18/7/08

Vacaciones



El blog Espiritualidad y Política se va de vacaciones. Volveremos a estar en línea a finales de agosto o primeros de septiembre. Se quedan las 694 entradas publicadas hasta ahora. Dentro de un mes volveremos con más ganas, hasta entonces, ¡Felices vacaciones!

¿Cuál es la felicidad posible?, por Leonardo Boff


La felicidad es uno de los bienes más ansiados por el ser humano, pero no puede ser comprada ni en el mercado, ni en la bolsa, ni en los bancos. A pesar de eso, alrededor de ella se ha creado toda una industria que viene bajo el nombre de auto-ayuda. Con pedazos de ciencia y de psicología se procura ofrecer una fórmula infalible para alcanzar «la vida que usted siempre soñó». Confrontada, sin embargo, con el curso inalterable de las cosas, se muestra insostenible y falaz. Curiosamente, la mayoría de los que buscan la felicidad intuyen que no puede encontrarla en la ciencia pura o en algún centro tecnológico. En Brasil van a un pai o una mãe de santo, o a un centro espírita, o frecuentan un grupo carismático, consultan a un gurú, leen el horóscopo o estudian el I-Ching de la felicidad. Tienen conciencia de que la consecución de la felicidad no está en la razón analítica o calculatoria sino en la razón sensible y en la inteligencia emocional y cordial. Esto porque la felicidad debe venir de dentro, del corazón y de la sensibilidad.

Para decirlo sin rodeos: no se puede ir directamente a la felicidad. Quien lo hace así es infeliz casi siempre. La felicidad resulta de algo anterior: de la esencia del ser humano y de un sentido de justa medida en todo.

La esencia del ser humano reside en su capacidad de relacionarse. Él es un nudo de relaciones, una especie de rizoma, cuyas raíces apuntan en todas las direcciones. Sólo se realiza cuando activa continuamente su panrelacionalidad, con el universo, con la naturaleza, con la sociedad, con las personas, con su propio corazón y con Dios. Esa relación con lo diferente le permite el intercambio, el enriquecimiento y la transformación. La felicidad o infelicidad nace de este juego de relaciones en proporción a la calidad de las mismas. Fuera de la relación no hay felicidad posible.

Pero eso no basta. Importa vivir un sentido profundo de justa medida en el cuadro de la condición humana concreta. Ésta está hecha de realizaciones y de frustraciones, de violencia y de cariño, de la monotonía de lo cotidiano y de acontecimientos sorprendentes, de salud, de enfermedad y, por último, de muerte.

Ser feliz es encontrar la justa medida en relación a estas polarizaciones. De ahí nace un equilibrio creativo: sin ser demasiado pesimista porque ve las sombras, ni demasiado optimista porque percibe las luces. Ser concretamente realista, asumiendo creativamente lo incompleto de la vida humana, intentando, día a día, escribir derecho con renglones torcidos.

La felicidad depende de esa actitud, especialmente cuando nos enfrentamos a los límites inevitables, como por ejemplo, las frustraciones y la muerte. De nada vale ser rebelde o resignado, pero todo cambia si somos creativos: eso hace de los límites fuentes de energía y de crecimiento. Es lo que llamamos resiliencia: el arte de sacar ventaja de las dificultades y de los fracasos.

Aquí aparece un sentido espiritual de la vida, sin el cual la felicidad no se sostiene a mediano y a largo plazo. Entonces resulta que la muerte no es enemiga de la vida, sino un salto rumbo a un otro orden más alto. Si nos sentimos en la palma de las manos de Dios, nos serenamos. Morir es sumergirnos en la Fuente. De esta forma, como dice Pedro Demo, un pensador que en Brasil hizo el mejor estudio de la Dialéctica de la Felicidad (en tres tomos, publicados por la editorial Vozes, de Petrópolis): «Si no se puede traer el cielo a la tierra, por lo menos podemos acercarlos». Ésta es la sencilla y factible felicidad que podemos conquistar penosamente, como hijos e hijas de Adán y Eva venidos a menos.

Fuente: Koinonía
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor brasileño

11/7/08

Horror en Almería

El editor de este blog de espiritualidad y política vive en Almería, una ciudad andaluza en el sur de España y de Europa, frente a las costas de África. Por desgracia, estamos acostumbrados a la llegada a nuestras costas casi todos los días de precarias embarcaciones repletas de inmigrantes africanos, que esconden cada una una gran tragedia humana insoportable. La última noche ha sido especialmente dramática. catorce inmigrantes subsaharianos han muerto, entre ellos nueve niños menores de 4 años. La noticia es portada en los periódicos de tirada nacional, pero es una tragedia diaria y repetida una y otra vez, después de esa patera ha llegado un cayuco a La Gomera con 4 muertos. Y llegarán muchos más. De entre todas las referencias a la noticia que he leído, me ha gustado especialmente esta entrada de Ignacio Escolar, director del periódico Público, en su blog, que resume muy bien lo ocurrido, por eso nos parece oportuno reproducirla:

Una mirada al horror, por Ignacio Escolar

No se ha difundido su nombre. Sólo que tiene 12 meses, que su madre es nigeriana y que está muy grave, desnutrido y con las quemaduras en la piel que provoca el combustible cuando se mezcla con el agua salada. Es el único bebé que sobrevivió a seis días de infierno en el mar, camino del paraíso. La patera, con 10 niños y 38 adultos a bordo, partió el viernes pasado de la costa africana. Pero el motor falló. También el GPS. El lunes se acabó el agua y la comida.

Los otros nueve bebés, de menos de cuatro años, murieron en alta mar, en los brazos de sus madres, y fueron arrojados por la borda junto con los cadáveres de otros seis adultos. El miércoles por la noche llegó la salvación para el resto: un yate de recreo se cruzó con la patera y dio la voz de alarma. “El rescate de anoche es el más brutal al que nos hemos enfrentado en Almería y creo que en toda la costa española”, dice Francisco Vicente, el coordinador de los voluntarios de la Cruz Roja que atendió a los inmigrantes cuando por fin llegaron a puerto.

La travesía en el mar fue la última etapa, la más dramática, de una odisea que dura entre dos y cuatro años desde que abandonan sus pueblos, al sur del Sáhara, hasta que llegan a Europa o mueren en el intento. La mayoría de estos bebés son niños no deseados. Sus madres sufren violaciones o se ven obligadas a prostituirse para pagarse el pasaje.

Los últimos avances en radares y cámaras de seguridad en el Estrecho han tenido un efecto perverso: ahora las pateras tienen que escoger rutas más largas, más peligrosas, para llegar hasta las costas españolas. Europa eleva la muralla y los miserables mueren en el intento de escalarla. En los últimos cuatro días, han fallecido 29 inmigrantes en el mar. En lo que va de año ya son 68. Según las ONG, es sólo la punta del iceberg, pues muchas pateras se hunden sin que siquiera sepamos de ellas. Algunos estudios dicen que sólo uno de cada tres intentos concluye con éxito. El resto muere sin que siquiera se conozca su drama.

Nadie sabe cuántos inmigrantes pierden la vida cada año en el Mediterráneo, uno de los acantilados económicos más altos del planeta. La mayor fosa común de Europa.

