guillermo Almeyra, “es evidente que detrás del poder económico de los separatistas [de las provincias de la Media Luna] está también el de Washington, el de los terratenientes y cultivadores de soja argentinos y brasileños y el de empresas petroleras extranjeras que prefieren negociar el precio del petróleo y del gas con sus aliados de la minoría rica”.

Sospechas de que la larga mano del Departamento de Estado de Estados Unidos estuviera detrás de la rebelión hicieron que el presidente Morales expulsara al embajador de ese país, Philip Goldberg, quien al despedirse pareció amenazar al decir que Morales “comete un grave error al expulsarlo, porque esa decisión podría tener efectos serios en muchas formas”.

¿Paranoia antiamericana? No, pero no podemos dejar de recordar los muy documentados casos del Chile de Allende, Brasil de João Goulart, y recientemente Venezuela y su fracasado golpe de estado contra el presidente Chávez, entre otros. Conflictos en los que se olía el tufo de cierta agencia de inteligencia precediendo al ruido de sables locales.

Pero esta vez intervino Unasur (Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Venezuela), que no ha tolerado la ruptura de la democracia en Bolivia ni nada que comprometa su integridad territorial. Unasur ha apoyado sin fisuras a Evo Morales y, por primera vez en la historia latinoamericana, facilitado una salida sin la intervención de Estados Unidos.

“Si los bolivianos no logran un valor justo por la riqueza natural de su país, sus perspectivas son sombrías. El mundo debería celebrar que Bolivia tenga un gobernante electo democráticamente que intenta representar los intereses de los pobres de su patria. Se trata de un momento histórico”. Palabras del premio Nobel de Economía estadounidense Joseph Stiglitz, que no podemos menos que compartir.

Xavier Caño Tamayo es periodista y escritor

Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

El reto de la supervivencia, por Adrián Mac Liman

Las conclusiones del informe de Millenium Project, auspiciado por la ONU, apuntan con alarmante pesimismo hacia las amenazas que ensombrecen las perspectivas de desarrollo de la Humanidad.

Mientras los países del “primer mundo” padecen los efectos de la crisis financiera provocada por las llamadas hipotecas basura estadounidenses, los expertos internacionales encargados de estudiar los principales desafíos que han de afrontar los Estados pobres del planeta lanzan un grito de alarma. Estiman, en efecto, que las perspectivas de desarrollo de nuestro planeta están ensombrecidas por un cúmulo de amenazas globales. Sus poco halagüeñas conclusiones se reflejan en el último informe anual del grupo de estudios “Millenium Project”, auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas.

Entre los retos que tendrá que afrontar el ser humano de aquí al año 2025 figuran la inestabilidad y violencia generadas por el constante incremento del precio de los alimentos y los productos energéticos, la escasez del agua, la ineficacia de los Gobiernos, el cambio climático, la desertificación y la intensificación de las corrientes migratorias. Sin olvidar, claro está, la proliferación de los conflictos armados, sean estos internos, internacionales o regionales. En lo que va de año, se registraron 14 conflictos, que tuvieron por escenario países de Asia, África, América Latina y Oriente Medio. Según los autores del informe, durante el próximo decenio los enfrentamientos armados podrían afectar a 46 Estados, que suman una población de 2.700 millones de personas.

Asimismo, se detectan los primeros indicios de inestabilidad política en 56 países, cuyo número de pobladores asciende a 1.200 millones de personas.

Al pasar revista a los desequilibrios socio-económicos registrados en los últimos decenios, los miembros del “Millenium Project” hacen hincapié en el hecho de que actualmente el consumo mundial supera los niveles de producción. El efecto, el precio de los productos alimentarios ha registrado un aumento del 129% en comparación con el año 2006. El encarecimiento de estos productos podría convertirse en el detonante de una nueva crisis mundial.

Los informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señalan que una treintena de países padece ya la escasez de productos alimentarios. Se trata, en la mayoría de los casos, de naciones en desarrollo.

La ausencia de políticas sociales en materia de alimentación podría acelerar el enfrentamiento entre “pobres” y “ricos”. De hecho, para mantener el ya de por sí frágil equilibrio, los suministros de productos alimentarios se deberían duplicar de aquí al 2013, lo que implica también un incremento de las reservas de agua y de las superficies cultivables, así como la aplicación de nuevas técnicas de regadío.