Fuente: Escolar.net
Foto: Francisco Bonilla (Reuters)

¿Qué futuro nos espera?, por Leonardo Boff

Muchos analistas, como James Lovelock, Martin Rees, Samuel P. Huntington, Jacques Attali y otros, hacen pronósticos sombríos sobre el futuro que nos espera. Es cierto que la historia no tiene leyes, pues se mueve en el reino de las libertades que están sometidas al principio de indeterminación Bohr/Heisenberg y de las sorprendentes emergencias, propias del proceso evolutivo. Sin embargo una mirada a largo plazo nos permite constatar algunas constantes que pueden ayudarnos a entender, por ejemplo, el surgimiento, la expansión y la caída de los imperios y de civilizaciones completas. Quien se detuvo más cuidadosamente en esta cuestión fue el historiador inglés Arnold Toynbee (+1976), que escribió una obra de doce tomos sobre las civilizaciones históricamente conocidas: A Study of History. Ahí maneja una categoría-clave, verdadera constante socio-histórica, que arroja alguna luz sobre el tema en cuestión. Se trata de la correlación desafío-respuesta (challenge-response). Señala que una civilización se mantiene y se renueva en la medida en que consigue equilibrar el potencial de desafíos con el potencial de respuestas que ella les puede dar. Cuando los desafíos son de tal monta que sobrepasan la capacidad de respuesta, comienza el ocaso de esa civilización, entra en crisis y desparece.

Estimo que actualmente nos enfrentamos a esta clase de fenómeno. Nuestro paradigma civilizacional, elaborado en Occidente y difundido por todo el globo, está haciendo agua por todas partes. Los desafíos (challenges) globales son de tal gravedad, especialmente los de naturaleza ecológica, energética, alimentaria y poblacional, que estamos perdiendo la capacidad de darles una respuesta colectiva e incluyente. Este tipo de civilización se va a disolver.

¿Qué viene después? Sólo hay conjeturas. El conocido historiador Eric Hobsbawn vaticina: o adoptamos otro paradigma o vamos al encuentro de la oscuridad.

Quiero detenerme en los pronósticos de Jacques Attali, economista, ex-asesor de F. Mitterand y pensador francés, en su libro Une brève histoire de l’avenir (2006), pues me parecen verosímiles, aunque dramáticos. Él pinta tres escenarios probables que resumo brevemente.

El primero es el del superimperio. Se trata de Estados Unidos y de sus aliados. Ellos confieren un rostro occidental a la globalización y le imprimen la dirección que atiende a sus intereses. Su fuerza es de todo tipo, pero principalmente militar: puede exterminar a toda la especie humana. Pero está decadente, con muchas contradicciones internas que se muestran en la inexorable depreciación del dólar.

El segundo es el superconflicto. Es lo que sigue a la quiebra del orden imperial. Se entra en un proceso colectivo de caos (no necesariamente generativo). La globalización continúa, pero predomina la balcanización con dominios regionales que pueden generar conflictos de gran poder devastador). La anomia internacional abre espacio para que surjan grupos de piratas y corsarios que cruzarán los aires y los océanos, saqueando grandes empresas y gestando un clima de inseguridad global. Estas fuerzas pueden tener acceso a armas de destrucción masiva y, en el límite, amenazar a la especie humana. Esta situación extrema clama por una solución también extrema.

El tercer escenario es la superdemocracia. La humanidad, si no quiere auto-destruirse, deberá elaborar un contrato social mundial con creación de instancias de gobernabilidad global y una gestión colectiva de los escasos recursos de la naturaleza. Si triunfara, se inauguraría una nueva etapa de la civilización humana, posiblemente con menor conflictividad y más cooperación.

Sólo nos queda rezar para que este último escenario sea el que suceda.

Fuente: Koinonía
Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor

9/7/08

Las tres crisis, por Ignacio Ramonet


No había ocurrido jamás. Por vez primera en la historia económica moderna, tres crisis de gran amplitud -financiera, energética, alimentaria- están coincidiendo, confluyendo y combinándose. Cada una de ellas interactúa sobre las demás. Agravando así, de modo exponencial, el deterioro de la economía real.

Por mucho que las autoridades se esfuercen en minimizar la gravedad del momento, lo cierto es que nos hallamos ante un seísmo económico de inédita magnitud. Cuyos efectos sociales apenas empiezan a hacerse sentir y que detonarán con toda brutalidad en los meses venideros. Lo peor nunca es seguro y la numerología no es una ciencia exacta, pero el año 2009 bien podría parecerse a aquel nefasto 1929...

Como era de temer, la crisis financiera sigue agudizándose. A los descalabros de prestigiosos bancos estadounidenses, como Bear Stearns, Merrill Lynch y el gigante Citigroup, se ha sumado el desastre reciente de Lehman Brothers, cuarta banca de negocios que ha anunciado, el pasado 9 de junio, una pérdida de 1.700 millones de euros. Por ser su primer déficit desde su salida en Bolsa en 1994, esto ha causado el efecto de un terremoto en una América financiera ya violentamente traumatizada.

Cada día se difunden noticias sobre nuevos quebrantos en los bancos. Hasta ahora, las entidades más afectadas han reconocido pérdidas de casi 250.000 millones de euros. Y el Fondo Monetario Internacional estima que, para salir del desastre, el sistema necesitará unos 610.000 millones de euros (o sea, el equivalente de ¡dos veces el presupuesto de Francia!).

La crisis comenzó en Estados Unidos, en agosto de 2007, con la morosidad de las hipotecas de mala calidad (subprime) y se ha extendido por todo el mundo. Su capacidad de transformarse y de extenderse mediante la proliferación de complejos mecanismos financieros hace que esta crisis se asemeje a una epidemia fulminante imposible de atajar.

Las entidades bancarias ya no se prestan dinero. Todas desconfían de la salud financiera de sus rivales. A pesar de las inyecciones masivas de liquidez efectuadas por los grandes bancos centrales, nunca se había visto una sequía tan severa de dinero en los mercados. Y lo que más temen algunos ahora es una crisis sistémica, o sea que el conjunto del sistema económico mundial se colapse.

De la esfera financiera la crisis se ha trasladado al conjunto de la actividad económica. De golpe, las economías de los países desarrollados se han enfriado. Europa (y en particular España) se halla en franca desaceleración, y Estados Unidos se encuentra al borde de la recesión.

Donde más se está notando la dureza de este ajuste es en el sector inmobiliario. Durante el primer trimestre de 2008, el número de ventas de viviendas en España cayó el ¡29%! Cerca de dos millones de pisos y de chalets no encuentran comprador. El precio del suelo sigue desmoronándose. Y el alza de los intereses hipotecarios y los temores de recesión hunden el sector en una espiral infernal. Con feroces efectos en todos los frentes de la enorme industria de la construcción. Todas las empresas de estas ramas se ubican ahora en el ojo del huracán. Y asisten impotentes a la destrucción de decenas de miles de empleos.

De la crisis financiera hemos pasado a la crisis social. Y vuelven a surgir políticas autoritarias. El Parlamento Europeo ha aprobado, el pasado 18 de junio, la infame "directiva retorno" (1). Y las autoridades españolas ya han proclamado su voluntad de favorecer la salida de España de un millón de trabajadores extranjeros...

En medio de esta situación de espanto se produce el tercer choque petrolero. Con un precio del barril en torno a los 140 dólares. Un aumento irracional (hace diez años, en 1998, el barril costaba menos de 10 dólares...) debido no sólo a una demanda disparatada sino, sobre todo, a la acción de muchos especuladores que apuestan por el alza continua de un carburante en vías de extinción. Los inversores huyen de la burbuja inmobiliaria y desplazan masas colosales de dinero porque apuestan ahora por un petróleo a 200 dólares el barril. Se está así produciendo una financiarización del petróleo.

Con las consecuencias que vemos: formidable subida de los precios en las gasolineras, y estallidos de ira por parte de pescadores, camioneros, agricultores, taxistas y todos los profesionales más afectados. En muchos países, mediante manifestaciones y enfrentamientos, estas profesiones reclaman a sus Gobiernos ayudas, subvenciones o reducciones de la fiscalidad.

Por si todo este contexto no fuese lo bastante sombrío, la crisis alimentaria se ha agravado repentinamente y ha venido a recordarnos que el espectro del hambre sigue amenazando a casi mil millones de personas. En unos cuarenta países, la carestía actual de los alimentos ha provocado levantamientos y revueltas populares. La Cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) del pasado 5 de junio en Roma sobre la seguridad alimentaria fue incapaz de alcanzar un acuerdo para relanzar la producción alimentaria mundial. También aquí, los especuladores en fuga del desastre financiero tienen una parte de responsabilidad porque apuestan por un precio elevado de las futuras cosechas. De modo que hasta la agricultura se está financiarizando.

Éste es el saldo deplorable que deja un cuarto de siglo de neoliberalismo: tres venenosas crisis entrelazadas. Va siendo hora de que los ciudadanos digan: "¡Basta!".

Notas: (1) Sami Naïr, "Europa se blinda ante los inmigrantes", El País, Madrid, 18 de junio de 2008.

Fuente: Le Monde diplomatique en español (Julio 2008. Numero 153)
Ignacio Ramonet es director de Le Monde diplomatique

Lester Brown: "El sueño americano está agotado"


Cuando Lester Brown habla sobre el alza global de los precios de los alimentos lo hace con la convicción de quién conoce un problema desde la raíz. Este experto, considerado uno de los líderes ecologistas más influyentes del planeta, empezó su carrera como granjero, cultivando tomates en el sur de Nueva Jersey.

“Si los agricultores de EEUU dejaran de destinar toneladas de maíz para producir etanol conseguiríamos frenar a corto plazo el auge mundial de los precios del grano”
, explicaba Brown recientemente en Pekín, donde presentó su nuevo libro, Plan B 3.0: movilizándonos para salvar a la población. Varios expertos ecologistas coinciden con Brown–presidente del Instituto Earth Policy, en Washington– en que la seguridad alimentaria es lo que realmente pone en peligro la estabilidad política de un Estado. Y el número de países sumidos en conflictos, como Sudán, Irak o Somalia, con graves desequilibrios entre crecimiento de la población y recursos, aumentará si los precios de los alimentos continúan disparados. “Los países tienen que movilizarse conjuntamente para combatir la peor crisis alimentaria de la historia”, dice Brown. “El peor escenario es que cada país actúe sólo en función de sus intereses”, añade. Países exportadores de arroz, como Vietnam o Tailandia, han anunciado que reducirán las exportaciones anuales.

El gobierno chino ha hecho muchos esfuerzos para mantenerse autosuficiente y evitar la importación de alimentos, que dispararían la inflación. Pero China ya ha sobrepasado a EEUU como mayor consumidor de cereal y se verá pronto obligada a importarlo, disparando aún más los precios mundiales.

“El modelo económico occidental, basado en el consumo de petróleo, el transporte motorizado y el usar y tirar, no va a ser válido para China, India, ni los 3.000 millones de habitantes de los países en desarrollo que sueñan con vivir el sueño americano”
, alerta Brown, en el prólogo de Plan B 3.0. Su plan para “salvar el mundo” tiene cuatro objetivos que necesitan ser aplicados con inmediatez: frenar el calentamiento del planeta (reduciendo en un 80% las emisiones para 2020), estabilizar la población, erradicar la pobreza y restaurar los ecosistemas de la tierra.

Fuente: Periódico Público (09/07/08)
Lester Brown es fundador del Worldwatch Institute y preside el Instituto Earth Policy

Entrevista a Deepak Chopra

El norteamericano Deepak Chopra es más que un doctor: tiene millones de lectores en todo el mundo y hay quien le considera el principal gurú de Estados Unidos. La revista Time lo ha definido como una de las 100 personalidades más representativas e influyentes del siglo XX. El próximo sábado estará en Barcelona, en el centro de convenciones del Fòrum, donde pronunciará una conferencia dentro del festival de cultura creativa Inspira Consciencia (más información en la página www.alambarsinapsis.es).

Según usted y según la física cuántica, cada día nacemos y morimos muchas veces.

El mundo físico está construido por partículas atómicas que nacen y mueren a la velocidad de la luz. A un nivel subatómico, nacimiento y muerte ocurren constantemente.

Pues no nos damos cuenta.

Nuestros sentidos no lo pueden percibir, porque son incapaces de registrarlo a esta velocidad.

Cuando muera de verdad, ya sé adónde irá mi cuerpo. ¿Pero adónde irá mi conciencia?

No irá a ningún sitio, porque, para empezar, no tiene ubicación. La conciencia está fuera del tiempo y el espacio, no va a ningún sitio: solo el cuerpo material se disipa. Cuando una habitación se destruye, nada sucede con el espacio que contenía.

¿Qué es la conciencia?

Es la base del ser, la fuente del espacio, del tiempo, de los objetos, es energía e información. No es suya, ni mía. Es una conciencia unificada que no nos pertenece ni a usted ni a mí ni al de más allá. Todos somos patrones transitorios de comportamiento de esta conciencia unificada.

Entonces, todos somos iguales.

Somos una matriz particular de pensamiento dentro del mar de la conciencia. Esas matrices se reciclan como seres con sentimientos.

Cuesta de comprender. ¿Qué es, según usted, la realidad?
La realidad es la suma de pensamientos, percepciones, emociones, relaciones personales, interacciones sociales, biología y fuerzas de la naturaleza. Todo son diferentes aspectos de la conciencia.

¿La conciencia es real?

Solo la consciencia es real, todo lo demás es una proyección. Los pensamientos, así como la materia, son impulsos de energía e información.

¿Un sueño es real?

Un sueño es tan real como el mundo físico. Los dos son proyecciones de nuestra consciencia. El mundo es un sueño que despierta.

Hay distintos niveles de realidad.

El primer nivel es el físico o material, el universo visible. El que llamamos mundo real.

Todo lo que podemos escuchar, ver, sentir, etcétera.

Exacto. El segundo nivel es el ámbito cuántico. Tu mente, tus pensamientos, tu ego, y la parte de ti que normalmente consideras que es tu ser, son parte del ámbito cuántico. También las cosas. La silla en la que estás sentado no es otra cosa que energía e información.

Pero la percibimos como algo sólido.

Porque los sucesos en el ámbito cuántico ocurren a la velocidad de la luz, y nuestros sentidos no lo pueden procesar en su totalidad.

¿Y el tercer nivel de realidad?

No está en ti ni fuera de ti: simplemente, es.

¿Puedo conectar con él?

Sí.

¿Cómo? ¿Meditando?

Meditando o bien simplemente siendo, estando.

¿Piensa usted mucho en Dios?
Prefiero no pensar mucho en Dios, porque el hecho de pensar te aparta de Dios. Solo el hecho de ser te permite estar con Dios.