A ello se suma otro factor: la demanda de energía, que se duplicará en las próximas dos décadas.

En cuanto al cambio climático se refiere, los expertos afirman que la principal víctima del recalentamiento será el continente africano, cuya región meridional perderá alrededor del 30 por ciento de las superficies cultivables de aquí al 2030.

Otro aspecto preocupante es el constante incremento de los llamados “Estados fallidos”. Según la revista norteamericana Foreign Policy, los países más vulnerables del planeta son Somalia, Sudan, Zimbabwe, Chad, Irak, República Democrática de Congo, Afganistán, Costa de Marfil, Pakistán, República Centroafricana, Guinea, Myanmar, Haití, Corea del Norte y Etiopía.

Finalmente, conviene señalar que la mayoría de los desafíos son transnacionales. La solución de unos debería poder afectar a la cadena creada por el cúmulo de problemas. Sin embargo, los expertos de las Naciones Unidas estiman que hoy por hoy los mecanismos capaces de corregir este estado de cosas brillan por su ausencia.

Adrián Mac Liman es Analista político internacional
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

18/9/08

Macaco - Somos Luz

Cantado junto a La Mari del grupo Chambao



Letra De Somos Luz

Oscuridad se despide hoy ya viene el sol (sol, sol)
Clarito de luna va casi sin voz, (sol, sol)
una llamita que quemará no se apagará (sol, sol)
Me guiña el ojo, me dice ven y yo allá voy

somos luz, somos luz, somos.. (la oscuridad se despide hoy)
somos luz, somos luz, somos..(somos luz..)
somos luz, somos luz, somos..(y ahí en el sol)
somos luz, somos luz, somos..(somos oye)

La claridad me dice ya voy. La sombra mató mi voz, sin ella estoy muda, se enfría, se enfría, se enfría el calor
Necesito el sol para cantar, necesito el sol para cantar, me dice ven

Somos luz, somos luz, somos..(la oscuridad se despide hoy)
somos luz, somos, luz, somos..(somos luz)
somos luz, somos luz, somos..(y ahí en el sol)
somos luz, somos luz, somos somos oye

Se despide hoy, se despide hoy, como la Luz no pienses, tomalalala y vences, tomalá y vences
tomalalaaa tomalalaa la luz, tomalalalala tu luz

somos luz, somos luz, somos..(somos luz)
somos luz, somos luz, somos..
somos luz, somos luz, somos..

15/9/08

Chambao - Como la luz

Un amigo lector de este blog ha sugerido esta nueva canción de Chambao como "muy buena y con contenido espiritual". No hemos encontrado la versión en vídeo de la canción, pero sí el audio, gracias al enlace que nos ha proporcionado otro lector amigo, puedes escuchar la canción en este archivo de audio:




Letra de Como la luz de Chambao

Como la luz fluye
como la luz
Desde el interior a fuera
desde el exterior a mi

No me sepultes
permíteme escapar
Quisiera ser instrumento de tu obra
aun en la oscuridad

Solo conciencia de servir
en vertical y horizontal

Solo una fuente
y sin que nada la obstruya

Fluyéndote, constantemente
Fluyéndote, constantemente

Como la luz fluye
como la luz
desde el interior a fuera
desde el exterior a mi

A mi fluye, como la luz
A mi fluye, como la luz.


Nota: si algún lector o lectora de este blog nos quiere sugerir canciones "buenas y con contenido espiritual", de música actual, nos gustaría difundirlas desde el blog. Gracias.

13/9/08

Pistas prácticas para cuidar de la Tierra (II), por Leonardo Boff

Nota: Este artículo es continuación de Pistas prácticas para cuidar de la Tierra (I)


En el artículo anterior expusimos pistas prácticas que tenían que ver con el cambio de la mente o de la mirada. Ahora vamos a considerar los cambios en las prácticas de la vida cotidiana.

Procure en todo seguir el camino del diálogo y de la flexibilidad porque él siempre gana y es una forma de disminuir los conflictos, e incluso de poder resolverlos.

Valore todo lo que viene de la experiencia, dando especial atención a todos los que no son escuchados por la sociedad.

Tenga siempre en mente que el ser humano es un ser contradictorio, sapiente y, al mismo tiempo, demente; por eso, sea siempre crítico y al mismo tiempo comprensivo.