El sábado está en Barcelona dando una conferencia, y regresa en otoño. Viaja usted mucho.
Mi cuerpo y mi mente viajan, pero en el fondo yo no viajo. En un universo sin ubicación, no hay ningún lugar adonde ir.

Pues trabaja mucho. Publica una cantidad colosal de libros y da muchas conferencias.
Sigo mi ritmo natural. Es espontáneo, sin esfuerzo y lleno de alegría por los resultados.

¿Existen las casualidades?
Yo las llamo sincronías. Las coincidencias o casualidades son sincrónicas. Son el comportamiento fundamental de la naturaleza.

Hay gente que no cree en las casualidades.
Si no experimentas casualidades, algo va mal. Las casualidades o coincidencias son la esencia natural de nuestra realidad. El cuerpo humano tiene unos 100 trillones de células haciendo 100.000 actividades cada segundo, todas sincronizadas entre ellas. Y nuestros ritmos biológicos están sincronizados con el ritmo del universo.

Usted es doctor. ¿Cómo se cuida?

Yo no me cuido: el universo cuida de mí.

Pues qué suerte. ¿Ha encontrado resistencias en la medicina tradicional?
Nunca se me resiste nada, porque nunca intento derrotar algo. Soy un amante, y no un luchador.

¿Qué quiere ser en otra vida?

Eso lo decidiré cuando llegue el momento.


Fuente: El Periódico de Catalunya (09/07/08). Entrevista realizada por Gaspar Hernández

Enlace a todos los artículos y vídeos de Deepak Chopra en este blog

7/7/08

Respuesta a un mundo amenazador, por Timothy Garton Ash


Ni una nueva cruzada ni levantar el puente levadizo y encerrarse en el castillo. La respuesta de Occidente a los nuevos retos debe consistir en patriotismo liberal en casa e internacionalismo liberal fuera.

La próxima semana, un puñado de líderes políticos se sentará en torno a una mesa durante la cumbre del G-8 en Toyako, Japón, para examinar el estado del mundo. Yo espero estar sentado entonces en una playa en la isla de Ischia, ignorando por completo el estado del mundo. Pero antes de tomarme un descanso de mis columnas semanales, para iniciar un verano que voy a dedicar, sobre todo, a escribir un libro, me gustaría detenerme un momento a echar un vistazo al mundo en el que estamos. No sé qué opinarán ustedes, pero a mí no me parece que tenga buen aspecto.

El historiador francés Jacques Bainville comentó en una ocasión que "las cosas nunca han ido bien". Es útil recordarlo. No obstante, creo que las perspectivas son menos halagüeñas que hace 10 ó 20 años. Seguramente son mejores para un dirigente comunista en Pekín, un capo de la droga en Afganistán o un oligarca en Moscú. Las impresiones dependen en gran parte de dónde esté y qué quiera cada uno. Yo quiero que mis hijos vivan, por lo menos, con la misma libertad que yo he tenido, en un país libre, y quiero que toda la gente posible sea lo más libre posible en otros países. Para ello hacen falta no sólo las libertades civiles y políticas tradicionales, sino también ciertas condiciones básicas de seguridad personal, legal y económica y la posibilidad de labrarse una vida gracias a la educación y la igualdad de oportunidades. A diferencia de algunos liberales clásicos, no creo que alguien muy pobre pueda ser libre.

Éste es el punto de vista desde el que la situación parece desalentadora. A lo largo del último año he dedicado varias columnas a explicar cómo el Reino Unido está perdiendo libertades. Se debe, en parte, a la amenaza de los terroristas yihadistas takfiri, en parte a una reacción autoritaria desmesurada del Estado británico y en parte a otros motivos. La inseguridad económica no facilita las cosas, y seguramente va a empeorar.

En el resto del mundo, los gigantescos retos del cambio climático, la pobreza, la enfermedad y la competencia por los recursos energéticos, los alimentos y las materias primas, todos ellos magnificados por malas prácticas de Gobierno, están arrojando ya a cientos de millones de personas al abismo. Y no hemos hecho más que empezar. Los cambios de poder en el mundo tampoco son favorables. En los últimos meses, Myanmar y Zimbabue han demostrado lo impotentes que son los partidarios de la libertad si sus vecinos poderosos colocan la soberanía del Estado y sus intereses económicos y políticos por delante de los derechos fundamentales de la gente en los países afectados. Un Robert Mugabe con las manos llenas de sangre se pavonea en la cumbre de la Unión Africana, dando y recibiendo abrazos, mientras su portavoz dice que Occidente "puede irse a la mierda mil veces".

Las tiranías de viejo cuño se mezclan con sólidos modelos nuevos de capitalismo autoritario (China, Rusia). Las grandes democracias no occidentales muestran tan poca preocupación por la libertad en los países vecinos como la que mostraban las potencias imperiales europeas por la libertad en sus colonias. India se comporta con tanta debilidad a propósito de Myanmar como Suráfrica a propósito de Zimbabue. Mientras tanto, la República Islámica de Irán se dirige hacia un enfrentamiento nuclear con Israel, la posibilidad de un acuerdo de paz entre Israel y Palestina parece más alejada que hace 10 años y, en gran parte del mundo árabe, los jóvenes crecen inmersos en la ira, en vez de en la esperanza. ¿Hace falta que continúe?

Occidente tiene dos reacciones ante este mundo amenazador: la agresiva y la defensiva, y ambas están equivocadas. Podemos llamarlas las opciones del cruzado y el puente levadizo. La opción del cruzado fue Bush en Irak. Ahora vamos a ver más la del puente levadizo. Esta variante, defensiva, temerosa, proteccionista, invadida por un pesimismo cultural digno de Oswald Spengler, dice que hay que retirar el puente levadizo que permite la entrada a la vieja fortaleza de piedra llamada civilización occidental. Hay que dejar fuera a todos los extranjeros, todos los bienes, todas las ideas posibles. No hay que tratar de cambiar las actitudes de los países islámicos, Rusia ni China. Pertenecen a distintas civilizaciones, por lo que tienen diferentes valores y siempre los tendrán. Lo máximo a lo que podemos aspirar es a una especie de tregua armada, del estilo de "vosotros hacedlo a vuestra manera; nosotros, a la nuestra". Es decir, esta concepción occidental conservadora condena el multiculturalismo en casa, pero es partidaria de él en el extranjero.

Yo propongo una combinación más optimista y confiada: patriotismo liberal en casa e internacionalismo liberal en el extranjero. No son dos cosas contradictorias. La libertad humana individual no ha sido nunca tan real como en el contexto de la nación-Estado moderna, democrática y liberal. Por tanto, estoy de acuerdo con muchos conservadores en que no debemos debilitar, sino reforzar, la nación-Estado. No debemos retirar el puente levadizo para detener la inmigración, pero sí tenemos que controlarla. Ahora bien, los que vienen a vivir aquí deben ser ciudadanos, y no meros habitantes. El inmigrante legal y aceptado debe tener los mismos derechos, deberes y oportunidades que cualquier descendiente de Guillermo el Conquistador o Etelredo el Indeciso.

Como nuestras sociedades están cada vez más mezcladas, ya no podemos fiarnos de los sobrentendidos y tenemos que explicar con más claridad cuáles son esos derechos y deberes. ¿Cuáles son los mínimos no negociables de libertad, qué áreas son objeto de negociación legítima y qué elementos son pura cuestión de conciencia individual? Ésta es una conversación en la que debemos participar abiertamente todos nosotros, no como un dictado que impongan las élites a las masas ni la mayoría a la minoría (éste es el tema sobre el que voy a trabajar este verano).

No obstante, lo que hagamos dentro de nuestras propias fronteras nunca será bastante. Ya no existen los castillos nacionales autosuficientes. Por eso es por lo que el internacionalismo liberal en el extranjero es un complemento necesario del patriotismo liberal en casa. El internacionalismo liberal no quiere decir invadir otros países y decir a sus habitantes lo que les conviene mientras se les apunta con un arma. Significa elaborar una serie de normas y reglas para que las respeten todos los Estados, preferiblemente plasmadas en el derecho internacional y sostenidas por las organizaciones internacionales. Pretende postular ciertos derechos fundamentales que tienen todos los seres humanos de este planeta, independientemente de su "cultura", sus circunstancias y sus gobernantes, con el fin de lograr el equilibrio entre lo universal y lo particular. El objetivo es construir la paz entre las naciones a partir de estas bases.

Cuando oímos la acusación de que ésta no es más que la exportación neocolonial de las tradiciones occidentales disfrazadas de valores universales, los internacionalistas liberales respondemos como sigue: en primer lugar, es empíricamente demostrable que hay muchas cosas que sí tienen en común todas las sociedades humanas. En segundo lugar, valores como la libertad, la tolerancia, la reciprocidad y la responsabilidad del Gobierno se encuentran en las literaturas, las filosofías y las historias de países no occidentales, como la India de Akbar, las Analectas de Confucio y la Carta de Medina. Tercero, aunque estos valores no se institucionalizaran en esos países tanto como en el Occidente moderno, sí lo han hecho en los lugares más inesperados durante los últimos decenios. Cuarto, incluso en los lugares donde aún no han arraigado, a la gente suele gustarle cómo suenan cuando se le pone en contacto con ellos. En resumen, no hay razón para perder la esperanza en lo que Immanuel Wallerstein llama la aventura humana de crear valores universales.

Igual que en el caso de nuestros propios países, en el mundo necesitamos tener una conversación, no un dictado. Me parece especialmente importante en las democracias no occidentales y con la gente de mentalidad abierta en las sociedades cerradas. Internet es un recurso maravilloso para este propósito, pero no hemos hecho más que empezar a saber usarlo. En definitiva, estoy deseando reanudar esta conversación con ustedes a finales de agosto, cuando Obama pronuncie su discurso de aceptación de la candidatura en la Convención Demócrata de Denver. -

Fuente: Periódico El País (06/07/08). Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia
Timothy Garton Ash es profesor de historia contemporánea en la Universidad de Oxford y colabora frecuentemente en la prensa como analista político, aparte de dedicar tiempo a viajar y escribir.

Vídeo: El Misterio de los Círculos de las Cosechas


Están apareciendo "círculos de las cosechas" también en España. El vídeo es un tráiler del documental del mismo título que nos descubre uno de los mayores enigmas que, a día de hoy, todavía no se ha podido explicar científicamente: los círculos de las cosechas.

Estas misteriosas señales, también llamados Agroglifos, se materializan en los campos de cultivo y en los paisajes donde se forman creando, de la nada, bellas y complejas formas geométricas. Pero… ¿Qué son en realidad estos extraños símbolos que aparecen en múltiples puntos del planeta? ¿Por qué se producen? ¿Qué o quiénes son sus autores? ¿Y cómo debemos interpretar este fenómeno mundial?

Este documental no sólo investiga en profundidad las posibles fuentes de creación de los Agroglifos, sino que también los explora desde la perspectiva de la ciencia natural, en base a los efectos psicológicos y espirituales que producen en las personas que tienen contacto con ellos.



Más información en ISAAN Entertainment

4/7/08

Estados europeos desalmados, por Leonardo Boff


La «Directiva de Retorno», también llamada «Directiva de la Deportación o de la Vergüenza», de la Comunidad Europea con respecto a los extracomunitarios ilegales, desenmascara una faceta inhumana que la cultura europea siempre ha tenido y que difícilmente consigue disfrazar. Es una cultura identitaria. Tiene una inmensa dificultad para convivir con lo diferente. O lo agrega, o lo somete, o lo destruye. Invadió prácticamente todo el mundo conocido, subyugando y matando con la cruz y la espada. Fue ella la que, al comienzo de la modernidad, provocó el mayor genocidio de la historia humana, según el historiador Oswald Splengler en La decadencia de Occidente. En América Latina, donde había 23 millones de indígenas -nos dice el antropólogo Darcy Ribeiro-, después de un siglo quedó solamente uno. Luego dominó a las poblaciones que quedaron, explotó todos los recursos naturales posibles, que sirvieron de base para su industrialización y su enriquecimiento, que son sus injustas ventajas hasta el día de hoy. Detrás de su comercio y de su técnica hay ríos de sangre, sudor y lágrimas. Es una cultura montada sobre el poder-dominación.

Ahora, pasando por encima de varios artículos de la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 (¿cuándo la respetaron?), maltratan a los inmigrantes, considerándolos criminales que deben ser encarcelados -incluso a los menores-, sin necesidad de mandato judicial, solamente mediante un procedimiento administrativo. Se prevé campos de concentración para ellos. Estos inmigrantes esconden tragedias en sus vidas. Están allí porque quieren sobrevivir y ayudar a las familias que han dejado en sus países.

Veamos la contradicción: en el siglo XIX los sobrantes del proceso de industrialización europeo, aquellos que podían desestabilizar el capitalismo salvaje naciente, previsto por Marx, fueron destinados a la exportación. No venía cualquier tipo de gente. Tenían primacía los empobrecidos y los enfermos, como mis abuelos italianos. Todos los de su leva sufrían tracoma, de difícil curación en esa época. Yo mismo sufrí esa enfermedad cuando niño, como todos los de nuestra región de Santa Catarina, donde se sitúan hoy Sadia y Perdigão, industrias conocidas por sus buenos productos.

En Brasil fueron acogidos con generosidad. Consiguieron tierras, ayudaron a construir esta nación y ahora, con la riqueza natural que Dios nos concedió, podemos ser la mesa puesta para el hambre del mundo entero. Las políticas de la Comunidad europea de hoy, no muestran ninguna reciprocidad. Con acciones articuladas se revelan crueles y sin piedad. El príncipe de nuestros periodistas, Mauro Santayana, nos relata en el Jornal do Brasil del 22/06, que en los años 80 economistas y sociólogos norteamericanos y europeos bajo el patrocinio de banqueros concluyeron que era necesario apartar del consumo al 80% de la humanidad, a fin de garantizar la gestión del planeta y mantener los privilegios del 20% de ricos. Los demás deberían ser marginados, hasta su extinción.

Parece que el genocidio está inscrito en el código genético de este tipo de gente que ha estado detrás de casi todas las guerras de los últimos siglos. A ellos que gustan de la cultura como pura ilustración, les recuerdo lo que Immanuel Kant (+1804) dice en La paz perpetua (1795). La primera virtud de una república mundial es la «hospitalidad general», como derecho y deber de todos. Todos están sobre el planeta Tierra, dice, y tienen el derecho de visitar las regiones y sus pueblos, pues la Tierra pertenece comunitariamente a todos.