Tome en serio el hecho de que las virtualidades cerebrales y espirituales del ser humano constituyen un campo inexplorado. Esté siempre abierto a la irrupción de lo improbable, de lo inconcebible, y a la aparición de emergencias.

Por más problemas que surjan, la democracia sin fin es siempre la mejor forma de convivencia y de superación de los conflictos; democracia a ser vivida en la familia, en las relaciones sociales y en la organización del estado.

No queme basura y otros desechos, pues hacen aumentar el calentamiento planetario. Pueden ser reciclados.

Avise a las personas adultas o a las autoridades cuando sepa de derribos de árboles, incendios forestales, comercio de bromelias, plantas exóticas y animales salvajes.

Ayude a mantener un bello aspecto visual de su casa, escuela o lugar de trabajo, pues la belleza es parte de la ecología integral.

Anime a grupos para que en el barrio se cree un vehículo de comunicación, una hoja o pequeño periódico, para debatir cuestiones ambientales y recibir sugerencias creativas.

Hable con frecuencia en casa, con los amigos, con los vecinos de su edificio y de la calle, sobre cuestiones ambientales y sobre nuestra responsabilidad sobre el bien de los seres humanos y del planeta.

Reducir, reutilizar, reciclar, rearborizar, rechazar (la propaganda exagerada), respetar y responsabilizarse: estas 7 erres nos ayudan a ser responsables frente a la escasez de bienes naturales, y son formas de reducir el dióxido de carbono y otros gases contaminantes de la atmósfera.

El padre Cícero Romão Batista, uno de los iconos religiosos del pueblo del Nordeste de Brasil elaboró a principios del siglo XX diez preceptos de contenido ecológico:

«-No tale el bosque, ni siquiera un árbol.

-No prenda fuego en el campo de cultivo, ni en el yermo.

-No cace más, deje que los animales vivan.

-No críe al buey ni al chivo sueltos: haga cercas y deje que el pasto descanse para que pueda rehacerse.

-No plante encima de la sierra, ni siegue en una ladera muy inclinada, deje que la vegetación proteja la tierra para que el agua no la arrastre y pierda su riqueza.

-Haga una cisterna en su casa para guardar el agua de lluvia.

-Represe los riachuelos de cien en cien metros aunque sea con piedra suelta.

-Plante cada día por lo menos un árbol hasta que todo sea un vergel, completamente verde.

-Aprenda a sacar provecho de las plantas propias del campo.

Si la gente del campo obedece estos preceptos, la sequía se irá acabando, el ganado mejorando y el pueblo tendrá que comer. Pero si nos los obedece, dentro de poco todo el campo se convertirá en un desierto».

Estas prácticas nos dan la esperanza de que los dolores actuales no sean de muerte, sino de un nuevo nacimiento. La vida tiene que triunfar.


Fuente:Koinonía
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor brasileño

11/9/08

Vídeo: Chambao - Dibujo en el aire

"En el cambio está la evolución". La letra de esta canción bien podía ser un manifiesto: "trabajar por el cambio de conciencia, y dibujar en el aire una canción", música maravillosa para la evolución de la conciencia:



Letra de Dibujo en el aire de Chambao

Ya no quiero vivir con los temores
que prefiero entregarme a la ilusión
y lo que creo, defenderlo con firmeza,
sin historias que me abulten el colchón

Y si un día me siento transformado
y decido reorientar la dirección,
tomaré un nuevo rumbo sin prejuicios
porque en el cambio está la evolución

Evolución, en el cambio está la evolución

Que mi camino se encuentre iluminado
y la negrura no me enturbie el corazón
discernimiento al escoger entre los frutos,
decisión para subir otro escalón
Vivir el presente hacia el futuro
guardar el pasado en el arcón,
trabajar por el cambio de conciencia,
dibujar en el aire una canción

Una canción en el aire una canción...