Sólo espíritus anticultura occidental como Francisco de Asís, Juan XXIII, Luther King y Madre Teresa pueden ofrecer un paradigma que rescate a estos Gobiernos y los salve de la maldición de la vida y de la ira divina que se cierne sobre ellos.

Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor
Fuente: Koinonia

El talón de Aquiles de los dirigentes europeos ante la inmigración, por José Carlos García Fajardo


El presidente francés Nicolás Sarkozy pretende introducir la identificación biométrica en los visados y en los vuelos colectivos para expulsar a los que no tengan todos los papeles en regla y garantizado un puesto de trabajo. Todo lo contrario de lo que muchos países hoy empobrecidos hicieron durante siglos con millones de europeos a los que acogieron.

El búnker de Europa va tomando cuerpo, escribe A. Missé ante la presidencia de la Unión Europea que comenzó el día 1. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, sigue adelante con su plan de cerrar las puertas a nuevos inmigrantes no seleccionados previamente. Su Pacto por la Inmigración y el Asilo pretende introducir la identificación biométrica en los visados y los vuelos colectivos para expulsar a los que no tengan todos los papeles en regla y garantizado un puesto de trabajo. Todo lo contrario de lo que muchos países de América, de África y de Asia hicieron durante siglos con los millones de emigrantes europeos que acogieron y contribuyeron al desarrollo y a aliviar las necesidades de los países europeos. De los ocho millones de sin papeles que hay en la UE sólo serán regularizados algunos ‘con carácter excepcional’ por motivos humanitarios y económicos.

El presidente de la Liga de los Derechos del Hombre considera que estas ideas del pacto tratan a los inmigrantes como mercancías y favorece a los países ricos a costa de los pobres, es decir, todo lo contrario al desarrollo. La última redacción del documento del pacto, cuyo texto debería aprobarse en octubre por los líderes europeos, recuerda que corresponde a cada Estado miembro decidir sobre las condiciones de admisión de los inmigrantes legales y fijar si es posible con la colaboración con los países de origen, su número”. Y pide a los Estados miembros que pongan en práctica una política de inmigración escogida, especialmente en lo que concierne a las necesidades del mercado de trabajo, y teniendo en cuenta del impacto que puede tener sobre los otros Estados miembros. Dirigentes de organizaciones de la sociedad civil denuncian que este enfoque de la inmigración está más basado en motivos ideológicos que en la realidad porque anteponer la emigración económica a la reagrupación familiar es condenar a los inmigrantes a vivir separados de sus familias.

La Unión Europea se debate en una profunda contradicción ante la inmigración. Por una parte, la Comisión Europea publica estudios que señalan la urgente necesidad de extranjeros para compensar el imparable envejecimiento de la población. Por otra, están los discursos de los presidentes de Francia y de Italia que se sirven de las diferencias culturales para promover actitudes xenófobas y confundir a la opinión pública en momentos de crisis económica.

La Comisión acaba de aprobar en junio un documento con un enfoque más realista y justo de la inmigración: “En el contexto de una Europa que envejece, la contribución potencial de la inmigración a la eficacia económica de la UE es importante”. La realidad es que los europeos viven cada vez más años y es difícil garantizar sus pensiones y asumir sus gastos en sanidad y residencias de acogida.

Según solventes estudios de la Comisión, Europa precisa entre 50 millones y 110 millones de inmigrantes hasta 2060. Precisa A. Missé: “La población de la UE en edad de trabajar habrá descendido en 50 millones de personas, incluso si se mantiene un nivel de inmigración neta similar a los niveles históricos, y descenderá en 110 millones si no se mantiene esa inmigración neta. Para la Comisión, esta evolución exigiría un mayor gasto público”.

Las llegadas de inmigrantes a la Unión Europea, desde 2002, se acercan a dos millones de personas por año. El impacto positivo de la inmigración ha sido analizado por los ministros de Finanzas y está fuera de toda duda su aportación en el crecimiento de una población en continuo descenso. El éxito económico de España, Reino Unido e Irlanda de los últimos años es inexplicable sin la inmigración. En España, más de la mitad del crecimiento en 2007 fue debido a los inmigrantes. En Reino Unido, más de un millón de polacos, checos y de otros países del Este cubrieron el déficit de mano de obra. Lo que es preciso desarrollar son proyectos de cooperación con los países de origen y facilitar su inserción en el mercado laboral mediante la necesaria formación para los puestos que han de ocupar. Esto, después de revisar la cuestión fundamental de este proceso: la Unión Europea necesita materias primas para mantener su nivel de desarrollo y de calidad de vida que proceden en un setenta por ciento de esos países de origen de los inmigrantes. Que de una vez se revisen precios, transportes y condiciones laborales de los ciudadanos de esos países en la elaboración y comercio de esas vitales materias primas. Ese es el talón de Aquiles del injusto planteamiento del problema por los gobernantes de esa Europa de los mercaderes que colonizó y explotó las riquezas materiales y humanas de esos países que hoy se ven forzados a devolvernos las visitas que les hicimos durante siglos los emigrantes europeos.

José Carlos García Fajardo es Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
Fuente: CCS

Es tiempo de restituir, por Xavier Caño Tamayo

“El Consenso de Copenhague no es un ejercicio retórico, es una propuesta para una nueva conciencia mundial. Una propuesta rigurosa que demuestra que enfrentarse a los graves problemas del mundo (el hambre, la enfermedad y las carencias educativas de miles de millones de personas) es factible”.

A pesar de los enormes avances, no se resuelven los problemas de la Humanidad. Se había logrado algún resultado contra el hambre, pero estalló la crisis alimentaria, que puede incrementar en cien millones el número de hambrientos. No por avatares del destino sino por actuaciones de seres humanos.

Cada día mueren en el mundo 1.400 mujeres durante el parto. Más de 850 millones de personas pasan hambre. Diariamente mueren más de 30.000 niños por hambre o enfermedades que en el Norte no causan muerte infantil. La sexta parte de la Humanidad no tiene acceso al agua potable. Más de 1.000 millones de personas subsisten con menos de un dólar diario. Cada medio minuto muere un niño africano por malaria. Unos 400 millones de personas contraen esa enfermedad y tres millones mueren anualmente por ella… Mucho dolor y sufrimiento.

Tantos y tan graves problemas. En Dinamarca, el ministerio de Asuntos Exteriores patrocina el Consenso de Copenhague. Han reunido a algunos de los mejores economistas (cinco de ellos, premios Nobel) y les han pedido que distribuyan 75.000 millones de dólares para hacer frente a los problemas más graves; que establecieran prioridades.

La primera propuesta, 60 millones de dólares anuales: comprar y distribuir vitamina A y zinc al 80% a los 140 millones de niños mal nutridos del mundo. Ingerir esos micronutrientes supondría un espectacular aumento de salud y capacidad intelectual de esos niños. Relación coste/beneficio, excelente. Tan sencillo y barato.

Otra prioridad, impedir la propagación del SIDA, que costaría 27 millones de dólares, pero rendiría beneficios elevados, porque evitaría 30 millones más de infectados de hoy a 2010.

Para la tercera propuesta, ni un centavo. Pero es la más difícil. El Consenso de Copenhague pide que se aplique la Agenda de Doha para el Desarrollo. Convencer a los países de la Organización Mundial del Comercio (sobre todo a los ricos) que liberalicen de verdad el comercio mundial y lo reactiven; que los países ricos supriman los tramposos subsidios e injustas subvenciones agrícolas. Los países empobrecidos conseguirían así unos dos billones y medio de dólares, que permitirían un cambio notable en la vida de sus habitantes, además de erradicar la malnutrición y la pobreza extrema.

También han propuesto nuevas medidas de control, prevención y tratamiento de la malaria: 13 millones de dólares destinados a mosquiteros tratados químicamente para proteger a los durmientes. Y también prioritario, acceso seguro al agua potable a precio razonable con tecnología del agua a pequeña escala para sustento familiar: reduciría notablemente el número de personas que en países empobrecidos sufren una o más enfermedades por beber agua no segura.

El Consenso de Copenhague no es un ejercicio retórico, es una propuesta para una nueva conciencia mundial. Una propuesta rigurosa que demuestra que enfrentarse a los graves problemas del mundo es factible, no es caro y es rentable. No es casual que los trabajos y propuestas del Consenso de Copenhague no hayan tenido repercusión mediática. No interesa. Lo que nos lleva a otro ángulo de visión.

Tras la actual crisis alimenticia y la vergüenza del fracaso de la cumbre de Roma convocada por la ONU para hacerle frente, tras el ninguneo a los trabajos del Consenso de Copenhague, y a tantos otros estudios, esfuerzos y propuestas para resolver los problemas del mundo (en realidad, graves violaciones sistemáticas de los derechos humanos de cientos de millones), hay que proclamar alto y claro que enfrentarse a esos problemas no es caridad ni admirable solidaridad, sino restauración, restitución. Devolver lo que se debe, lo que se ha arrebatado.

Los empobrecidos no lo son porque sí. Detrás hay personas que lo han provocado o que han contribuido a ello por inducción, acción, complicidad, encubrimiento u omisión y, más allá de la repuesta penal (que no hay que descartar), quienes más poseen y atesoran han de restituir. Nadie se enriquece obscenamente porque sí ni por azar. Los graves problemas de nuestro mundo no son fruto de la casualidad ni de la mala suerte. Por eso hay que proclamar que debemos ir hacia la restitución. O el mundo se va al garete.

Xavier Caño Tamayo es periodista y escritor
Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias

3/7/08

Vídeo: El fin del mundo tal y como lo conocemos, por Guy R. McPherson

El Catedrático de Recursos Naturales, Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Arizona Guy R. McPherson defiende que alcanzamos el cénit del petróleo en 2005 y que a partir de 2009 empieza el descenso marcado de la producción de crudo, con una reducción anual de hasta el 6%. El vídeo muestra una entrevista de abril de 2008 del programa Horizon de AZPBS (Arizona, EE.UU.), en la que el Prof. McPherson discute un artículo que recientemente publicó en el diario "Arizona Republic" y que tituló "El fin del mundo tal y como lo conocemos".

Según este profesor universitario, no lograremos organizarnos para evitar el desmembramiento total de nuestro sistema. Sin embargo, matiza, eso será lo mejor para las generaciones venideras, dado que de seguir como hasta ahora acabaríamos con el planeta en poco más de un siglo.

El Profesor McPherson comentó sobre este artículo y las reacciones al mismo en su blog.

Las afirmaciones del profesor son muy polémicas, pero creemos oportuno el debate.



Fuente: Visto en el blog El fin del aceite del Imperio

La era del petróleo caro, por José Cervera


Supongamos que el petróleo caro está aquí para quedarse; que el máximo de producción (peak oil) se ha sobrepasado, que Estados Unidos ataca a Irán, que los hallazgos en Brasil y otros lugares no compensan los descensos de producción en Rusia y Noruega, que las pizarras bituminosas de Canadá no compensan, que Arabia Saudí no consigue aumentar su producción, que los ataques en Nigeria e Irak pretenden multiplicar el precio del barril.

Supongamos, en suma, que entramos en una era del petróleo caro. ¿Cuáles pueden ser durante la próxima generación las consecuencias de un barril de petróleo por encima de los 200 dólares?

Todo sector económico o área geográfica que dependa del transporte más voraz (avión, camión, automóvil) sufrirá. Para saber quién, basta recordar la reciente huelga en España: pescadores, agricultores y camioneros dependen del petróleo. Pero de su trabajo dependen también otras industrias. Un ejemplo: los caladeros cercanos están agotados, así que la pesca industrial se lleva a cabo a grandes distancias y por tanto el pescado se encarecerá, como lo hará la agricultura al subir los abonos y el combustible. Para colmo, los cultivos para exportación sufrirán al subir el precio del transporte. Los grandes beneficios obtenidos en Europa con las fresas de Huelva, los tomates de Almería o las naranjas de Valencia serán historia, al tiempo que las redes de distribución de las cadenas de hipermercados aumentarán sus costes. En suma: se acabará la comida barata.

Las aerolíneas se están viendo ya afectadas; en Estados Unidos se están jubilando flotas de aviones antiguos, poco eficientes. Los países y regiones dependientes del turismo de masas sufrirán una drástica reducción de ingresos. Países como Maldivas o las islas del Caribe podrían encontrarse con problemas, como ocurrirá en Las Vegas, Florida o Hawaii en los Estados Unidos; París, Praga o Londres en Europa, o las Islas Canarias y Baleares en España. La mejor infraestructura turística no puede funcionar sin turistas. Debido a la combinación de estos dos factores, en España, la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería se verán particularmente perturbadas, ya que industrias clave como la agricultura industrial, el transporte por carretera y el turismo se verán afectadas a la vez. El impacto, sin embargo, puede verse amortiguado por el mayor precio del transporte que sufrirán competidores más alejados de los mercados europeos (Norte de África, Israel, Turquía).

Otros países ya están ganando: el Golfo Pérsico y la Península Arábiga, Texas o Noruega. También resurge Rusia, que puede permitirse recobrar su pujanza gracias a que es el segundo exportador mundial de crudo.

Venezuela, Nigeria o Irán podrán seguir retando a Estados Unidos y a la comunidad internacional. Y si los nuevos hallazgos brasileños se confirman, y el elevado precio del crudo permite su desarrollo, Brasil puede beneficiarse económica y políticamente. Los nuevos yacimientos brasileños, junto con los de Angola, Nigeria y Guinea, y las pizarras bituminosas canadienses, podrían combinarse para reducir el interés de Estados Unidos en Oriente Medio, debilitando la posición de Israel y reduciendo la estabilidad regional.

En otras regiones, el petróleo caro anuncia malos tiempos. China está entre los más perjudicados, ya que carece de yacimientos propios. El petróleo caro afectará a la industria manufacturera china al encarecer a la vez las materias primas y el transporte, lo que puede provocar una reindustrialización del Primer Mundo con el retorno de factorías a donde están los mercados compradores. El fin del made in China dañará severamente una economía en desarrollo y (lo más peligroso) podría crear millones de desempleados y desestabilizar el país, con funestas consecuencias. La India, que también carece de petróleo, sufriría menos al estar mejor comunicada con Oriente Medio. En el mercado global, la especialidad de la India son los servicios por vía telemática, que no necesitan transporte y podrían expandirse. Los países recién incorporados a la Unión Europea también podrían beneficiarse relativamente, ya que conservan capacidades de producción industrial y agrícola cercanas a las terciarizadas economías del resto de Europa.