Fuente: Web de Chambao

Por una vejez digna, por José Carlos Gª Fajardo


Desde 1980 hasta ahora se han construido más edificios que desde la prehistoria hasta 1980. Con este dato, que impresionó al escritor Javier Cercas, evoca las palabras de un amigo “uno se hace viejo el día en que va con alguien por una calle de su ciudad y señala a su alrededor diciendo: “¿Ves eso? Pues todo eso eran campos”. De ahí arranca la reflexión sobre el sentimiento de vejez en una sociedad en la que todo parece ser una apoteosis de lo juvenil. “Cuando yo tenía 18 años era un príncipe sin miedo; ahora que tengo 46 no soy más que un mendigo que apenas está aprendiendo a convertir sus errores en sarcasmos”.

No vale argumentar que va en contra del sentir general y contra las evidencias de que todos envejecemos cada vez más pronto aunque las estadísticas digan que morimos cada vez más tarde. Y muchos consideran un insulto que se les llame viejos. Al contrario que en la civilización china, en donde decirle a una persona mayor que se conserva muy joven, es uno de los peores insultos. En otras muchas culturas el respeto a las personas mayores, los cuidados que les presta toda la comunidad es una de las claves de la transmisión de esos saberes así como de la permanencia de sus señas de identidad. Estas han sido atacadas desde por conquistadores, evangelizadores y colonizadores de los países más ricos y poderosos. Ante la realidad universal de los movimientos de poblaciones, y no sólo del sur al norte, no conviene olvidar esos ricos valores. Algunos gobiernos europeos parece como si quisieran desposeerlos de sus personalidades, desarraigarlos para mejor servirse de ellos al pretender uniformizarlos con los modelos de desarrollo económico y social que tantas fisuras presenta detrás de las candilejas.

Es cierto que hay un encomiable esfuerzo por implementar políticas sociales que valoren, acojan e integren a estas minorías, ya casi mayorías, de personas con más años y con jubilaciones más tempranas. Como siempre que se anteponen criterios de rentabilidad, las personas expulsadas del mercado laboral, por dejar de ser productivas, algo se rompe en la cosmovisión de esas personas que se sienten inútiles porque las aprecian por su aportación a la economía y los expulsan cuando ya no los consideraron recursos humanos y económicos. No se sienten personas que forman parte viva de la sociedad sino ‘extraños’ al sistema imperante, cada vez con más trazos de totalitarismo ideológico.

Si “Dios ha muerto”, las religiones son innecesarias, todo es química, los valores han sido postergados en nombre de la eficacia, de la rentabilidad y de los beneficios, no es extraño que muchos se debatan entre la farsa de actuar, vestirse y hasta hablar como si fueran jóvenes, y ya no lo son sino personas mayores envejecidas para las exigencias del sistema mientras otros enmudecen, se apartan, se ‘enferman’ para poder hablar con médicos y enfermeras o se van haciendo invisibles y buscan sus espacios, horarios y la disminución de sus necesidades porque creen que molestan. Muchos llegan a campeones del auto sabotaje.

No puede admitirse que la sociedad no reaccione ante este nuevo dato del envejecimiento cada vez más prematuro en relación con el mayor número de años de vida, o de sobre vida. Tampoco cabe la exaltación de la vejez, la enfermedad y la muerte, estilo Whitman o Boris Groys, pero sí hay que reconocer, con Philip Roth y tantos otros pensadores realistas, que la vejez es una putada irremediable que puede llevar aparejadas la humillación, la marginación y el dolor de estar vivos. Por no habernos educado ni preparado para asumir del mejor modo esta realidad del envejecimiento y de los deteriores consiguientes, mientras todos los esfuerzos se habían dirigido a prepararnos “para ser personas de provecho”, económico se entiende, para afrontar la adolescencia, la juventud, la responsabilidad social, mientras no se habían cuidado de resaltar los valores que se encuentran en esos años de vida añadidos a los periclitados sistemas económico, político y social.

Pero algunos se han puesto en pie para analizar la situación, estudiar los problemas personalizados, corrigiendo el planteamiento anterior que buscaba la resignación y hasta la recompensa de un hipotético “Más allá”, para acallar las naturales exigencias de vivir para ser felices, para ser nosotros mismos, aquí y ahora, en un crecimiento que busca la plenitud en cada instante y no el ser tratados como objetos o instrumentos de producción, de consumo o de asistencia social. Es más, mucho más, se trata de una revolución inaplazable que tenemos que abordar al tiempo que hacemos frente a esa bomba de destrucción masiva que es la explosión demográfica.

José Carlos García Fajardo es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
Fuente: CCS