El petróleo caro provocará cambios en los patrones de urbanización. Los grandes centros comerciales de las afueras se verán estrangulados por el precio de la gasolina. Las urbanizaciones quedarán aisladas, y se revitalizarán los centros urbanos. El transporte público crecerá y bajará la emisión de gases de efecto invernadero. El encarecimiento de los viajes aéreos y del coche potenciarán el tren y el barco, sobre todo para mercancías. Pero no sólo la fisonomía de las ciudades cambiará: también la organización industrial. Los sistemas de fabricación just-in-time dependen del transporte, así que industrias como el automóvil o la electrónica deberán recuperar los almacenes. Sectores como el comercio electrónico verán peligrar su viabilidad por los sobrecostes. En el sector agrícola, áreas de cultivo hoy abandonadas cerca de las ciudades serán de nuevo rentables; el movimiento locavorista, que propone alimentarse de productos producidos a menos de 200 kilómetros de casa, recibirá un espaldarazo.

En suma, la era del petróleo caro dañaría algunas industrias y regiones españolas clave e inestabilizaría regiones completas del planeta, pero a cambio forzaría la adopción de medidas similares al downshifting y la slow life y reduciría el daño antropogénico al planeta.

José Cervera es periodista

Fuente: Periódico Público (03/07/08). Ilustración de Álvaro Valiño

2/7/08

Petróleo, consumo, crecimiento, por Carlos Taibo


Frente a la reunión planetaria de los grandes del sector del petróleo que tiene Madrid por escenario, son muchos los grupos que han decidido articular, a manera de respuesta, un encuentro alternativo. Creo que no me equivoco si afirmo que ese encuentro pretende llamar la atención, ante todo, sobre dos circunstancias: si la primera es el relieve que corresponde a genuinas guerras de rapiña orientadas a garantizar el control sobre recursos energéticos preciosos, la segunda subraya la condición irracional, y la insostenibilidad, de un modelo económico cual es el que se ha asentado al calor de la globalización en curso.

No hay mejor ejemplo del relieve de la primera de esas circunstancias que el que ofrece, claro, la intervención norteamericana en Irak. Aunque sería poco afortunado que explicásemos ésta en exclusiva sobre la base de la codicia energética de la Casa Blanca, se antoja difícil rebajar el peso de esta última. Tan es así que una vez más hay que recordar que cuando hablamos del fiasco militar estadounidense en Irak estamos dando cuenta de algo que, incuestionable, bien puede hacer que cerremos los ojos ante un hecho importante: las grandes transnacionales norteamericanas del sector militar, de la construcción civil y, cómo no, de la energía están obteniendo, sin embargo, pingües beneficios en ese atribulado país. Por detrás no hay sino una regla bien conocida en el magma de la globalización: mientras los beneficios se privatizan, las pérdidas, en cambio, se socializan.

Mayor interés tiene, sin embargo, la segunda de las circunstancias invocadas. Frente a lo que pudiera parecer, el hecho de que nos veamos en la obligación de afirmar que la economía del petróleo es la economía del crecimiento empieza a ser una fuente de descrédito para ambas. Y es que hoy sobran los datos que invitan a concluir que el idolatrado crecimiento económico no es esa fuente de bienestar que tantas veces se nos ha relatado. Ya sabemos que se traduce en agresiones medioambientales a menudo irreversibles, que provoca el progresivo agotamiento de recursos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras y que, más allá de todo lo anterior, permite el asentamiento de un modo de vida esclavo que nos hace pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y, sobre todo, más consigamos consumir. Por momentos se hace evidente que, en un planeta lastrado por el cambio climático, por el engrosamiento sin control de la huella ecológica y por el encarecimiento de las materias primas energéticas, tenemos que empezar a pensar, al menos en los países ricos, en reducir drásticamente nuestros niveles de consumo y en articular, por la vía del decrecimiento, otro tipo de organización de las sociedades humanas.

Aunque lo anterior empieza a ser cada vez más claro para cada vez más gentes, llamativo resulta que el Gobierno español -sobre el papel tan avisado en lo que a estas cuestiones se refiere- porfíe en mantener las reglas del juego de un capitalismo depredador e inconsciente. Porque ninguna señal permite barruntar que se ha percatado de lo que tenemos entre manos o, en su defecto, que demuestra alguna voluntad de ruptura con respecto a connotados intereses empresariales. Ahí están, para certificarlo, su enloquecida apuesta en provecho de faraónicas infraestructuras que dentro de pocos años se hará evidente que son insostenibles, su designio de subvencionar con recursos públicos la adquisición de automóviles -en vez de estimular la progresiva retirada de éstos- o el increíble empeño en reactivar un sector, el de la construcción, que es la fuente de muchos de los males que acosan a una economía, la española, en la que, según una estimación, hay un millón de viviendas sin vender. Todos estos menesteres guardan, por cierto, estrechísima relación con un bien, el petróleo, que inevitablemente será más caro y más escaso. Pena es que, para cerrar el círculo, si uno escarba en lo que se escucha o se escribe en los cenáculos mediáticos, los únicos análisis serios sobre la crisis que se nos viene encima son los que formulan quienes defienden a capa y espada una energía, la nuclear, que -el uranio en proceso de agotamiento, los costes disparados, los efectos negativos sobre el cambio climático palpables y los residuos sin posibilidad de tratamiento- es pan para hoy y hambre para mañana.

Aunque esto pueda parecer hoy un argumento prescindible, tengo la certeza de que en muy poco tiempo se impondrá entre nosotros una discusión cada vez más seria sobre las presuntas bondades del consumo y del crecimiento, y sobre las presuntas capacidades del mercado para encarar lo que tenemos entre manos. No faltan al respecto, por cierto, los estudiosos que sugieren que sólo una buena recesión permitirá que espabilemos y hará que salte a la vista que quienes argumentamos como acabo de hacerlo no somos, por desgracia, catastrofistas: nos limitamos a señalar la catástrofe a la que nos conducen quienes prefieren no mirar más allá de lo que está llamado a ocurrir en unos pocos meses.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y colaborador de BAKEAZ
Fuente: Periódico El Correo Digital (01/07/08)

Más información de Carlos Taibo en Wikipedia y su página personal en la Universidad

¡Haz que todos cuenten! Técnicas y prácticas del reporterismo social


El Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) y Fundación Chandra organizan el Media Workshop, un curso de periodismo social, en el que participará también la Universidad Internacional de Florida. Tendrá lugar en la Universidad Complutense de Madrid del 14 al 18 de julio.

Participarán, entre otros, Xaquín López, reportero de RTVE y autor de numerosos reportajes de carácter social, Hernán Zin, reportero de guerra y escritor, José Carlos García Fajardo, periodista y fundador de Solidarios para el Desarrollo y Ricardo de Querol, redactor jefe de Sociedad en El País. Hay más ejemplos de periodistas sociales y de proyectos de periodismo social.

El objetivo del curso es ofrecer a los estudiantes claves importantes para que sean capaces en un futuro de buscar ideas y ángulos distintos en las noticias, de identificar fuentes no tradicionales y aprender a darles voz y, sobre todo, de cubrir información social y redactar buenos reportajes sobre estos temas.

Creemos que este curso podría resultar interesante para estudiantes de periodismo, así como para periodistas que ya estén ejerciendo y que los mueva la pasión por la justicia. El mundo está necesitado de estos periodistas.

Más información en la web del Media Workshop